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sexta-feira, 18 de setembro de 2015

Su Eminencia, el Cardenal Burke: no es posible permitir a quienes se encuentran unidos en matrimonio y han intentado tener otro matrimonio, recibir la sagrada comunión porque ellos viven públicamente en uno de los pecados más serios, el del adulterio.



(Magníficat TV/InfoCatólica) Entrevista al cardenal Burke
–Padre Santiago Martín. Es para mí una gran alegría, un gran honor poder entrevistar hoy a Su Eminencia, el Cardenal Burke, norteamericano de Wisconsin, ha sido Prefecto de la Asignatura Apostólica, y en este momento es Gran Patrono de la Orden de Malta.
Una persona, una personalidad que se ha destacado por su amor extraordinario a la Iglesia y a Jesucristo y por su claridad y valentía a la hora de defender la tradición, es decir el dogma, la moral de la Iglesia, que ha sido idéntica durante veinte siglos.

Eminencia, muchas gracias por concederme esta entrevista.

Cardenal Burke. Me da mucha alegría platicar con usted, especialmente sobre este tema tan imporante.

Gracias. Su Eminencia, si se llegara a aprobar la comunión para los divorciados vueltos a casar, ¿cómo afectaría esto a la familia y a la Iglesia?

De hecho, no es posible permitir a quienes se encuentran unidos en matrimonio y han intentado tener otro matrimonio, recibir la sagrada comunión porque ellos viven públicamente en uno de los pecados más serios, el del adulterio. Sería un acto directamente contrario a la palabra de Cristo, quien dijo en el Evangelio, quien se divorcie de su esposa y se case con otra, comete adulterio. Y está claro que los discípulos comprendieron la seriedad de lo que decía el Señor porque respondieron: Si es así, quizá sea menor no contraer matrimonio, y el Señor respondió asegurándolos que Dios le da la gracia para vivir en fidelidad a quienes Él llama al matrimonio. Así que eso, básicamente, sería introducir a la vida de la Iglesia un elemento que llevaría a la destrucción de la familia y, así, al daño más serio para la Iglesia, porque la familia es la primera célula de la vida de la Iglesia. Es lo que el Concilio Vaticano Segundo, según una descripción antigua, denominó la Iglesia doméstica, la iglesia en el hogar.

Eminencia, pero algunos están pidiendo que en nombre de la Pastoral y de la Misericordia se hagan excepciones y se permita a los divorciados vueltos a casar que comulguen. Dicen, el dogma no se toca, la indisolubilidad del matrimonio permanece, pero, por la Misericordia y por la Pastoral, estas personas concretas que puedan comulgar.

Este es el resultado de una confusión fundamental respecto a la relación entre dogma y práctica. La práctica siempre sigue a la verdad del dogma, y el mayor acto de amor, el mayor acto de misericordia hacia cualquier miembro de los fieles es ayudar a esa persona a vivir conforme a la verdad de Cristo, de conformidad con la verdad de la enseñanza de nuestra fe. Por lo tanto, mentirle a los fieles que se encuentran en estas circunstancias tristes y difíciles, decirles que está bien que reciban la sagrada Comunión, aunque viven públicamente en contradicción a la palabra de Cristo, no es ser misericordioso. Por lo que esta es una confesión falsa. La misma se desprende de un tipo de sentimentalismo y está inspirada por un sentido falso en cuanto a quienes somos, un olvido respecto a nuestro ser, nuestro estado de vida como nuestra forma de ser y esto no es algo que cambia con el tiempo y así sucesivamente. Una vez nos damos a nosotros mismos en matrimonio, continuamos casados hasta que la muerte nos separe.

Eminencia, otros dicen que se deje a las conferencias episcopales libertad para decidir en cada país lo que hay que hacer.

Esto también es una inequidad, una propuesta que está, de hecho, basada en un principio protestante. La Iglesia católica es una en todo el mundo. Somos la única Iglesia que tiene una fe, una disciplina, una, cómo diríamos, una vida de sacramentos y de Oración, por lo que empezar a decir que cada nación empiece a decidir sobre cuestiones fundamentales de la fe y su práctica es sencillamente negar la catolicidad de la Iglesia e introducir un principio protestante, que entonces conducen a Iglesias nacionales y, luego que este principio de división ingresa, sencillamente se multiplicará como ha pasado en la iglesia protestante.

También hay otra hipótesis de trabajo que se va a plantear en el Sínodo. Es crear un camino penitencial, al final del cual los divorciados vueltos a casar puedan comulgar. ¿Será posible que al acabar este camino penitencial puedan comulgar sin aceptar la castidad? 0 ¿será necesario que ellos acepten vivir en castidad al final del camino penitencial?

El camino penitencial solo puede ser en una dirección. Precisamente en la dirección que usted dice, la dirección de encontrar un camino para vivir de forma casta en el propio estado de vida y así, el camino pastoral, perdón, el camino penitencial, debe ser un camino que ayuda al individuo a arrepentirse realmente y el arrepentimiento incluye, necesariamente, la enmienda de la propia vida, el cambio de la propia vida, de manera que si yo me arrepiento del hecho de estar viviendo en una unión irregular, de vivir en un estado de adulterio, eso significa que tengo que encontrar una forma de vivir en la que ya no esté cometiendo adulterio, sino que soy casto.

Eminencia, el Sínodo sobre la Familia parece que está girando en torno a este problema de la comunión de los divorciados pero, la familia tiene muchos más problemas y hay muchos aspectos. Todo se está centrando en esto pero es mucho más grande e importante el resto de las cuestiones. ¿Qué le diría usted, hoy, a una familia católica?

Les diría a las familias católicas que el Sínodo, por su naturaleza, es para ayudarlos a vivir en fidelidad a la vocación elevada de encarnar la vida de la Sagrada Familia en Nazaret y que los alentaría mucho, si están –como es natural en este mundo–sufriendo y pasando por desafíos, les alentaría mucho a que aprovechen la gracia del sacramento del matrimonio sagrado para permanecer fieles y para crear un hogar en el que se refleje el amor divino que le es dado al esposo y la esposa mediante el Matrimonio sagrado. Y este es el mensaje, debería ser el mensaje, del Sínodo. Creo que, tristemente, concentrarse en la pregunta de quienes estén en unión irregular y la posibilidad de ofrecerles la Sagrada Comunión tiene un alcance más amplio, que también se indicó durante la sesión del Sínodo en octubre de 2014. Y ese alcance es empezar a decir que otros individuos que viven en pecado público también podrían recibir los sacramentos porque durante esa sesión del Sínodo rápidamente se introdujo el tema de quienes vivían en unión, vivían como esposos, sin el sacramento del matrimonio y también la pregunta sobre quienes están atraídos a personas del mismo sexo, que intentan vivir algún tipo de unión, y lo que temo es que al decir que en algunos casos, de conformidad con la decisión del Obispo o de un sacerdote delegado por el Obispo, los individuos que viven en adulterio podrían recibir la Sagrada Comunión, naturalmente habrá una ampliación para decir que a quienes viven en estado de fornicación, que no estén unidos en matrimonio sino solo viven como tales, también se les debería permitir recibir los sacramentos, o a quienes viven públicamente en un relación homosexual deberían también poder recibir los sacramentos y esto redundaría, claramente, en los tres casos, a un gran escándalo en la Iglesia y eso destruiría la vida de la Iglesia. No sé si eso hace sentido o no.

Una última pregunta, Eminencia. Nos dicen, a los que estamos defendiendo la moral y la doctrina de siempre, nos dicen, nos acusan, de estar contra el Papa Francisco. ¿Qué opina usted de esto? ¿Qué opina de estas acusaciones que a muchos de nosotros nos hacen?

Sí, entiendo esta acusación porque me han acusado de esto, y es absurdo. Recuerdo durante la sesión del Sínodo en octubre de 2014, uno de los Cardenales se me acercó y me dijo: ¿Qué está pasando aquí? A aquellos de nosotros que defendemos lo que la Iglesia siempre enseñó y practicó se nos está denominando como enemigos del Papa. Y yo sencillamente respondo así: Soy totalmente fiel al Santo Padre, estoy a su servicio y la mejor manera que puede servirle es defendiendo la enseñanza y práctica de la Iglesia que son las mayores responsabilidades posibles que él tiene y el Santo Padre no ha dicho, según mi entender, que favorece estas propuestas, que se han presentado, ya sea para dar la Sagrada Comunión, los sacramentos, a los divorciados y vueltos a casar o para otras personas que viven públicamente en pecado por lo que es sencillamente falso llamar a quienes defienden la enseñanza y práctica de la Iglesia enemigos del Papa. Pero creo que es un tipo de herramienta del diablo para poder continuar con esta agenda, crear esta confusión que el Santo Padre, de alguna forma está a favor de estas prácticas, estas propuestas.

Muchas gracias, Eminencia. Muchas gracias. Estamos ante un auténtico padre de la Iglesia que con una gran valentía está defendiendo la doctrina, defendiendo la moral y además siendo, precisamente por eso, profundamente leal, como acaba de decir, a su Santidad, el Papa.

Es un honor, repito, estar con él y rezamos por el éxito del Sínodo

Si, esto es lo más importante, que todos recemos y trabajemos con esmero por el buen resultado del Sínodo de los Obispos.

Gracias, Muchas gracias.