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quinta-feira, 2 de abril de 2015

Maria. Ora vengo al centro del mio Cuore da cui sgorgano i misteri più profondi. Quando qualcuno si rivolge a me, io lo abbraccio e lo porto il più rapidamente possibile al centro del mio Cuore in modo che non lo lasci mai.

 
30 marzo 2015
Maria
Ora vengo al centro del mio Cuore da cui sgorgano i misteri più profondi. Quando qualcuno si rivolge a me, io lo abbraccio e lo porto il più rapidamente possibile al centro del mio Cuore in modo che non lo lasci mai. Eppure, egli è libero di lasciarlo e di tornare a un mondo che anche lo abbraccia e cattura il suo cuore.
Questa battaglia tra me e il mondo è stata condotta per secoli, ma ora essa giunge ad una svolta. Sempre più persone sono state allontanate e sono ora assorte in un mondo che presto crollerà sotto il proprio peso. Le strutture non possono più tenere. La violenza si intensifica e le economie si agitano. Quando questo accadrà molti non avranno un posto dove andare.
Ecco perché io invio Papa Francesco. Egli è l’araldo della misericordia di Dio. Egli cerca la pecorella smarrita. Egli apre i cuori che sono stati intrappolati. Egli fa brillare la luce della fede in nuove zone. I suoi messaggi risuonano veri. La gente vede la sua bontà ed il suo amore per tutti. Per la prima volta, alcune persone si risvegliano alla fede. Si sentono tutt’uno con lui. Gioiscono nel suo spirito e vedono l’attrattiva del regno di Dio. Questo effetto Francesco andrà in lungo e in largo e non sarà limitato alle pareti interne della comunità cattolica.

Articulos de Adelante la Fe

La Eucaristía y el Sacerdocio Padre Ángel David Martín Rubio


El Santo Evangelio que se lee en la Misa vespertina de la Cena del Señor del Jueves Santo (Jn 13, 1-15) comienza con unas palabras especialmente solemnes que pueden servir de prólogo a las celebraciones litúrgicas de estos días: «Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora para que pasase de este mundo al Padre, como amaba a los suyos, los que estaban en el mundo, los amó hasta el fin» (v. 1)
El sentido literal de esta expresión es doble: que los amó hasta el extremo (como lo veremos en el lavabo de los pies a los discípulos y en todo lo que Jesús hace a continuación, hasta entregar su vida en la cruz), y que quiso extender a todos los suyos, que vivirán hasta el fin de los tiempos, el mismo amor que tenía a aquellos que entonces estaban en el mundo.
  1. «Los amó hasta el extremo»
Jesús lava los pies a los discípulos. Es un servicio de esclavo, que aquí es muestra de amor. San Pablo dirá que Cristo «siendo su naturaleza la de Dios, no miró como botín el ser igual a Dios, sino que se despojó a sí mismo, tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Y hallándose en la condición de hombre se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz» (Flp 3, 6-8) Palabras que sintetizan el misterio de la Encarnación y de la Redención.
El acto, querido por la Sabiduría divina, que ha hecho revivir espiritual y sobrenaturalmente a la humanidad es el Sacrificio del Calvario. Es la razón de ser de la Encarnación, la realización de la Redención, el sacrificio que glorifica a Dios infinitamente y vuelve a abrir las puertas del cielo a la humanidad pecadora.
El misterio de Cristo es, ante todo, el misterio de la cruz. «Me propuse no saber entre vosotros otra cosa sino a Jesucristo, y Éste crucificado» (I Cor 2, 2). Para nuestra santificación, Jesús lo dispone todo alrededor de esta fuente de vida que es su sacrificio del Calvario. Funda la Iglesia, transmite el sacerdocio, instituye los sacramentos para comunicar a las almas los méritos infinitos del Calvario. (I Cor. 2 2).
  1. Un amor, más allá de las fronteras del tiempo y el espacio
«El sacrificio de la Cruz es el único sacrificio de la nueva ley, en cuanto por él aplacó el Señor la divina justicia, adquirió todos los merecimientos necesarios para salvarnos, y así consumó de su parte nuestra redención»[1]. Estos merecimientos nos los aplica por los medios instituidos por Él en la Iglesia, a través de los sacramentos. De todos ellos, el más grande y en cierto sentido el más importante, hacia el que todos se ordenan y en el que todos terminan es el Sacramento de la Eucaristía.
«En efecto, en él se contiene sustancialmente a Jesucristo mismo, mientras que en todos los demás sólo se contiene una virtud derivada de Él. Igualmente, todos los demás parecen ordenarse, ya sea a realizar este sacramento, como el orden, ya sea a hacer capaz o digno de recibirlo, como el bautismo, la confirmación, la penitencia y la extremaunción, ya sea, por lo menos, a significarlo, como el matrimonio»[2].
El Sacrificio de la Misa que se celebra en nuestros altares es sustancialmente el mismo de la Cruz, en cuanto el mismo Jesucristo que se ofreció en la Cruz es el que se ofrece por manos de los sacerdotes, sus ministros; mas, cuanto al modo con que se ofrece, el sacrificio de la Misa:
  • Difiere del sacrificio de la Cruz,
  • Guarda con éste la más íntima relación.
Entre el sacrificio de la Misa y el de la Cruz hay esta diferencia y relación: que en la Cruz, Jesucristo se ofreció derramando su sangre y mereciendo por nosotros, mientras en nuestros altares se sacrifica Él mismo sin derramamiento de sangre y nos aplica los frutos de su pasión y muerte.
La otra relación que guarda el sacrificio de la Misa con el de la Cruz es que el sacrificio de la Misa representa de un modo sensible el derramamiento de la sangre de Jesucristo en la Cruz; porque, en virtud de las palabras de la consagración, se hace presente bajo las especies del pan sólo el Cuerpo, y bajo las especies del vino sólo la Sangre de nuestro Redentor; si bien, por natural concomitancia y por la unión hipostática, está presente bajo cada una de las especies Jesucristo vivo y verdadero[3].
  • El corazón de la vida sacerdotal
El sacrificio de la santa Misa lo instituyó el mismo Jesucristo cuando instituyó el sacramento de la Eucaristía y dijo que se hiciese en memoria de su pasión.
«Haced esto en memoria mía» (Lc 22, 19). La noche del Jueves Santo, por estas palabras Jesús da a los apóstoles el poder de cambiar también ellos el pan en su cuerpo y el vino en su sangre; y este poder se transmitirá en la Iglesia por la ordenación sacerdotal, hasta el fin de los siglos.
San Pablo afirma «Todo Sumo Sacerdote tomado de entre los hombres es constituido en bien de los hombres, en lo concerniente a Dios, para que ofrezca dones y sacrificios por los pecados» (Hb 5, 1). El sacerdote, por tanto, está constituido a favor de los hombres para las cosas que se refieren a Dios y para conducirlos a Dios. El sacerdote está, pues, hecho para ofrecer el sacrificio y dispensar las gracias del sacrificio
¡Qué misterio el que Dios haya querido escoger a otros hombres para santificar a los demás, consagrándolos para que continúen la obra de aplicar los frutos de la Redención, confiándoles su propio sacrificio! Misterio de amor por nosotros y por todos los que recibirán las gracias de santificación a través del sacerdocio cuya institución por Cristo conmemoramos hoy
*
Meditando estas verdades, pidamos hoy para siempre la gracia de una fe eficaz en el misterio de la Santísima Eucaristía que nos lleve a reconocer a Jesucristo oculto bajo las apariencias de pan y vino, a descubrirle presente en el Santísimo Sacramento del Altar; a confesar que en la Sagrada Hostia está el mismo Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad… Y que esta fe oriente de tal manera nuestra vida que, al morir, podamos contemplarle eternamente en la gloria.
Oh Dios, de quien recibió Judas el castigo de su pecado, y el ladrón el premio de su confesión, concédenos a nosotros el efecto de tu propiciación: para que, así como Jesucristo, nuestro Señor, en su Pasión dio a los dos el diverso galardón de sus méritos, así nos dé a nosotros, destruido el error de la vejez, la gracia de su Resurrección. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.[4]
Padre Ángel David Martín Rubio
[1] Catecismo Mayor de San Pío X, IV, cap, 5
[2] Tomás PÈGUES OP, Catecismo de la Suma Teológica, III, 24.
[3] Cfr. Catecismo Mayor de San Pío X, IV, cap, 5
[4] Misal Romano, ed. 1962, Jueves Santo, Colecta.
http://www.adelantelafe.com/la-eucaristia-y-el-sacerdocio/

Solemn Mass of the Lord's Supper at the London Oratory in pictures


Maundy Thursday at the London Oratory in pictures



Here are some photographs taken at the London Oratory this evening. The first photograph, taken before Mass, shows the Altar of Repose in readiness for the Blessed Sacrament. Photographs follow of Solemn Mass of the Lord's Supper, the Mandatum, the Procession to the Altar of Repose and the Stripping of the Altars.









quarta-feira, 1 de abril de 2015

Por su vestimenta, ¿Lo reconocerán?

Me encontraba el otro día leyendo un titular de prensa, en el cual destacaba la presencia de un Párroco en un evento deportivo, con retrato a color, incluido en el reportaje. Después de mirar detenidamente durante un rato la fotografía, me preguntaba, cual de los cuatro podía ser el cura. Todos iban de traje, así que primero aposté por los que llevaban la corbata más sobria, pero cuando leí el pie de foto, comprobé que me había equivocado. De traje, corbata de color, copa en mano, y brindando… ese, era el Sacerdote. ¿Es esa la presencia que tiene el clero hoy en día, en nuestra sociedad? ¿Dónde está la congruencia entre un titular que destaca una condición Sacerdotal y un hombre que la oculta, o se mofa de ella?
Se habla de lo que supone para el Sacerdote llevar Clerygman o Sotana, pero, ¿A los Laicos nos aporta algo, verlos así, o nos resulta indiferente como se vistan? ¿Puede ser una importante catequesis para todos nosotros, el ver a un Presbítero llevando con orgullo el distintivo Sacerdotal?
Igualdad, pregonaban los precursores del Concilio Vaticano II y cual ministros del gobierno español de los años 80, lanzaban la tirilla del cuello por los aires y se ponían la chaqueta de pana. ¡Relación horizontal con las ovejas!
No encuentro nada recriminable en que los Sacerdotes acudan a eventos públicos, tales como el teatro, el cine, el fútbol…De hecho, recuerdo un gran Abad, que era uno de los hombres más destacados en los eventos deportivos, pero, siempre llevaba visible, su condición Sacerdotal, dando testimonio de su entrega a Dios. ¿No es posible combinar ambas facetas? Desde luego, lo normal no es estar de fiesta en fiesta y mostrando una vida frívola, en disonancia con la austeridad propia del Ministerio, pero en caso de tener que acudir a algún evento, ¿Por qué ocultar algo tan hermoso y puro, como es la vocación que llevan impresa en su alma? Que contrariedad, que se nos insista todos los días a los Laicos, en que demos testimonio con nuestra presenciaen los distintos ambientes de nuestra sociedad y que justamente, sean, los que nos lo dicen, los que renieguen de ello. ¿Ejemplo o contraejemplo?
El otro día, comentando con una amiga las fotos de un cura en las redes sociales, en bañador y en una piscina pública, ella, me decía que le parecía bien, que tenían que ser como nosotros, normales…como si lo cotidiano fuera pasarse el día en traje de baño y mostrarse al mundo en ropas menores… ¿A qué le llamamos normalidad? ¿Es que acaso, lo anormal, hoy en día, es lo normal? ¿Es que lo habitual y común, es poner fotos íntimas y de mal gusto, en un perfil público de Internet? ¿Qué ejemplo da un Presbítero en tamaña situación? Lo lógico y recomendable, sería, que se vistieran con la sotana y dieran testimonio de una vida acorde al Evangelio. ¿Se puede llamar gravedad Sacerdotal, a lucir cuerpo en una web pública, cual si fueran Greg Lugannis en un concurso mundial de saltos de trampolín? Menos piscina y más Sagrario, ese es el ejemplo que necesita el Pueblo de Dios. Eso debería ser la normalidad, la vida de oración y recogimiento
La semana pasada, en un hospital, cuando salió el médico a llamar al paciente, me llamó la atención, estaba completamente de negro y pensé para mi, “parece un cura” y a la persona que estaba conmigo le dije, “el mundo del revés”. Y es así, se supone que el médico ejerce una profesión y hasta la fecha, llevaban la bata blanca que los diferenciaba del resto de los mortales y ¿Para qué, esa diferenciación? Sencillamente porque el paciente necesita saber o sentir que está ante un médico, queremos tener la seguridad, aunque la ropa no sea prueba fiable de nada, de que la persona que nos está atendiendo, es un profesional de la medicina y con su bata blanca nos hace pensar, en lo que deseamos lograr: la sanación del cuerpo. ¡Cuánto más importante será ese distintivo, si pensamos en la curación del alma!
El Sacerdote, no ejerce una profesión, lleva implícita una vocación que ha elegido libremente y por ello, su vida, no debe de estar dividida en dos facetas,la pública y la privada. Ahora me pongo la Casulla para oficiar, ahora me pongo en pantalón corto para la excursión de la Parroquia y ahora la camisa de cuadros para atender el despacho parroquial ¡Cuánta estupidez! ¿Se trata de representar distintos papeles? ¿Es acaso la función Sacerdotal, una función teatral?
¿Qué nos supone o qué nos deja de suponer a los Laicos, ver a un Sacerdote con Clerygman o Sotana? Primeramente una referencia, un hombre que vive entregado a Dios y a sus ovejas. Hace poco en una Iglesia, una señora le preguntaba al Párroco, por el Párroco, parece un juego de palabras, pero así es, ella, NO lo diferenció del resto de las personas que estaban allí. En el polo opuesto, observaba a alguien que le besaba la mano a un Laico, al confundirlo con un Sacerdote. ¡Así está el patio! Curas que parecen laicos y laicos que se confunden con curas.
Mientras miles de Presbíteros están siendo asesinados en el mundo, por dar un testimonio público de su condición de Cristianos, en nuestros países, que el único peligro que corren es el mismo que cualquier mortal, que nos insulten por la calle, ocultan su condición y desobedecen a la Iglesia, incumpliendo las normas prescritas. La historia de la Iglesia nos demuestra que no siempre el traje talar o el clerygman  fueron  las prendas utilizadas, sino que hubo una evolución, pero, lo que es seguro, es que siempre se diferenció la condición Sacerdotal y a día de hoy, está recogido en el Código de derecho Canónico, con lo cual, su incumplimiento, sólo nos hace pensar en una falta de amor a la Iglesia y un mal ejemplo para nosotros, que deberíamos ver en los Sacerdotes, un modelo a seguir, en nuestro camino a la Santidad. ¿Cómo podemos rezar para que haya vocaciones, si ni siquiera hay un referente visual para los jóvenes? ¿Cómo nos hablarán de Dios, si reniegan de Él, en detalles tan pequeños? Como diría mi compañero, el Padre Juan Manuel, ¡Viva la Sotana!
http://www.adelantelafe.com/por-su-vestimenta-lo-reconoceran/

La sotana afirma tu carácter sacerdotal y tu identidad sacerdotal.

Querido hermano en el sacerdocio,
Me dirijo a ti que te gusta la sotana, que  la valoras, que quieres llevarla pero no te decides. Te revistes con ella en ocasiones, posiblemente en algunas fiestas de tu parroquia, eso sí, dentro de ella; quizá la lleves en tiempo de la Semana Santa. En definitiva, la usas muy ocasionalmente. Pesa mucho  sobre ti “el qué dirán”, o “el qué dirá” tu párroco, o a lo  mejor tu Sr. Obispo.
Sabes que el Magisterio establece el uso del hábito talar, es decir, la sotana. Pero también sabes que, desgraciadamente, la autoridad del Magisterio está en entredicha; y que la autoridad queda reducida a la opinión personal de tu párroco o a la del Sr. Obispo. Por tanto, no quieres que te señalen, en definitiva no quieres tener “problemas”. Quizá termines pensando que no vale la pena crear una  “conflicto” por una simple sotana. Entonces pregúntate, ¿a quién quieres servir? Es el Señor es quién te ha escogido personalmente, ¿por qué te cuesta servirle?
Querido hermano sacerdote, el uso de la sotana no es un tema marginal, ni circunstancial en tu ministerio. Si deseas llevarla y no te decides a ello por  “temor” a los respetos humanos, esta debilidad te pasará factura en tu ministerio. Sin querer, sin ser consciente posiblemente, tu firmeza sacerdotal estará debilitada, y en muchas ocasiones te faltará la firmeza y seguridad que te faltó en la decisión para ponerte la sotana de forma habitual.
La sotana afirma tu carácter sacerdotal y tu identidad sacerdotal. Su color  negro, no color de luto, es  para recordarte que has de estar “muerto” al mundo, en cuanto a sus placeres y vanidades, porque eres el elegido de Dios, el consagrado de Dios, exclusivo de Dios. Siendo únicamente de Dios podrás entonces darte al  mundo, sin riesgo de que tu corazón quede atrapado en sus efímeros atractivos.
La sotana te cubre desde el cuello a los talones para recordarte que el hombre que eras antes ya ha desaparecido, que tus gustos  y aficiones han de ser las de Dios; que eres un hombre “transfigurado” en Cristo, es decir, un sacerdote de Cristo.
La sotana sólo te ayuda, recordándote lo que eres, protegiéndote de las tentaciones del mundo, advirtiéndote de ellas, reafirmándote en tu vocación e ilusiones primeras; te mantiene la “juventud” de tu corazón aunque tu rostro indique el paso de los años. La sotana es un bien para tu sacerdocio. La sotana es para el sacerdote exclusivamente, nadie más la puede llevar.
Tu sotana es tu identidad sacerdotal, y su “cicatrices” serán el recuerdo de tu vida, de tus trabajos y fatigas, de tus alegrías y tristezas, de tus soledades… de tu vida sacerdotal. Tu sotana quedará como testigo fiel y “notario” de tu consagración a Dios.
Si deseas llevarla, querido hermano sacerdote, póntela hoy mismo. No lo dudes un instante. Y ya no te la quites. La quiere tu Madre la Iglesia y la quieres tú.
¡Viva la sotana!, hermano sacerdote.
Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa
http://www.adelantelafe.com/