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terça-feira, 15 de setembro de 2015

El Papa soluciona antes del Sínodo el problema de la Comunión a los divorciados


El Papa soluciona antes del Sínodo el problema de la Comunión a los divorciados

No hace mucho escribí advirtiendo que debíamos estar alerta porque el Sínodo no era lo que parecía, había objetivos de fondo que se nos iban a colar por la puerta de atrás. Lo que nunca pude pensar es que esto acaeciera antes del propio evento, y por la puerta delantera.
A unas semanas del inicio del Sínodo nos han colado por la escuadra, con nocturnidad y alevosía, un gol de primera a todos los católicos. Por iniciativa directa del Papa se ha resuelto de golpe el problema de la comunión de los divorciados vueltos a “casar”, ya no habrá más dilemas, porque sencillamente no habrá más divorciados… ha llegado la nulidad express para todos, el divorcio católico.
No voy a entrar en toda la discusión neocatólica de si este término era así o significaba lo otro, todo eso importa poquísimo en el magisterio de titulares de prensa que se hace hoy, del cual son víctimas la mayoría de eclesiásticos. La realidad efectiva es que las nulidades, que de por sí ya eran un auténtico pitorreo, han pasado a ser un café para todos, con lo que en la teoría y en la práctica el Matrimonio católico tal como lo conocíamos hasta ahora ha sido destrozadoantes nuestras narices, justamente por aquel encargado de custodiarlo.
Lo que más me sorprende es la absoluta falta de reacción, nadie dice nada, nadie hace nada. Un silencio espesísimo domina todo, las dotes teatrales se acentúan al extremo: todo sigue igual. La situación es ya gravísima y requiere que con urgencia se posicione públicamente todo aquel que tenga luz para ver, desde el laico, al párroco, desde obispos a cardenales, no podemos seguir como si no pasara nada. El silencio HOY es complicidad. Ni falsa obediencia, ni que si me quitan mi parroquia, ni gaitas.. la defensa de Cristo, su doctrina y su Iglesia se antepone a todo en el momento presente,  y si usted por defender la Verdad se queda sin su parroquia, sin su obispado, sin su puestito, pues bendito será en el Cielo, que para eso se hizo sacerdote, para dar la cara por Cristo.
Decía con razón Dietrich von Hildebrand “¿Qué hubiera ocurrido si, por ejemplo, en tiempos del arrianismo, en que la mayoría de los obispos eran arrianos, los fieles se hubieran limitado a ser agradables y obedientes a las ordenanzas de esos obispos, en lugar de combatir la herejía?”
La situación es de una gravedad sin precedentes. El sapo ha sido cocinado, servido y digerido.
Miguel Ángel Yáñez