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quinta-feira, 11 de fevereiro de 2016

La pesca milagrosa y la elección de los primeros cuatro apóstoles.

 
Jesús está hablando:
- Cuando en primavera todo florece, el hombre del campo dice contento: "Obtendré mucho fruto", y se regocija su
corazón por esta esperanza. Pero, desde la primavera al otoño, desde el mes de las flores al de la fruta, ¡cuántos días, cuántos
vientos y lluvias y sol y temporales vendrán! A veces la guerra, o la crueldad de los poderosos, o enfermedades de las plantas, o
del campesino. Así es que los árboles, que prometían mucho fruto, — al no cavárselos o recalzarlos, regarlos, podarlos,
sujetarlos o limpiarlos — se ponen mustios y mueren totalmente, o muere su fruto.
Vosotros me seguís. Me amáis. Vosotros, como plantas en primavera, os adornáis de propósitos y amor.
Verdaderamente Israel en esta alba de mi apostolado es como nuestros dulces campos en el luminoso mes de Nisán. Pero,
escuchad. Como quemazón de sequía, vendrá Satanás a abrasaros con su hálito envidioso de mí. Vendrá el mundo con su viento
helado a congelar vuestro florecer. Vendrán las pasiones como temporales. Vendrá el tedio como lluvia obstinada. Todos los
enemigos míos y vuestros vendrán para hacer estéril lo que debería brotar de esta tendencia santa vuestra a florecer en Dios.
Yo os lo advierto, porque sé las cosas.
Pero, ¿entonces todo se perderá cuando Yo, como el agricultor enfermo — más que enfermo, muerto —, ya no pueda
ofreceros palabras y milagros? No. Yo siembro y cultivo mientras dura mi tiempo; crecerá y madurará en vosotros, si vigiláis
bien.
Mirad esa higuera de la casa de Simón de Jonás. Quien la plantó no encontró el punto justo y propicio. Trasplantada
junto a la húmeda pared de septentrión, habría muerto si no hubiera deseado tutelarse a sí misma para vivir. Y ha buscado sol y
luz. Vedla ahí: toda retorcida, pero fuerte y digna, bebiendo de la aurora el sol con el que se procura el jugo para sus cientos y
cientos de dulces frutos. Se ha defendido por sí misma. Ha dicho: "El Creador me ha proyectado para alegrar y alimentar al
hombre. ¡Yo quiero que mi deseo acompañe al suyo!". ¡Una higuera! ¡Una planta sin habla! ¡Sin alma! Y vosotros, hijos de Dios,
hijos del hombre, ¿vais a ser menos que esa leñosa planta?
Vigilad bien para dar frutos de vida eterna. Yo os cultivo y al final os daré la savia más poderosa que existe. No hagáis,
no hagáis que Satanás ría ante las ruinas de mi trabajo, de mi sacrificio y también de vuestra alma. Buscad la luz. Buscad el sol.
Buscad la fuerza. Buscad la vida. Yo soy Vida, Fuerza, Sol, Luz de quien me ama. Estoy aquí para llevaros al lugar del que
provengo. Hablo aquí para llamaros a todos e indicaros la Ley de los diez mandamientos que dan la vida eterna. Y con consejo
amoroso os digo: "Amad a Dios y al prójimo"; es condición primera para cumplir cualquier otro bien, es el más santo de los diez
santos mandamientos. Amad. Aquellos que amen en Dios, a Dios y al prójimo y por el Señor Dios tendrán en la Tierra y en el
Cielo la paz como tienda y corona.
La gente, después de la bendición de Jesús, se aleja, pero como no queriendo marcharse. No hay ni enfermos ni pobres.
Jesús dice a Simón:
- Llama a los otros dos. Vamos a adentramos en el lago para echar la red.
- Maestro, tengo los brazos deshechos de echar y subir la red durante toda la noche para nada. El pescado está en zona
profunda, quién sabe dónde.
- Haz lo que te digo, Pedro. Escucha siempre a quien te ama.
- Haré lo que dices por respeto a tu palabra - y llama con fuerza a los peones, y a Santiago y a Juan - Vamos a pescar. El
Maestro así lo quiere.
Y mientras se alejan de la orilla le dice a Jesús:
- Maestro, te aseguro que no es hora propicia. A esta hora los peces quién sabe dónde estarán descansando...
Jesús, sentado en la proa, sonríe y calla.
Recorren un arco de círculo en el lago y luego echan la red. Después de pocos minutos de espera, la barca siente
extrañas sacudidas, extrañas porque el lago está liso como si fuera de cristal fundido bajo el Sol ya alto.
- ¡Esto son peces, Maestro! - dice Pedro con los ojos como platos.
Jesús sonríe y calla.
- ¡Eúp! ¡Eúp! - dirige Pedro a los peones. Pero la barca se inclina hacia el lado de la red.
- ¡Eh! ¡Santiago! ¡Juan! ¡Rápido! ¡Venid! ¡Con los remos! ¡Rápido!.
Se apresuran. Los esfuerzos de los hombres de las dos barcas logran subir la red sin dañar el pescado.
Las barcas se colocan una al lado de la otra, completamente juntas. Un cesto, dos, cinco, diez; todos llenos de
estupendas piezas, y hay todavía muchos peces coleteando en la red: plata y bronce vivo que se mueve huyendo de la muerte.
Entonces no hay más que una solución: volcar el resto en el fondo de las barcas. Lo hacen, y el fondo se vuelve todo un bulli r de
vidas en agonía. Esta abundancia cubre a los hombres hasta más arriba del tobillo y el nivel externo del agua llega a superar, por
el peso excesivo, la línea de flotación.
- ¡A la orilla! ¡Vira! ¡Venga! ¡Con la vela! ¡Cuidado con el fondo! ¡Pértigas preparadas para amortizar el choque!
¡Demasiado peso!.
Mientras dura la maniobra, Pedro no reflexiona. Pero, una vez en la orilla, lo hace. Entiende. Siente una gran turbación.
- ¡Maestro, Señor! ¡Aléjate de mí! Yo soy un hombre pecador. ¡No soy digno de estar a tu lado!. Pedro está de rodillas
sobre la grava húmeda de la orilla.
Jesús lo mira y sonríe:
- ¡Levántate! ¡Sígueme! ¡Ya no te dejo! De ahora en adelante serás pescador de hombres, y contigo estos compañeros
tuyos. No temáis ya nada. Yo os llamo. ¡Venid!.
- Inmediatamente, Señor. Vosotros ocupaos de las barcas. Llevadlo todo a Zebedeo y a mi cuñado. Vamos. ¡Del todo

para ti somos, Jesús! Sea bendito el Eterno por esta elección.

quarta-feira, 10 de fevereiro de 2016

PROCESIÓN DE LAS RELIQUIAS DEL SANTO PADRE PÍO Y SAN LEOPOLDO MANDIC HACIA EL VATICANO


EL PAPA FRANCISCO VENERÓ LAS RELIQUIAS DE LOS SANTOS PÍO Y LEOPOLDO

Al igual que decenas de miles de devotos, de tantas partes del mundo, que han llegado a Roma en peregrinación, también el Papa Francisco veneró las reliquias de los Santos Pío y Leopoldo, en la Basílica de San Pedro, la tarde del sábado 6 de febrero.
Después de un momento de oración personal ante los santos capuchinos Pío de Pietralcina y Leopoldo Mandić, el Obispo de Roma se detuvo una media hora en la Basílica vaticana, junto con Mons. Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización.
Y se unió a los fieles que rezaban el Santo Rosario, para luego saludar a algunos de los presentes, entre ellos algunos religiosos.
Fuente: Radio Vaticana

PROCESIÓN DE LAS RELIQUIAS DEL SANTO PADRE PÍO Y SAN LEOPOLDO MANDIC HACIA EL VATICANO


Cardenal Zen en Filipinas.Obispo de Córdoba celebra Misa tradicional.

Monseñor don Demetrio Fernández González, Obispo de Córdoba, en España, celebró la Santa Misa con la forma extraordinaria del Rito Romano, el pasado 18 de enero, en la capilla del Monasterio de San José, cercano a la localidad de Villaviciosa de Córdoba, con motivo del cincuentenario de la fundación del Oasis de Jesús Sacerdote.

Junto a las beneméritas monjas del Oasis, acompañaron al Señor Obispo de Córdoba, el delegado diocesano para la Vida religiosa don Alberto José González Chaves, el vicario de la Sierra, don Jesús Perea; el arcipreste de Peñarroya-Fuente Obejuna don Agustín Alonso, y los párrocos de las pueblos cercanos, don Mariano de San Félix, de Villaviciosa y don Ignacio Mora de Espiel, con feligreses de sus parroquias.








Misa tradicional en California

Santa Misa el pasado 17 de enero en California, Estados Unidos. Celebra el reverendo Zach Akers, FSSP.



Su Eminencia el Cardenal Zen Ze-Kiun, Obispo emérito de Hong-Kong, celebró Santa Misa prelaticia, con la forma extraordinaria del Rito Romano, el pasado 26 de enero en la Capilla del Asilo de La Milagrosa, de las Hijas de la Caridad, en Cebú, Filipinas, con ocasión del LI Congreso Eucarístico Internacional. La Misa, votiva del Santísimo Sacramento, fue organizada por Una Voce Filipinas.




Fontgombault Sermon for Ash Wednesday: Time for the Works of Mercy!


ASH WEDNESDAY



Sermon of the Right Reverend Dom Jean Pateau
Abbot of Our Lady of Fontgombault
(Fontgombault, February 10, 2016)

Dear Brothers and Sisters,
My dearly beloved Sons:

Il Giovedì Santo della Chiesa: aspettando il trionfo (annunciato) del Cuore Immacolato di Maria!

Il tempo che stiamo vivendo è il Giovedì Santo della fede.
StampaTv    ha postato, alcuni giorni fa, il video del Papa "rattristato per il calo delle vocazioni" che fra l'altro ha detto: “Vi confesso che a me costa tanto quando vedo il calo delle vocazioni. La comunità invecchia". 
Strano. Con Benedetto XVI c'era stata una fioritura di vocazioni: sarebbe il caso che ora il Papa a questo punto  si ponesse qualche domanda e che si desse qualche risposta?
I recenti attentati perpetrati contro il Santissimo Corpo e Sangue di Nostro Signore Gesù Cristo indebitamente consegnato, come  un atto politicamente umano, agli eretici ( questa è la qualifica per chi si pone al di fuori della Dottrina e del Magistero)  sono il ripetersi del tradimento nei confronti di Nostro Signore.
La Chiesa ci insegna che il peccato (= la distribuzione del Santissimo Corpo di Cristo  a dei fratelli separati che non credono nella  Transustanziazione) indebolisce tutto il corpo ecclesiale.
Le vocazioni svanite non sono forse un segno con il quale il Signore vuole ammonire gli uomini di chiesa che è arrivato il tempo del ritorno alla retta dottrina incardinata in una sana disciplina che rifugga il lusso e il borghesismo ecclesiale?
Inutile fare finta di stracciarci le vesti a causa del recentissimo adeguamento delle "rubriche del Messale di Paolo VI" e del "Coeremoniale Episcoporum"quasi fosse un'(auto) giutisticazione per una serie  di "variazioni sul tema" del rito della lavanda dei piedi durante la Messa del Giovedì Santo (il "mandatum").  
E' lo spirito della "rivoluzione liturgica permanente"  di bugniniana impostazione (che riuscì persino a partorire le subito dimenticate "preghiere eucaristiche per la messa dei fanciulli","capolavoro" di  sterile orizzontalismo  liturgico )  che gradatamente ha  permesso alle donne di amministrare la Santa Comunione durante la Messa  autorizzando pure la prassi delle chierichette.
Quanto giovano ad un'armonioso consolidamento vocazionale di un giovane  queste dissonanti note di razionalismo carismatico/protestantico che sembrano caratterizzare l'attuale pontificato? 
"Abyssus abyssum invocat": chi di populismo-razional-carismatico ferisce ( preferendo alla luce del Vangelo i filtri colorati costruiti dalle abili mani dell'uomo ) di populismo-razional-carismatico perisce.
L'opera dei demolitori della Chiesa si prefigge di equiparare i sacri ministri al solo "sacerdozio comune" dando ragione dopo 500 anni ai luterani attraverso  la distruzione del sacerdozio cattolico dissolvendo conseguentemente la radiosa civiltà cristiana.
Gli scandali, i terribili scandali di cui si sono macchiati negli ultimi decenni gli uomini di Chiesa sono stati generati unicamente dal dissolvimento della dottrina del Sacerdozio e della disciplina ecclesiastica .
Sappiamo a chi giova tutto questo ...
E' necessario che la purificazione della mistica sposa di Cristo avvenga secondo i piani del Suo Cuore Santissimo : non dobbiamo perciò angustiarci se l'immagine esterna della Chiesa sarà privata di quel "fasto trionfale" che per secoli le ha fatto da manto regale come si addice alla Sposa del Re.
Ieri (6 febbraio) dalla Basilica Vaticana dove sono esposti i corpi dei Santi Cappuccini Pio da Pietrelcina e Leopoldo da Castelnuovo il Papa ha esortato a perseverare nella preghiera che è «la più grande forza della Chiesa», che mai va lasciata. Altrimenti «si rischia di appoggiarsi altrove: sui mezzi, sui soldi, sul potere; poi l’evangelizzazione svanisce e la gioia si spegne». La preghiera, «come amava dire Padre Pio, è “la migliore arma che abbiamo, una chiave che apre il cuore di Dio”».
La preghiera consolida anche la certezza che quest' ondata progressista , modernista e iper razionalista che sta mortificando le vocazioni e tutto il corpo ecclesiale lascerà presto il posto al trionfo del Cuore Immacolato di Maria! http://blog.messainlatino.it/
AC

El paralítico curado en Cafarnaúm.

 
El paralítico curado en Cafarnaúm.
Veo las orillas del lago de Genesaret, y también las barcas de los pescadores sacadas a tierra; en la orilla, apoyados en
ellas, están Pedro y Andrés, dedicados a reparar las redes que los peones les llevan goteando después de quitar los detritos que
habían quedado aprisionados en éstas aclarándolas en el lago. A una distancia de unos diez metros, Juan y Santiago, centrados
en su barca, tratan de poner orden en ella, ayudados por un peón y por un hombre de unos cincuenta o cincuenta y cinco años,
que creo que es Zebedeo, porque el peón le llama 'jefe" y porque es parecidísimo a Santiago.
Pedro y Andrés, de espaldas a la barca, se dedican silenciosos a volver a atar cuerdas y corchos señalizadores. Sólo de
vez en cuando se intercambian algunas palabras acerca de su trabajo, el cual, por lo que puedo entender, ha sido infructuoso.
Pedro se queja de ello, no porque su bolsa esté vacía, ni por la inutilidad del esfuerzo, sino que dice:
- Lo siento porque... ¿cómo vamos a arreglárnoslas para dar algo de comer a esos pobrecillos? A nosotros sólo nos
llegan raros donativos, y yo no toco esos diez denarios y siete dracmas que hemos recogido en estos cuatro días. El Maestro, y
sólo El, me debe indicar para quién y cómo se han de distribuir esas monedas. ¡Y hasta el sábado El no vuelve! ¡Si hubiera tenido
buena pesca!... El pescado más menudo lo habría cocinado y se lo habría dado a esos pobres... y, si alguien de mi casa se hubiera
quejado, no me hubiera importado: los sanos pueden ir a buscarlo, ¡pero los enfermos...!.
- ¡Y además ese paralítico!... Ya han recorrido mucho camino para traerlo aquí... - dice Andrés.
- Mira, hermano, yo pienso... que no podemos estar divididos. No sé por qué el Maestro no nos quiere tener
permanentemente con Él. Al menos... no vería a estos pobrecillos a los que no puedo socorrer y, aunque los viera, podría
decirles: "Él está aquí".
- ¡Aquí estoy!— Jesús ha venido caminando despacio por la arena blanda.
Pedro y Andrés se estremecen. Se les escapa un grito:
-¡Oh! ¡Maestro! - y llaman a Santiago y a Juan - ¡El Maestro! ¡Venid!.
Los dos acuden, y todos se arriman a Jesús. Uno le besa la túnica, otro las manos; Juan osa pasarle un brazo alrededor
de la cintura y apoyar la cabeza sobre su pecho; Jesús lo besa en el pelo.
- ¿De qué hablabais?
- Maestro... estábamos diciendo que te íbamos a necesitar.
- ¿Para qué, amigos?
- Para verte y amarte viéndote, y, además, por algunos pobres y enfermos; te esperan desde hace dos días o más... Yo
he hecho lo qué podía. Los he alojado allí ¿ves aquella cabaña en aquel terreno baldío? Allí reparan las barcas los carpinteros de
ribera. Allí he procurado cobijo a un paralítico, a uno que tiene mucha fiebre y a un niño que se está muriendo en brazos de su
madre: no podía mandarlos a buscarte.
- Has hecho bien. Pero, ¿cómo te las has arreglado para socorrerlos? ¿Quién los ha guiado?, ¡me has dicho que son
pobres!...
- Claro, Maestro. Los ricos tienen carros y caballos; los pobres, sólo las piernas. No pueden seguirte diligentemente. He
hecho lo que he podido. Mira: esto es lo poco que he recaudado, pero no he tocado ni una perra; Tú lo harás.
- Pedro, tú también podías haberlo hecho. Ciertamente... Pedro mío, siento que por mí sufras reprensiones o fatigas.
- No, Señor, no debes afligirte por eso. A mí eso no me duele. Sólo siento el no haber podido tener una mayor caridad.
Pero, créeme, he hecho, todos hemos hecho cuanto hemos podido.
- Lo sé. Sé que has trabajado y sin intereses personales. Aunque haya faltado la comida, tu caridad no, y es viva, activa,
santa a los ojos de Dios.
Algunos niños, entretanto, han llegado corriendo y gritan:
- ¡El Maestro! ¡Está el Maestro! ¡Jesús! ¡Ha venido Jesús! - Y se le arriman. Él los acaricia, sin dejar por ello de hablar con
los discípulos.
- Simón, entro en tu casa. Tú y vosotros id a comunicar que he venido; después traedme a los enfermos.
Los discípulos salen, rápidos, en distintas direcciones. Toda Cafarnaúm ya sabe, no obstante, que Jesús ha llegado; lo
sabe por los niños, que parecen abejas que en enjambre dejan la colmena hacia las distintas flores: en este caso, las casas, las
calles, las plazas. Van, vienen, jubilosos, llevando la noticia a las mamás, a los transeúntes, a los viejos que están sentados
tomando el sol; y luego vuelven para que, una vez más, los acaricie Aquél que los ama, y uno, audaz, dice:
- Háblanos a nosotros, habla hoy para nosotros, Jesús. Te queremos y somos mejores que los mayores.
Jesús le sonríe al pequeño psicólogo y promete que hablará para ellos. Luego, siguiéndole los pequeños, se dirige a la
casa, donde entra saludando con su fórmula de paz: «La paz descienda sobre esta casa».
La gente se apiña en la estancia grande posterior, empleada para las redes, maromas, cestos, remos, velas y
provisiones. Se ve que Pedro la ha puesto a disposición de Jesús, amontonando todo en un rincón para dejar espacio libre. El
lago no se ve desde aquí, sólo se oye el rumor lento de sus olas; y se ve sólo la pequeña tapia verdosa del huerto, con su vieja vid
y su frondosa higuera. Hay gente hasta incluso en la calle; no cabiendo en la sala, ocupan el huerto; no cabiendo en el huerto, se
quedan afuera.
Jesús empieza a hablar. En primera fila — se han abierto paso sirviéndose de su actitud avasalladora y del temor que
siente hacia ellos la plebe — hay cinco personas... de elevada condición social; mantos púrpura bordados en oro, riqueza de
vestidos y soberbia denuncian que son fariseos y doctores. Sin embargo, Jesús quiere tener en torno a sí a sus pequeños: una
corona de caritas inocentes, ojos luminosos y sonrisas angelicales, mirando hacia arriba, a Él. Jesús habla, acariciando cada cierto
rato la cabecita rizada de un niño que se ha sentado a sus pies y tiene apoyada la cabeza en las rodillas de Él, sobre el bracito
doblado. Jesús está sentado encima de un gran montón de cestos y redes.
- Mi amado ha bajado a su jardín, al pensil de los aromas, a deleitarse entre los jardines y a recoger lirios... él, que se
sacia entre los lirios - dice Salomón de David de quien provengo Yo, Mesías de Israel.
¡Mi jardín! ¿Qué jardín más hermoso y más digno de Dios que el Cielo, donde son flores los ángeles creados por el
Padre?... Y, sin embargo, otro jardín ha querido el Hijo unigénito del Padre, el Hijo del hombre, porque por el hombre Yo tengo
carne, sin la cual no podría redimir las culpas de la carne del hombre; un jardín que habría podido ser poco inferior al celeste, si
desde el Paraíso terrestre se hubieran propagado, como dulces abejas desde una colmena, los hijos de Adán, los hijos de Dios,
para poblar la tierra de santidad destinada toda al Cielo. Pero el Enemigo sembró tribulaciones y espinas en el corazón de Adán,
y tribulaciones y espinas desde este corazón se derramaron sobre la tierra, no ya jardín, sino selva áspera y cruel en que se
estanca la fiebre y anida la serpiente.
Pero el Amado del Padre tiene todavía un jardín en esta tierra en que impera Satanás: el jardín al que va a saciarse de
su alimento celeste: amor y pureza; el pensil del que coge las flores que aprecia, en las cuales no hay mancha de sentido, de
avaricia, de soberbia: éstos — Jesús acaricia a todos los niños que puede, pasando su mano sobre la corona de cabecitas atentas
(una única caricia que apenas los toca y les hace sonreír de alegría) —; éstos son mis lirios.
No tuvo Salomón, en su riqueza, vestidura más hermosa que el lirio que perfuma la hoya, ni diadema de más aérea y
espléndida gracia que la que tiene el lirio en su cáliz de perla. Y, no obstante, para mi corazón no hay lirio que valga lo que uno
de éstos; no hay jardín, no hay jardín de ricos, todo cultivado de lirios, que me valga cuanto uno sólo de estos puros, inocentes,
sinceros, sencillos párvulos.
¡Oh hombres, oh mujeres de Israel, oh vosotros, grandes y humildes por riqueza o por cargo, oíd! Vosotros estáis aquí
porque queréis conocerme y amarme. Pues bien, debéis saber cuál es la condición primera para ser míos. Mirad que no os digo
palabras difíciles, ni os pongo ejemplos aún más difíciles; os digo: tomad a éstos como ejemplo.
¿Quién hay, entre vosotros, que no tenga en casa en la edad de la puericia, de la niñez, a un hijo, a un nieto o sobrino, a
un hermano? ¿No es un descanso, un alivio, un motivo de unión entre esposos, entre familiares, entre amigos, uno de estos
inocentes, cuya alma es pura como alba serena, cuyo rostro aleja las nubes y crea esperanzas, cuyas caricias secan las lágrimas e
infunden fuerza vital? ¿Por qué tienen tanto poder ellos, que son débiles, inermes, ignorantes todavía?: porque tienen en sí a
Dios, tienen la fuerza y la sabiduría de Dios, la verdadera sabiduría: saben amar y creer, creer y querer, vivir en este amor y en
esta fe. Sed como ellos: sencillos, puros, amorosos, sinceros, creyentes.
No hay sabio en Israel que sea mayor que el más pequeño de éstos, cuya alma es de Dios y de cuya alma es el Reino.
Benditos del Padre, amados del Hijo del Padre, flores de mi jardín, mi paz esté con vosotros y con quienes os imiten por mi
amor.
Jesús ha terminado.
- ¡Maestro! - grita Pedro entre la muchedumbre - aquí están los enfermos. Dos pueden esperar a que salgas, pero a éste
lo está estrujando la multitud y, además... ya no aguanta más, y no podemos pasar. ¿Le digo que vuelva otra vez?
- No. Descolgadlo por el techo.
- ¡Es verdad! ¡Enseguida!.
Se oye caminar arrastrando los pies sobre el techo bajo de la estancia, la cual, no formando realmente parte de la casa,
no tiene encima la terraza unida con cemento, sino sólo un tejaducho de haces de ramas cubiertas con placas similares a la
pizarra. No sé qué piedra era. Hacen una abertura, y, con unas cuerdas, descuelgan la pequeña camilla en la que está el
enfermo; la descuelgan justo delante de Jesús; la gente se apiña aún más, para ver.
- Has tenido una gran fe, como también quien te ha traído.
- ¡Oh! ¡Señor! ¿Cómo no tenerla en ti?.
- Pues bien, Yo te digo: hijo — el hombre es muy joven —, te son perdonados todos tus pecados.
El hombre lo mira llorando... quizás se queda un poco contrariado porque esperaba la curación del cuerpo.
Los fariseos y doctores murmuran, arrugando nariz, frente y boca con desprecio.
- ¿Por qué murmuráis, con los labios y, sobre todo, en el corazón? Según vosotros, ¿es más fácil decirle al paralítico:
"Tus pecados te son perdonados", o: "Levántate, toma la camilla y anda"? Vosotros pensáis "sólo Dios puede perdonar los
pecados". Pero no sabéis responder cuál es la cosa más grande, porque a este hombre, maltrecho en todo su cuerpo, y que ha
gastado los haberes sin resultado alguno, sólo lo puede curar Dios. Pues bien, para que sepáis que Yo lo puedo todo, para que
sepáis que el Hijo del hombre tiene poder sobre la carne y sobre el alma, en la tierra y en el Cielo, Yo le digo a éste: levántate,
toma tu camilla y anda. Ve a tu casa y sé santo.
El hombre se estremece, grita, se levanta, se echa a los pies de Jesús, los besa y acaricia, llora y ríe, y con él los
familiares y la multitud, la cual, luego, se abre para dejarlo pasar y lo sigue jubilosa (la muchedumbre, no los cinco rencorosos
que se marchan engreídos y duros como estacas).
Así, puede entrar la madre con el pequeñuelo: un niño todavía lactante, esquelético. Lo acerca. Dice solamente:
- Jesús, Tú los amas. Lo has dicho. ¡Que este amor y tu Madre...!- ... y se echa a llorar.
Jesús toma al lactante — realmente moribundo —, se lo pone contra el corazón, lo tiene un momento con la boca en la
carita cérea de labiuchos violáceos y párpados ya caídos. Un momento lo tiene así... y, cuando lo separa de su barba rubia, la
carita tiene color rosáceo, la boquita expresa una sonrisa indecisa de infante, los ojitos miran alrededor vivarachos y curiosos, las
manitas, antes cerradas y caídas, gesticulan entre el pelo y la barba de Jesús, que ríe.
- ¡Oh, hijo mío! - grita, dichosa, la mamá.
- Toma, mujer. Sé feliz y buena.
Y la mujer toma al niño renacido y lo estrecha contra su pecho, y el pequeño reclama inmediatamente sus derechos de
alimento: hurga, abre, encuentra... y mama, mama, mama, ávido y feliz.
Jesús bendice a los presentes. Pasa entre ellos. Va a la puerta, donde está el enfermo que tenía mucha fiebre.
- ¡Maestro! ¡Sé bueno!.
- Y tú también. Usa la salud en la justicia - Lo acaricia y sale.
Vuelve a la orilla, seguido, precedido, bendecido por muchos que le suplican:
- Nosotros no te hemos oído. No podíamos entrar. Háblanos también a nosotros.
Jesús hace un gesto de aceptación y, dado que la multitud lo oprime hasta casi ahogarlo, monta en la barca de Pedro.
No es suficiente. El asedio es sofocante.

- Mete la barca en el mar y sepárate bastante.

terça-feira, 9 de fevereiro de 2016

Il sacerdote deve essere tutto di Dio


Una riflessione per i consacrati ...


«Il sacerdote deve essere tutto di Dio; la Chiesa per questo lo riveste di una lunga tunica. L'abito sacerdotale deve mostrare che il ministro sacro quasi non ha corpo, è volto a Dio con tutte le sue forze, e cerca solo la salvezza delle anime. 

Ora, se l’abito talare ha una forma secolaresca, se il capo è coltivato mondanamente con i ciuffi (e magari i riccioli ed i profumi), se di sotto ad una succinta sottana fanno mostra i calzoni, che cosa rappresenta più un sacerdote per il popolo?
Quell’esteriore non lo raccomanda, ed in se stesso è un segno troppo evidente di poco spirito e poca rinunzia al mondo. Se si veste mondanamente, spegne la sua luce, e mostra in sé tutt'altro che la corsa dell'anima verso Dio. 

Il sacerdote dunque col suo abito talare, lungo, composto, povero ma pulito, col suo mantello che lo avvolge come se avesse le ali ripiegate, pronte al volo, col capo segnato dalla croce del Redentore, col corpo composto, spirante ordine e modestia, con gli occhi bassi, alieni assolutamente da ogni malsana curiosità, passa nel mondo proprio come un angelo, dà un senso di pace e di conforto, dà un senso di speranza nelle angustie della vita perché egli rappresenta la carità, e passa come lampada che illumina, dissipando con la sua sola presenza le tenebre degli errori. 

La grandezza sacerdotale non può rimanere celata, non è un brillante sepolto nella miniera, deve rifulgere innanzi a tutti nell'atteggiamento e nella vita del sacerdote, poiché egli è la lampada posta sul candelabro ed è come città edificata sulla cima dei monti. 

Or, come il carattere sacro lo distingue nettamente dagli altri uomini, così deve distinguerlo l'abito e la vita, ed egli deve essere rifulgente di splendori soprannaturali. Non può dire che l'esteriorità non conta nulla, né può accomunarsi agli usi del mondo con la scusa che l'abito non fa il monaco; l'abito non lo fa ma lo rivela, e possiamo dire anche che lo aiuta internamente. Un soldato che non veste la divisa non si sente soldato; “subcoscientemente” si sente ancora libero cittadino, e non avverte la sua fusione al corpo militare cui appartiene come parte di un tutto inseparabile.»

("Nei raggi della grandezza e della vita sacerdotale"
di Dain Cohenel - pseudonimo di don Dolindo Ruotolo –