Don Divo Barsotti

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segunda-feira, 26 de janeiro de 2009

HOMILIA DE DON MANUEL FOLGAR NA JORNADA DE ORAÇÃO PELO PAPA E SACERDOTES EM PONTEVEDRA



sábado 24 de enero de 2009

JORNADA DE ORACIÓN POR EL PAPA Y LA SANTIFICACIÓN DE LOS SACERDOTES EN PONTEVEDRA
Celebración de la Santa Misa y Adoración del Santísimo Sacramento. Publicamos a continuación la homilía de Don Manuel Folgar y el reportaje fotográfico.

"Adorad a Dios todos sus ángeles" son las palabras con las que comienza el Introito de la Santa Misa en este tercer domingo después de Epifanía. De esta forma la Iglesia nos invita y exhorta también a nosotros a excitar en nuestro corazón sentimientos de verdadera adoración hacia Dios, dador de todos los bienes materiales y espirituales que poseemos.



Al participar en la Santa Misa la primera disposición que nos debe embargar es precisamente el deseo de adorar a Dios al reconocer su inmensidad y nuestra pequeñez; su majestad infinita y nuestra pobreza; su santidad y nuestra pobre condición de pecadores. Dios es el "tres veces Santo".

La adoración a Dios es el fruto que germina en un corazón verdaderamente humilde, consciente y sabedor de su nada, que reconoce a Dios como el supremo bien y la fuente de su propia existencia: "en Dios somos, nos movemos y existimos" y "fuera de Dios no existe nada de cuanto fue hecho".



Ciertamente, cada vez que participamos en la Santa Misa, nos unimos a los ángeles que adoran a Dios constantemente en su presencia. Nos unimos también a los santos, adoradores de Dios en la Jerusalén del Cielo, nuestra patria verdadera; del mismo modo también desde la Iglesia purgante suben permanentemente actos de adoración a la Suprema Majestad de Dios.

Pero, sobre todo, en la Santa Misa nos unimos a Nuestro Señor Jesucristo y a la Santísima Virgen que desde el Altar de la Cruz ofrecen y tributan al Padre la suprema adoración en nombre de todos los redimidos.



Igual que la Virgen Santísima vivió en perfecta unión con su Hijo, así también nosotros hemos de hacer nuestros los sentimientos y actos de adoración de Nuestro Redentor, uniéndonos íntimamente a Él por las manos maternales de la Virgen Corredentora.

Jesucristo es el perfecto adorador del Padre y en Él hemos de encontrar la inspiración y el modelo para llegar a ser también nosotros por Él, con Él y en Él adoradores "en espíritu y verdad".



La adoración de Jesús al Padre se perpetúa en la renovación del Santo Sacrifico de la Misa, pues cada vez que en la Iglesia se renueva este Santo Sacrificio "anunciamos la muerte del Señor y proclamamos su Resurrección hasta que Él vuelva".

La Iglesia aparece así ante el mundo como el Cuerpo Místico de Cristo. Un Cuerpo en el que todos sus miembros, desde su cabeza -Cristo-, hasta los más sencillos y humildes, forman un cuerpo de adoradores "en espíritu y en verdad". Un cuerpo que tributa a la Trinidad Santísima el culto de adoración, la alabanza y la glorificación que le es debida.



La adoración habrá de ser el fruto de nuestro amor verdadero y de nuestro reconocimiento sincero al Señor, de quien es el Reino, el poder y la gloria por siempre.
La adoración habrá de ser también el fruto de nuestro amor sincero a los hermanos y a todos los hombres, pidiendo perdón por todos los que no creen, no adoran, no esperan y no aman al Señor.Amén.

Fonte:Fraternidad Cristo Sacerdote e Santa Maria Reina