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quinta-feira, 28 de abril de 2011

"Il Linguaggio della Celebrazione Liturgica" di Mons. Guido Marini


IL LINGUAGGIO DELLA
CELEBRAZIONE LITURGICA

di Mons. Guido Marini
MAESTRO DELLE CELEBRAZIONI LITURGICHE PONTIFICIE

Conferenza tenuta il 24 febbraio 2011,
nell'Università Pontificia della Santa Croce - Roma, durante il corso:

"Ars celebrandi. Premessa per una fruttuosa partecipazione alla celebrazione eucaristica".
                                                            ENTRA
 

terça-feira, 5 de abril de 2011

La belleza en la liturgia, entrevista con Mons. Guido Marini




Traemos esta traducción realizada por la web Secretum Meum Mihi, de una entrevista concedida por el Maestro de Ceremonias de las Celebraciones Litúrgicas del Papa, Mons. Guido Marini, al semanario polaco Niedziela.

La belleza en la liturgia

Wlodzimierz Redzioch habla con el Rev. Mons. Guido Marini, Maestro de Ceremonias del Papa, acerca de los cambios en las celebraciones liturgicas introducidos por Benedicto XVI.

Siempre los vemos parados al lado del Papa; son sus sombras, concentrados en sus movimientos y gestos; lo dirigen, le recuerdan lo que debe hacer; lo ayudan cuando se requiere; discretos e indispensables. Son los maestros de ceremonias papales. La gente reconoce sus caras como reconoce las caras de los Papas mismos. Durante casi todo el pontificado de Juan Pablo II el Maestro de Ceremonias del Papa fue el P. Piero Marini, quien fue nombrado arzobispo en 2003. Él sirvió a Benedicto XVI por casi dos años. En Octubre de 2007 un nuevo Maestro de Ceremonias apareció, por extraña coincidencia él tiene el mismo apellido pero su nombre de pila es Guido. El P. Guido Marini viene de Liguria. Nació en Génova en 1965 Después de sus estudios en el Seminario Mayor de la Arquidiócesis en su ciudad natal, fue ordenado en 1989 por el Cardenal Giovanni Canestri. Continuó su formación en Roma, primero en la Pontificia Universidad Lateranense, en donde recibió su grado doctoral ‘in utroque iure’, y después en la Pontificia Universidad Salesiana, en donde estudió psicología de la comunicación. Luego de regresar a Génova, trabajó como secretario personal y maestro de ceremonias de los arzobispos: Cardenal Giovanni Canestri, Cardenal Dionigi Tettamanzi y Cardenal Tarcisio Bertone. Dá conferencias y cumpe varias funciones en la Curia local. En Octubre de 2007, Benedicto XVI lo nombró, al parecer siguiendo el consejo del Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Tarciso Bertone, Maestro de Ceremonias de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Papa. Así, el jóven sacerdote fue hecho responsable por la dura tarea de implementar la reforma de las celebraciones litúrgicas con el objetivo de regresar al verdadero espíritu de la liturgia.

Wlodzimierz Redzioch: ¿Cómo es la colaboración entre Benedicto XVI y Su Maestro de Ceremonias?, ¿el Papa lo decide todo?

Mons. Guido Marini: Primero, me gustaría resaltar que las celebraciones que preside el Santo Padre deben ser los puntos de referencia para toda la Iglesia. El Papa es el sacerdote superior, el que ofrece el sacrificio de la Iglesia, el que muestras la enseñanza litúrgica por medio de las celebraciones, el punto de referencia para todos. Considerando esta explicación es más fácil entender cual debería ser el estilo de colaboración entre el Maestro de Ceremonias papal y el Santo Padre. Uno debe actuar del modo que haga de las liturgias papales las expresiones de su autentica orientación litúrgica. Entonces, el Maestro de Ceremonias del Papa, debe ser siervo humide y fiel de la liturgia de la Iglesia. He entendido desde el mismo comienzo en este sentido mi trabajo en la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Papa.

Wlodzimierz Redzioch: Todos podemos ver los cambios introducidos por Benedicto XVI a las celebraciones litúrgicas. ¿Cómo podemos sintetizar estos cambios?

Mons. Guido Marini: Creo que estos cambios pueden ser sintetizados en la siguiente forma: primero que todo, estos son cambios hechos de acuerdo con la lógica del desarrollo de la continuidad con el pasado. Así que no estamos tratándo con el rompimiento con el pasado y yuxtaponiéndolo con los pontificados anteriores. Segundo, las cambios introducidos sirven para evocar el verdadero espíritu de la liturgia como lo quizo el Concilio Vaticano Segundo, ‘El “sujeto” de la belleza intrínseca de la liturgia es Cristo mismo, resucitado y glorificado en el Espíritu Santo, quien incluye a la Iglesia en su obra’.

Wlodzimierz Redzioch: Celebraciones dirigidas hacia la cruz, la Sagrada Comunión recibida directamente en la boca y de rodillas, momentos más largos de silencio y meditación, estos son los más visibles cambios litúrgicos introducidos por Benedicto XVI. Infortunadamente, muchas personas no entienden los significados teológicos e históricos de estos cambios y lo que es peor, los pueden ver como un ‘regreso al pasado’. ¿Puede brevemente explicar el significado de estos cambios?

Mons. Guido Marini: Para decirle la verdad, nuestra oficina ha recibido muchos testimonios de los fieles, que han recibido favorablemente los cambios introducidos por el Papa, porque ellos los ven como la autentica renovación de la liturgia. En cuanto a la significancia de algunos cambios diré algunas reflexiones sintéticas. Celebrar hacia la cruz reafirma la correcta dirección de la oración liturgica, i.e. hacia Dios; durante las oraciones los fieles no miran a sí mismos sino deben dirigir sus ojos hacia el Salvador. El dar las hostias a las personas mientras se arrodillan, busca dar valor al aspecto de la adoración tanto como elemento fundamental de la celebración y como la actitud necesaria mientras se está frente al misterio de la presencia real de Dios en la Eucaristía. Durante la celebración litúrgica la oración asume varias formas: palabras, cantos, música, gestos y silencio. Por otra parte, los momentos de silencio nos permiten participar verdaderamente en el acto de la adoración, y lo que es más, desde dentro evocar otra forma de oración

Wlodzimierz Redzioch: El Papa dá importancia a los ornamentos litúrgicos. ¿Es un asunto de mero esteticismo?

Mons. Guido Marini: Para entender mejor las ideas del Papa respecto al significado de la belleza como un importante elemento de las celebraciones litúrgicas, me gustaría citar la exhortación apostólica “Sacramentum Caritatis”, ‘La relación entre el misterio creído y celebrado se manifiesta de modo peculiar en el valor teológico y litúrgico de la belleza. En efecto, la liturgia, como también la Revelación cristiana, está vinculada intrínsecamente con la belleza: es veritatis splendor. [...] Este atributo al que nos referimos no es mero esteticismo sino el modo en que nos llega, nos fascina y nos cautiva la verdad del amor de Dios en Cristo, haciéndonos salir de nosotros mismos y atrayéndonos así hacia nuestra verdadera vocación: el amor. La verdadera belleza es el amor de Dios que se ha revelado definitivamente en el Misterio pascual. [...] La belleza de la liturgia es parte de este misterio; es expresión eminente de la gloria de Dios y, en cierto sentido, un asomarse del Cielo sobre la tierra. La belleza, por tanto, no es un elemento decorativo de la acción litúrgica; es más bien un elemento constitutivo, ya que es un atributo de Dios mismo y de su revelación’.

Wlodzimierz Redzioch: Benedicto XVI ha cambiado su férula pastoral, actualmente está usando la férula con forma de cruz. ¿Por qué?

Mons. Guido Marini: Me gustaría recordarle que hasta el pontificado del Papa Paulo VI los Papas no usaron crucifijo en absoluto, en ocasiones especiales llevaban la férula. El Papa Montini, Paulo VI, introdujo una férula con forma de crucifijo. Y así lo hizo Benedicto XVI hasta el Domingo de Pentecostés de 2008. Desde entonces ha estado usando férula porque Él cree que es más adecuada para la liturgia papal.

Wlodzimierz Redzioch: ¿Por qué es tan importante que la Iglesia preserve el uso del latín en la liturgia?

Mons. Guido Marini: Aunque el Concilio Vaticano Segundo introdujo las lenguas nacionales, recomienda el uso del latín en la liturgia. Pienso que es por dos razones que no debemos abandonar el latín. Sobre todo, tenemos una gran herencia litúrgica del latín: desde el canto gregoriano a la polifonía, así como los ‘testi venerandi’ (textos sagrados) que los Cristianos han usado por epocas. Además, el latín nos permite mostrar la catolicidad y la universalidad de la Iglesia. Podemos experimentar esta universalidad en una forma única en la Basílica de San Pedro y durante otra reuniones internacionales cuando hombres y mujeres de todos los continentes, nacionalidades, lenguas, cantan y oran en la misma lengua. ¿Quien no se va a sentir en casa cuando estando en una iglesia del extranjero puede unirse a sus hermanos en la fe, por lo menos en algunas partes, usando el latín?

Wlodzimierz Redzioch: ¿Está Usted de acuerdo que la fe del sacerdote se expresa en un modo especal en la liturgia?

Mons. Guido Marini: No tengo duda de ello. Porque la liturgia es la celebración del misterio de Cristo aquí y ahora, el sacerdote está llamado a expresar su fe de una manera doble. Primero, él debe celebrar con los ojos del que mira más allá de la realidad visible para ‘tocar’ lo que es invisible, i.e. la presencia y la obra de Dios. Es el ‘ars celebrandi’ (arte de la celebración) lo que le permite a los fieles constatar si la liturgia es sólo una presentación, puesta en escena por el sacerdote, o si es una relación vívida y atractiva con el misterio de Cristo. Segundo, después de la celebración el sacerdote está renovado y listo a seguir lo que ha experimentado, i.e. hacer de su vida una celebración del misterio de Cristo.
http://misatradicionalciudadreal.blogspot.com/

Beauty in the Liturgy: Interview with Msgr. Guido Marini


  http://sanctamissaportugal.files.wordpress.com/2010/12/guido-marini-ad-orientem-missa.jpg


The following interview with Msgr. Guido Marini, papal master of ceremonies, appeared the Polish Sunday Catholic Weekly online.

Wlodzimierz Redzioch: – What does the collaboration between Benedict XVI and his Master of Ceremonies look like? Does the Pope decide about everything?

Msgr. Guido Marini:
– At first, I would like to stress that the celebrations the Holy Father presides over are to be the points of reference for the whole Church. The Pope is the highest priest, the one who offers the sacrifice of the Church, the one who shows the liturgical teaching through celebrations – the point of reference for all. Considering this explanation it is easier to understand what the style of collaboration between the Papal Master of Ceremonies and the Holy Father should be. One should act in the way to make the papal liturgies the expressions of his authentic liturgical orientation. Therefore, the Papal Master of Ceremonies must be a humble and faithful servant of the liturgy of the Church. I have understood my work in the Office of Papal Liturgical Celebrations in this way since the very beginning.

– We all can see the changes introduced to the liturgical celebrations by Benedict XVI. How can we synthesize these changes?

– I think that these changes can be synthesized in the following way: first of all, these are changes made in accordance with the logic of development of continuity with the past. So we do not deal with breaking with the past and juxtaposing with the former pontificates. Secondly, the introduced changes serve to evoke the true spirit of liturgy like the Second Vatican Council wanted, ‘The "subject" of the liturgy's intrinsic beauty is Christ himself, risen and glorified in the Holy Spirit, who includes the Church in his work.’

– Celebrations directed towards the cross, Holy Communion received directly by mouth and while keeling, longer moments of silence and meditation – these are the most visible liturgical changes introduced by Benedict XVI. Unfortunately, many people do not understand the theological and historical meanings of these changes and what is worse, they can see them as ‘return to the past.’ Can you briefly explain the meanings of these changes?

– To tell you the truth our office has received many testimonies of the faithful who have favourably received the changes introduced by the Pope because they see them as the authentic renewal of the liturgy. As for the significance of some changes I will say a few synthetic reflections. Celebrating towards the cross stresses the correct direction of liturgical prayer, i.e. towards God; during prayers the faithful are not to look at themselves but should direct their eyes towards the Saviour. Giving hosts to people kneeling aims to giving value to the aspect of adoration both as the fundamental element of celebration and the necessary attitude while facing the mystery of God’s real presence in the Eucharist. During the liturgical celebration prayer assumes various forms: words, songs, music, gestures and silence. Furthermore, moments of silence let us participate truly in the act of worship, and what’s more, from the inside evoke every other form of prayer.

– The Pope attaches importance to the liturgical vestments. Is it a matter of pure aestheticism?

– In order to understand better the Pope’s ideas concerning the meaning of the beauty as an important element of liturgical celebrations I would like to quote the apostolic exhortation ‘Sacramentum caritatis, ’This relationship between creed and worship is evidenced in a particular way by the rich theological and liturgical category of beauty. Like the rest of Christian Revelation, the liturgy is inherently linked to beauty: it is veritatis splendor. […] This is no mere aestheticism, but the concrete way in which the truth of God's love in Christ encounters us, attracts us and delights us, enabling us to emerge from ourselves and drawing us towards our true vocation, which is love. The truest beauty is the love of God, who definitively revealed himself to us in the paschal mystery. […] The beauty of the liturgy is part of this mystery; it is a sublime expression of God's glory and, in a certain sense, a glimpse of heaven on earth. Beauty, then, is not mere decoration, but rather an essential element of the liturgical action, since it is an attribute of God himself and his revelation.’

– Benedict XVI has changed his pastoral staff – currently he is using the cross-shaped staff. Why?

– I would like to remind you that till the pontificate of Pope Paul VI popes did not use crosiers at all; on special occasions they carried a ferula (cross-shaped staff). Pope Montini, Paul VI, introduced a cross-shaped crosier. And so did Benedict XVI till the Pentecost Sunday of 2008. Since then he has been using ferula because he thinks that it is more suitable for the papal liturgy.

– Why is it so important that the Church preserves using Latin in the liturgy?

– Although the Second Vatican Council introduced national languages it recommended using Latin in the liturgy. I think it is for two reasons that we should not give up Latin. Above all, we have a great liturgical legacy of Latin: from the Gregorian chant to polyphony as well as ‘testi venerandi’ (sacred texts) that Christians have used for ages. Besides, Latin allows us to show catholicity and universality of the Church. We can experience this universality in a unique way in St Peter’s Basilica and during other international gatherings when men and women from all continents, nationalities, languages, sing and pray in the same language. Who will not feel at home when being at church abroad can join his/her brothers in the faith at least in some parts by using Latin?

– Do you agree that the faith of priest is expressed in the liturgy in a special way?

– I have no doubts about it. Since the liturgy is the celebration of Christ’s mystery here and now the priest is called to express his faith in a twofold way. Firstly, he should celebrate with eyes of the one that looks beyond the visible reality to ‘touch’ what is invisible, i.e. God’s presence and work. It is ‘ars celebrandi’ (art of celebration) that lets the faithful check whether the liturgy is only a performance, spectacle for the priest or whether it is a vivid and attractive relation with Christ’s mystery. Secondly, after the celebration the priest is renewed and ready to follow what he has experienced, i.e. make his life a celebration of Christ’s mystery.

"Niedziela" 14/2011
http://www.newliturgicalmovement.org/2011/04/beauty-in-liturgy-interview-with-msgr.html

sexta-feira, 25 de março de 2011

Interview with Msgr. Guido Marini, the Papal MC

 

Paolo Rodari of "Il Riformista" today has an interview with Msgr Guido Marini, Master of the Liturgical Celebrations of the Supreme Pontiff. The interview is most insightful, especially as to the rationale behind the changes in papal celebrations we have witnessed. Don Guido also presents his view on Summorum Pontificum. Here is the complete interview in my translation:

"The very first reaction was great surprise and great fear. Then I felt a certain trepidation the night before beginning my service, and I also very much felt the separation from my diocese and my city, my sister and her family, from so many friends, from the places where I have exercised my priesthood in a special way: the [Genoese] curia, the seminary, the cathedral. At the same time, however, I felt much honoured to be called by the Holy Father to perform the service of Master of Liturgical Celebrations. The possibility I have been given to be near the Holy Father I have felt immediately to be a true grace for my priesthood."

Monsignor Guido Marini, Genoese, 42 years old, thus describes to the "Riformista" his arrival, last October, at the Vatican to assume the post of Master of the Liturgical Celebrations of the Pope. An appointment which allows him to work in close contact with Benedict XVI. "That which I have perceived at the beginning of my new assignment - he tells - I have found confirmed exactly every time I have had the grace to encounter the Holy Father. These encounters have been and are always for me a cause of great joy and great emotion. I would never have thought, having been an attentive reader and appreciator of Cardinal Ratzinger, that one day I would have the grace to be as close to him as I am now. And then, every time, together with the profound reverence which inspires in me the figure of the Pope, I experience his serene, gentle, fine and delicate manner of dealing with people which fills my heart with joy and which invites me to exert myself with all my energy to collaborate with generosity, humility and fidelity in the exercise of his Magisterium in the liturgical sphere, as far as pertains to my competences."

Lex orandi lex credendi

The office of Master of the Liturgical Celebrations of the Pope is important because, if it is true that lex orandi lex credendi (the Church believes in that which She prays [Rodari's translation]), then to direct the papal ceremonies with rigour and faithfulness to the norms is a help to the Faith of the entire Church. "The liturgy of the Church - explains Marini -, with its words, gestures, silences, chants and music causes us to live with singular efficacy the different moments of the history of Salvation in such a way that we become really participant in them and transform ourselves ever more into authentic disciples of the Lord, walking again in our lives along the traces of Him who has died and risen for our salvation. The liturgical celebration, if it is truly participated in, induces to this transformation which is the history of holiness."

And a help in this "transformation" can be that "repositioning" of the Cross in the centre of the altar, which has been carried out in the papal liturgies, as a residue [Rodari's word] of the old "orientation towards orient" of churches: towards the rising Sun, Him who is coming. "The position of the Cross at the centre of the altar - says Marini - indicates the centrality of the Crucified in the eucharistic celebration and the precise interior orientation which the entire congregation is called to have during the eucharistic liturgy: one does not look at each other, but one looks to Him who has been born, has died and is risen for us, the Saviour. From the Lord comes the salvation, He is the Orient, the Sun which rises to whom we all must turn our gaze, from Whom we all must receive the gift of grace. The question of liturgical orientation, and also the practical manner in which it takes shape, is of great importance, because through it is conveyed a fundamental fact, at once theological and anthropological, ecclesiological and relevant for the personal spirituality."

Continuity

A "repositioning", that of the Cross, which exposes how the liturgical practices of the past must also live today. "The liturgy of the Church - says Marini -, as incidentally all her life, is made of continuity: I would speak of development in continuity. This means that the Church proceeds on her way through history without losing sight of her own roots and her own living tradition: this can require, in some cases, also the recovering of precious and important elements which have been lost, forgotten along the way and which the passing of time has rendered less shining in their authentic significance. When that happens it is not a return to the past, but a true and enlightened progress in the liturgical field."

And in this progress it is impossible not to mention the Motu proprio Summorum Pontificum: "Considering attentively the Motu proprio, as well as the letter addressed by the Pope to the bishops of all the world to present it, a twofold precise understanding emerges. First of all, that of facilitating the accomplishing of "a reconciliation in the bosom of the Church"; and in this sense, as has been said, the Motu proprio is a most beautiful act of love towards the unity of the Church. In second place, and this is a fact which must not be forgotten, that [sc. understanding] of favouring a reciprocal enrichment between the two forms of the Roman rite: in such a way, for instance, that in the celebration according to the Missal of Paul VI (ordinary form of the Roman rite) 'can become manifest, more powerfully than has been the case hitherto, the sacrality which attracts many people to the ancient usage'."

These are important days for the Church. Days in which she relives the Passion, Death and Resurrection of the Lord. The days of Lent, of Holy Week and then of Easter: "Lent - he says - is a time of sincere conversion in a spiritual climate of austerity. An austerity which is not an end in itself, but directed at facilitating the recovering of what is truly essential in human life. And that which is truly essential, beyond everything, is God. That is why Lent is a privileged time of returning to God with all one's heart, by means of the threefold way of prayer, fast and almsgiving, as the page of the Gospel of Ash Wednesday recalls. It is the time in which we are called to relive interiorly, in the arch of the forty days, the experience of the ancient people of God wandering in the desert and the experience of temptation undergone by Jesus. Fundamentally, both these experiences take us back to a battle lived in order to find God and remain in intimate communion with Him, to preserve the primacy of His will in our life, not to allow that something else than Him have the capacity to annex the human heart. With Easter, on the other hand, new spiritual sceneries open themselves, coloured by exultant joy, by overabundant life, by luminous hope: because with the risen Christ, death is vanquished, sin and evil do not have the last word anymore on the life of man, the blessed eternity is a real prospect, life finds a fulfilled meaning, it is discovered that the Truth of the face of God is merciful Love without end."

fonte:new liturgical movement

domingo, 13 de março de 2011

" É A PARTIR DA LITURGIA QUE COMEÇA A RENOVAÇÃO DA IGREJA" DIZ MONS. GUIDO MARINI EM ENTREVISTA





Ofrecemos nuestra traducción de una entrevista que Monseñor Guido Marini, Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, ha concedido a la revista Radici Cristiane.

***

Parecería que, para el Santo Padre, la Liturgia es uno de los temas de fondo de su pontificado. Usted, que lo sigue de cerca, ¿nos puede confirmar esta impresión?

Diría que sí. Por otra parte, cabe señalar que el primer volumen de la Opera omnia del Santo Padre, de próxima publicación también en Italia, es precisamente el dedicado a los escritos que tienen como objeto la Liturgia. En el prefacio al volumen, el mismo Joseph Ratzinger subraya este hecho, señalando que la precedencia dada a los escritos litúrgicos no es casual sino deseada: siguiendo al Concilio Vaticano II, que promulgó como primer documento la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, seguida de otra gran Constitución sobre la Iglesia. Es en la Liturgia, de hecho, donde se manifiesta el misterio de la Iglesia. Se comprende, entonces, el motivo por el que la Liturgia es uno de los temas principales del pontificado de Benedicto XVI: desde la Liturgia se pone en marcha la renovación y la reforma de la Iglesia.

*

¿Existe una relación entre la Liturgia y el arte y la arquitectura sagrada? El llamado del Papa a una continuidad de la Iglesia en el campo litúrgico, ¿no debería extenderse también al arte y la arquitectura sagrada?

Existe, ciertamente, una relación vital entre la Liturgia, el arte y la arquitectura sagrada. También porque el arte y la arquitectura sagrada, precisamente en cuanto tales, deben resultar idóneos para la Liturgia y sus grandes contenidos que encuentran expresión en la celebración. El arte sagrado, en sus múltiples manifestaciones, vive en relación con la infinita belleza de Dios y debe orientar a Dios su alabanza y su gloria. Entre Liturgia, arte y arquitectura no puede haber, entonces, contradicción o dialéctica. Por lo tanto, si es necesario que exista una continuidad teológica-histórica en la Liturgia, esta misma continuidad debe encontrar una expresión visible y coherente también en el arte y en la arquitectura sagrada.

*

El Papa Benedicto XVI ha afirmado recientemente en un mensaje que “la sociedad habla con el hábito que usa”. ¿Piensa que se podría aplicar esto también a la Liturgia?

En efecto, todos hablamos también a través del hábito que usamos. El hábito es un lenguaje, así como lo es toda forma expresiva sensible. También la liturgia habla con el hábito que usa, es decir, con todas sus formas expresivas, que son múltiples y riquísimas, antiguas y siempre nuevas. En este sentido, “el hábito litúrgico”, para continuar con el término que usted ha usado, debe ser siempre verdadero, en plena sintonía con la verdad del misterio celebrado. El signo externo debe estar en relación coherente con el misterio de la salvación realizado en el rito. Y, no debe ser nunca olvidado, el hábito propio de la liturgia es un hábito de santidad: allí encuentra expresión, de hecho, la Santidad de Dios. A esa Santidad estamos llamados a dirigirnos, de esa Santidad estamos llamados a revestirnos, realizando así la plenitud de la participación.

*

En una entrevista a L’Osservatore Romano, usted ha señalado los principales cambios realizados desde que ha asumido el cargo de Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias. ¿Podía recordarlos y explicar su significado?

Afirmando, en primer lugar, que los cambios a los que usted se refiere deben ser leídos en el signo de un desarrollo en la continuidad con el pasado, incluso el más reciente, recuerdo uno en particular: la ubicación de la cruz en el centro del altar. Esta ubicación tiene la capacidad de traducir, también en el signo externo, la orientación correcta de la celebración en el momento de la Liturgia Eucarística, cuando celebrante y asamblea no se miran recíprocamente sino que miran juntos hacia el Señor. Por otra parte, la relación altar-cruz permite resaltar mejor, junto al aspecto de banquete, la dimensión sacrificial de la Misa, cuya relevancia es siempre esencial y, por lo tanto, es necesario que encuentre siempre una expresión bien visible en el rito.

*

Hemos notado que el Santo Padre, desde hace algún tiempo, da siempre la Sagrada Comunión en la boca y de rodillas. ¿Quiere ser esto un ejemplo para toda la Iglesia y un estímulo para que los fieles reciban a Nuestro Señor con mayor devoción?

Como se sabe, la distribución de la Santa Comunión en la mano sigue siendo hasta ahora, desde el punto de vista jurídico, un indulto a la ley universal concedido por la Santa Sede a aquellas Conferencias Episcopales que lo han solicitado. Y cada fiel, incluso en presencia del eventual indulto, tiene el derecho de elegir el modo para acercarse a la Comunión. Benedicto XVI, comenzando a distribuir la Comunión en la boca y de rodillas con ocasión de la solemnidad del Corpus Domini del año pasado, en plena consonancia con lo que está previsto en la normativa litúrgica actual, ha querido posiblemente señalar una preferencia por esta modalidad. Por otro lado, se puede también intuir el motivo de esta preferencia: se ilumina mejor la verdad de la presencia real en la Eucaristía, se ayuda a la devoción de los fieles, se introduce con más facilidad en el sentido del misterio.

*

El Motu Proprio Summorum Pontificum se presenta como uno de los actos más importantes del pontificado de Benedicto XVI. ¿Cuál es su opinión?

No sé decir si es uno de los más importantes pero sin duda es un acto importante. Y lo es no sólo porque se trata de un paso muy significativo en vistas a una reconciliación en el interior de la Iglesia, no sólo porque expresa el deseo de que se llegue a un recíproco enriquecimiento entre las dos formas del rito romano (ordinaria y extraordinaria), sino también porque es la indicación precisa, en el plano normativo y litúrgico, de aquella continuidad teológica que el Santo Padre había presentado como la única hermenéutica correcta para la lectura y la comprensión de la vida de la Iglesia y, en especial, del Concilio Vaticano II.

*

¿Cuál es, en su opinión, la importancia del silencio en la Liturgia y en la vida de la Iglesia?

Es una importancia fundamental. El silencio es necesario en la vida del hombre porque el hombre vive de palabras y de silencios. El silencio es aún más necesario en la vida del creyente que allí encuentra un momento insustituible de la propia experiencia del misterio de Dios. No se sustrae a esta necesidad la vida de la Iglesia y, en la Iglesia, la Liturgia. Aquí el silencio quiere decir escucha y atención al Señor, a su presencia y a su Palabra; y, junto a ello, implica la actitud de adoración. La adoración, dimensión necesaria del acto litúrgico, expresa la incapacidad humana de pronunciar palabras, permaneciendo “sin palabras” ante la grandeza del misterio de Dios y la belleza de su amor.

La celebración litúrgica está hecha de palabras, de cantos, de música, de gestos… Está hecha también del silencio y de silencios. Si estos faltaran o no fueran suficientemente subrayados, la Liturgia no sería plenamente ella misma porque estaría privada de una dimensión insustituible de su naturaleza.

*

Hoy en día se escuchan, durante las celebraciones litúrgicas, las músicas más diversas. ¿Qué música, según usted, es más adecuada para acompañar la Liturgia?

Como nos recuerda el Santo Padre Benedicto XVI, y con él toda la tradición pasada y reciente de la Iglesia, hay un canto propio de la liturgia y es el canto gregoriano que, como tal, constituye un criterio permanente para la música litúrgica. Como también constituye un criterio permanente la gran polifonía de la época de la renovación católica, que encuentra su expresión más alta en Palestrina.

Junto a estas formas insustituibles del canto litúrgico, encontramos las múltiples manifestaciones del canto popular, importantísimas y necesarias: siempre que se adhieran a aquel criterio permanente por el cual el canto y la música tienen derecho de ciudadanía en la Liturgia en la medida en que brotan de la oración y conducen a la oración, permitiendo así una participación auténtica en el misterio celebrado.

***

Fuente: Oficina de las celebraciones litúrgicas del Sumo Pontífice

fonte: La Buhardilla de Jerónimo

Monsignor Guido Marini spiega come il successore di Pietro intende giungere alla ‘riforma della riforma liturgica’: “Preferisce proporre, non imporre”

CITTA’ DEL VATICANO - Questo Papa preferisce operare "proponendo" invece di "imporre". Si concretizzera' cosi' "la riforma della riforma liturgica" auspicata dall'allora Cardinale Joseph Ratzinger, secondo Monsignor Guido Marini (nella foto), esemplare Maestro delle Cerimonie pontificie di Benedetto XVI, il prelato che su impulso del Santo Padre ha reintrodotto "alcuni tocchi piu' tradizionali nelle liturgie" in linea con l'auspicio del successore di Pietro che elementi del rito "straordinario" da lui liberalizzato - cioe' della Messa in latino preconciliare - possano arricchire quello "ordinario", che continua ovviamente ad essere celebrato in tutte le parrocchie del mondo. Non si tratta, spiega Monsignor Marini in un'intervista al ‘National Catholic Reporter’, "di respingere le riforme determinate dal Concilio Vaticano II. Si tratta piuttosto di fare un altro passo avanti verso la comprensione e l'esperienza di un autentico spirito liturgico, portando insieme l'eredita' della nostra tradizione con la riforma che ha compiuto il Concilio, in uno spirito di sviluppo nella continuità". "Non credo - aggiunge il religioso - che la liturgia della Chiesa necessiti di cambiamenti radicali o distorsioni, perche' non e' nella logica di questo spirito di sviluppo nella continuita'. Credo invece che si tratti di consolidare cio' che gia' esiste, in un modo piu' autentico, secondo la vera mente della Chiesa. Un 'tornare indietro' non avrebbe senso, perche' non e' cosi' che funziona la vita della Chiesa. La vita della Chiesa avanza nel tempo, sempre in via di sviluppo, ma senza perdere nulla dalla sua vita del passato o del presente". Da parte sua, evidenzia il Maestro delle Cerimonie pontificie riferendosi al Crocifisso tornato al centro dell'altare, all'inginocchiatoio davanti al quale Benedetto XVI distribuisce le ostie e alle Messe celebrate con le spalle al popolo nella Sistina, "il Papa ha proposto, e propone, queste soluzioni. E' lo stile del Papa attuale, pero', non procedere con imposizioni ma con proposizioni. L'idea e' che, a poco a poco, tutto questo puo' essere accolto, considerando il vero significato che talune decisioni e orientamenti possono avere". "Mi sembra - rileva ancora Monsignor Marini - un tipico tocco di Benedetto XVI. Non sappiamo e non possiamo dire se, in futuro, quello che il Papa presenta con questo atteggiamento promozionale diventera' piu' simile a una norma disciplinare. Certamente, l’auspicio, in questo momento, e' quello di offrire proposte per lo stile celebrativo della Chiesa. Tuttavia, quando il Papa propone, non e' semplicemente la sua preferenza personale, ma un orientamento chiaro e preciso per tutta la Chiesa". "Cio' che e' importante ora e' che le due forme del rito romano si guardano l'un l'altra con grande serenita', rendendosi conto che appartengono entrambe alla vita della Chiesa e che nessuna delle due ne e' l'unica vera, autentica espressione”. "Questo - rimarca il prelato scelto tre anni fa da Joseph Ratzinger per dirigere un ufficio che ritiene strategico - deve essere il percorso lungo il quale noi dobbiamo camminare, perche' forse non siamo ancora pervenuti a questo atteggiamento di serenita' e accoglienza nella vita quotidiana". "La liturgia - per Monsignor Marini - ha certamente una dimensione popolare, ma ha anche un proprio linguaggio e il proprio quadro di riferimento. A volte abbiamo bisogno di aiuto nel considerare che nello spazio liturgico, nel clima della liturgia, dobbiamo effettivamente immettere un'altra dimensione che non e' il nostro mondo di tutti i giorni. Il Papa parla spesso della liturgia come una sorta di spazio celeste, che non e' certo staccato dal mondo, ma in realta' offre un nuovo modo di vivere l'esperienza del mondo. Tutto questo deve andare insieme, e a volte puo' essere espressa in un linguaggio che non e' il discorso della vita quotidiana, ma la lingua di preghiera e di spiritualita', che ha la propria bellezza". "Mi sembra - conclude Marini - che il Papa abbia una visione radicata nella grande fede nella vita della Chiesa, che naturalmente ha un proprio senso del tempo e i propri ritmi. Date certe realta', cosi' come i tempi in cui viviamo, a volte le cose non possono solo essere imposte rapidamente. Si deve entrare lentamente nel modo di pensare della Chiesa, nel suo modo di sentire, nel suo clima".

fonte:Petrus.it

segunda-feira, 20 de dezembro de 2010

Mons. Guido Marini: "La Chiesa, con l’anno liturgico, ci offre periodicamente la grazia di vivere momenti spiritualmente forti, occasioni propizie per ritrovare lo slancio del cammino verso la santità. Nell’Avvento un tale slancio ha un tono singolare, che è quello della gioia. La gioia al pensiero che il Signore si è già mostrato nel suo volto di amore misericordioso e inimmaginabile. La gioia al pensiero che il Signore è nostro contemporaneo e vicino oggi, nel presente della nostra esistenza, nella quotidianità semplice delle nostre giornate. La gioia al pensiero che il futuro non è avvolto nell’oscurità, ma risplende della luce del Cielo di Dio in Cristo."


Il significato dell'Avvento: intervista per "Avvenire" di Mons. Guido Marini


Qual è il significato dell’Avvento ?
L’Avvento è il tempo dell’attesa. Dell’attesa che fa riferimento a una venuta, quella del Signore Gesù, il Figlio di Dio, l’unico Salvatore del mondo. Il popolo cristiano, in questo tempo forte dell’anno liturgico, vive la propria fede rinnovando la consapevolezza gioiosa di una triplice venuta del Signore, quella di cui parlano anche i Padri della Chiesa.
Una prima venuta, della quale fare grata memoria, è quella del Figlio di Dio nella storia degli uomini, al momento dell’Incarnazione. Una seconda venuta è quella che si realizza nell’oggi della vita, e che è incessante. Essa prende forma in una molteplicità di modi, a cominciare dall’Eucaristia, presenza reale del Signore in mezzo ai suoi, per continuare con i sacramenti, la parola della divina Scrittura, i fratelli, soprattutto se piccoli e bisognosi. Una terza venuta, da attendere nella speranza, è quella che si realizzerà alla fine dei tempi, quando il Signore ritornerà nella gloria e tutto sarà ricapitolato in lui.
Così, nel tempo dell’Avvento il popolo cristiano è chiamato a rinnovare la consapevolezza che la sua vita è tutta contenuta nel mistero di Cristo, Colui che era, che è e che viene. Anche per questo, l’Avvento è un tempo marcatamente “mariano”. La SS. Vergine è colei che in modo unico e irripetibile ha vissuto l’attesa del Figlio di Dio, è colei che in modo singolare è tutta contenuta nel mistero di Cristo.

In che modo i singoli fedeli e le comunità cristiane possono aiutarsi a vivere meglio questo momento forte del tempo liturgico della Chiesa?
Entrando in questo tempo con l’atteggiamento interiore di chi si prepara a vivere un periodo di conversione e di rinnovamento, orientando con decisione la propria vita al Signore Gesù.
La Chiesa, con l’anno liturgico, ci offre periodicamente la grazia di vivere momenti spiritualmente forti, occasioni propizie per ritrovare lo slancio del cammino verso la santità. Nell’Avvento un tale slancio ha un tono singolare, che è quello della gioia. La gioia al pensiero che il Signore si è già mostrato nel suo volto di amore misericordioso e inimmaginabile. La gioia al pensiero che il Signore è nostro contemporaneo e vicino oggi, nel presente della nostra esistenza, nella quotidianità semplice delle nostre giornate. La gioia al pensiero che il futuro non è avvolto nell’oscurità, ma risplende della luce del Cielo di Dio in Cristo.
Tutto questo diventa esperienza di vita anche in virtù di un cammino personale e comunitario di conversione, fatto di una più intensa e prolungata preghiera, di una qualche forma penitenziale e di distacco dalla mentalità del secolo presente, di una carità più generosa e autenticamente cristiana.

Quali sono le caratteristiche delle celebrazioni in questo periodo?
La liturgia, per il tramite dei riti e delle preghiere, conduce alla partecipazione attiva del mistero celebrato. Pertanto, nella celebrazioni del tempo di Avvento, deve trasmettere il senso dell’attesa tipico dell’Avvento. Lo deve fare con le sue preghiere, con il suo canto, con il suo silenzio, con i suoi colori e con le sue luci. In tutto deve farsi presente il mistero del Signore che viene, lui che è il Principio e la Fine della storia; in tutto deve rendersi in qualche modo toccabile la gioia vera e sobria della fede; in tutto deve trasparire l’impegno per il cambiamento del cuore e della mente per un’appartenenza più radicale a Dio.

E quali le particolarità delle liturgie pontificie?
Se pure in un contesto peculiare, quale quello dovuto alla presenza del Santo Padre, le liturgie pontificie non possono che presentare le caratteristiche tipiche di questo tempo dell’anno. Con una nota in più: quello della esemplarità. Perché non è mai da dimenticare che le celebrazioni presiedute dal Papa sono chiamate a essere punto di riferimento per l’intera Chiesa. E’ il Papa il Sommo Pontefice, il grande liturgo nella Chiesa, colui che, anche attraverso la celebrazione, esercita un vero e proprio magistero liturgico a cui tutti devono rivolgersi.

Quest'anno in particolare la liturgia dei primi Vespri di Avvento è inserita in una "Veglia per la vita nascente". Qual è il significato di questo particolare "abbinamento"?
Si tratta di un abbinamento che si sta rivelando felice. L’iniziativa di una “Veglia per la vita nascente”, promossa dal Pontificio Consiglio per la Famiglia, viene in tal modo a inserirsi nella celebrazione di inizio dell’Avvento, un tempo quanto mai indicato per il richiamo al tema della vita. L’Avvento è il tempo dell’attesa di Maria, che portava nel grembo il Verbo di Dio fatto carne. L’Avvento è l’attesa della Vita vera, quella che si è manifestata nel Figlio di Dio fatto uomo, pienezza e compimento del disegno di Dio sull’umanità. In quella Vita, apparsa a Betlemme, ha trovato significato nuovo e definitivo la dignità di ogni vita umana. Così, davvero, pregare per la vita nascente, nel contesto della celebrazione dei Primi Vespri per l’inizio dell’anno liturgico, risulta significativo e provvidenziale.

Gianni Cardinale
DE:http://monsguidomarini.blogspot.com/

quinta-feira, 2 de dezembro de 2010

Mons. Guido Marini em entrevista sobre o Advento : "não se pode esquecer que as celebrações presidida pelo Papa são chamadas a serem ponto de referência para toda a Igreja. É o Papa, o Sumo Pontífice, o grande litúrgo da Igreja, aquele que, também nas celebrações, exercita um verdadeiro e próprio magistério litúrgico ao qual todos devem convergir."

 http://img.cancaonova.com/noticias/noticia/275168.jpg
O jornal italiano Avvenire entrevistou Mons. Guido Marini, mestre das Celebrações litúrgicas Pontifícias sobre o tempo litúrgico que agora iniciamos. Abaixo encontra-se uma tradução. O texto em italiano pode ser consultado aqui.


Monsenhor Marini, qual é o significado do Advento?
O Advento é o tempo da espera. Da espera que faz referência a uma vinda, que é a vinda do Senhor Jesus, o Filho de Deus, o único Salvador do mundo. O povo cristão, neste tempo forte do ano litúrgico, vive a própria fé renovando a feliz consciência de uma tríplice vinda do Senhor, como falaram os Padres da Igreja.
Isto é?
Uma primeira vinda, da qual fazemos memória, é aquela do Filho de Deus na história dos homens, no momento da Encarnação. Uma segunda vinda se realiza no hoje da vida, e é incessante. Esta se realiza de diversos modos, a começar pela Eucaristia, presença real do Senhor em meio aos seus, e também nos sacramentos, na palavra das Sagradas Escrituras, nos irmãos, especialmente os pequenos e necessitados. Uma terceira vinda, atenderá nossa esperança, é aquele que se realizará no fim dos tempos, quando o Senhor retornará na glória e tudo será recapitulado nEle.
O advento também possui uma dimensão mariana?
No tempo do advento o povo cristão é chamado a renovar a consciência que a sua vida é toda contida no mistério de Cristo, aquele que era, que é e que vem. Também por isto o Advento é um tempo marcadamente “Mariano”. A Santíssima Virgem é aquela que num modo único e irrepetível viveu a espera do Filho de Deus, é aquela que de modo singular é toda contida no mistério de Cristo.
De que modo os simples fiéis e as comunidades cristãs podem ajudar-se para viverem melhor este momento forte do tempo da Igreja?
Entrando neste tempo com uma atitude interior de quem se prepara para viver um período de conversão e de renovamento, orientando decididamente a própria vida ao Senhor. A Igreja, com o ano litúrgico, nos oferece periodicamente a graça de viver momentos espirituais fortes, ocasiões propícias para retornar com ímpeto ao caminho até a santidade. No advento este ímpeto possui um sentido singular, que é aquele da alegria. A alegria ao pensar que o Senhor já se mostrou no seu rosto de amor misericordioso e inimaginável. A alegria ao pensar que o Senhor é nosso contemporâneo e está hoje próximo a nós, no presente da nossa existência, no cotidiano simples da nossas jornadas. A alegria ao pensar que o futuro não está escondido na obscuridade, mas resplandece na luz do Céu, de Deus em Cristo. Todo isto transforma a experiência de vida também em uma virtude de conversão pessoal e comunitária, realizada através de uma oração mais intensa e prolongada, do distanciamento de uma mentalidade secularizada e de uma caridade mais generosa e autenticamente cristã.
Quais são as características das celebrações neste período?
A liturgia, através dos ritos e das orações, conduz à uma participação ativa do mistério celebrado. Portanto, nas celebrações do tempo do Advento, deve transmitir o sendo da espera típico do Advento. Deve fazer isto com suas próprias orações, com os cantos, com o silêncio, com as suas cores. E com as suas luzes. Em tudo deve fazer-se presente o mistério do Senhor que vem, Ele que é o Princípio e o Fim da história; em tudo deve-se perceber de algum modo tocável a alegria verdadeira e sóbria da fé; em tudo deve-se transparecer o empenho pela mudança do coração e da mente para uma pertença mais radical a Deus.
E quais as particularidades da liturgia pontifícia?
Embora estando em um contexto específico, devido à presença do Santo Padre, as liturgias papais não podem deixar de apresentar as características típicas deste tempo litúrgico. Com uma nota a mais: a exemplaridade. Porque não se pode esquecer que as celebrações presidida pelo Papa são chamadas a serem ponto de referência para toda a Igreja. É o Papa, o Sumo Pontífice, o grande litúrgo da Igreja, aquele que, também nas celebrações, exercita um verdadeiro e próprio magistério litúrgico ao qual todos devem convergir.
Este ano em particular a liturgia das Primeiras Vésperas inseriu uma “Vigília pela vida nascente”. Qual é o significado desta particular “combinação”?
Se trata de uma combinação que está se revelando feliz. A iniciativa de uma “Vigília pela vida nascente” proposta pelo Pontifício Conselho pela Famíla, vem de tal modo a inserir-se na celebração do início do Advento, um tempo muito propício para abordar o tema da vida. O Advento é o tempo da espera de Maria, que trazia no seio o Verbo de Deus feito carne.
O Advento é esperar a Verdadeira Vida, aquela que se manifestou no Filho de Deus feito homem, plenitude e cumprimento do desígnio de Deus sobre a humanidade. Naquela Vida, surgida em Belém, a dignidade de cada vida humana encontrou significado novo e definitivo. Assim, verdadeiramente, rezar pela vida nascente, no contexto das Primeiras Vésperas do início ano litúrgico, resulta significativo e providencial.

DE:http://www.salvemaliturgia.com/

quarta-feira, 27 de outubro de 2010

Qualcosa è cambiato: quattro anni con Mons. Guido Marini



Tutti l'hanno notato, tutti ne parlano, tanti ne scrivono: ma cosa ha combinato in questi ormai quattro anni il Monsignore genovese alle Liturgie Papali? Ha recuperato? Ha restaurato? Ha stravolto i piani del predecessore? Sicuramente ha chiuso un'epoca, in gran stile. Ha eliminato le danze, le simbologie e il neutro grigio. Ha ripristinato i troni dismessi dai tempi di Paolo VI, rispolverato paramenti antichi e tesori dimenticati. Ma la trovata migliore è stata sicuramente quella di porre il Crocifisso al centro dell'Altare, e ancora, la comunione sulla lingua ed in ginocchio, tutto secondo le direttive del vero regista, Papa Benedetto XVI che in Liturgia è vero intenditore. Il Guido Marini ha osato e probabilmente oserà ancora. Per rivivere questi (quasi) quattro anni di belle Liturgie Papali, ecco qualche immagine:


 










DE:http://sacrissolemniis.blogspot.com/

terça-feira, 24 de agosto de 2010

MONS. GUIDO MARINI , OSSERVANZA DELLE NORME LITURGICHE E ARS CELEBRANDI : Se prima [della riforma liturgica] c'erano fissità, sclerosi di forme, innaturalezza, che rendevano la liturgia di allora una "liturgia di ferro", oggi ci sono naturalezza e spontaneismo, indubbiamente sinceri, ma spesso fraintesi, malintesi, che fanno - o perlomeno rischiano di fare - della liturgia una "liturgia di caucciù", sgusciante, glissante, saponosa, che a volte si esprime in un ostentato affrancamento da ogni normativa rubricale. [...] Questa spontaneità fraintesa, che si identifica di fatto con l'improvvisazione, la faciloneria, il pressappochismo, il permissivismo, è il nuovo "criterio" che affascina innumerevoli operatori della pastorale, sacerdoti e laici.

  1. La situazione nel post-Concilio


Il Concilio Vaticano II ha ordinato una riforma generale della sacra liturgia[1]. Essa è stata effettuata, dopo la chiusura del Concilio, da una commissione comunemente detta, per brevità, il Consilium[2]. È noto che la riforma liturgica è stata sin dall'inizio oggetto tanto di critiche, a volte radicali, quanto di esaltazioni, in certi casi eccessive. Non è nostra intenzione soffermarci su questo problema. Possiamo invece dire che si è generalmente d'accordo nel notare un forte aumento degli abusi in campo celebrativo dopo il Concilio.

Anche il Magistero recente ha preso atto della situazione e in molti casi ha richiamato alla stretta osservanza delle norme e delle rubriche liturgiche. D'altro canto, le leggi liturgiche stabilite per la forma ordinaria (o di Paolo VI) - quella che, eccezioni a parte, si celebra sempre e dovunque nella Chiesa di oggi - sono molto più "aperte" rispetto al passato. Esse consentono molte eccezioni e diverse applicazioni, e anche prevedono molteplici formulari per i diversi riti (la pluriformità persino aumenta nel passaggio dalla editio typica latina alle versioni nazionali). Nonostante ciò, un gran numero di sacerdoti ritiene di dover ulteriormente ampliare lo spazio lasciato alla "creatività", che si esprime soprattutto con il frequente cambiamento di parole o di intere frasi rispetto a quelle fissate nei libri liturgici, con l'inserimento di "riti" nuovi e spesso del tutto estranei alla tradizione liturgica e teologica della Chiesa e anche con l'uso di paramenti, vasi sacri e arredi che non sempre sono adeguati e, in alcuni casi più rari, rasentano persino il ridicolo. Il liturgista Cesare Giraudo ha sintetizzato la situazione con queste parole:

«Se prima [della riforma liturgica] c'erano fissità, sclerosi di forme, innaturalezza, che rendevano la liturgia di allora una "liturgia di ferro", oggi ci sono naturalezza e spontaneismo, indubbiamente sinceri, ma spesso fraintesi, malintesi, che fanno - o perlomeno rischiano di fare - della liturgia una "liturgia di caucciù", sgusciante, glissante, saponosa, che a volte si esprime in un ostentato affrancamento da ogni normativa rubricale. [...] Questa spontaneità fraintesa, che si identifica di fatto con l'improvvisazione, la faciloneria, il pressappochismo, il permissivismo, è il nuovo "criterio" che affascina innumerevoli operatori della pastorale, sacerdoti e laici.

[...] Non parliamo poi di quei sacerdoti che, talvolta e in taluni luoghi, si arrogano il diritto di utilizzare preghiere eucaristiche selvagge, o di comporne lì per lì il testo o parti di esso»[3].

Papa Giovanni Paolo II, nell'enciclica Ecclesia de Eucharistia, ha manifestato il suo malcontento per gli abusi liturgici che spesso avvengono, particolarmente nella celebrazione della S. Messa, in quanto «l'Eucaristia è un dono troppo grande, per sopportare ambiguità e diminuzioni»[4]. E ha aggiunto:

«Occorre purtroppo lamentare che, soprattutto a partire dagli anni della riforma liturgica post-conciliare, per un malinteso senso di creatività e di adattamento, non sono mancati abusi, che sono stati motivo di sofferenza per molti. Una certa reazione al "formalismo" ha portato qualcuno, specie in alcune regioni, a ritenere non obbliganti le "forme" scelte dalla grande tradizione liturgica della Chiesa e dal suo Magistero e a introdurre innovazioni non autorizzate e spesso del tutto sconvenienti.

Sento perciò il dovere di fare un caldo appello perché, nella Celebrazione eucaristica, le norme liturgiche siano osservate con grande fedeltà. Esse sono un'espressione concreta dell'autentica ecclesialità dell'Eucaristia; questo è il loro senso più profondo. La liturgia non è mai proprietà privata di qualcuno, né del celebrante, né della comunità nella quale si celebrano i misteri»[5].

2. Cause ed effetti del fenomeno
Il fenomeno della "disobbedienza liturgica" si è talmente esteso, per numero e in certi casi anche per gravità, da formare in molti una mentalità per la quale nella liturgia, fatte salve le parole della consacrazione eucaristica, si potrebbero apportare tutte le modifiche ritenute "pastoralmente" opportune dal sacerdote o dalla comunità. Questa situazione ha indotto lo stesso Giovanni Paolo II a chiedere alla Congregazione per il Culto Divino di preparare un'Istruzione disciplinare sulla Celebrazione dell'Eucaristia, pubblicata col titolo di Redemptionis Sacramentum il 25 marzo 2004. Nella citazione sopra riprodotta della Ecclesia de Eucharistia, si indicava nella reazione al formalismo una delle cause della "disobbedienza liturgica" del nostro tempo. La Redemptionis Sacramentum individua altre cause, tra cui un falso concetto di libertà[6] e l'ignoranza. Quest'ultima in particolare riguarda non solo la non conoscenza delle norme, ma anche una scarsa comprensione del valore storico e teologico di molti testi eucologici e riti: «Gli abusi trovano, infine, molto spesso fondamento nell'ignoranza, giacché per lo più si rigetta ciò di cui non si coglie il senso più profondo, né si conosce l'antichità»[7].

Innestando il tema della fedeltà alle norme in una comprensione teologica e storica, nonché nel contesto dell'ecclesiologia di comunione, l'Istruzione afferma:

«Troppo grande è il Mistero dell'Eucaristia "perché qualcuno possa permettersi di trattarlo con arbitrio personale, che non ne rispetterebbe il carattere sacro e la dimensione universale". [...] Atti arbitrari, infatti, non giovano a un effettivo rinnovamento, ma ledono il giusto diritto dei fedeli all'azione liturgica che è espressione della vita della Chiesa secondo la sua tradizione e la sua disciplina. Inoltre, introducono elementi di deformazione e discordia nella stessa Celebrazione eucaristica che, in modo eminente e per sua natura, mira a significare e realizzare mirabilmente la comunione della vita divina e l'unità del popolo di Dio. Da essi derivano insicurezza dottrinale, perplessità e scandalo del popolo di Dio e, quasi inevitabilmente, reazioni aspre: tutti elementi che nel nostro tempo, in cui la vita cristiana risulta spesso particolarmente difficile in ragione del clima di "secolarizzazione", confondono e rattristano notevolmente molti fedeli.

Tutti i fedeli, invece, godono del diritto di avere una liturgia vera e in particolar modo una celebrazione della Santa Messa che sia così come la Chiesa ha voluto e stabilito, come prescritto nei libri liturgici e dalle altre leggi e norme. Allo stesso modo, il popolo cattolico ha il diritto che si celebri per esso in modo integro il sacrificio della Santa Messa, in piena conformità con la dottrina del Magistero della Chiesa. È, infine, diritto della comunità cattolica che per essa si compia la celebrazione della Santissima Eucaristia in modo tale che appaia come vero sacramento di unità, escludendo completamente ogni genere di difetti e gesti che possano generare divisioni e fazioni nella Chiesa»[8].

Particolarmente significativo in questo testo è il richiamo al diritto dei fedeli di avere la liturgia celebrata secondo le norme universali della Chiesa, nonché la sottolineatura del fatto che trasformazioni e modifiche della liturgia - pur se operate per motivi "pastorali" - non hanno in realtà un effetto positivo in questo campo; al contrario confondono, turbano, stancano e possono perfino far allontanare i fedeli dalla pratica religiosa.

3. L'ars celebrandi

Ecco i motivi per i quali il Magistero negli ultimi quattro decenni ha richiamato diverse volte i sacerdoti all'importanza dell'ars celebrandi, la quale - se non consiste solo nella perfetta esecuzione dei riti in accordo alle rubriche, ma anche e soprattutto nello spirito di fede e adorazione con cui essi si celebrano - non si può però attuare se ci si discosta dalle norme fissate per la celebrazione[9]. Così si esprime ad esempio il Santo Padre Benedetto XVI:

«Il primo modo con cui si favorisce la partecipazione del popolo di Dio al Rito sacro è la celebrazione adeguata del Rito stesso. L'ars celebrandi è la migliore condizione per l'actuosa participatio. L'ars celebrandi scaturisce dall'obbedienza fedele alle norme liturgiche nella loro completezza, poiché è proprio questo modo di celebrare ad assicurare da duemila anni la vita di fede di tutti i credenti, i quali sono chiamati a vivere la celebrazione in quanto popolo di Dio, sacerdozio regale, nazione santa (cf. 1Pt 2,4-5.9)»[10].

Richiamando questi aspetti, non si deve cadere nell'errore di dimenticare i frutti positivi prodotti dal movimento di rinnovamento liturgico. Il problema segnalato, tuttavia, sussiste ed è importante che la soluzione ad esso parta dai sacerdoti, i quali devono impegnarsi innanzitutto a conoscere in maniera approfondita i libri liturgici e anche a metterne fedelmente in pratica le prescrizioni. Solo la conoscenza delle leggi liturgiche e il desiderio di attenersi strettamente ad esse impedirà ulteriori abusi ed "innovazioni" arbitrarie che, se sul momento possono forse emozionare i presenti, in realtà finiscono presto per stancare e deludere. Fatte salve le migliori intenzioni di chi la commette, dopo quarant'anni di esperienza in merito possiamo riconoscere che la "disobbedienza liturgica" non costruisce affatto comunità cristiane migliori, ma al contrario mette in pericolo la solidità della loro fede e della loro appartenenza all'unità della Chiesa Cattolica. Non si può utilizzare il carattere più "aperto" delle nuove norme liturgiche come pretesto per snaturare il culto pubblico della Chiesa:

«Le nuove norme hanno di molto semplificato le formule, i gesti, gli atti liturgici [...]. Ma neppure in questo campo non si deve andare oltre a quello che è stabilito: difatti, così facendo, si spoglierebbe la liturgia dei segni sacri e della sua bellezza, che sono necessari, perché sia veramente attuato nella Comunità cristiana il mistero della salvezza e sia anche compreso sotto il velo delle realtà visibili, attraverso una catechesi appropriata. La riforma liturgica infatti non è sinonimo di desacralizzazione, né vuole essere motivo per quel fenomeno che chiamano la secolarizzazione del mondo. Bisogna perciò conservare ai riti dignità, serietà, sacralità»[11].

Tra le grazie che speriamo di poter ottenere dalla celebrazione dell'Anno Sacerdotale vi è pertanto anche quella di un vero rinnovamento liturgico in seno alla Chiesa, affinché la sacra liturgia sia compresa e vissuta per quello che essa è in realtà: il culto pubblico e integrale del Corpo Mistico di Cristo, Capo e membra, culto di adorazione che glorifica Dio e santifica gli uomini[12].
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Note
1) Cf. Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, n. 21.
2) Abbreviazione di Consilium ad exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia.
3) C. Giraudo, «La costituzione "Sacrosanctum Concilium": il primo grande dono del Vaticano II», in La Civiltà Cattolica (2003/IV), pp. 532; 531.
4) Giovanni Paolo II, Ecclesia de Eucharistia, n. 10.
5) Ibid., n. 52. Cf. anche Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, n. 28.
6) «Gli abusi non di rado si radicano in un falso concetto di libertà. Dio, però, ci concede in Cristo non quella illusoria libertà in base alla quale facciamo tutto ciò che vogliamo, ma la libertà, per mezzo della quale possiamo fare ciò che è degno e giusto»: Congregazione per il Culto Divino e la Disciplina dei Sacramenti, Redemptionis Sacramentum, n. 7.
7) Ibid., n. 9.
8) Ibid., nn. 11-12.
9) Sacra Congregazione dei Riti, Eucharisticum Mysterium, n. 20: «Per favorire il corretto svolgimento della sacra celebrazione e la partecipazione attiva dei fedeli, i ministri non debbono limitarsi a svolgere il loro servizio con esattezza, secondo le leggi liturgiche, ma debbono comportarsi in modo da inculcare, per mezzo di esso, il senso delle cose sacre».
10) Benedetto XVI, Sacramentum Caritatis, n. 38. Si veda il n. 40 che sviluppa adeguatamente il concetto.
11) Sacra Congregazione per il Culto Divino, Liturgicae instaurationes, n. 1. Il testo continua: «L'efficacia delle azioni liturgiche non sta nella ricerca continua di novità rituali, o di ulteriori semplificazioni, ma nell'approfondimento della parola di Dio e del mistero celebrato, la cui presenza è assicurata dall'osservanza dei riti della Chiesa e non da quelli imposti dal gusto personale di un singolo sacerdote. Si tenga presente, poi, che la imposizione di rifacimenti personali dei sacri riti da parte del sacerdote offende la dignità dei fedeli, e apre la via all'individualismo e al personalismo nella celebrazione di azioni che direttamente appartengono a tutta quanta la Chiesa».
12) Cf. Pio XII, Mediator Dei, I, 1; Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, n. 7.

sexta-feira, 20 de agosto de 2010

Mons. Guido Marini : LA COMUNIONE RICEVUTA SULLA LINGUA E IN GINOCCHIO : Il motivo di questa preferenza è duplice: da una parte, evitare al massimo la dispersione dei frammenti eucaristici; dall’altra, favorire la crescita della devozione dei fedeli verso la presenza reale di Cristo nel sacramento.

La più antica prassi di distribuzione della Comunione è stata, con tutta probabilità, quella di dare la Comunione ai fedeli sul palmo della mano. La storia della liturgia evidenzia, tuttavia, anche il processo, iniziato abbastanza presto, di trasformazione di tale prassi. Sin dall’epoca dei Padri, nasce e si consolida una tendenza a restringere sempre più la distribuzione della Comunione sulla mano e a favorire quella sulla lingua. Il motivo di questa preferenza è duplice: da una parte, evitare al massimo la dispersione dei frammenti eucaristici; dall’altra, favorire la crescita della devozione dei fedeli verso la presenza reale di Cristo nel sacramento.
All’uso di ricevere la Comunione solo sulla lingua fa riferimento anche san Tommaso d’Aquino, il quale afferma che la distribuzione del Corpo del Signore appartiene al solo sacerdote ordinato. Ciò per diversi motivi, tra i quali l’Angelico cita anche il rispetto verso il sacramento, che «non viene toccato da nessuna cosa che non sia consacrata: e quindi sono consacrati il corporale, il calice e così pure le mani del sacerdote, per poter toccare questo sacramento. A nessun altro quindi è permesso toccarlo fuori di caso di necessità: se per esempio stesse per cadere per terra, o in altre contingenze simili» (Summa Theologiae, III, 82, 3).
Lungo i secoli, la Chiesa ha sempre cercato di caratterizzare il momento della Comunione con sacralità e somma dignità, sforzandosi costantemente di sviluppare nel modo migliore gesti esterni che favorissero la comprensione del grande mistero sacramentale. Nel suo premuroso amore pastorale, la Chiesa contribuisce a che i fedeli possano ricevere l’Eucaristia con le dovute disposizioni, tra le quali figura il comprendere e considerare interiormente la presenza reale di Colui che si va a ricevere (cf. Catechismo di san Pio X, nn. 628 e 636). Tra i segni di devozione propri ai comunicandi, la Chiesa d’Occidente ha stabilito anche lo stare in ginocchio. Una celebre espressione di sant’Agostino, ripresa al n. 66 della Sacramentum Caritatis di Benedetto XVI, insegna: «Nessuno mangi quella carne [il Corpo eucaristico], se prima non l’ha adorata. Peccheremmo se non l’adorassimo» (Enarrationes in Psalmos, 98,9). Stare in ginocchio indica e favorisce questa necessaria adorazione previa alla ricezione di Cristo eucaristico.
In questa prospettiva, l’allora cardinale Ratzinger aveva assicurato che «la Comunione raggiunge la sua profondità solo quando è sostenuta e compresa dall’adorazione» (Introduzione allo spirito della liturgia, Cinisello Balsamo, San Paolo 2001, p. 86). Per questo, egli riteneva che «la pratica di inginocchiarsi per la santa Comunione ha a suo favore secoli di tradizione ed è un segno di adorazione particolarmente espressivo, del tutto appropriato alla luce della vera, reale e sostanziale presenza di Nostro Signore Gesù Cristo sotto le specie consacrate» (cit. nella Lettera This Congregation della Congregazione per il Culto Divino e la Disciplina dei Sacramenti, del 1° luglio 2002: EV 21, n. 666).

Giovanni Paolo II nella sua ultima enciclica, Ecclesia de Eucharistia, ha scritto al n. 61:
«Dando all’Eucaristia tutto il rilievo che essa merita, e badando con ogni premura a non attenuarne alcuna dimensione o esigenza, ci dimostriamo veramente consapevoli della grandezza di questo dono. Ci invita a questo una tradizione ininterrotta, che fin dai primi secoli ha visto la comunità cristiana vigile nella custodia di questo “tesoro”. [...] Non c’è pericolo di esagerare nella cura di questo Mistero, perché “in questo Sacramento si riassume tutto il mistero della nostra salvezza”».
In continuità con l’insegnamento del suo Predecessore, a partire dalla solennità del Corpus Domini del 2008, il Santo Padre Benedetto XVI ha iniziato a distribuire ai fedeli il Corpo del Signore, direttamente sulla lingua e stando inginocchiati.
fonte;http://monsguidomarini.blogspot.com/

sexta-feira, 21 de maio de 2010

ENTREVISTA A MONS. GUIDO MARINI


Mons. Guido Marini, quem foram os seus mestres?

“Quando ingressei no seminário era arcebispo o Cardeal Giuseppe Siri. Fui ordenado sacerdote pelo Cardeal Canestri. Sete anos como secretário de Canestri e sete com o Cardeal Dionigi Tettamanzi. O Cardeal Tarcísio Bertone me nomeou responsável pelo ofício das escolas da arquidiocese, director espiritual no seminário onde ensinava direito canônico. Depois chanceler da cúria e prefeito responsável pela catedral. Com o Cardeal Tettamanzi dei os primeiros passos como cerimoniário”.

“Liturgia, cume da vida da Igreja, tempo e lugar da relação profunda com Deus”, como diz Bento XVI. De onde lhe veio este amor pela liturgia?

“Foi um amor juvenil no sentido que minha vocação tem as suas raízes na liturgia; o amor pelo Senhor foi também um amor pela liturgia como lugar do encontro com o Senhor. Em Gênova sempre houve um importante movimento litúrgico”.
Suponho que tenha sido o Cardeal Tarcisio Bertone, tornado Secretário de Estado da Santa Sé, que propôs o seu nome a Bento XVI.

“Sim, a proposta me chegou através do Cardeal Bertone. ‘O Papa – me disse – está pensando no teu nome’”.
Com o Papa bávaro, estamos assistindo a uma operação de mudança do estilo litúrgico ou a alguma coisa mais profunda?

“É alguma coisa de mais profundo na linha da continuidade, não da ruptura. Há um desenvolvimento no respeito à tradição”.
Desde sua chegada as mudanças ou correcções começaram. Algumas imperceptíveis, outras mais vistosas.

“A mudança é diversificada. Uma foi a colocação do crucifixo no centro do altar para indicar que o celebrante e a assembléia dos fiéis não se olham mutuamente, mas juntos olham para o Senhor que é o centro da sua oração. Outro aspecto é a comunhão dada aos fiéis de joelhos pelo Santo Padre e distribuída na boca. Isto para evidenciar a dimensão do mistério, a presença viva de Jesus na Santíssima Eucaristia. Também a atitude e a postura são importantes porque favorecem a adoração e a devoção dos fiéis”.

O Papa Bento é o primeiro Papa que não tem a tiara no seu escudo. Mudou o pálio do início de seu ministério apostólico e abandonou o característico báculo, do artista Scorzelli, dada pelos milaneses a Paulo VI. Aquele báculo em forma de cruz foi usado também pelo Papa Luciani e por João Paulo II. O Papa Ratzinger escolheu uma férula. Uma simples cruz.


Mons.Marini
“Como o senhor disse, o báculo papal é a férula, a cruz sem o crucifixo, dando a esta um uso mais costumeiro e habitual, e não apenas extraordinário. Ao lado de tais considerações se impôs uma questão prática: um báculo o mais rapidamente, e o encontrámos na sacristia papal”.

Já acenámos para a introdução do silêncio na missa. Em Roma, no centro da cristandade, as liturgias aparecem na sua esplêndida solenidade. E a língua de Cícero, o latim, supera todas. Depois se pensa em antecipar o sinal de paz e numa saudação final diferente por parte do celebrante. A intenção é recuperar plenamente o carácter não arbitrário do culto. A criatividade e espontaneidade como uma ameaça.

“Não serei tão drástico e nem mesmo me agrada a expressão, usada por alguns, ‘saneamento litúrgico’. É um desenvolvimento que valoriza ulteriormente aquilo que fez egregiamente e por tantos anos, como mestre das celebrações litúrgicas pontifícias, o meu predecessor, o bispo Piero Marini.

As questões que o senhor destaca acerca do deslocamento do sinal de paz ou outras não competem ao meu ofício mas sim à Congregação para o Culto Divino e ao novo prefeito, o Cardeal Antônio Cañizares. É meu dever empenhar-me para realizar de modo exemplar a unidade e a catolicidade da todos aqueles que participam das celebrações da Santa Missa papal”.

Quando veremos o Papa Bento celebrar a missa em latim segundo o rito romano extraordinário, o de São Pio V? Eu, pessoalmente, interpretei o ‘motu proprio’ como um ato de liberalidade, de abertura, não de fechamento.

“Não sei. Muitos fiéis aventam esta possibilidade. O Papa decidirá, se o julgar oportuno”.


Mons.Marini
Na “Exortação Apostólica” pós-sinodal sobre a liturgia, Joseph Ratzinger se deteve sobre muitos aspectos. Propôs até que as igrejas sejam voltadas para o oriente, para a Cidade Santa de Jerusalém. Ele, faz um ano, celebrou a missa na Capela Sistina com de costas para o povo. Quem lhe propôs?

“Eu lhe propus. A Capela Sistina é um baú de tesouros. Parecia uma violência alterar-lhe a beleza construindo um palco artificial, postiço. No rito ordinário, este modo de celebrar “de costas para o povo” é uma modalidade prevista. Porém sublinho: não dá as costas ao povo, mas sim celebrante e fiéis estão voltados para o único ponto que conta que é o crucifixo”.

“O Papa veste Cristo, não Prada” se leu no “L’Osservatore Romano”. O ‘look’ de Bento XVI impressiona e intriga. Paramentos, mitras, cruzes peitorais, cátedras sobre as quais se senta, mozetas e estolas. Estamos diante de um Papa elegante. É uma invenção jornalística?

“Simplesmente dizer ‘elegante’, na linguagem de hoje, pareceria significar um Papa que ama aspectos exteriores, mundanos. Um olhar atento adverte que há uma busca que concilia tradição e modernidade. Não é a lógica de um impraticável retorno ao passado más é um reequilíbrio entre passado e presente. É a busca, se prefere, de beleza e harmonia, que são revelação do mistério de Deus”.


Mons Marini
O que veremos nos Camarões e em Angola? As liturgias africanas são pitorescas, populares, onde existe uma totalidade que se exprime inclusive com a dança e os tambores. O senhor será posto à prova...

(Risos) “Só agora estamos preparando a viagem. Procuraremos pôr junto com as tradições locais aquilo que vale para todas. Com sua simples presença o Papa manifesta a Igreja, uma, santa, católica. Acharemos a síntese entre aquilo que une a Igreja, no rito romano, e os aspectos típicos e sensibilidades culturais. Inculturação da fé e da liturgia e dimensões universais”.

A liturgia é um sedimento, um patrimônio milenar. O missal é entrecortado de citações da Bíblia aos Padres da Igreja do Oriente e do Ocidente. Salmos responsoriais, orações ou coletas, o sacramentário que é a parte central da missa. É um patrimônio intocável. Cada vez que há uma celebração o senhor consulta o Papa?

Que tipo de comunicação há?

“Muito simples. O Papa é consultado nas coisas relevantes e antes de uma celebração tem todos os textos. Ordinariamente, lhe enviamos notas escritas e ele responde por escrito, de seu punho”.


Mons.Marini
O senhor está fazendo uma experiência forte e extraordinária. Episódios que lhe tocaram?

“Sim,é uma experiência forte. Tocou-me a viagem do Papa aos Estados Unidos. Sendo minha primeira viagem internacional com o Santo Padre, havia um sabor de novidade. Uma viagem emocionante pelo afecto e o calor, pelo clima espiritual. E me tocou a entrega do pálio, em junho, aos metropolitas. Um metropolita dirigiu-se assim ao Papa, de joelhos: ‘Padre Santo, venho de uma diocese em que o meu predecessor sofreu o martírio pela fé. Reza por mim para que também eu possa ser um mártir’. Compreendi ainda mais o que significa ser Igreja”.

Há grande sintonia, feeling, entre o senhor e o Papa?

“Da minha parte é absoluta.”

Como definiria o Papa Bento XVI, o senhor que tem a fortuna de estar a seu lado?

“Une a uma excepcional grandeza intelectual uma enorme simplicidade e doçura. É um traço característico de sua figura espiritual e humana. É uma realidade que verifico e toco com as mãos. O fato de estar próximo do Papa, deste Papa, é uma grande graça para o meu sacerdócio”.
Fonte: Oblatvs