
quarta-feira, 28 de novembro de 2012
•OS PAPAS E A CRISE APÓS O CONCÍLIO VATICANO
Cómo hablar de Dios hoy. La primera respuesta es que nosotros podemos hablar de Dios porque Dios ha hablado con nosotros.
Queridos hermanos y hermanas:
La pregunta principal que nos planteamos hoy ¿cómo hablar de Dios en nuestro tiempo? ¿Cómo comunicar el Evangelio, para abrir caminos a su verdad salvífica en los corazones de nuestros contemporáneos, a menudo cerrados, y en sus mentes, a veces distraídas por tantos destellos de la sociedad? El mismo Jesús, nos dicen los Evangelistas, al anunciar el Reino de Dios se preguntó acerca de esto: Ha dicho"¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo?" (Mc 4, 30). Cómo hablar de Dios hoy. La primera respuesta es que nosotros podemos hablar de Dios porque Dios ha hablado con nosotros. La primera condición del hablar de Dios es, por lo tanto, la escucha de lo que ha dicho el mismo Dios. Ha hablado con nosotros. Dios no es una hipótesis lejana del mundo por su origen, Dios se preocupa por nosotros, Dios nos ama, Dios ha entrado personalmente en la realidad de nuestra historia, se ha ‘auto-comunicado’ hasta encarnarse. Por lo tanto, Dios es una realidad de nuestra vida, Dios es tan grande que tiene tiempo también para nosotros, que puede ocuparse de nosotros y se ocupa de nosotros. En Jesús de Nazaret, encontramos el rostro de Dios, que ha bajado de su Cielo, para sumergirse en el mundo de los hombres y en nuestro mundo y enseñar el "arte de vivir", el camino hacia la felicidad; para liberarnos del pecado y hacernos plenamente hijos de Dios (cfr. Ef 1, 5, Rom 8, 14). Jesús vino para salvarnos y mostrarnos la vida buena del Evangelio.
Hablar de Dios significa, ante todo tener claro lo que debemos brindar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. No un Dios abstracto, no una hipótesis, sino un Dios concreto, un Dios que existe, que ha entrado en la historia y está presente en la historia, el Dios de Jesucristo como respuesta a la pregunta fundamental del por qué y cómo vivir. Por lo tanto, hablar de Dios requiere una familiaridad con Jesús y su Evangelio, presupone un conocimiento nuestro personal y real de Dios y una gran pasión por su proyecto de salvación, sin ceder a la tentación del éxito, sino siguiendo el método de Dios mismo. El método de Dios es el de la humildad, Dios se hace uno de nosotros, es el método cumplido en la Encarnación, en la humilde casa de Nazaret y en la gruta de Belén, el la parábola del grano de mostaza. Se requiere no temer la humildad de los pequeños pasos y confiar en la levadura, que penetra en la masa y la hace crecer lentamente (cfr. Mt 13, 33). Al hablar de Dios, en la obra de la evangelización, bajo la guía del Espíritu Santo, es necesario recuperar la simplicidad, un retorno a lo esencial del anuncio: la Buena Nueva de un Dios que es real, concreto, de un Dios que se preocupa por nosotros, de un Dios-Amor que se acerca a nosotros en Jesucristo hasta la Cruz y que, en la Resurrección nos dona la esperanza y nos abre a una vida que no tiene fin, la vida eterna. Ese comunicador excepcional que fue el apóstol Pablo nos ofrece una lección que va directo al corazón de la fe, sobre cómo hablar de Dios con gran sencillez. Hemos escuchado hace poco que en la primera carta a los Corintios escribe: "Por mi parte, hermanos, cuando los visité para anunciarles el misterio de Dios, no llegué con el prestigio de la elocuencia o de la sabiduría. Al contrario, no quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo crucificado" (2, 1-2). Por lo tanto, la primera realidad es que no habla de una filosofía que él ha desarrollado, no habla de ideas que ha encontrado o que ha inventado, habla de una realidad de su vida, habla del Dios que ha entrado en su vida, habla de un Dios real, que vive, que ha hablado con él, que hablará con él del Cristo resucitado, crucificado y resucitado. La segunda realidad es que habla, no se busca a sí mismo, no quiere crearse un grupo de admiradores, no quiere entrar en la historia como cabeza de una escuela de grandes conocimientos, no se busca así mismo, no quiere tener un grupo de admiradores suyos, Pablo anuncia a Cristo y quiere ganar personas para el Dios verdadero y real. Pablo habla con el único anhelo de predicar lo que ha entrado en su vida y que es la verdadera vida, que lo ha conquistado en el camino a Damasco. Hablar de Dios quiere decir dar espacio a Aquél que nos lo hace conocer, que nos revela su rostro de amor; significa expropiar nuestro propio yo, ofreciéndolo a Cristo, conscientes de que no somos nosotros los que podemos ganar a los otros para Dios, sino que debemos esperarlos de parte del mismo Dios, invocárselos a Él. El hablar de Dios nace por lo tanto de la escucha, de nuestro conocimiento de Dios que se realiza en la familiaridad con Dios, en la vida de oración y según los mandamientos.
Comunicar la fe, para san Pablo no quiere decir traer a sí mismo, sino decir abiertamente y públicamente lo que ha visto y oído en el encuentro con Cristo, lo que él ha experimentado en su vida ya transformada por aquel encuentro: es llevar a Jesús, que siente en sí mismo y se ha convertido en el verdadero sentido de su vida, para que quede claro a todos que Él es necesario para el mundo y decisivo para la libertad de cada hombre. El Apóstol no se contenta con proclamar las palabras, sino que implica la totalidad de su vida en la gran obra de la fe. Para hablar de Dios, tenemos que dejarle espacio en la esperanza de que es Él quien actúa en nuestra debilidad: dejar espacio sin miedo, con sencillez y alegría, en la profunda convicción de que cuanto más lo pongamos en medio, y no a nosotros, más nuestra comunicación será fructífera. Y esto también vale para las comunidades cristianas: ellas están llamados a mostrar la acción transformadora de la gracia de Dios, superando individualismos, cerrazones, egoísmos, indiferencia y viviendo en sus relaciones cotidianas el amor de Dios. ¿Son realmente así nuestras comunidades? Tenemos que ponernos en acción para ser cada vez más anunciadores de Cristo y no de nosotros mismos.
En este punto debemos preguntarnos cómo comunicaba Jesús. Jesús en su unicidad habla de su padre - Abba - y del Reino de Dios, con los ojos llenos de compasión por los sufrimientos y las dificultades de la existencia humana. Habla con gran realismo y, yo diría de manera esencial. El anuncio de Jesús nos muestra que en el mundo y en la creación aparece el rostro de Dios y nos muestra cómo en las historias cotidianas de nuestra vida Dios está presente, como en las parábolas de la naturaleza, del grano de mostaza, en la parábola del hijo pródigo, Lázaro y en todas las parábolas de Jesús. En los Evangelios vemos como Jesús está interesado por todas las situaciones humanas que encuentra, se inmersa en la realidad de los hombres y mujeres de su tiempo, con una plena confianza en la ayuda del Padre. Y en verdad, en estas historias, de manera oculta, Dios está presente y si estamos atentos lo podemos descubrir. Los discípulos, que viven con Jesús, las multitudes que se reúnen, ven sus reacciones a los problemas más disparatados, ven cómo habla, cómo se comporta; ven en Él la acción del Espíritu Santo, la acción de Dios. En Él anuncio y vida están entrelazados: Jesús actúa y enseña, siempre a partir de una relación íntima con Dios Padre. Este estilo se convierte en una indicación fundamental para nosotros los cristianos: nuestra forma de vivir en la fe y en la caridad se convierte en un hablar de Dios en el hoy, ya que muestra, con una existencia vivida en Cristo, la credibilidad y el realismo de lo que decimos con las palabras, porque no son solo palabras, sino que muestran la realidad, la verdadera realidad. Y en esto hay que tener cuidado para saber leer los signos de los tiempos de nuestra época, es decir, identificar el potencial, los deseos, los obstáculos que se encuentran en la cultura contemporánea, en particular el deseo de autenticidad, el anhelo de trascendencia, la sensibilidad para salvaguardar la creación, y comunicar sin miedo la respuesta que ofrece la fe en Dios. El Año de la Fe es una oportunidad para descubrir, con la fantasía animada por el Espíritu Santo, nuevos caminos a nivel personal y comunitario, a fin de que en todas partes la fuerza el Evangelio sea la sabiduría de la vida y la orientación existencial.
También en nuestro tiempo, un lugar especial para hablar de Dios es la familia, la primera escuela para comunicar la fe a las nuevas generaciones. El Concilio Vaticano II habla de los padres como los primeros mensajeros de Dios (cf. Constitución dogmática Lumen gentium, 11;.. Decr Apostolicam actuositatem, 11), llamados a redescubrir su misión, asumiéndose la responsabilidad en la educación, en abrir la conciencia de los pequeños al amor de Dios como un servicio esencial para sus vidas, siendo los primeros catequistas y maestros de la fe para sus hijos.
Y en esta tarea es importante ante todo la vigilancia, que significa saber aprovechar las oportunidades favorables para introducir en la familia el discurso de la fe y para hacer madurar una reflexión crítica respecto a las muchas influencias a las que están sometidos los hijos. Esta atención de los padres es también sensibilidad en el reconocimiento de las posibles preguntas religiosas que se hacen mentalmente los niños, a veces, evidentes a veces ocultas. Después está la alegría: la comunicación de la fe siempre debe tener un tono de alegría. Es la alegría de la Pascua, que no calla u oculta la realidad del dolor, del sufrimiento, la fatiga, las dificultades, la incomprensión y la muerte misma, sino que puede ofrecer criterios para la interpretación de todo, desde la perspectiva de la esperanza cristiana.
La vida buena del Evangelio es esta nueva mirada, esta capacidad de ver con los mismos ojos de Dios cada situación. Es importante ayudar a todos los miembros de la familia a comprender que la fe no es una carga, sino una fuente de alegría profunda, es percibir la acción de Dios, reconocer la presencia del bien, que no hace ruido, y proporciona valiosas orientaciones para vivir bien la propia existencia. Por último, la capacidad de escucha y de dialogo: la familia debe ser un ámbito donde se aprende a estar juntos, para conciliar los conflictos en el diálogo mutuo, que está hecho de escucha y de palabra, de entenderse y amarse, para ser signo, el uno para el otro, del amor misericordioso de Dios.
Hablar de Dios, por lo tanto, significa comprender con la palabra y con la vida que Dios no es un competidor de nuestra existencia, sino que es el verdadero garante, el garante de la grandeza de la persona humana. Así volvemos al principio: hablar de Dios es comunicar, con fuerza y sencillez, con la palabra y la vida, lo que es esencial: el Dios de Jesucristo, el Dios que nos ha mostrado un amor tan grande, de encarnarse, morir y resucitar por nosotros; ese Dios que nos invita a seguirlo y dejarnos transformar por su amor inmenso para renovar nuestra vida y nuestras relaciones; el Dios que nos ha dado a la Iglesia, para caminar juntos y, a través de la Palabra y los Sacramentos, renovar la entera Ciudad de los hombres, para que pueda llegar a ser la Ciudad de Dios.
Traducción de Cecilia de Malak y Eduardo Rubió
SPEAKING ABOUT GOD IN OUR TIMES
SPEAKING ABOUT GOD IN OUR TIMES
Vatican City, 28 November 2012 (VIS) - "How do we speak to God in our times? How can we communicate the Gospel to open the way to its salvific truth?" The Holy Father offered an answer to these questions in his catechesis during today's general audience, held in the Vatican's Paul VI Hall.
"In Jesus of Nazareth", the Pope said, "we encounter the face of God, descended from Heaven to immerse Himself in the world of mankind and to teach 'the art of living', the road to happiness; to free us from sin and to make us true children of God".
He continued, "speaking about God means, first and foremost, being clear about what we must bring to the men and women of our time. God has spoken to us, … not an abstract or hypothetical God, but a real God, a God Who exists, Who entered history and remains present in history: the God of Jesus Christ ... as a response to the fundamental question of why and how to live. Therefore, speaking about God requires a continual growth in faith, familiarity with Jesus and His Gospel, a profound knowledge of God and strong passion for His plan for salvation, without giving in to the temptations of success. … We must not fear the humility of taking small steps, trusting in the leaven that makes the dough rise slowly and mysteriously. In speaking about God, in the work of evangelisation under the guidance of the Holy Spirit, we must return to the simplicity and essential nature of proclamation: the concrete Good News of God Who cares about us, the love of God which Jesus Christ brought close to us, even unto the Cross, and which in the Resurrection opens us to life without end, to eternal life".
The Pope explained that for St. Paul, communicating the faith did not mean "showing himself, but rather saying openly and publicly what he had seen and heard in his encounter with Christ, and how much his life had been transformed by that encounter. … The Apostle was not satisfied with merely proclaiming the words, but committed his entire existence to the great work of faith. … To speak about God, we must make space for Him, confident that He acts upon our weakness. We must make space for Him without fear, with simplicity and joy, in the profound conviction that the more we place Him - and not ourselves - at the centre of our lives, the more fruitful our communication will be. ... This also holds true for Christian communities. They are called to communicate the transforming action of God's grace, overcoming individualism, closure, selfishness and indifference, bringing the love of God to daily relationships. We must must act to ensure ... we always announce Christ, not ourselves".
"At this point", the Holy Father continued, we must ask ourselves "how Jesus Christ Himself communicated. Jesus … spoke about His Father (Whom He called 'Abba') and about the Kingdom of God, looking with compassion on the discomforts and difficulties of human existence. … From the Gospel we see how Jesus was interested in every human situation He encountered, He immersed Himself in the lives of the men and women of His time, with complete trust in the help of the Father. … In Him, proclamation and life were entwined: Jesus acted and taught, always taking as a starting point His intimate relationship with God the Father. This approach gives fundamental indications to Christians: living in faith and charity is a way of speaking about God in our times, because it demonstrates the credibility of what we say in words through a life lived in Christ. We must take care to grasp the signs of our times, and thereby to identify the potential, the desires and the obstacles we encounter in contemporary culture, in particular the desire for authenticity, the yearning for transcendence, the sensibility for protecting creation. And we must communicate without fear the answer offered by faith in God".
"Speaking about God, therefore, means enabling others to understand through words and acts that God is not a competitor in our existence but rather its true guarantor, the guarantor of the greatness of the human person. Thus we return to the beginning: speaking about God means communicating, with power and simplicity, through words and the life we lead, that which is essential: the God of Jesus Christ, the God Who showed us a love so great that He took on human flesh, died and rose again for us; the God Who asks us to follow Him and to allow ourselves to be transformed by His immense love in order to renew our lives and our relationships; the God Who gave us the Church, to allow us to journey together and, through the Word and the Sacraments, to renew the entire City of Man so that it might become the City of God", concluded the Pope.
You can find more information at: www.visnews.org and www.vatican.va
Parler de Dieu signifie avant tout être convaincus de porter à nos contemporains un Dieu qui nous a parlé: Non pas un Dieu abstrait, une hypothèse de Dieu, mais un Dieu concret, un Dieu existant, entré dans l'histoire et présent dans l'histoire".
PARLER DE DIEU AUJOURD'HUI
Cité du Vatican, 28 novembre 2012 (VIS). Le Saint-Père a consacré sa catéchèse de l'audience générale à la question de savoir "comment parler de Dieu aujourd'hui, comment diffuser l'Evangile pour ouvrir le monde à la vérité qui sauve... En Jésus, nous voyons le visage de Dieu, venu s'immerger dans l'humanité pour enseigner aux hommes l'art de vivre et la voie du bonheur, la libération du péché et la façon de devenir pleinement fils de Dieu... Parler de Dieu signifie avant tout être convaincus de porter à nos contemporains un Dieu qui nous a parlé: Non pas un Dieu abstrait, une hypothèse de Dieu, mais un Dieu concret, un Dieu existant, entré dans l'histoire et présent dans l'histoire". Nous devons donc proposer "le Dieu de Jésus-Christ comme réponse à la question fondamentale de la vie: pourquoi vivre, comment vivre. Ceci réclame donc de grandir constamment dans la foi, dans la familiarité de Jésus et de l'Evangile, dans une connaissance approfondie de Dieu et un total engagement dans son projet salvifique... Sans craindre l'humilité des petits pas, nous devons avoir confiance dans le levain qui pénètre lentement la pâte pour la faire lever. Evangéliser sous la guide de l'Esprit nécessite de la simplicité, un retour à l'essentiel dans l'annonce de la Bonne Nouvelle...du Dieu d'amour qui s'approche de l'homme en Jésus-Christ jusqu'à la croix et à la résurrection pour nous ouvrir la voie de la vie éternelle". Puis Benoît XVI a rappelé que pour saint Paul, "communiquer la foi ne signifiait pas se proposer soi même, mais déclarer publiquement ce qu'il avait vu et entendu dans sa rencontre du Christ, expliquer comment elle avait bouleversé sa vie... Il ne se contenta pas de prêcher, mais engagea tout son être et toute son existence dans le grand oeuvre de la foi. De fait, pour parler de Dieu, il faut lui laisser la place car c'est lui qui agit à travers nos faiblesses, il faut s'écarter simplement, assurés de ce que plus nous le plaçons au coeur de nos actes plus notre communication sera fructueuse... Ceci vaut aussi pour les communautés chrétiennes, qui sont appelées à manifester l'action de la grâce divine qui permet de dépasser nos individualismes et notre étroitesse d'esprit, nos égoïsmes et notre indifférence".
"Et puis nous devons nous demander comment Jésus communiquait, parlant du Père...et du Royaume, plein de compassion pour la dureté de la vie des hommes... On voit dans les Evangiles combien il était attentif à chacun des cas qu'il rencontrait, comment il s'immergeait dans la réalité des gens de son époque, totalement confiant dans l'assistance du Père... En lui l'annonce et la vie se mêlent. Jésus enseignait toujours sur la base d'un rapport direct avec le Père, d'une manière qui est devenue essentielle pour les chrétiens. Notre mode de vie dans la foi et dans la charité est un moyen de parler de Dieu au quotidien, car nous vivons dans le Christ la crédibilité de ce que nous disons avec ses mots. C'est pourquoi il nous faut être attentifs aux signes des temps, à leur potentiel, aux obstacles et aux attentes qui parcourent la culture comme le besoin d'authenticité et de transcendance, l'attention envers la sauvegarde de la nature. Il nous faut communiquer sans crainte la réponse que la foi offre... Parler de Dieu signifie donc faire comprendre en paroles et en actions qu'il n'est pas le concurrent de notre vie mais son garant, le garant de la grandeur de la personne. Cela signifie communiquer l'essentiel avec force et simplicité, c'est à dire le Dieu de Jésus-Christ, le Dieu qui a montré la grandeur de son amour en s'incarnant, en mourant et en ressuscitant pour nous, le Dieu qui nous demande de le suivre et de nous laisser transformer par son amour immense..., le Dieu qui a donné l'Eglise, afin de cheminer ensemble, dans la Parole et dans les sacrements, pour rénover l'humanité et qu'elle devienne la Cité de Dieu".
Dio si interessa a noi, ci ama, è entrato personalmente nella realtà della nostra storia, si è autocomunicato fino ad incarnarsi.
UDIENZA GENERALE: VIDEO INTEGRALE
CATECHESI DEL SANTO PADRE: AUDIO INTEGRALE
L'Anno della fede. L'Anno della fede. Come parlare di Dio?
Cari fratelli e sorelle,
La domanda centrale che oggi ci poniamo è la seguente: come parlare di Dio nel nostro tempo? Come comunicare il Vangelo, per aprire strade alla sua verità salvifica nei cuori spesso chiusi dei nostri contemporanei e nelle loro menti talvolta distratte dai tanti bagliori della società? Gesù stesso, ci dicono gli Evangelisti, nell’annunciare il Regno di Dio si è interrogato su questo: «A che cosa possiamo paragonare il regno di Dio o con quale parabola possiamo descriverlo?» (Mc 4,30).
Come parlare di Dio oggi? La prima risposta è che noi possiamo parlare di Dio, perché Egli ha parlato con noi. La prima condizione del parlare di Dio è quindi l’ascolto di quanto ha detto Dio stesso. Dio ha parlato con noi! Dio non è quindi una ipotesi lontana sull’origine del mondo; non è una intelligenza matematica molto lontana da noi. Dio si interessa a noi, ci ama, è entrato personalmente nella realtà della nostra storia, si è autocomunicato fino ad incarnarsi. Quindi, Dio è una realtà della nostra vita, è così grande che ha anche tempo per noi, si occupa di noi. In Gesù di Nazaret noi incontriamo il volto di Dio, che è sceso dal suo Cielo per immergersi nel mondo degli uomini, nel nostro mondo, ed insegnare l’«arte di vivere», la strada della felicità;
per liberarci dal peccato e renderci figli di Dio (cfrEf 1,5; Rm 8,14). Gesù è venuto per salvarci e mostrarci la vita buona del Vangelo.
Parlare di Dio vuol dire anzitutto avere ben chiaro ciò che dobbiamo portare agli uomini e alle donne del nostro tempo: non un Dio astratto, una ipotesi, ma un Dio concreto, un Dio che esiste, che è entrato nella storia ed è presente nella storia; il Dio di Gesù Cristo come risposta alla domanda fondamentale del perché e del come vivere. Per questo, parlare di Dio richiede una familiarità con Gesù e il suo Vangelo, suppone una nostra personale e reale conoscenza di Dio e una forte passione per il suo progetto di salvezza, senza cedere alla tentazione del successo, ma seguendo il metodo di Dio stesso. Il metodo di Dio è quello dell’umiltà – Dio si fa uno di noi – è il metodo realizzato nell’Incarnazione nella semplice casa di Nazaret e nella grotta di Betlemme, quello della parabola del granellino di senape. Occorre non temere l’umiltà dei piccoli passi e confidare nel lievito che penetra nella pasta e lentamente la fa crescere (cfr Mt 13,33). Nel parlare di Dio, nell’opera di evangelizzazione, sotto la guida dello Spirito Santo, è necessario un recupero di semplicità, un ritornare all’essenziale dell’annuncio: la Buona Notizia di un Dio che è reale e concreto, un Dio che si interessa di noi, un Dio-Amore che si fa vicino a noi in Gesù Cristo fino alla Croce e che nella Risurrezione ci dona la speranza e ci apre ad una vita che non ha fine, la vita eterna, la vita vera.
Quell’eccezionale comunicatore che fu l’apostolo Paolo ci offre una lezione che va proprio al centro della fede del problema “come parlare di Dio” con grande semplicità. Nella Prima Lettera ai Corinzi scrive: «Quando venni tra voi, non mi presentai ad annunciarvi il mistero di Dio con l’eccellenza della parola o della sapienza. Io ritenni infatti di non sapere altro in mezzo a voi se non Gesù Cristo, e Cristo crocifisso» (2,1-2). Quindi la prima realtà è che Paolo non parla di una filosofia che lui ha sviluppato, non parla di idee che ha trovato altrove o inventato, ma parla di una realtà della sua vita, parla del Dio che è entrato nella sua vita, parla di un Dio reale che vive, ha parlato con lui e parlerà con noi, parla del Cristo crocifisso e risorto. La seconda realtà è che Paolo non cerca se stesso, non vuole crearsi una squadra di ammiratori, non vuole entrare nella storia come capo di una scuola di grandi conoscenze, non cerca se stesso, ma San Paolo annuncia Cristo e vuole guadagnare le persone per il Dio vero e reale. Paolo parla solo con il desiderio di voler predicare quello che è entrato nella sua vita e che è la vera vita, che lo ha conquistato sulla via di Damasco. Quindi, parlare di Dio vuol dire dare spazio a Colui che ce lo fa conoscere, che ci rivela il suo volto di amore; vuol dire espropriare il proprio io offrendolo a Cristo, nella consapevolezza che non siamo noi a poter guadagnare gli altri a Dio, ma dobbiamo attenderli da Dio stesso, invocarli da Lui. Il parlare di Dio nasce quindi dall’ascolto, dalla nostra conoscenza di Dio che si realizza nella familiarità con Lui, nella vita della preghiera e secondo i Comandamenti.
Comunicare la fede, per san Paolo, non significa portare se stesso, ma dire apertamente e pubblicamente quello che ha visto e sentito nell’incontro con Cristo, quanto ha sperimentato nella sua esistenza ormai trasformata da quell’incontro: è portare quel Gesù che sente presente in sé ed è diventato il vero orientamento della sua vita, per far capire a tutti che Egli è necessario per il mondo ed è decisivo per la libertà di ogni uomo.
L’Apostolo non si accontenta di proclamare delle parole, ma coinvolge tutta la propria esistenza nella grande opera della fede. Per parlare di Dio, bisogna fargli spazio, nella fiducia che è Lui che agisce nella nostra debolezza: fargli spazio senza paura, con semplicità e gioia, nella convinzione profonda che quanto più mettiamo al centro Lui e non noi, tanto più la nostra comunicazione sarà fruttuosa. E questo vale anche per le comunità cristiane: esse sono chiamate a mostrare l’azione trasformante della grazia di Dio, superando individualismi, chiusure, egoismi, indifferenza e vivendo nei rapporti quotidiani l’amore di Dio. Domandiamoci se sono veramente così le nostre comunità. Dobbiamo metterci in moto per divenire sempre e realmente così, annunciatori di Cristo e non di noi stessi.
A questo punto dobbiamo domandarci come comunicava Gesù stesso. Gesù nella sua unicità parla del suo Padre - Abbà - e del Regno di Dio, con lo sguardo pieno di compassione per i disagi e le difficoltà dell’esistenza umana. Parla con grande realismo e, direi, l’essenziale dell’annuncio di Gesù è che rende trasparente il mondo e la nostra vita vale per Dio. Gesù mostra che nel mondo e nella creazione traspare il volto di Dio e ci mostra come nelle storie quotidiane della nostra vita Dio è presente. Sia nelle parabole della natura, il grano di senapa, il campo con diversi semi, o nella vita nostra, pensiamo alla parabola del figlio prodigo, di Lazzaro e ad altre parabole di Gesù. Dai Vangeli noi vediamo come Gesù si interessa di ogni situazione umana che incontra, si immerge nella realtà degli uomini e delle donne del suo tempo, con una fiducia piena nell’aiuto del Padre. E che realmente in questa storia, nascostamente, Dio è presente e se siamo attenti possiamo incontrarlo. E i discepoli, che vivono con Gesù, le folle che lo incontrano, vedono la sua reazione ai problemi più disparati, vedono come parla, come si comporta; vedono in Lui l’azione dello Spirito Santo, l’azione di Dio. In Lui annuncio e vita si intrecciano: Gesù agisce e insegna, partendo sempre da un intimo rapporto con Dio Padre.Questo stile diventa un’indicazione essenziale per noi cristiani: il nostro modo di vivere nella fede e nella carità diventa un parlare di Dio nell’oggi, perché mostra con un’esistenza vissuta in Cristo la credibilità, il realismo di quello che diciamo con le parole, che non sono solo parole, ma mostrano la realtà, la vera realtà.
E in questo dobbiamo essere attenti a cogliere i segni dei tempi nella nostra epoca, ad individuare cioè le potenzialità, i desideri, gli ostacoli che si incontrano nella cultura attuale, in particolare il desiderio di autenticità, l’anelito alla trascendenza, la sensibilità per la salvaguardia del creato, e comunicare senza timore la risposta che offre la fede in Dio. L’Anno della fede è occasione per scoprire, con la fantasia animata dallo Spirito Santo, nuovi percorsi a livello personale e comunitario, affinché in ogni luogo la forza del Vangelo sia sapienza di vita e orientamento dell’esistenza.
Anche nel nostro tempo, un luogo privilegiato per parlare di Dio è la famiglia, la prima scuola per comunicare la fede alle nuove generazioni. Il Concilio Vaticano II parla dei genitori come dei primi messaggeri di Dio (cfr Cost. dogm. Lumen gentium, 11; Decr. Apostolicam actuositatem, 11), chiamati a riscoprire questa loro missione, assumendosi la responsabilità nell’educare, nell’aprire le coscienze dei piccoli all’amore di Dio come un servizio fondamentale alla loro vita, nell’essere i primi catechisti e maestri della fede per i loro figli. E in questo compito è importante anzitutto la vigilanza, che significa saper cogliere le occasioni favorevoli per introdurre in famiglia il discorso di fede e per far maturare una riflessione critica rispetto ai numerosi condizionamenti a cui sono sottoposti i figli. Questa attenzione dei genitori è anche sensibilità nel recepire le possibili domande religiose presenti nell’animo dei figli, a volte evidenti, a volte nascoste.
Poi, la gioia: la comunicazione della fede deve sempre avere una tonalità di gioia. E’ la gioia pasquale, che non tace o nasconde le realtà del dolore, della sofferenza, della fatica, della difficoltà, dell’incomprensione e della stessa morte, ma sa offrire i criteri per interpretare tutto nella prospettiva della speranza cristiana. La vita buona del Vangelo è proprio questo sguardo nuovo, questa capacità di vedere con gli occhi stessi di Dio ogni situazione. È importante aiutare tutti i membri della famiglia a comprendere che la fede non è un peso, ma una fonte di gioia profonda, è percepire l’azione di Dio, riconoscere la presenza del bene, che non fa rumore; ed offre orientamenti preziosi per vivere bene la propria esistenza. Infine, la capacità di ascolto e di dialogo: la famiglia deve essere un ambiente in cui si impara a stare insieme, a ricomporre i contrasti nel dialogo reciproco, che è fatto di ascolto e di parola, a comprendersi e ad amarsi, per essere un segno, l’uno per l’altro, dell’amore misericordioso di Dio.
Parlare di Dio, quindi, vuol dire far comprendere con la parola e con la vita che Dio non è il concorrente della nostra esistenza, ma piuttosto ne è il vero garante, il garante della grandezza della persona umana. Così ritorniamo all’inizio: parlare di Dio è comunicare, con forza e semplicità, con la parola e con la vita, ciò che è essenziale: il Dio di Gesù Cristo, quel Dio che ci ha mostrato un amore così grande da incarnarsi, morire e risorgere per noi; quel Dio che chiede di seguirlo e lasciarsi trasformare dal suo immenso amore per rinnovare la nostra vita e le nostre relazioni; quel Dio che ci ha donato la Chiesa, per camminare insieme e, attraverso la Parola e i Sacramenti, rinnovare l’intera Città degli uomini, affinché possa diventare Città di Dio.
APPELLO
Il prossimo 1° dicembre ricorre la Giornata Mondiale contro l’AIDS, iniziativa delle Nazioni Unite per richiamare l’attenzione su una malattia che ha causato milioni di morti e tragiche sofferenze umane, accentuate nelle regioni più povere del mondo, che con grande difficoltà possono accedere a farmaci efficaci. In particolare, il mio pensiero va al grande numero di bambini che ogni anno contraggono il virus dalle proprie madri, nonostante vi siano terapie per impedirlo. Incoraggio le numerose iniziative che, nell’ambito della missione ecclesiale, sono promosse per debellare questo flagello.
* * *
Rivolgo un cordiale benvenuto ai pellegrini di lingua italiana. In particolare saluto i sacerdoti, religiosi e seminaristi della Diocesi di Macerata - grazie! - accompagnati dal Vescovo, Mons. Claudio Giuliodori e i Frati Minori della Provincia Siciliana: la visita alle Tombe degli Apostoli sia occasione per un nuovo slancio di fede nelle iniziative pastorali. Sono lieto di accogliere i membri della Corte dei Conti della Repubblica Italiana, nel 150° anniversario di fondazione, e auguro a questa Istituzione un proficuo servizio per il bene comune. Saluto inoltre la delegazione di Cervia per la tradizionale consegna del sale e gli appartenenti all’Associazione Civicrazia.
Rivolgo infine un affettuoso pensiero ai giovani, agli ammalati e agli sposi novelli. Il tempo di Avvento che sta per iniziare sia di stimolo per voi, cari giovani, a riscoprire l’importanza della fede in Cristo; aiuti voi, cari ammalati, ad affrontare le vostre sofferenze con lo sguardo rivolto al Bambino Gesù; accresca in voi, cari sposi novelli, il senso della presenza di Dio nella vostra nuova famiglia.
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terça-feira, 27 de novembro de 2012
La Medaglia miracolosa
Medaglia miracolosa (o Medaglia della Madonna delle Grazie, o Medaglia dell'Immacolata)
Medaglia miracolosa
Da Wikipedia, l'enciclopedia libera.
Medaglia
miracolosa (o Medaglia della Madonna delle Grazie, o Medaglia
dell'Immacolata) è il nome che la tradizione devozionale cattolica ha dato alla
medaglia realizzata in seguito ai fatti del 1830 in rue du Bac,140 a Parigi, che ebbero
per protagonista santa Caterina
Labouré, novizia nel convento delle Figlie
della Carità di San Vincenzo de' Paoli, la quale riferì di aver avuto delle
apparizioni della Madonna. Gregorio XVI e Pio
IX hanno fatto uso dell'effigie (Laurentin, 1996). Secondo quanto riferito
da suor Labouré, questa medaglia sarebbe stata coniata dietro ordine esplicito
della Madonna, dato durante la seconda apparizione (27 novembre 1830), come
segno di amore, pegno di protezione e sorgente di grazie.
NOVENA A LAS BENDITAS ÁNIMAS LA REINA DEL PURGATORIO LA GENEROSIDAD DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO
NOVENA A LAS BENDITAS ÁNIMAS ( IX )
DÍA ÚLTIMO DE LA NOVENA
A LAS ALMAS DEL PURGATORIO
- ACTO
DE CONTRICIÓN:
Señor mío Jesucristo Dios y hombre verdadero…
-OFRECIMIENTO DE LA NOVENA:
Miradnos, Trinidad Santísima, postrados delante de vuestra Divina Majestad,
confundidos y humillados por nuestros pecados, que nos hacen indignos de estar
ante Vuestra Presencia Soberana; más, confiando en Vuestra Bondad Infinita, nos
atrevemos a pedir misericordia por las Almas del Purgatorio, tan amadas de
Vos.
A
Vos, Padre Eterno, que creasteis las almas de la nada; a Vos Hijo Unigénito, que
las redimisteis con Vuestra Sangre Preciosísima; a Vos, Espíritu de Amor, que la
santificasteis con la gracia, os pedimos clemencia y piedad por aquellas almas,
hermanas nuestras que sufren resignadas los tormentos del
Purgatorio.
Particularmente os pedimos misericordia por aquellas por las cuales tenemos
mayor obligación de orar; por las almas de nuestros parientes, amigos y
bienhechores; por las almas de aquellos que recibieron de nosotros mal ejemplo u
ocasión de pecar; por las más abandonadas, que no reciben ningún recuerdo ni
sufragio de los vivos; por las que fueron más devotas del Purgatorio; por las
almas de nuestra parroquia, y por aquellas que Vos, ¡Oh Dios mío! Más queréis y
amáis.
Os
suplicamos que entre éstas queráis contar el alma de… (aquí encomiéndese a Dios
el alma por la cual más especialmente se ofrecen los devotos obsequios de esta
novena.).
A
todos, Señor, dadles pronto el lugar de la luz; y por sus ruegos y nuestras
oraciones quered reunirnos un día en la Patria Celestial por toda la eternidad.
Amén.
- ORACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA:
A
Vos, Madre nuestra amantísima, invocamos por intercesora, esperando obtener por
vuestros méritos lo que por nuestras solas oraciones no nos atreveríamos a
esperar.
Vos,
que sois Madre de todos, a todos protegednos, y librad con vuestros ruegos, las
Santas Almas del Purgatorio, por las cuales ofrecemos esta
novena
MEDITACIÓN DIA NOVENO:
Nuestro poco amor a Dios
Compara el amor a Dios que tienen los Santos y las Almas del Purgatorio con tu
frialdad en el camino de la virtud y en su santo servicio. Parece , realmente,
que sólo obres por obligación o por puro egoísmo de ahorrarte las penas, siendo
así que el motivo principal ha de ser el amor a Dios y el deseo de verle y
contemplarle eternamente.
Piensa que esta frialdad y falta de deseo también se paga en el Purgatorio,
tanto más cuanto mayor haya sido la frialdad en el amor y en el deseo de Dios.
Refieren algunos libros que una persona estuvo catorce años en el Purgatorio por
su poco deseo de Dios y de su gloria. Sea lo que fuere de la exactitud de este
hecho, es lo cierto que nuestra falta de amor a Dios no puede menos de ser
castigada de una forma u otra en el Purgatorio, donde tan terribles son todas
las penas.
Examínate bien sobre este punto, y enmiéndate, ya que Dios te llama y te
concede tiempo para hacerlo.
(
Medítese con calma )
TERMINAMOS LA NOVENA CON LAS SIGUIENTES ORACIONES,
COMPUESTAS POR SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO
Oración
a Jesucristo para obtener Su Misericordia con las Almas del Purgatorio por los
Dolores de Su Pasión
- ¡ Oh
Jesús Dulcísimo! Por el sudor de sangre que derramasteis en el Huerto de
Getsemaní, tened piedad de las Bienaventuradas Almas del
Purgatorio.
-
Respuesta: Tened piedad, Señor, tened piedad.
- ¡Oh
Jesús Dulcísimo! Por los terribles dolores que sufristeis en vuestra cruel
flagelación, tened piedad de estas almas.
- R:
Tened piedad, Señor, tened piedad.
- ¡Oh
Jesús Dulcísimo! Por los terribles dolores que os causaron en vuestra coronación
de espinas, tened piedad de estas almas.
- R:
Tened piedad, Señor, tened piedad.
- ¡Oh
Jesús Dulcísimo! Por los dolores que sufristeis al llevar la Cruz hasta el
Calvario, tened piedad de estas almas.
- R:
Tened piedad, Señor, tened piedad.
- ¡Oh
Jesús Dulcísimo! Por los dolores que sufristeis en vuestra cruelísima
crucifixión, tened piedad de estas almas.
- R:
Tened piedad, Señor, tened piedad.
- ¡Oh
Jesús Dulcísimo! Por los dolores que sentisteis en vuestra amarguísima agonía,
clavado en el árbol de la Cruz, tened piedad de estas almas.
- R:
Tened piedad, Señor, tened piedad.
-¡Oh
Jesús Dulcísimo! Por el inmenso dolor que sufristeis al entregar vuestra Alma
Santísima, tened piedad de estas almas.
AHORA SE REZAN CINCO PADRENUESTROS, AVEMARÍAS Y GLORIAS,
EN HONOR DE LAS LLAGAS DE JESÚS, POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO
Oración
final
¡Oh
Almas Santas! Por vosotras hemos rogado; pero ya que tan amadas sois del Señor,
ya que tenéis la seguridad de no perderle, rogad por nosotros, miserables
mortales, expuestos todavía al peligro de condenarnos y de perderle para
siempre. ( Aquí puede cada uno pedir la gracia especial que desea obtener por
intercesión de las Almas del Purgatorio )
DÍA ÚLTIMO DE LA NOVENA
A LAS ALMAS DEL PURGATORIO
- ACTO DE CONTRICIÓN:
Señor mío Jesucristo Dios y hombre verdadero…
-OFRECIMIENTO DE LA NOVENA:
Miradnos, Trinidad Santísima, postrados delante de vuestra Divina Majestad, confundidos y humillados por nuestros pecados, que nos hacen indignos de estar ante Vuestra Presencia Soberana; más, confiando en Vuestra Bondad Infinita, nos atrevemos a pedir misericordia por las Almas del Purgatorio, tan amadas de Vos.
A Vos, Padre Eterno, que creasteis las almas de la nada; a Vos Hijo Unigénito, que las redimisteis con Vuestra Sangre Preciosísima; a Vos, Espíritu de Amor, que la santificasteis con la gracia, os pedimos clemencia y piedad por aquellas almas, hermanas nuestras que sufren resignadas los tormentos del Purgatorio.
Particularmente os pedimos misericordia por aquellas por las cuales tenemos mayor obligación de orar; por las almas de nuestros parientes, amigos y bienhechores; por las almas de aquellos que recibieron de nosotros mal ejemplo u ocasión de pecar; por las más abandonadas, que no reciben ningún recuerdo ni sufragio de los vivos; por las que fueron más devotas del Purgatorio; por las almas de nuestra parroquia, y por aquellas que Vos, ¡Oh Dios mío! Más queréis y amáis.
Os suplicamos que entre éstas queráis contar el alma de… (aquí encomiéndese a Dios el alma por la cual más especialmente se ofrecen los devotos obsequios de esta novena.).
A todos, Señor, dadles pronto el lugar de la luz; y por sus ruegos y nuestras oraciones quered reunirnos un día en la Patria Celestial por toda la eternidad. Amén.
- ORACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA:
A Vos, Madre nuestra amantísima, invocamos por intercesora, esperando obtener por vuestros méritos lo que por nuestras solas oraciones no nos atreveríamos a esperar.
Vos, que sois Madre de todos, a todos protegednos, y librad con vuestros ruegos, las Santas Almas del Purgatorio, por las cuales ofrecemos esta novena
MEDITACIÓN DIA NOVENO:
Nuestro poco amor a Dios
Compara el amor a Dios que tienen los Santos y las Almas del Purgatorio con tu frialdad en el camino de la virtud y en su santo servicio. Parece , realmente, que sólo obres por obligación o por puro egoísmo de ahorrarte las penas, siendo así que el motivo principal ha de ser el amor a Dios y el deseo de verle y contemplarle eternamente.
Piensa que esta frialdad y falta de deseo también se paga en el Purgatorio, tanto más cuanto mayor haya sido la frialdad en el amor y en el deseo de Dios. Refieren algunos libros que una persona estuvo catorce años en el Purgatorio por su poco deseo de Dios y de su gloria. Sea lo que fuere de la exactitud de este hecho, es lo cierto que nuestra falta de amor a Dios no puede menos de ser castigada de una forma u otra en el Purgatorio, donde tan terribles son todas las penas.
Examínate bien sobre este punto, y enmiéndate, ya que Dios te llama y te concede tiempo para hacerlo.
( Medítese con calma )
TERMINAMOS LA NOVENA CON LAS SIGUIENTES ORACIONES,
COMPUESTAS POR SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO
- ¡ Oh Jesús Dulcísimo! Por el sudor de sangre que derramasteis en el Huerto de Getsemaní, tened piedad de las Bienaventuradas Almas del Purgatorio.
- Respuesta: Tened piedad, Señor, tened piedad.
- ¡Oh Jesús Dulcísimo! Por los terribles dolores que sufristeis en vuestra cruel flagelación, tened piedad de estas almas.
- R: Tened piedad, Señor, tened piedad.
- ¡Oh Jesús Dulcísimo! Por los terribles dolores que os causaron en vuestra coronación de espinas, tened piedad de estas almas.
- R: Tened piedad, Señor, tened piedad.
- ¡Oh Jesús Dulcísimo! Por los dolores que sufristeis al llevar la Cruz hasta el Calvario, tened piedad de estas almas.
- R: Tened piedad, Señor, tened piedad.
- ¡Oh Jesús Dulcísimo! Por los dolores que sufristeis en vuestra cruelísima crucifixión, tened piedad de estas almas.
- R: Tened piedad, Señor, tened piedad.
- ¡Oh Jesús Dulcísimo! Por los dolores que sentisteis en vuestra amarguísima agonía, clavado en el árbol de la Cruz, tened piedad de estas almas.
- R: Tened piedad, Señor, tened piedad.
-¡Oh Jesús Dulcísimo! Por el inmenso dolor que sufristeis al entregar vuestra Alma Santísima, tened piedad de estas almas.
AHORA SE REZAN CINCO PADRENUESTROS, AVEMARÍAS Y GLORIAS,
EN HONOR DE LAS LLAGAS DE JESÚS, POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO
Oración final
¡Oh Almas Santas! Por vosotras hemos rogado; pero ya que tan amadas sois del Señor, ya que tenéis la seguridad de no perderle, rogad por nosotros, miserables mortales, expuestos todavía al peligro de condenarnos y de perderle para siempre. ( Aquí puede cada uno pedir la gracia especial que desea obtener por intercesión de las Almas del Purgatorio )
LA REINA DEL PURGATORIO
Después de la
devoción a Nuestro Señor Jesucristo, como autor que es de nuestra salvación
eterna, todo lo debemos a Su Santa Madre, María, como la dispensadora que es de
todas las gracias y bendiciones. De aquí resulta la gran necesidad que tenemos
todos de ser verdaderos devotos de Nuestra Señora.
Esta es la
devoción más necesaria, más consoladora y más santa, porque por medio de Nuestra
Señora se completa la obra más grande que es la Redención del género humano. Qué
dicha para nosotros tener por Madre propia a la que es también Madre de Dios.
Qué consuelo al pensar que es toda bondad y Misericordia para cuantos acudimos a
Ella.
Si miramos
hacia el Infierno, veremos allí a los condenados por no haber sido verdaderos
devotos de Nuestra Señora. Si miramos hacia el Purgatorio, veremos que la
mayoría de aquellas Almas Benditas, han recibido la conmutación de la pena
eterna en pena temporal gracias a la intercesión de la Purísima Virgen María. Si
miramos a la tierra, veremos que la mayor parte de los pecadores, deben su
conversión a la Madre de Dios, así como los justos le deben su perseverancia por
serles fieles Esclavos de Amor.
El Universo
entero es un libro que publica continuamente las grandezas de Nuestra Señora, y
en todas sus páginas están perfectamente grabadas sus bendiciones, bondades y
misericordias. Procuremos arraigar en nuestros pobres corazones, la devoción a
María Santísima para tener siempre en favor nuestro su poder y
misericordia.
Pidámosle hoy
Sábado, día especialmente consagrado a Ella, desde lo más íntimo de nuestro
corazón, el morir en su amistad, como verdaderos hijos y Esclavos, ofreciéndole
al mismo tiempo una súplica especial por nuestras Hermanas las Almas del
Purgatorio.
Después de la
devoción a Nuestro Señor Jesucristo, como autor que es de nuestra salvación
eterna, todo lo debemos a Su Santa Madre, María, como la dispensadora que es de
todas las gracias y bendiciones. De aquí resulta la gran necesidad que tenemos
todos de ser verdaderos devotos de Nuestra Señora.
Esta es la
devoción más necesaria, más consoladora y más santa, porque por medio de Nuestra
Señora se completa la obra más grande que es la Redención del género humano. Qué
dicha para nosotros tener por Madre propia a la que es también Madre de Dios.
Qué consuelo al pensar que es toda bondad y Misericordia para cuantos acudimos a
Ella.
Si miramos
hacia el Infierno, veremos allí a los condenados por no haber sido verdaderos
devotos de Nuestra Señora. Si miramos hacia el Purgatorio, veremos que la
mayoría de aquellas Almas Benditas, han recibido la conmutación de la pena
eterna en pena temporal gracias a la intercesión de la Purísima Virgen María. Si
miramos a la tierra, veremos que la mayor parte de los pecadores, deben su
conversión a la Madre de Dios, así como los justos le deben su perseverancia por
serles fieles Esclavos de Amor.
El Universo
entero es un libro que publica continuamente las grandezas de Nuestra Señora, y
en todas sus páginas están perfectamente grabadas sus bendiciones, bondades y
misericordias. Procuremos arraigar en nuestros pobres corazones, la devoción a
María Santísima para tener siempre en favor nuestro su poder y
misericordia.
Pidámosle hoy
Sábado, día especialmente consagrado a Ella, desde lo más íntimo de nuestro
corazón, el morir en su amistad, como verdaderos hijos y Esclavos, ofreciéndole
al mismo tiempo una súplica especial por nuestras Hermanas las Almas del
Purgatorio.
LA GENEROSIDAD DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO
En este mes de Noviembre, dedicado tradicionalmente a orar por las Almas de la Iglesia Purgante, he tratado de fomentar la piedad sencilla y la necesaria devoción por aquéllas Benditas Ánimas que un día peregrinaron por este mundo y ahora esperan con ansia ver a Dios cara a cara, pero que aún han de ser purificadas de su pecados en el Purgatorio. Y es que ese es precisamente su mayor dolor: verse libres de los tormentos del infierno pero,al mismo tiempo, angustiados y sedientos de disfrutar de la Visión Beatífica por toda la eternidad.
ALMAS MENDIGAS DE ORACIONES
¿Cuándo comprenderemos que son Almas mendigas, que sólo necesitan la limosna de nuestras oraciones?. ¿Acaso habrá alguno que no haya terminado de entender, que el Santo Sacrificio de la Misa es el mejor regalo que pueden recibir de nosotros?. Nuestros Rosarios, limosnas, oraciones y hasta sufrimientos ofrecidos por el eterno descanso de esas Benditas Almas encarceladas en el Purgatorio, son pequeñas prendas de caridad, pero que suponen grandes alivios para Ellas, que nada pueden hacer ya por sí mismas. Todas las Indulgencias que podamos lucrar por medio de las prácticas de piedad, si hacemos el Voto Heroico de Ánimas, serán aprovechadas para alivio y descanso de Aquéllas que nada tienen.
LIBERACIÓN DE UN ALMA DEL PURGATORIO
Podemos tener la certeza de que al ser liberada un alma del Purgatorio, será acompañada hacia el Paraíso por su Ángel Custodio -que no la ha abandonado en sus sufrimientos purificadores- por San Miguel Arcángel y Nuestra Señora, la Reina del Purgatorio, ¿dudaremos de que se olvide de aquellos que las hemos apoyado con nuestras Misas, oraciones y sacrificios ofrecidos por su liberación? No, las Almas del Purgatorio son mendigos agradecidos, que a bien seguro, nada más llegar ante el Trono de Dios, intercederán por nosotros y nuestra salvación, velando, a modo de ángeles, por nuestros intereses espirituales y materiales.
SEAMOS AMIGOS Y COMPAÑEROS INSEPARABLES
Por eso, hoy Lunes, dedicado a las Ánimas Benditas, te animo a que no te olvides de rezar ni un sólo día por esas Almas; ofrece al menos un Rosario, unas cuantas jaculatorias a lo largo del día, un sufrimiento inesperado que aceptarás con el fin de aliviar a tus Hermanas que tanto sufren en la cárcel del Purgatorio. Su mayor consuelo para con nosotros, es que recemos por Ellas, ya que nuestras pobres oraciones las alivian y liberan a la par que a nosotros nos alimentan el alma y nos hacen fuertes frente al pecado.
LAS ALMAS POR LAS QUE NADIE REZA
De más está decir que estamos obligados, por caridad, a rezar por nuestros familiares difuntos, pero podríamos ser aún más generosos e interesados, y rezar también por las Almas atrapadas en el Purgatorio por las que ya nadie reza, bien sea por llevar allí mucho tiempo o simplemente por olvido de los suyos. Si ofrecemos de vez en cuando un Misterio del Rosario u otro tipo de oración, enunciado aquélla tradicional fórmula de "Por las Almas del Purgatorio, especialmente por aquéllas más abandonadas", tengamos claro que ganaremos muchos amigos cuando se vean libres y gloriosas en el Cielo.
MENDIGOS
AGRADECIDOS, FIELES INTERCESORES
Para un pobre nada tiene, ofrecerle aunque sólo sea un pedazo de pan, supone no morir de hambre; y si ese gesto de caridad, va acompañado de una sonrisa y una promesa de seguir ayudándole, ¿no encontraremos en él a un fiel amigo que entiende que tenemos un corazón generoso?. ¿Dudaremos que ese infeliz nos prestará cualquier tipo de colaboración cuando nos vea necesitados? Muy mezquino habría de ser para no acordarse de quien le ha alimentado... pero en el caso de las Almas del Purgatorio, por ser almas salvas, próximas a la Beatitud Eterna, la ingratitud simplemente no tiene cabida.
Aprovechémonos del tiempo presente que estamos en la tierra para rezar cada día por las Benditas Ánimas, que Ellas sabrán recompensar nuestras oraciones y sacrificios por su liberación. Quién sabe, quizás también tú que esto lees, tengas que penar en el Purgatorio si Dios no lo remedia...y entonces ¿se acordarán otros de ti?, ¿tus familiares ofrecerán al menos una Santa Misa por tu alma?. No lo sé...pero te aseguro que las que sí van a interceder por tí, son aquellas Almas Santas que tú ayudaste a sacar del Purgatorio
Para un pobre nada tiene, ofrecerle aunque sólo sea un pedazo de pan, supone no morir de hambre; y si ese gesto de caridad, va acompañado de una sonrisa y una promesa de seguir ayudándole, ¿no encontraremos en él a un fiel amigo que entiende que tenemos un corazón generoso?. ¿Dudaremos que ese infeliz nos prestará cualquier tipo de colaboración cuando nos vea necesitados? Muy mezquino habría de ser para no acordarse de quien le ha alimentado... pero en el caso de las Almas del Purgatorio, por ser almas salvas, próximas a la Beatitud Eterna, la ingratitud simplemente no tiene cabida.
Aprovechémonos del tiempo presente que estamos en la tierra para rezar cada día por las Benditas Ánimas, que Ellas sabrán recompensar nuestras oraciones y sacrificios por su liberación. Quién sabe, quizás también tú que esto lees, tengas que penar en el Purgatorio si Dios no lo remedia...y entonces ¿se acordarán otros de ti?, ¿tus familiares ofrecerán al menos una Santa Misa por tu alma?. No lo sé...pero te aseguro que las que sí van a interceder por tí, son aquellas Almas Santas que tú ayudaste a sacar del Purgatorio
Hoje é a festa da Medalha Milagrosa
Hoje é a festa da Medalha Milagrosa
Hoje, 27 de novembro, é a festa da Medalha Milagrosa.
Conheça sua história e seus milagres.
Como Nossa Senhora deu a Medalha Milagrosa a Santa Catarina Labouré, na rue du Bac, em 1830.
A portentosa conversão do hebreu Ratisbonne por intermédio da Medalha Milagrosa.
Clique em algum dos links abaixo para saber mais:Medalha Milagrosa: em 1830 Nossa Senhora deu um sinal eficaz de sua ajuda
Na segunda aparição Nossa Senhora deu a Medalha Milagrosa
Na festa da Medalha milagrosa: aparições a Santa Catarina LabouréNossa Senhora das Graças e a conversão do hebreu Ratisbonne (1)
Nossa Senhora das Graças e a conversão do hebreu Ratisbonne (2)
Nossa Senhora das Graças e a conversão do hebreu Ratisbonne (3)
A ESSÊNCIA DO SANTO SACRIFÍCIO DA MISSA Por pe. Martinho de Cochem.
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