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quarta-feira, 26 de fevereiro de 2014

St. Leonard of Port Maurice: The Hidden Treasue of the Holy Mass . El Sacrificio de la Misa según los santos .

St. Leonard of Port Maurice: The Hidden Treasue of the Holy Mass



St. Leonard of Port Maurice:BRIEF BIOGRAPHY
VIEW AN IMAGE OF THE SAINT


The Hidden Treasue of the Holy Mass:
PREFACE TO THE AMERICAN EDITION BY THE PUBLISHER
WEB MASTER'S NOTE
INTRODUCTION
AUTHOR'S NOTE TO THE READER

Chapter 1:THE THREE EXCELLENCIES OF MASS, PART 1
THE THREE EXCELLENCIES OF MASS, PART 2THE THREE EXCELLENCIES OF MASS, PART 3Chapter 2:DEVOUT METHOD OF HEARING MASSChapter 3:
ON HEARING MASS DAILY, PART 1, FOR PRIESTS
ON HEARING MASS DAILY, PART 2, FOR THE NOBILITY AND RULERSON HEARING MASS DAILY, PART 3, LADIES DRESSON HEARING MASS DAILY, PART 4, FOR TRADESMEN AND ARTISANSON HEARING MASS DAILY, PART 5, FOR LABORERSON HEARING MASS DAILY, PART 6, A SOLEMN WARNING

Chapter 4: Easy Method of AttendingPRAYERS BEFORE AND DURING HOLY MASSChapter 5: Devout Exercises of Preparation and Thanksgiving
for Confession and Holy Communion
EXERCISES FOR CONFESSION
EXERCISES IN PREPARATION FOR HOLY COMMUNION
DEVOTIONS AFTER HOLY COMMUNION
ACT OF OBLATION TO BE MADE EVERY MORNING
ACT OF SUPPLICATION TO OBTAIN OF GOD THE GENERAL PARDON OF SINS . . .
Chapter 6: RULES FOR LIVING WELL

PRINTABLE TEXT FOR THE PRAYERS IN THIS DIRECTORY



El Sacrificio de la Misa según los santos



El Sacrificio de la Misa según los santos


El santo cura de Ars, San Juan María Vianney: “Si conociéramos el valor de La Santa Misa nos moriríamos de alegría”.

San Anselmo: “Una sola misa ofrecida y oída en vida con devoción, por el bien propio, puede valer más que mil misas celebradas por la misma intención, después de la muerte.”

"La celebración de la Santa Misa tiene tanto valor como la muerte de Jesús en la Cruz". (Santo Tomás de Aquino)

"El hombre debería temblar, el mundo debería vibrar, el Cielo entero debería conmoverse profundamente cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote". (San Francisco de Asís)

"Sin la Santa Misa, ¿que sería de nosotros? Todos aquí abajo pereceríamos ya que únicamente eso puede detener el brazo de Dios. Sin ella, ciertamente que la Iglesia no duraría y el mundo estaría perdido sin remedio". (Santa Teresa de Jesús)

En cierta ocasión, Santa Teresa se sentía inundada de la bondad de Dios. Entonces le hizo esta pregunta a Nuestro Señor: “Señor mío, “¿cómo Os podré agradecer?” Nuestro Señor le contestó: “ASISTID A UNA MISA”.

"El mismo Dios no puede hacer una acción más sagrada y más grande que la celebración de una Santa Misa". (San Alfonso de Ligorio)

"Sería más fácil que el mundo sobreviviera sin el sol, que sin la Santa misa", (Padre Pío de Pieltrecina)

La Misa es infinita como Jesús... pregúntenle a un Angel lo que es la misa, y El les contestará, en verdad yo entiendo lo que es y por qué se ofrece, mas sin embargo, no puedo entender cuánto valor tiene. Un Angel, mil Angeles, todo el Cielo, saben esto y piensan así". (Padre Pío de Pieltrecina)

"Nunca lengua humana puede enumerar los favores que se correlacionan al Sacrificio de la Misa. El pecador se reconcilia con Dios; el hombre justo se hace aún más recto; los pecados son borrados; los vicios eliminados; la virtud y el mérito crecen, y las estratagemas del demonio son frustradas. (San Lorenzo Justino)

"Oh gente engañada, qué están haciendo? Por qué no se apresuran a las Iglesias a oír tantas Misas como puedan? Por qué no imitan a los ángeles, quienes cuando se celebra una Misa, bajan en escuadrones desde el Paraíso y se estacionan alrededor de nuestros altares en adoración, para interceder por nosotros?". (San Leonardo de Port Maurice)

"Yo creo que sí no existiera la Misa, el mundo ya se hubiera hundido en el abismo, por el peso de su iniquidad. La Misa es el soporte poderoso que lo sostiene ". (San Leonardo de Port Maurice)

San Leonardo de Port Maurice: “una misa antes de la muerte puede ser más provechosa que muchas después de ella…

"Con oraciones pedimos gracia a Dios; en la Santa Misa comprometemos a Dios a que nos las conceda ". (San Felipe Neri)

"Sí supiéramos el valor del Santo Sacrificio de la Misa, qué esfuerzo tan grande haríamos por asistir a ella". (Santo Cura de Ars)

"Sepan, oh Cristianos, que la Misa es el acto de religión más sagrado. No pueden hacer otra cosa para glorificar más a Dios, ni para mayor provecho de su alma, que asistir a Misa devotamente, y tan a menudo como sea posible ". (San Pedro Julián Eymard)

"Uno obtiene más mérito asistiendo a una Santa Misa con devoción, que repartiendo todo lo suyo a los pobres y viajando por todo el mundo en peregrinación ". (San Bernardo)

"Qué feliz es ese Ángel de la Guarda que acompaña al alma cuando va a Misa". (Santo Cura de Ars)

"La Misa es la devoción de los Santos". (Santo Cura de Ars)

"Cuando oigan que yo no puedo ya celebrar la Misa, cuéntenme como muerto". (San Francisco Javier Bianchi)

"La Santa Misa es una obra de Dios en la que presenta a nuestra vista todo el amor que nos tiene; en cierto modo es la síntesis, la suma de todos los beneficios con que nos ha favorecido". (San Buenaventura)

"El sacrificio del altar será a nuestro favor verdaderamente aceptable como nuestro sacrificio a
Dios, cuando nos presentamos como víctimas". (San Gregorio el Grande)

Cuando Santa Margarita María Alacoque asistía a la Santa Misa, al voltear hacia el altar, nunca dejaba de mirar al Crucifijo y las velas encendidas. Por qué? Lo hacía para imprimir en su mente y su corazón, dos cosas: El Crucifijo le recordaba lo que Jesús había hecho por ella; las velas encendidas le recordaban lo que ella debía hacer por Jesús, es decir, sacrificarse consumirse por El y por las almas.

"No podemos separar la Sagrada Eucaristía de la Pasión de Jesús". (San Andrés Avellino)

http://www.statveritas.com.ar/Liturgia/MisaSantos.htm

terça-feira, 25 de fevereiro de 2014

Card. Ratzinger: Dio che mi conosce e che mi parla, con cui posso entrare rapporto e che si relazione con me.


Com’è, dov’è, e che cosa vuole Dio? Il card. Ratzinger risponde a Peter Seewald




Com’è, dov’è, e che cosa vuole Dio?

ROMA, giovedì, 23 giugno 2005 (ZENIT.org).

Pubblichiamo per intero il secondo capitolo del volume dal titolo “Dio e il mondo. Essere cristiani nel nuovo millennio” (Edizioni San Paolo, 2001), frutto del colloquio, tenutosi nell’abbazia benedettina di Montecassino, fra il cardinale Joseph Ratzinger, allora Prefetto della Congregazione per la Dottrina della Fede, e il giornalista e redattore tedesco Peter Seewald.

Veniamo all'essere originario, come lo chiama Lei, all'origine e al fine dell'esistenza, Dio. La professione di fede cristiana inizia con la parola “Credo”. Comunque i cristiani non credono genericamente in una forza, in una natura superiore.

Questa affermazione “Credo” è un atto consapevole del soggetto. Un atto in cui si intrecciano volontà e ragione, illuminazione e ispirazione. Qui si radica questa fiducia, ma anche questa tensione quest'uscire fuori da sé, questo proiettarsi verso Dio. E non si tratta di riferirsi a una qualsivoglia potenza superiore, ma a Dio che mi conosce e che mi parla. Che è davvero un soggetto per quanto tanto più alto con cui posso entrare rapporto e che si relazione con me.leggere...

" É A PARTIR DA LITURGIA QUE COMEÇA A RENOVAÇÃO DA IGREJA" DIZ MONS. GUIDO MARINI EM ENTREVISTA

Ofrecemos nuestra traducción de una entrevista que Monseñor Guido Marini, Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, ha concedido a la revista Radici Cristiane.

***

Parecería que, para el Santo Padre, la Liturgia es uno de los temas de fondo de su pontificado. Usted, que lo sigue de cerca, ¿nos puede confirmar esta impresión?

Diría que sí. Por otra parte, cabe señalar que el primer volumen de la Opera omnia del Santo Padre, de próxima publicación también en Italia, es precisamente el dedicado a los escritos que tienen como objeto la Liturgia. En el prefacio al volumen, el mismo Joseph Ratzinger subraya este hecho, señalando que la precedencia dada a los escritos litúrgicos no es casual sino deseada: siguiendo al Concilio Vaticano II, que promulgó como primer documento la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, seguida de otra gran Constitución sobre la Iglesia. Es en la Liturgia, de hecho, donde se manifiesta el misterio de la Iglesia. Se comprende, entonces, el motivo por el que la Liturgia es uno de los temas principales del pontificado de Benedicto XVI: desde la Liturgia se pone en marcha la renovación y la reforma de la Iglesia.

*

¿Existe una relación entre la Liturgia y el arte y la arquitectura sagrada? El llamado del Papa a una continuidad de la Iglesia en el campo litúrgico, ¿no debería extenderse también al arte y la arquitectura sagrada?

Existe, ciertamente, una relación vital entre la Liturgia, el arte y la arquitectura sagrada. También porque el arte y la arquitectura sagrada, precisamente en cuanto tales, deben resultar idóneos para la Liturgia y sus grandes contenidos que encuentran expresión en la celebración. El arte sagrado, en sus múltiples manifestaciones, vive en relación con la infinita belleza de Dios y debe orientar a Dios su alabanza y su gloria. Entre Liturgia, arte y arquitectura no puede haber, entonces, contradicción o dialéctica. Por lo tanto, si es necesario que exista una continuidad teológica-histórica en la Liturgia, esta misma continuidad debe encontrar una expresión visible y coherente también en el arte y en la arquitectura sagrada.

*

El Papa Benedicto XVI ha afirmado recientemente en un mensaje que “la sociedad habla con el hábito que usa”. ¿Piensa que se podría aplicar esto también a la Liturgia?

En efecto, todos hablamos también a través del hábito que usamos. El hábito es un lenguaje, así como lo es toda forma expresiva sensible. También la liturgia habla con el hábito que usa, es decir, con todas sus formas expresivas, que son múltiples y riquísimas, antiguas y siempre nuevas. En este sentido, “el hábito litúrgico”, para continuar con el término que usted ha usado, debe ser siempre verdadero, en plena sintonía con la verdad del misterio celebrado. El signo externo debe estar en relación coherente con el misterio de la salvación realizado en el rito. Y, no debe ser nunca olvidado, el hábito propio de la liturgia es un hábito de santidad: allí encuentra expresión, de hecho, la Santidad de Dios. A esa Santidad estamos llamados a dirigirnos, de esa Santidad estamos llamados a revestirnos, realizando así la plenitud de la participación.

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En una entrevista a L’Osservatore Romano, usted ha señalado los principales cambios realizados desde que ha asumido el cargo de Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias. ¿Podía recordarlos y explicar su significado?

Afirmando, en primer lugar, que los cambios a los que usted se refiere deben ser leídos en el signo de un desarrollo en la continuidad con el pasado, incluso el más reciente, recuerdo uno en particular: la ubicación de la cruz en el centro del altar. Esta ubicación tiene la capacidad de traducir, también en el signo externo, la orientación correcta de la celebración en el momento de la Liturgia Eucarística, cuando celebrante y asamblea no se miran recíprocamente sino que miran juntos hacia el Señor. Por otra parte, la relación altar-cruz permite resaltar mejor, junto al aspecto de banquete, la dimensión sacrificial de la Misa, cuya relevancia es siempre esencial y, por lo tanto, es necesario que encuentre siempre una expresión bien visible en el rito.

*

Hemos notado que el Santo Padre, desde hace algún tiempo, da siempre la Sagrada Comunión en la boca y de rodillas. ¿Quiere ser esto un ejemplo para toda la Iglesia y un estímulo para que los fieles reciban a Nuestro Señor con mayor devoción?

Como se sabe, la distribución de la Santa Comunión en la mano sigue siendo hasta ahora, desde el punto de vista jurídico, un indulto a la ley universal concedido por la Santa Sede a aquellas Conferencias Episcopales que lo han solicitado. Y cada fiel, incluso en presencia del eventual indulto, tiene el derecho de elegir el modo para acercarse a la Comunión. Benedicto XVI, comenzando a distribuir la Comunión en la boca y de rodillas con ocasión de la solemnidad del Corpus Domini del año pasado, en plena consonancia con lo que está previsto en la normativa litúrgica actual, ha querido posiblemente señalar una preferencia por esta modalidad. Por otro lado, se puede también intuir el motivo de esta preferencia: se ilumina mejor la verdad de la presencia real en la Eucaristía, se ayuda a la devoción de los fieles, se introduce con más facilidad en el sentido del misterio.

*

El Motu Proprio Summorum Pontificum se presenta como uno de los actos más importantes del pontificado de Benedicto XVI. ¿Cuál es su opinión?

No sé decir si es uno de los más importantes pero sin duda es un acto importante. Y lo es no sólo porque se trata de un paso muy significativo en vistas a una reconciliación en el interior de la Iglesia, no sólo porque expresa el deseo de que se llegue a un recíproco enriquecimiento entre las dos formas del rito romano (ordinaria y extraordinaria), sino también porque es la indicación precisa, en el plano normativo y litúrgico, de aquella continuidad teológica que el Santo Padre había presentado como la única hermenéutica correcta para la lectura y la comprensión de la vida de la Iglesia y, en especial, del Concilio Vaticano II.

*

¿Cuál es, en su opinión, la importancia del silencio en la Liturgia y en la vida de la Iglesia?

Es una importancia fundamental. El silencio es necesario en la vida del hombre porque el hombre vive de palabras y de silencios. El silencio es aún más necesario en la vida del creyente que allí encuentra un momento insustituible de la propia experiencia del misterio de Dios. No se sustrae a esta necesidad la vida de la Iglesia y, en la Iglesia, la Liturgia. Aquí el silencio quiere decir escucha y atención al Señor, a su presencia y a su Palabra; y, junto a ello, implica la actitud de adoración. La adoración, dimensión necesaria del acto litúrgico, expresa la incapacidad humana de pronunciar palabras, permaneciendo “sin palabras” ante la grandeza del misterio de Dios y la belleza de su amor.

La celebración litúrgica está hecha de palabras, de cantos, de música, de gestos… Está hecha también del silencio y de silencios. Si estos faltaran o no fueran suficientemente subrayados, la Liturgia no sería plenamente ella misma porque estaría privada de una dimensión insustituible de su naturaleza.

*

Hoy en día se escuchan, durante las celebraciones litúrgicas, las músicas más diversas. ¿Qué música, según usted, es más adecuada para acompañar la Liturgia?

Como nos recuerda el Santo Padre Benedicto XVI, y con él toda la tradición pasada y reciente de la Iglesia, hay un canto propio de la liturgia y es el canto gregoriano que, como tal, constituye un criterio permanente para la música litúrgica. Como también constituye un criterio permanente la gran polifonía de la época de la renovación católica, que encuentra su expresión más alta en Palestrina.

Junto a estas formas insustituibles del canto litúrgico, encontramos las múltiples manifestaciones del canto popular, importantísimas y necesarias: siempre que se adhieran a aquel criterio permanente por el cual el canto y la música tienen derecho de ciudadanía en la Liturgia en la medida en que brotan de la oración y conducen a la oración, permitiendo así una participación auténtica en el misterio celebrado.

***

Fuente: Oficina de las celebraciones litúrgicas del Sumo Pontífice

fonte: La Buhardilla de Jerónimo

segunda-feira, 24 de fevereiro de 2014

Fray José Fernández Moratiel, OP: Conversando desde el silencio

Conversando desde el silencio

Fray José Fernández Moratiel, OP

Conversando desde el silencioPresentación
  1. Necesidad del silencio
  2. El silencio como práctica
  3. El silencio te lleva a tu origen
  4. El silencio, labor artesanal
  5. Silencio, lugar de oración
  6. Silencio, encuentro de amor
  7. Silencio para abandonar la ceguera
  8. El silencio para edificar de nuevo
  9. El silencio, retorno al paraíso
  10. Para romper modelos de conducta
  11. Para vivir la rebelión
  12. El silencio, respuesta al dolor humano
  13. El silencio para vivir la presencia de Dios
  14. El silencio, ocasion para el descanso
  15. El silencio, búsqueda y encuentro con Dios
  16. El silencio, capacidad de escucha
  17. El silencio, base para asentar la vida
  18. El silencio, la ocasión para asumir la realidad
  19. El silencio para vivir con atención
  20. La oración de Jesús a través del cuerpo
  21. Frases desde el silencio

http://www.dominicos.org/espiritualidad/escuela-del-silencio/conversando-desde-el-silencio

El sistema espiritual de la Escuela del Silencio de fray José Fernández Moratiel

 

por Fray Julián de Cos, O.P.
La Escuela del Silencio del P. Moratiel es un camino hacia el total vaciamiento interior que emplea algunas técnicas orientales perfectamente compatibles con la doctrina católica. En cierto modo, podemos decir que su gran logro ha sido hacer asequible para el gran público la altísima mística renana del siglo XIV, apoyándose en las religiones orientales, sobre todo en el budismo zen.
La Escuela del Silencio se encuadra en la mística apofática cristiana, en la que todo lo físico y todo lo mental quedan de lado, para que el puro amor nos lleve a la unión con Dios. De ahí su radicalismo. De ahí que el P. Moratiel tenga expresiones como: “El silencio es inútil como es inútil Dios” (Desde, 134).
La primera vez que oí hablar del P. Moratiel fue al poco de comenzar mi prenoviciado. Un fraile me dijo que era el mejor dominico de la Provincia, pues dedicaba su vida a orar y a predicar de forma itinerante. Pero el pensamiento del P. Moratiel no siempre ha sido bien acogido por sus hermanos dominicos. Aún se escuchan comentarios sobre él que muestran una gran ignorancia y superficialidad. Se oye decir: “tanto que hablaba del silencio, y después era el fraile que más charlaba en la recreación”. O también: “no entiendo cómo alguien que pertenece a la Orden de la Palabra predique el silencio”. Muy pocos frailes asistieron a sus retiros. De él se hablaba a veces “de oídas”, sin conocer realmente su pensamiento.
Pero también tenía facetas desconocidas para muchos de sus discípulos. Su celda en el convento de Pamplona revela un secreto que pocos conocían: era un gran estudioso, un intelectual. Se piensa que el P. Moratiel hablaba desde su experiencia interior: y eso es cierto, muy cierto, pero hay que añadir que esa experiencia estaba en parte mediatizada por lo que estudiaba. El P. Moratiel era un buscador de Dios, y, como buen dominico, sabía que un lugar privilegiado para encontrarle son los libros. Pero de eso no hablaba nunca.
Si bien mucho de lo que decía era “de propia cosecha”, las charlas de sus retiros estaban llenas de citas de las Escrituras, de teólogos, de poetas, de filósofos, de cuentos, etc. Pero como lo hacía con mucha sencillez y mezclándolo con sus vivencias personales, parecía que no decía nada intelectualmente destacable. Y sí lo hacía. Y podía hacerlo porque antes había estudiado, y reflexionado, y orado, y asimilado dentro de sí muchos buenos pensamientos. La clave del P. Moratiel es que lo mucho que él experimentaba interiormente, sabía enriquecerlo y orientarlo con lo que estudiaba. Y, así, y a su vez, lo que estudiaba pasaba a ser vivencia interior. Por eso siempre hablaba desde su propia experiencia. Aunque a veces lo que dijera antes lo hubiera estudiado en un libro.
Y su forma de estudiar era muy particular. El P. Moratiel establecía una especie de diálogo con los autores que estudiaba. Subrayaba lo que le parecía más importante y, en muchos casos, anotaba lo que le decía en su interior eso que estaba estudiando. Le encantaba glosar los libros. Los anotaba y reanotaba con su letra estropajosa.
En su celda hemos encontrado 872 libros. Pero llegó a tener muchos más. Sus hermanos de comunidad dicen que regaló bastantes. Y llenó tres estantes de la biblioteca de su convento, pero esos libros acabaron mezclándose con el resto en una reestructuración posterior. En el convento del Cristo del Olivar, donde residía cuando pasaba por Madrid, ha dejado tres cajas de libros. También dejó libros en el convento de Atocha, que quizás se hayan mezclado con otros a causa de las obras de reforma de dicho convento.
Así mismo estuvo subscrito a las siguientes revistas: Croire aujourd’hui, Nouvelle revue théologique, Feu nouveau, Prier, Le supplément, La vie spirituelle, Bible Vie Chrétienne, Esprit et Vie, Dimanche en paroisse, Les cartes du Val, Signes d’aujourd’hui, Parole et Vie, Prier au quotidien, Cahiers pour croire aujourd’hui, Feu nouveau y Cuadernos de oración. ¡En total 16 revistas! Y vemos que 15 de ellas son de lengua francesa. En efecto, Moratiel leía muy bien este idioma. El 30,0% de los libros de su celda están escritos en francés.
Como dominico, Moratiel estudió en sus tiempos de formación mucha y buena Teología, en buena parte tomista. Y a él le tocó de lleno la época del postconcilio, en la que la Iglesia se abrió al pensamiento contemporáneo y a las otras religiones. Y eso lo supo aprovechar.
Después de los libros de temática cristiana (46,4% de los 872 libros totales), lo que más leyó y estudió fue: otras religiones (16,7%), Literatura (7,8%), “Esoterismo” –es decir, libros de pensamiento religioso de difícil clasificación– (7,7%), Psicología (6,7%), Filosofía (5,8%), cuerpo humano y armonía personal (4,1%), cuentos (1,7%), Historia de las Religiones (0,3%) y otros libros de muy variadas materias (2,3%).
Dentro del Cristianismo destaca: Espiritualidad (20,8% de los 872 libros totales), comentarios bíblicos (7,8%) y Liturgia y Sacramentos (2,3%). En otras religiones: de la India –sobre todo Hinduismo–(7,8%), Budismo –sobre todo Zen– (7,3%), Sufismo (0,9%), de China –sobre todo Taoísmo– (0,5%) y Judaísmo (0,2%).
Todos estos datos son más que suficientes para constatar que el P. Moratiel estudió mucho y materias muy variadas. Podría ser considerado como un intelectual. Destacan de su biblioteca, por ejemplo, 26 libros de Ortega y Gasset (20 de ellos subrayados y 6 de ellos, además, muy anotados) o 10 de María Zambrano (8 subrayados y 3, además, muy anotados). El tiempo para leer y estudiar lo sacaba de los huecos que le dejaban sus constantes viajes. En bastantes de sus libros encontramos como marcapáginas billetes de tren o autobús.
Todo parece indicar que en los últimos años, quizás por la edad, quizás por su desarrollo espiritual, se dedicó menos al estudio.
La principal fuente de la espiritualidad del P. Moratiel son las Escrituras, sobre todo los evangelios. Los conocía muy bien. Profundamente. Tenía un libro de los evangelios muy anotado con el que dio muchos ejercicios. Dicho libro lo guarda su familia en el pequeño museo que hizo en su pueblo, Santa Olaja de Eslonza (León). En su biblioteca hemos encontrado 68 libros sobre comentarios bíblicos (63 de ellos en francés).
Por otra parte, el P. Moratiel reconoce que el dominico alemán Taulero influyó mucho en su espiritualidad del Silencio (cf. Alcoba, 7). En su biblioteca hemos encontrado 4 obras de este autor, 3 de Eckhart (los sermones, en francés) y otras 3 sobre Eckhart.
Acerca de sus fuentes orientales, hay que destacar varias: en el mundo indio tenemos: Osho (16 libros, 5 muy anotados), Krishnamurti (14 libros, 5 muy anotados), Vimala Thakar (7 libros, 5 muy anotados) y Mata Amritanandamayi Math (6 libros). Y en el Budismo: la escuela de K. Dürckheim (26 libros y cuadernos, 7 muy anotados) y Thich Nhat Hanh (4 libros, 2 muy anotados).
Esto es lo que, a grandes rasgos, podemos decir de las fuentes y el pensamiento del P. Moratiel. Con vistas a facilitar su estudio (esperemos que alguien se anime a hacer una tesina de licencia o una tesis doctoral), todos sus libros y manuscritos serán guardados en el convento de San Esteban de Salamanca.
A continuación ofrecemos un estudio sobre su espiritualidad. Para hacerlo, con ánimo de no añadir nada a su pensamiento, me he limitado a entresacar frases suyas de las charlas a las que asistí y de sus seis libros, y las he puesto en un orden lógico. Eso es todo.
Si alguien quiere conocer bien su espiritualidad, le recomiendo que lea sus obras. Son éstas (entre paréntesis pongo la abreviatura con la que las cito):
  • Conversando desde el silencio, San Pablo, Madrid, 1994. (Conversando)
  • La cosecha del silencio, Ed. Martínez Roca, Barcelona, 2001. (Cosecha)
  • La posada del silencio, Ed. José J. de Olañeta, Palma de Mallorca, 2003. (Posada)
  • La sementera del silencio, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2005. (Sementera)
  • Desde el silencio, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2006. (Desde)
  • La alcoba del silencio, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2007. (Alcoba)

El cristiano católico aprecia especialmente lo sagrado. Busca, procura, construye, conserva, defiende, venera todas las sacralidades cristianas, sacramentos, ministros, templos, fiestas religiosas.

La Iglesia es sagrada
Por P. José María Iraburu
P. José María Iraburu
–Sagrado, secular, secularización, secularismo… Todo eso se discutió hace años, pero ya no es una cuestión actual.
–Es una cuestión muy actual, porque influye mucho en la vida de la Iglesia, aunque se hable y escriba menos de ella.
La Iglesia, que en la sagrada Eucaristía tiene su «centro» vivificante (Vat. II, CD 30f), es sagrada en sus Escrituras, en sus Pastores y sacramentos, en su pueblo de bautizados y en sus ministros sagrados, en sus templos, etc. Toda la Iglesia es, como veremos, «un sacramento», una realidad sagrada constituida por Dios entre los pueblos.
En la obra Sacralidad y secularización he estudiado más ampliamente esta cuestión. Allí pueden verse más completas las referencias bibliográficas que aquí doy abreviadas (Fund. GRATIS DATE, Pamplona 2005, 3ª ed.). (( http://www.gratisdate.org/nuevas/sacralidad/default.htm ))
Fieles adorando en un templo católico
 
El Sacrosanctum Concilium Vaticano II, XXI Ecuménico, usó con toda precisión y frecuencia la terminología de lo sagrado, como su propio nombre de Sacro-sanctum lo indica, fiel a la Tradición y al Magisterio apostólico. La orientación desacralizante de la teología de la secularización, y la alergia contra la terminología de lo sagrado, es postconciliar –y en cierto grado tambiénpreconciliar–, pero en modo alguno puede considerarse conciliar. En la constitución sobre la sagrada liturgia, Sacrosanctum Concilium, se usa con gran frecuencia, y también en otros documentos importantes del Vaticano II. Recordaré sólo la constitución dogmática sobre la Iglesia.
En la constitución Lumen gentium el adjetivo sagrado-sacer se aplica a diversas criaturas intraeclesiales. El sagrado Concilio (1a, 18b, 20c, 54a, 67), la sagrada Escritura (14a, 15, 24a, 55), la sagrada liturgia (50d), y también son calificados de sagrados el culto (50d), el bautismo (42a), la unción (7b), la eucaristía (11b), la asamblea eucarística (15, 33b), la comunión (11a), la comunidad cristiana sacerdotal (11a). También se califica de sagrado todo lo referente al sacerdocio presbiteral: así el orden (11b, 20c, 26c, 28a, 31ab), el ministerio (13c, 21b, 31b, 32d), los ministros (32c, 35d), la potestad sacerdotal (10b, 18a), el oficio presbiteral (28a, 35d); y lo mismo la condición de los Obispos, pastores sagrados (30, 37abc), el carácter (21b), el ministerio (26a), la potestad (27a), el oficio (37a), el derecho de regir (27a).
El substantivo consagración-consecratio se dice de los religiosos (44a, 46b), y cuatro veces de los obispos (21b, 22a, 28a). El verbo consagrar-consecrari se aplica a los bautizados (10a), a los religiosos (44a, 45c) y a la consagración del mundo (34b). El verbo sacrare se dice del obispo (20c), del bautizado (44a), de la integridad virginal de María (57).
Un uso análogo encontramos en los demás documentos conciliares. Sin embargo, después de varios decenios de profunda secularización del cristianismo, habiendo sido eficazmente prohibida esa terminología, ya casi ni recordamos la gran frecuencia con que se empleaba todavía en el Concilio Vaticano II. Por ejemplo: «En el sagrado rito de la ordenación el Obispo amonesta a los presbíteros que sean “maduros en la ciencia”… Pero la ciencia del ministro sagrado debe sersagrada, porque se toma de fuente sagrada y se ordena a un fin sagrado. Así, pues, sácase primeramente de la lectura y meditación de la Sagrada Escritura», etc. (PO 19a). Hoy, sin embargo, muy pocos sacerdotes serán los que se entiendan a sí mismos como «ministros sagrados» del Señor, al servicio del culto divino y de la santificación de los hombres. Asimilando en el vocabulario un rasgo protestante, no se habla ya tanto de sacerdotes, como de pastores
Fieles en la santa misa
—La teología de lo sagrado, fundamentada en la Sagrada Escritura y en la tradición patrística, magisterial y litúrgica, da una definición precisa de esa realidad cristiana tan importante. Sagrada es aquella criatura especialmente elegida y consagrada, dedicada y potenciada por Dios y por la Iglesia, para glorificar a Dios y santificar a los hombres. Sagrada es aquella criatura que especialmente manifiesta y comunica al mismo Dios. Vayamos por partes.
Lo sagrado es siempre criatura. En primer lugar, la humanidad de Cristo es sagrada, y es fuente de toda sacralidad cristiana. Sólo en Él coinciden lo Santo y lo Sagrado. Y en su Iglesia, «sacramento universal de salvación», son sagradas aquellas criaturas –personas, cosas, lugares, tiempos– que, en modo manifiesto a los creyentes, han sido elegidas por el Santo para obrar especialmente por ellas la santificación.
Dios llama especialmente a la santidad a quienes ha consagrado especialmente. Pero santidad y sacralidad son distintas(hágios y hierós). Un ministro sagrado, por ejemplo, está especialmente llamado a la santidad (Vat. II, PO 12). Si un sacerdote es pecador, no es santo, pero sigue siendo un ministro sagrado, y puede realizar con eficacia y validez ciertas funciones sagradas que le son exclusivas. Tampoco se confunden profano y pecaminoso: las co­sas son profanas, simplemente, en la medida en que no son sagra­das. El cosmos, concretamente, no es sagrado para los cristianos, aunque sea tan grandioso; a no ser en un sentido sumamente amplio e impropio.
Lo sagrado cristiano surge por iniciativa divina, porque Dios quiere elegir especialmente a unas criaturas para santificar por ellas a otras. El podría haber santificado a los hombres sin media­ciones creaturales, pero, sólo por bondad y por amor, quiso asociar de manera especial en la Iglesia ciertas criaturas a su causalidad santificante. En una decisión completamente libre, quiso el Señor elegir-llamar-consagrar-enviar a algunas criaturas (sacerdotes, concilios, templos, agua, aceite, pan, vino, libros, ritos, lugares, días y tiempos), comunicándoles una objetiva virtualidad santificante, y haciendo de ellas lugares de gracia, espacios y momentos privile­giados para el encuentro con El.
Es el Señor quien constituye lo sagrado, pero normalmente lo hace con la Iglesia. No olvidemos que «Cristo asocia siempre consigo a su amadísima esposa, la Iglesia» (Vat. II, SC 7) en sus acciones doxológicas y soteriológicas; por ejemplo, en una sagrada ordenación sacerdotal, en la consagración de un templo o de una virgen cristiana, etc.
Lo sagrado cristiano es siempre visible: templos, hombres, Escrituras y libros, ritos, lugares.Es la economía propia de los sacramentos, que son signos visibles, realizados por hombres, de acciones invisibles de la gracia de Dios. Surge lo sagrado de que quiso Dios comunicarse a los hombres de modo manifiesto y sensible –patente, se entiende, para los creyen­tes, para quienes tienen la fe–. Así Dios se acomoda al hombre y lo dignifica grandiosamente. En este sentido, el funda­mento de lo sagrado está en el carácter mediato de nuestra expe­riencia de Dios. Como bien señala Jean-Paul Audet, lugares, ritos, tem­plos, «todo esto no existiría si, en lugar de una experiencia mediata de lo divino, pudiéramos tener desde ahora una experiencia inme­diata» (Le sacré et le profane: leur situation en christianisme). Ya sabemos, pues, por eso que toda estructura sacral –también el Evangelio y la Eucaristía–se desvanece en el cielo, cuando «Dios sea todo en todas las cosas» (1Cor 15,28; cf. Ap 21-22). Es ahora, en el tiempo, cuando Dios concede al hombre la ayuda de lo sagrado.
De dos maneras se comunica Dios a los hombres y los santifica. En la primera, Dios santifica al hombre que apenas le conoce de modo no manifiesto y sensible. En la segunda, Dios santifica a los creyentes de modo manifiesto y sensible: en efecto, la acción in­visible del Espíritu se hace visible en la Iglesia de muchas mane­ras, concretamente en los sacramentos; lo que hace que la Iglesia sea al mismo tiempo «asamblea visible y comunidad espiritual» (LG 8a).
Consagrado-consecratus y dedicado-dedicatus, o dicatus, son sinónimos en la tradición patrística y litúrgica, al menos en las sacralidades más intensas. Un cáliz queda consagrado y dedicado al culto eucarístico: no se le puede dar ningún otro uso. En el Ritual de la consagración y dedicación de un templo o de unas vírgenes, consecratio y dedicatio-dicatio, son equivalentes, aunque en este caso el sentido puede ser menos estricto: un templo, excepcionalmente, puede ser usado como auditorio para un concierto musical o como albergue para refugiados de un desastre; puede una virgen consagrada ser telefonista, enfermera, etc. Hay aquí una gama tan variada de matices, que no es posible describirla, y que la virtud de la prudencia debe discernir en cada caso.
Hay grados en la sacralidad. Aunque todo el Cuerpo de Cristo, la Iglesia, es sa­grado, se distinguen grados diversos de sacralidad, según la mayor o menor potenciación hecha por Dios en las criaturas para santifi­car; es decir, en función de un orden objetivo de gracia. Y en esos grados se basa el lenguaje cristiano de lo sagrado, que reserva habi­tualmente esa calificación para las criaturas más intensamente sa­gradas.
Podría hablarse, sin duda, de los «sagrados laicos» o de la «sagrada agricultura»: son personas y trabajos santificados por el Espí­ritu Santo. Pero la tradición del lenguaje cristiano, y concretamente del concilio Vaticano II, suele hablar de «pastores sagrados», de «ministerio sagrado», de religiosos de «vida consagrada», porque sobre la consagración primera de la unción bautismal, estos cristianos han sido «novo modo consecrati» (PO 12a), ya que el Señor les ha elegido, consagrado y enviado para santificar, concediéndoles una «peculiar consagración» (LG 44a; PC 1c; 5a). Y así también, de modo semejante, la Iglesia reserva la calificación de sagrado a la Escritura, la predicación, el concilio, los cánones, el templo, la liturgia, etc. Por ejemplo, todos los días del año son, han de ser, santos y sagrados; pero el domingo es el Día del Señor, es un día sagrado, especialmente dedicado al culto de Dios y a la santificación de los hombres. No «da lo mismo» en la vida cristiana que sea domingo o miércoles.
Lo sagrado sana y levanta lo secular. Lo sagrado eleva las criaturas a una nueva dignidad, sobre la que ya tenían por su misma naturaleza; mientras que, por el contrario, la secularización desacralizante las rebaja en un movimiento descendente.
Cuando la eucaristía, por ejemplo, se celebra en formas sagradas de belleza, la comida familiar, consecuentemente, es también elevada por la oración de acción de gracias (ascenso). O por el contrario, si la eucaris­tía se celebra como una comida ordinaria, entonces los laicos comen en sus casas igual que si fueran paganos, sin acción de gracias (descenso). La dignidad del hombre y de la naturaleza se ve conservada y elevada por lo sa­grado, mientras que la desacralización rebaja y degrada el mismo orden natural. Esto es de experiencia universal, no sólo en el mundo cristiano.
El sagrado-cristiano es de unión, no de separación. Nada tiene que ver con el sagrado-tabú, porque no es de separación, sino de mayor unión. Por eso la distinción externa de las personas y cosas sagradas mediante ciertos sig­nos sensibles –el hábito, por ejemplo, y otros signos–, lejos de estar destinada a causar separación, ha de ocasionar una mayor unión. En efecto, el pan eucarístico no lo toca cualquiera, por supuesto, pero está hecho precisamente para que lo coman los cristianos, no para que no lo toquen. El templo es sagrado, y tiene una forma visible peculiar, distinta de las casas corrientes; pero justamente por eso está abierto a todos, a diferencia de las casas privadas. Un sacerdote, por ser ministro sagrado, debe ser indentificable incluso exterioremente, y puede ser abordado por cualquiera, mien­tras que un laico no tiene por qué ser tan identificable y asequible a todos. Es evidente: las sacralidades cristianas no son de separación, sino de unión.
—La espiritualidad de lo sagrado está en el centro de la vida cristiana, que es siempre bautismal y eucarística. No olvidemos la enseñanza insistente del sagrado Concilio Vaticano II, que ve precisamente la sagrada Eucaristía como «fuente y cumbre de toda la vida cristiana» personal y comunitaria (LG 11; CD 30; PO 5;6; UR 6). Señalo, pues, las notas propias de la espiritualidad cristiana de lo sagrado.
El amor a lo sagrado es algo esencial en la vida espiritual cristiana. Nunca un cristiano fiel ignora ni menosprecia el or­den sacral dispuesto por el Señor con todo amor, sino que se aden­tra en él gozosamente, sin confundir nunca lo sagrado y el Santo, y sin temor a falsas ilusiones, pues la Iglesia ya se cuida bien de que las sacralidades cristianas no caigan en idolatría, superstición, tabú o magia. Los alejados, prácticamente, dejan de vivir la vida cristiana.
Los santos han mostrado siempre un amor hu­milde y conmovedor a lo sagrado. Recordemos, por ejemplo, el amor de San Francisco de Asís por las iglesias, los sacerdotes, las campanas, los objetos de culto, cálices y corporales, todo lo relacionado con la sagrada Eucaris­tia o con la sagrada Escritura (Ctas. a toda la Orden; Iª a los custodios). El, que reparó varios templos, confiesa en su Testamento: «El Señor me dio una fe tal en las iglesias, que oraba y decia así sencilla­mente: “Te adoramos, Señor Jesucristo, aquí y en todas las iglesias que hay en el mundo entero, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo”».
Y si alguno sospecha que un amor tan tierno a lo sagrado sea sólo ingenuidad medieval del Poverello, mire a San Juan de la Cruz, el más despojado e intelectual de los espirituales; y hallamos en él la misma devoción, la misma fe, el mismo amor: «La causa por que Dios escoge estos lugares más que otros para ser alabado, él se la sabe. Lo que a nosotros nos conviene saber es que todo es para nuestro provecho y para oir nuestras oraciones en ellos y donde quiera que con entera fe le rogáremos; aunque en los que están dedicados a su servicio hay mucha más ocasión de ser oídos en ellos, por tenerlos la Iglesia señalados y dedicados para esto» (3 Subida 42,6).
El cristiano verdadero es practicante, por supuesto: busca asi­duamente al Santo en las cosas sagradas de la Iglesia: en la Escri­tura, en el templo, en los ministros sagrados, en los sacra­mentos, en la asamblea de los fieles, en el Magisterio apostólico, en el do­mingo y el Año litúrgico, y también en los sacramentales, como el agua bendita (SC 7, 47-48, 59-60, etc.). El cristiano, en fin,busca al Santo en lo sagrado, no exclusiva­mente, pero sí principalmente. Lo busca en lo sagrado, porque allí es donde el Señor ha que­rido manifes­tarse y comunicarse con especial intensidad, certeza y significación sensible. Este es un rasgo constitutivo de la espiritua­lidad católica.
No es católico el cristiano no-practicante, que se distancia de las sacralidades de la Iglesia. Es pelagiano, o al menos voluntarista, y por eso no aprecia debidamente lo sagrado. Y es que no busca su santificación en la gracia de Dios, sino más bien en su propia esfuerzo personal.
El pelagiano no busca tanto ser santificado por Cristo, como santificar-se él mismo según sus fuerzas, modos y mane­ras. No entiende la gratuidad de lo sagrado. No comprende que la santifi­cación es ante todo don de Dios, que él confiere a los creyentes especialmente a través de los signos sagrados que él mismo ha establecido para ello. No cree en la especial virtualidad santificante de lo sagrado: «¿Por qué rezar la Liturgia de las Horas, y no una oración más de mi gusto y devoción? ¿Qué más da ir a misa el domingo o un día de labor? ¿Qué interés hay en tratar con los sacerdotes? ¿Qué tiene el templo que no tenga otro lugar cualquiera?»… El sólo confía en su propia mente y voluntad para santificarse: para él sólo cuenta lo que le da más devoción a su sensibilidad, lo que su mente capta mejor, lo que más se acomoda a su modo de ser. El orden de sacralidades dispuesto por Dios es para él insignificante. Por eso o se aleja de lo sagrado o lo usa arbi­trariamente, sólo si coincide con su inclinación, o si puede adaptarlo a sus gus­tos y criterios.
El cristiano católico aprecia especialmente lo sagrado. Busca, procura, construye, conserva, defiende, venera todas las sacralidades cristianas, sacramentos, ministros, templos, fiestas religiosas. Quien conoce, reconoce y ama lo sagrado, lo procura: re­para, por ejemplo, o construye un templo, tiene agua bendita en su casa, borda unos ornamentos para el culto, etc. En igualdad de condiciones, prefiere que la Misa sea celebrada en un templo consagrado que en una sala ordinaria. Prefiere escuchar la predicación de un Obispo, presbítero o diácono, a la de un laico –en igualdad de condiciones–, porque sabe que el Señor, por el Orden sagrado, potencia precisamente a los que han sido ordenados sacramentalmente para el ministerio de la Palabra divina (Vat. II, CD 12-13; PO 2;4). Vive el Año litúrgico con gran intensidad. Para él no es lo mismo estar en domingo o en miércoles. Prefiere, por ejemplo, intensificar en Cuaresma sus penitencias personales, pues espera en ese tiempo «de gracia y penitencia» recibir de Dios especiales ayudas de su gracia. Todo esto, insisto, no tiene sentido alguno para el cristiano pelagiano, que en las cosas de la gracia divina no distingue un toro de una vaca.
—La Iglesia configura lo sagrado mediante una disciplina especial.Siendo las formas concretas de lo sagrado una importantísima expresión colectiva y pedagógica del misterio de la fe, fácilmente se comprende el derecho y el deber que los Pastores sagrados, y especialmente el Papa, tienen de configurar lo sagrado, es­tableciendo unos usos, o aprobando al menos ciertas costumbres. Son los Sucesores de los Apóstoles, presididos por el Papa, quienes tienen autori­dad para cuidar la manifestación visible del Invisible. La Iglesia, efectivamente, que custodia la fe y la transmite, ha de velar con autoridad apostólica por la configuración concreta de lo sagrado: imágenes, templos, vida sacerdotal, vida religiosa, cantos, ritos. Por eso «nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la liturgia» (SC 22). Y hay en los fieles, claro está, una obligación correspondiente de obedecer las normas litúrgicas de la Iglesia.
Veamos, a modo de ejemplo, esta cuestión en la liturgia, y apliquemos los mismos principios,mutatis mutandis, a la configuración de lo sagrado en todas sus realidades específicas, personas o lugares, fiestas o ritos:
1.-Lo sagrado es un lenguaje, verbal o no verbal. No admite, pues, una creatividad arbitraria y cambiante. El lenguaje es vehículo de comunicación inteligible siempre que respete las reglas socia­les de su estructura. Tiene el lenguaje, evidentemente, un desarrollo en la historia. Pero si es un lenguaje improvisado, arbitrario, individualista, no establece comunica­ción, como no sea entre un grupo de iniciados.
2.-Por eso mismo, el rito litúrgico implica en sí mismo repetición tradi­cional, serenamente previsible. Así es como el rito sagrado se hace cauce por donde discurre de modo suave y unánime el espíritu de cuantos en él participan. Así es como se favorece en el corazón de los fieles –sursum corda– la elevación –habemus ad Dominum–, sin las distracciones normalmente ocasionadas por la rareza de lo no acos­tumbrado. Así es como se celebra comunitariamente el memorial cíclico de los grandes sucesos salvíficos, que de este modo permanecen de generación en generación siempre actuales.
3.-El ministro sagrado, realizando en la obediencia los ritos sagrados, se oculta humildemente en su sagrado ministerio; desaparece, cuando realiza fielmente su misión cultual y santificadora. El ministro sagrado recibe de Dios la sublime función de mani­festar al Santo, de re-presentarle. Pero si no guarda las normas de la Iglesia, si cae en la arbitraria expresión individual, subjetiva, a-ritual, no transparenta al Santo, sino que atrae sobre sí mismo la atención de los hombres. Y así quebranta gravemente la estruc­tura misma del ministerio sagrado y del rito litúrgico, y en cierto modo los destruye.
La ideología secularizante, agrediendo a lo sagrado, arruina la Iglesia, que es sagrada. De ello trataré en el próximo artículo, Dios mediante. La pérdida o la grave disminución del sentido de lo sagrado es causa muy suficiente para explicar la ausencia de vocaciones sacerdotales y religiosas, el distanciamiento masivo de la Misa dominical, la devaluación de la Iglesia como sacramento necesario para la salvación del mundo, la paralización de las misiones, etc. No hace falta discurrir mucho para saber qué es lo que acrecienta a la Iglesia, y qué lo que la arruina.
Reforma o apostasía.
José María Iraburu, sacerdote

domingo, 23 de fevereiro de 2014

P. STEFANO M. MANELLI, F.I.: IL MOTU PROPRIO SUMMORUM PONTIFICUM PER LA CRESCITA DELLA VITA RELIGIOSA

 


Stefano M. Manelli FI. Il 'Summorum Pontificum' per la crescita della vita religiosa



Carissimi,
una recente preziosa citazione di Luisa e il dipanarsi della vicenda dei FI con i frequenti riferimenti a Padre Manelli, mi ha richiamato alla memoria l'occasione in cui ho avuto la gioia spirituale di ascoltarlo, nel corso del 2° Convegno Summorum Pontificum, nell'ottobre 2009, di cui potete leggere qui il mio resoconto di allora, corredato di alcune immagini.
Un intervento di grande spessore quello di P. Manelli, che ci dà la possibilità di cogliere molte luci ed ombre del momento presente. Ne inserisco di seguito uno stralcio della Prima parte, tratto del volume degli Atti pubblicati da Fede e Cultura (p. 75-85) e aggiungo il video con la presentazione di p. Nuara.


IL MOTU PROPRIO SUMMORUM PONTIFICUM
PER LA CRESCITA DELLA VITA RELIGIOSA

P. STEFANO M. MANELLI, F.I.
(Fondatore e Ministro Generale dei Francescani dell'Immacolata)

Introduzione
Per la conoscenza della Divina Rivelazione noi abbiamo le pure acque dell'unica "sorgente", la Sacra Scrittura, che formano il grande "fiume" della perenne tradizione in cammino lungo i secoli e i millenni della vita della Chiesa: tradizione perenne, espressa in maniera mirabile soprattutto dai Padri della Chiesa.

Tra questi Padri della Chiesa, sant'Ambrogio, nel suo Esamerone, scrive così: "La Chiesa, come la luna, ha frequenti i suoi smarrimenti e le sue rinascite, ma proprio in virtù dei suoi smarrimenti crebbe e meritò di ampliarsi... Rifulge la Chiesa non di luce propria ma della luce di Cristo e trae il suo splendore dal Sole di giustizia" (IV, 32).

Parlare dell'immagine e della realtà della "luna" applicata alla Chiesa è certo cosa sconosciuta alla cristianità moderna e potrebbe suonar forse irriverente agli orecchi di chi ad essa guarda come alla luce suprema che illumina il mondo. Ma il santo Vescovo di Milano con la sua penetrante e sorprendente parola aiuta a conoscere più in profondità il mistero ecclesiale.

Due considerazioni occorre trarre dal pensiero ambrosiano. La Chiesa non brilla di luce propria ma, come la luna, riverbera gli splendori del Signore Crocifisso e risorto. Una Chiesa che non propagasse più la luce del suo Fondatore non sarebbe più la "sua" Chiesa, ma altro. La "lunaticità" della Chiesa, espressione adoperata dal Card. Biffi, non deve sorprendere.
Ancora sant'Ambrogio di Milano, con la sua intelligenza chiara e amorosa, scrive che la Chiesa è "ex maculatis immaculata", è senza macchia, ma fatta da uomini peccatori: essa, che non è mai senza peccatori , è sempre in se stessa senza peccati. Nella sua compagine umana dunque essa non può non essere "lunatica" poiché riflette la fragilità e la debolezza dell'umanità decaduta in cammino verso il regno dei Cieli.
"La 'lunaticità' della Chiesa" scrive appunto il Cardinale Giacomo Biffi "si manifesta soprattutto nelle continue oscillazioni davanti a noi della sua luminosità. Come la luna, anch'essa è in sé sempre allo stesso modo `rivestita di sole', ma non allo stesso modo appare al nostro sguardo. Arrivano momenti in cui il fulgore è sottile come una lama e basta appena a indicare una presenza, e momenti in cui ogni luce pare addirittura inghiottita dalla notte: c'è un'ora delle tenebre, anche se non c'è una loro vittoria definitiva"[62].
Memori delle parole e del pensiero del santo Vescovo di Milano, volgiamo ora il nostro sguardo alla realtà ecclesiale nella quale viviamo: diciamo pure, anzitutto, che non è certamente difficile ammettere, oggi, che lo splendore della Sposa di Cristo sta attraversando un'eclissi di proporzioni forse uniche nella sua storia bimillenaria.
Questa crisi, che abbraccia tutta intera la vita della Sposa di Cristo, secondo il Santo Padre Benedetto XVI, "dipende in gran parte dal crollo della liturgia"[63] avvenuto non nel Concilio, ma nel post-concilio.
Tali parole, riprese in un altro suo testo, si estendono persino al di là dei limiti della Chiesa, per costituire un elemento fondamentale dell'intera vita e di tutto l'ambiente umano: "II diritto e la morale non stanno insieme" scrive ancora il Papa "se non sono ancorati nel centro liturgico e non traggono da esso ispirazione [...]. Solo se il rapporto con Dio è giusto anche tutte le altre relazioni dell'uomo - quelle degli uomini tra di loro e dell'uomo con le altre realtà create - possono funzionare "[64].
Ma dove risiede il fondamento di questa influenza del culto liturgico sulla vita umana in generale? Con parole di luce superna. il Cardinale Ratzínger risponde nel seguito del testo citato: "L'adorazione, la giusta modalità del culto, del rapporto con Dio, è costitutiva per la giusta esistenza umana nel mondo: essa lo è proprio perché attraverso la vita quotidiana ci fa partecipi del modo di esistere del `cielo', del mondo di Dio, lasciando così trasparire la luce del mondo divino nel nostro mondo [...]. (Il culto) prefigura una vita più definitiva e, in tal modo, dà alla vita presente la sua misura. Una vita in cui manca tale anticipazione, in cui il cielo non è più abbozzato, diverrebbe plumbea e vuota"[65].
Per il Papa, dunque, la liturgia della Chiesa diviene il canale privilegiato del governo divino sulla terra, e possiede di per sé una potenza demiurgica che plasma sul suo modello gli eventi mondani, facendosi "misura" alla "vita presente"[66].
Se la liturgia ha un impatto vitale su tutta la vita ecclesiale, si può facilmente immaginare l'incidenza primaria che essa esercita sulla vita religiosa in particolare. La confusione liturgica postconciliare, infatti, si è ripercossa sulla vita religiosa con una tale forza devastante che non di "crescita della vita religiosa" (secondo il titolo della relazione) occorrerebbe parlare, ma piuttosto di "ripresa" e ancor più di "recupero" o di "salvataggio" della vita religiosa. Senza dilungarci su questa tristissima situazione, lasciamo parlare le statistiche perché, per dirla con l'Aquinate, "contra factum non valet argumentum".
Il religioso clarettiano Angel Pardilla, professore al "Claretianum", in un accuratissimo studio dal titolo I religiosi ieri, oggi e domani (Editrice Rogate, Roma, 2007), ha fatto il punto in modo pressoché esaustivo sul primo quarantennio postconciliare, ossia sul periodo 1965-2005, riguardo alle perdite totali e percentuali degli Istituti maschili di diritto pontificio, soffermandosi in modo particolare sui canonici regolari, i monaci, i cosiddetti Ordini Mendicanti, i chierici regolari, le Congregazioni religiose clericali e laicali, e gli Istituti di vita apostolica. Ebbene queste sei tipologie di vita religiosa hanno tutte, senza alcuna eccezione, avuto dei cali drammatici in entrata e dei più o meno grandi abbandoni: gli uni e gli altri non di rado superiori al 50%!
Facciamo alcuni esempi significativi.
I sei ordini religiosi maschili più consistenti nel 2005 (e certamente ancora oggi) erano i Gesuiti (19.850 membri), i Salesiani (16.645), i Frati Minori (15.794), i Cappuccini (11.229), i Benedettini (7.798) e i Domenicani (6.109). I medesimi però nel 1965 avevano ben altri numeri: 36.038, 22.042, 27.009, 15.838, 12.070, 10.091.
Se i religiosi in totale erano 329.799 nel 1965, quarant'anni dopo la chiusura del Concilio ne restavano 214.903. Circa 115.000 religiosi, più di un terzo di tutti i religiosi sono venuti meno in questi quarant'anni di post-concilio: per rifare i 115.000 religiosi perduti in soli quarant'anni, ci vorranno forse diversi secolì[67]
Si aggiunga, infine, che il triste cammino di questa mortifera "retromarcia" continua oggi disastrosamente, sapendo che, ad esempio, i Frati Minori stanno diminuendo di circa 300-400 frati ogni anno, i Gesuiti di circa 400-500 ogni anno. Né ci sono segnali d`inversione" di questa mortifera retromarcia[68].
Orbene, di fronte a questa impressionante ecatombe della vita religiosa, che è avvenuta e che sta ancora avvenendo, il Motu Proprio Summorum Pontificum sembra voler esser davvero un'ancora di salvezza per recuperaree il preziosissimo patrimonio liturgico e spirituale che la tradizione degli Istituti religiosi ha gelosamente custodito per secoli e secoli, manifestando appunto la vitalità e la fecondità perenne del Vetus Ordo sia con la crescita vocazionale negli Istituti, sia con il dono di una teoria di Santi donati alla Chiesa, sia con la fioritura della grande arte sacra (pittura, scultura, architettura), della grande musica, della grande poesia e letteratura: tutto per la gloria di Dio e per l'edificazione del Corpo di Cristo.
È indubitabile, infatti, che esiste un rapporto strettissimo, di primaria necessità e fondamentale valore, fra la vita religiosa e la liturgia, per cui la vita religiosa di ogni istituto non può non dipendere, e quindi essere radicalmente condizionata dalla liturgia, sia nel suo avanzare come nel suo retrocedere.
E se in questo avanzato quarantennio post-concilare la vita religiosa è stata ed è in rovinosa retromarcia, per non dire autodistruzione, non si può nascondere le concrete responsabilità di una liturgia in deficit di consistenza in quello che dovrebbe essere il suo connaturale compito di alimentare e sostenere la vita religiosa.
Riflettiamoci brevemente.

PRIMA PARTE
I. Vita religiosa e liturgia
La vita religiosa è la consacrazione a Dio di tutta la persona, e manifesta nella Chiesa la mirabile istituzione voluta da Dio, quale segno escatologico della vita futura. Ogni religioso porta a compimento la sua totale donazione come sacrificio offerto a Dio, e per questo l'intera sua esistenza, quale offerta-sacrificale, diviene un ininterrotto culto a Dio nella carità. Tale ininterrotto "culto a Dio" trova appunto la sua manifestazione più piena e completa nella sacra liturgia, che regola e anima ogni giornata della comunità religiosa, con la Santa Messa e con la celebrazione del Divino Ufficio che scandisce le ore stesse della giornata.
In ogni istituto religioso, infatti, la preghiera, nei tempi chiave della giornata, deve occupare sempre il primo posto e deve essere esemplare e fervida in ogni sua espressione. Amare la preghiera, vivere di preghiera, aspirare alla preghiera continua, come comanda il Signore: "Bisogna sempre pregare" (Lc 18,1), come insegna san Benedetto: "Ora et labora" come raccomanda il serafico Padre san Francesco: "Pregare sempre, con cuore puro" (Regola, cap. X), è dovere fondamentale e vitale.
È importante però tener presente che la preghiera più perfetta della Chiesa, e la preghiera più propria dei religiosi, è appunto la sacra liturgia[69].
Basterebbe qui ricordare, fra i molti e santi autori, il beato Dom Columba Marmion, celebre Abate di Maredsous (Belgio), autore di pregiatissime opere spirituali e liturgiche, il quale, nel suo libro dedicato alla vita religiosa, Cristo ideale del monaco, pone il suo accento precisamente sull'importanza fondamentale della vita di preghiera nella vita monastica, e in particolare della preghiera liturgica, evidenziando l'importanza ineludibile non solo della Santa Messa, ma anche dell'Ufficio Divino. Egli afferma infatti che "la recita dell'Ufficio Divino, da san Benedetto chiamato 'Opus Dei', è la preghiera della Chiesa per eccellenza, e ha un privilegio inalienabile e incomunicabile, perché è l'opera dì Dio, compiuta con Gesù Cristo, in suo nome, dalla Chiesa che è la sua Sposa. Per codesta lode, [...] la Chiesa non si accontenta del culto comune a tutti i suoi figli, ma, come sceglie alcuni tra i suoi figli per associarli, particolarmente e con preferenza, al Sacerdozio eterno del suo Sposo, così affida a un'eletta porzione di essi la lode più importante e più apprezzata: sono i sacerdoti e i religiosi che compiono le funzioni in coro. La Chiesa ne fa i suoi ambasciatori presso il trono divino; li sceglie per deputarli al Padre in nome suo e dello Sposo"[70].
La preghiera liturgica, quindi, è la preghiera più propria dei Religiosi, tanto che, si può ben dire, ogni ora della giornata monastica, o della fraternità religiosa, è scandita da essa. Negli Istituti religiosi, infatti, ciò che abitualmente è intesa come "vita comune" comprende come sua prima e speciale espressione proprio la "preghiera in comune", ossia la preghiera liturgica, che diviene l'anima della comunità religiosa. Raccolti in coro, uniti in una sola voce, i religiosi, per l'intera umanità, rendono a Dio il culto che Gli è dovuto.

2. Vita religiosa e Santa Messa


Sicuramente il motivo spirituale ancor più profondo che lega la vita religiosa alla liturgia è, in particolare, la preghiera liturgica per eccellenza, ossia la Santa Messa. Lo stato religioso infatti, seguendo il pensiero di autori spirituali di primaria importanza quali il P. Ludovic Colin e il beato Columba Marmion, ha un legame particolarissimo con il Santo Sacrificio dell'altare.
"Che cosa è ìl religioso?" sì chiede P. Ludovic Colin. E risponde: "Un'ostia. E la vita religiosa? Una messa mistica"[71].
Per ogni religioso, infatti, l'emettere i tre voti significa salire sul Calvario, essere con-crocifisso con Gesù! Il religioso, in realtà, vi deve salire per rendersi una cosa sola col suo Signore Crocifisso, e ogni volta che il sacrificio della croce sì rinnova sull'altare, allora anch'egli rinnoverà il suo sacrificio e si metterà nuovamente sull'altare con la Vittima divina.
L'uomo, in quanto consacrato e votato totalmente a Dio, poiché muore al mondo per vivere in Dio, compie un sacrificio, un vero olocausto. Questo sacrificio, dopo la Messa e il martirio, è il più perfetto, il più gradito a Dìo e il più fecondo per ìl tempo e per l'eternità. E, di fatto, nello stato religioso noi possiamo ritrovare tutti gli elementi costitutivi del sacrificio dell'altare, ossia: oblazione (all'offertorio), immolazione (alla consacrazione), consumazione della vittima (alla comunione).
Il religioso che fa voto di povertà, di castità e d'obbedienza, non solo offre se stesso a Dio, ma la formula stessa dell'offerta vuol essere anche un atto di consacrazione, con cui avviene, potrebbe dirsi, la trasformazione del cristiano in religioso per essere una vittima spirituale e un'ostia santa.
Il religioso, in realtà, con la professione, donandosi, si consacra da se stesso al servizio divino: Dio, a sua volta, ratifica e conferma per l'eternità questa consacrazione. Come è stato giustamente osservato, la professione religiosa è insieme opera dell'uomo e opera di Dio. Dio prende, per così dire, nelle sue mani l'anima che gli si offre, e la benedice: "Accepit in manus suas et benedixit". Questa benedizione non è una parola priva di senso, ma un atto. un'opera di santificazione e di consacrazione.
E la consacrazione comporta l'immolazione e la consumazione totale della vittima. È questo l'aspetto più austero e splendido, il fulcro dello stato religioso. Di fatto, il religioso è, per vocazione. un essere sacrificato, un'ostia viva che si consuma interamente in olocausto d'amore per la gloria di Dio e per la salvezza delle anime.
"Non si tratta d'immolazione cruenta: qui il sangue dell'anima sta in luogo di quello delle vene; per un sacrificio spirituale basta una morte mistica. Così scrive ad esempio san Francesco di Sales ad una figlia spirituale: «Eccovi, mia cara figlia, in spirito sull'altare consacrato per esservi sacrificata, immolata consumata in olocausto al cospetto del Dio vivente»"[72].
E il nostro Sommo Pontefice, Benedetto XVI, per la celebrazione dell'Anno Sacerdotale in corso, volendo affiancare a: santo Curato d'Ars, modello per i preti, anche un modello di santo sacerdote, per i religiosi, ha scelto san Pio da Pietrelcina, santo dei nostri tempi, Francescano Cappuccino, stimmatizzato sanguinante per cinquanta lunghi anni di vita, da Papa Paolo VI definito felicemente "Rappresentante stampato delle stimmate di Nostro Signore Gesù Cristo", straordinario sacerdote che soprattutto nella celebrazione della Santa Messa appariva, come san Francesco d'Assisi, vera "immagine di Gesù Crocifisso" (dal prefazio della Messa di san Francesco d'Assisi).

3. Vita religiosa e Ufficio Divino
Le preghiere liturgiche superano in valore ed efficacia qualunque altra lode o preghiera od opera buona. E verità incontestabile, e i santi l'hanno ben compresa. Santa Maddalena de' Pazzi, ad esempio, stimava la recita delle Ore canoniche più di qualunque altra devozione privata. Quando una religiosa chiedeva dispensa per attendere all'orazione, rispondeva: "No, figliuola; la ingannerei se glielo permettessi; perché potrebbe credere che codesta sua devozione particolare più onori Iddio e la renda più accetta a sua Divina Maestà; mentre essa è poca cosa comparativamente all'Ufficio che recita con le consorelle".
Così pensano i santi, così parla la fede: l'Ufficio Divino vale più di qualsiasi altra opera; è veramente l'opera di Dio per eccellenza; le altre sono "opera hominum", mentre l'Ufficio Divino è da Dio, come omaggio di lode che da Dio proviene per il Verbo Incarnato, presentato dalla Chiesa in nome di Cristo.
L'Ufficio Divino può diventare, e tale è sovente per alcuni, un vero sacrificio; e allora può dirsi nel senso completo: "Sacrificium laudis" (Sal 49,23). Ciò può avvenire per diversi motivi: anzitutto perché la recita dell'Ufficio (soprattutto l'Ufficio antico) segue norme e cerimonie ben precise a cui bisogna attenersi fedelmente. E ciò costituisce l'aspetto penitenziale della lode di Dio. Inoltre, occorre dominare la mente con un'attenzione amorosa alla divina Salmodia e, a tal fine, sono necessari ripetuti sforzi per vincere l'apatia e la naturale leggerezza. Sono tutti sacrifici graditi a Dio.
A ciò si aggiungono, di solito, le sofferenze occasionate dalla vita comune. Se è uno spettacolo edificantissimo vedere i religiosi riuniti nella preghiera corale, bisogna anche ricordare che ciò importa molti sacrifici, inevitabili e spesso rinnovati, pur non volendo: "Sumus homines fragiles... qui faciunt invicem angustias"[73].
Sull'esempio del divin Maestro, che fu orante fra gli strazi indicibili della crocifissione, il religioso deve saper lodare Dío non solo quando è ripieno di consolazione, ma anche, e soprattutto, quando soffre. Le anime amanti seguono Gesù dappertutto, e lo seguono più volentieri al Golgota che al monte della Trasfigurazione.
Chi restò infatti con Gesù ai piedi della Croce? La Vergine Madre, che lo amava con amore pienamente disinteressato; la Maddalena, la peccatrice alla quale Gesù aveva perdonato molto perché molto amava; e san Giovanni, che aveva la scienza del cuore divino. Tutti e tre rimasero là, al loro posto, quando l'anima del Pontefice supremo, Cristo, offriva per la salvezza del mondo il suo cantico doloroso; gli altri apostoli, invece, e anche san Pietro che aveva fatto tante proteste d'amore a Gesù, erano lontani dal Calvario, pensando magari al monte Tabor dove, invece, sarebbero stati bene: "Bonum est nos hic esse; si vis, faciamus hic tria tabernacula" (Mt 17,4).
La Santa Messa e l'Ufficio Divino, dunque, costituiscono, in sostanza, l'anima della vita religiosa, la divina sorgente a cui ogni giorno il religioso s'abbevera e con cui si rafforza per crescere nella sua vita d'unione col Signore Crocifisso, fino alla perfetta conformità con Lui (cfr. Rm 8,29). Si comprende bene dunque l'importanza che hanno la Messa e l'Ufficio Divino nella vita religiosa in genere e nella vita del singolo religioso in particolare.
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62 GIACOMO BIFFI, Quando ridono i cherubini. Meditazioni sulla vita della Chiesa, Bologna, 2006, p. 114.
63 JOSEPH RATZINGER, La mia vita: ricordi, 1927-1977, Edizioni San Paolo, Cinisello Balsamo, 1997, p. 112.
64 JOSEPH RATZINGER, Introduzione allo spirito della liturgia. Edizioni San Paolo, Cinisello Balsamo, 2001, p. 16.
65 Ibidem.
66 D. VENTURA, "Papa Benedetto XVI e la Liturgia", conferenza tenuta a Bologna, presso la chiesa di S. Maria della Pietà, il 22 febbraio 2009, in occasione del III` anniversario dell'apertura della causa di beatificazione del Servo di Dio Tomas Josef M. Tyn O.P. In linea e in armonia con il pensiero di Papa Ratzinger si vedano gli studi di alto profilo di D. VON HILDEBRAND, Liturgia e Personalità, Brescia, 1948, e di MARTIN MOSEBACH, L'eresia dell'informe, Ed. Cantagalli, Siena, 2009.
67 Questi dati sono anche da mettere in relazione con l'aumento dei battezzati nello stesso periodo, con l'innalzamento contemporaneo, non così lieve, della vita media, per cui, oggi, una buona parte dei religiosi appartengono alla terza età.
68 E le cose vanno ancora peggio nei riguardi delle "religiose", secondo un altro studio dello stesso Autore, ANGEL PARDILLA, Le religiose ieri, oggi e domani, Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano, 2008.
69 La preghiera liturgica, infatti, come scrive il celebre Abate di Solesmes, Dom Prosper Guéranger, "è la preghiera per eccellenza che riunisce in un solo coro tutte le molteplici voci dei fedeli, è la più gradita all'orecchio e al cuore di Dio, e perciò la più potente. Beato dunque colui che prega con la Chiesa, che unisce i propri voti particolari a quelli di questa Sposa, diletta dallo Sposo e sempre esaudita!" (D.P. GUÉRANGER, L'Anno Liturgico, Introduzione, Alba, 1956). Ugualmente, con parole ardenti, il beato Cardinale Ildefonso Schuster scrive che la preghiera liturgica è "un poema sacro, al quale veramente hanno posto mano e cielo e terra, e in cui l'umanità redenta nel Sangue dell'Agnello senza macchia, sulle ali dello spirito, si libra a volo altissimo, spingendosi sin presso al trono di Dio [...]. La sacra liturgia non solo rappresenta ed esprime l'ineffabile e il divino, ma per mezzo dei Sacramenti e delle sue formule eucologiche lo produce, a dir così, e lo compie nelle anime dei fedeli, ai quali comunica la grazia della Redenzione. Si può anzi dire che la stessa fonte della santità della Chiesa è tutta compresa nella sua liturgia, cosicché senza i divini Sacramenti, la passione del Salvatore, nella presente economia istituita da Dio, non avrebbe su di noi alcuna efficacia, per mancanza di istrumenti atti a trasmettercene i tesori" (I. SCHUSTER, Liber Sacramentorum, Torino-Roma, 1929, p. 1).
70 COLUMBA MARMION, Cristo ideale del monaco, Piemme, Padova, 1961, p. 319.
71 LUDOVIC COLIN, Il Culto dei voti, Ed. Padri Redentoristi, Torino Roma, 1952, p• 15.
72 Ivi, p. 23.
73 Basta riflettere poco, infatti, per capire che in paradiso, la Lode di Dio si celebra nell'armonia eterna della gioia traboccante; quaggiù, in questa valle di lacrime, invece, avviene nella sofferenza. Gesù cantò le lodi del Padre non soltanto sul Tabor, ma anche sulla Croce; e sant'Agostino dice apertamente che, sul Golgota, Nostro Signore recitò il Salmo 21 che comincia con le parole: "Deus, Deus mens, respíce in inc: quale me dereiiquisti"; salmo messianico commovente, il quale esprime non solo le circostanze della Passione, ma i sentimenti del nostro Salvatore benedetto. Nelle tenebre del Calvario, fra torture indicibili. Gesù recitava l'Ufficio; e ben più che sul Tabor, Egli dava infinita gloria al Padre, perché soffriva.

Para que serve o ecumenismo? - Por Alfredo Sáenz

 

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Ecumenismo. Para que serve?No sínodo dos Bispos de Europa, falou-se larga e extensivamente sobre o ecumenismo, especialmente em relação aos numerosos muçulmanos que povoam o continente. Finalmente Monsenhor Bernardini contou a seguinte caso:

Num mosteiro católico de Jerusalém havia, disse ele, talvez ainda esteja lá, um empregado doméstico árabe muçulmano. Era uma pessoa gentil e honesta, muito estimada pelos religiosos, aos quais, por sua vez, ele também estimava.

Um dia, com ar triste, lhes disse: "Nossos chefes se reuniram e decidiram que todos os 'infiéis' devem ser assassinados, mas vocês não tenham medo porque eu os matarei sem fazê-los sofrer". Terminou o Arcebispo sua alocução dizendo que havia que distinguir entre a minoría fanática e violenta e a maioria tranquila e honesta, mas se alguma vez esta última recebesse uma ordem dada em nome de Allah ou do Corão, marcharia compacta e sem vacilações.

Um Bispo, Germano Bernardini, que durante quarenta e dois anos vivera na Turquia, país 99,9% muçulmano, e há dezoito anos era Arcebispo de Esmirna, na Ásia Menor, dirigiu a palavra aos Bispos ali presentes.

Expôs então três casos, a seu juízo altamente sintomáticos. Durante um encontro oficial islâmico-cristão, um reconhecido personagem muçulmano, dirigindo-se aos participantes cristãos, disse em certo momento, com calma e segurança:

"Graças a suas leis democráticas nós os invadiremos; graças a suas leis religiosas os dominaremos". Essa afirmação deve ser acreditada, comentava el Bispo, dado que o "domínio" já começou com os petrodólares, utilizados não para criar trabalho nos países pobres do Norte da África o do Oriente Médio, mas para construir mesquitas e centros culturais nos países cristãos de imigração islâmica, incluida Roma, centro da cristandade. Como não ver em tudo isso, pergunta-se, um claro programa de expansão e reconquista?

Durante outro encontro islâmico-cristão, continuou relatando o Arcebispo de Esmirna, organizado, como sempre, pelos cristãos, um participante destes últimos perguntou publicamente aos muçulmanos lá presentes, por que não organizavam eles também encontros similares a esse. O personagem muçulmano autorizado que aí estava respondeu:

“Por que deveríamos fazê-lo? Vocês não têm nada a nos ensinar, e nós não temos nada a aprender". De modo que, na opinião do Arcebispo, trata-se de um "diálogo de surdos". Têrmos como "diálogo", "justiça", "reciprocidade", ou conceitos tais como "direitos do homem" e "democracia", para eles têm um significado completamente diferente do que tem para nós.

É um ensinamento da história que as minorias decididas sempre enganam as maiorias silenciosas. Por isso, acrescentou, seria ingênuo subestimar, ou pior ainda, sorrir diante dos três exemplos referidos. Antes, convirá refletir seriamente sobre o ensinamento dramático que nos dão. Não haverá, por isso, perder a esperança. A vitória final será de Cristo, porém os tempos de Deus podem ser muito longos, e em geral o são.

"Termino com uma exortação que a experiência me sugeriu: não se deve conceder jamais aos muçulmanos uma igreja católica para seu culto porque frente as seus olhos está a prova mais concreta de nossa prórpria apostasia".
[..]O forte renascimento da consciênciia islâmica coincide com a apatia e o desânimo de tantos católicos que parecem ter renunciado ao mandato apostólico do Senhor, a ponto de alguns missionários pensarem que não é mais necessário promover a conversão dos muçulmanos ao Evangélio mas sim fazer com que sejam mais fiéis ao Corão

A convivência entre muçulmanos e católicos que ocorre hoje no ocidente oferece a enorme oportunidade que deveriam aproveitar os países cristãos que acolhem comunidades de origem muçulmana. [...] Fazendo frente à investida islâmica no ocidente, a melhor reposta é voltar a ser católicos seriamente, tanto na esfera individual como na pública, não deixando de lado o ideal da Cristandade. Em uma cosmovisão, como é a islâmica, que não separa a revelação que creem ter recebido da construção da ordem temporal, somente cabe contrapor outra cosmovisão,a verdadeira, que busca a integração hierarquizada da ordem sobrenatural e a natural. Se os muçulmanos não veem isso, de modo alguma nos respeitarão.*

O muçulmano é um homem que crê em Allá, que reza, que dá esmolas, que peregrina e que sabe que será julgado mais adiante, o que o faz superior a todos os ateus do ocidente. E assim se sente. - Alfredo Sáenz
 

Obras de P. Alfredo Sáenz, S. J.: Arquetipos cristianos, 404 p.; El Apocalipsis según Leonardo Castellani, 45 p.; La Cristiandad, una realidad histórica, 219 p.

SÁENZ, Alfredo, S. J.Arquetipos cristianos, 404 p. *
El P. Alfredo Sáenz, S. J. (1932-), argentino, obtuvo en Roma el doctorado en Teología, vive en Buenos Aires y es profesor de teología, conferenciante y predicador. Pero quizá es sobre todo escritor: son muchas y excelentes sus publicaciones. La Fundación GRATIS DATE ve altamente enriquecido su Catálogo con sus obras. Arquetipos cristianos recoge en un solo libro, en 404 páginas, una selección de las biografías publicadas por el Autor en la colección Héroes y santos, que en sus cuatro volúmenes suma 1532 páginas. Arquetipos nos da la biografía de once personas cristianas, canonizadas o no, pero todas ellas fascinantes, imágenes maravillosas de nuestro Señor Jesucristo.

El Apocalipsis según Leonardo Castellani, 45 p.
Nadie puede entender nada del presente sino aquel que conoce el futuro. Y el futuro definitivo es el que nos ha sido revelado por nuestro Señor Jesucristo en los Evangelios, y por los apóstoles en sus cartas, y muy especialmente por San Juan evangelista en su libro de la Revelación, el Apocalipsis. El padre Leonardo Castellani (1899-1981) tradujo este libro y lo comentó en su libro El Apokalipsis (1963). El padre Sáenz lo estudió en el último capítulo de su libro El fin de los tiempos y seis autores modernos (1996). El cuaderno de la F.GD publica ahora ese último capítulo.

La Cristiandad, una realidad histórica, 219 p.
Nadie puede entender nada del presente sino aquel que conoce el pasado. Esta obra deshace innumerables tópicos históricos falsos y da una descripción excelente de la Cristiandad, de la Cristiandad realmente formada en la historia por obra del Espíritu Santo. La historia de la Iglesia, como la de Israel y más todavía, es una historia sagrada, que solamente a la luz de la fe puede ser realmente conocida. El P. Sáenz nos narra en este libro esa historia con gran lucidez y elocuencia, y el prólogo del P. Carlos Biestro queda a la altura de la obra.
 

Cuando se profana lo Sagrado – P. Alfredo Saenz, S.J.

Cuando se profana lo Sagrado – P. Alfredo Saenz, S.J.
Cuando se profana lo Sagrado
- ¿Por qué en la eucaristía se ha perdido el sentido de lo Sagrado?
- ¿Es lícito hacer cambios en la Misa que sean para atraer a más fieles?
- ¿La Iglesia que no moderniza sus ritos y liturgias son anticuadas?





Cuando se profana lo Sagrado
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