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domingo, 5 de fevereiro de 2017

El País se hace eco del golpe de estado dado por el Papa Francisco en la Orden de Malta. El retorno de la tiranía papal El año de la Misericordia ha dado paso al año de la hipocresía.

La chapuza de Malta

Incluso un diario como El País se hace eco del golpe de estado dado por el Papa Francisco en la Orden de Malta. El "caso Malta" va a pasar a la historia como uno de los episodios más lamentables de este pontificado:

- Mescolanza insensata de temas morales, monetarios y jurídicos.
- Comisiones vaticanas de amigos, y de amigos de amigos.
- Injerencia en un sujeto de Derecho internacional similar a la Santa Sede.
- Vulneración de las constituciones de la Orden de Malta.
- Ignorancia de la historia de las relaciones entre los Romanos Pontífices y la Orden de Malta.
- Roma del lado de la facción más laicista e intrigante de la Orden, en lugar de apoyar a los religiosos de la misma.
- Ninguneo al Cardenal Patrono de la Orden por un tema ajeno a la misma (los "dubia" a la exhortación Amoris Laetitia).
- Defenestración de un Gran Maestre honrado y piadoso, con una renuncia arrancada bajo presión.
- Ridiculización de la soberanía de la Orden y, en consecuencia, de las 106 naciones que mantienen relaciones diplomáticas con la misma.

En resumen, mil años de historia vapuleados y puestos en almoneda en una semana.



El retorno de la tiranía papal

El año de la Misericordia ha dado paso al año de la hipocresía.

Conceptos tan superados como la separación Iglesia/Estado han quedado desdibujados de un plumazo en la cuestión de la Soberana Orden de Malta, institución en la que tradicionalmente se había tenido clara la separación entre los aspectos espirituales y aquellos de gobierno. 

El conflicto se ha resuelto de la forma más grosera posible: forzando la dimisión del Gran Maestre y comisariando la Orden, como si de un conventillo de heterodoxos se tratara. Todo ha quedado malbaratado por la incapacidad de este Pontífice para admitir opiniones en su contra, aunque estén avaladas por el Derecho.

Poco le ha importado al Papa ridiculizar la soberanía de la Orden de Malta, una de las más antiguas instituciones de la Cristiandad, ante los más de cien países, en su mayoría no católicos, que la reconocen internacionalmente y la prestigian.

Forzar la dimisión del Gran Maestre -ante todo un caballero y una persona honesta- de forma precipitada, compulsiva, desairada, ajena a las constituciones aprobadas por la propia Santa Sede, sin darle tiempo a consultar con su consejeros, sin darle tiempo a encomendarse en la oración, nos da idea de la deriva que va cogiendo este Pontificado. Y que no es otra que la del despotismo y el descrédito.

No es bueno que un Papa pierda los estribos con esta facilidad, y se deje llevar por sus fobias en las purgas a congregaciones, a dicasterios, a obispos y cardenales, y ya incluso a sujetos de derecho internacional. No es bueno y, sobre todo, no es propio de un Papa. 

Y que un Papa deje de comportarse como un Papa, y mucho más estando su antecesor vivo, no puede traer nada bueno.