Don Divo Barsotti

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sexta-feira, 25 de novembro de 2011

MISA MENSUAL EN HONOR AL SANTO PADRE PIO DE PIETRELCINA

*El día 23 de cada mes se celebra en la Iglesia del Salvador de Toledo, Comunidad de Hermanos de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina, la Santa Misa -Uso extraordinario- en honor del Santo Padre Pío de Pietrelcina. Al final de la misma se da a besar a los fieles la reliquia del Santo.






*Ofrecemos la Homilía pronunciada en la Santa Misa:
Tomando como referencia una de las cartas que el Padre Pío envía a una de sus hijas espirituales y dirigida suya, Raffaelina Cerase, encontramos que el Padre le escribe hablándole acerca del ángel de la Guarda.
Por un lado hemos de recordar que al Padre Pío le unía una dulce intimidad y una estrecha colaboración con su Ángel de la Guarda, habiéndole visto en muchas ocasiones desde su misma infancia.
Y por otro lado, en lo que se refiere a nosotros, podemos constatar cómo tristemente desconocemos muchas cosas importantes de la vida espiritual porque vivimos despreocupados de la misma, sin prestarle toda la atención que debiéramos.
En este orden de cosas, quizás olvidamos y no tenemos suficientemente presente, que el Señor nos ha concedido para nuestra travesía por esta vida la asistencia de un ángel Guardián y Custodio, con el fin de que éste nos acompañe, nos defienda del Maligno enemigo, nos alerte de los peligros y nos oriente por la senda que lleva a la salvación.
Tristemente, está ahí el riesgo y la tentación de pensar que el Santo ángel de la Guarda es una cosa de niños, cuando en realidad es siendo adultos cuando más lo necesitamos. De nuestra intimidad y colaboración con él depende en gran medida el éxito de nuestra salvación eterna.
Hablando del Ángel de la Guarda el Santo Padre Pío nos recuerda que “este buen ángel ruega por nosotros, ofrece a Dios todas las buenas obras que realizamos así como nuestros deseos santos y puros”. En consecuencia, ¿no hemos de mostrarnos nosotros agradecidos a quién tanto se preocupa por nosotros? ¿No hemos de fomentar nuestra unión espiritual con este compañero invisible que vela por nosotros cada segundo de nuestra vida?
Todos tenemos la experiencia de pasar por momentos de dolor y de sufrimiento, también de soledad y amargura. Este sentimiento de en ocasiones sentirnos solos y abandonados, es siempre aprovechado por el Maligno para pretender hacernos perder la esperanza, para hacer rebosar nuestra alma de amargura. ¡Hemos de tener mucho cuidado con este tipo de tentaciones! Hoy en día es este sentimiento uno de los más frecuentemente utilizados por el Mal para atacar a las personas, y como muestra de ello tenemos el alto índice de enfermedades depresivas, enfermedades de carácter nervioso, el alto índice de suicidios –que curiosamente es más alto entre los adolescentes y los jóvenes-. El sentimiento de soledad y abandono es característico de nuestra época.
El Santo Padre Pío nos dice que en las horas en que nos parezca esta solos y abandonados, no nos lamentemos por no tener un alma amiga, a la que podamos abrirnos y confiarle nuestros dolores. ¡No olvidemos a ese compañero invisible, nuestro Santo Ángel Custodio! Nuestro ángel de la Guarda siempre está presente para escucharnos y siempre está dispuesto para consolarnos.
Y a continuación el Padre se expresa en estos términos: “¡Oh, deliciosa intimidad!, ¡oh, dichosa compañía! ¡Oh, si todos los hombres sin excepción supieran comprender y apreciar este gran don de Dios, quien, en el exceso de su amor por el hombre, nos asignó este espíritu celestial!”
Quiere el Padre Pío que recordemos a menudo la presencia de nuestro Ángel Custodio: “es necesario contemplarlo con los ojos del alma, darle gracias y suplicarle”. El Santo ángel es delicado y sensible. Debemos respetarlo y amarlo. Y hemos de temer constantemente ofender la pureza de su mirada.
Que esta enseñanza tan sencilla y delicada que nos ofrece San Pío de Pietrelcina, nos sirva para tratar más frecuentemente a nuestro ángel, para amarle más y para con su ayuda y guía vernos libres de los lazos y amenazas del Mal. Que esta verdad de fe nos ayude a disipar los sentimientos de tristeza, de soledad y de abandono, y cuando estos lleguen que el trato con nuestro Custodio nos mantenga en la esperanza y en el ejercicio virtuoso de la paciencia, aguardando que nuevamente brille la luz, saliendo así victoriosos de la prueba.
Que la Virgen Santísima, Regina Angelorum, nos asista siempre con su amor maternal.


P. Manuel María de Jesús