Don Divo Barsotti

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segunda-feira, 20 de agosto de 2012

San Pío X: “La participación activa en los Sagrados Misterios, es la fuente primaria e indispensable del verdadero espíritu cristiano.”

 

Acerca del Santo Sacrificio de la Misa

Tomado de catolicidad-catolicidad.blogspot.com.ar

No deberíamos olvidar las palabras del gran Papa, San Pío X:

“La participación activa en los Sagrados Misterios, es la fuente primaria e indispensable del verdadero espíritu cristiano.” Es necesario que cada cristiano cumpla su deber bautismal, por una participación inteligente y devota en la fuente primaria de la gracia, que es la Santa Misa.
Nadie puede ofrecer un método mejor para asistir a la Santa Misa que el uso adecuado del Misal, como nos lo propone la Santa Iglesia. ¿Qué método más práctico para oír y revivir las verdades y hechos de la vida de Cristo? La Santa Misa no es la oración privada del Sacerdote, sino la oración pública de la Iglesia.
La liturgia Católica nos viene desde tiempos apostólicos por Tradición, que con el Magisterio de los Pontífices y la Sagrada Biblia, ambos indisolublemente unidos, son los fundamentos de la Santa Madre Iglesia. Así, la misa Tridentina o Tradicional que tiene sus raíces en los apóstoles fue codificada y establecida a perpetuidad por el Papa San Pío V en el año 1570 con la Bula Quo primum tempore y como afirma el Papa Benedicto XVI en su Motu Proprio Summorum Pontificum: nunca fue abrogada ni prohibida.
Los fines que directamente se refieran a Dios, como son la adoración o alabanza, y la acción de gracias, se producen siempre infalible y plenamente con su infinito valor. Cada vez que se celebra el Sacrificio de la Misa se alaba sin límites a Dios Nuestro Señor y se ofrece una acción de gracias que satisface plenamente a su Divina Majestad. Esta oblación, dice Santo Tomás, agrada a Dios más de lo que le ofenden todos los pecados del mundo, pues Cristo mismo es el Sacerdote principal de cada Misa y también la Víctima que se ofrece en todas ellas. Afirmó San Lorenzo: “Más aprovecha para la remisión de la culpa, el oír una Misa que todas las oraciones del mundo.”
Sin embargo, los otros dos fines del Sacrificio de la Misa (propiciación y petición), que revierten en favor de las almas, no siempre alcanzan de hecho la plenitud que de suyo podrían conseguir debido a la negligente manera de seguir la Misa, la cual hic et nunc, aquí y ahora, aplica en las almas que asisten con devoción los méritos logrados por Jesús en el Sacrificio del Calvario. El sacrificio es el mismo, solo los asistentes son distintos. Pero no todos asistían con buenas disposiciones. La Virgen María, San Juan y la Magdalena son los modelos que debemos seguir para asistir correctamente a la Santa Misa y de ese modo recibir las gracias que necesitamos tanto y ofrecerle a Dios el único sacrificio agradable por el cual fuimos perdonados: el de Cristo en la Cruz perpetuado en la Santa Misa. Dice San Jerónimo: “La celebración de la Misa vale tanto cuanto vale la muerte de Cristo en la cruz.”
Dice la Imitación de Cristo con San Gregorio: “Por las Misas que se celebran en la Iglesia, se convierten los infieles a la Fe; las almas, de las penas del Purgatorio vuelan al cielo, y los justos se afirman más en la gracia de Dios.” Es la piedra angular sobre la que se edifica la Iglesia. El punto en que convergen la Iglesia Triunfante, la Iglesia Purgante y la Militante. Gracias a la Santa Misa podemos ejercer la misericordia con las almas del Purgatorio. San Jerónimo dice que las almas que están en la penas del purgatorio, por las cuales el sacerdote ora y ruega en la Santa Misa, no padecen ningún tormento mientras se celebra la Santa Misa por ellas. El mismo Santo dijo que por cualquier Misa con devoción celebrada y oída salen muchísimas almas de las penas del Purgatorio, y a las otras que quedan en él les disminuyen las muchas penas que allí padecen.
ENORMES GRACIAS Y BENEFICIOS

Concluyendo, dice el Doctor Angélico, Santo Tomás de Aquino, que los efectos que causa el santo Sacrificio de la Misa y el oírla, son los siguientes:

-Resiste a los malos pensamientos.
-Destruye los pecados (nos ayuda a evitarlos).
-Mitiga el aguijón de la carne.
-Da fuerzas al alma para batallar contra los enemigos.
-Perdona los pecados veniales.
-Purifica, limpia y purga el corazón.
-Alienta a obrar bien.
-Aumenta la castidad.
-Acrecienta el fervor de la caridad.
-Da fuerzas para sufrir las cosas adversas
-Llena el alma de todas las virtudes.

Y, en fin, por decirlo de una vez, cuantos frutos, gracias, privilegios y dones recibimos de la mano del Altísimo, todos son por la sagrada muerte y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, la cual se perpetúa en el Sacrificio de la Misa.
La virtud de justicia es aquella según la cual se debe dar a cada quién lo que se le debe. Es por eso que la virtud de religión nos inclina a otorgarle a Dios el culto que le debemos. De ahí que es una obligación grave asistir a Misa los domingos y fiestas de guardar, pecan mortalmente quienes, al no asistir, cometen tal injusticia. En el decálogo es el tercer mandamiento y de los preceptos de la Iglesia el primero. No es suficiente ser creyentes sin ser practicantes porque “si no vivimos como pensamos, terminamos pensando como vivimos”.