http://4.bp.blogspot.com/_14vrv7ni7HM/TLYyK0PS85I/AAAAAAAABU8/h4xBT0R8kQU/s1600/20101013225550_D0064009.jpg

Mostrando postagens com marcador Motu Proprio «Summorum Pontificum» de Bento XVI. Mostrar todas as postagens
Mostrando postagens com marcador Motu Proprio «Summorum Pontificum» de Bento XVI. Mostrar todas as postagens

quarta-feira, 4 de maio de 2011

O espírito da Divina Liturgia e as razões do Motu Proprio de Bento XVI por Mons. Nicola Bux

 



Son numerosos los escritos sobre liturgia de Joseph Ratzinger, profesor y cardenal, pero el más reciente es “Introducción al espíritu de la liturgia”, en el que reconduce la reflexión sobre el espíritu de la liturgia cristiana a la cuestión de si ella es esencialmente adoración de Dios. Resolviendo este interrogante se entenderá el espíritu de la liturgia al cual el libro quiere introducir, comenzando por entender “qué es realmente la adoración”. El Cardenal la define como la entrega de todo a Dios, de la historia y del cosmos, a partir de nosotros mismos: ésta es la esencia del culto y del sacrificio.

*
Es liturgia cósmica porque integra la creación en la redención. La concepción cósmica y alegórica de los comentadores y de los padres, desde Teodoro de Mopsuestia a Máximo el Confesor, ha caracterizado la liturgia de los orientales en particular, pero también la ambrosiana y la romana. Al menos ha sido así hasta el Vaticano II cuando una instrucción proponía que el altar estuviera puesto de modo que se celebre la segunda parte de la Misa – en sustancia, la anáfora- “vueltos hacia el pueblo” y no más hacia Oriente, como hasta entonces hacían todas las liturgias y aún hoy continúan haciendo los orientales.


Precisamente porque la liturgia habla a través de los símbolos, Ratzinger no deja de señalar que en su base está la concepción cósmica y de desear la recuperación de la “tradición apostólica de la orientación hacia el Oriente de los edificios cristianos y de la misma praxis litúrgica, al menos donde esto sea posible”, se puede pensar por lo menos en los nuevos edificios de culto. La imagen bíblica y patrística del cielo sobre la tierra, desciende con la Eucaristía sobre el altar: es admirable la reflexión de Ratzinger sobre la relación de ésta con el altar, “el lugar del cielo abierto”. ¿No ha dicho el Concilio, en línea con la Tradición, que el altar es Cristo?
*

Para los orientales, el altar es Su cuerpo y, a la vez, Su sepulcro. Por esta razón, siempre está revestido de manteles, en la liturgia romana también, con un frontal, en la bizantina con un velo, casi una túnica, sobre los cuatro lados. El altar no es principalmente una mesa sino una alta res, un lugar alto para el sacrificio del Cordero: se convierte en mesa sólo después de haber sido cuna, cruz y sepulcro. El Cordero inmolado y resucitado prepara la mesa de su carne.
*

Tabernáculo y altar: un conflicto falso. Basándose en la ‘teoría del primer milenio’, según la cual todo aquello que la Iglesia ha realizado en ese período debe ser re-propuesto tal cual era, algunos liturgistas dicen que la Eucaristía debe ser comida y no contemplada. Y aquí el Cardenal observa: “La Eucaristía no es, en absoluto, un ‘pan corriente’… ‘Comerla’ es un proceso espiritual que abarca toda la realidad humana. ‘Comerla’ significa adorarla. Significa dejar que entre en mí de modo que mi yo sea transformado y se abra al gran nosotros, de manera que lleguemos a ser “uno solo” con Él (Gal. 3, 17). De esta forma, la adoración no se opone a la comunión, ni se sitúa paralelamente a ella: la comunión alcanza su profundidad sólo si es sostenida y comprendida por la adoración”.
*

En realidad, en el primer milenio San Agustín dice que no se puede comer la Eucaristía sin antes haberla adorado. Esto debe llevar a rever extrañas teorías acerca del conflicto de signos entre el tabernáculo y el altar de la celebración eucarística: relación que la teología medieval había profundizado bien. La Eucaristía es presencia escatológica – en el tabernáculo, “el Señor me pone en camino hacia su segunda venida” – y no cronológica, es decir, no circunscrita a la Misa; en todo caso nosotros en la Misa “actualizamos”, o bien nos hacemos presentes a nosotros mismos ante el misterio de Su presencia permanente.


¿Sería presencia divina la que ocurre como respuesta a la evocación humana? ¿O más bien magia idolátrica? El sentido del término actualización es comprensible sólo en la relación entre la memoria de la muerte del Señor y la espera de su venida, porque él viene en la Iglesia que aclama elevando el cáliz: Bendito el que viene… Es el sentido dinámico y permanente de la Encarnación del Verbo.
*

El arte cristiano sin la Encarnación: a propósito de esto medita en el capítulo dedicado a la cuestión de las imágenes donde llama la atención sobre la función central de la Encarnación. El “descenso de Dios” ha sucedido y sucede “para atraernos en un proceso de ascensión”. “Sólo se entenderá bien la Encarnación si se percibe en esa tensión más amplia que existe entre la creación, la historia y el nuevo mundo”. ¿Qué decir de un cierto espiritualismo, hoy en en boga, que mortifica los sentidos, que reprueba al apóstol Tomás que quería creer viendo? Jesús por eso se ha hecho ver – como a los otros apóstoles – (por otro lado, ¿por qué el Verbo se habría hecho hombre?).


¡No es que con la Resurrección Dios haya cambiado de método! Como ha dicho León Magno, lo que era visible del Señor ha pasado a los sacramentos. Tomás fue reprendido por no haber creído a los inicios de la traditio apostolica, no ha creído en lo que ellos habían visto: los otros apóstoles habían visto, tocado y comido con el Señor ocho días antes y lo habían relatado a Tomás que estaba ausente. Por eso, felices los que, sin haber visto, creen… o creerán. ¿En qué? En aquello que los otros han visto antes que ellos y han transmitido. Pablo, precisamente sobre la Eucaristía, dice en 1Cor. 11,23: “yo recibí del Señor lo que os he transmitido”. Esta es la tradición apostolica de la cual la liturgia es parte integrante
Fonte:La Buardilla de Jeronimo

quarta-feira, 24 de novembro de 2010

Kathnews rende ora disponibili informazioni esclusive sul fatto che la pubblicazione del regolamento di applicazione del Motu Proprio "Summorum Pontificum" è davvero imminente. Da fonti di alto livello del Vaticano KathNews ha appreso che il documento era già pronto, ma ha dovuto essere corretto in alcuni punti. Una nuova versione corretta dovrebbe essere presentata in questi giorni al Papa. La versione attuale dovrebbe pertanto essere quella che sarà pubblicata in completamento del Motu Proprio pubblicato nel 2007. Le regole di applicazione potrebbero pertanto essere firmate entro il Natale 2010 dal Papa e chiarire le questioni relative all'uso della Messa Tridentina



Le norme di attuazione del motu proprio e la necessità di un ordinariato tradizionale

Siamo finalmente in grado di confermare la fondatezza delle voci circa l'imminente l'uscita delle tanto attese, finora inutilmente, disposizioni di attuazione del motu proprio. Che in realtà, come disse mons. Perl nel febbraio 2008 al sottoscritto, già allora eran "pronte alla firma sulla scrivania del Papa" e si sarebbe trattato di attendere solo poche settimane... Ecco quanto riporta Kathnews

Immediatamente dopo la pubblicazione della lettera del Papa "Summorum Pontificum" nel luglio 2007 è stato annunciato che si aspettavano regole di attuazione per portare maggiore chiarezza nel documento concernente la forma straordinaria del rito romano. La pubblicazione di tali disposizioni era già stata annunciata più volte nei media cattolici e discussa in numerosi forum e blog di internet. A volte è stato detto che la pubblicazione del documento era imminente, che il Santo Padre l'avrebbe fatto, o addirittura che era già sulla sua scrivania per la firma. Queste ipotesi finora non sono state confermate e si sono dimostrate, in molti casi, sbagliate.

Kathnews rende ora disponibili informazioni esclusive sul fatto che la pubblicazione del regolamento di applicazione del Motu Proprio "Summorum Pontificum" è davvero imminente. Da fonti di alto livello del Vaticano KathNews ha appreso che il documento era già pronto, ma ha dovuto essere corretto in alcuni punti. Una nuova versione corretta dovrebbe essere presentata in questi giorni al Papa. La versione attuale dovrebbe pertanto essere quella che sarà pubblicata in completamento del Motu Proprio pubblicato nel 2007. Le regole di applicazione potrebbero pertanto essere firmate entro il Natale 2010 dal Papa e chiarire le questioni relative all'uso della Messa Tridentina

Quelle istruzioni hanno superato diverse nuove stesure, anche alla luce dell'esperienza sulle difficoltà applicative insorte molto frequentemente (e dolosamente), ad opera di parte significativa del clero. La versione che dovrebbe veder la luce a breve terrà conto anche delle osservazioni raccolte da tutto l'episcopato mondiale con le relazioni inviate alla scadenza del triennio dall'entrata in vigore del Summorum Pontificum. A quanto ci riferiscono, l'ultima versione del testo normativo è migliore e più garantista per i diritti dei fedeli legati all'antica liturgia.

Ma sarà sufficiente? "Leggi sonvi, ma chi pon mano ad esse?" L'esperienza di questi tre anni ha mostrato, in molti casi con dolorose sorprese, che il livello di resistenza a quel documento papale e di avversione nei confronti della Tradizione è viscerale e quasi patologico.

Quale che sia il contenuto delle norme, la soluzione deve passare, secondo noi, attraverso due strumenti, concorrenti al medesimo fine. Il primo, un rafforzamento nettissimo dei poteri di intervento autoritativo della Commissione Ecclesia Dei nelle diocesi recalcitranti, con un mezzo tanto semplice quanto effettivo: se il gruppo stabile che vi si è costituito non trova soddisfazione ad una legittima richiesta, l'Ecclesia Dei dovrebbe avere il potere di 'requisire' una idonea chiesa o oratorio (non utilizzata o poco utilizzata: ve ne sono pressoché ovunque, almeno nell'Europa secolarizzata) per assegnarla a qualche istituto sacerdotale che celebra in forma straordinaria. I quali abbondano di sacerdoti e difettano di apostolati, viste da un lato la fecondità vocazionale e dall'altro le chiusure vescovili che ovunque incontrano. L'esito sarebbe in ogni caso positivo: o un nuovo apostolato di un qualche istituto tradizionalista, dinamico ed in espansione, oppure (per non subire l'intervento dall'alto) la diocesi stessa si piegherebbe a trovare una congrua soluzione interna.

Il secondo strumento, ancor più importante, è la liberazione dei fedeli, e ancor più dei sacerdoti e istituti legati alla Tradizione, dalle continue angherie e vessazioni che fanno subir loro molti mitrati. Il modello per risolvere la situazione potrebbe essere mutuato dal meccanismo dell'ordinariato anglo-cattolico: un organismo canonico dipendente direttamente da Roma e libero di svolgere il proprio apostolato, senza subire il veto dei vescovi dei vari luoghi. Così come parrocchie anglocattoliche potranno sorgere ovunque ve ne sia bisogno, senza bisogno del placet del vescovo diocesano (salvi, naturalmente, i rapporti di cortesia), altrettanto dovrebbe avvenire per l'apertura di nuovi centri di Messa da parte degli Istituti legati alla Tradizione. 

D'altro canto, se e quando si giungerà ad un accordo con la Fraternità San Pio X, essa pretenderà, e con tutte le ragioni di questo mondo, di poter continuare a svolgere la propria attività d'apostolato, e aprir cappelle e priorati, senza necessità di ottenere prima il permesso dei vescovi (che con ogni probabilità la negherebbero). S'è parlato all'uopo in passato di una prelatura personale sui iuris (perché comprendente anche i fedeli laici, non solo i sacerdoti), o di una amministrazione apostolica personale, sul modello di quella di Campos in Brasile (ma, a differenza di quella rinchiusa in una diocesi, estesa al mondo intero). L'altro modello potrebbe essere, appunto, un ordinariato simile a quello della Anglicanorum coetibus.

Se dunque a tale soluzione si vuole e si deve arrivare (ché, se così non fosse, a che pro intavolare discussioni dottrinali colla FSSPX?), tanto vale sperimentarla fin d'ora con gli istituti Ecclesia Dei. La constatazione di un buon funzionamento sul campo del paradigma rappresenterebbe il miglior incentivo per vincere le (altrimenti giustificabili) tentazioni autonomistiche dei lefebvriani.

Enrico
DE:messainlatino.it

quarta-feira, 7 de julho de 2010

CARTA DO SANTO PADRE AOS BISPOS SOBRE O MOTUM PROPRIO e Motu Proprio «Summorum Pontificum» de Bento XVI. Motu Proprio «Summorum Pontificum» de Bento XVI. Saudámos Sua Santidade Bento XVI pelo 3º Aniversário da publicação do Motu Proprio "Summorum Pontificum" de 7 de Julho de 2007 que veio abrir o Tesouro da Missa Gregoriana a toda a Igreja , desejamos a Sua Santidade longa vida e que o Espírito Santo vos conceda sempre aquela força, coragem , fortaleza e alegria e sabedoria para guiardes a santa Igreja.

CARTA DO SANTO PADRE AOS BISPOS SOBRE O MOTUM PROPRIO e Motu Proprio «Summorum Pontificum» de Bento XVI




Santa Messa Pontificale




fonte:maranatha.it
 


CARTA DO SANTO PADRE
BENTO XVI
AOS BISPOS QUE ACOMPANHA O "MOTU PROPRIO"
SUMMORUM PONTIFICUM
SOBRE O USO DA LITURGIA ROMANA
ANTERIOR À REFORMA REALIZADA EM 1970

Amados Irmãos no Episcopado,

Com grande confiança e esperança, coloco nas vossas mãos de Pastores o texto duma nova Carta Apostólica «Motu Proprio data» sobre o uso da liturgia romana anterior à reforma realizada em 1970. O documento é fruto de longas reflexões, múltiplas consultas e de oração.

Notícias e juízos elaborados sem suficiente informação criaram não pouca confusão. Há reacções muito divergentes entre si que vão de uma entusiasta aceitação até uma férrea oposição a respeito de um projecto cujo conteúdo na realidade não era conhecido.

Contrapunham-se de forma mais directa a este documento dois temores, dos quais me quero ocupar um pouco mais detalhadamente nesta carta.

Em primeiro lugar, há o temor de que seja aqui afectada a autoridade do Concílio Vaticano II e que uma das suas decisões essenciais – a reforma litúrgica – seja posta em dúvida. Tal receio não tem fundamento. A este respeito, é preciso antes de mais afirmar que o Missal publicado por Paulo VI, e reeditado em duas sucessivas edições por João Paulo II, obviamente é e permanece a Forma normal – a Forma ordinária – da Liturgia Eucarística.

A última versão do Missale Romanum, anterior ao Concílio, que foi publicada sob a autoridade do Papa João XXIII em 1962 e utilizada durante o Concílio, poderá, por sua vez, ser usada como Forma extraordinária da Celebração Litúrgica. Não é apropriado falar destas duas versões do Missal Romano como se fossem «dois ritos». Trata-se, antes, de um duplo uso do único e mesmo Rito.




Quanto ao uso do Missal de 1962, como Forma extraordinária da Liturgia da Missa, quero chamar a atenção para o facto de que este Missal nunca foi juridicamente ab-rogado e, consequentemente, em princípio sempre continuou permitido. Na altura da introdução do novo Missal, não pareceu necessário emanar normas próprias para um possível uso do Missal anterior.

Supôs-se, provavelmente, que se trataria de poucos casos individuais que seriam resolvidos um a um na sua situação concreta. Bem depressa, porém, se constatou que não poucos continuavam fortemente ligados a este uso do Rito Romano que, desde a infância, se lhes tornara familiar. Isto aconteceu sobretudo em países onde o movimento litúrgico tinha dado a muitas pessoas uma formação litúrgica notável e uma profunda e íntima familiaridade com a Forma anterior da Celebração Litúrgica.

Todos sabemos que, no movimento guiado pelo Arcebispo Lefebvre, a fidelidade ao Missal antigo apareceu como um sinal distintivo externo; mas as razões da divisão, que então nascia, encontravam-se a maior profundidade. Muitas pessoas, que aceitavam claramente o carácter vinculante do Concílio Vaticano II e que eram fiéis ao Papa e aos Bispos, desejavam contudo reaver também a forma, que lhes era cara, da sagrada Liturgia; isto sucedeu antes de mais porque, em muitos lugares, se celebrava não se atendo de maneira fiel às prescrições do novo Missal, antes consideravam-se como que autorizados ou até obrigados à criatividade, o que levou frequentemente a deformações da Liturgia no limite do suportável.

Falo por experiência, porque também eu vivi aquele período com todas as suas expectativas e confusões. E vi como foram profundamente feridas, pelas deformações arbitrárias da Liturgia, pessoas que estavam totalmente radicadas na fé da Igreja.
Postado por sebastiao às 13:45



Por isso, o Papa João Paulo II viu-se obrigado a estabelecer, através do Motu Proprio «Ecclesia Dei» de 2 de Julho de 1988, um quadro normativo para o uso do Missal de 1962, que no entanto não contém prescrições detalhadas, mas fazia apelo, de forma mais geral, à generosidade dos Bispos para com as «justas aspirações» dos fiéis que requeriam este uso do Rito Romano.

Naquela altura, o Papa queria assim ajudar sobretudo a Fraternidade São Pio X a encontrar de novo a plena unidade com o Sucessor de Pedro, procurando curar uma ferida que se ia fazendo sentir sempre mais dolorosamente. Até agora, infelizmente, esta reconciliação não se conseguiu; todavia várias comunidades utilizaram com gratidão as possibilidades deste Motu Proprio.

Continuava aberta, porém, a difícil questão do uso do Missal de 1962 fora destes grupos, para os quais faltavam precisas normas jurídicas, antes de mais porque, nestes casos, frequentemente os Bispos temiam que a autoridade do Concílio fosse posta em dúvida. Logo a seguir ao Concílio Vaticano II podia-se supor que o pedido do uso do Missal de 1962 se limitasse à geração mais idosa que tinha crescido com ele, mas entretanto vê-se claramente que também pessoas jovens descobrem esta forma litúrgica, sentem-se atraídas por ela e nela encontram uma forma, que lhes resulta particularmente apropriada, de encontro com o Mistério da Santíssima Eucaristia.

Surgiu assim a necessidade duma regulamentação jurídica mais clara, que, no tempo do Motu Proprio de 1988, não era previsível; estas Normas pretendem também libertar os Bispos do dever de avaliar sempre de novo como hão-de responder às diversas situações.



Em segundo lugar, nas discussões à volta do esperado Motu Proprio, manifestou-se o temor de que uma possibilidade mais ampla do uso do Missal de 1962 levasse a desordens ou até a divisões nas comunidades paroquiais. Também este receio não me parece realmente fundado. O uso do Missal antigo pressupõe um certo grau de formação litúrgica e o conhecimento da língua latina; e quer uma quer outro não é muito frequente encontrá-los.

Por estes pressupostos concretos, já se vê claramente que o novo Missal permanecerá, certamente, a Forma ordinária do Rito Romano, não só porque o diz a normativa jurídica, mas também por causa da situação real em que se encontram as comunidades de fiéis.

É verdade que não faltam exageros e algumas vezes aspectos sociais indevidamente vinculados com a atitude de fiéis ligados à antiga tradição litúrgica latina. A vossa caridade e prudência pastoral hão-de ser estímulo e guia para um aperfeiçoamento. Aliás, as duas Formas do uso do Rito Romano podem enriquecer-se mutuamente: no Missal antigo poderão e deverão ser inseridos novos santos e alguns dos novos prefácios.

A Comissão «Ecclesia Dei», em contacto com os diversos entes devotados ao usus antiquior, estudará as possibilidades práticas de o fazer. E, na celebração da Missa segundo o Missal de Paulo VI, poder-se-á manifestar, de maneira mais intensa do que frequentemente tem acontecido até agora, aquela sacralidade que atrai muitos para o uso antigo.

A garantia mais segura que há de o Missal de Paulo VI poder unir as comunidades paroquiais e ser amado por elas é celebrar com grande reverência em conformidade com as rubricas; isto torna visível a riqueza espiritual e a profundidade teológica deste Missal.
Postado por sebastiao às 13:33



Cheguei assim à razão positiva que me motivou para actualizar através deste Motu Proprio o de 1988. Trata-se de chegar a uma reconciliação interna no seio da Igreja. Olhando para o passado, para as divisões que no decurso dos séculos dilaceraram o Corpo de Cristo, tem-se continuamente a impressão de que, em momentos críticos quando a divisão estava a nascer, não fora feito o suficiente por parte dos responsáveis da Igreja para manter ou reconquistar a reconciliação e a unidade; fica-se com a impressão de que as omissões na Igreja tenham a sua parte de culpa no facto de tais divisões se terem podido consolidar.

Esta sensação do passado impõe-nos hoje uma obrigação: realizar todos os esforços para que todos aqueles que nutrem verdadeiramente o desejo da unidade tenham possibilidades de permanecer nesta unidade ou de encontrá-la de novo. Vem-me à mente uma frase da segunda carta aos Coríntios, quando Paulo escreve: «Falámo-vos com toda a liberdade, ó Coríntios.

O nosso coração abriu-se plenamente. Há nele muito lugar para vós, enquanto no vosso não há lugar para nós (…): pagai-nos na mesma moeda, abri também vós largamente o vosso coração» (2 Cor 6, 11-13). É certo que Paulo fala noutro contexto, mas o seu convite pode e deve tocar-nos também a nós, precisamente neste tema. Abramos generosamente o nosso coração e deixemos entrar tudo aquilo a que a própria fé dá espaço.

Não existe qualquer contradição entre uma edição e outra do Missale Romanum. Na história da Liturgia, há crescimento e progresso, mas nenhuma ruptura. Aquilo que para as gerações anteriores era sagrado, permanece sagrado e grande também para nós, e não pode ser de improviso totalmente proibido ou mesmo prejudicial. Faz-nos bem a todos conservar as riquezas que foram crescendo na fé e na oração da Igreja, dando-lhes o justo lugar.

Obviamente, para viver a plena comunhão, também os sacerdotes das Comunidades aderentes ao uso antigo não podem, em linha de princípio, excluir a celebração segundo os novos livros. De facto, não seria coerente com o reconhecimento do valor e da santidade do novo rito a exclusão total do mesmo.
 



Em conclusão, amados Irmãos, tenho a peito sublinhar que as novas normas não diminuem de modo algum a vossa autoridade e responsabilidade sobre a liturgia nem sobre a pastoral dos vossos fiéis. Com efeito, cada Bispo é o moderador da liturgia na própria diocese (cf. Sacrosanctum Concilium, n.º 22: «Sacræ Liturgiæ moderatio ab Ecclesiæ auctoritate unice pendet quæ quidem est apud Apostolicam Sedem et, ad normam iuris, apud Episcopum»).

Por conseguinte, nada se tira à autoridade do Bispo, cuja tarefa, em todo o caso, continuará a ser a de vigiar para que tudo se desenrole em paz e serenidade. Se por hipótese surgisse qualquer problema que o pároco não pudesse resolver, sempre poderia o Ordinário local intervir, mas em plena harmonia com quanto estabelecido pelas novas normas do Motu Proprio.

Além disso, convido-vos, amados Irmãos, a elaborar para a Santa Sé um relatório sobre as vossas experiências, três anos depois da entrada em vigor deste Motu Proprio. Se verdadeiramente tiverem surgido sérias dificuldades, poder-se-á procurar meios para lhes dar remédio.

Amados Irmãos, com ânimo grato e confiante, entrego ao vosso coração de Pastores estas páginas e as normas do Motu Proprio. Tenhamos sempre presente as palavras dirigidas pelo Apóstolo Paulo aos anciãos de Éfeso: «Tomai cuidado convosco e com todo o rebanho, do qual o Espírito Santo vos constituiu vigilantes para apascentardes a Igreja de Deus, que Ele adquiriu com o sangue do seu próprio Filho» (Act 20, 28).

Confio à poderosa intercessão de Maria, Mãe da Igreja, estas novas normas e de coração concedo a minha Bênção Apostólica a vós, amados Irmãos, aos párocos das vossas dioceses, e a todos os sacerdotes, vossos colaboradores, como também a todos os vossos fiéis.

Dado em Roma, junto de São Pedro, no dia 7 de Julho de 2007.

BENEDICTUS PP. XVI

 


Fotos do Cardeal Franc Rodé em Ordenações Sacerdotais em Wigratzbad na Alemanha em 28 de Junho de 2008 para a Fraternidade Sacerdotal de S.Pedro

Motu Proprio «Summorum Pontificum» de Bento XVI

«Os sumos pontífices até nossos dias se preocuparam constantemente para que a Igreja de Cristo oferecesse à Divina Majestade um culto digno de “louvor e glória de Seu nome” e “do bem de toda sua Santa Igreja”.

«Desde tempo imemoriável, como também para o futuro, é necessário manter o princípio segundo o qual, “cada Igreja particular deve concordar com a Igreja universal, não só quanto à doutrina da fé e aos sinais sacramentais, mas também em respeito aos usos universalmente aceitos da ininterrupta tradição apostólica, que devem ser observados não só para evitar erros, mas também para transmitir a integridade da fé, para que a lei da oração da Igreja corresponda a sua lei de fé”.» (1)

«Entre os pontífices que tiveram essa preocupação ressalta o nome de São Gregório Magno, que fez todo o possível para que aos novos povos da Europa se transmitisse tanto a fé católica como os tesouros do culto e da cultura acumulados pelos romanos nos séculos precedentes. Ordenou que fosse definida e conservada a forma da sagrada Liturgia, relativa tanto ao Sacrifício da Missa como ao Ofício Divino, no modo em que se celebrava na Urbe. Promoveu com a máxima atenção a difusão dos monges e monjas que, agindo segundo a regra de São Bento, sempre junto ao anuncio do Evangelho exemplificaram com sua vida a saudável máxima da Regra: “Nada se antecipe à obra de Deus” (Cap. 43). Dessa forma a Sagrada Liturgia, celebrada segundo o uso romano, enriqueceu não somente a fé e a piedade, mas também a cultura de muitas populações. Consta efetivamente que a liturgia latina da Igreja em suas várias formas, em todos os séculos da era cristã, impulsionou na vida espiritual a numerosos santos e fortaleceu a tantos povos na virtude da religião e fecundou sua piedade”.»

«Muitos outros pontífices romanos, no transcurso dos séculos, mostraram particular solicitude para que a sagrada Liturgia manifestasse da forma mais eficaz esta tarefa: entre eles se destaca São Pio V, que sustentando por grande zelo pastoral, apos a exortação do Concílio de Trento, renovou todo o culto da Igreja, revisou a edição dos livros litúrgicos emendados e “renovados segundo a norma dos Padres” e os deu em uso a Igreja Latina».

«Entre os livros litúrgicos do Rito romano ressalta-se o Missa Romano, que se desenvolveu na cidade de Roma, e que, pouco a pouco, com o transcurso dos séculos, tomou formas que têm grande semelhança com as vigentes em tempos mais recentes».

«Foi este o objetivo que buscaram os Pontífices Romanos no curso dos seguintes séculos, assegurando a atualização ou definindo os ritos e livros litúrgicos, e depois, ao início deste século, empreendendo uma reforma geral» (2). Assim atuaram nossos predecessores Clemente VIII, Urbano VIII, São Pio X (3), Bento XV, Pio XII e o beato João XXIII.

«Em tempos recentes, o Concílio Vaticano II expressou o desejo de que a devida e respeitosa reverência em respeito ao culto divino, se renovasse de novo e se adaptasse às necessidades de nossa época. Movido por este desejo, nosso predecessor, o Sumo Pontífice Paulo VI, aprovou em 1970 para a Igreja latina os livros litúrgicos reformados, e em parte, renovados. Estes, traduzidos às diversas línguas do mundo, foram acolhidos de bom grado pelos bispos, sacerdotes e fiéis. João Paulo II revisou a terceira edição típica do Missal Romano. Assim os Pontífices Romanos agiram “para que esta espécie de edifício litúrgico (...) aparecesse novamente esplendoroso por dignidade e harmonia”.» (4)

«Em algumas regiões, contudo, não poucos fiéis aderiram e seguem aderindo com muito amor e afeto às anteriores formas litúrgicas, que haviam embebido tão profundamente sua cultura e seu espírito, que o Sumo Pontífice João Paulo II, movido pela preocupação pastoral em relação a estes fiéis, no ano de 1984, com o indulto especial “Quattuor abhinc annos”, emitido pela Congregação para o Culto Divino, concedeu a faculdade de usar o Missal Romano editado pelo beato João XXIII no ano de 1962; mais tarde, no ano de 1988, com a Carta Apostólica “Ecclesia Dei”, dada em forma de Motu proprio, João Paulo II exortou aos bispos a utilizar ampla e generosamente esta faculdade em favor de todos os fiéis que o solicitassem.»

«Depois da consideração por parte de nosso predecessor João Paulo II das insistentes petições destes fiéis, depois de haver escutado aos Padres Cardeais no consistório de 22 de março de 2006, apos haver refletido profundamente sobre cada um dos aspectos da questão, invocado ao Espírito Santo e contando com a ajuda de Deus, com as presentes Cartas Apostólicas estabelecemos o seguinte:

Art. 1 – O Missal Romano promulgado por Paulo VI é a expressão ordinária da “Lex orandi” (“Lei de oração”), da Igreja católica de rito latino. Contudo o Missal Romano promulgado por São Pio V e novamente pelo beato João XXIII deve ser considerado como expressão extraordinária da mesma “Lex orandi” e gozar do respeito devido por seu uso venerável e antigo. Estas duas expressões da “Lex orandi” da Igreja não levarão de forma alguma a uma divisão da “Lex credendi” (“Lei da fé”) da Igreja; são, de fato, dois usos do único rito romano.

Por isso é licito celebrar o Sacrifício da Missa segundo a edição típica do Missal Romano promulgado pelo beato João XXIII em 1962, que não foi ab-rogado nunca, como forma extraordinária da Liturgia da Igreja. As condições para o uso deste missal estabelecidas nos documentos anteriores “Quattuor abhinc annos” e “Ecclesia Dei”, serão substituídas como se estabelece a seguir:

Art. 2 – Nas Missas celebradas sem o povo, todo sacerdote católico de rito latino, tanto secular como religioso, pode utilizar seja o Missal Romano editado pelo beato Papa João XXIII em 1962, seja o Missal Romano promulgado pelo Papa Paulo VI em 1970, em qualquer dia, exceto o Tríduo Sacro. Para dita celebração seguindo um ou outro missal, o sacerdote não necessita nenhuma permissão, nem da Sé Apostólica nem do ordinário.

Art. 3 – As comunidades dos institutos de vida consagrada e das Sociedades de vida apostólica, de direito tanto pontifício como diocesano, que desejem celebrar a Santa Missa segundo a edição do Missal Romano promulgado em 1962 na celebração conventual ou “comunitária” em seus oratórios próprios, podem fazê-lo. Se uma só comunidade ou um inteiro Instituto ou Sociedade quer praticar ditas celebrações eventualmente, habitualmente ou permanentemente, a decisão compete aos Superiores maiores segundo as normas do direito e segundo as regras e os estatutos particulares.

Art. 4 – À celebração da Santa Missa, a qual se refere o artigo 2, também podem ser admitidos –observadas as normas de direito– os fiéis que o peçam voluntariamente.

Art. 5, § 1º – Nas paróquias, onde haja um grupo estável de fiéis aderentes à precedente tradição litúrgica, o pároco acolherá de bom grado seu pedido de celebrar a Santa Missa segundo o rito do Missal Romano editado em 1962. Deve procurar que o bem destes fiéis se harmonize com a atenção pastoral ordinária da paróquia, sob a direção do bispo como estabelece o cân. 392 evitando a discórdia e favorecendo a unidade de toda a Igreja.

§ 2º - A celebração segundo o Missal do beato João XXIII pode ocorrer em dia ferial; nos domingos e nas festividades pode haver também uma celebração desse tipo.

§ 3º - O pároco permita também aos fiéis e sacerdotes que o solicitem a celebração nesta forma extraordinária em circunstâncias particulares, como matrimônios, exéquias ou celebrações ocasionais, como por exemplo as peregrinações.

§ 4º - Os sacerdotes que utilizem o Missal do beato João XXIII devem ser idôneos e não ter nenhum impedimento jurídico.

§5º - Nas igrejas que não são paroquiais nem conventuais, é competência do Reitor conceder a licença mais acima citada.

Art. 6 – Nas missas celebradas com o povo segundo o Missal do Beato João XXIII, as leituras podem ser proclamadas também em língua vernácula, usando edições reconhecidas pela Sé Apostólica.

Art. 7 – Se um grupo de fiéis leigos, como os citados no art. 5, §1º, não tenha obtido satisfação a suas petições por parte do pároco, informe ao bispo diocesano. Convida-se vivamente ao bispo a satisfazer seu desejo. Se não pode prover a esta celebração, o assunto se remeta à Pontifícia Comissão “Ecclesia Dei”.

Art. 8 – O bispo, que deseja responder a estas petições dos fiéis leigos, mas que por diferentes causas não pode fazê-lo, pode indicar à Comissão “Ecclesia Dei” para que lhe aconselhe e lhe ajude.

Art. 9 § 1º - O pároco, após ter considerado tudo antecipadamente, pode conceder a licença para usar o ritual precedente na administração dos sacramentos do Batismo, do Matrimônio, da Penitência e da Unção dos Enfermos, se o requer o bem das almas.

§ 2º - Aos ordinários se concede a faculdade de celebrar o sacramento da Confirmação usando o precedente Pontifical Romano, sempre que o requeira o bem das almas.

§ 3º - Aos clérigos constituídos “in sacris” é licito usar o Breviário Romano promulgado pelo Beato João XXIII em 1962.

Art. 10 – O ordinário do lugar, se o considerar oportuno, pode erigir uma paróquia pessoal segundo a norma do cânon 518 para as celebrações com a forma antiga do rito romano, ou nomear um capelão, observadas as normas de direito.

Art. 11 – A Pontifícia Comissão “Ecclesia Dei”, erigida por João Paulo II em 1988, segue exercitando sua missão. Esta Comissão deve ter a forma, e cumprir as tarefas e as normas que o Romano Pontífice queira atribuir-lhe.

Art. 12 – A mesma Comissão, alem das faculdades das que já goza, exercitará a autoridade da Santa Sé vigiando sobre a observância e aplicação destas disposições.

Tudo quanto temos estabelecida com estas Cartas Apostólicas em forma de Motu Próprio, ordenamos que se considere “estabelecido e decretado” e que se observe desde 14 de setembro deste ano, festa da Exaltação da Santa Cruz, pese ao que possa haver em contrário.

Dado em Roma, em São Padre, em 7 de julho de 2007, terceiro ano de meu Pontificado.

NOTAS

(1) Ordenamento geral do Missal Romano 3ª ed. 2002 ,n. 937
(2) (2) JOÃO PAULO II, Lett. ap. Vicesimus quintus annus, 4 dezembro 1988, 3: AAS 81 (1989), 899
(3) (3) Ibid. JOÃO PAULO II, Lett. ap. Vicesimus quintus annus, 4 dezembro 1988, 3: AAS 81 (1989), 899
(4) (4) S. PIO X, Lett. ap. Motu propio data, Abhinc duos annos, 23 outubro 1913: AAS 5 (1913), 449-450; cfr JOÃO PAULO II lett. ap. Vicesimus quintus annus, n. 3: AAS 81 (1989), 899
(5) (5) Cfr IOANNES PAULUS II, Lett. ap. Motu proprio data Ecclesia Dei, 2 julho 1988, 6: AAS 80 (1988), 1498

terça-feira, 22 de junho de 2010

Summorum Pontificum ¿un problema o una riqueza?.

Una Voce Malaga informa que el  padre Manuel María de Jesús, de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina, ha publicado el libro Summorum Pontificum ¿un problema o una riqueza? (111 págs). Según el autor “la  intención de esta obra es tan sólo ofrecer la recolación de algunas de las intervenciones de las auoridades competentes, para que en medio de tan abundantes distorsiones se pueda comprender un poco mejor el alcance de este Motu Proprio que a la larga se relvelará de trascendental importancia para la vida de la Iglesia”.  Quienes estén interesados en adquirirlo a muy bajo costo, pueden hacerlo aquí: Santa María Reina

sexta-feira, 7 de maio de 2010

Conociendo el Motu Proprio Summorum Pontificum



Misa Pontifical que celebró el Arzobispo Raymund Burke en la Basílica de San Pedro

CARTA APOSTÓLICA  SUMMORUM PONTIFICUM
por mons. Ignacio Barreiro Carámbula

La Carta Apostólica Summorum Pontificum, promulgada como Motu proprio por Benedicto XVI el 7 de julio, es ciertamente un hito en la historia de la Iglesia; es una norma litúrgica que se ocupa de la preservación activa del tesoro litúrgico de la Iglesia. Confirma además un hecho histórico: que el Misal Romano promulgado por S. Pío V y reeditado en 1962 por el Beato Juan XXIII no ha sido nunca abrogado. Como consecuencia, se reconoce que el uso de este Misal es absolutamente lícito. El Motu proprio establece las condiciones jurídicas para el uso del Misal Romano y del ritual de los Sacramentos contemporáneo a este mismo Misal.

Lo primero que debemos observar es que la Carta Apostólica no es un documento constitutivo, no crea nuevos derechos; al contrario, es de naturaleza declarativa y reconoce la existencia de derechos precedentes. El Santo Padre, de hecho, en la carta de presentación de este documento y refiriéndose al Misal de 1962, hace notar: " quisiera llamar la atención sobre el hecho de que este Misal no ha sido nunca jurídicamente abrogado y, por consiguiente, en principio, ha quedado siempre permitido". Lo que es nueva es la reglamentación de estos derechos; porque en cualquier sociedad bien ordenada, todos los derechos deben ser ejercitados de modo que resulten regulados por la ley. La naturaleza declarativa de este documento nos lleva a dos conclusiones:

 1. Nosotros, los fieles, que durante años hemos sostenido la preservación de la litúrgia clásica de la Iglesia, no éramos desobedientes, al contrario, actuábamos en el respeto de la liturgia existente. 

2. La naturaleza declarativa del Motu proprio nos lleva a creer que la premisa histórica de base no puede ser cambiada por un futuro pontífice, puesto que la realidad no puede ser cambiada. Al mismo tiempo es evidente que la regulación legislativa del ejercicio de estos derechos sí puede ser cambiada, dependiendo de la prerrogativa del Papa como legislador supremo de la Iglesia.

Santa Misa pontifical celebrada por el Card. Castrillon Hoyos.

Dicho esto, es también evidente que la Summorum Pontificumal reconocer los derechos, crea una nueva situación jurídica de derechos adquiridos, por lo tanto cualquier paso encaminado a negar estos derechos podría ser ofensivo para la Ley Divina y Natural. Debemos por tanto considerar la ratio legis de este documento: 

1. Ante todo queda registrada la Hermenéutica de la Continuidad, como ha explicado de modo brillante Benedicto XVI en su discurso a la Curia de 22 de diciembre de 2005. Una demostración de las intenciones del Santo Padre de reafirmar la fe tradicional de la Iglesia puede verse también en el documento publicado por la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de julio, que muestra como existe plena identidad entre la Iglesia de Cristo y la Iglesia Católica.

 2. La segunda es la influencia positiva que el Misal de 1962 puede tener sobre la nueva liturgia, ciertamente afligida por muchas dificultades por el modo en que viene celebrada, como hace notar el Santo Padre en su carta de introducción al Motu proprio 


3. Considerando los problemas que ha encontrado la aplicación de la legislación precedente, ha sido necesario establecer una nueva legislación para asegurar el acceso al Misal de 1962 a aquellos fieles que deseen usarlo.

Analicemos las reglamentaciones establecidas en esta ley fundamental de la Iglesia. La premisa establecida en el art. 1 es que la Iglesia Católica de Rito Latino tiene dos usos litúrgicos: el Misal promulgado por Pablo VI y el Misal Romano promulgado por S. Pío V y reeditado por el Beato Juan XXIII. El primero de ellos, según estas disposiciones, constituye la forma ordinaria; el segundo, la forma extraordinaria. Seguidamente el art. 2 establece el derecho de cada uno de los sacerdotes de rito latino, sea secular o regular, de usar cualquiera de los dos Misales, en Misas celebradas sin pueblo, sin pedir permiso a la Sede Apostólica ni al Ordinario. Este artículo precisa que un sacerdote puede celebrar Misas sin el pueblo cada día, a excepción del Triduo Pascual. Esto debe entenderse en un contexto en el que en ninguno de los dos usos litúrgicos se permiten las Misas sin pueblo durante el Triduo Pascual. De hecho, el Misal del 1962 es muy preciso en sus rúbricas al prohibir la celebración de las Misas del Jueves Santo, excepto la Solemne celebración de la Misa in Cena Domini.

Como se establece en el art. 4, los fieles que lo deseen, pueden participar en estas Misas sin pueblo; este derecho era llamado "indulto universal", pero esta definición resulta claramente inapropiada, porque esta norma establece el derecho de usar el Misal del 1962 por parte de cualquier sacerdote que desee hacerlo como un derecho propio, y por lo tanto no se trata de un indulto, que es por su misma naturaleza una situación excepcional. El derecho de los clérigos a usar el Breviario Romano promulgado por el Beato Juan XXIII, como se garantiza en el art. 9. 3, es la consecuencia lógica y concomitante del uso del Misal. Sería inapropiado desde un punto de vista litúrgico usar este Misal y el Breviario actual, puesto que tienen diferentes calendarios y diferentes estilos de oraciones.

En el art. 3 se reconoce el derecho de los Institutos de vida consagrada y de las Sociedades de vida apostólica de celebrar la Misa según el Misal de 1962 en sus propios oratorios. En el texto de este artículo se establece claramente que estos Institutos pueden decidir el uso permanente de este Misal. Ello significa que pueden decidir usar sólamente el Misal de 1962.

En una parroquia donde haya un grupo estable de fieles que desee participar en la liturgia según el Misal de 1962, como se establece en el art. 5, al párroco viene conferida la facultad para acoger la petición y, a tal fin, es exhortado por el legislador a aceptar esta solicitud. Estas Misas pueden ser celebradas el Domingo, en los días de precepto, o en cualquier otro día de la semana, o por matrimonios, funerales y celebraciones ocasionales, como por ejemplo durante las peregrinaciones, pero es evidente que la Misa del 1962 puede ser celebrada también en cualquier ocasión razonable. La afirmación contenida en este artícu lo de que "el bien de estos fieles se armonice con la atención pastoral ordinaria de la parroquia", no debería ser interpretada de ningún modo como una disminución de los derechos de esos fieles, sino como una llamada al sentido común a la hora de programar apropiadamente la celebración de la Misa según el Misal del 1962.




Los párrocos quedan autorizados también a conceder a los fieles los sacramentos del Bautismo, del Matrimonio, de la Confesión y de la Extremaunción, según el ritual tradicional (art. 9. 1). Al mismo tiempo los obispos son autorizados a administrar el Sacramento de la Confirmación según este rito.

El art. 6. regula la posibilidad de que las lecturas del Misal de 1962 sean hechas en lengua vernácula. Personalmente creo que la solución mejor es la de hacer lo que se hacía en algunas parroquias ya en los años 40 del siglo pasado, esto es, disponer a un sacerdote que lea en voz alta las lecturas en lengua vernácula desde el púlpito, mientras el celebrante a la vez lee las mismas lecturas sobre el altar en voz baja. Nótese como en Francia es común en muchas Misas rezadas tradicionales que las lecturas sean hechas directamente en la lengua vernácula. Las instrucciones de este artículo no deberían ser interpretadas como si la Santa Sede tuviese intenciones de introducir cambios en las lecturas actuales de la Misa del 1962, como me han asegurado algunas fuentes solventes en Roma.

Para la atención pastoral de los fieles que siguen el Misal de 1962, es más que razonable que sean erigidas parroquias personales, como se indica en el art. 10. De este modo los fieles no se verían limitados a una única Misa dominical, sino que podrían vivir en una comunidad completa que recibe la plenitud de la atención pastoral. La erección de una parroquia personal garantiza el derecho de "seguir un método propio de vida espiritual, que sea siempre conforme a la doctrina de la Iglesia " (cánon 214). 

Es evidente que estas nuevas normas reconocen la legitimidad plena e integral de una vida espiritual basada en el Misal del 1962, y como consecuencia, a los fieles les debe quedar garantizado el derecho a disponer de todos los medios para vivir esta vida espiritual, y no hay duda de que una parroquia personal daría los medios para vivir en armonía con un estilo de vida que es connatural a la liturgia tradicional de la Iglesia. Además de estas razones teóricas, hay muchos otros motivos prácticos que muestran las ventajas de las parroquias personales. Es difícil para dos grupos compartir el mismo edificio. El necesario reparto de los mismos espacios podría causar fricciones. Además está el problema de poder usar la misma iglesia en momentos principales del año litúrgico: no sería posible celebrar en la misma iglesia dos Misas de Medianoche o dos Triduos pascuales.

Los remedios legales para los problemas que puedan sobrevenir en la aplicación de estas normas son fuertes y están bien articulados. Las disposiciones consideran dos posibilidades: cuando el párroco o el Obispo no quieren aceptar la solicitud de los fieles, y el caso en que el Obispo quiera hacerlo, pero no tenga los medios. En el caso en que el párroco no pudiera o no quisiera atender la petición de un grupo de fieles que reclamasen la celebración de la Misa según el Misal del 1962, estos fieles deberían llevar el caso al obispo del lugar, y en el caso en que el Obispo no esté por satisfacer sus legítimas peticiones, el asunto debería ser diferido a la Pontificia Comisión "Ecclesia Dei", como se establece en el art. 7. En el caso en que el Obispo quiera satisfacer la petición pero le falten los medios necesarios, puede llevar el caso a la misma Comisión para obtener ayuda y consejo, como establece el art. 8.

Según los principios generales de la ley, nada impide que los fieles que no reciben la debida satisfacción de sus peticiones por un Obispo que declare su voluntad de atender la petición, pero que no busque la intervención de la Comisión, puedan llevar ellos mismos el caso a la atención de este dicasterio. Evidentemente, cuando son negados los otros sacramentos, los fieles deberían tener el derecho de recurrir a la Comisión, como también en el caso en que el Ordinario local refutara la erección de una parroquia personal.




Debemos también tener en cuenta que la Comisión recibe una fuerte autoridad en la aplicación y en la ejecución de las disposiciones, que establecen que ésta "ejercitará la autoridad de la Santa Sede vigilando sobre la observancia y la aplicación" de las disposiciones de esta norma (art. 12). Al mismo tiempo se debe considerar, como se anuncia en el art. 11, que la Comisión recibirá ulteriores poderes del Santo Padre. Muy probablemente el Santo Padre promulgará en un futuro no lejano otro Motu proprio elevando el status de esta Comisión y concediéndole todos los poderes legales necesarios para poder llevar a cabo con la debida autoridad sus nuevos encargos. Es posible, además, que el nombre de la Comisión sea cambiado para evitar recuerdos dolorosos ligados al Motu proprio "Ecclesia Dei" de 2 de julio de 1988.

La afirmación contenida en l a Carta de presentación de Benedicto XVI: "Obviamente para vivir la plena comunión tampoco los sacerdotes de las Comunidades que siguen el uso antiguo pueden, en principio, excluir la celebración según los libros nuevos. En efecto, no sería coherente con el reconocimiento del valor y de la santidad del nuevo rito la exclusión total del mismo", debe ser debidamente explicada para evitar cualquier confusión en su interpretación. Un sacerdote dedicado a la celebración de la liturgia tradicional de la Iglesia no excluye como principio la celebración según el Misal de Pablo VI, puesto que ello significaría negarle validez.


 Podría en cambio optar por celebrar sólo la liturgia tradicional por muchas razones. Primero, porque percibe las perfecciones conexas a la Misa tradicional, como un modo en el que la naturaleza sacrificial de la Misa en sí misma es mejor expresada. Segundo, por vocación: podría justamente sentir la llamada de Dios a celebrar sólo la liturgia tradicional de la Iglesia. Deberíamos notar en cualquier caso que estos comentarios del Santo Padre no forman parte del Motu proprio , y por tanto no crean por sí mismos ninguna obligación legal. Se debe considerar que el art. 3 concede a las Comunidades de los Institutos de vida consagrada y a las Sociedades de vida apostólica, el derecho de celebrar de modo permanente la liturgia tradicional de la Iglesia. Deberíamos también recordar que el cánon 902 establece que un sacerdote no puede ser obligado a concelebrar.

Para concluir, estamos profundamente agradecidos a Benedicto XVI por la promulgación de estas disposiciones fundamentales que reconocen el valor permanente de la liturgia tradicional de la Iglesia y garantizan los derechos de los fieles. Deberíamos continuar orando y pidiendo al Señor que estas normas fundamentales de la Iglesia puedan ser debidamente aplicadas.

quarta-feira, 5 de maio de 2010

Solemn Ambrosian Rite from the Pantheon


John Sonnen has posted some video of the recent Solemn Ambrosian Rite Mass (usus antiquior) in the Pantheon in Rome.





* * *

I expect a little bit more coverage may yet come of this weekend's Ambrosian events. For those of you who share my love of the Ambrosian rite, or for those for whom this is new and would simply like to see more, I wished to direct you to the website of the Schola Sainte Cecile (based out of France) who sang the beautiful Ambrosian chants for these liturgies.

They have posted their own photo sets here:

Solemn Mass in the Pantheon
Sung Vespers at Sant'Andrea al Quirinale
Sung Mass at Santa Maria sopra Minerva

fonte:new liturgical movement

sábado, 1 de maio de 2010

O espírito da Divina Liturgia e as razões do Motu Proprio de Bento XVI por Mons. Nicola Bux



Son numerosos los escritos sobre liturgia de Joseph Ratzinger, profesor y cardenal, pero el más reciente es “Introducción al espíritu de la liturgia”, en el que reconduce la reflexión sobre el espíritu de la liturgia cristiana a la cuestión de si ella es esencialmente adoración de Dios. Resolviendo este interrogante se entenderá el espíritu de la liturgia al cual el libro quiere introducir, comenzando por entender “qué es realmente la adoración”. El Cardenal la define como la entrega de todo a Dios, de la historia y del cosmos, a partir de nosotros mismos: ésta es la esencia del culto y del sacrificio.

*
Es liturgia cósmica porque integra la creación en la redención. La concepción cósmica y alegórica de los comentadores y de los padres, desde Teodoro de Mopsuestia a Máximo el Confesor, ha caracterizado la liturgia de los orientales en particular, pero también la ambrosiana y la romana. Al menos ha sido así hasta el Vaticano II cuando una instrucción proponía que el altar estuviera puesto de modo que se celebre la segunda parte de la Misa – en sustancia, la anáfora- “vueltos hacia el pueblo” y no más hacia Oriente, como hasta entonces hacían todas las liturgias y aún hoy continúan haciendo los orientales.


Precisamente porque la liturgia habla a través de los símbolos, Ratzinger no deja de señalar que en su base está la concepción cósmica y de desear la recuperación de la “tradición apostólica de la orientación hacia el Oriente de los edificios cristianos y de la misma praxis litúrgica, al menos donde esto sea posible”, se puede pensar por lo menos en los nuevos edificios de culto. La imagen bíblica y patrística del cielo sobre la tierra, desciende con la Eucaristía sobre el altar: es admirable la reflexión de Ratzinger sobre la relación de ésta con el altar, “el lugar del cielo abierto”. ¿No ha dicho el Concilio, en línea con la Tradición, que el altar es Cristo?
*

Para los orientales, el altar es Su cuerpo y, a la vez, Su sepulcro. Por esta razón, siempre está revestido de manteles, en la liturgia romana también, con un frontal, en la bizantina con un velo, casi una túnica, sobre los cuatro lados. El altar no es principalmente una mesa sino una alta res, un lugar alto para el sacrificio del Cordero: se convierte en mesa sólo después de haber sido cuna, cruz y sepulcro. El Cordero inmolado y resucitado prepara la mesa de su carne.
*

Tabernáculo y altar: un conflicto falso. Basándose en la ‘teoría del primer milenio’, según la cual todo aquello que la Iglesia ha realizado en ese período debe ser re-propuesto tal cual era, algunos liturgistas dicen que la Eucaristía debe ser comida y no contemplada. Y aquí el Cardenal observa: “La Eucaristía no es, en absoluto, un ‘pan corriente’… ‘Comerla’ es un proceso espiritual que abarca toda la realidad humana. ‘Comerla’ significa adorarla. Significa dejar que entre en mí de modo que mi yo sea transformado y se abra al gran nosotros, de manera que lleguemos a ser “uno solo” con Él (Gal. 3, 17). De esta forma, la adoración no se opone a la comunión, ni se sitúa paralelamente a ella: la comunión alcanza su profundidad sólo si es sostenida y comprendida por la adoración”.
*

En realidad, en el primer milenio San Agustín dice que no se puede comer la Eucaristía sin antes haberla adorado. Esto debe llevar a rever extrañas teorías acerca del conflicto de signos entre el tabernáculo y el altar de la celebración eucarística: relación que la teología medieval había profundizado bien. La Eucaristía es presencia escatológica – en el tabernáculo, “el Señor me pone en camino hacia su segunda venida” – y no cronológica, es decir, no circunscrita a la Misa; en todo caso nosotros en la Misa “actualizamos”, o bien nos hacemos presentes a nosotros mismos ante el misterio de Su presencia permanente.


¿Sería presencia divina la que ocurre como respuesta a la evocación humana? ¿O más bien magia idolátrica? El sentido del término actualización es comprensible sólo en la relación entre la memoria de la muerte del Señor y la espera de su venida, porque él viene en la Iglesia que aclama elevando el cáliz: Bendito el que viene… Es el sentido dinámico y permanente de la Encarnación del Verbo.
*

El arte cristiano sin la Encarnación: a propósito de esto medita en el capítulo dedicado a la cuestión de las imágenes donde llama la atención sobre la función central de la Encarnación. El “descenso de Dios” ha sucedido y sucede “para atraernos en un proceso de ascensión”. “Sólo se entenderá bien la Encarnación si se percibe en esa tensión más amplia que existe entre la creación, la historia y el nuevo mundo”. ¿Qué decir de un cierto espiritualismo, hoy en en boga, que mortifica los sentidos, que reprueba al apóstol Tomás que quería creer viendo? Jesús por eso se ha hecho ver – como a los otros apóstoles – (por otro lado, ¿por qué el Verbo se habría hecho hombre?).


¡No es que con la Resurrección Dios haya cambiado de método! Como ha dicho León Magno, lo que era visible del Señor ha pasado a los sacramentos. Tomás fue reprendido por no haber creído a los inicios de la traditio apostolica, no ha creído en lo que ellos habían visto: los otros apóstoles habían visto, tocado y comido con el Señor ocho días antes y lo habían relatado a Tomás que estaba ausente. Por eso, felices los que, sin haber visto, creen… o creerán. ¿En qué? En aquello que los otros han visto antes que ellos y han transmitido. Pablo, precisamente sobre la Eucaristía, dice en 1Cor. 11,23: “yo recibí del Señor lo que os he transmitido”. Esta es la tradición apostolica de la cual la liturgia es parte integrante
Fonte:La Buardilla de Jeronimo