sexta-feira, 20 de novembro de 2009

Teólogos católicos, ortodoxos, pero no combatientes



–Ya ha citado ese tremendo discurso de Juan Pablo II, en 1981, media docena de veces.
–Tenga paciencia, pues espero seguir recordándolo.

La misión de los teólogos en la Iglesia es de suma importancia, y ha de realizarse siempre a la luz de la Biblia y de la Tradición, bajo la dirección del Magisterio de la Iglesia, teniendo también en cuenta el sensus fidei del pueblo cristiano (Vaticano II, DV 10; OT 16; llamo «teólogos» a los profesores de teología, acomodándome a la impropia costumbre actual). Ahora bien, de hecho, entre los teólogos católicos –unos son ortodoxos, que defienden la fe de los errores contrarios; –otros son heterodoxos, que silencian o falsifican más o menos la doctrina católica; y –otros son teólogos católicos ortodoxos, pero que no combaten los errores contrarios a la verdad católica. De éstos trataré ahora.

Varios documentos del Magisterio apostólico tratan de los teólogos: –Congregación de la Fe, instrucción Donum veritatis, sobre la vocación eclesial del teólogo, (24-V-90); –Juan Pablo II, disc. Teología y Magisterio, (24-XI-1995); –Juan Pablo II, carta apostólica, Ad tuendam fidei (18-V-1998).

Los teólogos que afirman la verdad, pero que no niegan los errores, no cumplen fielmente su ministerio. La plena afirmación de la verdad divina exige la negación de los errores contrarios. De otro modo «el testimonio de la verdad» no es total, ni llega a expresarse de un modo plenamente inteligible. No pocas veces se llega al conocimiento de la verdad cuando se vencen persuasivamente los errores contrarios. Los profetas no se limitan a afirmar la realidad de un Dios único, sino que denuncian la falsedad de los dioses múltiples y de los ídolos, llegando a ridiculizarlos y a reirse de su vanidad. Cristo afirma la primacía de la interioridad religiosa, pero al mismo tiempo rechaza con fuerza el ritualismo exterior de fariseos y letrados. Afirma y niega. Y la misma norma siguen los Apóstoles al predicar.

Los Santos Padres enseñan en preciosas exposiciones las verdades de la fe, pero escriben también muchas obras Adversus hæreses. Saben que de otro modo no afirmarían del todo la verdad cristiana. Por eso el género literario Adversus o Contra… sean herejías (contra pelagianos, contra arrianos, contra maniqueos), o sean autores heréticos contemporáneos, citados por su nombre (contra Faustum, contra Secundinum), es muy frecuente en sus escritos. Santo Tomás, en cada artículo de la Summa sigue esa misma norma docente: indica al principio un cierto número de enseñanzas erróneas sobre un tema; da en el cuerpo del artículo la doctrina verdadera; y termina respondiendo a los errores señalados al principio. En todas las culturas se ha seguido siempre esa misma pedagogía, que responde a la naturaleza del entendimiento humano. Según eso no cumplen plenamente con su ministerio aquellos Obispos, teólogos o predicadores que solo afirman la verdad, pero que no se atreven a denunciar y a refutar abiertamente los errores contrarios.

Entre los teólogos ortodoxos, hoy la mayoría son débiles para combatir el error. Y es que negar los errores exige ciertamente un valor martirial aún mayor que afirmar la verdad.

La afirmación de la verdad divina entre los hombres requiere sin duda una fuerza sobre-humana. La «locura de la predicación» ha de parecer a los hombres «escándalo y locura» (1Cor 1,21-23), porque propone unos «pensamientos y caminos de Dios» que distan de ellos más que el cielo de la tierra (Is 55,8-9). No puede comunicarse, pues, la Revelación divina sino con una gran parresía y fuerza de cruz.

Pero la negación de los errores requiere una fuerza espiritual aún mayor. De hecho, la historia de Cristo y de la Iglesia nos asegura que la refutación de los errores presentes es mucho más peligrosa que la afirmación de las verdades que les son contrarias. Los mártires, en efecto, sufren persecución y muerte no tanto por afirmar las verdades divinas, sino por decir a los hombres que sus pensamientos son falsos y que sus caminos llevan a perdición temporal y eterna. Ya comprobamos esto al estudiar el lenguaje de Cristo y el de San Pablo (25-26), la parresía de San Francisco Javier (28), etc.

No basta, por ejemplo, predicar a un grupo de matrimonios la castidad conyugal –no basta, ¡aunque eso es ya mucho!–. Es preciso decir además que la anticoncepción, que desvincula amor y posible fertilidad, es intrínseca y gravemente pecaminosa, y que su empleo –a no ser que venga exigido por un fin terapéutico– no puede ser justificado por ninguna intención o circunstancia. En ciertos ambientes, la predicación positiva de la castidad conyugal quizá suscite reticencia o rechazo. Pero lo que dará lugar a persecuciones, descalificaciones y marginaciones, lo que vendrá a ser ocasión de martirio, es decir, de testimonio doloroso de la verdad de Cristo, es la reprobación firme de los anticonceptivos. Y eso explica que en tantas Iglesias locales sea hoy tan rara la predicación completa –afirmando y negando– de la verdadera espiritualidad conyugal católica.

Allí, por ejemplo, donde las absoluciones colectivas se han generalizado casi completamente, hará falta un gran valor para afirmar la verdad, asegurando que la confesión individual es el modo ordinario en que debe celebrarse el sacramento de la penitencia. Pero mucho más valor hará falta para condenar la práctica generalizada de las absoluciones colectivas, que vienen a ser un sacrilegio, es decir, un abuso grave en materias sacramentales. Eso es, en efecto, el sacrilegio: «tratar indignamente los sacramentos y las demás acciones litúrgicas», y es «un pecado grave» (Catecismo 2120).

Los teólogos católicos fieles han combatido siempre las herejías y todos los errores que surgían entre sus contemporáneos. Es un dato continuo de la Tradición católica. A modo de ejemplo, recordaré solo un caso histórico. Cuando a comienzos del siglo XIII nacen las Ordenes Mendicantes, no pocos teólogos, por razones e intereses diversos, impugnan la licitud de esta forma de vida de pobreza. Concretamente Gerardo de Abbeville, maestro parisiense, escribe un libelo Contra adversarium perfectionis christianæ et prælatorum et facultatum Ecclesiæ, arremetiendo contra la pobreza en general y la de los frailes Mendicantes en particular.

San Buenaventura (1221-1274), en esos años Ministro general de los franciscanos, entra en la polémica con su obra Apologia pauperum; contra calumniatorem. En esta obra el Doctor seráfico no solo enseña la pobreza evangélica, sino que combate con gran vehemencia los errores de quien la impugna. Algunas frases del prólogo pueden dar una idea del tono que emplea:

«En estos últimos días, cuando con más evidente claridad brillaba el fulgor de la verdad evangélica –no podemos referirlo sin derramar abundantes lágrimas–, hemos visto propagarse y consignarse por escrito cierta doctrina, la cual, a modo de negro y horroroso humo que sale impetuoso del pozo del abismo e intercepta los esplendorosos rayos del Sol de justicia, tiende a obscurecer el hemisferio de las mentes cristianas. Por donde, a fin de que tan perniciosa peste no cunda disimulada, con ofensa de Dios y peligro de las almas, máxime a causa de cierta piedad aparente que, con serpentina astucia, ofrece a la vista, es necesario quede desenmascarada, de suerte que, descubierto claramente el foso, pueda evitarse cautamente la ruina. Y puesto que este artífice de errores, siendo como es viador todavía, puede corregirse, según se espera, por la divina clemencia, han de elevarse en favor suyo ardientes plegarias a Cristo, a fin de que, acordándose de aquella compasión con que en otro tiempo miró a Saulo, se digne usar de la eficacia de su palabra y de la luz de su sabiduría, atemorizando al insolente, humillando al soberbio y buscando, corrigiendo y reduciendo al descarriado».

Tras esta introducción, poderosa en la fuerza profética del Espíritu Santo, desarrolla Buenaventura su argumentación favorable a la pobreza con gran rigor persuasivo. Sí, es cierto que los modos de esta disputación teológica están en gran medida marcados por un estilo de época, que hoy no convendría usar en una controversia teológica, porque se faltaría con ello a la caridad. Pero queda, sin embargo, como dato unánime de la tradición de la Iglesia, tanto en Oriente como en Occidente, que en cada siglo los teólogos de la ortodoxia han combatido con fuerza, claridad y caridad a los teólogos de la heterodoxia.

Son muy pocos, por el contrario, los teólogos católicos que han atacado abiertamente los errores contemporáneos. A eso se debe en gran medida que «se han esparcido a manos llenas ideas contrarias a la verdad revelada, y se han propalado verdaderas herejías en el campo dogmático y moral» (Juan Pablo II, 6-II-1981). La explicación de esta actitud pasiva de tantos teólogos ya la di al hablar de la Autoridad apostólica debilitada (40-41). Toda infidelidad para dar testimonio de la verdad y para combatir el error procede principalmente de cuatro causas: 1.-horror a la cruz, 2.- influjo protestante, 3.-influjo del liberalismo, 4.-e incumplimiento de las leyes canónicas.

De este modo, rompiendo una tradición que se mantuvo viva hasta mitados del siglo XX, muchos de los teólogos modernos, por graves que sean los errores que se difundan a su al rededor, «no se espantan de nada», no entran a «combatir el buen combate de la fe» (1Tim 6,12; cf. 2Tim 4,7), y como si apreciaran aún más la libertad de expresión que la ortodoxia, y por influjo protestante y liberal, estiman que «toda opinión merece respeto», aunque no se comparta. En todo caso, la gran mayoría estima «académicamente incorrecto» escribir en forma apologética contra la enseñanza de un autor contemporáneo para defender una verdad de la fe y para preservar al pueblo de una herejía. De este modo los Obispos quedan sin la confortación que necesitarían y que tanto les ayudaría para ejercer libremente su munus docendi y su munus regendi. Y «los cristianos de hoy, en gran parte, se sienten extraviados, confusos, perplejos e incluso desilusionados» (Juan Pablo II, ib.).

En el último medio siglo, muchas veces Roma se ha visto casi sola para señalar y condenar graves errores. Y eso es una vergüenza. Las Notificaciones reprobatorias, p. ej., de la Congregación de la Fe –recuerdo algunas: Hans Küng, 1975, 1979; Jacques Pohier, 1979; Edward Schillebeecks, 1979, 1980, 1984, 1986; Leonardo Boff, 1985; Anthony De Mello, 1998; Jacques Dupuys, 2001; Marciano Vidal, 2001; Jon Sobrino, 2006, etc– pocas veces fueron precedidas de reprobaciones fuertes y numerosas de Obispos y teólogos. En muchas ocasiones, por el contrario, éstos guardaron hacia esos autores un silencio respetuoso, cuando no una actitud favorable. Y aún se ha dado el caso de que, tras la intervención de Roma, hayan continuado sus apoyos hacia los notificados.

Los silencios respetuosos y cómplices son demasiado numerosos. Sin duda que ha habido en nuestro tiempo teólogos ortodoxos y valientes, que exponiéndose a descalificaciones, marginaciones, silenciamientos y verdaderos linchamientos intelectuales, no solo han enseñado fielmente la verdad católica, sino que también han refutado públicamente a los autores contemporáneos que difunden actitudes heréticas, cismáticas y sacrílegas. Pero debemos confesar con realismo que han sido y son muy pocos.

Lo mismo hay que decir de institutos y movimientos religiosos, de facultades y universidades, de editoriales y librerías religiosas, de revistas católicas, por lo demás a veces de excelente ortodoxia. Todos los aludidos parecen no sentirse llamados al combate de la fe cuando es preciso luchar contra contemporáneos. Es como si no se sintieran vocacionados al martirio, a aquel testimonio de la verdad católica que trae consigo cruz. Es posible que manteniendo esa actitud esperen «no romper la unidad» de la comunidad cristiana (!), «no alterar la paz» de la Iglesia (!). Pero ya esa lamentable actitud, en sí misma, es un inmenso error. Nada tiene que ver con la enseñanza y el ejemplo de Cristo, de los Apóstoles y de toda la mejor tradición cristiana.

Y sin embargo hoy es muy fácil combatir a los herejes y cismáticos, pues nunca la Iglesia ha gozado de un cuerpo doctrinal tan amplio y coherente. La Escritura, la Tradición, los Concilios, los grandes documentos pontificios modernos, el concilio Vaticano II, el propio Catecismo de la Iglesia Católica, dan a cualquier teólogo –no hace falta que sea un genio– armas poderosísimas para refutar, más aún, si es preciso, para ridiculizar las barbaridades que se han venido difundiendo en los últimos decenios. No escasean, ciertamente, las armas: faltan combatientes que las esgriman, con peligro, eso sí, de «perder su vida».

Una última observación. En los últimos años –creo que no me equivoco– vienen siendo algunos portales católicos de la web quienes más vigor apologético están mostrando en el ámbito de la Iglesia Católica. Aquí tienen ustedes, sin ir más lejos, InfoCatólica.com.

Y, con perdón, Reforma o apostasía.

José María Iraburu, sacerdote

fonte.reforma o apostasía

Teólogos católicos, ortodoxos, pero no combatientes


–Ya ha citado ese tremendo discurso de Juan Pablo II, en 1981, media docena de veces.
–Tenga paciencia, pues espero seguir recordándolo.

La misión de los teólogos en la Iglesia es de suma importancia, y ha de realizarse siempre a la luz de la Biblia y de la Tradición, bajo la dirección del Magisterio de la Iglesia, teniendo también en cuenta el sensus fidei del pueblo cristiano (Vaticano II, DV 10; OT 16; llamo «teólogos» a los profesores de teología, acomodándome a la impropia costumbre actual). Ahora bien, de hecho, entre los teólogos católicos –unos son ortodoxos, que defienden la fe de los errores contrarios; –otros son heterodoxos, que silencian o falsifican más o menos la doctrina católica; y –otros son teólogos católicos ortodoxos, pero que no combaten los errores contrarios a la verdad católica. De éstos trataré ahora.

Varios documentos del Magisterio apostólico tratan de los teólogos: –Congregación de la Fe, instrucción Donum veritatis, sobre la vocación eclesial del teólogo, (24-V-90); –Juan Pablo II, disc. Teología y Magisterio, (24-XI-1995); –Juan Pablo II, carta apostólica, Ad tuendam fidei (18-V-1998).

Los teólogos que afirman la verdad, pero que no niegan los errores, no cumplen fielmente su ministerio. La plena afirmación de la verdad divina exige la negación de los errores contrarios. De otro modo «el testimonio de la verdad» no es total, ni llega a expresarse de un modo plenamente inteligible. No pocas veces se llega al conocimiento de la verdad cuando se vencen persuasivamente los errores contrarios. Los profetas no se limitan a afirmar la realidad de un Dios único, sino que denuncian la falsedad de los dioses múltiples y de los ídolos, llegando a ridiculizarlos y a reirse de su vanidad. Cristo afirma la primacía de la interioridad religiosa, pero al mismo tiempo rechaza con fuerza el ritualismo exterior de fariseos y letrados. Afirma y niega. Y la misma norma siguen los Apóstoles al predicar.

Los Santos Padres enseñan en preciosas exposiciones las verdades de la fe, pero escriben también muchas obras Adversus hæreses. Saben que de otro modo no afirmarían del todo la verdad cristiana. Por eso el género literario Adversus o Contra… sean herejías (contra pelagianos, contra arrianos, contra maniqueos), o sean autores heréticos contemporáneos, citados por su nombre (contra Faustum, contra Secundinum), es muy frecuente en sus escritos. Santo Tomás, en cada artículo de la Summa sigue esa misma norma docente: indica al principio un cierto número de enseñanzas erróneas sobre un tema; da en el cuerpo del artículo la doctrina verdadera; y termina respondiendo a los errores señalados al principio. En todas las culturas se ha seguido siempre esa misma pedagogía, que responde a la naturaleza del entendimiento humano. Según eso no cumplen plenamente con su ministerio aquellos Obispos, teólogos o predicadores que solo afirman la verdad, pero que no se atreven a denunciar y a refutar abiertamente los errores contrarios.

Entre los teólogos ortodoxos, hoy la mayoría son débiles para combatir el error. Y es que negar los errores exige ciertamente un valor martirial aún mayor que afirmar la verdad.

La afirmación de la verdad divina entre los hombres requiere sin duda una fuerza sobre-humana. La «locura de la predicación» ha de parecer a los hombres «escándalo y locura» (1Cor 1,21-23), porque propone unos «pensamientos y caminos de Dios» que distan de ellos más que el cielo de la tierra (Is 55,8-9). No puede comunicarse, pues, la Revelación divina sino con una gran parresía y fuerza de cruz.

Pero la negación de los errores requiere una fuerza espiritual aún mayor. De hecho, la historia de Cristo y de la Iglesia nos asegura que la refutación de los errores presentes es mucho más peligrosa que la afirmación de las verdades que les son contrarias. Los mártires, en efecto, sufren persecución y muerte no tanto por afirmar las verdades divinas, sino por decir a los hombres que sus pensamientos son falsos y que sus caminos llevan a perdición temporal y eterna. Ya comprobamos esto al estudiar el lenguaje de Cristo y el de San Pablo (25-26), la parresía de San Francisco Javier (28), etc.

No basta, por ejemplo, predicar a un grupo de matrimonios la castidad conyugal –no basta, ¡aunque eso es ya mucho!–. Es preciso decir además que la anticoncepción, que desvincula amor y posible fertilidad, es intrínseca y gravemente pecaminosa, y que su empleo –a no ser que venga exigido por un fin terapéutico– no puede ser justificado por ninguna intención o circunstancia. En ciertos ambientes, la predicación positiva de la castidad conyugal quizá suscite reticencia o rechazo. Pero lo que dará lugar a persecuciones, descalificaciones y marginaciones, lo que vendrá a ser ocasión de martirio, es decir, de testimonio doloroso de la verdad de Cristo, es la reprobación firme de los anticonceptivos. Y eso explica que en tantas Iglesias locales sea hoy tan rara la predicación completa –afirmando y negando– de la verdadera espiritualidad conyugal católica.

Allí, por ejemplo, donde las absoluciones colectivas se han generalizado casi completamente, hará falta un gran valor para afirmar la verdad, asegurando que la confesión individual es el modo ordinario en que debe celebrarse el sacramento de la penitencia. Pero mucho más valor hará falta para condenar la práctica generalizada de las absoluciones colectivas, que vienen a ser un sacrilegio, es decir, un abuso grave en materias sacramentales. Eso es, en efecto, el sacrilegio: «tratar indignamente los sacramentos y las demás acciones litúrgicas», y es «un pecado grave» (Catecismo 2120).

Los teólogos católicos fieles han combatido siempre las herejías y todos los errores que surgían entre sus contemporáneos. Es un dato continuo de la Tradición católica. A modo de ejemplo, recordaré solo un caso histórico. Cuando a comienzos del siglo XIII nacen las Ordenes Mendicantes, no pocos teólogos, por razones e intereses diversos, impugnan la licitud de esta forma de vida de pobreza. Concretamente Gerardo de Abbeville, maestro parisiense, escribe un libelo Contra adversarium perfectionis christianæ et prælatorum et facultatum Ecclesiæ, arremetiendo contra la pobreza en general y la de los frailes Mendicantes en particular.

San Buenaventura (1221-1274), en esos años Ministro general de los franciscanos, entra en la polémica con su obra Apologia pauperum; contra calumniatorem. En esta obra el Doctor seráfico no solo enseña la pobreza evangélica, sino que combate con gran vehemencia los errores de quien la impugna. Algunas frases del prólogo pueden dar una idea del tono que emplea:

«En estos últimos días, cuando con más evidente claridad brillaba el fulgor de la verdad evangélica –no podemos referirlo sin derramar abundantes lágrimas–, hemos visto propagarse y consignarse por escrito cierta doctrina, la cual, a modo de negro y horroroso humo que sale impetuoso del pozo del abismo e intercepta los esplendorosos rayos del Sol de justicia, tiende a obscurecer el hemisferio de las mentes cristianas. Por donde, a fin de que tan perniciosa peste no cunda disimulada, con ofensa de Dios y peligro de las almas, máxime a causa de cierta piedad aparente que, con serpentina astucia, ofrece a la vista, es necesario quede desenmascarada, de suerte que, descubierto claramente el foso, pueda evitarse cautamente la ruina. Y puesto que este artífice de errores, siendo como es viador todavía, puede corregirse, según se espera, por la divina clemencia, han de elevarse en favor suyo ardientes plegarias a Cristo, a fin de que, acordándose de aquella compasión con que en otro tiempo miró a Saulo, se digne usar de la eficacia de su palabra y de la luz de su sabiduría, atemorizando al insolente, humillando al soberbio y buscando, corrigiendo y reduciendo al descarriado».

Tras esta introducción, poderosa en la fuerza profética del Espíritu Santo, desarrolla Buenaventura su argumentación favorable a la pobreza con gran rigor persuasivo. Sí, es cierto que los modos de esta disputación teológica están en gran medida marcados por un estilo de época, que hoy no convendría usar en una controversia teológica, porque se faltaría con ello a la caridad. Pero queda, sin embargo, como dato unánime de la tradición de la Iglesia, tanto en Oriente como en Occidente, que en cada siglo los teólogos de la ortodoxia han combatido con fuerza, claridad y caridad a los teólogos de la heterodoxia.

Son muy pocos, por el contrario, los teólogos católicos que han atacado abiertamente los errores contemporáneos. A eso se debe en gran medida que «se han esparcido a manos llenas ideas contrarias a la verdad revelada, y se han propalado verdaderas herejías en el campo dogmático y moral» (Juan Pablo II, 6-II-1981). La explicación de esta actitud pasiva de tantos teólogos ya la di al hablar de la Autoridad apostólica debilitada (40-41). Toda infidelidad para dar testimonio de la verdad y para combatir el error procede principalmente de cuatro causas: 1.-horror a la cruz, 2.- influjo protestante, 3.-influjo del liberalismo, 4.-e incumplimiento de las leyes canónicas.

De este modo, rompiendo una tradición que se mantuvo viva hasta mitados del siglo XX, muchos de los teólogos modernos, por graves que sean los errores que se difundan a su al rededor, «no se espantan de nada», no entran a «combatir el buen combate de la fe» (1Tim 6,12; cf. 2Tim 4,7), y como si apreciaran aún más la libertad de expresión que la ortodoxia, y por influjo protestante y liberal, estiman que «toda opinión merece respeto», aunque no se comparta. En todo caso, la gran mayoría estima «académicamente incorrecto» escribir en forma apologética contra la enseñanza de un autor contemporáneo para defender una verdad de la fe y para preservar al pueblo de una herejía. De este modo los Obispos quedan sin la confortación que necesitarían y que tanto les ayudaría para ejercer libremente su munus docendi y su munus regendi. Y «los cristianos de hoy, en gran parte, se sienten extraviados, confusos, perplejos e incluso desilusionados» (Juan Pablo II, ib.).

En el último medio siglo, muchas veces Roma se ha visto casi sola para señalar y condenar graves errores. Y eso es una vergüenza. Las Notificaciones reprobatorias, p. ej., de la Congregación de la Fe –recuerdo algunas: Hans Küng, 1975, 1979; Jacques Pohier, 1979; Edward Schillebeecks, 1979, 1980, 1984, 1986; Leonardo Boff, 1985; Anthony De Mello, 1998; Jacques Dupuys, 2001; Marciano Vidal, 2001; Jon Sobrino, 2006, etc– pocas veces fueron precedidas de reprobaciones fuertes y numerosas de Obispos y teólogos. En muchas ocasiones, por el contrario, éstos guardaron hacia esos autores un silencio respetuoso, cuando no una actitud favorable. Y aún se ha dado el caso de que, tras la intervención de Roma, hayan continuado sus apoyos hacia los notificados.

Los silencios respetuosos y cómplices son demasiado numerosos. Sin duda que ha habido en nuestro tiempo teólogos ortodoxos y valientes, que exponiéndose a descalificaciones, marginaciones, silenciamientos y verdaderos linchamientos intelectuales, no solo han enseñado fielmente la verdad católica, sino que también han refutado públicamente a los autores contemporáneos que difunden actitudes heréticas, cismáticas y sacrílegas. Pero debemos confesar con realismo que han sido y son muy pocos.

Lo mismo hay que decir de institutos y movimientos religiosos, de facultades y universidades, de editoriales y librerías religiosas, de revistas católicas, por lo demás a veces de excelente ortodoxia. Todos los aludidos parecen no sentirse llamados al combate de la fe cuando es preciso luchar contra contemporáneos. Es como si no se sintieran vocacionados al martirio, a aquel testimonio de la verdad católica que trae consigo cruz. Es posible que manteniendo esa actitud esperen «no romper la unidad» de la comunidad cristiana (!), «no alterar la paz» de la Iglesia (!). Pero ya esa lamentable actitud, en sí misma, es un inmenso error. Nada tiene que ver con la enseñanza y el ejemplo de Cristo, de los Apóstoles y de toda la mejor tradición cristiana.

Y sin embargo hoy es muy fácil combatir a los herejes y cismáticos, pues nunca la Iglesia ha gozado de un cuerpo doctrinal tan amplio y coherente. La Escritura, la Tradición, los Concilios, los grandes documentos pontificios modernos, el concilio Vaticano II, el propio Catecismo de la Iglesia Católica, dan a cualquier teólogo –no hace falta que sea un genio– armas poderosísimas para refutar, más aún, si es preciso, para ridiculizar las barbaridades que se han venido difundiendo en los últimos decenios. No escasean, ciertamente, las armas: faltan combatientes que las esgriman, con peligro, eso sí, de «perder su vida».

Una última observación. En los últimos años –creo que no me equivoco– vienen siendo algunos portales católicos de la web quienes más vigor apologético están mostrando en el ámbito de la Iglesia Católica. Aquí tienen ustedes, sin ir más lejos, InfoCatólica.com.

Y, con perdón, Reforma o apostasía.

José María Iraburu, sacerdote

fonte.reforma o apostasía

Faz hoje 62 anos,foi a 20 de novembro de 1947, que Pio XII promulgou a encíclica" Mediator Dei" sobre a Liturgia: participação dos fiéis


http://ternuvieira.files.wordpress.com/2009/02/pio-xii-grande.jpg






II. Participação dos fiéis no sacrifício eucarístico

73. É necessário, pois, veneráveis irmãos, que todos os fiéis tenham por seu principal dever e suma dignidade participar do santo sacrifício eucarístico, não com assistência passiva, negligente e distraída, mas com tal empenho e fervor que os ponha em contato íntimo com o sumo sacerdote, como diz o Apóstolo: "Tende em vós os mesmos sentimentos que Jesus Cristo experimentou",(80) oferecendo com ele e por ele, santificando-se com ele.

74. É bem verdade que Jesus Cristo é sacerdote, mas não para si mesmo, e sim para nós, apresentando ao Eterno Pai os votos e sentimentos religiosos de todo o gênero humano; Jesus é vítima, mas por nós, substituindo-se ao homem pecador; ora, o dito do Apóstolo: "Alimentai em vós os mesmos sentimentos que existiram em Jesus Cristo" exige de todos os cristãos que reproduzam em si, enquanto está em poder do homem, o mesmo estado de alma que tinha o divino Redentor quando fazia o sacrifício de si mesmo, a humilde submissão do espírito, isto é, a adoração, a honra, o louvor e a ação de graças à majestade suprema de Deus; requer, além disso, que reproduzam em si mesmos as condições da vítima: a abnegação de si conforme os preceitos do evangelho, o voluntário e espontâneo exercício da penitência, a dor e a expiação dos próprios pecados. Exige, em uma palavra, a nossa morte mística na cruz com Cristo, de modo que possamos dizer com Paulo: "Estou crucificado com Cristo na cruz".(81)

75. É necessário, veneráveis irmãos, explicar claramente a vosso rebanho como o fato de os fiéis tomarem parte no sacrifício eucarístico não significa todavia que eles gozem de poderes sacerdotais. Há, de fato, em nossos dias, alguns que, avizinhando-se de erros já condenados,(82) ensinam que em o Novo Testamento se conhece apenas um sacerdócio pertencente a todos os batizados, e que o preceito dado por Jesus aos apóstolos na última ceia - fazer o que ele havia feito - se refere diretamente a toda a Igreja dos cristãos e só depois é que foi introduzido o sacerdócio hierárquico. Sustentam, por isso, que só o povo goza de verdadeiro poder sacerdotal, enquanto o sacerdote age unicamente por ofício a ele confiado pela comunidade. Afirmam, em conseqüência, que o sacrifício eucarístico é uma verdadeira e própria "concelebração", e que é melhor que os sacerdotes "concelebrem" junto com o povo presente, do que, na ausência destes, ofereçam privadamente o sacrifício.

76. É inútil explicar quanto esses capciosos erros estejam em contraste com as verdades acima demonstradas, quando falamos do lugar que compete ao sacerdote no corpo místico de Jesus. Recordemos apenas que o sacerdote faz as vezes do povo porque representa a pessoa de nosso Senhor Jesus Cristo enquanto é Cabeça de todos os membros e se oferece a si mesmo por eles: por isso vai ao altar como ministro de Cristo, inferior a ele, mas superior ao povo.(83) O povo, ao invés, não representando por nenhum motivo a pessoa do divino Redentor, nem sendo mediador entre si próprio e Deus, não pode de nenhum modo gozar dos poderes sacerdotais.

1. Os fiéis oferecem junto com o sacerdote

77. Tudo isso consta da fé verdadeira; mas deve-se, além disso, afirmar que também os fiéis oferecem a vítima divina, sob um aspecto diverso.

Já o declararam abertamente alguns dos nossos predecessores e doutores da Igreja. "Não somente - assim afirmava Inocêncio III, de imortal memória - oferecem os sacerdotes, mas ainda todos os fiéis; pois isto que em particular se cumpre pelo ministério dos sacerdotes, cumpre-se universalmente por voto dos fiéis".(84) E apraz-nos citar ao menos um dos muitos textos de são Roberto Belarmino a esse propósito: "O sacrifício - diz ele - é oferecido principalmente na pessoa de Cristo. Por isso a oblação que segue à consagração atesta que toda a Igreja consente na oblação feita por Cristo e oferece juntamente com ele".(85)

78. Com clareza não menor, os ritos e as orações do sacrifício eucarístico significam e demonstram que a oblação da vítima é feita pelos sacerdotes em união com o povo. De fato, não somente o sagrado ministro, depois da oferta do pão e do vinho, voltado para o povo diz explicitamente: "Orai, irmãos, para que o meu e o vosso sacrifício sejam aceitos junto a Deus-Pai onipotente",(86) mas ainda as orações com as quais é oferecida a vítima divina são, além do mais, ditas no plural, e nelas se indica que também o povo toma parte como ofertante neste augusto sacrifício. Diz-se, por exemplo: "Pelos quais nós te oferecemos, e que te oferecem ainda eles... Por isso te suplicamos, ó Senhor, aceitar aplacado esta oferta dos teus servos e de toda a tua família... Nós, teus servos, como ainda o teu povo santo, oferecemos à tua excelsa majestade os dons e dádivas que tu mesmo nos deste, a hóstia pura, a hóstia santa, a hóstia imaculada".(87)

79. Nem é de admirar que os fiéis sejam elevados a uma tal dignidade. Com a água do batismo, com efeito, os cristãos se tornam, a título comum, membros do corpo místico de Cristo sacerdote, e, por meio do "caráter" que se imprime nas suas almas, são delegados ao culto divino, participando, assim, de modo condizente ao próprio estado, do sacerdócio de Cristo.

80. Na Igreja católica, a razão humana iluminada pela fé sempre se esforçou por ter a maior consciência possível das coisas divinas; por isso é natural que também o povo cristão pergunte piamente em que sentido se diz no Cânon do sacrifício eucarístico que também ele o oferece. Para satisfazer esse piedoso desejo apraz-nos tratar aqui do assunto com clareza e concisão.

81. Há, acima de tudo, razões muito remotas: freqüentemente acontece que os fiéis, assistindo aos sagrados ritos, unam alternadamente as suas orações às orações do sacerdote; alguma vez; ainda, acontece - isto antigamente se verificava com maior freqüência - que ofereçam ao ministro do altar o pão e o vinho para que se tornem corpo e sangue de Cristo; e, enfim, porque, com as esmolas, fazem com que o sacerdote ofereça por eles a vítima divina.

82. Mas há ainda uma razão mais profunda para que se possa dizer que todos os cristãos e especialmente aqueles que assistem ao altar realizem a oferta.

83. Para não dar ensejo a erros perigosos neste importantíssimo argumento, é necessário precisar com exatidão o significado do termo "oferta". A imolação incruenta por meio da qual, depois que foram pronunciadas as palavras da consagração, Cristo está presente no altar no estado de vítima, é realizada só pelo sacerdote enquanto representa a pessoa de Cristo e não enquanto representa a pessoa dos fiéis. Colocando, porém, no altar a vítima divina, o sacerdote a apresenta a Deus Pai como oblação à glória da SS. Trindade e para o bem de todas as almas. Dessa oblação propriamente dita os fiéis participam do modo que lhes é possível e por um duplo motivo: porque oferecem o sacrifício não somente pelas mãos do sacerdote, mas, de certo modo ainda, junto com ele; e ainda porque com essa participação também a oferta feita pelo povo pertence ao culto litúrgico. Que os fiéis oferecem o sacrifício por meio do sacerdote, é claro, pois o ministro do altar age na pessoa de Cristo enquanto Cabeça, que oferece em nome de todos os membros; pelo que, em bom direito, se diz que toda a Igreja, por meio de Cristo, realiza a oblação da vítima. Quando, pois, se diz que o povo oferece juntamente com o sacerdote, não se afirma que os membros da Igreja de maneira idêntica à do próprio sacerdote realizam o rito litúrgico visível - o que pertence somente ao ministro de Deus para isso designado - mas sim que une os seus votos de louvor, de impetração, de expiação e a sua ação de graças à intenção do sacerdote, aliás do próprio sumo pontífice, a fim de que sejam apresentados a Deus Pai na própria oblação da vítima, embora com o rito externo do sacerdote. É necessário, com efeito, que o rito externo do sacrifício manifeste, por sua natureza, o culto interno; ora, o sacrifício da nova Lei significa aquele obséquio supremo com o qual o próprio principal ofertante, que é Cristo, e com ele e por ele todos os seus membros místicos, honram devidamente a Deus.

84. Com grande alegria da alma fomos informados de que essa doutrina, especialmente nos últimos tempos, pelo intenso estudo da disciplina litúrgica da parte de muitos, foi posta em sua luz; mas não podemos deixar de deplorar vivamente os exageros e os desvios da verdade, que não concordam com os genuínos preceitos da Igreja.

85. Alguns, com efeito, reprovam de todo as missas que se celebram privadamente e sem a assistência do povo, como se se desviassem da forma primitiva do sacrifício; nem falta quem afirme que os sacerdotes não possam oferecer a divina vítima ao mesmo tempo em muitos altares, porque desse modo dissociam a comunidade e põem em perigo a unidade; também não falta quem chegue ao ponto de crêr necessária a confirmação e a ratificação do sacrifício por parte do povo, para que possa ter sua força e eficácia.

86. Erroneamente, nesse caso, se faz apelo à índole social do sacrifício eucarístico. Toda vez, com efeito, que o sacerdote repete o que fez o divino Redentor na última ceia, o sacrifício é realmente consumado e tem sempre e em qualquer lugar necessariamente e por sua intrínseca natureza, uma função pública e social, enquanto o ofertante age em nome de Cristo e dos cristãos, dos quais o divino Redentor é Cabeça, e oferece a Deus pela santa Igreja católica e pelos vivos e defuntos.(88) E isso se verifica certamente, quer assistam os fiéis - e desejamos e recomendamos que estejam presentes numerosíssimos e fervorosíssimos - quer não assistam, não sendo de nenhum modo requerido que o povo ratifique o que faz o sagrado ministro.

87. Se, pois, daquilo que foi dito resulta claramente que o santo sacrifício da missa é oferecido validamente em nome de Cristo e da Igreja, nem fica privado dos seus frutos sociais, mesmo quando celebrado sem assistência de nenhum acólito todavia, pela dignidade deste mistério, queremos e insistimos, como sempre quis a madre Igreja, que nenhum sacerdote se aproxime do altar sem ter quem o ajude e lhe responda, como prescreve o cân. 813.

2. Os féis oferecem também a si mesmos como vítimas

88. Para que, pois, a oblação, com a qual neste sacrifício os fiéis oferecem a vítima divina ao Pai celeste, tenha o seu efeito pleno, requer-se ainda outra coisa: é necessário que eles se imolem a si mesmos como vítimas.

89. Essa imolação não se limita somente ao sacrifício litúrgico. Quer, com efeito, o príncipe dos apóstolos que pelo fato mesmo de sermos edifïcados como pedras vivas sobre Cristo, possamos como "sacerdócio santo, oferecer vítimas espirituais agradáveis a Deus por Jesus Cristo"; (89) e Paulo apóstolo, sem nenhuma distinção de tempo, exorta os cristãos com as seguintes palavras: "Eu vos conjuro, ó irmãos, que ofereçais os vossos corpos como vítima viva, santa, agradável a Deus, como vosso culto racional."(90) Mas quando, sobretudo, os féis participam da ação litúrgica com tanta piedade e atenção que se pode verdadeiramente dizer deles: "dos quais te é conhecida a fé e a devoção"(91) não é possível que a fé de cada um deles não se torne mais alegremente operante por meio da caridade, nem se revigore e brilhe a piedade e não se consagrem todos à conquista da glória divina, desejando com ardor tornarem-se intimamente semelhantes a Jesus Cristo que sofreu acerbas dores, oferecendo-se ao sumo Sacerdote e por meio dele como hóstia espiritual.

90. Isso ensinam ainda as exortações que o bispo endereça em nome da Igreja aos ministros sagrados no dia da sua ordenação: "Compenetrai-vos daquilo que fazeis, imitai o que tratais, de modo que, ao celebrardes o mistério da morte do Senhor, procureis mortificar os vossos membros de seus vícios e da concupiscência".(92) E quase do mesmo modo nos livros litúrgicos são exortados os cristãos que se aproximam do altar a participarem dos sagrados mistérios: "esteja sobre... este altar o culto da inocência, nele se imole a soberba, nele se apague a ira, se debele a luxúria e toda concupiscência, ofereça-se ao invés de rolas o sacrifício da castidade e em lugar de pombas o sacrifício da inocência".(93) Assistindo, pois, ao altar, devemos transformar a nossa alma de modo que se apague radicalmente todo o pecado que está nela, e com toda diligência se restaure e reforce tudo aquilo que, mediante Cristo, dá a vida sobrenatural: e assim nos tornemos, junto com a hóstia imaculada, uma vítima agradável a Deus Pai.

91. A Igreja se esforça com os preceitos da sagrada liturgia por levar a efeito, da maneira mais perfeita, este santíssimo propósito. A isso visam não somente as leituras, as homílias e as outras exortações dos ministros sagrados, e todo o ciclo dos mistérios que nos são recordados durante o ano, mas também as vestes, os ritos sagrados e seu aparato exterior que tem por fim "fazer pensar na majestade de tão grande sacrifício, excitar a mente dos fnéis, por meio dos sinais visíveis de piedade e de religião, à contemplação das altíssimas" coisas encerradas neste sacrifício".(94)

92. Todos os elementos da liturgia tendem, pois, a reproduzir em nossa alma a imagem do divino Redentor através do mistério da cruz, segundo a palavra do apóstolo das gentes: "Estou cravado com Cristo na cruz e vivo, não mais eu, mas é Cristo que vive em mim".(95) Por isso nos tornamos hóstia junto com Cristo para a maior glória do Pai.

93. A isso, pois, devem dirigir e elevar a sua alma os féis que oferecem a vítima divina no sacrifício eucarístico. Se, com efeito, como escreve santo Agostinho, sobre a mesa do Senhor é posto o nosso mistério, isto é, o próprio Cristo Senhor, (96) enquanto a cabeça é símbolo daquela união em virtude da qual somos o corpo de Cristo(97) e membros do seu corpo;(98) se são Roberto Belarmino ensina, segundo o pensamento do doutor de Hipona, que no sacrifício do altar está significado o sacrifício geral com o qual todo o corpo místico de Cristo, isto é, toda a cidade redimida, é oferecida a Deus por meio de Cristo grão-sacerdote, (99) nada se pode encontrar de mais reto e de mais justo que nos imolarmos ao eterno Pai, nós todos, com nossa Cabeça, que sofreu por nós. No sacramento do altar, segundo o mesmo Agostinho, torna-se patente à Igreja que no sacrifício que oferece, ela mesma é oferecida.(100)

94. Considerem, pois, os fiéis a que dignidade os eleva a sagrada água do batismo; e não se contentem em participar do sacrifício eucarístico com a intenção geral que convém aos membros de Cristo e filhos da Igreja, mas livre e intimamente unidos ao sumo sacerdote e ao seu ministro na terra, segundo o espírito da sagrada liturgia, se unam a ele de modo particular no momento da consagração da hóstia divina, e a ofereçam junto com ele quando são pronunciadas aquelas solenes palavras "por ele, com ele, nele, a ti, Deus Pai todo-poderoso, na unidade do Espírito Santo, toda a honra e toda a glória por todos os séculos dos séculos'';(101) à essas palavras o povo responde: Amém. Nem se esqueçam os cristãos de oferecer-se, com a divina Cabeça crucificada, a si mesmos e as suas preocupações, angústias, dores, misérias e necessidades.

3. Os meios de promover a participação dos fiéis

95. São, pois, dignos de louvor aqueles que, com o fim de tornar mais fácil e frutuosa ao povo cristão a participação no sacrifício eucarístico, se esforçam em colocar oportunamente nas mãos do povo o "Missal romano" de modo que os fiéis, unidos ao sacerdote, orem com ele, com as suas próprias palavras e com os mesmos sentimentos da Igreja; como também os que visam a fazer da liturgia, ainda que externamente, uma ação sagrada, na qual têm parte de fato todos os assistentes. Isso pode acontecer de vários modos: quando todo o povo, segundo as normas rituais, responde disciplinadamente às palavras do sacerdote ou executa cânticos correspondentes às várias partes do sacrifício, ou faz uma e outra coisa, ou, enfim, quando, na missa solene, responde alternadamente às orações dos ministros de Jesus Cristo e se associa ao canto litúrgico.

96. Todavia, essas maneiras de participar do sacrifício são para louvar e aconselhar, quando obedecem escrupulosamente aos preceitos da Igreja e às normas dos sagrados ritos. São ordenadas sobretudo para alimentar e fomentar a piedade dos cristãos e a sua íntima união com Cristo e com o seu ministro visível e a estimular aqueles sentimentos e aquelas disposições interiores com as quais é necessário que a nossa alma se assemelhe ao sumo sacerdote do Novo testamento. Não obstante, se bem que isto demonstre no modo exterior, que o sacrifício por sua natureza, enquanto é realizado pelo mediador de Deus e dos homens (102) deve ser considerado obra de todo o corpo místico de Cristo, não são porém necessárias para constituir-lhe o caráter público e comum. Além disso, a missa "dialogada" não pode substituir a missa solene, a qual, ainda que celebrada na presença apenas dos ministros, goza de uma particular dignidade pela majestade dos ritos e aparato das cerimônias; se bem que o seu esplendor e solenidade muito ganhem se, como o prefere a Igreja, o povo numeroso e devoto a ela assistir.

97. Deve-se ainda observar que estão fora da verdade e do caminho da reta razão os que, arrastados por falsas opiniões, tanto valor atribuem a todas essas circunstâncias que não duvidam asseverar que, omitindo-as, a ação sagrada não pode alcançar o fim prefixado.

98. Não poucos fiéis, com efeito, são incapazes de usar o "Missal Romano" ainda quando escrito em língua vulgar; nem todos são capazes de compreender corretamente, como convém, os ritos e as cerimônias litúrgicas. A inteligência, o caráter e a índole dos homens são tão vários e dissemelhantes que nem todos podem igualmente impressionar-se e serem guiados pelas orações, pelos cantos ou pelas ações sagradas feitas em comum. Além disso, as necessidades e as disposições das almas não são iguais em todos, nem ficam sempre as mesmas em cada um. Quem, pois, poderá dizer, levado por tal preconceito, que tantos cristãos não podem participar do sacrifício eucarístico e aproveitar-lhe os benefícios? Certamente que o podem fazer de outra maneira, e para alguns mais fácil: por exemplo, meditando piamente os mistérios de Jesus Cristo ou fazendo exercícios de piedade e outras orações que, embora na forma difiram dos sagrados ritos, a eles todavia correspondem pela sua natureza. Por isso vos exortamos, veneráveis irmãos, a que na vossa diocese ou jurisdição eclesiástica reguleis e ordeneis o modo mais adequado mediante o qual o povo consiga participar da ação litúrgica segundo as normas estabelecidas no "Missal Romano" e segundo os preceitos da Sagrada Congregação dos ritos e do Código de direito canônico. Faça-se, pois, tudo com a necessária ordem e decoro, nem seja permitido a ninguém, ainda que sacerdote, usar os sagrados edifícios para experimentações arbitrárias. A esse propósito desejamos ainda, como já existe para a arte e a música sacra, também se constitua nas dioceses, uma comissão para promover o apostolado litúrgico, a fim de que, sob o vosso vigilante cuidado, tudo se faça diligentemente segundo as prescrições da Sé Apostólica.

99. Nas comunidades religiosas observe-se cuidadosamente tudo o que as próprias constituições estabeleceram nesta matéria, e não se introduzam novidades que não tenham sido primeiro aprovadas pelos superiores. Na realidade, ainda que possam ser várias as circunstâncias exteriores da participação do povo no sacrifício eucarístico e nas outras ações litúrgicas, sempre deve procurar-se com todo o cuidado que as almas dos assistentes se unam ao divino Redentor com os mais estreitos laços possíveis e que a sua vida se enriqueça de santidade sempre maior e cresça todo dia a glória do Pai celeste.

fonte:vaticano

Pio XII promulggou

Pio X

Bento XVI : que o Senhor nos ajude a redescobrir o caminho da beleza como um dos caminhos – talvez o mais atraente – para chegar a encontrar a Deus






Queridos irmãos e irmãs:

Nas catequeses das semanas anteriores, apresentei alguns aspectos da teologia medieval. Mas a fé cristã, profundamente enraizada nos homens e nas mulheres daqueles séculos, não somente deu origem a obras-primas da literatura teológica, do pensamento e da fé. Inspirou também uma das criações artísticas mais elevadas da civilização universal: as catedrais, verdadeira glória da Idade Média cristã. De fato, durante quase 3 séculos, a partir do século XI, assistiu-se na Europa um fervor artístico extraordinário.

Um antigo cronista descreve assim o entusiasmo e a laboriosidade daquele tempo: “Aconteceu que, no mundo inteiro, mas especialmente na Itália e nas Gálias, começaram a reconstruir as igrejas, ainda que muitas delas, ao estarem em boas condições, não tiveram necessidade desta restauração. Era como uma competição entre um povoado e outro; parecia que o mundo, limpando-se dos velhos trapos, queria revestir-se por todas as partes da veste branca de novas igrejas. Em suma, quase todas as igrejas catedrais, um grande número de igrejas monásticas e inclusive capelas de povos, foram então restauradas pelos fiéis” (Rodolfo o Glabro, Historiarum 3,4).

Vários fatores contribuíram para este renascimento da arquitetura religiosa. Antes de mais nada, condições históricas mais favoráveis, como uma maior segurança política, acompanhada por um constante aumento da população e pelo progressivo desenvolvimento das cidades, dos intercâmbios e da riqueza. Além disso, os arquitetos encontravam soluções técnicas cada vez mais elaboradas para aumentar a dimensão dos edifícios, assegurando ao mesmo tempo sua firmeza e a majestosidade.

Contudo, foi principalmente graças ao ardor e ao zelo espiritual do monaquismo em plena expansão que se levantaram igrejas abaciais, em que a liturgia podia ser celebrada com dignidade e solenidade e os fiéis podiam permanecer em oração, atraídos pela veneração das relíquias dos santos, meta de incessantes peregrinações. Nasceram assim as igrejas e as catedrais românicas, caracterizadas pelo seu desenvolvimento longitudinal, ao longo das naves para acolher numerosos fiéis; igrejas muito sólidas, com muros espessos, abóbadas de pedra e linhas simples e essenciais.

Uma novidade é representada pela introdução de esculturas. Sendo as igrejas românicas o lugar da oração monástica e do culto dos fiéis, os escultores, mais que preocupar-se pela perfeição técnica, cuidaram sobretudo da finalidade educativa. Era necessário suscitar nas almas impressões fortes, sentimentos que pudessem incitar a fugir do vício, do mal e praticar a virtude, o bem. O tema recorrente era a representação de Cristo como juiz universal, rodeado dos personagens do Apocalipse. São em geral as portadas românicas que oferecem esta representação, para sublinhar que Cristo é a porta que conduz ao céu.

Os fiéis, atravessando o limiar do edifício sagrado, entram em um tempo e em um espaço diferentes dos da vida ordinária. Muito além do portal da igreja, os crentes em Cristo, soberano, justo e misericordioso, na intenção dos artistas, podiam provar uma antecipação da felicidade eterna na celebração da liturgia e nos atos de piedade levados a cabo dentro do edifício sacro.

Nos séculos XII e XIII, a partir do norte da França, difundiu-se outro tipo de arquitetura na construção dos edifícios sagrados, a gótica, com duas características novas com relação ao românico, e são o impulso vertical e a luminosidade. As catedrais góticas mostravam uma síntese de fé e de arte harmonicamente expressada através da linguagem universal e fascinante da beleza, que ainda hoje suscita estupor.

Graças à introdução das abóbadas ogivais, que se apoiavam sobre robustos pilares, foi possível subir notavelmente sua altura. O impulso ao alto queria convidar à oração e era em si mesmo uma oração. A catedral gótica queria traduzir, assim, em suas linhas arquitetônicas, o desejo das almas por Deus. Além disso, com as novas soluções técnicas adotadas, os muros perimetrais podiam ser cobertos e embelecidos por vidreiras policromadas. Em outras palavras, as janelas se convertiam assim em grandes figuras luminosas, muito adaptadas para instruir o povo na fé. Nelas – cena a cena – se narrava a vida de um santo, uma parábola ou outros acontecimentos bíblicos. Das vidreiras pintadas se derramava uma cascata de luz sobre os fiéis para narrar-lhes a história da salvação e envolvê-los nesta história.

Outro mérito das catedrais góticas é o fato de que, em sua construção e decoração, de modo diferente, mas coordenado, participava toda a comunidade cristã e civil; participavam os humildes e os poderosos, os analfabetos e os doutos, porque nesta casa comum, todos os crentes eram instruídos na fé. A escultura gótica fez das catedrais uma “Bíblia de pedra”, representando os episódios do Evangelho e ilustrando os conteúdos do ano litúrgico, desde o Natal até a Glorificação do Senhor.

Naqueles séculos, além disso, difundia-se cada vez mais a percepção da humanidade do Senhor, e os sofrimentos da sua Paixão eram representados de forma realista: o Cristo sofredor (Christus patiens) se converteu em uma imagem amada por todos e capaz de inspirar piedade e arrependimento pelos pecados. Não faltavam os personagens do Antigo Testamento, cuja história se converteu em familiar para os fiéis de tal modo, que frequentavam as catedrais como parte da única e comum história da salvação. Com seus rostos repletos de beleza, de doçura, de inteligência, a escultura gótica do século XIII revela uma piedade feliz e serena, que se compraz em emanar uma devoção sentida e filial pela Mãe de Deus, vista às vezes como uma jovem mulher, sorridente e maternal, e principalmente representada como a soberana do céu e da terra, potente e misericordiosa. Os fiéis que lotavam as catedrais góticas queriam encontrar nelas também expressões artísticas que recordassem os santos, modelos de vida cristã e intercessores diante de Deus. E não faltavam as manifestações “leigas” da existência; daí que aparecessem, em um lugar ou outro, representações do trabalho nos campos, das ciências e das artes. Tudo estava orientado e oferecido a Deus no lugar em que se celebrava a liturgia.

Podemos compreender melhor o sentido que se atribuía a uma catedral gótica, considerando o texto da inscrição escrita sobre a porta principal de Saint-Denis, em Paris: “Transeunte, que queres louvar a beleza destas portas, não te deixes deslumbrar nem pelo ouro nem pela magnificência, mas pelo trabalho fatigoso. Aqui brilha uma obra famosa, mas queira o céu que esta obra famosa que brilha faça resplandecer os espíritos, para que, com as verdades luminosas, eles se encaminhem rumo à luz verdadeira, onde Cristo é a verdadeira porta”.

Queridos irmãos e irmãs, quero agora sublinhar dois elementos da arte românica e gótica úteis também para nós.

O primeiro: as obras de arte nascidas na Europa nos séculos passados são incompreensíveis quando não se leva em consideração a alma religiosa que as inspirou. Um artista, que sempre deu testemunho do encontro entre estética e fé, Marc Chagall, escreveu que “os pintores, durante séculos, tingiram seu pincel nesse alfabeto colorido que era a Bíblia”. Quando a fé, de modo particular celebrada na liturgia, encontra-se com a arte, cria-se uma sintonia profunda, porque ambas podem e querem falar de Deus, tornando visível o Invisível. Eu gostaria de compartilhar isso no encontro com os artistas no dia 21 de novembro, renovando-lhes essa proposta de amizade entre a espiritualidade cristã e a arte, augurada pelos meus venerados predecessores, em particular pelos servos de Deus Paulo VI e João Paulo II.

O segundo elemento: as forças do estilo românico e o esplendor das catedrais góticas nos recordam que a via pulchritudinis, a via da beleza, é um percorrido privilegiado e fascinante para aproximar-se do Mistério de Deus. O que é a beleza, que escritores, poetas, músicos, artistas contemplam e traduzem em sua linguagem, senão o reflexo do esplendor do Verbo eterno feito carne?

Santo Agostinho afirma: “Interroga a beleza da terra, interroga a beleza do mar, interroga a beleza do ar amplo e difuso; interroga a beleza do céu, interroga a ordem das estrelas; interroga o sol, que com o seu esplendor ilumina o dia; interroga a lua, que com sua claridade modera as trevas da noite; interroga as feras que se movem na água, que caminham sobre a terra, que voam no ar: almas que se escondem, corpos que se mostram; visível que se deixa guiar, invisível que guia. Interroga-os! Todos te responderão: Vê-nos: somos belos! Sua própria beleza se dá a conhecer. Esta beleza imutável, quem a criou, senão a Beleza imutável?” (Sermão CCXLI, 2: PL 38, 1134).

Queridos irmãos e irmãs: que o Senhor nos ajude a redescobrir o caminho da beleza como um dos caminhos – talvez o mais atraente e fascinante – para chegar a encontrar e amar a Deus.

[No final da audiência, o Papa cumprimentou os peregrinos em vários idiomas. Em português, disse:]

Fruto de uma profunda harmonia entre a fé cristã e a cultura, a Idade Média viu nascer uma das maiores criações artísticas da civilização universal: as igrejas e catedrais românicas e góticas. A partir do século IX, surgem as sólidas construções românicas caracterizadas pelo aumento das dimensões longitudinais e pelas suas abóbadas em pedra com traços simples e essenciais. Nos séculos XII e XIII, chega-se às majestosas catedrais góticas, que se distinguem das românicas pela altura esguia das construções e a sua luminosidade. O objetivo era traduzir, através das suas linhas arquitetônicas, o desejo de Deus no coração do homem. Contemplando a força do estilo românico e o esplendor do gótico, adentramo-nos na senda da beleza, que é um caminho privilegiado e fascinante para nos aproximar do Mistério de Deus.

A minha saudação a todos peregrinos de língua portuguesa, com uma bênção particular para o grupo vindo do Brasil. Que Nossa Senhora vos acompanhe e ampare na caminhada da vida e no crescimento cristão, conservando a vós e a quantos vos são queridos na perene amizade de Deus.




A catedral: “Bíblia dos pobres” para o “santo povo de Deus”


A arte na Idade Média era essencialmente didática. Tudo o que era necessário o homem conhecer – a história do mundo desde a Criação, os dogmas da religião, os exemplos dos santos, a hierarquia das virtudes, o alcance das ciências, artes e ofícios ‒ todas estas coisas eram ensinadas nas janelas da igreja ou nas estátuas dos pórticos.


Catedral de Chartres: o anjo (acima à esquerda) segura Abraão no momento que ia sacrificar Isaac (embaixo, direita)


O nome de Biblia PauperumBíblia dos pobres – que os impressores do século XV deram a um de seus primeiros livros pode ser bem atribuído às catedrais e igrejas.

Nelas, o simples, o ignorante, todos aqueles que pertenciam à chamada “sancta plebs Dei” ‒ a santa plebe de Deus ‒ aprendiam com seus olhos quase tudo o que sabiam sobre sua fé.


As grandes imagens de espiritualizada conceição apareciam como testemunhas eloqüentes da verdade do ensinamento da Igreja.


Catedral de Chartres: cenas da Paixão de Cristo

As inúmeras estátuas distribuídas segundo um plano escolástico eram o símbolo da maravilhosa ordem que, por meio do gênio de Santo Tomás de Aquino, reinava no mundo do pensamento.

Por meio da arte as mais altas conceições da teologia e da universidade penetravam, em alguma medida, nas mentes do povo mais humilde.

Nós devemos considerar a arte do século XIII como um todo vivo, como um sistema acabado, e nós devemos estudar o modo como ele refletia o pensamento da Idade Média.


Deste modo nós poderemos nos fazer uma certa idéia do alcance verdadeiramente enciclopédico da arte medieval. O século XIII é o foco de nosso estudo porque nele a arte com admirável esforço tentou abarcar todas as coisas.


Catedral de Chartres: Cristo reinante com os quatro evangelhos

A iconografia dos mais ricos trabalhos românicos é pobre demais se comparada com a plenitude do imaginário gótico.

O século XIII é precisamente aquele em que as fachadas das grandes igrejas francesas foram concebidas e realizadas.


Nós não limitamos nosso estudo à arte francesa porque achamos que a arte dos países vizinhos obedeça a regras diferentes das nossas. Pelo contrário, o caráter da arte do século XIII era verdadeiramente universal como o ensinamento da Igreja.

Nós nos contentamos com os grandes temas desenvolvidos com admiração em Burgos, Toledo, Siena, Orvieto, Bamberg, Friburg, da mesma maneira que em Paris ou Reims.


Catedral de Chartres: capela lateral.


Nós estamos certos que o pensamento cristão não se exprime em outras partes como na França. Em toda Europa não há um conjunto de obras de arte dogmática pelo menos comparável ao que encontramos na catedral de Chartres.

Foi na França que a doutrina da Idade Média atingiu sua forma artística perfeita. A França do século XIII foi a mais plena manifestação do pensamento cristão.

(Fonte: Émile Mâle, “A arte religiosa na França no século XIII”, apud “The Dawson Newsletter", Summer 1993.

A Luz de Cristo que brilha suavemente nas catedrais traz uma saudade e um apelo


Entrando no recinto sagrado de uma catedral como as que legou a Idade Média, o povo excercia, sem sabê-lo, um magnífico ato coletivo de discernimento dos espíritos!

Assim como quando acabou o Dilúvio um arco-íris pousou sobre a terra, assim também, quando o aperfeiçoamento da Igreja e da obra de Nosso Senhor Jesus Cristo na terra chegou a um determinado grau, as almas humanas teriam recebido esse discernimento.

Era um enorme discernimento coletivo dos espíritos como se uma luz do Divino Espírito Santo se tornasse sensível à mente dos homens.

E eles discerniam belezas na Igreja Católica que eles traduziram por esses modos maravilhosos que o estilo gótico excogitou.

Esse discernimento manifestava-se não só na arte eclesiástica. Ele vivia palpitante em mil outros aspectos da vida real!

Na corporação de ofício, na aldeia de marzipã, na inocência dos camponeses que nos aparecem nas iluminuras ou nos vitrais, na paz com dos gizantes, com as mãos postas, numa tranqüilidade que é desconcertante para nós, homens de hoje.


Em tudo isso, o homem fazia transparecer mais e melhor a Deus Nosso Senhor que se fizera luz através da Igreja Católica.

Epifania! Nosso Senhor se mostra em Belém a todos os povos mostrando-se para esses três reis pagãos que eram os Reis Magos. Naquele momento o “Lumen Christi” ‒ a Luz de Cristo” ‒ brilhou para os pastores e os reis que viram o Menino Deus.

Em Belém teria começado uma ação cujo ápice histórico se teria conseguido no momento em que sobrenaturalmente sensível a todos os homens na época em que o “Evangelho penetrava todas as instituições, como S.S. Leão XIII qualificou a Idade Média.

Não se tratava de uma visão, mas de algo que participa ligeiramente de uma visão geral. Era uma Epifania de Nosso Senhor Jesus Cristo a todos os povos da Europa medieval amada, batizada e civilizada.

Veio depois o trabalho maldito da extirpação. Essa “Luz de Cristo” que resplandecia suavemente na idade Média foi sendo extirpado ponto por ponto, de fora para dentro.

Primeiro veio a Renascença, depois o Protestantismo, a Revolução Francesa e a comunista. De início propôs aos homens as belezas do apenas clássico, do barroco, depois do romântico, com estados de espíritos e modos de ser culturais e morais, cada vez mais vazios daquela Luz de Belém.

E os homens foram aos poucos, aceitando. Afinal aparece a luz sinistra do socialismo e do comunismo bradando “morra a beleza, morra Deus”.

Mas ainda fica ‒ em uns mais, em outros menos ‒ uma coluna de fogo dentro da alma que os torna sensíveis a esse “Lumen Christi” que resplandece nas catedrais medievais.

Então, nós vemos almas indiferentes ao gótico e simpáticas ao socialismo.

Porém, encontramos outras que conservam alguma grandeza e se voltam para a Luz de Cristo que emana daquelas catedrais, admiram-no, amam-no, tem saudade dele.

No fundo é uma saudade de Deus. E de Deus glorificado nesta terra.

O órgão é a voz da catedral medieval, eco da voz da Igreja Católica e do próprio Deus

Procuremos lembrar-se da sensação quando ouvimos pela primeira vez um órgão tocar.

A primeira sensação que eu tive foi de surpresa. Como quem diz: eu não imaginava! A surpresa era seguida de um maravilhamento: que elevado!

Órgão da catedral de Estrasburgo

Clique para ouvir Missa para os conventos: com registros plenos:

Como isso tende para cima! Que movimento para cima!

Como vai a uma altura que há uma verdadeira audácia que se quereria ter essa altura! Como isto perfura!

Que alma corajosa! E de quanta coisa esta alma discrepou e se descolou e com que entusiasmo ela sobe!

Quantas coisas há em mim que quereriam subir assim e que dão vontade de subir! O que é que há nesta altura? Para onde sobe isto e como é que é imaginável aquilo que vai encontrar?

O órgão tocando suscita a idéia de um Céu infinito, de uma santidade, de uma pureza, de uma harmonia, de uma afabilidade e uma intransigência absoluta! É para lá que a alma inteira ruma na primeira vez!

‒ Órgão! Isto é um instrumento, não é uma orquestra! Oh! Que coisa extraordinária! É assim que se deve ser!

Órgão da catedral de Sevilha


Clique para ouvir Missa para os conventos: diálogo com registro de voz humana:

Estes são movimentos que entretanto, passam rapidamente em algumas almas.

Em outras, se a alma continua fiel, há uma espécie de identidade dela consigo mesma e esses movimentos fixam-se para todo o sempre.


A alma só é o ser que Deus criou na medida em que esse movimento habita nela a ela vive disso.

Na medida em que a alma não tem esse movimento e não vive para isso, ela não é a alma com a fisionomia que Deus quis para ela.

Órgão da igreja de Santo Eustáquio em Paris


Clique para ouvir Missa para os conventos: música para a Elevação:

Para ser ela mesma é preciso ser a imagem e semelhança de Deus. Se ela não é idêntica com Deus, não tem identidade com consigo mesma.

O movimento de alma que estou descrevendo e que um órgão pode suscitar de algum modo a Igreja sempre teve, é inerente à Igreja.

Isto era o estado comum em que os homens viviam, rezavam, combatiam, descansavam, festejavam e morriam na ordem medieval. Tudo era feito nesta atmosfera.

O comum do homem era viver atrás dos vitrais, ao som dos órgãos, em contato com o granito e, por detrás de muralhas, tendo armas como ornamento das paredes! Tudo isso era o comum.

Por que? Porque essa tendência para o alto, o discernimento do mais alto dos mais altos, penetrou à fundo na alma do homem medieval.

Catedral de Amiens, França

Ele não concebia a possibilidade de fazer uma janela de quarto de empregado sem que fosse uma ogiva!

Era a forma natural de todas as janelas, de todas as portas, de todas as comunicações, dos adornos, dos enfeites, de tudo!

Essa atmosfera da vida se transmitiu por várias gerações e foi, dentro dos homens, uma coluna, um fogo, uma força que quatro ou cinco séculos de Revolução não conseguiram exterminar inteiramente e que resta em nós sob a forma de um precioso legado de tradição.


Notre Dame de Paris, catedral perfeita onde a face da Igreja Católica Apostólica e Romana se reflete com toda a sua santidade

As fotografias que eu via da catedral de Notre Dame quando eu era menininho determinavam um impulso da alma para ela, que era uma coisa indescritível.

Eu dizia: “Aquilo é, aquilo deve ser!

“Assim é a igreja das igrejas, a igreja perfeita.

“Onde a face da Igreja Católica Apostólica e Romana se reflete com toda a perfeição de sua santidade”.

Imaginemos que os homens, que são os reis da criação e, portanto, o teto da criação visível nessa terra — os anjos que são invisíveis e não são dessa terra —, se os homens atingissem toda a santidade para a qual eles são chamados.

E de posse dessa santidade, eles pudessem, sem ser coarctados pelo poder das trevas, construir livremente, organizar, arranjar, etc., etc., como o interior de suas almas lhes fala.

Clique para ouvir os sinos da torre norte da catedral de Notre Dame de Paris :

O que é que eles fariam?


Notre Dame é um exemplo, um início de caminho de tudo quanto o os homens poderiam ter feito se tivessem continuado pelo trilho da Civilização Cristã.


Do alto da catedral: o sorriso e a benção de Nossa Senhora para a Cristandade medieval


Em Notre Dame é muito agradável, ao menos para os meus olhos, o contraste entre a altura da Catedral e a largura.

Ela é esguia, muito mais alta do que larga. De maneira que tendo uma boa largura — não pode de nenhum modo ser chamada de um edifício frágil — ela é graciosa, leve, mas tem um quê de fortaleza que é absolutamente incontestável.

Ela nos fala da plenitude do espírito da Idade Média. Espírito hierático, sacral, hierárquico, ordenado, todo voltado para o que há de mais alto, em que a maior seriedade se combina bem com a graça mais leve e com a delicadeza mais extrema.

Os mais belos aspectos da alma católica aparecem a todo propósito em todos os ângulos da Catedral.

Essa é a Catedral de Notre Dame.

É ou não é verdade que se tem a impressão que cenas desenroladas nessa Catedral ainda estão vivas?

Do alto do lugar onde está entronizada a imagem de Nossa Senhora, que tem como auréola toda aquela rosácea — a cabeça da Imagem fica bem no centro da rosácea central —, sorri para os seus filhos que passam pela praça.

Sorri contente para uma Igreja que está em bom estado, sorri contente para uma Cristandade que afinal é o Reino de Filho dEla.

Há qualquer coisa da glória da Ressurreição de Nosso Senhor Jesus Cristo no ar triunfal dessa Catedral.


Notre Dame providencialmente salva pelo tufão da Revolução Francesa!


Quando aparece a Catedral de Notre Dame, aparece uma coisa que deixa todas as outras coisas de lado, mesmo São Marcos.

Na praça completamente vazia, Notre Dame aparece intensamente iluminada .

O granito com o qual foi construída a Catedral, foi objeto há alguns anos atrás de uma limpeza. Dela emergiu a pedra virgem como os construtores a fizeram, como a Catedral teve na sua originária limpeza.

As três portas do primeiro pavimento têm lindíssimas ogivas, profundas, indicando bem a espessura das paredes da Catedral.

Em cada portal, há várias linhas com episódios da História Sagrada esculpidos de um lado e de outro.

Em cima há uma fileira formando a galeria dos antepassados de Nosso Senhor Jesus Cristo, rei de Judá, e que é interpretada como sendo dos Reis da França.

A Revolução Francesa, sempre igual a si mesma, e incomparável em infâmia, exceto a traição de Judas; não contente em decapitar Luis XVI, mandou uns bárbaros subirem até essas cabeças e degolá-las todas.


De maneira que esses corpos ficaram sem cabeça durante muito tempo.

No século XX, fazendo obras nos porões de um banco, os operários encontraram lá as cabeças desses reis, que um homem do povo, piedoso, com concurso provavelmente de alguns outros, salvou-as durante a noite enterrando-as fundo no chão, a pequena distância da Catedral.


São cabeças enormes. A simples vista parecem de tamanho natural, mas a Catedral é muito alta e não se tem idéia do tamanho das cabeças no chão.

Muito tempo depois essa piedade foi compensada, porque as cabeças foram recuperadas e estão no Museu de Cluny. Foram feitas outras idênticas que se encontram no local certo.

Afinal, a Catedral ficou de uma grande beleza.

Clique para ouvir o carilhão das horas da catedral de Paris :

A Catedral não deveria ter ficado nisso. As torres deveriam ter ido mais alto. Mas o estilo gótico morreu ao sopro maldito da Renascença e do Humanismo.

Com isso não se conservaram as torres, só ficaram aquelas pequenas guaritas no canto cheias de encanto e de beleza.

O talento desapareceu do mundo e começou o período negro da história da Catedral.

Começou a ser negligenciada, relaxada, incompreendida, até que numa das reuniões do Conselho de Estado de Luís XVI, foi decidido destruí-la, como sendo uma reminiscência dos tempos bárbaros! Isso era barbárie!

Mas a resolução real só não foi cumprida porque veio a Revolução Francesa. Todo mundo pensou em outra coisa.

Os desígnios de Deus são impenetráveis. A Revolução destruiu tanta coisa, mas salvou involuntariamente Notre Dame.

A lógica de Notre Dame e o arrebato do estilo bizantino

Notre Dame é irrepreensível, ordenada, perfeita, lindíssima, tudo lógico, mas um lógico com poesia.

São as lógicas não do filosofastro, mas as lógicas da mãe de família, do pai, da vida, é essa lógica, verdadeira.

Então é disso que às vezes a arquitetura apresenta.

Mas às vezes a arquitetura borbulha, e apresenta coisas meio inesperadas.

E é o próprio movimento da alma religiosa, nos seus entusiasmos, êxtases, impulsos, generosidade, nos lances a la Santa Teresa de Jesus por exemplo, que deixam a alma desconcertada diante de sua grandeza, a la Santo Inácio de Loyola, etc.

Isso se exprime mais na arquitetura religiosa da Igreja Grega do tempo que estava unida à Igreja Católica.

Os cismáticos levaram consigo, roubaram, como tantas outras coisas.

E daí vem o jogo de várias cúpulas que borbulham como o mar se move e que se nota em Santo Antônio de Pádua.

(Fonte: Plinio Corrêa de Oliveira, 25/11/88. Sem revisão do autor.)

As Catedrais de Colônia e Notre-Dame se completam para dar uma idéia do próprio Deus

Notre Dame de Paris ou a Cateral de Colônia?

Fica-se mal à vontade discutindo qual catedral merece o primado. Porque a gente vê que Deus queria que houvesse uma e outra, para se somarem e darem cada uma idéia especial d’Ele.

E aí, do fundo de nossas almas, sobe uma coisa que é uma super luz, mas ao mesmo tempo é penumbra ou obscuridade sem ser treva.

É a idéia de todas as catedrais góticas do mundo, as que foram construídas e as que não foram construídas, todas elas dão uma idéia de conjunto de Deus.

Entretanto, Deus ainda é infinitamente mais do que isso.

Clique para ouvir o sino môr da catedral de Paris :

Aí o espírito que inspirou todas essas catedrais nos aparece. E mais nós vivemos no Céu do que na Terra.

Aí nasce o nosso desejo de numa outra vida, conhecer um Outro, tão interno em mim que é mais eu do que eu mesmo, mas tão superior a mim que eu não sou nem sequer um grão de poeira em comparação com Ele.

Aí nós dizemos: “Ah, eu compreendo, o Céu deve ser assim!”

Quer dizer, a inocência, em cada um de nós, caminha para isto. Ela visa revelar no fundo de nossas almas essas formas de maravilha para as quais elas são feitas.

Para assim nós nos prepararmos para amar a Deus, dar-Lhe glória, e servi-Lo nesta Terra, e depois conhecê-Lo, amá-Lo e dar-Lhe glória por toda a eternidade. Essa é a nossa finalidade.

Então, a inocência dá a impostação primeira de nosso fim. E dá o caminho que conduz para o nosso fim.

A virtude que faz com que nós nos ponhamos em movimento para aquele fim se chama a sabedoria.

Basílica de São Remígio: o ambiente sobrenatural no dia do batismo de Clóvis, rei dos francos


Pode-se imaginar a intensidade da graça do momento em que Clóvis, rei dos francos, foi batizado na basílica de São Remígio, em Reims (França)?

Naquele momento nasceu para a Igreja Católica a nação francesa com todas as glórias que ela traria para Deus.

Nesse dia, a Igreja batizou a sua filha primogênita.

Podem-se imaginar graças de alegria, de afeto, de força, de entusiasmo, de energias naturais e sobrenaturais absolutamente novas nesse momento.

Teve algo de parecido com o mundo depois que Noé e os dele saíram da arca e se viu o Arco-Íris. Esta deveria ser a atmosfera dentro da Catedral de Reims.

Então, nós compreendemos a glória de São Remígio. Quantas orações ele há de ter feito, quantos sofrimentos ele há de ter padecido, para que essa imensa aspiração que ele trazia ‒ e que era o contrário do mundo pagão em desordem ‒, afinal de contas virasse realidade.

Há imagens da Idade Média representando pessoas puras que, quando dormiam o sono eterno, da boca nascia um lírio.

De São Remígio nasceu muito mais do que um lírio: nasceu a flor-de-lis da França.

Da alma e da santidade desse bispo, das orações de santa Clotilde, mãe de Clóvis, nasceu a grandeza da França que veio depois.

Depois de ter sido batizado Clovis, foi batizado mais alguém.

Esse alguém foi o ponto de partida genealógico, segundo aquelas genealogias um pouco fabulosas mas imensamente simpáticas da Idade Média, da casa de Montmorency.

Os duques de Montmorency iam para a batalha com sua mesnada. E todos gritavam marchando para o inimigo de espada em punho: “Dieu aide le premier chrétien”: “Que Deus ajude o primeiro cristão!”

Nesta história sente-se que há uma aliança do primeiro cristão com Deus que é uma coisa inefável, maravilhosa.

Mais bonito do que o ambiente de graças do batismo de Clóvis só entrar no Céu. Ai então tudo é indescritível, e tudo quanto há na terra são prefiguras.


Uma prefigura do Céu viveu-se naquele dia em que São Remígio batizou Clóvis e, com ele, a nascente nação francesa.

A catedral medieval nos faz sentir no seio da Jerusalém celeste

Amiens, nave central“Penetremos na catedral. A sublimidade das grandes linhas verticais atua logo de início sobre a alma.

“É impossível entrar na grande nave de Amiens sem se sentir purificado. Unicamente por sua beleza, ela age como um sacramento. Ali também encontramos um espelho do mundo.

“Assim como a planície, como a floresta, ela tem sua atmosfera, seu perfume, sua luz, seu claro-obscuro, suas sombras. [...]

“Mas é um mundo transfigurado, no qual a luz é mais brilhante que a da realidade, e no qual as sombras são mais misteriosas.

“Sentimo-nos no seio da Jerusalém celeste, da cidade futura. Saboreamos a paz profunda; o ruído da vida quebra-se nos muros do santuário e torna-se um rumor longínquo: eis aí a arca indestrutível, contra a qual as tempestades não prevalecerão.

“Nenhum lugar no mundo pôde comunicar aos homens um sentimento de segurança mais profundo.

Catedral de Colônia, interior“Isto que nós sentimos ainda hoje, quão mais vivamente o sentiram os homens da Idade Média! A catedral foi para eles a revelação total.

“Palavra, música, drama vivo dos Mistérios, drama imóvel das imagens, todas as artes ali se harmonizavam. Era algo além da arte, era a pura luz, antes que ela se tivesse diversificado em fachos múltiplos pelo prisma.

“O homem confinado numa classe social, numa profissão, disperso, esmagado pelo trabalho de todos os dias e pela vida, nela retomava o sentimento de unidade da sua natureza; ele ali encontrava o equilíbrio e a harmonia.

“A multidão, reunida para as grandes festas, sentia que ela era a própria unidade viva; ela tornava-se o corpo místico de Cristo, cuja alma se confundia com sua alma.

“Os fiéis eram a humanidade, a catedral era o mundo, o espírito de Deus pairava ao mesmo tempo sobre o homem e a criação. A palavra de São Paulo tornava-se uma realidade: vivia-se e movia-se em Deus.

“Eis o que sentia confusamente o homem da Idade Média, no belo dia de Natal ou de Páscoa, quando os ombros se tocavam, quando a cidade inteira lotava a imensa igreja.

“Símbolo de fé, a catedral foi também um símbolo de amor. Todos para ela trabalharam. O povo ofereceu o que tinha: seus braços robustos. Ele se atrelava aos carros, carregava as pedras nas costas, tinha a boa vontade do gigante São Cristóvão.

Basílica de Corpus Christi, Cracóvia, Polônia“O burguês deu seu dinheiro, o barão sua terra, o artista seu gênio. Durante mais de dois séculos, todas as forças vivas da França colaboraram: daí vem a vida possante que se irradia dessas obras.

“Até os mortos associavam-se aos vivos: a catedral era pavimentada de pedras tumulares; as gerações antigas, com as mãos juntas sobre suas lápides mortuárias, continuavam a rezar na velha igreja.

“Nela, o passado e o presente uniam-se num mesmo sentimento de amor. Ela era a consciência da cidade. [...]

“No século XIII, ricos e pobres têm as mesmas alegrias artísticas. Não há de um lado o povo e de outro uma classe de pretensos eruditos. A igreja é a casa de todos, a arte traduz o pensamento de todos. [...] A arte do século XIII exprime plenamente uma civilização, uma idade da História. A catedral pode substituir todos os livros.

“E não é somente o gênio da Cristandade, é o gênio da França que desabrocha aqui. Sem dúvida, as idéias que tomaram corpo nas catedrais não nos pertencem com exclusividade: elas são o patrimônio comum da Europa católica. Mas a França aqui se reconhece em sua paixão pelo universal. [...]

“Quando compreenderemos que, no domínio da arte, a França jamais fez algo de maior?”

(Fonte: Émile Mâle, L´Art religieux du XIIIe siècle en France, Le Livre de Poche, Paris, 1969, pp. 448 ss (primeira edição: 1898). Obra premiada pela Académie Française e pela Académie des Inscriptions et Belles-Lettres. Apud "Catolicismo").

Jesus Cristo é o centro da História, proclama a catedral gótica

catedral de Toledo
A belíssima página que a seguir transcrevemos –– de Émile Male, um historiador francês de grande envergadura, especializado em história da arte — apresenta-se como um bálsamo para as feridas que em nossas almas abriu esta época na qual vivemos. Ele nos fala da catedral medieval, especialmente a do século XIII, na França. Temos a impressão de estar lendo um poema que faz voar nosso espírito para longe das maldições deste século: os horrores da luta de classes, o desvario a que se chegou a propósito dos chamados direitos humanos, as invejas, os escândalos que se atropelam uns aos outros, as perversões morais, o terrorismo, a contínua insegurança e tudo o mais.

“Na catedral inteira sente-se a certeza e a fé; em nenhum lugar a dúvida. Esta impressão de serenidade, a catedral ainda hoje no-la transmite, por pouco que queiramos prestar atenção.

“Esqueçamos por um momento nossas inquietações, nossos sistemas. Vamos a ela. De longe, com seus transeptos, suas flechas e suas torres, ela nos parece uma nau possante, partindo para uma longa viagem. Toda a cidade pode embarcar sem temor em seus robustos flancos.

“Aproximemo-nos. No pórtico, encontramos logo Jesus Cristo, como o encontra todo homem que vem a este mundo. Ele é a chave do enigma da vida.

“Em torno d’Ele está escrita uma resposta a todas as nossas questões. Ficamos sabendo como o mundo começou e como terminará; as estátuas, das quais cada uma é símbolo de uma idade do mundo, nos dão a medida de sua duração.

“Todos os homens cuja história nos importa conhecer, nós os temos diante dos olhos — são aqueles que na Antiga ou na Nova Lei foram símbolos de Jesus Cristo — pois os homens só existem na medida em que participam da natureza do Salvador. Os outros — reis, conquistadores, filósofos — são apenas sombras vãs. Assim o mundo e a história do mundo se nos tornam claros.

“Mas nossa própria história vem escrita ao lado da história desse vasto universo. Nós aí aprendemos que nossa vida deve ser um combate: luta contra a natureza a cada estação do ano, luta contra nós mesmos a todos os instantes, eterna psicomaquia. Àqueles que bem combateram, os anjos, do alto do Céu, estendem coroas.

Há lugar aqui para uma dúvida, ou para uma mera inquietação de espírito?”

VENEZA: o Campanário da catedral São Marcos, obra prima medieval, reconstruída por São Pio X


Um dos marcos da cidade de Veneza, Il Campanile di San Marco (O Campanário de São Marcos), afetuosamente chamado de "El Parón de Casa" (o Senhor da Casa) pelos Venezianos.

É uma imponente torre que marcava as horas da cidade. Atualmente pode-se subir e contemplar a cidade de Veneza.

A construção do Campanile original iniciou-se no século IX, perdurando até o século XII. Tem 98,5 mts. De altura e é o prédio mais alto de Veneza.

O aspecto atual do Campanile é uma réplica exata do original. Ele colapsou em 14 de Julho de 1902, não fazendo qualquer vitima.

Sua reconstrução iniciou-se em 1903 por ordem de São Pio X, enquanto cardeal de Veneza e finalizou no 25 de abril de 1912.

Na torre existiam 5 grandes sinos:

* O maior, "La Marangona" dobrava pela manhã e pela tarde anunciando o principio e o fim do dia de trabalho, e tocava também para as reuniões do Conselho no Palacio dos Doges. Este Sino sobreviveu ao colapso da torre em 1902, e foi reinstalado, na nova torre. Atualmente ele toca em verão durante o dia de meia em meia hora para alegria dos Venezianos e dos visitantes da cidade.

* O Segundo, "La Trottiéra" que chamava no Séc. XIV os magistrados para as reuniões no Palácio Ducal.

* O terceiro, "La Nona" que dobrava à nona hora, meio-dia.

* quarto "La Mezza Terza, o dei Pregádi" que chamava os senadores ao palácio.

* O quinto e menor sino era "La Renghiéra (o maleficio)" que anunciava as condenações à morte.

Notre-Dame e Colônia duas catedrais co-irmãs como um par de asas

Notre-Dame no outono
A Igreja, sempre sábia e sempre única no supra-sumo de sua sabedoria, proíbe de se fazer comparação de santo com santo. Porque todo santo é incomparável.

Por razões análogas, é um pouco impróprio comparar certos monumentos góticos uns com os outros.

E, portanto, comparar Notre-Dame com a catedral de Colônia.

É a Cristandade que fez essas catedrais. O que inspirou aqueles monumentos foi o Sangue que Cristo Nosso Senhor derramou na Cruz, e as lágrimas que Maria chorou. Isto é que de fato produziu as catedrais e a outras maravilhas. O resto são pormenores.

Sem fazer a menor comparação entre povo francês e povo alemão, eu olho para a fachada de Notre-Dame e me extasio!

Tão bem arranjada, tão simétrica!

Nela, a fantasia e a boa ordem se completam, o rigor da lógica floresce num sorriso cheio de distinção.

A Catedral parece dizer:

“Olha, o ponto final da harmonia, da beleza, da dignidade... Procure pela terra inteira, a ver se encontras mais longe, e tu não encontrarás!”

E a gente olha, e diz da Catedral o que a Escritura diz de Jerusalém:

“Eis a cidade de uma beleza perfeita, alegria do muito inteiro. Eis a Catedral de uma beleza perfeita, alegria do mundo inteiro!”

Colônia é muito bonita.

Mas, se fossem me perguntar se ela é tão bonita quanto Notre-Dame, eu não optaria por Colônia. Eu diria: “indiscutivelmente é Notre-Dame”.

Entretanto, tudo bem pesado, eu digo: “é discutível que seja Notre-Dame”. Por causa de um ponto só. Mas, esse ponto só, supera Notre-Dame de tal maneira, que a gente fica sem saber o que dizer. E é o seguinte.

Aquelas torres de Colônia se levantam do chão com um élan, e se lançam para o ar com uma altaneria, tão inesperadamente, que a vontade da gente é perguntar: “Quereis voar?!”

Elas proclamam uma tal vitória do homem sobre a lei da gravidade!

A lei da gravidade atrai o homem para baixo, torna pesados os seus movimentos, torna difícil a vida. Essa lei fica esmagada nesse movimento audacioso de alma desejando o inimaginável. E esse impulso da alma é mais belo do que tudo quanto em Notre-Dame foi imaginado e realizado.

Colônia não é a harmonia perfeita, a simetria incomparável, a proporção entre o chão e o edifício.

É o esplendor da desproporção, daquilo que se arranca não por subversão, mas por superação, se arranca a todas as regras e as transcende, e diz: “Positivamente! Universo, com tuas lindas regras, eu te venero, eu te quero, eu faço parte de ti, mas de dentro de ti eu levanto a mão até o Autor do universo!”

Quem no mundo tem autoridade para criticar um monumento como o de Colônia?

Colonia, par de asas subindo ao céuEntretanto, eu gostaria que aquelas torres fossem mais distantes um pouco uma das outras. Que houvesse um pouco mais de lugar para a fachada. Aquilo parece um pouco apertado. Por causa disso, janelas, vitrais, tudo é um pouco apertado também.

Quando eu comparo Colônia com aquele espaço harmoniosamente preenchido por Notre-Dame, eu digo: “Mas, Notre-Dame tem outro estar à vontade do que essa Catedral que parece estar posta num colete. Linda! Tão bonita que a gente teria vontade de tirá-la do colete!”

Mas, mas, mas... aquelas duas torres tão próximas uma da outra parecem um par de asas subindo para o céu...

O meu comentário seria: nunca dos nuncas um avião subiu tão alto.

Todos nós já voamos a dez mil metros. Olhamos para a terra... O que é aquilo? É a minha sepultura, se eu cair. Não é outra coisa senão aquilo.

Agora, olhamos para a Catedral e dizemos: “Aquilo toca no Céu”. Porque ali é a alma humana que tem a sensação do Céu que foi tocado.

As catedrais de Notre-Dame e São Pedro comparadas por uma grã-duquesa russa

Notre-Dame, nave central
No século XVIII, a grã-duquesa da Rússia Maria Feodorovna fez sua viagem de bodas na Europa Ocidental com seu esposo, o futuro imperador Paulo I da Rússia. O casal viajava de “incógnito” ‒ quer dizer, não oficialmente ‒ e usava os nomes de Conde e Condessa du Nord. A baronesa de Oberkirch, nobre francesa que escreveu Memórias famosas, ia junto como dama de companhia.

A grã-duquesa russa ‒ que era cismática ‒ comparou a Basílica de São Pedro e a catedral de Notre-Dame. A baronesa de Oberkirch recolheu o comentário:

Em São Pedro de Roma, dizia a grã-duquesa, é-se esmagado pela beleza, pela elevação e pela majestade da nave da igreja. Parece que não se ousa rezar ao Ser Todo Poderoso ao qual os homens levantaram um templo de tão alta categoria. Deus aparece aí alto demais e longínquo demais. Em Notre-Dame, pelo contrário, o mistério, essa obscuridade dos vitrais, essa arquitetura dos séculos em que a religião tinha todo o seu poder, imprime o recolhimento e o amor. Tem-se a esperança de ser ouvido por Deus e a certeza de ser atendido. Ama-se, espera-se. Eis, pelo menos, o que eu senti nas duas igrejas.
São Pedro interiorRealmente são duas igrejas completamente diferentes. Quando vi pela primeira vez a igreja de São Pedro tive certa surpresa, julgando-a muito menor do que eu imaginava. Mas é porque eu estou com meus padrões deteriorados pelos apartamentos de São Paulo.

Mas houve uma preocupação de disfarçar a altura dela. Porque naquele tempo, em que o materialismo não havia feito o progresso que fez em nossos dias, era bonito realçar a proporção e esconder o tamanho.

Porque o tamanho é matéria e a proporção é espírito. O espírito deve dominar a matéria.

Mas a igreja de São Pedro é toda influenciada pela Renascença. E, portanto, do ponto de vista artístico, é uma reapresentação no século XVI de elementos de beleza clássica que não tem, absolutamente, o espírito católico da Idade Média.

A basílica de São Pedro é composta.

Sua pompa está à altura do que os homens podem dispor para venerar a Sé de Pedro e ser, nesse sentido, a primeira igreja da Cristandade. Mas o homem não tem aí a sensação de proximidade de Deus que tem na catedral de Notre-Dame de Paris.

A impressão da Condessa du Nord poderia ser traduzida assim:

Na igreja de São Pedro há uma tentativa de o homem elevar-se num esforço de piedade, até Deus.

Notre Dame, capela Santissimo SacramentoNa igreja de Notre-Dame eu vejo Deus que desce até os homens. Por causa disso, a proximidade de Deus é muito maior na catedral Notre-Dame do que na igreja de São Pedro.

Deus está mais próximo do homem em Notre-Dame. Então, Notre-Dame tem mais grandeza do que uma igreja maior que ele fez como uma escada para tentar chegar até Ele.

Mas acontece que a Comtesse du Nord era herdeira de um trono e tinha obrigação de não criar problema com os católicos, nem com a Santa Sé, em sua viagem e seus comentários.

Então, ela não faz uma crítica à igreja de São Pedro, a não ser indireta. Vemos aqui o estilo diplomático do tempo.

Ela faz isso com enorme delicadeza e prudência.

São PedroComeça dizendo um elogio: que São Pedro tem tanta beleza que esmaga. Mas, acaba dizendo, jeitosamente, que a nave é esmagadora.

A idéia da escalada do homem até Deus está jeitosamente insinuada. O homem fez um edifício tão grande, tão magnífico, que dá medo de Deus. É uma tendência a subir até Deus, mas que amedronta.

Mas depois ela faz o elogio de Notre-Dame:
Em Notre-Dame, pelo contrário, esse mistério, essa obscuridade dos vitrais, essa arquitetura dos séculos, quando a religião tinha tanto poder imprime o recolhimento e o amor.
É a igreja perfeita. Mas ela diz “pelo contrário”. Notre-Dame, ao contrário de São Pedro, imprime recolhimento e amor.

Então, ela passou a descalçadeira na igreja de São Pedro e fez um grande elogio na catedral de Notre-Dame. Tomou partido em termos tão leves, tão delicados, tão femininos e tão diplomáticos que não se comprometeu com nada.

Savoir dire. Encantos da tradição católica quando ela se exprimia em Língua francesa.

O gótico é fruto de séculos de pregação dos santos

Asís
Quando há uma sociedade que vive em uníssono, e que deseja muito uma mesma coisa, aparecem os artistas que, imbuídos do mesmo desejo, fazem o que a sociedade quer.

A obra de arte é uma consonância de um homem, ou de alguns homens, dotados de um talento especial para fazer o que a sociedade deseja.

Então, quem fez o gótico?

A prática da religião assídua, séria, reta, por séculos, levou as almas a desejarem o gótico.

Em certo momento, quando o artista primeiro, que não se sabe qual é, começou a desenhar o gótico, todo o mundo disse: “É mesmo!”

E o gótico se espalhou pelo mundo inteiro. É que ele era o desejado.

Torre Saint-JacquesO gótico são séculos e séculos e séculos de pregação feita pelos santos.

Através do românico, os artistas foram forcejando o romano para acabar dando no gótico.

O gótico está em gestação no românico.

E nasceu quando as primeiras ogivas floresceram.



O espírito épico deu alma às catedrais medievais

Beauvais, catedral São Pedro
O espírito épico é como um prisma que permite interpretar a Idade Média.

Os historiadores hodiernos, entretanto não sabem discerni-lo. E nos seus relatos esse espírito épico está volatilizado.

Entretanto, este é verdadeiramente o prisma para estudar a Idade Média.

Cada vez mais nós estamos caindo em estudos de caráter puramente historicista, e econômico, e político. Mas desprovidos de alma.

O resultado é que o aluno sente confusamente que o historiador no pegou o fundo da coisa, não entendeu a alma da Idade Média. Então, o estudo fica cassetérrimo.

Os medievais trabalhavam com espírito épico. Esse espírito está presente até na hora de fazer um campanário ou uma catedral.

Eles, então, faziam uma obra para lá de arrojada em relação aos meios do tempo.

Não só arrojada como proporções, mas arrojada como qualidade.

Reims, pórtico interior da nave centralPor exemplo, nunca antes deles houve quem se entregasse ao ideal de transformar uma pedra numa renda.

A renda e a pedra são dois extremos opostos. Transformar pedra em renda é um arrojo medieval.

Como também pegar um pedaço de Céu e fixá-lo numa parede criando um vitral.

Esse foi outro dos muitos arrojos medievais.

Onde está o épico da catedral ou do vitral? Em construí-los desinteressadamente, com o único intuito de dar glória a um ideal.

Eles agiam como uma formiguinha que arrasta pedras para que esse ideal de beleza vencesse.

E o faziam com entusiasmo.

Assim realizavam algo quase inverossímil. Nisto está precisamente o épico.

É o épico, porque é uma coisa que exige um esforço levado ao máximo, para um ideal que está no extremo limite do concebível pelo homem, com uma desproporção de meios tremenda, e um desinteresse completo.

Aí está a definição seca, arqueológica e esquelética, mas verdadeira, do épico medieval.

E do épico bem entendido de todas as épocas.

(Fonte: Plinio Corrêa de Oliveira, 10 de abril de 1972. Sem revisão do autor)



Se a catedral de Notre Dame falasse, o quê diria?


Como seria a catedral de Notre Dame se ela pudesse ter sentimentos e falar?

Ela sem dúvida não seria do tipo de pessoa que ri a toda hora. Mas seria do tipo de homem que tem dentro da alma, uma forma de grandeza e de bem-estar que pode coexistir com os maiores tormentos e as maiores angústias.

É um estado de elevação, de sublimidade, de afabilidade, de benignidade. Com esse estado ele se sente capaz de todas as grandezas; desde as maiores até as menores.

Contra o mal, o feio e o ruim ele se sente capaz de todas as intransigências; das maiores às mais miúdas.

Mas, também, de todas as paciências, bondades, flexibilidades, adaptabilidades ao que não é mal. Porque, ao mal, ele resiste sempre, luta sempre, não dá nem tréguas nem quartel. Mas é capaz de todas as formas de afabilidade, de transigência, de bondade muda, para aquele que não é mau.

Por detrás desse estado de espírito encontra-se a verdadeira alegria. Que não é a vontade de rir, mas é sentir-se em harmonia com Deus Nosso Senhor. Sentir-se na estatura própria à sua alma, e na realização da tarefa própria à sua alma.

Notre Dame é feita de seriedade, gravidade, afabilidade e serenidade. Ela sorri, mas sorri pouco. Choura, mas, também, chora pouco. Ela tem a estabilidade da alma verdadeiramente católica.

Esse estado de espírito só a visão sobrenatural dá. Ele transforma a alma num verdadeiro sacrário.

Esse estado de espírito atrai veneração e ternura. Ele enleva os homens.

Mas é, precisamente, esse estado de espírito que o mundo revolucionário e igualitário contemporâneo abomina. Ele odeia, evita a companhia de quem é assim, se desagrada em olhar quem é assim. Porque ele deve prefere uma desordem permanente. Ele quer qualquer coisa menos isso.

Se for para ser chorão, ele chora; se for para ser mole, ele é mole. Se for para ser violento, ele é violento; se for ser palhaço, ele é. Moles, chorões, violentos, palhaços, por mais diferentes que sejam, acabam se adaptando entre si.

Se a Catedral de Notre Dame tivesse pensamento e pudesse pensar e sentir por si própria, ela sentiria seu ambiente todo recolhido, sobrenatural, com aquela luz tanizada por vitrais, com aquela sacalidade entre as várias naves que sobem, com aquela retidão, aquela esguia que vai para cima, com a força daquelas colunas, com a resistência daquele granito.

Aquela catedral sentiria, em si, esse bem-estar.

É porque habita nela um espírito temperante. Quer dizer, a súmula de tudo quanto é de bom espírito.

Isso dá uma estabilidade altaneira, mas tranqüila, que não tem medo das convulsões e que é toda voltada para a eternidade.

Esse é o perfil moral e psicológico da catedral de Notre Dame.

(Fonte: Plinio Corrêa de Oliveira, 20/6/67. Sem revisão do autor.)

O altar da catedral de SCHLESWIG: Reminiscência gótica com acentuada nota teológica


Na foto ao lado vemos o retábulo do altar da catedral de Schleswig, cidade do antigo ducado de Schleswig-Holstein –– uma “língua de terra” que une a Alemanha à Dinamarca.

Nessa região, havia vários pequenos Estados independentes. Era o bom costume germânico, vigente no Sacro Império Romano Alemão, onde o Estado não era centralizado, mas rico em autonomias de vários tipos.

Schleswig era uma pequena zona gozando de uma quase soberania, que tinnha uma igreja contendo essa maravilha.

Esse altar consta de vários elementos, como o supedâneo circular, a mesa com o famoso tríptico e uma gradezinha bem graciosa (foto ao lado).

O retábulo não pode mais ser qualificado simplesmente como gótico, mas apresenta reminiscências do gótico flamboyant.

Nele encontramos arcadas, e dentro delas dosséis nos quais se nota vaga influência gótica.

Os arabescos reportam-se ao estilo gótico já decadente, constituem eles um conjunto pesado demais para a parte de baixo. São os desequilíbrios dos temos modernos que começam a se manifestar.

Apesar disso, à primeira vista, fica-se encantado com a impressão causada pelo altar. Analisando sua base, sente-se uma certa estranheza, ela é pouco congruente com o que aparece acima.

Mas, após essa primeira impressão, as coisas se equilibram em nosso espírito, pois parece ter havido a intenção de criar um equilíbrio inverossímil, e assim viola-se um tanto as exigências de um verdadeiro equilíbrio.

Apesar disso nota-se a boa ordenação no seguinte: acima da base, a parte superior vai se tornando mais leve, e nela encontram-se os santos, além de um altar para Nossa Senhora; e no alto Nosso Senhor Jesus Cristo, sob um dossel que termina em forma de ponta.

Na reminiscência gótica, notam-se elementos pesados, aos quais se supõe outros que vão se tornando mais leves. Com uma nota muito teológica, porque Nossa Senhora paira como Rainha no meio de todos os santos.

E Nosso Senhor Jesus Cristo colocado sob um dossel está por cima de todas as ordens possíveis, sobressaindo como se encontra no Céu.


BURGOS: majestade, sobriedade e esplendor


Que ordem, que linha!

Todas as coisas que são harmônicas devem ser dominadas por um ponto central.

Vejam como essa imagem domina absolutamente, na sua simplicidade, todo esse ambiente. Tudo é feito para olhar para ela.

Ela está num muro completamente liso. Em torno dela não há floreios, não há nada: é de uma austeridade enorme.

Mas a moldura é riquíssima.

As molduras de cada uma dessas ogivas, que verdadeira beleza!

Na galeria que talvez dê para o claustro, o teto é muito simples, mas as nervuras são lindas.

O teto deve ser simples para se notarem as nervuras. A luz -- é uma coisa tão banal a luz do dia, não é? -- se torna nobre e mística passando por essas janelas!

Dentro da sobriedade espanhola cabe o esplendor.

Nas estalas do coro o cabido recita Ofício. Em cada um desses bancos senta-se um cônego. Em geral nas salas de cabido da Idade Média se realizavam fatos históricos.

O trabalho de escultura em madeira é simplesmente maravilhoso! O corrimão, que beleza!

Eu chamo a atenção para as colunas repletas de imagens de Santos, com dosséis todos ricamente esculpidos. Não há o que dizer.

A famosa escadaria da catedral, a meu ver, é a mais bonita escada do mundo. Vejam que categoria!

Como escada não é possível ser mais bonita.

(Fonte: Plinio Corrêa de Oliveira, palestra em 2.9.72. Sem revisão do autor.)

Hierarquia de trabalhos e sacralidade na catedral de BURGOS


Na catedral de Burgos se percebe bem o valor conjunto de três trabalhos humanos:

‒ o trabalho manual de quem esculpiu isso,

‒ o trabalho artístico de quem desenhou,

‒ o trabalho diretivo de quem resolveu fazer a catedral, encomendou os desenhos.

Qual dos três trabalhos é o mais nobre?

A catedral foi construída pelo rei de Castela São Fernando III. Quer dizer, foi um grande Santo exercendo sua capacidade ordenativa.

Burgos catedral vista geral.Do ponto de vista da nobreza de todas as coisas vistas a partir de Deus, evidentemente o trabalho ordenativo é o mais nobre. O mais modesto desses trabalhos é o manual.

Entretanto, Nosso Senhor Jesus Cristo trabalhou com Suas próprias mãos. E foi, portanto, um artesão, de tal maneira Ele enobreceu mesmo o trabalho que por sua natureza é menos nobre.

Na catedral de Burgos, os senhores têm Deus como Criador e Governador do universo é representado por São Fernando.

Depois, Deus enquanto Autor de toda beleza, é representado por quem fez os desenhos.

E Deus enquanto força do universo, por onde tudo se constitui e tudo se mantém segundo os planos da Sabedoria dEle, é representado pelo trabalhador manual.

(Fonte: Plinio Corrêa de Oliveira, palestra em 2.9.72. Sem revisão do autor.)

A catedral de BURGOS: a força e a eternidade de Deus


As torres da Catedral de Burgos, na Espanha, têm um encanto indefinível. São altaneiras e emulam uma com a outra para galgar o céu.

Todas as paredes da catedral são forradas de quadros que representam cenas da Escritura, ou de vidas de Santos, episódios da História da Igreja, etc.

O teto como é muito bem trabalho e bem pintado. E do mesmo modo as três naves e, no fundo, o altar mor, o púlpito, que ainda se conserva.

A pedra tem uma nobreza intrínseca, que é indefinível e vem da durabilidade, da seriedade, da força.

O trabalho feito sobre a pedra atesta melhor a capacidade não só do estatuário como do escultor.

Por exemplo, numa renda: a renda é bonita, mas uma renda de pedra, como as da catedral de Burgos são mais bonitas que as feitas em tecido ou pintadas.

Não é só o trabalho que deu: é a força e o encanto da pedra que é símbolo da força e da eternidade de Deus.

Entre um feixe de colunas góticas aparecem grades bonitas encimadas por símbolos heráldicos.

O olhar atravessa elementos diversos, que ao mesmo tempo estão em contraste e são agradáveis de ver. Isso faz o encanto: é uma continuidade na variedade. Há muita continuidade e muita variedade.

Se em lugar de pedra a renda fosse de gesso, teria se tirado moldes, e se teriam feito 500 catedrais com o mesmo trabalho de gesso em 500 cidades de continentes diferentes.

Os senhores estariam olhando para isso essa repetição infindável feita de gesso? Não, já teriam desviado os olhos.



As torres inconclusas de Notre Dame

Por mais que se tente completar as torres de Notre-Dame — talvez um grande arquiteto consiga — não se chega a nenhuma solução satisfatória.

Isso quer dizer que, à maneira de negação, tem-se uma certa noção da torre que se poria lá. Mas não é nenhuma das que cogitamos.

O que tem a catedral de Notre-Dame que a mim me delicia, me subjuga e me assume, é que aquilo, como está, é tão bonito, que se diria que não se pode pôr nada mais além daquilo.

Ora, era para pôr! Logo, o acréscimo tem que ser um bonito na linha gótica.

Tem que ser a culminância perfeita que daria toda a beleza da catedral.

Quem o fizer merece um prêmio.

Olhando para as torres inconclusas percebe-se que seria possível haver uma culminância suprema, mas que não é como nenhuma das torres que habitualmente se poriam.

Olhando para as torres nós podemos apanhar apenas uma insinuação de como elas deveriam ser, se bem feitas.

Agindo assim, nós temos algo à maneira de um conhecimento metafísico.

E nós conhecemos essas torres ideais que não foram feitas mais à maneira de negação, dizendo: “Não, não seria esta; não seria aquela, não seria aquela outra”.

E assim nós nos formamos uma idéia de como elas seriam.

E isso nos entusiasma.

Esse entusiasmo pelo que conhecemos apenas negativamente nos dá algo da centelha do absoluto refletindo nas torres inacabadas da catedral de Paris.

O arquiteto Viollet-le-Duc em ponto pequeno, percebeu algo desse absoluto na hora de restaurar a agulha da catedral e cuja altura aumentou.


Não se atreveu, porém a completar as torres da fachada.

Nota: Eugène Viollet-le-Duc (18141879), arquiteto francês, restaurou um grande número de monumentos da Idade Média.



Fonte: “A inocência primeva e a contemplação sacral do universo no pensamento de Plinio Corrêa de Oliveira”, Instituto Plinio Corrêa de Oliveira, São Paulo, 2008.



Quero receber 'Catedrais Medievais' no meu Email gratuitamente

Estrasburgo: “Quem lhe disse isso?” ‒ “A própria torre!”


Das Memórias do grande poeta alemão Goethe:

Um outro fatinho me roubou os últimos dias. Eu estava numa casa de campo, em companhia de pessoas agradáveis, e dali se podia ver a parte anterior de um convento e a torre [da catedral de Estrasburgo] que sobressaía majestosamente.

Alguém comentou: “Pena que não está tudo terminado e que só tenhamos a torre para ver!”

Eu, porém, disse: “Também me causa pena que não se possa apreciar essa torre inteiramente; pois as quatro volutas são muito desajeitadas e melhor seria que houvesse, no lugar delas, quatro torrezinhas esguias, bem como uma mais alta no meio, onde está aquela cruz pesadona”.

Quando fiz esse comentário com minha costumeira simplicidade, um homenzinho vivaz se voltou para mim e disse:

‒ “Quem lhe disse isso?”

Respondi: “A própria torre! Eu a tenho contemplado tantas vezes, com tanta atenção, e lhe tenho demonstrado tanta veneração, que ela um dia me confessou esse segredo evidente”.

Então, aquele homenzinho me replicou:

‒ “Ela o informou com toda a exatidão! Eu sei isso muito bem, pois sou o encarregado da construção do edifício. Tenho em meus arquivos a planta original e esta confirma o que o senhor diz, e posso mostrar-lhe”.

Por causa da minha viagem, pedi que ele fizesse aquela amabilidade a todo vapor.

Ele mandou trazer a planta valiosa.

Reconheci imediatamente as torrezinhas que faltavam e que estavam desenhadas a óleo na planta e lamentei não ter sido informado disso antes.

Mas comigo acontece sempre isso: quando contemplo e analiso as coisas, só muito depois e com muito esforço é que chego a um conceito princeps que não me seria tão notável e frutífero quanto se o tivessem explicitado antes para mim!


Fonte: Johann Wolfgang von Goethe, das memórias autobiográficas, publicadas sob o título Dichtung und Wahrheit (Poesia e verdade), in Goethe – Werke in vier Bünden, Caesar Verlag, Salzburg, 1983, vol. 1, Parte III, Livro 11, p. 190. Apud “A inocência primeva e a contemplação sacral do universo no pensamento de Plinio Corrêa de Oliveira”, Instituto Plinio Corrêa de Oliveira, São Paulo, 2008, p. 50.

catedral de PARIS: síntese e requinte da Cristandade

No seu livro best-seller Ugly as Sin — Feias como o pecado — Michael S. Rose, jovem arquiteto americano, doutor em Belas Artes pela Brown University (EUA) apresenta a catedral Notre Dame de Paris como a jóia-da-coroa da Cidade Luz.

Para ele, a catedral é o verdadeiro epicentro, a alma da capital francesa.

Solene e maternal, ela irradia sua influência a partir da Île de la Cité, como uma grande dama a partir do palácio, no centro do seu feudo.

Ela é a representação do Cristianismo na sua plenitude e autenticidade: desde o império universal de Nosso Senhor Jesus Cristo até os sofrimentos dos precitos no inferno.

Nela, o peregrino percebe a luta entre o bem e o mal, o contraste entre o sagrado e o profano, a desigualdade entre o eterno e o passageiro.

Notre Dame, sublinha Michel Rose, é arte no sentido mais nobre do termo. É arquitetura da mais alta classe, um “lugar sagrado” que espelha as realidades eternas.

Ela é, antes de tudo, a casa onde Deus habita na Terra. Assim a Idade Média via Deus.


Fonte:http://catedraismedievais.blogspot.com/

Difusão da Missa Tridentina no mundo

Cardinal Pell's Solemn Pontifical Mass

Our Australian friends made certain to send some images our way from the solemn pontifical Mass celebrated by Cardinal Pell in his Cathedral today.























A few more photos from Berlin

Further to our post of the other day of the ordination of a new priest for the German-based Insitute of St. Philip Neri, they now have photos up of that young priests first Mass: a requiem Mass.

Here are a few, please see the site for the rest. (All photos copyright Cathrin Bach)



First images from CIEL in Rome

I'm expecting to get some official images from CIEL France itself, as well as a report on the conference from them, all of which will be posted here on the NLM, but in the meantime I had a sense that Mr. J.P. Sonnen of Orbis Catholicus would not let us down, being that he has the great privilege of being in Rome:

Solemn Mass in the Basilica of Santa Maria Maggiore in one of the chapels. Msgr. Camille Perl, long-time secretary of the Ecclesia Dei Commission was celebrant.







Images from other liturgies:

Mass offered by the head of the ICRSS:



Mass offered at the tomb of Blessed John XXIII by Dom Louis Marie, Abbot of Le Barroux, in the Vatican Basilica:



Mass offered at the altar of St. Gregory the Great in the Vatican Basilica:



Pontifical Low Mass offered by a French Bishop at the Altar of St. Joseph in the Vatican Basilica -- it was estimated that over 200 people attended this Low Mass:

The Society of St. Hugh of Cluny and Seminarians of Holy Apostles Seminary

The Society of St. Hugh of Cluny sent me information on some spectacular pictures they have up: Immaculate Conception Parish Reintroduces Traditional Latin Mass

" A Missa Cantata was celebrated in the magnificent surroundings of the Church of the Immaculate Conception, Waterbury. The vast Roman-style edifice was filled with worshippers... Seminarians from Holy Apostles Seminary, Cromwell, CT, provided the splendid chant for the Mass."

The Mass was celebrated by Fr. Richard Cipolla





Cardinal Castrillon Hoyos in St. Ivo alla Sapienza

ORBIS CATHOLICVS has a photo report up on the Pontifical Mass of Cardinal Castrillon Hoyos in St. Ivo alla Sapienza by Borromini. He tells us that the Mass setting was Palestrina's Missa Regina Coeli. Just a couple of photos:





We are informed one of the Canons of the Cathedral of Milan served in a liturgical capacity, and members of the Oratory, the Canons Regular of the New Jerusalem, the Norbertines, and even the SSPX in Rome, were present at the Mass.

Our Lady of the Annunciation of Clear Creek celebra Missa Tridentina









Our Lady of the Annunciation of Clear Creek is a monastic foundation of the French Abbey Notre Dame de Fontgombault, itself a foundation of Saint Pierre de Solesmes. (See Origins for a complete history.)

Over the years Solesmes started new monasteries, one of which was the Abbey of Fontgombault, restored to monastic life in 1948. Fontgombault in turn, after having sent monks to three monasteries in France, has now started one in Oklahoma in response to the gracious invitation of His Excellency Edward Slattery, Bishop of Tulsa.


Monasteries which are members of the Solesmes Congregation, as are Fontgombault and Clear Creek, in order to better to cultivate the essential of their vocation, that is, the life of prayer, do not assume pastoral charge of parishes nor run schools. But in the Rule of Saint Benedict, hospitality has an important place, and Benedictine tradition has always considered this to be a part of the monastery's role in the Church. So, besides their deep communion with the life of the Church and their prayer for all, the monks of Clear Creek receive guests for retreats and help the faithful participate in their life of prayer and recollection, especially through the Divine Office.

It is indeed a part of the Solesmes tradition to cultivate a solemn, public liturgical Office. The monks of Clear Creek celebrate God's glory in Latin, so appropriate to give an idea of God's majesty, a sense of the sacred. Thus the monks exploit the riches developed over centuries in the Church's liturgy and cultivate Gregorian Chant.

Two other main features of the Solesmes Congregation and which the monks of Clear Creek will strive to fully live must be noted: deep fidelity to the Holy See and devotion to the Virgin Mary.

Benedictine Life

Saint Benedict, the patriarch of western monks, lived in Italy in the 6th century. He was heir to a monastic tradition that dates back to the first centuries of the Church and has its source in the Gospel: "As for yourselves," says Jesus, "be perfect as your heavenly Father is perfect." The evangelical counsels of poverty, chastity, and obedience are means recommended by Christ for speeding the reign of love in souls, in which Christian perfection consists. To help them become perfect, Saint Benedict proposes to his disciples to seek God by living these counsels in monastic community under the authority of the Rule and of an Abbot who will be their spiritual father. In that framework, the monk seeks God and eternal life by imitating Christ along the paths of humility and obedience, preferring nothing to His love.

It is to favor this quest of the "One Thing Necessary," the essential of spiritual life, that the monk lives in the silence and the enclose of a monastery, because the world's agitation and noise can only trouble the soul's recollection.

The monk's day is centered on the Liturgy and the Divine Office, whose heart is the holy Sacrifice of the Mass, for there he finds the highest expression of his prayer and God's greatest glory. Outside of these times singing together the Lord's praise, the monk is engaged in more personal prayer, in study, and in the tasks that obedience assigns him.

Clear Creek monastery is especially dedicated to the Virgin Mary in the mystery of the Annunciation and to Mary's total, loving response to God's plan: "Behold the servant of the Lord; let it be done to me according to Thy word" (Lk 1:38).

Visitors are welcome at low and conventual Masses and at most of the
canonical hours.

Fonte:http://www.clearcreekmonks.org/aboutcc.htm

MONSEÑOR POZZO: EL MOTU PROPRIO SUMMORUM PONTIFICUM NO ES UNA CONCESIÓN HECHA A LOS FIELES, SINO UN DERECHO...


* Entrevista concedida por Monseñor Guido Pozzo, Secretario de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei , a "L´homme noveau":

¿Cómo evalúa usted la aplicación del motu propio Summorum Pontificum hoy en el mundo, en Europa y particularmente en Francia?
De modo general me parece que a dos años de la publicación de Summorum Pontificum la situación está más bien diversificada. Generalizar o simplificar sería injusto. Quizás en Francia y en la zona centro-norte de Europa los problemas son más agudos, pero en un periodo transitorio, las reacciones de orden psicológico y los interrogantes son comprensibles. Las dificultades de responder a las exigencias de los fieles que demandan la celebración de la Santa Misa en la Forma Extraordinaria son debidas a veces a actitudes de hostilidad o a prejuicios, otras a obstáculos de orden práctico, como el número insuficiente del clero, la dificultad de encontrar sacerdotes capaces de celebrar dignamente según el rito antiguo. Por otra parte, cuesta trabajo ver cómo se puede armonizar con la pastoral y la catequesis habituales en las parroquias. Está claro que los obispos y los sacerdotes están llamados a acoger positivamente las legítimas exigencias de los fieles, según las normas establecidas por el Motu Proprio, ya que no se trata de una concesión hecha a los fieles, sino de un derecho de los fieles de poder acceder a la liturgia gregoriana. Por otra parte, es evidente que hay que ser realista y obrar con el tacto necesario, porque se trata también de hacer una labor de formación y de educación en la perspectiva introducida por el Papa Benedicto XVI con Summorum Pontificum. Estamos invitados a considerar las dos formas (de la liturgia) como dos usos de un único rito litúrgico, y por lo tanto a no verlos en oposición, sino al contrario, como expresión de la unidad sustancial de la liturgia. Estamos todos llamados a recibir la "forma mentis" sobre la cual se funda el Motu Proprio: siendo siempre prioritaria la continuidad de la historia de fe de la Iglesia ("lex credendi" y "lex orandi"). La renovación del Concilio Vaticano II debe comprenderse en continuidad con la tradición doctrinal de la Iglesia. En la historia de la liturgia, hay crecimiento y desarrollo interiores, pero hay que rechazar toda ruptura o discontinuidad con el pasado. El patrimonio y el tesoro espiritual de la riqueza litúrgica incluídos en la forma antigua del misal romano, visibles de manera especial en el uso antiguo del rito, no deben quedarse al margen de la vida eclesial, sino que deben ser justamente promovidos y apreciados en las diócesis y en las diversas realidades eclesiales.

Muchas demandas de misas según la forma extraordinaria, parecen no poder desarrollarse en razón a una negativa de los sacerdotes o de los obispos. ¿Hay posibilidad de un recurso ante su Comisión?
El procedimiento indicado opr el Motu Proprio debe ser respetado. Los fieles deben ante todo dirigirse al sacerdote y, si hay dificultades, al obispo. Es solamente en el caso de que surjan objecciones o impedimientos de parte del obispo para la aplicación del motu proprio que los fieles pueden acudir a la Pontificia Comisión Ecclesia Dei; por otra parte el obispo mismo puede dirigirse a la Comisión, a propósito de las dificultades que puedan surgir por diversos motivos, a fin de que la Comisión pueda ofrecer su ayuda y sus sugerencias. Hay sin embargo que precisar que la forma de proceder de la Comisión es institucional, como en cualquier otro organismo de la Curia romana. Los interlocutores de la Comisión son los Ordinarios, obispos y superiores religiosos. Los fieles que lo juzguen oportuno pueden enviar informaciones y señalar eventuales problemas y dificultades a la Pontificia Comisión, la cual se reserva por su parte la decisión de decidir si y de que forma hay que proceder, en contacto con el Ordinario del lugar.

Un documento de interpretación del Motu Proprio había sido anunciado hace varios meses. ¿Aparecerá próximamente?
En el artículo 11 del motu proprio se dice, entre otras cosas, que "esta Comisión tiene la forma, los cargos y las normas que el Romano Pontífice quiera atribuirle". Una instrucción debería seguir oportunamente para precisar ciertos aspectos concernientes a la competencia de la Comisión Pontificia y la aplicación de algunas disposiciones normativas. El proyecto está en estudio.

De una manera más general su trabajo ¿se inserta en el marco eventual de una "reforma de la reforma"?
La idea de una "reforma de la reforma litúrgica" ha estado sugerida en varias ocasiones por el que era entonces el Cardenal Ratzinger. Si lo recuerdo bien, el añadía que esta reforma no sería el resultado de un trabajo de despacho de una Comisión de expertos, sino que ella exigiría una maduración en la vida y la realidad eclesial entera.Pienso que en el punto al que hemos llegado, es esencial actuar en la línea que indicaba el Santo Padre en la Carta de presentación del Motu Proprio sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma de 1970, es decir que "las dos formas del uso del rito romano pueden enriquecerse mutuamente" y que "lo que era sagrado para las generaciones anteriores, sigue siendo grande y sagrado para nosotros, y no puede de repente encontrarse totalmente prohibido, incluso ser considerado como nefasto. Es bueno para todos nosotros conservar las riquezas que han crecido en la fe y en la oración de la Iglesia, y darles su justo lugar". Es así como se ha expresado el Santo Padre. Promover esta línea significa por tanto contribuir efectivamente a esta maduración en la vida y en la conciencia litúrgica que podría llevar, en un futuro no muy lejano, a una "reforma de la reforma". Lo que es esencial hoy para recuperar el sentido profundo de la liturgia católica, en los dos usos del misal romano, es el carácter sagrado de la accción litúrgica, el carácter central del sacerdote como mediador entre Dios y el pueblo cristiano, el carácter sacrificial de la Santa Misa, como dimensión primordial de la cual deriva la dimensión de comunión.

Sorprendentemente la Comisión encargada de la aplicación del motu proprio Summorum Pontificum a conservado su nombre debido al precedente motu proprio. ¿Hay alguna razón para esta permanencia?
Soy del parecer que la razón se encuentra en la continuidad substancial de esta institución, teniendo en cuenta la oportunidad de su puesta al día, y de las necesarias integraciones debidas a las contingencias del momento histórico eclesial.

quinta-feira, 19 de novembro de 2009

Pio XII:" Mediator Dei" Natureza do sacrifício eucarístico


SEGUNDA PARTE

O CULTO EUCARÍSTICO

59. O mistério da santíssima eucaristia, instituída pelo sumo sacerdote Jesus Cristo e, por vontade sua, perpetuamente renovada pelos seus ministros, é como a súmula e o centro da religião cristã. Em se tratando do ápice da sagrada liturgia, julgamos oportuno, veneráveis irmãos, deter-nos um pouco, chamando a vossa atenção para esta importantíssima temática.

60. O Cristo Senhor, "sacerdote eterno segundo a ordem de Melquisedeque" (56) "tendo amado os seus que estavam no mundo",(57) "na última ceia, na noite em que foi traído, para deixar à Igreja, sua esposa dileta, um sacrifício visível, como exige a natureza dos homens, o qual representasse o sacrifício cruento que devia cumprir-se na cruz uma só vez, e para que a sua lembrança permanecesse até o fim dos séculos e nos fosse aplicada sua salutar virtude em remissão dos nossos pecados cotidianos... ofereceu a Deus Pai o seu corpo e o seu sangue sob as espécies de pão e de vinho e deu-os aos apóstolos então constituídos sacerdotes do Novo Testamento, para que sob essas mesmas espécies o recebessem, e ordenou a eles e aos seus sucessores no sacerdócio, que o oferecessem".(58)

61. O augusto sacrifício do altar não é, pois, uma pura e simples comemoração da paixão e morte de Jesus Cristo, mas é um verdadeiro e próprio sacrifício, no qual, imolando-se incruentamente, o sumo Sacerdote faz aquilo que fez uma vez sobre a cruz, oferecendo-se todo ao Pai, vítima agradabilíssima. "Uma... e idêntica é a vítima: aquele mesmo, que agora oferece pelo ministério dos sacerdotes, se ofereceu então sobre a cruz; é diferente apenas, o modo de fazer a oferta".(59)

62. Idêntico, pois, é o sacerdote, Jesus Cristo, cuja sagrada pessoa é representada pelo seu ministro. Este, pela consagração sacerdotal recebida, assemelha-se ao sumo Sacerdote e tem o poder de agir em virtude e na pessoa do próprio Cristo;(60) por isso, com sua ação sacerdotal, de certo modo, "empresta a Cristo a sua língua, e lhe oferece a sua mão".(61)

63. Também idêntica é a vítima, isto é, o divino Redentor, segundo a sua humana natureza e na realidade do seu corpo e do seu sangue. Diferente, porém, é o modo pelo qual Cristo é oferecido. Na cruz, com efeito, ele se ofereceu todo a Deus com os seus sofrimentos, e a imolação da vítima foi realizada por meio de morte cruenta livremente sofrida; no altar, ao invés, por causa do estado glorioso de sua natureza humana, "a morte não tem mais domínio sobre ele"(62) e, por conseguinte, não é possível a efusão do sangue; mas a divina sabedoria encontrou o modo admirável de tornar manifesto o sacrifício de nosso Redentor com sinais exteriores que são símbolos de morte. Já que, por meio da transubstanciação do pão no corpo e do vinho no sangue de Cristo, têm-se realmente presentes o seu corpo e o seu sangue; as espécies eucarísticas, sob as quais está presente, simbolizam a cruenta separação do corpo e do sangue. Assim o memorial da sua morte real sobre o Calvário repete-se sempre no sacrifício do altar, porque, por meio de símbolos distintos, se significa e demonstra que Jesus Cristo se encontra em estado de vítima.

64. Idênticos, finalmente, são os fins, dos quais o primeiro é a glorificação de Deus. Do nascimento à morte, Jesus Cristo foi abrasado pelo zelo da glória divina e, da cruz, a oferenda do sangue chegou ao céu em odor de suavidade. E porque este cântico não havia de cessar, no sacrifício eucarístico os membros se unem à Cabeça divina e com ela, com os anjos e os arcanjos, cantam a Deus louvores perenes, (63) dando ao Pai onipotente toda honra e glória.(64)

65. O segundo fim é a ação de graças a Deus. O divino Redentor somente, como Filho de predileção do Eterno Pai de quem conhecia o imenso amor, pôde entoar-lhe um digno cântico de ação de graças. A isso visou e isso desejou "rendendo graças"(65) na última ceia, e não cessou de fazê-lo na cruz, não cessa de realizá-lo no augusto sacrifício do altar, cujo significado é justamente a ação de graças ou eucaristia; e porque isso é "verdadeiramente digno e justo e salutar".(66)

66. O terceiro fim é a expiação e a propiciação. Certamente ninguém, fora Cristo, podia dar a Deus onipotente satisfação adequada pelas culpas do gênero humano; ele, pois, quis imolar-se na cruz, "propiciação pelos nossos pecados, e não somente pelos nossos, mas ainda pelos de todo o mundo".(67) Nos altares se oferece igualmente cada dia pela nossa redenção, afim de que, libertados da eterna condenação, sejamos acolhidos no rebanho dos eleitos. E isso não somente por nós que estamos nesta vida mortal, mas ainda "por todos aqueles que repousam em Cristo, os quais nos precederam com o sinal da fé, e dormem o sono da paz",(68) pois, quer vivamos, quer morramos, "não nos separamos do único Cristo".(69)

67. O quarto fim é a impetração. Filho pródigo, o homem malbaratou e dissipou todos os bens recebidos do Pai celeste, por isso está reduzido à suprema miséria e inanição; da cruz, porém, Cristo, "tendo em alta voz e com lágrimas oferecido orações e súplicas... foi ouvido pela sua piedade",(70) e nos sagrados altares exercita a mesma mediação eficaz; a fim de que sejamos cumulados de toda bênção e graça.

68. Compreende-se, portanto, facilmente, porque o sacrossanto concílio de Trento afirma que com o sacrifício eucarístico nos é aplicada a salutar virtude da cruz para a remissão dos nossos pecados cotidianos.(71)

69. Também o apóstolo das gentes, proclamando a superabundante plenitude e perfeição do sacrifício da cruz, declarou que Cristo com uma só oblação, tornou perfeitos para sempre os santificados.(72) Os infinitos e imensos méritos desse sacrifício, com efeito, não têm limites: estendem-se à universalidade dos homens de todo lugar e de todo tempo, porque, nele, o sacerdote e a vítima é Deus Homem; porque a sua imolação como a sua obediência à vontade do Eterno Pai foi perfeitíssima, e porque foi como Cabeça do gênero humano, que ele quis morrer. "Considera como foi tratado o nosso resgate: Cristo pende do madeiro; vê a que preço comprou; ...derramou o seu sangue, comprou com o seu sangue, com o sangue do Cordeiro imaculado, com o sangue do unigênito Filho de Deus... Quem compra é Cristo, o preço é o sangue, a aquisição é todo o mundo".(73)

70. Esse resgate, porém, não teve logo o seu pleno efeito: é necessário que, depois de haver resgatado o mundo com o elevadíssimo preço de si mesmo, Cristo entre na real e efetiva posse das almas. Conseqüentemente, a fim de que, com o beneplácito de Deus, se cumpra para todos os indivíduos e para todas as gerações até o fim dos séculos, a sua redenção e salvação, é absolutamente necessário que cada um tenha vital contato com o sacrifício da cruz, e assim os méritos que dele derivam lhe sejam transmitidos e aplicados. Pode-se dizer que Cristo construiu no Calvário uma piscina de purificação e de salvação e a encheu com o sangue por ele derramado; mas se os homens não mergulham nas suas ondas e aí não lavam as manchas de sua iniqüidade, não podem certamente ser purificados e salvos.

71. A fim de que, pois, os pecadores individualmente se purifiquem no sangue do Cordeiro, é necessária a colaboração dos fiéis. Se bem que, falando em geral, Cristo haja reconciliado com o Pai por meio da sua morte cruenta todo o gênero humano, quis todavia que todos se aproximassem e fossem conduzidos à cruz por meio dos sacramentos e do sacrifício da eucaristia, para poderem conseguir os frutos salutares por ele granjeados na cruz. Com esta atual e pessoal participação assim como os membros se configuram cada dia mais à sua Cabeça divina, assim também a salvação que vem da Cabeça flui para os membros, de modo que cada um de nós pode repetir as palavras de são Paulo: "Estou crucificado com Cristo na cruz, e vivo não mais eu, mas Cristo vive em mim".(74) Como realmente, em outra ocasião, de propósito e concisamente dissemos, Jesus Cristo enquanto morria na cruz, deu à sua Igreja, sem nenhuma cooperação da parte dela, o imenso tesouro da Redenção; quando, ao invés, se trata de distribuir tal tesouro, não só participa com sua esposa incontaminada desta obra de santificação, mas deseja que tal atividade jorre, de certo modo, por ação dela.(75)

72. O augusto sacrifício do altar é insigne instrumento para aos crentes distribuir os méritos derivados da cruz do divino Redentor: "toda vez que se oferece este sacrifício, cumpre-se a obra da nossa redenção".(76) Isso, porém, longe de diminuir a dignidade do sacrifício cruento, dele faz ressaltar a grandeza, como afirma o concílio de Trento,"(77) e lhe proclama a necessidade. Renovado cada dia, admoesta-nos que não há salvação fora da cruz de nosso Senhor Jesus Cristo;(78) que Deus quer a continuação deste sacrifício "do surgir ao pôr-do-sol", (79) para que não cesse jamais o hino de glorificação e de ação de graças que os homens devem ao Criador, visto que têm necessidade de seu contínuo auxílio e do sangue do Redentor para redimir os pecados que ofendem a sua justiça.

fonte:vaticano

Conferência de Mons. Guido Marini sobre canto litúrgico - parte I




O SILÊNCIO E O CANTO (I)

“Introdução ao Espírito da liturgia” – conferência dada pelo Mestre de celebrações litúrgicas pontifícias, Mons. Guido Marini, no último dia 14 de novembro em Gênova.

É urgente reafirmar o autêntico espírito da liturgia, tal como está presente na ininterrupta tradição da Igreja e testemunhado, em continuidade com o passado, no mais recente magistério: a partir do Concílio Vaticano II até Bento XVI.

Usei a palavra “continuidade”. É uma palavra muito cara ao atual Pontífice, que fez dela o critério autorizado para a única interpretação correta da vida da Igreja e, especialmente, dos documentos conciliares, como também das propostas de reforma de qualquer natureza neles contidas.

E como poderia ser diferente? Acaso se pode imaginar uma Igreja de antes e uma Igreja de depois, como se tivesse sido produzido uma cisão na história do corpo eclesial? Ou acaso se pode afirmar que a Esposa de Cristo viveu, no passado, em um tempo histórico no qual o Espírito não a tenha assistido, de modo que este tempo deva ser esquecido e cancelado?

Com efeito, às vezes, alguns dão a impressão de aderir àquilo que se pode correta e apropriadamente ser definido como uma verdadeira ideologia, ou seja, uma ideia pré-concebida aplicada à história da Igreja e que nada tem a ver com a fé autêntica.

Fruto desta enganosa ideologia é, por exemplo, a recorrente distinção entre Igreja pré-conciliar e Igreja pós-conciliar. Pode até ser legítima uma tal linguagem, mas com a condição de não significar duas Igrejas: uma – a pré-conciliar – que nada mais teria a dizer ou a dar porque estaria irremediavelmente superada; outra – a pós-conciliar – que seria uma realidade nova originada no concílio e num seu pretenso espírito, em ruptura com o seu passado.

O que foi afirmado até aqui a propósito da “continuidade” tem a ver com o tema que somos chamados a discutir? Com certeza. Porque não pode existir o autêntico espírito da liturgia se dela não nos aproximamos com ânimo sereno, sem polêmica acerca do passado, seja remoto ou próximo. A liturgia não pode e não deve ser terreno de colisão entre quem encontra o bem somente naquilo que é anterior a nós e quem, ao contrário, naquilo que é anterior encontra quase sempre o mal.

Somente a disposição para olhar o presente e o passado da liturgia da Igreja como um patrimônio único e em desenvolvimento homogêneo pode nos levar a alcançar com alegria e gosto espiritual o autêntico espírito da liturgia. Um espírito, portanto, que devemos receber da Igreja e que não é fruto de nossas invenções. Um espírito, acrescento, que nos leva ao essencial da liturgia, ou seja, à oração inspirada e guiada pelo Espírito Santo, na qual Cristo continua a se fazer contemporâneo a nós e a entrar na nossa vida. Na verdade o espírito da liturgia é a liturgia do Espírito.

Na medida em que assimilamos o autêntico espírito da liturgia, tornamo-nos capazes de compreender quando uma música ou canto podem pertencer ao patrimônio da música sacra ou litúrgica, e quando não podem. Capazes, em outras palavras, de reconhecer a única música que tem direito de cidadania no interior do rito litúrgico, porque coerente com seu espírito autêntico. Se falamos, no início deste curso, de espírito da liturgia, o fazemos porque somente a partir disto é possível identificar quais são a música e o canto litúrgicos.

Em relação ao tema proposto não pretendo ser exaustivo. Nem mesmo pretendo tratar todos os temas que seria útil enfrentar para se ter uma panorâmica abrangente da questão. Limito-me a considerar alguns aspectos da essência da liturgia, com referência específica à celebração eucarística, da forma como a Igreja no-los apresenta e da forma como pude aprofundar-me neles nestes dois anos de serviço próximo a Bento XVI: um verdadeiro mestre de espírito litúrgico, seja através de seu ensinamento, seja através do exemplo de seu modo de celebrar.

O SILÊNCIO E O CANTO (II)

“Introdução ao Espírito da liturgia” – conferência dada pelo Mestre de celebrações litúrgicas pontifícias, Mons. Guido Marini, no último dia 14 de novembro em Gênova.


A participação ativa

Os santos celebraram e viveram o ato litúrgico dele participando ativamente. A santidade, como resultado de suas vidas, é o testemunho mais belo de uma participação verdadeiramente viva na liturgia da Igreja. Com razão, pois, e também providencialmente, o Concílio Vaticano II insistiu tanto sobre a necessidade de favorecer uma autêntica participação dos fiéis na celebração dos santos mistérios, no momento em que recordou o chamado universal à santidade. Esta indicação autorizada encontrou confirmação pontual e foi reproposta em muitos documentos sucessivos do magistério até os nossos dias.

Todavia, nem sempre se deu uma compreensão correta da “participação ativa”, tal como a Igreja ensina e exorta a vivê-la. É certo que se participa ativamente também quando se realiza, no interior da celebração litúrgica, o serviço que é próprio de cada um; participa-se ativamente também quando se tem uma melhor compreensão da Palavra de Deus escutada e da oração recitada; participa-se ativamente também quando se une a própria voz às vozes dos outros no canto coral... Tudo isto, porém, não significaria participação verdadeiramente ativa se não conduzisse à adoração do mistério da salvação em Cristo Jesus morto e ressuscitado por nós: porque somente quem adora o mistério, acolhendo-o na própria vida, demonstra ter compreendido aquilo que se está celebrando e, portanto, ser verdadeiramente partícipe da graça do ato litúrgico.

A verdadeira ação que se realiza na liturgia é ação do próprio Deus, a sua obra salvífica em Cristo de que nos deu a participar. Esta é, entre outras, a verdadeira novidade da liturgia cristã em relação a todas as outras ações rituais. O próprio Deus age e realiza aquilo que é essencial, enquanto o homem é chamado a abrir-se à ação de Deus a fim de ser transformado. O ponto essencial da participação ativa, consequentemente, é que seja superada a diferença entre o agir de Deus e o nosso agir, que possamos nos tornar uma única coisa com Cristo. Eis porque não é possível participar sem adorar.

Escutemos novamente um trecho da Sacrosanctum concilium: “É por isso que a Igreja procura, solícita e cuidadosa, que os cristãos não entrem neste mistério de fé como estranhos ou espectadores mudos, mas participem na ação sagrada, consciente, ativa e piedosamente, por meio duma boa compreensão dos ritos e orações; sejam instruídos pela palavra de Deus; alimentem-se à mesa do Corpo do Senhor; dêem graças a Deus; aprendam a oferecer-se a si mesmos, ao oferecer juntamente com o sacerdote, que não só pelas mãos dele, a hóstia imaculada; que, dia após dia, por Cristo mediador, progridam na unidade com Deus e entre si, para que finalmente Deus seja tudo em todos.” (n. 48).

Em relação a isto, todo o resto é secundário. E me refiro, em particular, às ações exteriores, embora importantes e necessárias, previstas sobretudo durante a Liturgia da Palavra. Se me refiro a elas é porque se tornaram o essencial da liturgia e esta fica reduzida a um genérico agir, e então o espírito da liturgia é mal compreendido. Como consequência, a verdadeira educação litúrgica não pode consistir simplesmente no aprendizado e no exercício de atividades exteriores, mas na introdução à ação essencial, à obra de Deus, ao mistério pascal de Cristo pelo qual é preciso deixar-se alcançar, envolver e transformar. E não se confunda a realização de gestos externos com o correto envolvimento da corporeidade no ato litúrgico. Sem nada eliminar do significado e da importância do gesto externo que acompanha o ato interior, a Liturgia pede muito mais ao corpo humano. Pede, de fato, o seu total e renovado empenho na qutoidianidade da vida. Aquilo que o Santo Padre Bento XVI chama “coerência eucarística”. É exatcamente o exercício preciso e fiel de tal coerência a expressão mais autêntica da participação corpórea no ato litúrgico, na ação salvífica de Cristo.

E ainda acrescento. Estamos mesmo seguros de que a promoção da participação ativa consiste em tornar tudo mais possível e imediatamente compreensível? Será que o ingresso no mistério de Deus não pode também e, às vezes, ser mais bem acompanhado daquilo que toca às razões do coração? Não acontece, em alguns casos, de se dar um espaço desproporcional à palavra, monótona e banalizada, esquecendo que à liturgia pertencem palavra e silêncio, canto e música, imagens, símbolos e gestos? E acaso não pertencem a esta múltipla linguagem que introduz ao centro do mistério de Deus e, portanto, à verdadeira participação a língua latina, o canto gregoriano, a polifonia sacra?



Conferência de Mons. Guido Marini sobre canto litúrgico - parte final

O SILÊNCIO E O CANTO (III)

Fonte: Papa Ratzinger Blog

Tradutor:Oblatvs

Mons. Pozzo entrevistado acerca da Missa Tridentina

Comment évaluez-vous l’application du motu proprio Summorum pontificum aujourd’hui dans le monde, en Europe et particulièrement en France ?

De façon générale il me semble qu’à deux ans de la publication de Summorum pontificum la situation est plutôt diversifiée. Généraliser ou simplifier serait ici injuste. Peut-être en France et dans la zone centre-nord de l’Europe les problèmes sont-ils plus aigus, mais dans une période transitoire, des réactions d’ordre psychologique et des interrogations sont bien compréhensibles. Les difficultés de répondre aux exigences des fidèles qui demandent la célébration de la sainte messe dans la forme extraordinaire sont dues parfois à des attitudes d’hostilité ou à des préjugés, d’autres fois à des obstacles d’ordre pratique, comme l’insuffisance du clergé, la difficulté de trouver des prêtres capables de célébrer dignement selon le rite ancien. En outre, on a peine à voir comment harmoniser la pastorale et la catéchèse de la célébration des sacrements dans le rite ancien avec la pastorale et la catéchèse ordinaires des paroisses. Il est clair que les évêques et les prêtres sont exhortés à bien accueillir les légitimes exigences des fidèles, selon les normes établies par le motu proprio, puisqu’il ne s’agit pas d’une concession faite aux fidèles, mais d’un droit des fidèles de pouvoir accéder à la liturgie grégorienne.

D’autre part, il est évident qu’il faut être réalistes et opérer avec le doigté nécessaire, parce qu’il s’agit aussi de faire œuvre de formation et d’éducation dans la perspective introduite par le Pape Benoît XVI avec Summorum pontificum. On est invité à considérer les deux formes (de la liturgie) comme deux usages de l’unique rite liturgique, et donc de ne pas les voir en opposition, mais au contraire comme expressions de l’unité substantielle de la liturgie. Nous sommes tous appelés à recevoir la forma mentis sur laquelle est fondé le motu proprio : étant toujours prioritaire la continuité de l’histoire de foi de l’Église (lex credendi et lex orandi). Le renouveau du concile Vatican II est à comprendre en continuité avec la grande tradition doctrinale de l’Église. Dans l’histoire de la liturgie, il y a croissance et développement intérieurs, mais il faut repousser toute rupture ou discontinuité avec le passé. Le patrimoine et le trésor spirituel de la richesse liturgique inclus dans la forme antique du missel romain, rendus visibles de façon spéciale dans l’usage antique du rite, ne doivent pas rester en marge de la vie ecclésiale, mais doivent être justement promus et appréciés dans les diocèses et les diverses réalités ecclésiales.

Beaucoup de demandes de messes célébrées selon la forme extraordinaire ne semblent pas pouvoir déboucher en raison d’un refus des curés ou des Ordinaires. Y a-t-il un recours possible auprès de votre Commission ?

La procédure indiquée par le motu proprio doit être respectée. Les fidèles doivent tout d’abord s’adresser au curé et, s’il y a des difficultés, à l’évêque. C’est seulement dans le cas où surgiraient des objections ou des empêchements de la part de l’évêque pour l’application du motu proprio, que les fidèles pourraient se tourner vers la Commission pontificale Ecclesia Dei ; d’ailleurs l’évêque lui-même peut s’adresser à la Commission au sujet des difficultés qui surgiraient pour divers motifs, afin que la Commission puisse offrir son aide et ses suggestions. Il faut cependant bien préciser que la façon de procéder de la Commission est institutionnelle, comme pour tout autre organisme de la Curie romaine. Les interlocuteurs de la Commission sont les Ordinaires, évêques et supérieurs religieux. Les fidèles qui le jugent opportun peuvent envoyer des informations et signaler d’éventuels problèmes et difficultés à la Commission pontificale, laquelle se réserve de son côté le soin d’examiner et de décider si et de quelle façon il faut procéder, en contact avec l’Ordinaire du lieu.

Un document d’interprétation du motu proprio avait été annoncé voici plusieurs mois. Paraîtra-t-il prochainement ?

À l’article 11 du motu proprio on dit entre autres que « cette Commission a la forme, les charges et les normes que le Pontife Romain voudra lui attribuer ». Une instruction devrait suivre opportunément pour préciser certains aspects concernant la compétence de la Commission pontificale et l’application de quelques dispositions normatives. Le projet est à l’étude.

D’une manière plus générale, votre travail s’insère-t-il dans le cadre éventuel d’une « réforme de la réforme » ?

L’idée d’une « réforme de la réforme liturgique » a été suggérée à plusieurs reprises par celui qui était alors le cardinal Ratzinger. Si je me souviens bien, il ajoutait que cette réforme ne serait pas le résultat d’un travail de bureau d’une Commission d’experts, mais qu’elle demanderait une maturation dans la vie et la réalité ecclésiale tout entière.

Je pense qu’au point où on en est arrivé, il est essentiel d’agir dans la ligne qu’indiquait le Saint-Père dans la lettre de présentation du motu proprio sur l’usage de la liturgie romaine antérieure à la réforme de 1970, à savoir que « les deux formes de l’usage du rite romain peuvent s’enrichir mutuellement » et que « ce qui était sacré pour les générations précédentes reste grand et sacré pour nous, et ne peut à l’improviste se retrouver totalement interdit, voire considéré comme néfaste. Il est bon pour nous tous, de conserver les richesses qui ont grandi dans la foi et dans la prière de l’Église, et de leur donner leur juste place ». C’est ainsi que s’est exprimé le Saint-Père. Promouvoir cette ligne signifie alors contribuer effectivement à cette maturation dans la vie et dans la conscience liturgique qui pourrait porter, dans un avenir pas trop lointain, à une « réforme de la réforme ». Ce qui est essentiel aujourd’hui pour récupérer le sens profond de la liturgie catholique, dans les deux usages du missel romain, c’est le caractère sacré de l’action liturgique, le caractère central du prêtre comme médiateur entre Dieu et le peuple chrétien, le caractère sacrificiel de la sainte messe, comme dimension primordiale de laquelle dérive la dimension de communion.

Étrangement la Commission chargée de l’application du motu proprio Summorum pontificum a gardé son nom dû au précédent motu proprio. Y a-t-il une raison à cette permanence ?

Je suis d’avis que la raison se trouve dans la continuité substantielle de cette institution, en tenant compte de l’opportunité de sa mise à jour, et des nécessaires intégrations dues aux contingences du moment historique ecclésial.

RetourFonte:L´homme nouveau

19/11/09 El secretario de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, monseñor Guido Pozzo, ha reconocido que existen "problemas agudos" en materia litúrgica en Francia y en otros países de Centroeuropa, en clara alusión a Alemania y Austria, donde los obispos del lugar están oponiendo serias resistencias a la aplicación del Motu Proprio Summorum Pontificum, que liberalizó el uso de la liturgia anterior a la renovación postsinodal, otrogando a los fieles el derecho de solicitar a sus párrocos la administración de los sacramentos de acuerdo con los usos establecidos en 1962.

El prelado, que ha efectuado estas declaraciones a L´Homme Nouveau, ha explicado también las dificultades para satisfacer las exigencias de los fieles que piden la celebración de la Santa Misa en la "forma extraordinaria". "Éstas se deben, a veces, a actitudes hostiles y a prejuicios; otras veces, a obstáculos prácticos como la insuficiencia de clero, la dificultad de encontrar sacerdotes capaces de celebrar dignamente según el Rito antiguo. Además, es difícil ver cómo armonizar la catequesis y la pastoral de la celebración de los sacramentos en el Rito antiguo con el cuidado pastoral y la catequesis ordinaria en las parroquias. Es claro que los obispos y los sacerdotes están llamados a acoger los legítimos pedidos de los fieles, según las normas establecidas por el Motu proprio, partiendo de que no se trata de una concesión hecha a los fieles sino de un derecho de los fieles a tener acceso a la Liturgia gregoriana", ha declarado monseñor Pozzo.

En esa misma entrevista, también ha confirmado que el texto explicativo del Motu se encuentra aun en fase de estudio y no se espera que sea aprobado de manera inminente, tal y como se había apuntado hacía algunos meses por algunos medios de comunicación.
fonte:sector católico

quarta-feira, 18 de novembro de 2009

Instituto S.Filipe Néri na Alemanha celebra 5 anos de fundação e celebra sempre Missa Tridentina

























Fonte:http://www.institut-philipp-neri.de/

El Motu proprio Summorum Pontificum de S.S. Benedicto XVI, una riqueza espiritual para toda la Iglesia



"Un misal nunca abrogado y por lo tanto siempre válido y siempre permitido”

Introducción al congreso del P. Vincenzo M. Nuara, O.P.


Reverendos sacerdotes, ilustres huéspedes y amigos, estimados señoras y señores, queridos jóvenes:

Con gran alegría y reconocimiento al Señor, me dispongo a abrir con esta introducción el congreso de “Jóvenes y Tradición” que celebrará el aniversario del Motu proprio “Summorum Pontificum” a un año de su promulgación y de su entrada en vigor.
El 7 de julio de 2007 el Sumo Pontífice, el Papa Benedicto XVI, promulgaba la Carta Apostólica “Summorum Pontificum” dada en Motu Proprio sobre el uso de la Liturgia Romana Tradicional anterior a la Reforma de 1970 con validez a partir del 14 de septiembre siguiente. Una carta tan esperada que “ha suscitado reacciones muy divergentes entre sí, que van desde una aceptación gozosa hasta una oposición dura” – como escribió el mismo Pontífice en la carta de presentación de ella enviada a todos los Obispos–.
Éste es un documento que, en mi opinión, inicia una nueva época en la vida de la Iglesia y nos orienta delineando nuevas perspectivas (teológicas, litúrgicas, pastorales) con el objetivo de repensar en clave católica una cierta teología litúrgica y dogmática. Un documento que con el paso del tiempo seguirá dando que hablar, documento de una importancia histórica significativa.
¿Por qué? Ante todo porque después de la reforma litúrgica de 1970, reconoce de modo oficial y competente la plena legitimidad de la Liturgia Romana Tradicional en su forma más antigua, de una liturgia todavía viva y “de un misal nunca abrogado y por lo tanto siempre válido y en línea de principio siempre permitido” y además la plena licitud y legitimidad de aquellos que la celebran, de aquellos que la piden y participan en ella “satisfaciendo, al menos parcialmente, sus justas aspiraciones”, como escribió el Santo Padre y porque tienen derecho a ella.
En segundo lugar porque la medida canónico–disciplinar del Pontífice se inserta en el itinerario de recuperación de lo Sagrado de este Pontificado, de la sacralidad de la Liturgia en la celebración de los Santos Misterios en continuidad con la Tradición Católica de la Iglesia. Este itinerario está poniendo las bases para una búsqueda y un debate teológicos que servirán de presupuestos útiles y necesarios en el futuro inmediato, para una “Reforma de la reforma” de la Liturgia, auspiciada por el mismo Pontífice.
En tercer lugar es la voluntad del Santo Padre “alcanzar con todas las fuerzas una reconciliación interna en el seno de la Iglesia, haciendo todos los esfuerzos posibles a fin de que a todos aquellos que tienen el deseo de la unidad sea posible permanecer en esta unidad o encontrarla nuevamente” –como él mismo ha escrito a los Obispos–.
Este congreso nace de la idea de un grupo de jóvenes católicos: “Giovani e tradizione” de Acireale, los cuales desean manifestar su devoción y reconocimiento agradecido al Santo Padre por este acto tan importante para la vida de la Iglesia y celebrar el primer aniversario del Motu proprio, manifestándole la plena comunión y devoción, unida a una activa colaboración en el tejido eclesial.
Son jóvenes que han descubierto en sus vidas la belleza de Cristo, de la Tradición católica y la certeza de la fe que la Iglesia Católica es la única y verdadera Iglesia de Cristo, Madre y Maestra de Verdad.
Que hayan sido los jóvenes a organizar el congreso es verdaderamente interesante, es un “signo de los tiempos” en cuanto que, mientras asistimos tristemente a un alejamiento por la fe de tantos, asistimos por otro lado al hecho de que aquellos que adhieren a la fe católica son jóvenes que pasan a través del redescubrimiento, el conocimiento y la valorización del depósito de la Tradición Católica de la fe. “Hoy muchos jóvenes descubren esta forma litúrgica y se sienten atraídos por ella y encuentran en ella una forma particularmente apropiada para su encuentro con la Sagrada Eucaristía” escribe el Santo Padre.
Es un dato para tener en seria consideración, el cual, mientras evidencia de modo incontrovertible el deseo y la necesidad de integridad de las nuevas generaciones contra la dispersión cultural contemporánea, manifiesta también el fracaso histórico de ciertas “novedades” de este último período eclesial.
Lamentablemente a causa de una “liturgia arbitraria y creativa que en varios ambientes ha llegado a deformaciones al borde de lo soportable”, incapaz de comunicar sacralidad; a causa de una “predicación ambigua”, fruto de una deriva neo-protestante de ciertos ambientes de Iglesia y de cierta teología; de una orientación de la misión exclusivamente dirigida a lo social, muchos se han desanimado y alejado, “también personas radicadas en la fe de la Iglesia”, continúa diciendo el Pontífice. Es por esto que en mi opinión este documento es un documento actual, porque responde a la necesidad de la Iglesia en el presente, aunque rehabilita “cosas del pasado”. Ya sea porque en sí lleva la carga de la juventud perenne de la Sagrada Tradición que no se acaba nunca –aquel tesoro de donde sacar cosas antiguas y nuevas–, ya sea porque está destinado también a las jóvenes generaciones que son el presente y el futuro de la Iglesia.
El Motu proprio no ha sido hecho para los llamados “nostálgicos”, para aquellos que estaban ligados por la edad o por la formación cultural a la Liturgia Tradicional, sino para todos los bautizados que desean acceder a este tesoro de gracia de la Iglesia, que es una riqueza para todos, en cuanto que el ligamen con la Liturgia Tradicional o Gregoriana no es una cuestión generacional ni meramente estética sino teológica, eclesial y espiritual.
Por esto el Santo Padre escribe en la carta dirigida a los Obispos: “En la historia de la Liturgia hay crecimiento y progreso, pero ninguna ruptura. Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande, y no puede ser súbitamente del todo prohibido o incluso juzgado perjudicial. Nos hace bien a todos conservar las riquezas que han crecido en la fe y en la oración de la Iglesia y darles su justo lugar”.
Pero este documento también ha puesto en luz mayormente algunas situaciones “de crisis” en la Iglesia y esto lo decimos con profundo dolor: la crisis de la fe de tantos que se han opuesto duramente a la Santa Misa Tradicional, la crisis de obediencia en confrontación con el Sumo Pontífice, también por parte de los Obispos. Hemos asistido en estos meses pasados a situaciones de sacerdotes obstaculizados, amenazados, escarnecidos y en algunos casos perseguidos precisamente por la obediencia al Motu proprio, al Papa. Un clima de sospecha se ha difundido en algunas diócesis y todo esto ha tenido una repercusión grave sobre los fieles, consternados y escandalizados por cuanto estaba ocurriendo.
En el fondo los resultados de estos últimos decenios están bajo los ojos de todos: Seminarios e Institutos religiosos con pocas vocaciones, la crisis de la identidad y la secularización de la vida sacerdotal, la salida de la Iglesia de tantos, las jóvenes generaciones que se escapan de las manos en la pastoral ordinaria, una “Iglesia del diálogo” que pierde el rumbo en el camino de la misión y de católicos con una frágil connotación de la propia identidad, indistinguible también en lo social, que se sienten quizás cristianos, pero poco católicos.
Por otra parte, el Santo Padre ya había puesto en luz esta realidad cuando, habiendo hablado de “tener que recomponer la unidad eclesial”, además de hablar de aquellos que están momentáneamente fuera de la Iglesia por motivos canónicos, me parece que ha querido hablar también de todas aquellas situaciones de división y de intolerancia en el interior de la Iglesia misma, de derivas en orden a la doctrina, a las visiones de Iglesia diferentes y de ruptura con el pasado y de ideas teológicas de ruptura y en discontinuidad con la Tradición, que han creado confusión, desorden y extravío en no pocos fieles y pastores.
La búsqueda teológica exige libertad pero aún más, para ser auténtico servicio del Señor, exige la dinámica de la fidelidad. “Dinámica y fidelidad deben convertirse en una cosa sola, esta síntesis (de dinámica y fidelidad) es un camino exigente pero indispensable si quiere ser un servicio a la Iglesia en la Verdad”, decía el Santo Padre en su magistral discurso del 22 de diciembre de 2005 a la Curia Romana.
El Motu proprio es un instrumento querido por la Providencia para construir la comunión eclesial y recomponer las fracturas, y todos debemos hacer nuestra parte, porque como es verdad que no hay Iglesia sin Tradición, es también verdad que no hay Tradición sin verdadera comunión eclesial, la cual no es vil servilismo o fruto de solapados compromisos sino gozosa adhesión a Aquél que nos ha llamado a ser “colaboradores de la Verdad”.
No por casualidad el pasado 14 de septiembre el Santo Padre ha hablado así a los Obispos franceses: “En el Motu proprio Summorum Pontificum, he debido precisar las condiciones de ejercicio de tal tarea, en lo que concierne a la posibilidad de usar tanto el Misal del Beato Juan XXIII (1962) como el del Papa Pablo VI (1970). Algunos frutos de estas nuevas disposiciones ya se han manifestado, y yo espero que la indispensable pacificación de los espíritus esté, por gracia de Dios, en vía de realizarse. Mido las dificultades que vosotros encontráis, pero no dudo que podréis alcanzar, en tiempos razonables, soluciones satisfactorias para todos, de manera que la túnica sin costuras de Cristo no se rasgue ulteriormente. Ninguno está de más en la Iglesia. Cada uno, sin excepción, debe poder sentirse “en su casa” en ella, y nunca rechazado. Dios, que ama a todos los hombres y no quiere que ninguno perezca, nos confía esta misión haciendo de nosotros los Pastores de sus ovejas. No podemos más que darle gracias por el honor y la confianza que Él nos reciba. Por lo tanto esforcémonos a ser siempre servidores de la unidad”.
Al mismo tiempo el Motu proprio se inserta en el camino de Reforma de la vida de la Iglesia, como el Santo Padre ha auspiciado desde el principio de su Pontificado, de una reforma desde adentro, de una purificación interna necesaria para que la Esposa de Cristo resplandezca en toda su belleza. Es decir, de un mayor fervor apostólico y ascético de la vida sacerdotal, de una intensa formación teológica y espiritual en los seminarios para los candidatos al Sacerdocio, de un itinerario de estudios más conforme a la enseñanza del Magisterio perenne de la Iglesia, de una radicalidad evangélica más visible de los Institutos de Perfección, de un laicado católico formado capaz de dar razón de la propia fe.
En este camino la Liturgia podrá hacer mucho y ya lo vemos en muchas comunidades que han retomado su antiguo fervor a partir de la Liturgia, y de la Liturgia Tradicional, y por otro lado reciben la gracia de vocaciones. La riqueza de la Liturgia Gregoriana con su sacralidad y belleza suscita las vocaciones, es más, digo más, esta Liturgia, esta Misa es la esperanza de la Iglesia.
Este camino necesita de oración, fidelidad y obediencia. La verdadera Liturgia de la Iglesia nace en la fe y en la oración y no hay auténticas servicio a la Iglesia que no requiera fidelidad y obediencia: porque obedecer y ser fieles a la Iglesia es obedecer y ser fieles a Cristo y a Aquél que Cristo ha querido como su Vicario en la tierra, el “dulce Cristo en la tierra” como Santa Catalina de Siena solía llamar al Papa.
Para algunos “el Motu proprio ya murió” a causa de todas las oposiciones, las desobediencias, los obstáculos puestos en obra para hacerlo perecer ... podría parecer que es así, pero no lo creo en absoluto.
Nuestra mirada debe ser la de personas de fe, que saben que detrás de estas pruebas la Cruz de Cristo resplandece por su potencia y por su esplendor. Estoy firmemente convencido en cambio de que, incluso con todos los problemas que ha habido y que quizás continuará habiendo, con todas las oposiciones, las situaciones no resueltas y con las problemáticas de variada naturaleza abiertas también por el Motu proprio, de las que tenemos plena conciencia, la vía iniciada es sin embargo “un camino sin retorno”.
Lo que hoy vale –y es el motivo por el cual estamos aquí– es el hecho de que el 7 de julio del 2007 permanecerá una fecha histórica desde la cual recomenzar, sin este documento hoy no podríamos hablar de algo que nos pertenece profundamente y que alimenta nuestra fe porque pertenece a la Iglesia. No es todo, pero es el inicio significativo, es la primera etapa de un largo camino. Ahora no es necesario mirar sólo a lo que pertenece al pasado reciente, sino mirar positivamente a las perspectivas que se abren para el futuro y que parten desde el Motu proprio. En el fondo el pequeño pero gran signo que el Papa nos está presentando para la Reforma de la Iglesia es la Santa Misa, es la Eucaristía: de ahí todos debemos recomenzar.
En esta obra la Iglesia tiene necesidad de “humildes trabajadores en la viña del Señor”, que no pretenden obtener nada de la Iglesia sino sirven a la Iglesia, incluso cuando quizás como Abraham vean desde lejos en la esperanza, porque el riesgo podría ser el de servirse de la Iglesia para las propias opiniones personales no el de servir a la Iglesia. Esta obra debe ser hecha sin servilismo alguno, sino en la fecunda parresia cristiana que busca siempre y solamente la Verdad con humildad para que seamos “servidores de Dios” como escribe el Apóstol.
Al fin de mi introducción, llegue al Santo Padre el Papa Benedicto XVI nuestra particular devoción, nuestra humilde obediencia, nuestra plena comunión y nuestro sentimiento agradecido y pleno de reconocimiento por su iluminado y sabio magisterio: en esta obra admirable por el bien de la Iglesia no lo dejaremos solo. Esta unidad no es una opción, sino que está en la esencia de la fe católica, firmemente conscientes de que “Ubi Petrus, ibi Ecclesia”.
Gracias a todos vosotros por la presencia, gracias a aquellos que han rezado por el feliz éxito de este congreso, gracias de corazón a los ilustres relatores que han aceptado participar y nos honran hoy con su presencia. Gracias en particular a la Pontificia Comisión ”Ecclesia Dei” que nos ha honrado con su Patrocinio y que está presente aquí en la persona de su Vicepresidente Mons. Perl, a quien agradezco de corazón por su apoyo fraterno y confiado, desde la primera hora de la organización del congreso. Finalmente gracias a la fuerza cabal, pujante y siempre acogedora de estos jóvenes, consolación en nuestras fatigas y en las pruebas del ministerio sacerdotal.
En fin, permitidme concluir con una frase que San Atanasio dijo en una situación terrible de la Iglesia, durante la lucha contra los arrianos y que permanece siendo hoy un estímulo también para nosotros: “Vosotros tenéis las iglesias, pero nosotros tenemos la fe. Conservad las iglesias si queréis, nosotros conservaremos la fe para continuar la Iglesia”.
fonte:una voce argentina

terça-feira, 17 de novembro de 2009

CÓNEGOS REGULARES DA MÃE DE DEUS SEGUEM A MISSA TRIDENTINA E TÊM VOCAÇÕES




JOURNÉE
D'UN CHANOINE RÉGULIER DE LA MÈRE DE DIEU


Partagée entre la vie liturgique et contemplative, comportant aussi l’apostolat et les études, la vie des Chanoines est bien remplie.

Une journée conventuelle débute tôt, par le chant de la prière liturgique. Puis l’Oraison silencieuse, important moment d’union à Dieu. Nous disons aussi, en commun, le chapelet. C’est pour nous une prière vraiment contemplative, préparation, disposition à l’oraison personnelle.

Le Chapitre se réunit chaque jour, après l’office de Prime.

On y lit un article de notre Règle de Vie, l’Abbé parfois la commente ; des avis, des intentions de prières orienteront notre journée, extérieurement et intérieurement.

La Messe conventuelle nous rassemble autour du Saint-Autel. C’est bien là le cœur de nos journées et leur sommet. A nos grands aînés les chanoines de Prémontré, Pie XI avait adressé ce bel hommage : "l’Ordre de Prémontré est la gloire de l’Eucharistie". Voulez-vous une image ? L’on dit que les moines ont leur vie centrée autour du cloître, les chanoines, eux, sont centrés autour de l'église.

Nous nous retrouvons à l’église l’après-midi, pour l’Office et l’adoration eucharistique. Pour chacun, travaux, études, apostolat occupent bien – il n’y a pas de temps perdu – le reste de la journée.

Les repas sont pris en commun, et St. Augustin voulait qu’on y écoutât une lecture.

Puis Complies nous rassemble encore pour la dernière Heure du jour, que couronne le chant solennel de l’Antienne mariale, selon le temps liturgique.

Apostolat
Vie des chanoines


FONTE:http://chanoines-lagrasse.eu/

Circa la devozione necessaria per celebrare degnamente il Santo Sacrificio della Messa

[...] nel celebrare la Messa è necessaria la riverenza e la devozione. È noto che l'uso del manipolo fu introdotto per comodo di asciugare le lagrime; poiché anticamente i preti, celebrando, per la devozione non facevano altro che piangere. Già si è detto che il sacerdote all'altare rappresenta la stessa persona di Gesù Cristo [...] Ma [...] parlando del modo nel quale dicono la Messa la maggior parte dei sacerdoti, bisognerebbe piangere, ma piangere a lagrime di sangue! È una compassione, diciam così, veder lo strapazzo che fanno di Gesù Cristo molti preti e religiosi ed anche taluni di ordini religiosi riformati. Si osservi con quale attenzione ordinariamente dai sacerdoti si celebra la Messa. A costoro bene starebbe detto quel che rimproverava Clemente alessandrino ai sacerdoti gentili, cioè ch'essi facevano diventar scena il cielo, e Dio il soggetto della commedia: O impietatem! scenam coelum fecistis, et Deus factus est actus. Ma no, che dico, commedia? oh che attenzione ci metterebbero questi tali, se dovessero recitare una parte in commedia! E per la Messa che attenzione vi pongono? Parole mutilate, genuflessioni che sembrano piuttosto atti di disprezzo che di riverenza, benedizioni che non si sa che cosa siano, si muovono per l'altare e si voltano in modo che quasi muovono a ridere, complicano le parole colle cerimonie, anticipandole prima del tempo prescritto dalle rubriche; [...] Tutto avviene per la fretta di finir presto la Messa. Come dicono alcuni la Messa? come se la chiesa stesse per crollare o stessero per venire i corsari e non ci fosse tempo di fuggire. Sarà stato due ore a ciarlare inutilmente o a trattare faccende di mondo, e poi tutta la fretta dove la mette? a dir la Messa. E nel modo poi con cui questi tali la cominciano così procedono a consacrare ed a prender tra le mani Gesù Cristo ed a comunicarsi con tanta irriverenza come se fosse in realtà un pezzo di pane.

[Brano di Sant'Alfonso Maria de Liguori tratto da “Selva di materie predicabili”. Per rendere il brano facilmente comprensibile ho tradotto in italiano corrente i termini desueti e ho effettuato qualche piccolo ritocco ortografico].
FONTE:CORDIALITER

PIO XII " MEDIADTOR DEI": Progresso e desenvolvimento da liturgia



44. A hierarquia eclesiástica tem usado sempre desse seu direito em matéria litúrgica, preparando e ordenando o culto divino e enriquecendo-o sempre de novo esplendor e decoro para glória de Deus e vantagem dos féis. Não duvidou, além disto - salva a substância do sacrifício eucarístico e dos sacramentos - em mudar aquilo que não julgava adaptado, em acrescentar o que parecia contribuir melhor para a glória de Jesus Cristo e da augusta Trindade, para instrução e estímulo salutar do povo cristão.(47)

45. A sagrada liturgia, com efeito, consta de elementos humanos e de elementos divinos. Esses, tendo sido instituídos pelo divino Redentor, não podem, evidentemente, ser mudados pelos homens; aqueles, ao contrário, podem sofrer várias modificações, aprovadas pela hierarquia sagrada, assistida do Espírito Santo, segundo as exigências dos tempos, das coisas e das almas. Disso se origina a estupenda variedade dos ritos orientais e ocidentais; o desenvolvimento progressivo de hábitos particulares religiosos e práticas de piedade inicialmente apenas acenadas; disso advém que muitas vezes são repristinadas e renovadas pias instituições obliteradas pelo tempo. Tudo isso testemunha a vida da intemerata esposa de Jesus Cristo durante tantos séculos; exprime a linguagem usada por ela para manifestar ao Esposo divino a fé e o amor inexauríveis dela e das gentes que lhe foram confiadas; demonstra a sua sábia pedagogia para estimular e incrementar nos crentes "o sentido de Cristo".

46. Em verdade, não poucas são as causas pelas quais se explica e desenvolve o progresso da sagrada liturgia durante a longa e gloriosa história da Igreja.

Assim, por exemplo, uma formação mais certa e ampla da doutrina católica sobre a encarnação do Verbo de Deus, sobre os sacramentos, sobre o sacrifício eucarístico, e sobre a virgem Maria Mãe de Deus, contribuiu para a adoção de novos ritos, por meio dos quais a luz, mais esplendidamente brilhante na declaração do magistério eclesiástico, veio a refletir melhor e mais claramente nas ações litúrgicas para unir-se com maior facilidade à mente e ao coração do povo cristão

47. O ulterior desenvolvimento da disciplina eclesiástica na administração dos sacramentos, por exemplo, do sacramento da penitência, a instituição e depois o desaparecimento do catecumenato, a comunhão eucarística sob uma só espécie na Igreja latina, contribuíram não pouco para a modificação dos antigos ritos e a gradual adoção de novos e mais condizentes com as disposições disciplinares mudadas.

48. Para essa evolução e para essas mudanças contribuíram notavelmente as iniciativas e as práticas piedosas não estritamente ligadas à sagrada liturgia, nascidas em épocas sucessivas por admirável disposição de Deus e assim difundidas no povo, como, por exemplo, o culto mais amplo e mais fervoroso da divina eucaristia, da acerbíssima paixão do nosso Redentor, do sacratíssimo coração de Jesus, da virgem Mãe de Deus e do seu puríssimo esposo.

49. Entre as circunstâncias exteriores, tiveram a sua parte as peregrinações públicas de devoção aos sepulcros dos mártires, a observância de jejuns particulares instituídos para o mesmo fim, as procissões estacionais de penitência que se celebravam nesta excelsa cidade e às quais, não raro, comparecia o próprio sumo pontífice.

50. Também facilmente se compreende como o progresso das belas artes, especialmente da arquitetura, da pintura e da música tenham influído não pouco sobre a determinação e a diversa conformação dos elementos exteriores da sagrada liturgia.

51. Do mesmo direito seu em matéria litúrgica serviu-se a Igreja para tutelar a santidade do culto contra os abusos temerariamente introduzidos por indivíduos e por Igrejas particulares. Assim aconteceu que nosso predecessor de imortal memória, Sixto V, vendo multiplicar-se os usos e costumes deste gênero durante o século XVI e as iniciativas privadas porem em perigo a integridade da fé e da piedade, com grande vantagem dos hereges e da propaganda do seu erro, instituiu em 1588, para defender os legítimos ritos da Igreja e impedir as infiltrações espúrias, a Congregação dos ritos,(48) órgão a que compete ainda hoje ordenar e prescrever, com cuidado vigilante, tudo o que diz respeito à sagrada liturgia.(49)

V. Tal progresso não pode ser deixado ao arbítrio dos particulares

52. Por isso, somente o sumo pontífice tem o direito de reconhecer e estabelecer quaisquer praxes do culto, de introduzir e aprovar novos ritos, e mudar aqueles que julgar devem ser mudados;(50) os bispos têm o direito e o dever de vigiar diligentemente para que as prescrições dos sagrados cânones relativamente ao culto divino sejam pontualmente observadas.(51) Não é possível deixar ao arbítrio dos particulares, ainda que sejam membros do clero, as coisas santas e venerandas relativas à vida religiosa da comunidade cristã, ao exercício do sacerdócio de Jesus Cristo e ao culto divino, à honra que se deve à santíssima Trindade, ao Verbo encarnado, à sua augusta Mãe e aos outros santo, e à salvação dos homens; pelo mesmo motivo a ninguém é permitido regular neste campo ações externas que têm nexo íntimo com a disciplina eclesiástica, com a ordem, a unidade, a concórdia do corpo místico e, não raro, com a própria integridade da fé católica. Certamente, a Igreja é um organismo vivo e, por isso, ainda no que diz respeito à sagrada liturgia, firme a integridade de seu ensinamento, cresce e se desenvolve, adaptando-se e conformando-se às circunstâncias e às exigências que se verificam no correr dos tempos; deve-se, todavia, reprovar severamente a temerária audácia daqueles que introduzem de propósito novos costumes litúrgicos ou fazem reviver ritos já caídos em desuso e que não concordam com as leis e as rubricas vigentes. Assim, não sem grande pesar, sabemos que isso acontece não somente em coisas de pouca monta, mas ainda de gravíssima importância; não falta, com efeito, quem use a língua vulgar na celebração do sacrifício eucarístico, quem transfira para outros tempos festas fixadas já por razões ponderáveis; quem exclua dos legítimos livros da oração pública os escritos sagrados do Antigo Testamento, reputando-os pouco adaptados e pouco oportunos para os nossos tempos.

53. O uso da língua latina vigente em grande parte da Igreja, é um caro e nobre sinal de unidade e um eficaz remédio contra toda corruptela da pura doutrina. Em muitos ritos o uso da língua vulgar pode ser assaz útil para o povo, mas somente a Sé Apostólica tem o poder de concedê-lo, e por isso, neste campo, nada é lícito fazer sem o seu juízo e a sua aprovação, porque, como havíamos dito, a regulamentação da sagrada liturgia é de sua exclusiva competência.

54. Do mesmo modo se devem julgar os esforços de alguns para revigorar certos antigos ritos e cerimônias. A liturgia da época antiga é, sem dúvida, digna de veneração, mas o uso antigo não é, por motivo somente de sua antiguidade, o melhor, seja em si mesmo, seja em relação aos tempos posteriores e às novas condições verificadas. Os ritos litúrgicos mais recentes também são respeitáveis, pois que foram estabelecidos por influxo do Espírito Santo que está com a Igreja até à consumação dos séculos, (52) e são meios dos quais se serve a ínclita esposa de Jesus Cristo para estimular e conseguir a santidade dos homens.

55. É certamente coisa sábia e muito louvável retornar com a inteligência e com a alma às fontes da sagrada liturgia, porque o seu estudo, reportando-se às origens, auxilia não pouco a compreender o significado das festas e a penetrar com maior profundidade e agudeza o sentido das cerimônias, mas não é certamente coisa tão sábia e louvável reduzir tudo e de qualquer modo ao antigo. Assim, para dar um exemplo, está fora do caminho quem quer restituir ao altar a antiga forma de mesa; quem quer eliminar dos paramentos litúrgicos a cor negra; quem quer excluir dos templos as imagens e as estátuas sagradas; quem quer suprimir na representação do Redentor crucificado as dores acérrimas por ele sofridas; quem repudia e reprova o canto polifônico, ainda quando conforme às normas emanadas da santa sé.

56. Como, em verdade, nenhum católico fiel pode rejeitar as fórmulas da doutrina cristã compostas e decretadas com grande vantagem em época mais recente da Igreja, inspirada e dirigida pelo Espírito Santo, para voltar às antigas fórmulas dos primeiros concílios, ou repudiar as leis vigentes para voltar às prescrições das antigas fontes do direito canônico; assim, quando se trata da sagrada liturgia, não estaria animado de zelo reto e inteligente aquele que quisesse voltar aos antigos ritos e usos, recusando as recentes normas introduzidas por disposição da divina Providência e por mudança de circunstâncias.

57. Este modo de pensar e de proceder, com efeito, faz reviver o excessivo e insano arqueologismo suscitado pelo ilegítimo concílio de Pistóia, e se esforça em revigorar os múltiplos erros que foram as bases daquele conciliábulo e os que se lhe seguiram com grande dano das almas, e que a Igreja - guarda vigilante do "depósito da fé" confïado pelo seu divino Fundador - condenou com todo o direito.(53) De fato, deploráveis propósitos e iniciativas tendem a paralisar a ação santificadora com a qual a sagrada liturgia orienta salutarmente ao Pai celeste os filhos de adoção.

58. Tudo, pois, seja feito em indispensável união com a hierarquia eclesiástica. Ninguém se arrogue o direito de ser lei para si mesmo e de impô-la aos outros por sua vontade. Somente o sumo pontífice, na qualidade de sucessor de Pedro, ao qual o divino Redentor confiou o rebanho universal, (54) e juntamente os bispos, que sob a dependência da Sé Apostólica "o Espírito Santo colocou para reger a Igreja de Deus",(55) têm o direito e o dever de governar o povo cristão. Por isso, veneráveis irmãos, toda vez que defendeis a vossa autoridade - oportunamente, ainda que com severidade salutar não somente cumpris o vosso dever, mas defendeis a própria vontade do Fundador da Igreja.

segunda-feira, 16 de novembro de 2009

Cardeal Dario Castrillón Hoyos concedeu uma entrevista ao L'Osservatore Romano.

(I PARTE)

Na Liturgia da catolicidade e Sentido de Unidade

"Carta apostólica do Papa Bento XVI Summorum Pontificum sobre o uso da liturgia romana anterior à reforma realizada em 1970 está a fazer regressar à plena comunhão com Roma também alguns não-católicos. Os pedidos nesse sentido estão chegando depois de o papa ter renovado a possibilidade de celebram acordo com o antigo rito."

Isto diz o cardeal Darío Castrillón Hoyos, ex-presidente da Pontifícia Comissão Ecclesia Dei, que nesta entrevista ao nosso jornal, após a publicação do documento papal na Acta Apostolicae Sedis, esclarece o seu conteúdo e destaca a sua importância como meio para conservar o tesouro da liturgia que remonta a São Gregório Magno e o estabelecimento de um diálogo com aqueles que, por causa da reforma litúrgica, se distanciaram da Igreja de Roma. A publicação na Acta precedida por alguns dias da nomeação por Bento XVI de Monsenhor Camille Perl, o secretário anterior, como Vice Presidente da Ecclesia Dei, e do Monsenhor Mario Marini, o antigo secretário adjunto, como secretário.

"A carta, sob a forma de Motu proprio, não se refere à actual Forma normal - a Forma ordinária - da Liturgia Eucarística, que é Missal Romano publicado por Paulo VI e, em seguida, reeditado por duas vezes pelo Papa João Paulo II, mas refere-se ao uso da forma extraordinária, que é a do Missale Romanum prévia ao Concílio, publicada em 1962 com a autoridade do Papa João XXIII. Este não é um caso de dois ritos diferentes, mas de um duplo uso único rito Romano. É a forma de celebração - explica o cardeal colombiano - "que foi usada por mais de 1400 anos. Este rito, o que poderíamos chamar gregoriano, tem inspirado as missas de Palestrina, Mozart, Bach e Beethoven, grandes catedrais e maravilhosas obras de pintura e escultura. "
Cardeal Darío"Graças ao Motu proprio não poucos têm solicitado o retorno à plena comunhão e alguns já retornaram - o presidente da Ecclesia Dei acrescenta -. Na Espanha, o" Oásis de Jesus Sacerdote ", um inteiro mosteiro enclausurado com trinta irmãs guiadas por seu fundador, já foi reconhecido e regularizado pela Comissão Pontifícia; então há casos de grupos americanos, da Alemanha e de França que estão no caminho da regularização. Finalmente, há sacerdotes em particular e leigos que nos contactam, escrevem para nós e nos pedem uma reconciliação e, por outro lado, existem outros tantos fiéis que expressam a sua gratidão para com o papa e sua alegria pelo Motu proprio ".
Osservatore Romano: Alguns têm acusado o Papa de querer impor um modelo litúrgico em que a linguagem e gestos do rito aparecem como o monopólio exclusivo do sacerdote, enquanto os fiéis seriam alheios e, portanto, excluídos de uma relação directa com Deus.

Cardeal Castrillón: Por ocasião do Baptismo do Senhor, por exemplo, Bento XVI celebrou na Capela Sistina com o rosto para o crucifixo. O Santo Padre celebra em italiano, de acordo com a forma ordinária, o que não exclui, contudo, a possibilidade de celebrar voltado para o altar e não versus populum, e que também prevê a celebração em latim.
Lembremo-nos que a forma ordinária é a Missa que normalmente todos os padres dizem, de acordo com a reforma pós-conciliar, enquanto que a forma extraordinária é a missa anterior à reforma litúrgica, que, de acordo com o Motu proprio hoje toda a gente pode comemorar, e que nunca foi proibida.
OR: Mas algumas críticas parecem ter chegado mesmo de bispos?

C: Um ou dois têm dificuldades, mas essas são apenas algumas excepções, porque a maioria concorda com o Papa. Em vez disso, encontramos algumas dificuldades práticas . É preciso que fique claro: isto não é um regresso ao passado, mas um passo em frente, porque dessa maneira você tem dois tesouros, e não apenas um.

Este tesouro, portanto, está sendo oferecido, respeitando os direitos daqueles que são sobretudo aqueles ligados à liturgia antiga. Aí então pode seguir alguns problemas a serem resolvidos com o senso comum. Por exemplo, pode acontecer que um sacerdote não tem a preparação adequada e sensibilidade cultural. Pensam só nos sacerdotes que vêm de áreas onde a língua é muito diferente do latim. Mas isso ainda não significa uma rejeição: é a apresentação de uma dificuldade real, que está a ser superada.
A nossa própria Pontifícia Comissão está pensando em organizar uma forma de ajuda aos seminários, às dioceses e às conferências episcopais.
Outra possibilidade a ser estudada é o de promover a vinda de recursos multimédia para conhecer e aprender a forma extraordinária com toda a riqueza teológica. Espiritual, e artística ligada à antiga liturgia. Além disso, parece importante também para envolver grupos de sacerdotes que já utilizam a forma extraordinária, que se ofereçam eles mesmos para celebrar e para demonstrar e ensinar a celebração de acordo com o missal de 1962.

Recentes palavras do Cardeal Castrillón Hoyos, ex- Presidente da Pontifícia Comissão "Ecclesia Dei".

"os fiéis que desejam celebrar segundo o rito antigo não devem ser considerados como de segunda classe, mas uma parte do povo de Deus ao qual se reconheceu o direito de assistir à Missa que nutriu durante séculos o Povo cristão, e a sensibilidade de muitos santos, como São Felipe Neri, São João Bosco, Santa Teresa de Lisieux, Beato João XXIII, e São Pio de Pietralcina; e é possível assinalar que o antigo rito exprime melhor o sentido do sacrifício Cristo, que se renova em cada santa Missa. Bento XVI tem deu realização a um dos objectivos do Concílio Vaticano II, que " obedecendo fielmente à tradição, declara que a Santa Mãe Igreja considera iguais em direito e em dignidade todos os ritos legitimamente reconhecido" (Sacrosantum Concilium). Acrescenta que "o mesmo Pontífice quis que os futuros sacerdotes, já desde o tempo do seminário, sejam preparados para compreender e celebrar a Missa em latim, assim como para utilizar textos latinos, e siguir o Canto gregoriano" (Exortação Apostólica Sacramentum Caritatis)


Instrução sobre Summorum Pontificum no início janeiro 2009?

Instrução sobre o Motu Próprio Pronto. Comissão Ecclesia Dei reforçada.

Este título foi postada no blog italiano "Pontifex" site de Bruno Volpe .
Enquanto o que diz sobre a Instrução que foi apresentada pela Ecclesia Dei ao Santo Padre concorda com as declarações públicas dos dirigentes da PCED, o resto ainda deve ser considerado como um rumor, ainda não confirmado por nenhum dos prestigiados vaticanistas.

A instrução sobre o Motu Próprio Summorum Pontificum, de 7 de Julho de 2007 que liberalizou a Santa Missa segundo o antigo rito romano, foi preparada já há algum tempo e agora está sendo examinada pelo Papa Bento XVI XVI. O texto, assinado pelo Cardeal Dario Castrillón Hoyos, Presidente da Pontifícia Comissão Ecclesia Dei, será assinado pelo Papa, em finais de Dezembro e publicado nos primeiros dias de janeiro de 2009.

Nas suas partes mais importantes o documento, que se tinha tornado indispensável após os muitos problemas na aplicação do Motu Próprio e formas de pura teimosia por parte de não poucos bispos (aliás devidamente denunciados em setembro pelo Vice Presidente da Comissão Ecclesia Dei, monsenhor Camille Perl), aborda dois temas cruciais: a interpretação do termo "grupo estável de fiéis" dentro de uma freguesia ordinária e o problema das Paróquias pessoais.

Foi ainda considerado numerar e indicar um número mínimo de fiéis, mas esta solução foi descartada. Segundo o documento, os fiéis tradicionalistas presentes em uma paróquia terão a plena protecção do direito para pedir a velha Missa, o bispo e se o bispo recusar (é aqui a notícia), dizendo que não há sacerdotes capazes de celebrar, de acordo com o antigo rito, naquele lugar, a Comissão Ecclesia Dei vai autoritariamente ( "di Imperio") enviar um sacerdote capaz de o fazer para aquela diocese.

Em suma, os bispos não serão mais capazes de recusar a priori para que o antigo Missa seja celebrada, pois em tais casos, a Comissão Ecclesia Dei irá enviar da sua parte um padre delegado.

O documento analisa, em seguida, o caso das paróquias pessoais, em que os tradicionalistas desejam celebrar a Missa de Natal ou o Tríduo da Páscoa segundo o antigo rito, também no caso de falta de sacerdotes, ou uma proibição pelo bispo.
A possibilidade de uma escassez de sacerdotes poderia ser prevista, e também neste caso, a Ecclesia Dei toma conta do caso.

A Santa Sé, portanto, pretende estabelecer definitivamente clareza quanto à aplicação do Motu Próprio, e por esta razão também as competências e as prerrogativas da Pontifícia Comissão Ecclesia Dei vão ser melhor definidas e reforçadas. Novamente, isto deve ser tomado pelo que é, um boato, e considerado com a devida cautela.

II Parte

OR: Então o problema não existe?

C: É, antes, uma disputa que surgiu a partir duma falta de conhecimento. Alguns pedem permissão por exemplo, como se fosse uma concessão ou um caso excepcional, mas não há necessidade: o Papa foi claro. É um erro de algumas pessoas e alguns jornalistas acreditar que o uso da língua latina pertence apenas ao antigo rito, que, ao contrário, está também previsto no missal de Paulo VI.

Através do Motu proprio "Summorum Pontificum", o Papa oferece a todos os sacerdotes a possibilidade de celebrar missa na forma tradicional, e aos fiéis de exercer o direito de ter este rito quando as condições especificadas no Motu proprio estão preenchidas.


OR: Como é que grupos como a Fraternidade de São Pio X reagiram, a qual se recusa a celebrar o Novus ordo da Missa estabelecido após o Concílio Vaticano II?

C: Os Lefebvrianos, à partida, mantiveram que a velha forma que nunca tinha sido abolida. É claro que nunca tenha sido revogada, embora antes do Motu proprio, muitos já considera proibido.

Mas agora, ela pode ser oferecida a todos os fiéis que a desejam que, dependendo das possibilidades. Mas também é evidente que se não houver um padre adequadamente preparado, não pode ser oferecido porque não é só sobre a língua latina, mas também de conhecer o antigo uso como tal.

Temos de compreender algumas diferenças: o maior lugar para o silêncio para os fiéis, que incentiva a contemplação do mistério e oração pessoal.
Encontrando novamente espaços de silêncio hoje é para a nossa cultura não só uma necessidade religiosa.

Lembro-me de ter participado como um bispo em um encontro de alto nível de gestão empresarial , em que se falou da necessidade de o gerente ter disponível uma sala meio escura, onde se senta para pensar antes de decidir.
Silêncio e contemplação são atitudes necessárias, também hoje, sobretudo no que respeita ao mistério de Deus.

OR: Oito meses se passaram desde a promulgação do documento É verdade que ele tem atraído um grande número de adeptos também em outras realidades eclesiais?

C: O papa oferece à Igreja um tesouro que é espiritual, cultural, religioso e católico. Temos recebido cartas de aprovação de prelados também das igrejas ortodoxas, anglicanos e protestantes . Finalmente, existem alguns padres da Fraternidade de São Pio X, que, isoladamente, estão a tentar regularizar sua situação. Alguns deles já assinou a fórmula de aderência. Nós somos informados que existem fieis tradicionalistas , apegados à Fraternidade, que tenham começado a frequentar as missas no rito mais velhos oferecidos nas igrejas das dioceses ".
OR: Como é um regresso à "plena comunhão" possível para pessoas que estão excomungadas?

C: A excomunhão diz respeito apenas a quatro Bispos, porque foram ordenados sem o mandato do Papa e contra a sua vontade, enquanto os sacerdotes estão apenas suspensos.A Missa que ele celebram é sem sombra de dúvida válida, mas não lícita e, por conseguinte, a participação não é recomendada, a não ser em um domingo que não haja outras possibilidades.

Certamente nem os padres, nem os fiéis estão excomungados. Permitam-me reiterar, neste aspecto, a importância de uma compreensão clara das coisas para poder julgar correctamente.

OR: Não teme que a tentativa de trazer de volta dentro da Igreja homens e mulheres que não reconhecem o Concílio Vaticano II podia provocar uma alienação naqueles fiéis que vêem no Vaticano II, uma bússola para navegar a barca de Pedro, especialmente nestes tempos de constantes mudanças?

C: Em primeiro lugar, o problema quanto ao Concílio não é, na minha opinião, tão grave como poderia parecer.

De facto, os bispos da Fraternidade de São Pio X, liderados por Monsenhor Bernard Fellay, reconheceram expressamente o Vaticano II como um Concílio Ecuménico e monsenhor Fellay reafirmou isso em uma reunião com o Papa João Paulo II, e de forma mais explícita na audiência de 29 de agosto de 2005 com Bento XVI.

Também não se pode esquecer que Monsenhor Marcel Lefebvre assinou todos os documentos do Concílio.
Acho que suas críticas sobre o Concílio diz respeito à clareza de certos textos, na ausência da qual o caminho está aberto para interpretações que não estão em conformidade com a doutrina tradicional.

As maiores dificuldades são de natureza interpretativa ou têm a ver com alguns gestos no campo ecuménico, mas não com o ensinamento do Concílio Vaticano II. Trata-se de discussões teológicas, que podem ter lugar dentro da Igreja, onde, de facto, há diversas discussões sobre a interpretação dos textos do Concílio, discussões que podem continuar também com os grupos que regressam à plena comunhão.
OR: Então, a Igreja estende as mãos para eles, também através deste novo Motu proprio sobre a antiga liturgia?

C: Sim, sem dúvida, porque é justamente na liturgia que todo o sentido da catolicidade é expresso e ela [a liturgia] é uma fonte de unidade. Eu realmente gosto do Novus Ordo que eu celebro diariamente. Eu não tinha mais celebrado de acordo com o missal de 1962, após a reforma litúrgica pós-conciliar.

Hoje ao resumir, por vezes, o rito extraordinário, eu próprio tenho redescoberto a riqueza da velha liturgia que o Papa quer manter viva, preservando o antiga forma de tradição Romana. Nunca devemos esquecer que o último ponto de referência na liturgia, como na vida, é sempre Cristo. Temos, portanto, sem medo, também no rito litúrgico, voltar-nos para Ele, em direcção ao crucifixo, juntamente com os fiéis, para celebrar o santo sacrifício, de um modo incruento, como o Concílio de Trento, definiu a Missa.


fonte:Missa Tridentina em Portugal

The priests and brothers of the Canons Regular of St. John Cantius help Catholics rediscover a profound sense of the sacred through solemn liturgies

A Roman Catholic religious community of men, dedicated to Restoration of the Sacred

The priests and brothers of the Canons Regular of St. John Cantius serve in parishes and help Catholics to rediscover a profound sense of the Sacred through solemn liturgies, devotions, sacred art and music, as well as instruction in the heritage of the Church, catechetics and Catholic culture. Learn More »

Investiture of Novices - Canons Regular of St. John Cantius (32 images)
On August 14, 2009, three postulants in the Canons Regular of St. John Cantius received the cassock and entered the novitiate: Brother David Baehr, Brother Justin Eli, and Brother Michael Wood.

Click a picture to see a larger view.


Overview

What are Canons Regular, Anyway?

“What are ‘Canons Regular’?” is probably one of the questions that people most frequently have in their minds when they hear of the Canons Regular of St. John Cantius. And this shouldn’t be surprising, for few Catholics these days are acquainted with the many facets and rich variations of the religious life.

There have always been many different types of religious life in the Church, inspired by the Holy Spirit to serve various needs throughout its 2000-year history. Benedictines, for instance, are monks who live in monasteries. Friars, on the other hand, are religious who went out among the people to preach, such as the Dominicans and Franciscans. Canons Regular are just another type of religious with their own very distinct characteristics.

One of the guiding principles for canons regular is the common life, which finds its inspiration in the common life of the early Church described in the Acts of the Apostles: “Before all else, live together in harmony, being of one mind and one heart on the way to God. For is it not precisely for this reason that you have come to live together?” Canons, originally groups of clerics gathered around a local bishop, were an ancient phenomenon and theirs is the oldest form of clerical religious life in the West. St. Augustine was the first to do this, and in order to help his clergy, who lived the common life together with him, he wrote a Rule of Life for them to follow.

Another element that is essential to this type of religious life is the clerical state of life. Although some communities of canons regular include religious brothers, the majority of its members are normally destined for the priesthood in fulfillment of the Church’s duty to give praise to God through liturgy, which is central to the concept of a priestly vocation in the Church. And although religious brothers cannot serve at the altar as priests do, the liturgy is also central to their vocation, which they fulfill by means of other non-sacerdotal roles in the sanctuary. Therefore, because the spiritual life of canons regular centers on the service of the sanctuary in the solemn celebration of the Mass and the Divine Office, the solemnity and liturgical splendor of their service in the sanctuary was especially important for them.

In keeping with the tradition of canons regular, which have their roots in the earliest centuries of the Church, the spirituality of the Canons Regular of St. John Cantius is therefore essentially liturgical by means of the solemn celebration of the Holy Sacrifice of the Mass and the Divine Office in the full richness of the Church’s liturgical heritage. For us, these two official liturgies of the Church are the perfect fulfillment of the church’s unceasing obligation of praise due to our God who is the source of all life. They are the center of our spirituality and religious life by being for us the primary means by which we are daily drawn closer to God. An essential aspect of this liturgical apostolate of the Canons Regular of St. John Cantius is the celebration of the Church’s liturgies in conformity and faithfulness to Her directives, as well as in their full richness as found in the Church’s liturgical tradition.

In a broader sense, the mission of the Canons Regular of St. John Cantius is to help Catholics rediscover a profound sense of the sacred through solemn liturgies, devotions, sacred art and sacred music, as well as instruction in Church heritage, catechesis and Catholic culture in the context of parish ministry. Because the Eucharistic Sacrifice “is the summit and the source of all Christian worship and life,” (Code of Canon Law, Canon 897) members of the Canons Regular order their own lives, as well as their pastoral work, above all to the Mass, the Liturgy of the Hours and the sacraments—the primary sources of life and grace within the Church. The sacrament of Penance plays an especially prominent role in the pastoral ministry of the Canons as a rich source of grace, particularly for those approaching the Eucharist (from the Constitutions of the Canons Regular of St. John Cantius).

The Canons Regular of St. John Cantius feel that the call to holiness is addressed to all people in all ages. It is a radical call to not only follow Christ in His teachings but also to follow His example—to “be holy as [He] is holy.” They answer this call and seek personal sanctity by imitating Christ in radical opposition to the values of this world. They wish to Restore the Sacred in the Church, in the world and in their own lives in pursuit not only of their own sanctification, but also the salvation and sanctification of all. They desire to be faithful to the call they have received from God to “Restore the Sacred” and seek to nurture a continuing renewal of the Christian life as fed by the mysteries of the liturgical patrimony of the Church (from the Constitutions of the Canons Regular of St. John Cantius).

Fr. Dennis Koliński, SJC

Charism

The members of the Canons Regular of St. John Cantius seek personal sanctity by imitating Christ in radical opposition to the values of this world. They wish to “Restore the Sacred” in the Church, in the world and in their own lives in pursuit not only of their own sanctification, but also the salvation and sanctification of all.

The Canons Regular of St. John Cantius’ mission, in the context of parish ministry, is to help Catholics rediscover a profound sense of the sacred through solemn liturgies, devotions, sacred art, sacred music, as well as instruction in Church heritage, catechetics, and Catholic culture. Because the Eucharist Sacrifice

is the summit and the source of all Christian worship and life, [1]

members of the Canons Regular of St. John Cantius order their own lives, as well as their pastoral work in parish ministry, above all to the Mass, the Liturgy of the Hours and the sacraments—the primary sources of life and grace within the Church. The sacrament of Penance places an especially prominent role in the pastoral ministry of the Canons Regular of St. John Cantius as a rich source of grace, particularly for those approaching the Eucharist.

As members of The Canons Regular of St. John Cantius we desire to be faithful to the call we have received from God to “Restore the Sacred”. We believe that we are called to do this in a particular way as a clerical Institute of apostolic religious life. We look to St. Augustine, our spiritual father, and to St. John of Kęty, (Cantius) our patron saint, for inspiration in living out the evangelical counsels of poverty, chastity, and obedience as well as in “faithful obedience to tradition” in liturgical matters.

In those times, when errors and schisms reigned in neighboring countries,

St. John Cantius called for the

preservation of Christian perspectives and customs [2].

The Canons Regular of St. John Cantius, therefore, strive to understand the Sacred Traditions and History of the Church and to share these treasures with the People of God.

The sacred Council declares that Holy Mother Church holds all lawfully recognized rites to be of equal right and dignity; that she wishes to preserve them in the future and to foster them in every way [3].

As members of The Canons Regular of St. John Cantius we are aware of the treasures that we have in both liturgical forms of the Roman Rite—the Ordinary and Extraordinary Forms. We are conscious also of the musical, ceremonial, and artistic traditions which have enhanced these liturgies. We seek to preserve this Patrimony as a way of aiding the spread of the Gospel.

In the Gospel of St. Matthew we read,

Every scribe who is learned in the Reign of God is like the head of a household who can bring from his storeroom both the new and the old [4].

The Canons Regular of St. John Cantius strive to treasure these gifts and to present them to the Church. Our communities, moreover, should not only be centers of prayer, but also of authentic Catholic life that is rooted in the rich and varied cultural heritage of our faith spanning many centuries and peoples, so as to be true centers of a Restoration of the Sacred within the Church.

[1] De Sacra Liturgia; 3.
[2] Translated and excerpted from the Office of Readings for the traditional feast of St. John Cantius in the liturgical calendar used for the Church in Poland—October 20.
[3] Sacrosanctum Concilium, 4
[4] Mt 13:52.

Fonte:http://www.canons-regular.org/

Servos de Jesus e Maria também celebram Missa Tridentina e têm vocações

Estas fotos referem-se ao corrente ano de 2009 em que tiveram ordenações em Outubro.










A congregation for the youth

SJM - Servi Jesu et Mariae

SJM- where are we from and what is our purpose?our hous in Blindenmarkt - Austria

Our community was acknowledged as a Congregation of Pontifical Right in 1994 and is called the Servi Jesu et Mariae (SJM). We call ourselves the Servants of Jesus and Mary as we wish to dedicate our lives in a special way to the service of God and his holy Mother. The first members of the SJM when it was founded in 1988 saw their apostolic task as being totally available for service to young people. A focal point of this work was apostolic work in the Scout Movement and group work in the Catholic Scout Movement of Europe (Katholische Pfadfinderschaft Europas - KPE).

Our Spirituality

"To the Greater Glory of God"- this was the motto of Saint Ignatius of Loyola under whose rules we try to live - this is the programme of our apostolate and our spirituality. In this sense, our congregation is to be seen as a community of people in Holy Orders, brothers and priests with a missionary zeal, who make the center of their lives the spreading of the word of God. Shaped by the spirit of the Ignatian Spiritual Exercises, we would like to carry Christ’s banner into the world and thereby bring young people back to the church. In this sense, we understand life according evangelical precepts as a reply to the call of Christ the King, who calls upon us to follow him in good spirits and to live, in even greater freedom, for Him and His Kingdom completely.

Fonte:http://sjm-congregation.org

A Life in accordance with the Gospel

All members of the SJM therefore make three vows: poverty, chastity and obedience, in order to bind themselves even closer to Christ in the service for His church.

In poverty, there is a link between a simple modest life style and a certain adventurous and pioneering spirit, which demands from us to seek again and again new shores and even to disregard our conveniences and to go everywhere, where we could hope for the honour of God, as it is written in our Rule. Poverty means, with this in mind, above all mobility and freedom for service to the benefit of souls. In the context of the scout movement, this means the readiness to be able to renounce the comforts of the consumer market and to share a simple life in nature with the boys and girls entrusted to us.

Even if the vow of chastity does not need to be explained any further, it is nevertheless, of central importance, as it links us in a special way even closer to Christ.

Obedience binds us to a special loyalty towards the Pope and the Magisterium of the Church. We see the Bishop of Rome as Christ’s Vicar on earth, who guarantees Church’s unity and who is the Rock to which we must hold firm. It is for this reason that the members of the SJM endeavour "to live in special loyalty to the Pope and his supreme Magisterium, in order to prove themselves as precious members in the preservation of Church unity and the purity of the faith" (from the Pontifical Foundation Decree). Concretely this means, that we are to give obedience to the superiors in all things which are not sin.

Our Prayer life

According to the model of the Jesuit Order, our community does not have common prayer in choir, so that they can be freer and more mobile for their apostolate. For this reason, it is even more important for each individual member to have a deep inner life of prayer, at whose centre there is the Eucharist, and which is seen in a frequent adoration of the Blessed Sacrament of the Altar. We have one hour of contemplation and inner prayer daily, which is referred to by St. Theresa as "a dwelling with a friend", in order to get to know Christ better so that we can love Him even more. A successful apostolate is only possible if we do this!

Over and above this, the members of the SJM pray a daily rosary together. An important constituent of our Spirituality is the dedication to the Sacred Hearts of Jesus and Mary, whose servants we wish truly to be. This dedication is renewed daily and lived through by each individual member.

The Liturgy

The centre and highlight of the day is the celebration of the Holy Mass - the renewal of celebrating the Christ’s Sacrifice on the Cross. This is the reason why the SJM sees in the dignified manner of celebrating Mass in both forms of Roman Rite according to the Missal of 1962 ("extraordinary form") and the Missal of Pope Paul VI ("ordinary form"), an important contribution towards liturgical renewal in the sense of continuous tradition of the Church. We gratefully regard the motu proprio "Summorum Pontificum" of Pope Benedict XVI. as most high approval of "our line".

How many are we? And what do we do? our boarding school - Haus Assen

At this point in time our Congregation has about 50 members, of which about 25 are priests. We are working in several parishes in the German speaking area, but do not limit our apostolate to this countries; we are currently also active in Kazakhstan, Rumania and in France. Besides the pastoral care of souls in parishes, we also offer retreats, religious training groups and catechism. We are especially concerned with children and youth work. Those who know young people will understand how many tasks exist in this area. We run a boarding school and are engaged in the group work of the Catholic Scout Movement of Europe. We do not shy away from facing questions from young people who we meet in sports fields, in schools or parties and elsewhere.

Over and above that, some individual members are engaged in the protection of unborn life and work in the press apostolate and in philosophical and theological teaching activities.

La gran polifonía romana retorna a San Pedro

Quantcast

por Sandro Magister

No en concierto sino en una Misa. La dirigirá Domenico Bartolucci, el más genial intérprete vivo de la música de Palestrina. Expulsado hace doce años por la dirección del coro de la Capilla Sixtina, pero hoy, con el Papa Benedicto, finalmente rehabilitado.

ROMA, 16 de noviembre de 2009 – Entre las artes representadas el próximo sábado 21 en la Capilla Sixtina, en el muy esperado encuentro con el Papa Benedicto XVI, la música es quizá la que ha sufrido más, por el divorcio entre los artistas y la Iglesia.

La Iglesia es la primera en padecer el sufrimiento musical. Porque mientras las obras de arte de la pintura, de la escultura y de la arquitectura cristiana permanecen siempre a disposición de todos, si bien ignoradas e incomprendidas, la gran música literalmente desaparece de las iglesias, si nadie las ejecuta más.

Y se puede hablar de una casi general desaparición a propósito de estos tesoros de la música litúrgica latina que son el canto gregoriano, la polifonía, el órgano.

Pero afortunadamente en los mismos días en los que el Papa Joseph Ratzinger intentará reanudar una relación fructosa con el arte, el órgano y la gran música polifónica volverán a dar lo mejor de sí en las basílicas de Roma.

Volverán a resonar no sólo en forma de concierto, sino también en la acción litúrgica en vivo.

El punto culminante será el jueves 19 de noviembre en la hora vespertina en la que el sol inflama el ábside de San Pedro. Ese día hará su retorno solemne en la basílica, para dirigir una santa misa cantada, el más grande intérprete vivo de la escuela polifónica romana, la que desde Giovanni Pierluigi de Palestrina – definido por Giuseppe Verdi como “el padre eterno” de la música de Occidente – ha llegado hasta nuestros días.

Este intérprete de absoluta grandeza es Domenico Bartolucci, por décadas “maestro perpetuo” del coro de la Capilla Sixtina, el coro del Papa, y hoy, a los 93 años, todavía director palestriniano de milagrosa fuerza.

Bartolucci es testigo vivo de la prohibición de la música litúrgica de Occidente, pero también de su posible renacimiento. La última misa completa de Palestrina dirigida por él en San Pedro se remonta al lejano 1963. Su última dirección del coro de la Capilla Sixtina se remonta a 1997. Ese año fue brutalmente retirado, y sin él la Capilla decayó a niveles pobres.

Pero ahora estamos ante su retorno – poderosamente simbólico – en la basílica construida sobre la tumba de los primeros apóstoles.

En la misa del 19 de noviembre en San Pedro, Bartolucci no dirigirá Palestrina sino composiciones polifónicas suyas, alternadas con el canto gregoriano de la misa “de angelis”. Y con ello mostrará cómo se puede atesorar las mejores tradiciones musicales latinas también dentro de los cánones de la moderna liturgia postconciliar: precisamente como quiere el Papa Benedicto, profundo teólogo de la liturgia y a la vez fino conocedor de la música. Naturalmente, el sueño secreto de Bartolucci es el de regresar finalmente a dirigir la emblemática “misa del Papa Marcelo” de Palestrina, en una misa celebrada por Benedicto XVI, en San Pedro.

La espera de un cambio de director del coro de la Capilla Sixtina que corresponda pronto a estos deseos, se hace de ahora en adelante más impaciente.

***

El contexto dentro del cual Bartolucci volverá a dirigir una misa en San Pedro es el del Festival Internacional de Música y Arte Sacra, que se tiene en otoño, todos los años, en las basílicas de Roma y que este año ha llegado a su VIII edición.

El programa de este año tiene dos centros focales: la polifonía romana y la música de órgano.

La inauguración será el miércoles 18 de noviembre en la basílica de San Juan de Letrán, con un concierto al estilo de Palestrina, dirigido por el mismo Bartolucci.

Otro momento al estilo de la escuela polifónica romana, modernamente reinterpretada, será el oratorio “Pablo y Fructuoso” compuesto y dirigido por Valentino Miserachs Grau, director del coro de la basílica de Santa María Mayor y presidente del Pontificio Instituto de Música Sacra, el “conservatorio” del Vaticano.

El segundo centro focal, el órgano. La Fundación Pro Música y Arte Sacre ha ultimado la restauración del gran órgano Tamburini de la basílica romana de San Ignacio de Loyola. Su inauguración verá implicados en cuatro conciertos sucesivos a los organistas que han supervisado la restauración, Goettsche, Paradell y Piermarini, y además otros virtuosos del órgano de fama mundial como Leo Krämer y Johannes Skudlik.

El órgano es instrumento príncipe de la música litúrgica, imperdonablemente demasiado descuidado aunque está presente en innumerables iglesias. Pero también la música no litúrgica tendrá espacio en el programa, con obras de Mendelssohn, de Mozart, de Schubert. El octeto de arcos y vientos de los Wiener Philarmoniker ejecutará el 20 de noviembre en la basílica de Santa María Mayor el sublime Octeto en fa mayor de Schubert.

Los Wiener Philarmoniker son una presencia constante en los Festivales de Música y Arte Sacra. Entre las mayores orquestas del mundo, es aquella en la cual la música sacra se entreteje más con la música profana.

Para la próxima edición del Festival, los Wiener Philarmoniker ya se han comprometido a ejecutar en la basílica romana de San Pablo Extramuros, el 26 de octubre de 2010, la Novena Sinfonía de Bruckner y un pasaje del “Tristano e Isotta” de Wagner.

Fuente: una voce córdoba

domingo, 15 de novembro de 2009

Rezemos pelo Santo Padre Bento XVI para que Deus o conserve , o livre dos seus inimigos e lhe conceda longa vida.Ámen



















A Palavra de Cristo não "passa", é semente de eternidade para quem a acolhe e observa: Bento XVI no Angelus.









A Palavra de Cristo é potente, contém um gérmen de eternidade, que transforma os que a escutam e acolhem: sublinhou o Papa neste domingo ao meio-dia, na Praça de São Pedro, por ocasião do Angelus.
Bento XVI começou por recordar que se conclui em breve o Ano Litúrgico, ocasião para “dar graças ao Senhor que nos concedeu percorrer uma vez mais este caminho de fé – antigo e sempre novo – na grande família espiritual da Igreja”. “É um dom inestimável que nos permite viver na história o mistério de Cristo, acolhendo nos sulcos da nossa existência pessoal e comunitária a semente da Palavra de Deus, semente de eternidade que transforma a partir de dentro este mundo, abrindo-o ao Reino dos Céus”.

O Papa deteve-se então numa afirmação de Jesus o Evangelho deste domingo – passagem que (disse) “impressiona pela sua clareza sintética”: “O céu e a terra passarão, mas as minhas palavras não hão-de passar”. Tudo no universo é finito, está chamado a “passar”. As palavras de Jesus não são deste mundo finito, não passarão, isto é, estão da parte de Deus, são eternas.
Como na parábola em que Cristo, comparando-se ao semeador, explica que a semente é a sua palavra: “aqueles que a escutam, a acolhem e dão fruto fazem parte do Reino de Deus, isto é, vivem sob a sua senhoria; permanecem no mundo, mas já não são do mundo; levam em si um gérmen de eternidade, um princípio de transformação que se manifesta já agora numa vida boa, animada pela caridade, e no final produzirá a ressurreição da carne. É esta a potência da Palavra de Cristo”.

Bento XVI concluiu recordando o “sinal vivo desta verdade” que é a Virgem Maria. “O seu coração foi terra boa que acolheu com plena disponibilidade a Palavra de Deus, de tal modo que toda a sua existência, transformada segundo a imagem do Filho, foi introduzida na eternidade, alma e corpo, antecipando a vocação eterna de cada ser humano”.

Na saudação em francês, depois das Ave Marias, Bento XVI recordou que no Evangelho deste domingo Jesus nos diz que é inútil interrogar-se sobre o final dos tempos: “Vivamos cada instante da nossa vida sob o olhar de Cristo. Fazendo-nos o dom da sua vida, ele tudo completou. É Ele a nossa esperança, porque dia a dia Ele introduz na eternidade a nossa história.”

Nas palavras em inglês, o Papa evocou o Dia Mundial de Memória das Vítimas do Tráfico rodoviário, convidando a rezar por essa intenção: pelos mortos e feridos, mas também pelos familiares afectados. E fez votos de boa viagem para todos os que neste domingo se encontravam a bordo dos seus veículos.

fonte:radio vaticano

Decálogo para las reformas de la Iglesia


–¡Increíble!… Aplicando el Decálogo 1-6, se ha enderezado la imagen de la Iglesia.
–No, señor. Aplicando el Decálogo 1-10.

7.– El ejercicio de la Autoridad apostólica es condición imprescindible para las reformas de la Iglesia. Y ese ejercicio se realiza de dos modos:

1.– Por el ejercicio de la autoridad personal de los Pastores apostólicos. Fácilmente se comprende, pues, que si se debilita el ejercicio de la Autoridad apostólica, por influjos culturales de origen protestante y liberal –y por temor a la Cruz–, se multiplican indefinidamente en la Iglesia los errores doctrinales y los abusos morales, litúrgicos y disciplinares. «Herido el pastor», o al menos debilitado, «se dispersan las ovejas del rebaño» (Zac 13,7; Mt 26, 31). Las reformas necesarias de la Iglesia requieren hoy sin duda una gran parresía en los Pastores sagrados que las pretendan; una fuerza apostólica como aquella de San Pablo:

los Apóstoles, «aunque vivimos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas por Dios para derribar fortalezas, destruyendo consejos, y toda altanería que se levante contra la ciencia de Dios y doblegando todo pensamiento a la obediencia de Cristo, prontos a castigar toda desobediencia y a reduciros a perfecta obediencia» (2Cor 10,3-6).

2.– Por la aplicación de la ley canónica o por la creación de nuevas normas se ejercita también la Autoridad apostólica, que tiene gracia de estado para guardar la Iglesia en la verdad y la rectitud. La historia nos enseña que ciertas grandes epidemias doctrinales o disciplinares sufridas en la Iglesia nunca han sido vencidas sin la aplicación firme de las leyes canónicas, o incluso a veces sin la creación de otras normas nuevas, que se estimen necesarias.

Solo un ejemplo. Hacia el año 306, reunidos los Obispos en el Concilio regional de Elvira (Iliberis, cerca de la actual Granada), celebran el primer concilio de la Hispania bética, y en uno de los cánones enfrentan el absentismo de algunos fieles a la Misa dominical. Pues bien, no se limitan entonces los Pastores sagrados a reafirmar que la Eucaristía es el centro y el culmen de toda la vida cristiana, etc. Afirmar ese convencimiento de la fe es lo principal, sin duda. Pero ellos no se limitan a eso, sino que formulan un canon conciliar por el que debe sacarse por un breve tiempo de la comunidad eclesial, para reproche público, a quien, viviendo en la ciudad, es decir, pudiendo asistir a la Misa, no lo hace durante tres domingos seguidos. Es una medida disciplinar –canónica, conciliar–, que manifiesta en los Obispos una voluntad eficaz y cierta de reforma. Por lo demás, se sobrentiende que quien durante años no va a la Misa dominical, queda ipso facto excomulgado:

«Si quis in civitate positus tres dominicas ad ecclesiam non accederit, pauco tempore abstineat, ut correptus esse videatur» (canon 21).

8.– Buscando la gloria de Dios. El amor a Dios, el primero y más importante de los mandamientos cristianos, lleva a procurar en la Iglesia las reformas necesarias; da fuerzas eficaces para suscitar en la comunidad cristiana una fidelidad de amor plena y santa, una tal santidad que los hombres, «viendo vuestras buenas obras, glorifiquen al Padre que está en el cielo» (cf. Mt 5,16). Este amor infunde en Pastores y fieles «un celo, un celo de Dios», que reforma en la Iglesia todo lo que hay en ella de falso o de malo, para que pueda presentarse ante Cristo y ante la humanidad «como una casta virgen» (2Cor 11,2). Es un amor al Señor que, por encima de todas las cosas, busca que entre los hombres «no sea deshonrado el nombre de Dios ni su doctrina» (1Tim 6,1). Sin ese amor, sin ese celo doxológico, no hay reformas en la Iglesia, por muy necesarias que sean.

9.– Procurando la salvación de los hombres. El amor a los hermanos, el segundo de los mandamientos evangélicos, semejante al primero, busca de todo corazón su bien temporal y su salvación eterna. Y por eso procura con todas sus fuerzas aquellas reformas que la Iglesia necesita para manifestarse más santa y pura entre los hombres, como «sacramento universal de salvación». Sin ese amor, sin ese celo soteriológico, no hay reformas en la Iglesia. Y entonces Pastores y fieles ven con fría indiferencia –si es que lo ven– que «es ancha la puerta y espaciosa la senda que lleva a la perdición, y que son muchos los que entran por ella» (Mt 7,13). Pero esto a ellos no les afecta especialmente, porque son cainitas: «¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?» (Gén 4,9).

10.– El amor a la Cruz, la vocación al martirio, es, en fin, la condición principal para que puedan darse en la Iglesia las reformas que ella necesita. Ésta es, pues, sin duda la causa más importante de que las necesarias reformas ni se hagan ni se intenten, por obvia que sea su necesidad. Por el contrario, los Obispos, los fieles cristianos, los teólogos, los Sínodos y Concilios regionales, las congregaciones religiosas, que de verdad propugnan las reformas que en conciencia estiman necesarias, aquellas que ciertamente son queridas por Dios, saben bien que sufrirán persecuciones durísimas por parte de los deformadores y de los moderados, que de ningún modo quieren enfrentar los males ampliamente vigentes en la Iglesia de su tiempo.

Los moderados, en concreto, conocen perfectamente que, si de verdad intentan superar con la gracia de Dios ciertos males de la Iglesia, van a arriesgar muy gravemente sus favorables posiciones en la comunidad eclesial, y con toda probabilidad van a ser perseguidos, depuestos y marginados. Por eso, no lo intentan, e incluso frenan con extremo celo atento a quienes lo procuran. Por su horror a la Cruz, los moderados se obstinan con pertinacia en su moderación, rechazan con todo cuidado el martirio, y no mueven ni un dedo, ni se arriesgan en nada por las reformas necesarias, pues si temen las persecuciones del mundo, aún temen más –y con mucha razón– las persecuciones internas de la Iglesia. Así las cosas, en el mejor de los casos, combatirán los males tímidamente, con algunas palabras bien medidas, que a nadie molesten, y fomentarán quizá algunas reuniones y manifestaciones. Poco más. Es decir, nada.

Habrá que recordar de nuevo aquella advertencia de San Juan de Ávila: «Si se nos ha de dar lo que nuestro mal pide, muy a costa ha de ser de los médicos que nos han de curar» (Memorial a Trento II,41).

La hermosa cabecera de este blog expresa bien que solo por la cruz se pasa de la apostasía a la reforma, de las tinieblas de la mentira y del pecado a la luz de la verdad y de la santidad. Hemos de comprobarlo sobradamente cuando más adelante estudiemos en concreto algunas personas y Concilios especialmente suscitados por Dios para la reforma de la Iglesia. Todos ellos verificaron aquellas palabras de San Pablo: «todos los que aspiran a vivir piadosamente en Cristo Jesús sufrirán persecuciones» (2Tim 3,12).

Reformadores, moderados y deformadores. Para terminar este Decálogo para la reforma, y a modo de síntesis, ilustro lo dicho mirando una grave cuestión actual: la aceptación o el rechazo de la encíclica Humanæ vitæ.

–Los reformadores quieren que su doctrina sobre la moral conyugal se enseñe con más firmeza y urgencia en la predicación, en los cursillos prematrimoniales, en la confesión sacramental, y que sean públicamente reprobados dentro de la Iglesia tantos maestros del error que hoy la impugnan. Están por la reforma.

–Los moderados quieren que la doctrina de la Iglesia afirmada en la encíclica se mantenga, pero que normalmente se silencie, dejando que los matrimonios se atengan sin más a su «conciencia», y cuidando de que, por supuesto, no se contradiga ni se sancione a los innumerables autores católicos que hay la impugnan abiertamente. Ante todo y sobre todo, la libertad de expresión. La verdad acaba imponiéndose por sí misma. Éstos son los culpables principales de que no se produzcan las reformas necesarias, porque estando ellos en la luz de la verdad, la apagan.

–Los deformadores, que se parecen mucho a los protestantes, y aún más a los modernistas, son menos ambiguos, son bastante más claros. Ellos quieren sencillamente que la Iglesia cambie y rectifique la enseñanza de esa encíclica, que tan «gran perjuicio» ha ocasionado a la relación de la Iglesia con el mundo moderno (cf. Card. Martini, Coloquios nocturnos en Jerusalén, 2008, pgs. 141-142). Ellos están por la reforma, pero entendiéndola al revés, como cambio, es decir, como falsificación mundanizada de la doctrina católica.

José María Iraburu, sacerdote

fonte:reforma ou apostasia

Em Itália 71% dos católicos praticantes é favorável a que a Missa Tridentina seja celebrada na sua Paróquia


Ancora sul sondaggio
Il commento al nostro sondaggio da parte di Corrispondenza Romana


La Doxa, uno dei più importanti istituti di sondaggio in Italia e riconosciuto per il rigore scientifico del suo lavoro, ha svolto un sondaggio, commissionato da Paix Liturgique e dal sito internet “Messa in latino” (messainlatino.it), sulla recezione del Motu Proprio Summorum Pontificum nel nostro Paese. L’indagine è stata realizzata il mese scorso su un campione di 1001 persone di più di 15 anni (campione standard per un sondaggio rappresentativo a livello nazionale). Ecco il risultato del sondaggio.

- Alla domanda: «Nel luglio 2007 Papa Benedetto XVI ha ribadito che la Messa può essere celebrata sia nella forma moderna detta “ordinaria” o “di Paolo VI” – cioè in italiano, il sacerdote è rivolto ai fedeli e la comunione si riceve in piedi – sia sotto la sua forma tradizionale detta “straordinaria” o “di Giovanni XXIII” – cioè in latino e gregoriano, con il sacerdote rivolto all’altare. Lei personalmente ne ha sentito parlare?», il 64% dei praticanti – cattolici, che dichiaravano di andare almeno una volta al mese alla Messa – rispondeva “si”, contro un 36% che non ne sapeva nulla. Se si considera invece l’insieme dei cattolici, praticanti e non, solo il 58% ne era a conoscenza. In Francia, secondo il sondaggio effettuato dall’istituto CSA il 24 e il 25 settembre 2008, sempre su richiesta di Paix Liturgique (sondaggio CSA 08 01 153 B), l’82% dei cattolici praticanti ne era a conoscenza contro il 58% dell’insieme dei cattolici.

- Alla seconda domanda: «Le sembra normale o anormale che entrambe le forme liturgiche (ossia quella moderna detta “ordinaria”, in italiano, e quella tradizionale detta “straordinaria”, in latino e gregoriano) possano venire celebrate nella sua parrocchia?», il 71% dei praticanti e, ugualmente, dell’insieme dei cattolici è favorevole alla coesistenza delle due forme liturgiche nella propria chiesa. In Francia, sempre secondo il sondaggio CSA effettuato nel 2008, il 61% dei cattolici praticanti e il 62% dell’insieme dei cattolici si dichiara favorevole a questa situazione di mutuo riconoscimento.

- Alla domanda: «Se la Messa detta “straordinaria”, in latino e gregoriano, venisse celebrata nella sua parrocchia, lei ci andrebbe? Se sì, con quale frequenza?», il 63% dei praticanti italiani dichiara che lo farebbe almeno una volta al mese (il 33% per l’insieme dei cattolici). Una cifra che si suddivide così: il 40% ci andrebbe tutte le settimane e il 23% almeno una volta al mese.

In sé il numero dei cattolici italiani legati alla forma straordinaria del rito romano è già una piacevole sorpresa: un terzo. Ma se si considerano i praticanti, questo risultato è semplicemente eccezionale: il 63%. Circa il doppio che in Francia! In Italia, dove è ancora quasi imprescindibile il sentimento di appartenenza alla parrocchia e dove le cerimonie religiose sono sempre molto frequentate, si potrebbe pensare che i cattolici siano pienamente soddisfatti della Messa di Paolo VI, e nonostante ciò, questo risultato indica che la Messa di Papa Giovanni sarebbe apprezzata in una proporzione addirittura insospettabile. Infine, considerando che l’attaccamento alla liturgia antica è spesso giudicato come una semplice reazione agli abusi degli scorsi decenni, il fatto che più di due praticanti italiani su tre considerano la forma straordinaria come assolutamente “normale” dimostra che una celebrazione “degna” della forma ordinaria, come peraltro avviene in prevalenza in Italia, non rende affatto obsoleta la domanda della forma straordinaria, ma, al contrario, la consolida.
fonte:messainlatino.it

sábado, 14 de novembro de 2009

Il Cardinale Oddi : nel Terzo Segreto la Beata Vergine Maria ci sta avvertendo della grande minaccia dell'apostasia nella Chiesa.

Capitolo 13

Il Terzo Segreto svelato interamente

Se è vero, come sembra essere e come credono milioni di Cattolici fedeli e responsabili in tutto il mondo, che il Terzo Segreto non contiene solamente la visione oscura di un “Vescovo vestito di Bianco” senza le parole di spiegazione della Madonna di Fatima su come dovrebbe essere interpretato, allora quali sarebbero le parti mancanti del Segreto? Abbiamo già suggerito una risposta. In questo capitolo, aggiungeremo altri dettagli al riguardo.

Tutti i testimoni concordano

La testimonianza di ogni singolo testimone che ha affrontato la questione di Fatima concorda su di un punto fondamentale: la parte mancante del Terzo Segreto di Fatima preannuncia una catastrofica perdita della Fede e della disciplina da parte dell'elemento umano della Chiesa — in poche parole, una grave apostasia. Ricorderemo qui per comodità alcune testimonianze che abbiamo già riportato nel quarto capitolo:

Papa Pio XII

Sono preoccupato per il messaggio che ha dato la Beata Vergine a Lucia di Fatima. Questo insistere da parte di Maria sui pericoli che minacciano la Chiesa è un avvertimento divino contro il suicidio di alterare la Fede, nella Sua liturgia, la Sua teologia e la Sua anima

Padre Joseph Schweigl

Non posso rivelare niente di quello che ho appreso a Fatima riguardante il Terzo Segreto, ma posso dire che esso ha due parti: una riguarda il Papa; l'altra, logicamente (anche se non devo dirne niente) dovrebbe essere la continuazione delle parole: “In Portogallo si conserverà sempre il dogma della fede ecc.”

Padre Fuentes

Il 26 dicembre 1957, con l'imprimatur e l'approvazione del Vescovo di Fatima, Padre Agustín Fuentes pubblicò le seguenti rivelazioni fatte da Suor Lucia e riguardanti il Terzo Segreto:

Padre, la Santissima Vergine Maria è molto triste perché nessuno ha tenuto in alcun conto il Suo messaggio, né i buoni né i malvagi. I buoni continuano per la loro strada ma non danno alcuna importanza al Suo messaggio. I malvagi, non avvedendosi del castigo di Dio che pende su di loro, continuano le loro vite peccaminose senza minimamente preoccuparsi del messaggio. Ma mi creda, Padre, Dio punirà il mondo e questo avverrà in una maniera terribile. La punizione del Cielo è imminente.

Padre, quanto tempo rimane prima che venga l'anno 1960? Sarà molto triste per tutti, nessuna persona qualsiasi sarà felice in nessun modo se prima il mondo non si pregherà e pentirà molto. Non sono in grado di darle nessun altro dettaglio perché è ancora un segreto.

Questa è la terza parte del Messaggio della Madonna che rimarrà segreta fino al 1960.

Dite loro, Padre, che molte volte la Santissima Vergine disse ai miei cugini Francesco e Giacinta, così come a me stessa, che molte nazioni scompariranno dalla faccia della terra. Ella disse che la Russia sarà lo strumento del castigo scelto dal Cielo per punire il mondo se non otterremo prima la conversione di quella nazione sventurata.

Padre, il diavolo è in procinto di sferrare il suo attacco decisivo contro la Beata Vergine. Ed il diavolo sa che è proprio questa la cosa che offende di più Dio e che gli porterà in breve tempo un numero enorme di anime. E' per questo che il diavolo fa di tutto per corrompere le anime consacrate a Dio, perché in questo modo il diavolo riuscirebbe a fare abbandonare le anime dei fedeli dalle proprie guide spirituali e quindi potrebbe assoggettarle ancora più facilmente.

Quello che affligge maggiormente il Cuore Immacolato di Maria ed il Suo Cuore di Gesù è la corruzione delle anime dei religiosi e dei sacerdoti. Il diavolo sa che i religiosi ed i preti che abbandonano il cammino della loro bella vocazione portano con se un numero enorme di anime all'inferno … il diavolo desidera prendere possesso di queste anime consacrate. Egli cerca di corromperle per portare all'oblio e all addormentato le anime dei fedeli e quindi portarlo verso la impenitenza finale.

Padre Alonso

Prima della sua morte, avvenuta nel 1981, Padre Joaquin Alonso, archivista ufficiale di Fatima per 16 anni, affermò che:

E' del tutto probabile che il testo faccia dei riferimenti concreti alla crisi della fede all'interno della Chiesa ed alla negligenza degli stessi pastori [ed alle] lotte intestine nel seno stesso della Chiesa, ed a gravi negligenze di carattere pastorale nella più alta gerarchia ecclesiastica.1

Nel periodo che precede il grande trionfo del Cuore Immacolato di Maria, dovranno accadere molti e terribili avvenimenti. Questi avvenimenti formano il contenuto della terza parte del Segreto. Quali sono? Se ‘In Portogallo si conserverà sempre il dogma della fede’ … si può facilmente dedurre da questo che in altre parti della Chiesa questi dogmi diverranno oscuri o addirittura persi del tutto.2

Il testo che non è mai stato pubblicato parla di circostanze concrete? E' decisamente possibile che esso parli non solo di una vera crisi di fede nella Chiesa durante questo periodo di interregno, ma come fu per il segreto di La Salette, per esempio, vi sono molti riferimenti concreti alle lotte intestine dei Cattolici o alla caduta di tanti preti e religiosi. Forse si riferisce anche ai fallimenti della più alta gerarchia della Chiesa. Per quanto reguarda, tutto ciò è strettamente collegato alle altre affermazioni che Suor Lucia ha dato in merito.3

Cardinale Ratzinger

Stando al giudizio dei pontefici, non aggiunge nulla di diverso a quanto un cristiano deve sapere dalla rivelazione: una chiamata radicale alla conversione, l'assoluta serietà della storia, i pericoli che incombono sulla fede e la vita del cristiano e dunque del mondo. E poi, l'importanza dei Novissimi. Se non lo si pubblica — almeno per ora — è per evitare di far scambiare la profezia religiosa con il sensazionalismo. Ma i contenuti di quel “terzo segreto” corrispondono all'annuncio della Scrittura e sono ribaditi da molte altre apparizioni mariane, a cominciare da quella stessa di Fatima, nei suoi contenuti noti.4 (11 novembre 1984)

Vescovo do Amaral

Il suo contenuto riguarda solo la nostra fede. Identificare il [Terzo] Segreto con avvenimenti catastrofìci o con un' olocausto nucleare vuol dire stravolgere il significato del Messaggio. La perdita della fede in un continente è peggiore dell'annientamento di una nazione; ed è vero che la fede sta diminuendo costantemente in Europa.5

E' importante notare, come esempio dei numerosi tentativi di nascondere e seppellire la verità su Fatima, il Vescovo do Amaral sia stato costretto a ritrattare le sue affermazioni poco dopo averle fatte. Ma dopo dieci anni, una volta in pensione, il vescovo ha casualmente riconfermato la propria testimonianza in un intervista del 1995, aggiungendo ad essa un elemento importantissimo: “Prima di affermare a Vienna (nel 1984) che il Terzo Segreto riguardava solo la Fede e la sua perdita, avevo preventivamente consultato di persona Suor Lucia ed avevo ottenuto la sua approvazione”.6 Così, Suor Lucia stessa ha confermato indirettamente, ancora una volta, che il vero é completo Terzo Segreto di Fatima predice l'apostasia nella Chiesa.

Il Cardinale Oddi

Il Terzo Segreto non ha nulla a che fare con Gorbacev. La Beata Vergine Maria ci sta avvertendo della grande minaccia dell'apostasia nella Chiesa.

Il Cardinale Ciappi

A questi dobbiamo aggiungere altri due testimoni. Il primo è il Cardinale Mario Luigi Ciappi, niente meno che il teologo personale di Papa Giovanni Paolo II e dei sua quattro predecessori. In un documento personale inviato al Professor Baumgartner di Salisburgo, il Cardinale Ciappi rivelò che:

Nel Terzo Segreto viene predetto, tra le altre cose, che la grande apostasia nella Chiesa inizierà dai suoi vertici.7

Padre Valinho

Abbiamo poi il racconto di Padre José dos Santos Valinho, nipote di Suor Lucia. In un libro scritto da Renzo e Roberto Allegri intitolato Reportage su Fatima (Milano, 2000), pubblicato — provvidenzialmente — poco prima della rivelazione della visione del Terzo Segreto dell'MDF di Ratzinger/Bertone, Padre Valinho esprimè l'opinione che il Terzo Segreto predice l'apostasia nella Chiesa.8

In breve, ogni singolo testimone di questa vicenda — persino il Cardinale Ratzinger nel 1984 — ha affermato la stessa cosa: i contenuti del Terzo Segreto di Fatima riguardano la crisi della fede nella Chiesa Cattolica, un'apostasia che avrà gravi conseguenze per il mondo intero. Non un solo testimone ha mai negato che questo sia l'argomento contenuto nel Terzo Segreto. Né Suor Lucia ha mai corretto una di queste testimonianze, malgrado sia intervenuta diverse volte nella sua vita per correggere coloro che non interpretavano correttamente i contenuti del Messaggio di Fatima.

Papa Giovanni Paolo II ha già rivelato due volte
l'essenza del Segreto

Come se tutto questo non bastasse, durante due diverse omelie tenute a Fatima, Papa Giovanni Paolo II stesso ha confermato gli elementi essenziali del Terzo Segreto. E' ovvio che Papa Giovanni Paolo II ce li rivelò durante la sua omelia a Fatima il 13 maggio 1982, così come durante la cerimonia di beatificazione di Giacinta e Francesco, sempre a Fatima, il 13 maggio 2000.

Durante la prima cerimonia, nella sua omelia il Papa si chiedeva: “Può la Madre, Colei che con tutta la forza dell'amore che Le deriva dallo Spirito Santo e desidera la salvezza di tutti noi, può Ella rimanere in silenzio mentre vede sottominate le fondamenta stesse della salvezza dei Suoi figli?” Il Papa rispose da solo alla sua domanda: “No, non può rimanere in silenzio”. E' il Papa stesso che ci dice che il Messaggio di Fatima riguarda gli avvertimenti della Madonna, dai quali le fondamenta stesse della nostra salvezza stanno sottominate. E' sorprendente il parallelo tra quest'affermazione e quella di Papa Pio XII, il quale parlò di un vero e proprio suicidio dell'alterare la Fede nella liturgia, nella teologia e nell'anima stessa della Chiesa.

Nella sua omelia del 13 maggio 2000, durante la cerimonia di beatificazione, Papa Giovanni Paolo II mise in guardia i fedeli:

“Allora apparve un altro segno nel Cielo; un enorme drago rosso” (Ap. 12:3). Queste parole che abbiamo ascoltate nella prima lettura della Messa ci portano a pensare alla grande lotta tra il bene e il male, nonché a costatare come l'uomo, mettendo Dio da parte, non possa raggiungere la felicità, anzi finisca per distruggere se stesso …

Il messaggio di Fatima è un richiamo alla conversione, facendo appello all'umanità affinché non stia al gioco del “drago”, il quale con la “coda trascinava giù un terzo delle stelle del Cielo e le precipitava sulla terra”. (Ap. 12, 4)

L'ultima meta dell'uomo è il Cielo, sua vera casa, dove il Padre celeste, nel Suo amore misericordioso, é in attesa di tutti. Dio vuole che nessuno si perda; per questo, duemila anni fa, ha inviato sulla terra il Suo Figlio a “cercare e salvare quel che era perduto”. (Lc. 19, 10) …

Nella Sua sollecitudine materna, la Santissima Vergine è venuta qui, a Fatima, per chiedere agli uomini di “non offendere più Dio, Nostro Signore, che è già troppo offeso”. È il dolore di mamma che L'obbliga a parlare; è in palio la sorte dei Suoi figli. Per questo Ella chiede ai pastorelli: “Pregate, pregate molto e fate sacrifici per i peccatori; tante anime finiscono nell'inferno perché non c'è chi preghi e si sacrifichi per loro”.

Abbiamo già visto come Sua Santità abbia citato il Capitolo 12, versi 3 e 4 del Libro dell'Apocalisse, e che il riferimento a quei versi è stato comunemente interpretato nel senso che il terzo del clero Cattolico verrà spazzato via dal suo stato di esaltazione per mezzo di perdita di fede o di corruzione morale — entrambe ben presenti all'interno del clero di oggi. E' da notare inoltre l'esatta coincidenza tra l'omelia del Papa e l'avvertimento che Suor Lucia aveva riferito a Padre Fuentes sul fatto che “Il diavolo sa che i religiosi ed i preti che rinnegano la loro eccelsa vocazione portano con se un numero enorme di anime all'inferno”.

Ci sembra quindi assai chiaro che Papa Giovanni Paolo II stava cercando di dirci che il Terzo Segreto si riferisce ad la grave apostasia predetta nella Sacra Scrittura. Perché il Papa non dice queste cose in via diretta ed esplicita, ma anzi lo fa in maniera piuttosto oscura, che solo i più eruditi potrebbero comprendere? Che il Papa abbia cercato di inviare un accorto segnale indicando quello che egli pensava sarebbe stato rivelato molto presto — l'intero Segreto di Fatima? Come abbiamo visto, nel MDF abbiamo potuto leggere solo la visione del “Vescovo vestito di Bianco” ed il cosidetto “commentario”. Forse il Papa aveva capito l'entità della resistenza che il cardinale Sodano ed i suoi collaboratori stanno ponendo a Fatima, ed aveva sperato che sarebbe almeno riuscito a spiegare, nella sua omelia, l'essenza del Segreto stesso, con la speranza che prima o poi l'intera verità sarebbe uscita fuori. Forse il Papa non ritiene di poter parlare apertamente, proprio perché ha permesso a se stesso di essere circondato da chierici, religiosi, vescovi e cardinali i quali, malgrado si siano rivelati inaffidabili, egli non ritiene ora di poter più rimuovere dai propri incarichi; questi chierici inaffidabili sono tuttora in carica nei loro uffici, sono perfidamente la causa dell'indebolimento di Fede e fanno parte di quel terzo di anime consacrate spazzate via dal loro posti esaltati dal demonio. Forse il Papa non sa chi sono esattamente queste persone, o forse lo sa ma non può parlarne apertamente per non rischiare la morte (ricordate la morte improvvisa di Papa Giovanni Paolo I). Qualunque sia la ragione, il Papa non sta parlando apertamente e con chiarezza — ma, con un po di accortezza, si riesce a capire ciò che intende dire. Come disse Gesù ai Suoi discepoli: “Chi ha orecchi per intendere, intenda!”

Quindi, tutti i testimoni di questa vicenda, da colui che sarebbe diventato Papa Pio XII negli anni 30 al nipote di Suor Lucia nel 2000, per arrivare al Papa tramite la sua stessa voce, concordano su di un punto: il Terzo Segreto predice una vasta perdita della Fede e la caduta di molti del clero Cattolico, di qualsiasi rango, dal proprio stato di grazia e dai propri doveri di stato.

Ora, le prime due parti del Segreto di Fatima non contengono nulla riguardo all'apostasia nella Chiesa. Parimenti, la parte “in visione” del Terzo Segreto, che riguarda il “Vescovo vestito di Bianco”, non ne contiene alcun riferimento esplicito. Se tutti i testimoni affermano che il Terzo Segreto predice l'apostasia nella Chiesa, ma nelle parti del Messaggio di Fatima già rivelate e nella visione del “Vescovo vestito di Bianco” non ve n'è traccia, è ovvio concludere che vi sia qualche parte del Terzo Segreto che è stata tenuta nascosta. Che cosa conterrebbe questa parte del Segreto?

Pare logico partire da quella frase che l'apparato Vaticano ha tentato in mille modi di oscurare e sminuire, come se fosse una semplice nota a margine del Messaggio di Fatima: “In Portogallo si conserverà sempre il dogma della fede ecc.” Questa frase è l'unico collegamento evidente all'avvento dell'apostasia che sia contenuta nelle parti del Messaggio di Fatima già pubblicate (ma ci pare giusto aggiungere che anche senza questa frase, sulla base delle prove fin qui raccolte, sarebbe comunque evidente che il Terzo Segreto si riferisce all'apostasia nella Chiesa Cattolica). Con questa frase, e solamente con questa, il porzione svelata del Messaggio integrale di Fatima entra nello specifico al riguardo dei dogmi della fede e come essi saranno conservati in Portogallo.


Sopra sono riprodotte fotograficamente le prime parole della terza parte del Segreto di Fatima, scritte di pugno da Suor Lucia. Suor Lucia usò la parola “ecc” per indicare il resto delle parole della Madonna contenute nel Terzo Segreto.

Ma per quale motivo la Madonna avrebbe parlato della conservazione del dogma in Portogallo, se non per avvertirci che il dogma non sarebbe stato conservato in altri ambiti all'interno della Chiesa? Come abbiamo suggerito precedentemente, questi “altri ambiti” sarebbero descritti dalle parole che sono state riassunte da Suor Lucia in quell' “ecc.”

Dato che la visione pubblicata il 26 giugno 2000 non contiene altre parole della Madonna, se ne può logicamente desumere che le parole mancanti della Madonna si trovino nella “colonna sonora” del Terzo Segreto, nella quale la Madonna spiega la visione. Visione che, a quanto pare, è il risultato finale di questa perdita della fede così catastrofica. Il Papa e la gerarchia vengono cacciati ed uccisi al di fuori delle rovine di Roma, forse (ma stiamo solo facendo una speculazione, dato che non conosciamo le reali parole della Madonna) proprio dopo un olocausto nucleare.

Tutto ciò si collegherebbe perfettamente alla dichiarazione del Cardinale Ratzinger nel 1984, secondo cui il Terzo Segreto si riferisce ai “pericoli che incombono sulla fede e la vita del cristiano e dunque del mondo”. Da un punto di vista simbolico, i corpi che circondano il Papa mentre cammina zoppicante verso la collina dove viene assassinato “legalmente” da soldati rappresenterebbero le vittime dell'apostasia, e la città in rovina rappresenterebbe la condizione della Chiesa durante questo tempo di apostasia.

La minaccia più grande:
la perdita del Dogma Cattolico

Madre Angelica aveva sicuramente ragione quando affermava, dinanzi alla televisione americana il 16 maggio 2001, di “non credere che tutto sia stato rivelato” [riferito a tutto il Terzo Segreto] perché “penso che sia terrificante”. Non c'è niente di più terrificante che il pericolo della perdita generalizzata di Fede nella Chiesa Cattolica, specialmente quando il pericolo proviene dalle “suoi vertici”, come disse il Cardinale Ciappi, teologo personale del Papa, nei riguardi del Terzo Segreto. Ignorare questo gravissimo pericolo comporterebbe la dannazione eterna per milioni di anime. E chi sa quante anime sono già state perdute per non aver voluto rivelare interamente il Terzo Segreto, con tutti i suoi avvertimenti e consiglio cosi salutari?

La visione pubblicata il 26 giugno, non contiene affatto scene che possano effettivamente spaventare. In effetti, non c'è niente di così terribile che possa giustificare quarant'anni di segretezza del Vaticano. Ma il Cardinale Ratzinger vuol farci credere che il Terzo Segreto, o meglio solo la visione, non contiene “nessuna grande sorpresa”. É ovvio che non ci sono sorprese … sono tutte contenute nelle parole nascoste che seguono la frase “In Portogallo si conserverà sempre il dogma della fede ecc.” — ovvero l'unica frase che il “Commentario” del cardinale ha praticamente rimosso dal testo integrale delle parole della Madonna nella Quarta Memoria di Suor Lucia.

Quando il Papa parla nella sua omelia a Fatima del 1982 delle “fondamenta stesse della nostra salvezza sottominate”, Egli si riferiva chiaramente alla Fede Cattolica. Ne siamo a conoscenza perché conosciamo bene l'insegnamento constante della Chiesa Cattolica. Per esempio, il Credo Atanasiano dice: “Chiunque voglia essere salvato deve prima di tutto attenersi alla fede Cattolica. Se non manterrà integra ed inviolata questa fede, di certo perirà in eterno”. Le fondamenta per la nostra salvezza sono l'appartenenza alla Chiesa Cattolica ed il mantenere integra ed inviolata la Fede Cattolica. Il Terzo Segreto predice la perdita di queste fondamenta. Ogni testimone di questa vicenda ne è sicuro, lo afferma anche Papa Giovanni Paolo II, ed è soprattutto la frase chiave “In Portogallo si conserverà sempre il dogma della fede ecc.” a confermarcelo.

Come ci disse Gesù: “Che profitto potrà mai avere un uomo nel guadagnare il mondo intero, se perde la sua anima immortale?” Se un uomo perde la propria anima per colpa del nuovo orientamento nella Chiesa, del Nuovo Ordine Mondiale, dell'Unica Religione Mondiale o per la promessa di pace e prosperità nel mondo, non ne trae alcun vantaggio, dato che brucerà all'inferno per tutta l'eternità. Solo per questa ragione il Terzo Segreto, perla sua valenta di richiamo forte e diffuso, è fondamentale per la nostra salvezza. Non potrebbe essere più importante, perche riguarda la salvezza della nostra anima come pure quella delle anime dei Papi, dei cardinali, dei vescovi, dei sacerdoti, e del'ogni vivente persona. Per questo il Terzo Segreto riguarda ogni uomo, donna o fanciullo sulla faccia della terra, specialmente i Cattolici.

Lo stesso Cardinale Ratzinger nel 1984 ammise che se il Segreto non era stato pubblicato “almeno per ora”, era per “evitare di confondere le profezie religiose con del sensazionalismo” — all'esatto opposto di quello che afferma oggi, seguendo la Linea del Partito di Sodano, ovvero che il Terzo Segreto si sia compiuto con il tentato omicidio del 1981. Ma il Terzo Segreto è una profezia che si è cominciata ad avverare fin dal 1960, anno in cui Suor Lucia disse che la profezia sarebbe stata “più chiara” (mais claro). Come disse Frère Michel, una profezia che comincia a compiersi diventa senz'altro più chiara. Quindi, questa profezia ha iniziato a compiersi perlomeno dal 1960. Essa quindi riguarda i nostri tempi. E' un avvertimento materno della Madonna ed è anche un consiglio su come rispondere all'attuale condizione in cui versa la Chiesa.

Cerchiamo ora di entrare più specificatamente nell'essenza del Terzo Segreto. Come ha ammesso il Cardinale Ratzinger 18 anni fa — prima che il Cardinale Sodano attuasse la sua Linea del Partito — il Terzo Segreto riguarda per prima cosa i pericoli che minacciano la Fede. San Giovanni ci dice cosa può sconfiggere il mondo: la fede. Pertanto, se il mondo vuole sconfiggere la Chiesa, deve prima sconfiggere la nostra Fede in quanto Cattolica.

Il vero contenuto del Terzo Segreto è il tentativo del mondo di sconfiggere la nostra Fede Cattolica. Come abbiamo abbondantemente dimostrato nei capitoli precedenti, le forze del mondo si sono impegnate in un assalto maggiore contro la Fede Cattolica sin dal 1960. Non ci sono dubbi su questo, basta vedere le innumerevoli prove che abbiamo mostrato in questo libro.

Scendendo ancora più nello specifico, il Segreto riguarda il dogma della Fede. La Madonna di Fatima ha parlato del dogma della Fede che verrà conservato per sempre in Portogallo e non semplicemente “la Fede”. Perché la Madonna ha concentrata su dogma Cattolico? E' ovvio, lo ha fatto perché il Segreto profetizza che il dogma Cattolico, specificamente, sarebbe il bersaglio di costanti attacchi dall'interno e dall'esterno della Chiesa. Nostro Signore Gesù ci aveva messi in guardia, nella Sacra Scrittura: “perché sorgeranno falsi cristi e falsi profeti e faranno segni e portenti per ingannare, se fosse possibile, anche gli eletti”. (Mc. 13:22). Come dimostra l'eresia ariana, questi falsi profeti possono essere persino sacerdoti o vescovi. Ricordiamo la famosa descrizione della Chiesa Cattolica di quei tempi, fatta dal Cardinale Newman: “Quei pochi che rimanevano fedeli venivano screditati e mandati in esilio; quelli che rimanevano erano gli ingannatori o gli ingannati”. In tali periodi di crisi, i Cattolici devono perseverare nel seguire i dogmi della Fede.

Ma che cos'è dogma? Il dogma è ciò che è stato definito infallibilmente dalla Chiesa. Il dogma è ciò che i fedeli devono credere per essere Cattolici. I dogmi della Fede sono contenuti nelle solenni ed infallibili definizioni del Magistero — in pratica, quando il Papa da sè solo parla ex cathedra e le sue parole hanno chiaramente valore vincolante per la Chiesa Universale credere in ciò che egli dichiara, oppure un Concilio ecumenico di tutti i vescovi Cattolici presieduto dal Papa che proclamano un tale pronunciamento vincolante, o quelle cose già insegnate dal Magistero Ordinario ed Universale della Chiesa.

Che cosa si intende per definizione infallibile di un dogma? La parola infallibile significa un qualcosa che “non può fallire”, una definizione che non può essere sbagliata. Così sono le definizioni della Fede, solennemente definite dalla Chiesa. Esse non possono essere sbagliate. Sappiamo che la Fede è, che sono i dogmi della Fede, per mezzo di definizioni infallibili. Se crediamo e teniamo saldo queste definizioni infallibili, allora non potremo essere ingannati in merito agli argomenti trattati da queste definizioni.

Come sappiamo se un argomento è stato definito in maniera infallibile come un dogma di fede? Lo sappiamo per la maniera in cui tale insegnamento ci viene presentato.

Le quattro fonti dell'insegnamento infallibile

Esistono quattro modi principali in cui possono venirci presentati gli insegnamenti infallibili della Chiesa:

Il primo, tramite la promulgazione della varie professioni di Fede (i credi) da parte dei Papi e dei concili ecumenici dogmatici; essi forniscono un riassunto di quello che i Cattolici bisognano credere per essere veramente Cattolici.

Il secondo, per mezzo di definizioni solenni che contengono frasi come: “Noi dichiariamo, pronunciamo e definiamo” o formule simili che indicano che il Papa da solo od in unione con il concilio ecumenico, ossia universale, intende con chiarezza vincolare la Chiesa a credere all'insegnamento che sta pronunciando. Tali definizioni vengono in genere accompagnate da anatemi (o condanne) di coloro che negano, in qualche modo, tali insegnamenti.

Il terzo sono le definizioni del Magistero Ordinario ed Universale, ovvero l'insegnamento costante della Chiesa in maniera “normale” sempre ed ovunque, anche se l'insegnamento non viene mai solennemente definito da parole quali “Dichiariamo, pronunciamo e definiamo ...” (un esempio di questo può essere il costante insegnamento della Chiesa, durante tutta la sua storia, secondo il quale la contraccezione e l'aborto sono gravemente immorali).

Il quarto, sono i giudizi definitivi del Papa, in genere delle proposizioni condannate, che sono quelle asserzioni che sono proibiti ai Cattolici a credere. Quando un Papa da sè solo, oppure insieme ad un concilio, condanna solennemente una proposizione, sappiamo con certezza infallibile che tale proposizione è contraria alla Fede Cattolica.

Un esempio di un credo è la professione di Fede promulgata dal Concilio di Trento. Lo pubblichiamo qui, diviso in vari punti per comodità, usando le esatte parole.

  • Io, N.N, con fede ferma, credo e professo tutte le cose e ciascuna singolarmente che sono contenute nel Simbolo di Fede che la Santa Chiesa Romana usa, e cioè:
  • Credo in un solo Dio, Padre Onnipotente, Creatore del Cielo e della terra, di tutte le cose visibili ed invisibili; e in
  • un solo Signore, Gesù Cristo, unigenito Figlio di Dio, nato dal Padre prima di tutti i secoli: Dio da Dio, Luce da Luce, Dio vero da Dio vero; generato, non creato, della stessa sostanza (consostanziale) del Padre; per mezzo di Lui tutte le cose sono state create;
  • Per noi uomini e per la nostra salvezza discese dal Cielo; e per opera dello Spirito Santo si è incarnato nel seno della Vergine Maria e si è fatto uomo.
  • Fu crocifisso anche per noi sotto Ponzio Pilato, morì e fu sepolto;
  • Il terzo giorno è risuscitato, secondo le Scritture, e salito al Cielo;
  • Siede alla destra del Padre. E di nuovo verrà nella gloria, per giudicare i vivi ed i morti, ed il Suo regno non avrà fine.
  • E credo nello Spirito Santo, che è Signore e dà la Vita, e procede dal Padre e dal Figlio. Con il Padre ed il Figlio è adorato e glorificato; e ha parlato per mezzo dei profeti.
  • E credo la Chiesa, una, santa, Cattolica ed apostolica.
  • Confesso un solo battesimo per il perdono dei peccati; aspetto la resurrezione dei morti e la vita del mondo che verrà. Amen.
  • Accolgo ed abbraccio in modo fermissimo le tradizioni apostoliche ed ecclesiastiche e le restanti consuetudini e costituzioni della stessa Chiesa.
  • E così pure accolgo la Sacra Scrittura secondo quel senso che ha tenuto e che tiene per fermo la Santa Madre Chiesa, cui spetta giudicare sul vero senso e sull'interpretazione delle Sacre Scritture, né mai la riceverò o la interpreterò, se non secondo l'unanime consenso dei Padri.
  • Riconosco anche apertamente che sette sono i sacramenti veri e propri della Nuova Legge istituiti da Nostro Signore Gesù Cristo e necessari per la salvezza del genere umano, anche se non tutti per ognuno.
  • E cioè: il battesimo, la confermazione, l'eucaristia, la penitenza, l'estrema unzione, gli ordini sacri e il matrimonio; e che questi conferiscono la grazia, e che fra questi il battesimo, la confermazione e gli ordini sacri non possono essere ripetuti senza sacrilegio.
  • Ricevo e riconosco inoltre, nella solenne amministrazione di tutti i sacramenti di cui sopra, i riti, consuetudinari ed approvati, della Chiesa Cattolica.
  • Abbraccio ed accolgo tutte le cose e ciascuna singolarmente, che, a proposito del peccato originale e della giustificazione, sono state definite e dichiarate nel sacrosanto Concilio di Trento.
  • Riconosco parimenti che nella Messa viene offerto a Dio un vero e proprio Sacrificio di espiazione per i vivi e per i morti, e che nel Santissimo Sacramento dell'Eucaristia c'è veramente, realmente e sostanzialmente il Corpo ed il Sangue, insieme all'Anima ed alla Divinità, di Nostro Signore Gesù Cristo, e che avviene la trasformazione di tutta la sostanza del pane nel Corpo, e di tutta la sostanza del vino nel Sangue, trasformazione che la Chiesa Cattolica chiama transustanziazione.
  • Confesso che anche soltanto sotto una delle due specie viene assunto Cristo completo ed integro e il vero sacramento.
  • Tengo anche fortemente per fermo che esiste il purgatorio e che le anime che qui vengono trattenute, sono aiutate dai suffragi dei fedeli;
  • e similmente che i santi che regnano con Cristo debbono essere venerati ed invocati e che questi offrono preghiere a Dio per noi, e che le loro reliquie debbono essere venerate.
  • Dichiaro con forza che si debbono possedere e custodire le immagini di Cristo e della sempre Vergine Madre di Dio, come pure degli altri santi, e che ad esse debbono essere tributate l'onore e la venerazione dovute;
  • e affermo che da Cristo alla Chiesa è stata conferita anche la potestà delle indulgenze, e che l'uso di queste è massimamente utile per il popolo cristiano.
  • Riconosco la santa, Cattolica, apostolica Chiesa Romana come madre e maestra di tutte le Chiese;
  • prometto e giuro vera obbedienza al Pontefice Romano, successore del Beato Pietro, Principe degli Apostoli e vicario di Gesù Cristo.
  • Accolgo e professo poi senza dubbio alcuno tutte le altre cose che, dai sacri canoni e dai concili ecumenici, e in modo particolare dal sacrosanto Concilio di Trento [e dall'ecumenico concilio Vaticano I] sono state trasmesse, definite e dichiarate [particolarmente in ordine al primato ed al magistero infallibile del Pontefice Romano]9
  • e insieme io ugualmente condanno, rifiuto e anatemizzo tutte le cose contrarie e le eresie di qualsiasi genere che dalla Chiesa sono state condannate, rifiutate e scomunicate.
  • Io, N, prometto, faccio voto e giuro che, con l'aiuto di Dio, manterrò sempre salda e professerò costantemente la vera fede Cattolica, al di fuori della quale nessuno può salvarsi e che io ora professo e tengo sinceramente. Con l'aiuto di Dio, la professerò sempre e fino in punto di morte; e, con tutte le mie capacità, farò in modo che i miei sottoposti o coloro i quali mi sono stati affidati per via del mio incarico, possano anch'essi mantenerla salda, insegnarla e predicarla. Per questo possano il Signore Iddio ed il Suo Vangelo aiutarmi.

Un recente esempio di definizione infallibile di un dogma Cattolico, è la lettera apostolica di Papa Pio Nono, Ineffabilis Deus, (1854) che definisce infallibilmente il dogma dell'Immacolata Concezione di Maria:

Noi dichiariamo, affermiamo e definiamo rivelata da Dio la dottrina che sostiene che la Beatissima Vergine Maria fu preservata, per singolare grazia e privilegio di Dio onnipotente, in previsione dei meriti di Gesù Cristo, Salvatore del genere umano, immune da ogni macchia di peccato originale fin dal primo istante del suo concepimento, e ciò deve pertanto essere oggetto di fede certo ed immutabile per tutti i fedeli.

Se qualcuno dunque avrà la presunzione di pensare diversamente da quanto è stato da Noi definito (Dio non voglia!), sappia con certezza di aver pronunciato la propria condanna, di aver subito il naufragio nella fede, di essersi separato dall'unità della Chiesa, e se avrà osato rendere pubblico, a parole o per iscritto o in qualunque altro modo, ciò che pensa, sappia di essere incorso, ipso facto, nelle pene comminate dal Diritto.

Ci torna in mente l'affermazione di Ratzinger, contenuta nell'MDF, in cui il cardinale sottomina radicalmente questo dogma — ed il Messaggio di Fatima — affermando che “secondo Mt. 5, 8 il ‘cuore immacolato’ è un cuore, che a partire da Dio è giunto ad una perfetta unità interiore e pertanto ‘vede Dio’”. No, no, no! Il Cuore Immacolato non è “un” cuore, ma il Cuore — l'unico e vero cuore — della Beata Vergine Maria, la Quale è l'unica persona umana concepita senza peccato originale e che non ha mai commesso neanche il più piccolo dei peccati durante la Sua gloriosa esistenza sulla terra.

Infine, vi sono le proposizioni condannate. Un esempio di esse è il Sillabo degli Errori del Beato Pio Nono, dove il grande Papa racchiuse i tanti errori del liberalismo in forma di proposizioni da lui solennemente, definitivamente ed infallibilmente condannate come errori contro la Fede10, compresa la tesi #80 (da noi ricordata in precedenza) secondo la quale: “Il Pontefice Romano può e deve riconciliarsi e venire a patti con il progresso, il liberalismo e la civiltà moderna”.

Come abbiamo mostrato, anche il Cardinale Ratzinger ha cercato di sottominare i precedenti insegnamenti della Chiesa, affermando che l'insegnamento del Vaticano II era un “contro-Sillabo”, un “tentativo di riconciliazione ufficiale con la nuova era inaugurata nel 1789” ed un tentativo di correggere quello che lui stesso ha osato definire “la partigianeria della posizione adottata dalla Chiesa sotto il Beato Pio Nono e San Pio X in risposta alla situazione creatasi dalla nuova fase storica inaugurata dalla Rivoluzione Francese ...”11 Come se non bastasse questo suo rifiuto nell'accettare un insegnamento infallibile e solenne del Beato Pio Nono, il Cardinale Ratzinger afferma che al Vaticano II “l'atteggiamento di riserva critica nei confronti di quei movimenti che hanno lasciato il loro segno sul mondo moderno viene sostituito dal nuovo tentativo di venire a patti con esse”.12 Quest'opinione del Cardinale Ratzinger contraddice apertamente l'insegnamento del Beato Pio Nono secondo cui la Chiesa non deve assolutamente “venire a patti” con il “progresso, il liberalismo e la civiltà moderna”.

Quest'oltraggioso abuso da parte del Cardinale Ratzinger nei confronti del dogma dell'Immacolata Concezione e la sua arrogante definizione del Syllabus come un qualcosa di “partigiano”, mettono a nudo il vero problema della crisi post-conciliare nella Chiesa: l'assalto alle definizioni infallibili del Magistero.

Quest'attacco è stato condotto, in genere, per vie indirette. La definizione infallibile di norma non viene attaccata direttamente, ma piuttosto sottominata tramite un certo tipo di “revisionismo” o di criticismo. Gli innovatori della Chiesa non sono tanto stupidi da dichiarare che un insegnamento infallibile della Chiesa è sbagliato. E può anche essere che nella loro “illuminazione” questi innovatori pensino sinceramente di “approfondire” o di “sviluppare” gli insegnamenti della Chiesa per il suo bene — ma qui non stiamo giudicando le loro motivazioni soggettive. Ma gli effetti di ciò che fanno sono ovvi: il risultato è l'indebolimento progressivo degli insegnamenti definiti infallibilmente dal Magistero.

Un altro esempio di questo indebolimento è l'attacco al dogma secondo il quale al di fuori della Chiesa Cattolica non vi è salvezza. Il Credo Tridentino, riportato poco fa per intero, afferma “prometto solennemente e giuro di ritenere fermissimamente, con l'aiuto di Dio, questa vera fede Cattolica, — fuori della quale nessuno potrà esser salvo …” Nel sesto capitolo abbiamo mostrato come, varie volte, il Magistero abbia solennemente definito il dogma per il quale non vi è salvezza al di fuori della Chiesa Cattolica. Ma ancora oggi, il dogma viene negato e sottominato da un “ecumenismo” che arriva a dichiarare che gli eretici protestanti e gli scismatici Ortodossi non devono più tornare in seno alla Chiesa Cattolica per essere salvati, dato che questa è solo “un'ecclesiologia datata”13. E mentre in alcuni luoghi oramai il dogma viene negato apertamente, in altri non è così apertamente attaccato, ma si trova ad essere lettera morta per via di ripetuti ed insidiosi attacchi indiretti contro di esso, e come risultato non viene più creduto né seguito in quelli luoghi.

E' innegabile il fatto che a partire dal Vaticano II siano stati introdotti nella Chiesa tutta una serie di nuovi concetti, chiamati “sviluppi” della dottrina Cattolica, anche se tali novità, implicitamente (ma talvolta anche esplicitamente) contraddicono e sottominano le definizioni infallibili. Per esempio, l'idea che il documento conciliare Gaudium et Spes possa essere un “Contro-Sillabo” che contraddice le solenni condanne del Beato Papa Pio Nono14 sottomina qualsiasi credibilità nel Magistero infallibile. Una tale affermazione è un vero e proprio attacco alla stessa credibilità del Magistero della Chiesa ed è, pertanto, un attacco al dogma Cattolico in sé.

Non vi possono essere
“nuove interpretazioni” di Dogmi Cattolici

Questo attacco post-conciliare contro i dogmi di Fede, condotto per mezzo del sottominare e della contraddizione implicita, non può essere giustificato come un nuovo “approfondimento” o “sviluppo” del dogma. Come ha insegnato solennemente il Primo Concilio Vaticano: “Ai successori di Piètro lo Spirito Santo é stato promesso non perché, per Sua rivelazione, insegnassero una nuova dottrina, ma affinchè, con la Sua assistensa, custodissero integralmente ed esponessero fedelmente la Rivelazione tramandata per mezzo degli Apostoli, ovvero il deposito della Fede”.15

In più, il Vaticano I ha insegnato che non vi può essere una “nuova interpretazione” di ciò che la Chiesa ha già definito infallibilmente:

Che l'interpretazione dei sacri dogmi, che la Santa Madre Chiesa ha già definito, sia mantenuta per sempre; e non dovrà mai esservi un cambiamento [una deviazione] da quella interpretazione che cada sotto il pericoloso concetto di comprensione approfondita.16

Quindi è un dogma di Fede Cattolica che noi crediamo che nessuna nuova dottrina è stata rivelata da Dio dalla morte dell'ultimo Apostolo, San Giovanni, e che non è sorta né può sorgere una nuova interpretazione della dottrina per via del Vaticano II o di chicchessia.

Pertanto, questa “nuova” dottrina o “contro”-dottrina che abbiamo visto a partire al Vaticano II può essere solo una pseudo-dottrina; ed essa viene insegnata in modi assai sottili. Quando una pseudo-dottrina contraddice le dottrine che sono state definite infallibilmente, i Cattolici sono tenuti ad attenersi alle dottrine infallibili e a rifiutare quelle “nuove”.

Il dogma della Fede non può essere in errore, ma le novità possono trarci in errore. Gli uomini possono sbagliare; e lo possono i laici, così come i sacerdoti, i vescovi, i cardinali e persino il Papa, in merito ad argomenti che non coinvolgano il suo crisma dell'infallibilità, come ci insegna la storia nel caso di Papi che hanno insegnato, o che è sembrato che insegnassero, nuovi concetti.

Per esempio, Papa Onorio fu condannato postumo dal Terzo Concilio di Costantinopoli nel 680 d.C. per aver aiutato la diffusione dell'eresia17, e una tale condanna fu approvata da Papa Leone II e ripetuta da Papi successivi. Un altro esempio, Papa Giovanni XXII, nel 14° secolo (1333), pronunciò delle omelie (ma non definizioni solenni) nelle quali affermava che i beati defunti non beneficiavano della Visione Beatifica fino al giorno del Giudizio Universale. Per questo egli fu smentito e corretto dai teologi ed alla fine, in punto di morte, ritrattò la sua opinione eretica.

Nel caso di Papa Giovanni XXII17a, i Cattolici piu istruiti (in questo caso i teologi), sapevano che Giovanni XXII era in errore nei suoi insegnamenti sul Giudizio Universale. Sapevano che qualcosa era sbagliato dal momento che il Papa stava contraddicendo quel che la Chiesa aveva sempre creduto, anche se non vi era mai stata una definizione infallibile. I Cattolici che conoscevano bene la propria Fede nel 14° secolo non dissero “Oh, il Papa lo ha detto nell'omelia, quindi dobbiamo cambiare il nostro credo”. Alla luce del costante insegnamento della Chiesa sulle anime morte in stato di grazia che partecipano della Visione Beatifica subito dopo aver lasciato il Purgatorio, i teologi sapevano che Papa Giovanni XXII era in errore, e glielo dissero.

Per questo motivo, l'immediatezza della Visione Beatifica fu solennemente ed infallibilmente definita dal successore di Giovanni XXII nel 1336. Questo pose l'argomento fuori da ogni altra discussione — ed è proprio questo il motivo che rende necessarie le definizioni infallibili. Lo stesso si può dire al riguardo di ogni altro argomento definito infallibilmente dalla Chiesa. Noi possiamo, e anzi dobbiamo, far affidamento su queste definizioni infallibili con assoluta certezza, rifiutando ogni opinione contraria — anche se provengono da un cardinale o persino da un Papa.

Ci sono altri esempi di errori commessi da un Papa. Anche il primo Papa, San Pietro, commise un errore, come riportato nelle Sacre Scritture — non per le cose che disse ma per l'esempio che dette. San Pietro si era rifiutato di sedere ad un tavolo con i Gentili (non Ebrei) convertiti, ad Antiochia nel 50 d.C. Rifuggendo questi convertiti, San Pietro dette l'impressione che fosse errato l'infallibile insegnamento del Primo Concilio di Gerusalemme sul fatto che la legge cerimoniale Mosaica, che includeva il divieto per gli Ebrei di mangiare con i Gentili “impuri”, non valesse per la Chiesa Cattolica. Questo fu il motivo per cui San Paolo rimproverò personalmente San Pietro faccia a faccia pubblicamente. (Gal. 2.11)

Un altro esempio viene da Papa Liberio nel 357 d.C. (all'incirca), il quale commise un errore promulgando un Credo propostogli dagli ariani, che tralasciava completamente di menzionare il fatto che il Figlio fosse consostanziale al Padre. Egli lo promulgò perché era stato in esilio 2 anni e sotto minaccia di morte, e commise anche l'errore (sempre per la durezza dell'esilio) di condannare e scomunicare — ma in pratica era solo l'apparenza di una scomunica — il grande Sant'Atanasio, il quale non stava facendo altro che difendere la Fede su quest'argomento. Liberio, che fu il primo Papa a non essere stato proclamato santo dalla Chiesa, si sbagliava perché Sant'Atanasio stava mantenendo salda la Dottrina Cattolica — unica e infallibile — insegnata infallibilmente dal Concilio di Nicea nel 325 d.C. Era quella definizione infallibile a dover essere seguita in questo caso, e non il difettoso insegnamento di Papa Liberio.

Da questi esempi della storia della Chiesa impariamo che tutto quello che ci viene proposto di credere deve essere prima passato al vaglio di quelle definizioni o di ció che é stato creduto sempre ed ovunque. E quindi, se un cardinale, un vescovo, un prete, un laico o persino un Papa ci insegnano qualcosa di nuovo e di contrario a qualsiasi definizione della Fede, possiamo essere certi che quell'insegnamento è errato e deve essere pertanto rifiutato per il bene e la salvezza delle nostre anime immortali. Sí, anche un Papa può sbagliarsi, ed egli sbaglia se esprime un'opinione che è contraria ad una definizione solenne ed infallibile della Chiesa Cattolica. Questo non vuol dire che sia la Chiesa a sbagliarsi quando ciò accade, ma solo che la persona del Papa ha commesso un errore senza anche che questo si debba per forza imporre alla Chiesa. Ovviamente, se un Papa può commettere un errore insegnando qualcosa di nuovo, allora possono certamente sbagliarsi i cardinali, i vescovi ed i sacerdoti, quando esprimono le proprie opinioni ed i propri insegnamenti.

Quindi, quando la Madonna parla del “dogma della fede”, Ella ci indica “i pericoli che incombono sulla Fede” — e che incombono su “la vita del cristiano e dunque (la vita) del mondo”, per richiamare l'ammissione del Cardinale Ratzinger nel 1984. I pericoli incombono sulla Fede quando si arriverà a sottominare o negare le infallibili definizioni dogmatiche della Fede Cattolica; perché sono proprio queste definizioni le fondamenta stesse della Fede Cattolica, e quindi le fondamenta stesse della nostra salvezza, per usare le parole dell'omelia del Papa a Fatima nel 1982.

All'obiezione che i semplici sacerdoti o i laici debbano obbedire per forza ai prelati di alto rango come il Cardinale Ratzinger, o persino (nel caso di quegli esempi straordinari che abbiamo esaminato poco fa) al Papa, qualsiasi cattolico deve respondere: è per questo che esistono le definizioni infallibili. Solo confrontando una opinione o un insegnamento con una definizione infallibile si può sapere se l'insegnamento di qualcuno sia vero o falso — non si può giudicare dalla carica gerarchica che quella persona riveste nel clero. Come disse San Paolo: “Orbene se anche noi stessi od un angelo dal Cielo vi predicasse un vangelo diverso da quello che vi abbiamo predicato, sia anatema!” (Gal. 1:8) I fedeli possono persino arrivare a dare anatema ad un apostolo — ovvero a considerarlo un reietto della Chiesa, degno delle fiamme dell'inferno — se egli contraddice gli infallibili insegnamenti della Chiesa. Ecco perché i teologi furono in grado di correggere Papa Giovanni XXII nei suoi erronei insegnamenti dal pulpito; ed è per questo che i Cattolici di oggi hanno il diritto di discernere il giusto insegnamento da quello sbagliato, anche se hanno un rango inferiore rispetto al prelato che sta commettendo l'errore.

Il esempio storico di grande importanza si trova nel caso di un avvocato di nome Eusebio, il quale sconfessò pubblicamente Nestore, Arcivescovo di Costantinopoli e la figura di rango più alto dopo il Papa, secondo il quale Maria non era la Madre di Dio. Eusebio si alzò dal banco della chiesa il giorno di Natale, durante la Messa, e accusò Nestore di pronunciare eresie. Tutti gli altri preti e vescovi “di alto rango” erano rimasti in silenzio di fronte a questa chiara eresia di Nestore. Un laico aveva ragione e tutti loro erano in errore. Fu indetto il Concilio di Efeso per chiarire il dilemma, e fu solennemente ed infallibilmente definito il dogma per il quale Maria è la Madre di Dio. E dal momento che Nestore rifiutò di ritrattare, egli venne deposto e dichiarato eretico. Venne quindi scomunicato!

Per riassumere, la verità non è cosa che si possa valutare dal rango o dai numeri. La verità è ciò che Dio e il Suo Cristo hanno rivelato nella Sacra Scrittura e nella Tradizione, ovvero quello che è definito solennemente dalla Chiesa Cattolica, e quello che essa ha sempre insegnato — sempre, non solo dal 1965!

I disastrosi effetti dovuti alla
manomissione delle definizioni infallibili

La storia ci porta un altro esempio eclatante di quello che può succedere alla Chiesa quando anche un solo suo dogma viene contraddetto su vasta scala. L'eresia ariana causò una confusione catastrofica nella Chiesa dal 336 al 381 d.C. L'Arianesimo era stato condannato nel 325, ma nel 336 cominciò a diffondersi di nuovo. Proprio a partire dal 336, l'eresia era riuscita a portare a sé ben il 90% dei vescovi, prima che fosse sconfitta definitivamente circa cinquant'anni dopo. Nella confusione e perdita di Fede che ne risultarono, persino il grande Sant'Atanasio fu “scomunicato” dal Papa nel 357. Nel 381 l'Arianesimo era stato sconfitto dal Primo Concilio di Costantinopoli. Tuttavia, fu ancora assai potente e pernicioso tra il 360 ed il 380. I risultati furono del tutto devastanti per la Chiesa.

La crisi ariana ha probabilmente molto da dirci sui possibili contenuti della parte mancante del Terzo Segreto. Uno dei motivi per cui gli ariani ebbero successo per qualche anno, fu perché essi erano riusciti ad attaccare, “con successo”, un dogma che era stato precedentemente pronunciato solennemente ed infallibilmente dal Concilio di Nicea, nel 325 — ovvero che Cristo è Dio da Dio, luce da luce, Dio vero da Dio vero. Generato e non creato; consostanziale al Padre. Questa definizione solenne ed infallibile è contenuta nel Credo di Nicea, che professiamo tutte le domeniche a Messa.

Gli ariani mutarono la definizione, facendo in modo che molti “fedeli” chiedessero di sostituirla con una falsa definizione, non infallibile. Nel 336 gli ariani rimpiazzarono la parola greca Homoousion con un'altra Homoiousion. La parola Homoousion vuol dire in pratica “consostanziale” con il Padre. Perché il Dio Figlio sia consostanziale con il Padre, il Figlio non deve essere solo Dio ma anche lo stesso Unico Dio come il Padre, cosicché la sostanza del Padre è la sostanza del Figlio, anche se la persona del Padre non è la Persona del Figlio. Così, sono tre le Persone in un Dio — Padre, Figlio e Spirito Santo — ma c'è solo un Dio, con un'unica sostanza, in tre Persone distinte. Questo è il mistero della Trinità. La nuova parola Homoiousion, tuttavia, significa “di sostanza simile” al Padre. Così, la frase fondamentale del dogma — “consostanziale col Padre” — era stata cambiata in “di sostanza simile al Padre” o “come il Padre”.

Gli ariani crearono una grande confusione nella Chiesa aggiungendo solamente una lettera alla parla Homoousion per creare una nuova parola con un significato diverso: Homoiousion. Essi attaccarono una definizione solenne, pretendendo che la loro nuova definizione sarebbe stata migliore di quella definita solennemente. Ma ovviamente, la nuova definizione non era migliore della definizione solenne, dato che questa, promulgata solennemente dal Concilio di Nicea, era infallibile.

Aggiungendo una sola lettera ad una parola, gli ariani si erano sbarazzati di una definizione infallibile. Questo aprì le porte agli ariani ed si semi-ariani, e tutto ciò condusse ad una guerra aperta. La gente fu martirizzata, perseguitata, portata in esilio o a morire nei deserti, solo per un unico cambiamento di un unico dogma infallibile. Sant'Atanasio fu mandato in esilio per cinque volte dal Sinodo d'Egitto (e passò in esilio almeno 17 anni per questo). Ma aveva ragione, ed i vescovi eretici di quel Sinodo erano tutti in errore.

Le definizioni infallibili sono al di sopra di
qualsiasi erudizione o rango nella Chiesa

Perché Atanasio era certo di essere nella verita? Perché era rimasto fedele alla definizione infallibile, non ascoltando a quelli che affermavano qualunque cosa altra. La verità di una definizione Cattolica infallibile pronunciata solennemente non può venir negata da nessuno, qualunque carica stia ricoprendo e qualsiasi sia il suo grado di conoscenza. Anche gli elementi più umili tra i fedeli, attenendosi ad una definizione infallibile, sapranno di più dei teologi più “eruditi” che negano o sottominano tale definizione. Questo è lo scopo dell'insegnamento delle definizioni infallibili della Chiesa — renderci indipendenti dalle semplici opinioni di un uomo, per quanto sapiente, e per quanto alta sia la sua carica.

Quindi, nel 325, la solenne definizione data dal Concilio di Nicea era infallibile, ma molte persone allora non capivano pienamente che le solenni definizioni della Fede erano infallibili. In quest'epoca infatti, la Chiesa non aveva ancora emesso una solenne definizione per la quale le definizioni di Fede sono infallibili. Ma nel 1870, il Concilio Vaticano Primo definì, solennemente ed infallibilmente, il dogma dell'infallibilità delle definizioni solenni della Chiesa. Ora lo sappiamo, inequivocabilmente. Per l'ultima volta: le definizioni solenni sono infallibili — sempre.

Le definizioni infallibili subiscono un
attacco costante ai giorni nostri

In quest'epoca, quindi, non vi possono essere giustificazioni dal cadere nell'eresia e nel non sostenere più le definizioni solenni. Ma è proprio quello che accade oggi, come ai tempi di Ario. Gli uomini di Chiesa valutano le cose sulla base del Vaticano II invece di giudicare il Concilio Vaticano II sulla base delle definizioni infallibili. Essi hanno dimenticato che le definizioni infallibili, e non il Vaticano II, sono la base immutabile dalla quale si misura ogni dottrina, così come un metro serve a misurare le distanze in centimetri. Nessuno si sognerebbe di negare che il metro misura 100 centimetri. Così, la Chiesa non può decidere all'improvviso che il Vaticano II è il nuovo metro della Fede.

Dopo quest'analisi dettagliata, torniamo nuovamente al Terzo Segreto. Questo è il motivo per cui il Terzo Segreto inizia con il riferimento al dogma della Fede. Questo è il motivo per cui Suor Lucia ha affermato che il Terzo Segreto sarebbe stato “più chiaro” dopo il 1960. E noi tutti, è innegabile, stiamo vivendo nel periodo di calamità previsto dal Terzo Segreto. Come lo sappiamo? Perché la Vergine ci ha detto che il Segreto sarebbe stato “più chiaro” nel 1960 e ci ha detto che alla fine il Suo Cuore Immacolato Trionferà. Dal momento che questo Trionfo del Cuore Immacolato non si è ovviamente ancora realizzato, stiamo vivendo il periodo tra il 1960 ed il Trionfo finale — ovvero, il periodo di cui parla proprio la profezia del Terzo Segreto.

Quello che stiamo vivendo attualmente dopo il Concilio Vaticano II è un attacco, molto sottile ed indiretto, alle definizioni solenni della Chiesa. Il Vaticano II è stato un concilio cosiddetto pastorale, che non si è voluto esprimere con pronunciamenti solenni ed anzi — e secondo alcune persone — è andato contro alcune precedenti definizioni solenni ed infallibili. Ma il Concilio, come abbiamo visto, voleva essere “pastorale” proprio per evitare tali solenni definizioni, per evitare qualsiasi condanna di errori, come aveva dichiarato Papa Giovanni XXIII nel discorso d'apertura.

Cosa c'è di male in tutto ciò? Il fatto che per quel piccolo dettaglio di non voler dare definizioni solenni, è stata lasciata la porta aperta nel Concilio all'utilizzo di termini e concetti che potessero sottominare le definizioni solenni già esistenti — lo stesso trucco usato dagli ariani nel quarto secolo per portare discordia all'interno della Chiesa. Ed essi erano quasi riusciti nel sovvertire l'intera Chiesa.

La stessa cosa sta succedendo ancora sin dall'apertura del Concilio Vaticano Secondo. Ma i fedeli hanno un modo per risolvere il problema. Il Vaticano II non si è spinto fino ad esercitare il potere di esprimersi usando il suo supremo Magistero, di definire la dottrina o di condannare gli errori. Dato che non ha esercitato queste autorità, ogni cosa che è stata insegnata al Vaticano II che non sia stata precedentemente definita in modo infallibile, deve essere esaminata alla luce delle definizioni dogmatiche infallibili ed agli insegnamenti della Chiesa Cattolica.

Tuttavia, questo non accade più ai nostri giorni. La gente interpreta ormai la “Fede” sulla base del Vaticano II. E' proprio questo ciò di cui parlava la Madonna di Fatima, andando dritta al problema. Ella disse che il dogma della Fede sarebbe stato sempre conservato in Portogallo — ma chiaramente perso in altri paesi — dicendo a Suor Lucia che i suoi avvertimenti dovevano essere resi noti per il 1960, proprio nel momento in cui veniva annunciato il Concilio.

Questa conclusione è avallata dalle omelie tenute dal Papa a Fatima, nel 1982 e nel 2000. Nel 1982 il Papa affermò che le fondamenta della nostra salvezza venivano sottominate. Nel 2000, nella sua omelia in occasione della beatificazione dei Beati Giacinta e Francesco, Papa Giovanni Paolo II ci mise in guardia contro i pericoli che mettono a rischio la salvezza delle nostre anime, dicendoci che: “Il Messaggio di Fatima è un richiamo alla conversione, facendo appello all'umanità affinché non stia al gioco del ‘drago’, il quale con la ‘coda trascinava giù un terzo delle stelle del Cielo e le precipitava sulla terra’” (Ap. 12, 4). Ma di tutto questo, non vi è traccia alcuna nelle parti pubblicate del Messaggio di Fatima. Deve essere, pertanto, contenuto nel Terzo Segreto. Il Papa ci dice che il Terzo Segreto riguarda i pericoli per la Fede e che è direttamente coinvolto un terzo del clero Cattolico.17b

L'attacco viene dall'interno della Chiesa

Ci concentreremo ora su un altro particolare del Terzo Segreto. Il Papa ha fatto notare che l'attacco contro la Fede Cattolica proveniva dall' interno. Nel 1982 egli disse: “Può la Madre, Colei che con tutta la forza dell'amore che le deriva dallo Spirito Santo e desidera la salvezza di tutti noi, può Ella rimanere in silenzio mentre vede sottominate le fondamenta stesse della salvezza dei Suoi figli?” Il concetto di sottominare le basi implica un indebolimento delle fondamenta della nostra salvezza, dall'interno. Un nemico esterno della Chiesa la attacca dal di fuori, un infiltrato dal suo interno. In quest'ultimo caso, l'attacco è di solito sferrato di sorpresa, mentre le difese sono abbassate; colui che compie l'attacco è considerato “un amico”.

Quindi, Papa Giovanni Paolo II ci dice che la Fede Cattolica viene sottominata dall'interno (13 maggio 1982: “sottominate le fondamenta stesse della salvezza dei Suoi figli”) da parte del Clero Cattolico (13 maggio 2000: “un terzo delle stelle del Cielo”).

Concludiamo questa rassegna di testimonianza con altre due fonti dalle quali possiamo chiarire ancora di più quest'aspetto del Terzo Segreto. Nel 1963, la rivista tedesca Neues Europa rivelò quello che poteva essere parte del contenuto del Terzo Segreto: cardinale contro cardinale e vescovo contro vescovo. Sappiamo quel che disse il Cardinale Ottaviani, il quale anche lui ha letto il Terzo Segreto, quando gli venne chiesto se fosse il caso di ripubblicare l'articolo del Neues Europa; egli disse con grande enfasi: “pubblicatene 10.000, 20.000, 30,000 copie!”;18 l'affermazione è ancora più sorprendente proprio perché proviene dal Cardinale Ottaviani, un uomo dalla personalità fredda e sorvegliata e che fu sempre piuttosto scettico sulla maggior parte delle apparizioni.

Quindi abbiamo la testimonianza di Padre Malachi Martin sul messaggio di Garabandal. Per Padre Martin, il messaggio di Garabandal contiene il Terzo Segreto, o comunque parti di esso. Egli conosceva il Terzo Segreto, dato che lo aveva letto, ed aveva letto anche quello di Garabandal: ed affermò che la Madonna era apparsa a Garabandal nel 1961 proprio per rivelare il Terzo Segreto, dato che il Vaticano aveva deciso di non rivelarlo nel 1960. Qual è il messaggio di Garabandal? Esso dice, tra le altre cose: “molti Cardinali, vescovi e sacerdoti sono sulla via dell'inferno e stanno ‘trascinando’ tante anime con loro”. Anche qui torna il concetto di trascinare le anime all'inferno. La stessa terminologia appare nelle parole di Suor Lucia, quando diceva a Padre Fuentes che: “Il diavolo sa che i religiosi ed i sacerdoti che rinnegano la loro bella vocazione trascinano con se molte anime all'inferno”,19 e nelle parole del Papa, durante l'omelia del 13 maggio 2000, nella quale si riferisce alle parole del Libro dell'Apocalisse, in cui la coda del drago trascina via un terzo delle stelle (delle anime consacrate) dal Cielo.

Le apparizioni di Garabandal non sono state approvate in via ufficiale, ma il vescovo che ha giurisdizione su Garabandal — ovvero il Vescovo di Santander — ha affermato che esso non contiene niente di contrario alla Fede Cattolica.

L'attacco consiste in cattive
azioni e cattiva dottrina

Qui se deve notare che un membro del clero (ma anche un laico) è buono o cattivo, non lo si può discernere solo da quello che dice o non dice a parole per difendere la Fede. Inoltre di paragonare gli insegnamenti (ovvero le parole) di un prete, un vescovo, un cardinale o di un Papa a quelli infallibili del Magistero, bisogna vedere se quella persona sta anche comportandosi seguendo le pratiche ortodosse della Chiesa Cattolica per mezzo delle parole (pronunciate e scritte), delle sue azioni e della propria condotta di vita Cristiana. Bisogna sapere se quella persona (sia esso un prete, un vescovo, un cardinale o di un Papa) abbia compiuto delle Heteropraxis, cioè pratiche contrarie alla Fede, come ad esempio una mancanza di rispetto nei confronti di il Santissimo Sacramento.

La Fede può venire attaccata da certi comportamenti compiuti in maniera ovvia oppure più sottile. A determinate parole devono seguire determinati comportamenti. Noi sosteniamo la Fede mantenendo salde le dottrine con i nostri pensieri, le nostre parole ed i nostri scritti, ma anche agendo secondo le pie usanze della Chiesa, che ci aiutano nella nostra adesione alla Fede. Se si introducono dei nuovi pratiche in una parrocchia (o in una diocesi, o in una provincia ecclesiastica, o addirittura nell'intera Chiesa universale, cosa ritenuta possibile da alcuni Dottori della Chiesa) che danno l'impressione che una definizione di Fede deve non essere più creduta, il risultato di questa Heteropraxis sarà quello di scandalizzare le anima dei più semplice, anche di alcuni eruditi.

Per esempio, la definizione solenne del Concilio di Trento definisce infallibilmente ciò che Dio stesso ci ha assicurato ovvero che l'Ostia consacrata è veramente la Sua Presenza Reale — Corpo e Sangue di Nostro Signore Gesù Cristo, insieme alla Sua Anima ed alla Sua Divinità. I protestanti hanno voluto negare questo dogma di Fede ed hanno cercato di influenzare altre persone in merito. Quindi hanno introdotto la pratica della Comunione nella mano (introdotta e diffusa originariamente dagli eretici ariani nel Quarto Secolo, per negare che Gesù fosse Dio). Tramite quest'azione simbolica, la loro negazione diventava palese a tutti.

Questa Heteropraxis viene oggi usata dai nemici della Chiesa per dare scandalo e confondere molti Cattolici, fino a far perdere loro la fede sulla Presenza Reale. Ecco perché la pratica di dare la Comunione nelle mani era stata proibita dalla legge universale della Chiesa per molti secoli, e in un certo senso lo è tuttora, ai giorni d'oggi. Il recente indulto (i.e. il permisso), concesso per poter aggirare contro il contenuto letterale di tale legge, viene dato a condizione che questa pratica non risulti nel indebolimento della Fede nella Presenza Reale e non faccia mancare il rispetto per la Presenza Reale. Ma purtroppo è proprio questo ciò che accade, come possiamo vedere ogni giorno quando assistiamo ad una tale Heteropraxis nelle nostre chiese.20

Le pratiche che sostengono la dottrina ortodossa vengono invece definite Orthopraxis (ciò è le pratiche Cattoliche ortodosse). Tra queste ricordiamo: il genuflettersi alla presenza del Santissimo Sacramento, distribuire/ricevere la Comunione sulla lingua, concentrarsi e venerare il Tabernacolo con il Santissimo Sacramento come punto primario di attenzione (e adorazione) al centro della santuario e il comportamento solenne del clero dentro il santuario,20a mostrare la giusta reverenza di fronte alla Presenza di Dio nel Sacramento dell'Eucaristia. Questi esempi di orthopraxis (atti ortodossi che mantengono salda la fede) sono a testimonianza della verità del Dogma che il Santissimo Sacramento è la Reale Presenza di Dio — Corpo, Sangue, Anima e Divinità di Nostro Signore Gesù Cristo, sotto forma di pane — così come del giusto rispetto degli uomini verso Dio.

Un esempio di Heteropraxis contro il dogma della Presenza Reale è la Comunione nelle mani. Questa forma di Heteropraxis dà l'erronea messaggio al fedele che il Santissimo Sacramento non sia così importante, che, Lo sia semplicemente pane, e contribuisce al concetto eretico secondo cui in Esso non vi è la Presenza Reale di Dio — Corpo, Sangue, Anima e Divinità di Nostro Signore Gesù Cristo, sotto forma di pane. Un altro esempio di questo tipo di Heteropraxis è la rimozione dal santuario del Tabernacolo contenente il Santissimo Sacramento — in genere viene spostato in una stanza laterale od in una nicchia; in questo modo il fedele può venerare e concentrarsi solamente sulla sedia del “celebrante” o del “presidente” dell'“assemblea”. Il messaggio viene dato in maniera sottile, ma purtroppo assai efficace: si da l'impressione che il celebrante sia più importante che il Santissimo Sacramento dell'Eucaristia. E dal momento che il presidente dell'assemblea rappresenta la gente, si ha l'errata impressione che Dio sia meno importante che le gente!

Questi esempi ci ricordano ancora una volta le parole di Papa Pio XII:

Supponiamo, caro amico, che il Comunismo [uno degli “errori della Russia” menzionati dal Messaggio di Fatima] sia solo uno degli strumenti più evidenti di sovversione usati contro la Chiesa e le tradizioni della Rivelazione Divina … Sono preoccupato per il messaggio che ha dato la Beata Vergine a Lucia di Fatima. Questo insistere da parte di Maria sui pericoli che minacciano la Chiesa è un avvertimento divino contro il suicidio di alterare la Fede, nella Sua liturgia, la Sua teologia e la Sua anima … Verrà un giorno in cui il mondo civilizzato rinneghera il proprio Dio, in cui la Chiesa dubiterà come dubitò Pietro. Sarà allora tentata in credere che l'uomo è diventato Dio ... Nelle nostre chiese, i Cristiani cercheranno invano la lampada rossa dove Dio li aspetta. Come Maria Maddalena, in lacrime dinanzi alla tomba vuota, si chiederanno: “Dove Lo hanno portato?”21

Dalle parole di Pio XII sembrerebbe che queste forme di Heteropraxis contro l'Eucaristia siano contenute nel Terzo Segreto di Fatima, dato che Pio XII le collega al Messaggio di Fatima ma esse non sono contenute in alcuna parte del Messaggio che è stato pubblicato. Ecco perché devono essere contenute nel Terzo Segreto — ovvero, nella parte di esso non ancora pubblicata. Pio XII afferma chiaramente che è la Madonna di Fatima che ci avverte contro “il suicidio di alterare la Fede, nella Sua liturgia, la Sua teologia e la Sua anima”. Pertanto, il Terzo Segreto ci mette in guardia contro la falsa dottrina e l' Heteropraxis, in quanto veri e propri attacchi al “dogma della Fede”.

Gli attacchi includono la corruzione
morale del clero, a cui stiamo già assistendo

Dopo aver assistito allo scandalo mondiale della condotta sessuale di alcuni elementi del sacerdozio, non possiamo far finta di negare che vi sia un terzo tipo di attacchi condotti contro la Chiesa in questi tempi di crisi: la corruzione morale delle anime consacrate. La coda del drago spazza via dal loro stato di anime consacrate un terzo delle anime dal Cielo, non solo tramite l'eterodossia e l'Heteropraxis ma anche con l'immoralità. Le parole di Suor Lucia a Padre Fuentes erano chiare:

E' per questo che il diavolo fa di tutto per corrompere le anime consacrate a Dio, perché in questo modo riuscirebbe a fare abbandonare le anime dei fedeli dalle proprie guide spirituali e quindi potrebbe assoggettarle ancora più facilmente.

Quello che affligge maggiormente il Cuore Immacolato di Maria ed il Cuore di Gesù è la caduta delle anime di religiosi e sacerdoti. Il diavolo sa bene che i religiosi ed i sacerdoti che vengono distolti dalla loro bella vocazione, trascinano con sé tante anime all'inferno.

Oggi assistiamo ad una diffusa corruzione morale tra il clero Cattolico, che si manifesta sotto forma di scandali sessuali di natura ignobile nelle diocesi del Nord America, d'Europa e d'Africa. La coda del drago ha trascinato tanti elementi del clero nelle profondità della più abbietta immoralità.

Per questo motivo sta venendo a mancare la credibilità di tanti preti che onorano i propri voti e mantengono salda la propria e l'altrui fede, e con loro viene a mancare la fiducia nella Chiesa come istituzione. Anche se esiste la buona dottrina e la buona pratica, i benefici che ne risultano vengono azzerati dal momento che la corruzione morale strumentalizzata dai nemici della Chiesa, sottomina la stessa credibilità della Chiesa stessa agli occhi di numerose persone.

Chi è il responsabile?

La domanda che bisogna porsi è: chi è colui che viene indicato dal Terzo Segreto come responsabile dell'sottominare della Fede attraverso l'eterodossia, l'Heteropraxis, la corruzione morale e la caduta delle anime consacrate? Per prima cosa, sono i membri dell'apparato Vaticano stesso. Tenendo a mente ancora una volta le parole del Cardinale Ciappi, teologo ufficiale di Papa Giovanni Paolo II, per cui “nel Terzo Segreto viene predetto, tra le altre cose, che la grande apostasia nella Chiesa inizierà dai suoi vertici”. Così, la responsabilità è tutta e principalmente degli uomini all'interno del Vaticano. In questo, possiamo vedere il compimento del Terzo Segreto ed anche dell'avvertimento di San Pio X, nella sua enciclica Pascendi del 1907, dove scriveva: “che i fautori dell'errore già non sono ormai da ricercarsi fra i nemici dichiarati; ma ... si celano nel seno stesso della Chiesa, tanto più perniciosi quanto meno sono in vista”. Questi nemici sono laici e sacerdoti “tutti anzi penetrati delle velenose dottrine dei nemici della Chiesa”, e che si autoproclamano “per riformatori della Chiesa”.22

San Pio X insiste poi:

Per verità non si allontana dal vero chi li ritenga fra i nemici della Chiesa i più dannosi. Imperocché, come già abbiamo detto, i lor consigli di distruzione non li agitano costoro al di fuori della Chiesa, ma dentro di essa; ond'è che il pericolo si appiatta quasi nelle vene stesse e nelle viscere di lei, con rovina tanto più certa, quanto essi la conoscono più addentro”.23

Nei Seminari e nelle Università cercano di ottenere cattedre da mutare insensibilmente in cattedre di pestilenza.24

Fa dunque mestieri di uscir da un silenzio, che ormai sarebbe colpa, per far conoscere alla Chiesa tutta chi sieno infatti costoro che così mal si camuffano.25

Ma come possiamo sapere quale parte del clero sia quel terzo delle stelle cui alludeva Papa Giovanni Paolo II? Come facciamo a sapere quali sono i difensori dell'errore? La risposta risiede, ancora una volta, in ciò che è stato definito infallibilmente. Coloro che mantengono salda la fede, che credono nella dottrina di Gesù, sono amici. (Ap. 12:17) Coloro che non lo fanno, sono i nostri nemici. Come disse il Signore “Dai loro frutti, li riconoscerete”. (Mt. 7:16). Si può capire di chi fidarsi se questa persona crede e segue la Fede Cattolica così come è stata definita infallibilmente dalle definizioni solenni. Un altro segno è dato dal fatto se essi vivano o meno la loro Fede Cattolica, dal loro comportamento.

In conclusione, quando Papa Paolo VI affermava nel 1967 che “il fumo di Satana è entrato nel Tempio di Dio” e nel 1973 che “l'apertura al mondo è diventata una vera e propria invasione del pensiero secolare all'interno della Chiesa”, egli stava solo confermando i contenuti del Terzo Segreto; così ha fatto anche Papa Giovanni Paolo II nelle sue due affermazioni, più caute, nel 1982 e nel 2000. La seconda parte del Grande Segreto ci hanno avvertito del diffondersi degli errori della Russia in tutto il mondo. Il Terzo Segreto, nella sua interezza, è sicuramente l'avvertimento celeste che questi errori entreranno nella Chiesa stessa, soprattutto per mezzo dell'“apertura al mondo” cominciata col Vaticano II. L'infiltrazione di elementi Massonici, comunisti, neo-modernisti e omosessuali nella Chiesa viene vista alla luce dei disastrosi risultati che comportano le loro azioni e la perdita di Fede che ne risulta per i Cattolici praticanti.

A coloro che sorridono all'idea che un tale disastro abbia corrotto una grande parte umana della Chiesa odierna, possiamo solo rispondere che sono ciechi, e che hanno ignorato la storia stessa della Chiesa, dato che qualcosa di assai simile è già successo prima. Abbiamo fatto riferimento in precedenza a ciò che scrisse il Cardinale Newman sull'eresia ariana. Citando più approfonditamente quel passaggio, che si trova nel suo libro Consultare i fedeli sugli argomenti dottrinali, si giunge alla conclusione che lo stato della Chiesa ai giorni d'oggi non è poi così diverso da allora:

La grande parte dei vescovi ha fatto fiasco nelle sue professioni di Fede … Essi parlarono vagamente, l'uno contro l'altro; non vi fu più niente, dopo Nicea, che fosse fermo, invariato, e solenne, per almeno sessant'anni. Furono tenuti dei falsi Concili, vennero nominati dei vescovi inaffidabili; si era in uno stato di debolezza, di paura per le conseguenze delle proprie azioni, di malgoverno, di allucinazioni, di perdita della speranza in ogni angolo della Chiesa Cattolica. I pochi che rimanevano fedeli venivano gettati in discredito e mandati in esilio; chi rimaneva erano gli ingannatori e gli ingannati.26

Il centro dell'analisi del libro del Cardinale Newman è che furono i laici, attenendosi strettamente ai dogma di Fede definiti infallibilmente, insieme a qualche buon vescovo come Sant'Atanasio, a mantenere viva la Fede durante la crisi ariana. La stessa cosa accade oggi.

Una delle grandi differenza tra la crisi ariana e quella attuale, è che la Vergine Maria ci ha dato un avvertimento molti anni prima che questa crisi si verificasse, ma ci ha anche dato i mezzi per evitarla tramite le Sue richieste a Fatima. L'elemento chiave del crimine commesso contro l'umanità e contro Fatima risiede proprio in questo: nell'aver privato la Chiesa degli avvertimenti contenuti nel Terzo Segreto, nell'aver nascosto la profezia di apostasia, rendendo colpevoli i veri promotori di quel nuovo orientamento della Chiesa permettendole di essere invasa dai suoi nemici, di aver quindi — di fatto — impedito ai fedeli di capire la cause di tutto ciò e di averli privati delle armi necessarie per combattere.

Ma questo tentativo è fallito. Il Messaggio di Fatima non è stato dimenticato; dubbi sempre più crescenti sorgono tra i fedeli circa la presunta rivelazione completa del Terzo Segreto. Avendo riconosciuto questa loro leggerezza, i membri dell'apparato Vaticano che abbiamo già identificato, hanno cercato un altro modo per seppellire il Segreto, il 17 novembre 2001, aggravando quindi il loro crimine contro la Chiesa e l'umanità. Vedremo nel prossimo capitolo di cosa si tratta.


NOTE

1) The Whole Truth About Fatima – Vol. III, p. 704. <