quinta-feira, 5 de outubro de 2017

Santa Faustina Kowalska - Apóstol de la Divina Misericordia - Fiesta Octubre 5


Es el apóstol de
la Divina Misericordia


Nacimiento: Agosto 25 de 1905 en Glogowiec, Konin (Polonia).
Fallecimiento: Octubre 5 de 1938 en Lagiewniki, Cracovia (Polonia).

Sor Faustina nació en el año 1905 en la aldea de Glogowiec, cerca de Lodz, como la tercera de 10 hermanos en la familia Kowalski. Desde pequeña se destacó por el amor a la oración, laboriosidad, obediencia y sensibilidad ante la pobreza humana. Su educación escolar duró apenas tres años. Al cumplir 16 años abandonó la casa familiar para trabajar de empleada doméstica en casas de familias acomodadas.

A los 20 años entró en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, donde como Sor María Faustina vivió 13 años cumpliendo los deberes de cocinera, jardinera y portera. Su vida, aparentemente ordinaria, monótona y gris, se caracterizó por la extraordinaria profundidad de su unión con Dios. Desde niña había deseado ser una gran santa y, en consecuencia, caminó hacia este fin colaborando con Jesús en la obra de salvar a las almas perdidas, hasta ofrecerse como sacrificio por los pecadores. Los años de su vida conventual estuvieron marcados, pues, por el estigma del sufrimiento y las extraordinarias gracias místicas.

La misión de Sor Faustina
consiste en tres tareas

Jesús, en Ti confío
  1. Acercar y proclamar al mundo la verdad revelada en la Sagrada Escritura sobre el amor misericordioso de Dios a cada persona.
  2. Alcanzar la misericordia de Dios para el mundo entero, y especialmente para los pecadores, por ejemplo a través de la práctica de las nuevas formas de culto a la Divina Misericordia, presentadas por el Señor Jesús: (La Imagen de la Divina Misericordia con la inscripción: Jesús, en ti confío, la Fiesta de la Divina Misericordia, el primer Domingo después de la Pascua de Resurrección, la Coronilla a la Divina Misericordia y la oración a la hora de la Misericordia "las tres de la tarde"). A estas formas de la devoción y a la propagación del culto a la Divina Misericordia, el Señor Jesús vinculó grandes promesas bajo la condición de confiar en Dios y practicar el amor activo hacia el prójimo.
  3. La tercera tarea es inspirar un movimiento apostólico de la Divina Misericordia que ha de proclamar y alcanzar la misericordia de Dios para el mundo y aspirar a la perfección cristiana siguiendo el camino trazado por Santa Faustina. Este camino es la actitud de confianza de niño hacia Dios, que se expresa en cumplir su voluntad y la postura de caridad hacia el prójimo. Actualmente este movimiento dentro de la Iglesia abarca a millones de personas en el mundo entero: congregaciones religiosas, institutos laicos, sacerdotes, hermandades, asociaciones, distintas comunidades de apóstoles de la Divina Misericordia y personas no congregadas que se comprometen a cumplir las tareas que el Señor Jesús transmitió por Sor María Faustina.
Sor María Faustina manifestó su misión en el Diario que escribió por mandato del Señor Jesús y de los confesores. Registró en él con fidelidad todo lo que Jesús le pidió y describió todos los encuentros de su alma con Él.
"Secretaria de mi más profundo misterio -dijo el Señor Jesús a Sor María Faustina- tu misión es la de escribir todo lo que te hago conocer sobre mi misericordia para el provecho de aquellos que leyendo estos escritos, encontrarán en sus almas consuelo y adquirirán valor para acercarse a Mí" (Diario 1693)
Esta obra acerca de modo extraordinario el misterio de la misericordia Divina. Atrae no solamente a la gente sencilla sino también a científicos que descubren en ella un frente más para sus investigaciones. El Diario ha sido traducido a muchos idiomas, por citar algunos: Inglés, Alemán, Italiano, Español, Francés, Portugués, Árabe, Ruso, Húngaro, Checo y Eslovaco.

El 18 de abril de 1993 el Papa Juan Pablo II beatificó a nuestra Sor Faustina Kowalska, en la Basílica de San Pedro en Roma. Fue en el primer Domingo de Pascua, en el cual, según el pedido expreso de Jesús a Sor Faustina, debía celebrarse la Fiesta de la Divina Misericordia Y la beatificó precisamente Juan Pablo II, quien siendo aún arzobispo de Cracovia, llevó adelante el proceso arquidiocesano como paso previo a los procesos romanos. El 30 de abril de 2000, el Santo Padre Juan Pablo II, canonizó a Sor Faustina, en la Basílica de San Pedro, frente a 200.000 devotos de la Divina Misericordia.


El Diario de Santa Faustina fue escrito por orden de su Director Espiritual, el Rev. P. Miguel Popocko, queriendo además cumplir y obedecer la voluntad de Jesús:
"Hija Mía, sé diligente en apuntar cada frase que te digo sobre Mi misericordia, porque están destinadas para un gran número de almas que sacarán provecho de ellas" (Diario, 1142)
Su misión era transmitir lo que quería Nuestro Señor, es decir que todo el mundo conociera la Misericordia de Dios. Su Diario es un impresionante relato de las ascensiones y de la oscuridad del alma, es un testimonio de una fe difícil e inquebrantable. Es, ante todo, un testimonio de la confianza total a la infinita misericordia de Cristo.


Jesús se quejó conmigo con estas palabras:

"La desconfianza de las almas desgarra Mis entrañas. Aún más Me duele la desconfianza de las almas elegidas; a pesar de Mi amor inagotable no confían en Mí. Ni siquiera Mi muerte ha sido suficiente para ellas. ¡Ay de las almas que abusen de ella!"
Escribe ésto:

"Antes de venir como el Juez Justo, vengo como el Rey de Misericordia. Antes de que llegue el día de la justicia, les será dado a los hombres este signo en el cielo. Se apagará toda luz en el cielo y habrá una gran oscuridad en toda la tierra. Entonces, en el cielo aparecerá el signo de la cruz y de los orificios donde fueron clavadas las manos y los pies del Salvador, saldrán grandes luces que durante algún tiempo iluminarán la tierra. Eso sucederá poco tiempo antes del último día"

"Oh, cuánto Me hiere la desconfianza del alma. Esta alma reconoce que soy santo y justo, y no cree que Yo soy la Misericordia, no confía en Mi bondad. También los demonios admiran Mi justicia, pero no creen en Mi bondad"
Una vez el Señor me dijo:

"Me hieren más las pequeñas imperfecciones de las almas elegidas que los pecados de las almas que viven en el mundo. Estas pequeñas imperfecciones, no es todo; te revelaré el secreto de Mi Corazón, lo que sufro por parte de las almas elegidas: la ingratitud por tantas gracias es el alimento continuo de Mi Corazón por parte del alma elegida. Su amor es tibio, Mi Corazón no puede soportarlo; estas almas Me obligan a rechazarlas de Mí. Otras no tienen confianza en Mi bondad y nunca quieren sentir la dulce intimidad en su corazón, pero Me buscan por allí, lejos y no Me encuentran. Esta falta de confianza en Mi bondad es lo que más Me hiere. Si Mi muerte no las ha convencido de Mi amor, ¿qué es lo que las convencerá? Muchas veces un alma Me hiere mortalmente y en tal caso nadie Me consolará. Hacen uso de Mis gracias para ofenderme. Hay almas que desprecian Mis gracias y todas las pruebas de Mi amor; no quieren oír Mi llamada, sino que van al abismo infernal. Esta pérdida de las almas Me sumerge en la tristeza mortal. En tales casos, a pesar de ser Dios, no puedo ayudar nada al alma, porque ella Me desprecia; disponiendo de la voluntad libre puede despreciarme o amarme. Tú, dispensadora de Mi misericordia, habla al mundo entero de Mi bondad y con esto consolarás Mi Corazón"


"Hija Mía, el sufrimiento será para ti la señal de que Yo estoy contigo"
"Hija Mía, si por medio de ti exijo de los hombres el culto a Mi misericordia, tú debes ser la primera en distinguirte por la confianza en Mi misericordia. Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mi. Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formas de ejercer misericordia al prójimo: La primera (la acción), la segunda (la palabra), la tercera (la oración). En estas tres formas está contenida la plenitud de la misericordia y es el testimonio irrefutable del amor hacia Mi. De este modo el alma alaba y adora Mi misericordia. Sí, el primer domingo después de Pascua es la Fiesta de la Misericordia, pero también debe estar presente la acción y pido se rinda culto a Mi misericordia con la solemne celebración de esta Fiesta y con el culto a la imagen que ha sido pintada. A través de esta imagen concederé muchas gracias a las almas; ella ha de recordar a los hombres las exigencias de Mi misericordia, porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil"

Promesa del Señor:

"A las almas que recen esta coronilla, Mi misericordia las envolverá en la vida y especialmente a la hora de la muerte"
Visión del infierno

POR SANTA FAUSTINA KOWALSKA
Jesús - Divina Misericordia 
y Santa Faustina Kowalska

741. “Hoy he estado en los abismos del infierno, conducida por un Ángel. Es un lugar de grandes tormentos, ¡qué espantosamente grande es su extensión!

Los tipos de tormentos que he visto:

El primer tormento que constituye el infierno, es la pérdida de Dios;

El segundo, el continuo remordimiento de conciencia;

El tercero, aquel destino no cambiará jamás;

El cuarto tormento, es el fuego que penetrará al alma, pero no la aniquilará, es un tormento terrible, es un fuego puramente espiritual, incendiado por la ira divina;

El quinto tormento, es la oscuridad permanente, un horrible, sofocante olor; y a pesar de la oscuridad los demonios y las almas condenadas se ven mutuamente y ven todos el mal de los demás y el suyo;

El sexto tormento, es la compañía continua de Satanás;

El séptimo tormento, es una desesperación tremenda, el odio a Dios, las imprecaciones, las maldiciones, las blasfemias.

Estos son los tormentos que todos los condenados padecen juntos, pero no es el fin de los tormentos.

Hay tormentos particulares para distintas almas, que son los tormentos de los sentidos: cada alma es atormentada de modo tremendo e indescriptible con lo que ha pecado.

Hay horribles calabozos, abismos de tormentos donde un tormento se diferencia del otro. Habría muerto a la vista de aquellas terribles torturas, si no me hubiera sostenido la omnipotencia de Dios. Que el pecador sepa: con el sentido que peca, con ese será atormentado por toda la eternidad. Lo escribo por orden de Dios para que ningún alma se excuse [diciendo] que el infierno no existe o que nadie estuvo allí ni sabe cómo es.


Yo, Sor Faustina, por orden de Dios, estuve en los abismos del infierno para hablar a las almas y dar testimonio de que el infierno existe. Ahora no puedo hablar de ello, tengo, la orden de dejarlo por escrito. Los demonios me tenían un gran odio, pero por orden de Dios tuvieron que obedecerme. Lo que he escrito es una débil sombra de las cosas que he visto.

He observado una cosa: la mayor parte de las almas que allí están son las que no creían que el infierno existe. Cuando volví en mí no pude reponerme del espanto, qué terriblemente sufren allí las almas. Por eso ruego con más ardor todavía por la conversión de los pecadores, invoco incesantemente la misericordia de Dios para ellos.

Oh Jesús mío, prefiero agonizar en los más grandes tormentos hasta el fin del mundo, que ofenderte con el menor pecado".

Información adicional:

25 secretos que Jesús reveló a Santa Faustina Kowalska para protegerse de los ataques del demonio

Fuente - Texto tomado de CATHOLIC.NET:
Fuente - Texto tomado del Libro:
Diario – Santa María Faustina Kowalska – La Divina Misericordia en mi alma - Stockbridge, Massachussets 2001

quarta-feira, 4 de outubro de 2017

San Francisco de Asís - Estigmatizado - Fundador de la Orden de los Franciscanos - Fiesta Octubre 4




Nació en Asís (Italia) en el año 1182 y murió el 3 de octubre de 1226 a la edad de 44 años. Después de una juventud frívola se convirtió, renunció a los bienes paternos y se entregó de lleno a Dios. Abrazó la pobreza y vivió una vida evangélica, predicando a todos el amor de Dios. Santo italiano que fue diácono, fundador de la Orden Franciscana y de una segunda orden conocida como Hermanas Clarisas, ambas surgidas bajo la autoridad de la Iglesia Católica en la Edad Media. Dio a sus seguidores unas sabias normas, que luego fueron aprobadas por la Santa Sede. Su vida religiosa fue austera y simple, por lo que animaba a sus seguidores a hacerlo de igual manera. Es el primer caso conocido en la historia de Estigmatizaciones visibles y externas.

La expulsión de los
demonios de Arezzo



Francisco, hombre evangélico, pacífico y pacificador, al comienzo de todas sus predicaciones saludaba al pueblo anunciándole la paz con estas palabras:
"El Señor os de la paz"
Tal saludo lo aprendió por revelación divina, como él mismo lo confesó más tarde en su Testamento. De ahí que, según la palabra profética de Isaías y movido en su persona del espíritu de los profetas, anunciaba la paz, predicaba la salvación y con saludables exhortaciones, reconciliaba en una paz verdadera a quienes, siendo contrarios a Cristo, habían vivido antes lejos de la salvación.

Y así sucedió que en cierta ocasión llegó Francisco a Arezzo, cuando toda la ciudad se hallaba agitada por unas luchas internas tan espantosas, que amenazaban hundirla en una próxima ruina. Alojado en el suburbio, vio sobre la ciudad unos demonios que daban brincos de alegría y azuzaban los ánimos perturbados de los ciudadanos para lanzarse a matar unos a otros. Con el fin de ahuyentar aquellas insidiosas potestades aéreas, envió delante de sí, como mensajero, al hermano Silvestre, varón de colombina simplicidad, diciéndole:
"Marcha a las puertas de la ciudad y, de parte de Dios omnipotente, manda a los demonios, por santa obediencia, que salgan inmediatamente de allí"
Se apresuró el hermano Silvestre a cumplir las órdenes del Padre y, prorrumpiendo en alabanzas ante la presencia del Señor, llegó a la puerta de la ciudad y se puso a gritar con voz potente:
"De parte de Dios omnipotente y por mandato de su siervo Francisco, marchaos lejos de aquí, demonios todos"
Al punto quedó apaciguada la ciudad, y sus habitantes, en medio de una gran serenidad, volvieron a respetarse mutuamente en sus derechos cívicos. Expulsada, pues, la furiosa soberbia de los demonios, que tenían como asediada la ciudad, por intervención de la sabiduría de un pobre, es decir, de la humildad de Francisco, tornó la paz y se salvó la ciudad.

La predicación a las aves


Asaltó a Francisco una angustiosa duda, que le atormentaba en gran manera y muchos días, sobre si debía entregarse del todo al ejercicio de la oración o, más bien, ir a predicar por el mundo. Veía las muchas ventajas de la oración, para la que creía haber recibido una mayor gracia que para la palabra. Pero veía también que el Hijo unigénito de Dios descendió del seno del Padre para amaestrar al mundo con su ejemplo, y predicar el mensaje de salvación a los hombres. Y, por más que durante muchos días anduvo dando vueltas al asunto con sus hermanos, Francisco no acertaba a ver con toda claridad cuál de las dos alternativas debería elegir como más acepta a Cristo.

Así, pues, llamó a dos de sus compañeros y los envió al hermano Silvestre y a la santa virgen Clara, encareciéndoles que averiguasen la voluntad del Señor sobre el particular. Tanto el venerable sacerdote como la virgen consagrada a Dios, coincidieron de modo admirable en lo mismo, a saber, que era voluntad divina que el heraldo de Cristo saliese afuera a predicar. Tan pronto como volvieron los hermanos y le comunicaron a Francisco la voluntad del Señor, se levantó en seguida, se ciñó y sin ninguna demora emprendió la marcha.

Acercándose a Bevagna, llegó a un lugar donde se había reunido una gran multitud de aves de toda especie. Al verlas el santo de Dios, corrió presuroso a aquel sitio y saludó a las aves como si estuvieran dotadas de razón. Todas se le quedaron en actitud expectante, con los ojos fijos en él, de modo que las que se habían posado sobre los árboles, inclinando sus cabecitas, lo miraban de un modo insólito al verlo aproximarse hacia ellas. Y, dirigiéndose a las aves, las exhortó encarecidamente a escuchar la palabra de Dios, y les dijo:
"Mis hermanas avecillas, mucho debéis alabar a vuestro Creador, que os ha revestido de plumas y os ha dado alas para volar, os ha otorgado el aire puro y os sustenta y gobierna, sin preocupación alguna de vuestra parte"
Mientras les decía estas cosas y otras parecidas, las avecillas, gesticulando de modo admirable, comenzaron a alargar sus cuellecitos, a extender las alas, a abrir los picos y mirarle fijamente. Entre tanto, el varón de Dios, paseándose en medio de ellas con admirable fervor de espíritu, las tocaba suavemente con la fimbria de su túnica, sin que por ello ninguna se moviera de su lugar, hasta que, hecha la señal de la cruz y concedida su licencia y bendición, remontaron todas a un mismo tiempo el vuelo. Todo esto lo contemplaron los compañeros que estaban esperando en el camino. Vuelto a ellos el varón simple y puro, comenzó a inculparse de negligencia por no haber predicado hasta entonces a las aves.

El milagro de la ovejita

San Buenaventura refiere que, cierto día, estando el Santo en el convento de Nuestra Señora de los Ángeles, una persona tuvo a bien regalarle una ovejita, y la recibió con mucho agradecimiento, porque le complacía ver en ella la imagen de la mansedumbre. Después de recibida, mandó San Francisco a la ovejita que atendiese a las alabanzas que se tributaban a Dios, y no turbase la paz de los religiosos con sus balidos. El animal, como si hubiese entendido al siervo de Dios, observaba con fidelidad su mandato pues tan pronto como oía el canto de las divinas alabanzas en el coro, se aquietaba, y si alguna vez se metía en la capilla, quedábase inmóvil en un rinconcito sin causar la menor molestia.

Pero el prodigio era ver cómo después del rezo divino, si se celebraba el santo Sacrificio de la Misa, al tiempo de elevar el sacerdote la Sagrada Hostia, la ovejita, sin ser enseñada de nadie, se ponía de pie e hincaba las rodillas en señal de reverencia a su Señor.


De la Carta de San Francisco de Asís
dirigida a todos los fieles

La venida al mundo del Verbo del Padre, tan digno, tan santo y tan glorioso fue anunciada por el Padre altísimo, por boca de su santo Arcángel Gabriel, a la santa y gloriosa Virgen María, de cuyo seno recibió una auténtica naturaleza humana, frágil como la nuestra. Él, siendo rico sobre toda ponderación, quiso elegir la pobreza, junto con su santísima madre. Y, al acercarse su pasión, celebró la Pascua con sus discípulos. Luego oró al Padre diciendo:


"Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz"
Sin embargo, sometió su voluntad a la del Padre. Y la voluntad del Padre fue que su Hijo bendito y glorioso, a quien entregó por nosotros y que nació por nosotros, se ofreciese a sí mismo como sacrificio y víctima en el ara de la Cruz, con su propia sangre, no por sí mismo, por quien han sido hechas todas las cosas, sino por nuestros pecados, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Y quiere que todos nos salvemos por Él y lo recibamos con puro corazón y cuerpo casto.

¡Qué dichosos y benditos son los que aman al Señor y cumplen lo que dice el mismo Señor en el Evangelio:
¡Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, y al prójimo como a ti mismo!

Amemos, pues, a Dios y adorémoslo con puro corazón y con mente pura, ya que Él nos hace saber cuál es su mayor deseo, cuando dice:
"Los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad"
Porque todos los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y verdad. Y dirijámosle, día y noche, nuestra alabanza y oración, diciendo: Padre nuestro, que estás en los cielos; porque debemos orar siempre sin desanimarnos. 

Procuremos, además, dar frutos de verdadero arrepentimiento. Y amemos al prójimo como a nosotros mismos. Tengamos caridad y humildad y demos limosna, ya que ésta lava las almas de la inmundicia del pecado. En efecto, los hombres pierden todo lo que dejan en este mundo, tan sólo se llevan consigo el premio de su caridad y las limosnas que practicaron, por las cuales recibirán del Señor la recompensa y una digna remuneración.

No debemos ser sabios y prudentes según la carne, sino más bien sencillos, humildes y puros. Nunca debemos desear estar por encima de los demás, sino, al contrario debemos, a ejemplo del Señor, vivir como servidores y sumisos a toda humana criatura, movidos por el amor de Dios. El Espíritu del Señor reposará sobre los que sí obren y perseveren hasta el fin, y los convertirá en el lugar de su estancia y su morada, y serán hijos del Padre celestial, cuyas obras imitan; ellos son los esposos, los hermanos y las madres de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración Simple de San Francisco de Asís


Oh, Señor, hazme un instrumento de tu paz.

Donde hay odio, que lleve yo el amor.

Donde haya ofensa, que lleve yo el perdón.

Donde haya discordia, que lleve yo la unión.

Donde haya duda, que lleve yo la fe.

Donde haya error, que lleve yo la verdad.

Donde haya desesperación, que lleve yo la alegría.

Donde haya tinieblas, que lleve yo la luz.


Oh, Maestro, haced que yo no busque
tanto ser consolado, sino consolar;
ser comprendido, sino comprender;
ser amado, como amar.

Porque es:

Dando, que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la Vida Eterna.

Amén.


Saludo a la Bienaventurada
Virgen María
San Francisco de Asís

Salve, Señora, Santa Reina,
Santa Madre de Dios,
María, que eres Virgen
hecha iglesia y elegida
por el santísimo Padre del cielo,
a la cual consagró Él
con su santísimo amado Hijo
y el Espíritu Santo Paráclito,
en la cual estuvo y está
toda la plenitud de la gracia
y todo bien.
Salve, palacio suyo;
salve, tabernáculo suyo;
salve, casa suya.
Salve, vestidura suya; 
salve, esclava suya; 
salve, Madre suya 
y todas vosotras,
santas virtudes, 
que sois infundidas
por la gracia e iluminación
del Espíritu Santo en los corazones
de los fieles, para que de infieles
hagáis fieles a Dios.

S. Francisco de Asís


Bendición
de San Francisco de Asís
a Fray Leo

Con ella desaparece
tentación que nos atormenta



segunda-feira, 2 de outubro de 2017

A interpretação do Concílio Vaticano II e a sua relação com a crise atual da Igreja.


Agradecemos a Sua Excelência Reverendissima, Dom Athanasius Schneider, o envio de seu artigo já em português para publicação exclusiva no Brasil em FratresInUnum.com.
A situação atual da inaudita crise da Igreja é comparável com aquela geral no século IV, onde o arianismo contaminou a esmagadora maioria do episcopado e foi reinante na vida da Igreja. Devemos procurar ver esta situação atual, por um lado, com realismo e, por outro, com o espírito sobrenatural, com um profundo amor para com a Igreja, que é nossa mãe, e que está sofrendo a paixão de Cristo por meio dessa tremenda e geral confusão doutrinal, litúrgica e pastoral.
Devemos renovar a nossa Fé de que a Igreja está nas mãos seguras de Cristo e que Ele sempre intervirá para renová-la nos momentos em que a barca da Igreja parece naufragar, como é o caso óbvio em nossos dias.
Quanto à atitude diante do Concílio Vaticano II, devemos evitar os dois extremos: uma rejeição completa (como o fazem os sedevacantistas e uma parte da FSSPX) ou uma “infalibilização” de tudo o que o Concílio falou.
O Concílio Vaticano II foi uma legítima assembleia presidida pelos Papas e devemos manter para com este concílio uma atitude de respeito. Contudo, isso não significa que não podemos exprimir dúvidas bem argumentadas e respeitosas propostas de melhoria, apoiando-se na Tradição integral da Igreja e no Magistério constante.
Pronunciamentos doutrinais tradicionais e constantes do Magistério durante um plurissecular período têm a precedência e constituem um critério de verificação acerca da exatidão de pronunciamentos magisteriais posteriores. Os pronunciamentos novos do Magistério devem, em si, ser mais exatos e mais claros, nunca, porém, ambíguos e aparentemente contrastantes com anteriores pronunciamentos constantes magisteriais.
Aqueles pronunciamentos do Vaticano II que são ambíguos devem ser lidos e interpretados segundo os pronunciamentos da inteira Tradição e do Magistério constante da Igreja.
Na dúvida, os pronunciamentos do Magistério constante (os concílios anteriores e os documentos de Papas, cujo conteúdo demonstrava ser uma tradição segura e repetida durante séculos no mesmo sentido) prevalecem sobre aqueles pronunciamentos objetivamente ambíguos ou novos do Concílio Vaticano II, os quais, objetivamente, dificilmente concordam com específicos pronunciamentos do Magistério anterior e constante (por exemplo, o dever do Estado de venerar publicamente Cristo, Rei de todas as sociedades humanas; o verdadeiro sentido da colegialidade episcopal frente ao primado petrino e ao governo universal da Igreja; a nocividade de todas as religiões não-católicas e o perigo que elas constituem para a salvação eternas das almas).
O Vaticano II deve ser visto e aceito tal como ele quis ser e como realmente foi: um concílio primeiramente pastoral, isto é, um concílio que não teve a intenção de propor doutrinas novas ou propô-las numa forma definitiva. Na maioria dos seus pronunciamentos, o Concílio confirmou a doutrina tradicional e constante da Igreja.
Alguns dos novos pronunciamentos do Vaticano II (por exemplo, colegialidade, liberdade religiosa, diálogo ecuménico e inter-religioso, atitude para com o mundo) não são definitivos e por eles, aparentemente ou em realidade, não concordarem com os pronunciamentos tradicionais e constantes do Magistério, devem ser ainda completados com explicações mais exatas e com suplementos mais precisos de caráter doutrinal. Uma aplicação cega do princípio da “hermenêutica da continuidade” também não ajuda, pois se criam com isso interpretações forçadas, que não convencem e que não ajudam para chegar ao conhecimento mais claro das verdades imutáveis da Fé Católica e da sua aplicação concreta.
Houve casos na história onde expressões não definitivas de alguns concílios foram, mais tarde, graças a um debate teológico sereno, precisadas ou tacitamente corrigidas (por exemplo, os pronunciamentos do Concílio de Florença acerca da matéria do sacramento da ordenação, isto é, que a matéria fosse a entrega dos instrumentos, mas a tradição mais segura e constante dizia que era suficiente a imposição das mãos do bispo, o que Pio XII em 1947 confirmou). Se depois do concílio de Florença os teólogos tivessem aplicado cegamente o princípio da “hermenêutica da continuidade” a este pronunciamento específico do concílio de Florença (um pronunciamento objetivamente errôneo), defendendo a tese que a entrega dos instrumentos como matéria do sacramento da ordem fosse uma expressão do Magistério constante da Igreja, provavelmente não se teria chegado ao consenso geral dos teólogos sobre a verdade que diz que somente a imposição das mãos do bispo constituiria propriamente a matéria do sacramento da ordem.
Deve-se criar na Igreja um clima sereno de discussão doutrinal acerca daqueles pronunciamentos do Vaticano II que são ambíguos ou que criaram interpretações errôneas. Não há nada de escandaloso nisso, pelo contrário, será uma contribuiçao para guardar e explicar na maneira mais segura e integral o depósito da Fé imutável da Igreja.
Não se deve destacar demais um determinado concílio, absolutizando-o ou equiparando-o de fato, à Palavra de Deus oral (Tradição Sagrada) ou escrita (Sagrada Escritura). O Vaticano II mesmo disse, justamente (cf. Dei Verbum, 10), que o Magistério (Papas, Concílios, magistério ordinário e universal) não estão acima da Palavra de Deus, mas sob ela, submisso a ela, e somente ministro dela (da Palavra de Deus oral = Sagrada Tradição e da Palavra de Deus escrita = Sagrada Escritura).
Do ponto de vista objetivo, os pronunciamentos do Magistério (Papas e concílios) de caráter definitivo têm mais valor e mais peso frente aos pronunciamentos de caráter pastoral, os quais são, por natureza, mutáveis e temporários, dependentes de circunstâncias históricas ou respondendo às situações pastorais de um determinado tempo, como é o caso da maior parte dos pronunciamentos do Vaticano II.
O próprio contributo valioso e original do Concílio Vaticano II consiste no chamado universal de todos os membros da Igreja à santidade (cap. 5 da Lumen gentium), na doutrina sobre o papel central de Nossa Senhora na vida da Igreja (cap. 8 da Lumen gentium), na importância dos fiéis leigos em conservarem, defenderem e promoverem a Fé Católica e que eles devem evangelizar e santificar as realidades temporárias segundo o perene sentido da Igreja (cap. 4 da Lumen gentium), no primado da adoração de Deus na vida da Igreja e na celebração da liturgia (Sacrosanctum Concilium, nn. 2; 5-10). O resto se podia até um certo ponto considerar secundário, temporário e talvez no futuro mesmo esquecível, como foi o caso com os pronunciamentos não definitivos, pastorais e disciplinais de diversos concílios ecumênicos no passado.
Os quatro assuntos seguintes: Nossa Senhora, santificação da vida pessoal, defesa da Fé com a santificação do mundo segundo o espírito perene da Igreja e o primado da adoração de Deus são os tópicos mais urgentes a serem vividos e aplicados hoje em dia. Nisso, o Vaticano II tem um papel profético, o que, infelizmente, não está ainda realizado de modo satisfatório. Em vez de viver e de aplicar estes quatro aspectos, uma considerável parte da “nomenklatura” teológica e administrativa na vida da Igreja, há meio século, promoveu e está ainda promovendo assuntos doutrinários, pastorais e litúrgicos ambíguos, deturpando, assim, a intenção originária do Concílio ou abusando dos seus pronunciamentos doutrinários menos claros ou ambíguos a fim de criar uma outra Igreja de tipo relativista ou protestante. Estamos vivenciando o auge desse desenvolvimento em nossos dias.
O problema da atual crise da Igreja consiste, em parte, no fato de que se infalibizaram aqueles pronunciamentos do Vaticano II que são objetivamente ambíguos, ou aqueles poucos pronunciamentos dificilmente concordantes com a tradição magisterial constante da Igreja. Dessa forma, impediu-se um sadio debate e uma necessária correção, implícita ou tácita, dando, ao mesmo tempo, o incentivo para criar afirmações teológicas contrastantes com a tradição perene (por exemplo, no que diz respeito à nova teoria de um assim chamado duplo sujeito ordinário supremo do governo da Igreja, ou seja, o Papa sozinho e todo o colégio episcopal junto com o Papa; ou a doutrina da assim chamada neutralidade do Estado frente ao culto público que ele deve prestar ao Deus verdadeiro, que é Jesus Cristo, Rei também de cada sociedade humana e política; a relativização da verdade que a Igreja Católica é o único caminho da salvação querido e ordenado por Deus).
Devemos nos libertar das algemas da absolutização e da infalibilização total do Vaticano II e pedir que haja um clima de debate sereno e respeitoso, por amor sincero à Igreja e à sua Fé imutável.
Uma indicação positiva nesse sentido podemos ver no fato de que, em 2 de agosto 2012, o Papa Bento XVI escreveu um prefácio ao volume relativo ao Concílio Vaticano II na edição da sua Opera omnia. Neste prefácio, Bento XVI exprime suas reservas quanto a um conteúdo específico dos documentos Gaudium et spes e Nostra aetate. Do teor dessas palavras de Bento XVI se vê que alguns defeitos pontuais em algumas passagens do Vaticano II não são remediáveis pela “hermenêutica da continuidade”.
Uma Fraternidade Sacerdotal de São Pio X canônica e plenamente integrada na vida da Igreja poderia também dar um válido contributo nesse debate, como também o desejou o Arcebispo Marcel Lefebvre. A presença plenamente canônica da FSSPX na vida da Igreja de hoje poderia também ajudar a criar um tal clima geral de um debate construtivo na Igreja, para que aquilo que foi crido sempre, em toda a parte e por todos os católicos durante dois mil anos, seja crido mais clara e de modo mais seguro também em nossos dias, realizando, assim, a verdadeira intenção pastoral dos Padres do Concílio Vaticano II.
A autêntica intenção pastoral visa a salvação eterna das almas, a qual se dá somente pelo anúncio de toda a vontade Divina (cf. At 20, 7). Uma ambiguidade na doutrina da fé e na sua aplicação concreta (na liturgia e na pastoral) ameaçaria a salvação eterna das almas e seria, por conseguinte, anti-pastoral, já que o anúncio da clareza e da integridade da Fé Católica e da sua fiel aplicação concreta é vontade explícita de Deus. Somente a obediência perfeita a esta vontade de Deus que, por Cristo, o Verbo Encarnado, e pelos Apóstolos nos revelou a verdadeira Fé, a Fé interpretada e praticada constantemente no mesmo sentido pelo Magistério da Igreja, traz a salvação das almas.
+ Dom Athanasius Schneider,
Bispo auxiliar da arquidiocese de Maria Santíssima em Astana, Cazaquistão

D. Athanasius Schneider: afirmações evidentemente ambíguas no documento papal Amoris Laetitia, visto que estas afirmações estão a causar uma anarquia moral e disciplinar na vida da Igreja

Entrevista a D. Athanasius Schneider: “Não temos nada a perder quando dizemos a verdade”.

Publicamos em seguida a tradução de Senza Pagare da entrevista concedida por D. Athanasius Schneider, bispo-auxiliar de Astana (Cazaquistão), a Maike Hickson, do blog OnePeterFive
Maike Hickson (MH): Assinou, juntamente com o Professor Josef Seifert (entre muitos outros), a Declaração de Fidelidade confirmando o ensinamento tradicional da Igreja relativamente ao casamento. O Professor Seifert foi agora removido pelo seu arcebispo espanhol da sua Cátedra Dietrich von Hildebrand na Academia Internacional de Filosofia em Granada, Espanha – com a explícita referência adversa à sua crítica acerca de certas afirmações contidas na Amoris Laetitia. Podemos pedir a sua resposta a esta medida tão punitiva, que foi justificada com o argumento de que o Professor Seifert estava a enfraquecer a unidade da Igreja Católica e a confundir os fiéis?
Dom Athanasius em entrevista a Fratres in Unum.
Fevereiro de 2015 – Dom Schneider concede entrevista a Fratres in Unum em São Paulo.
Bispo Athanasius Schneider (BAS): O Professor Josef Seifert fez um acto urgente e muito meritoso ao formular publicamente e respeitosamente questões críticas acerca de certas afirmações evidentemente ambíguas no documento papal Amoris Laetitia, visto que estas afirmações estão a causar uma anarquia moral e disciplinar na vida da Igreja, uma anarquia que está à vista de todos e que ninguém que use a razão e tenha verdadeira fé e honestidade pode negar.
A medida punitiva contra o Professor Seifert da parte de um detentor de um posto eclesiástico é não somente injusta, mas representa ultimamente um desvio da verdade, uma recusa a um debate objectivo e a um diálogo, enquanto ao mesmo tempo a cultura do diálogo é proclamada como de maior prioridade na vida da Igreja dos nossos dias. Tal comportamento clerical contra um verdadeiro intelectual católico, como é o Professor Seifert, faz-me lembrar as palavras com que São Basílio Magno descreveu uma situação análoga no séc. IV, quando clérigos arianos invadiram e ocuparam a maioria das posições episcopais: “Apenas uma ofensa é agora vigorosamente punida – uma observância correcta das tradições dos nossos pais. Por esta causa os devotos são levados dos seus países e transportados para desertos. As pessoas religiosas mantêm silêncio, mas todas as línguas blasfemas são deixadas à solta” (Ep. 243)
MH: Quando falamos acerca da unidade da Igreja: qual é a base da unidade? Temos de sacrificar todo o debate racional e prudente acerca de matéria de Fé e Doutrina – se se estiverem a elevar ensinamentos diferentes e incomensuráveis – com o intuito de não causar possíveis fendas dentro da Igreja?
BAS: A base da autêntica unidade da Igreja é a verdade. A Igreja é na sua natureza “a coluna e o firmamento da verdade” (1Tim 3, 15). Este princípio é válido desde os tempos dos Apóstolos e é um critério objectivo para esta unidade: significa a “verdade do Evangelho” (cf. Gal. 2: 5.14). O Papa João Paulo II disse: “Mais do que unidade no amor, a unidade na verdade é sempre urgente para nós” (dirigido à Terceira Conferência Geral do Episcopado Latino-Americano, Puebla, 28 de janeiro de 1979). Santo Ireneu ensinou: “A Igreja acredita nas verdades da Fé tal como se tivesse apenas uma só alma, e um só coração, e ela proclama-as, ensina-as, e entrega-as, em perfeita harmonia, como se possuísse uma só boca” (Adv. haer., I, 10, 2).
No começo da Igreja, Deus mostrou-nos a obrigação de defender a verdade, quando se encontra em perigo de ser deformada por parte de quaisquer membros da Igreja, mesmo que seja proclamado da parte do Supremo Pastor da Igreja, como foi o caso com São Pedro em Antioquia (cf. Gal 2, 14). Este princípio de correcção fraterna no interior da Igreja foi válido em todos os tempos, mesmo direccionado ao Papa, e por isso deve ser válido no nosso tempo também. Infelizmente, quem quer que se atreva a dizer a verdade nos nossos dias – mesmo quando o faz com respeito para com os Pastores da Igreja – é classificado como um inimigo da unidade, tal como também sucedeu com São Paulo; pois, ele afirmou: “Tornei-me logo vosso inimigo porque vos disse a verdade” (Gal 4, 16).
MH: Muitos prelados permaneceram agora, no passado recente, em silêncio devido ao medo de causar um cisma na Igreja por fazer publicamente questões ou levantar objecções ao Papa Francisco em relação aos seus ensinamentos acerca do casamento. O que lhes diria acerca da sua escolha pelo silêncio? 
BAS: Primeiro que tudo, devemos ter em mente, que o Papa é o primeiro servo da Igreja (servus servorum). Ele é o primeiro a ter de obedecer de modo exemplar a todas as verdades do Magistério inalterável e constante, porque ele é apenas um administrador, e não um possuidor, das verdades católicas, que recebeu de todos os seus predecessores. O Papa nunca se deve ele próprio comportar em relação às verdades e disciplina constantemente transmitidas referindo-as como fosse um monarca absoluto, dizendo “Eu sou a Igreja” (analogamente ao Rei francês Luís XIV: “L’état c’est moi”). O Papa Bento XVI formulou este ponto aptamente: “O Papa não é um soberano absoluto, cujo pensar e querer são leis. Ao contrário: o ministério do Papa é garantia da obediência a Cristo e à Sua Palavra. Ele não deve proclamar as próprias ideias, mas vincular-se constantemente a si e à Igreja à obediência à Palavra de Deus, tanto perante todas as tentativas de adaptação e de adulteração, como diante de qualquer oportunismo.” (Homilia de 7 de Maio de 2005).
Os bispos não são trabalhadores do Papa, mas divinamente constituídos colegas do Papa, apesar de juridicamente subordinados a ele, mas mesmo assim colegas e irmãos. Quando o Papa tolera ele próprio uma ampla disseminação de erros óbvios de fé e de graves abusos dos sacramentos (como a admissão de adúlteros não arrependidos aos sacramentos), os bispos não se devem comportar como empregados servis embrulhando-se no silêncio. Tal atitude demonstraria indiferença em relação à grave responsabilidade do ministério Petrino e contradiria a própria natureza colegial do episcopado e o amor autenticado pelo Sucessor de Pedro. Devemo-nos lembrar das palavras de Santo Hilário de Poitiers, proferidas no tempo da confusão doutrinal geral do século IV: “Hoje, sob o pretexto de uma piedade que é falsa, sob a aparência enganadora de um ensinamento do Evangelho, algumas pessoas estão a tentar negar o Senhor Jesus. Eu digo a verdade, para que a causa da confusão que estamos a sofrer possa ser conhecida por todos. Não posso permanecer silencioso” (Contra Auxentium, 1, 4).
MH: Voltemos à crítica bem-educada do Professor Seifert à Amoris Laetitia. No seu novo artigo de Agosto de 2017, ele levanta a questão de se afirmar que por vezes casais divorciados e “recasados” devem ter de manter relações sexuais para o bem dos filhos desse novo laço não levar na realidade à conclusão de que já não existem absolutos morais; ou seja, que um pecado mortal pode, em certas situações, já não ser pecaminoso aos olhos de Deus. O Professor Seifert vê esta lógica como uma potencial “bomba atómica moral” que levará ao relativismo moral. Concordaria com ele neste aspeto? 
BAS: Estou completamente de acordo com o Professor Seifert neste ponto, e recomendo vivamente que outros também leiam o seu artigo magistral, intitulado “Does Pure Logic Threaten to Destroy the Entire Moral Doctrine of the Catholic Church?” (Será que a Lógica Pura Ameaça Destruir a Doutrina Moral Inteira da Igreja Católica?). No seu livro “Athanasius and the Church of Our Days” (Atanásio e a Igreja dos Nossos Dias), o Bispo Rudolf Graber de Regensburg escreveu em 1973: “O que aconteceu há 1600 anos atrás está a repetir-se hoje, mas com duas ou três diferenças: Alexandria é hoje a Igreja Universal, cuja estabilidade está a ser abalada, e o que estava em questão nessa altura por meios de força física e crueldade está agora a passar para um nível diferente. Exílio é substituído por expulsão para o silêncio de ser ignorado, matando por assassinato de carácter.” Esta descrição também se aplica ao actual caso do Professor Seifert.
MH: Tendo crescido num país de regime totalitário, quais são as suas próprias considerações acerca da liberdade académica em Espanha, quando um professor internacionalmente reconhecido pode ser removido das suas posições académicas meramente por ter levantado questões, questões educadas, sobre um documento papal e por ter apontado os possíveis perigos de algumas das suas afirmações? 
BAS: Durante décadas tornou-se politicamente correcto e “de bom tom” proclamar e promover praticamente a liberdade de discurso, debate e pesquisa, teológico, na Igreja, tanto que a liberdade de pensamento e de expressão se tornaram um slogan. Em simultâneo, pode agora observar-se o paradoxo desta mesma liberdade ser negada àqueles pertencentes à Igreja que nos nossos dias levantam a voz com respeito e educação na defesa da verdade. Esta situação bizarra lembra-me uma célebre canção que eu tinha de cantar na escola comunista na minha infância, e que dizia: “A União Soviética é a minha pátria amada, e não conheço outro país no mundo onde o homem pode respirar tão livremente.”
MH: Pode dizer-nos algumas palavras que o Cardeal Carlo Caffarra lhe tenha dirigido pessoalmente em relação à actual crise da Igreja, palavras dele que possam constituir, em parte, uma espécie de legado?
BAS: Falei apenas duas vezes com o Cardeal Caffarra. Até mesmo esses encontros e conversas curtas com o Cardeal Caffarra deixaram em mim algumas impressões profundas. Vi nele um verdadeiro homem de Deus, um homem de fé, de visão sobrenatural. Notei nele um amor profundo pela verdade. Quando falei com ele acerca da necessidade dos bispos erguerem a sua voz em relação ao ataque contra a indissolubilidade do matrimónio e a santidade dos laços sacramentais do matrimónio, ele disse: “Quando nós bispos fazemos isto, não devemos temer ninguém nem nada, pois não temos nada a perder.” Uma vez disse a uma senhora católica dos Estados Unidos, com uma fé profunda e grande inteligência, a frase utilizada pelo Cardeal Caffarra, nomeadamente que nós bispos não temos nada a perder quando dizemos a verdade. Em resposta ela disse estas palavras inesquecíveis: “Perderão tudo quando não fizerem isso.”

MH: Considera justificável que outros cardeais – tais como o Cardeal Christoph Schönborn ou o Cardeal Óscar Rodríguez Maradiaga – tenham censurado os quatro cardeais por terem publicado os dubia?
BAS: A formulação e publicação dos dubia por parte dos quatro cardeais foi altamente meritória e, de certa forma, também um acto histórico, honrando verdadeiramente o Colégio Sagrado dos Cardeais. Na presente situação, a indissolubilidade e a santidade do matrimónio sacramental estão a ser enfraquecidas e, na prática, negadas através da admissão normativa de adúlteros impenitentes aos sacramentos, banalizando e profanando assim também os sacramentos do Matrimónio, Confissão, e da Eucaristia. Em última instância está em causa a validade dos Divinos Mandamentos e toda a lei moral, tal como o Professor Seifert correctamente afirmou no seu artigo acima mencionado, e pelo qual foi severamente punido.
Podemos comparar esta situação a um navio num mar turbulento, no qual o capitão ignora os perigos óbvios, enquanto a maioria dos seus oficiais se envolvem em silêncio, dizendo: “Tudo está bem no navio a afundar.” Quando perante tal situação, uma pequena parte dos oficiais do navio levantam a voz pela segurança de todos os passageiros, são grotesca assim como injustamente criticados pelos seus colegas, como amotinadores ou como desmancha-prazeres. Mesmo que o capitão julgue as vozes dos poucos oficiais perturbadoras no momento, ele irá reconhecer agradecidamente a sua ajuda posteriormente, quando tiver de confrontar o perigo, olhando-o nos olhos, e quando estiver diante do Divino Juiz. Também ficarão agradecidos, tanto os passageiros como a História, quando o perigo tiver passado. O acto corajoso e os nomes daqueles poucos oficiais serão lembrados como verdadeiramente altruístas e heroicos; mas certamente não aqueles oficiais, que por ignorância, ou por oportunismo, ou por servilismo, se envolveram em silêncio ou até absurdamente criticaram aqueles que tomaram medidas de salvação naquele navio a afundar. De certa forma, isto corresponde à actual situação ao redor dos dubia dos quatro cardeais.
Temos de nos relembrar do que Santo Basílio observou durante a crise Ariana: “Os homens com autoridade têm medo de falar, pois os que alcançaram o poder através de interesses humanos são os escravos daqueles a quem devem a sua subida. E agora a própria defesa da ortodoxia é olhada em alguns lugares como uma oportunidade para o ataque mútuo; e homens escondem a sua própria vontade doente e fingem que a sua hostilidade é toda para o bem da verdade. Entretanto os não-crentes riem; homens de pouca fé vacilam; a fé é incerta; almas são submersas na ignorância, porque os adulteradores da palavra imitam a verdade. Os melhores dos leigos evitam as igrejas como escolas de impiedade e levantam as mãos nos desertos com suspiros e lágrimas ao Senhor no céu. A fé dos Padres da Igreja que recebemos; essa fé que sabemos ter o selo com as marcas dos Apóstolos; para aquela fé à qual assentimos, bem como para tudo o que no passado foi canonicamente e legalmente promulgado”. (Ep. 92,2)
MH: Agora que restam apenas dois cardeais dos dubia – depois da morte do Cardeal Carlo Caffarra e do Cardeal Joachim Meisner – quais são as suas próprias esperanças em relação a outros cardeais que possam agora surgir para colmatar este vazio? 
BAS: Espero e desejo que mais cardeais, à semelhança dos oficiais daquele navio num mar turbulento juntem agora as suas vozes às vozes dos quatro cardeais, independentemente de louvor ou culpa.
MH: Em geral, o que é que os católicos – leigos ou clérigos – fazem agora se estiverem a ser pressionados para aceitar alguns aspectos controversos da Amoris Leatitia, por exemplo em relação aos divorciados “recasados” e à possível permissão do acesso aos Sacramentos? E em relação àqueles padres que se recusam a distribuir a Sagrada Comunhão a esses casais “recasados”? E em relação aos professores católicos leigos que estão a ser ameaçados com o afastamento das suas posições de ensino devido ao seu criticismo, patente ou latente, face à Amoris Leatitia? O que é que podemos todos fazer quando confrontados, na nossa consciência, com as alternativas de trair os ensinamentos de Nosso Senhor, ou seguir em firme desobediência aos nossos superiores? 
BAS: Quando padres ou leigos se mantém fiéis ao imutável e constante ensinamento e prática de toda a Igreja estão em comunhão com todos os papas, bispos ortodoxos e Santos de dois mil anos, estando em especial comunhão com São João Baptista, São Thomas More, São John Fisher e com os inumeráveis esposos abandonados que se mantiveram fiéis aos seus votos, aceitando a vida de continência de maneira a não ofender Deus. A voz constante no mesmo sentido e significado (eodem sensu eademque sentencia) e a respectiva prática de dois mil anos é mais poderosa e segura do que a voz discordante e a prática de admitir adúlteros impenitentes à Sagrada Comunhão, mesmo que esta prática seja promovida por um único Papa ou bispos diocesanos. Neste caso temos de seguir o ensinamento constante e prática da Igreja, pois aqui entra a verdadeira tradição, a “democracia dos mortos”, o que significa a voz maioritária daqueles que nos precederam.
Santo Agostinho respondeu à errada e não tradicional prática Donatista de re-baptizar e de re-ordenar, afirmando que a constante e imutável prática da Igreja desde o tempo dos Apóstolos corresponde ao juízo seguro do mundo inteiro: “O mundo inteiro julga acertadamente”, i.e., “Securus judicat orbis terrarum” (Contra Parmenianum III, 24). O que significa que toda a tradição Católica julga seguramente e com certeza contra a prática fabricada e de curta-duração que, num ponto importante, contradiz todo o Magistério de todos os tempos. Esses padres, que seriam agora forçados pelos seus superiores a distribuir a Sagrada Comunhão a públicos e impenitentes adúlteros, ou a outros conhecidos e públicos pecadores, devem responder com uma santa convicção: “O nosso comportamento é o comportamento de todo o mundo Católico ao longo de dois mil anos”: “O mundo inteiro julga acertadamente”, “Securus judicat orbis terrarum”!
O Beato John Henry Newman disse na Apologia pro sua vita: “O juízo intencional, em que toda a Igreja repousa e concorda, é uma prescrição infalível e uma sentença final contra uma novidade temporal.” Neste nosso contexto histórico esses padres e fiéis devem dizer aos seus superiores eclesiásticos, e bispos, tal como devem dizer com caridade e respeitosamente ao Papa o que São Paulo uma vez disse: “Porque, nada podemos contra a verdade, senão pela verdade. Porque nos alegramos de ser fracos, enquanto vós sois fortes. E ainda rogamos pela vossa perfeição.” (2Cor 13, 8-9)