domingo, 7 de novembro de 2021

PADRE ANÍBAL: la oración es eso..., es esa intimidad con él, ese dejarnos mirar por él , ese dejarnos tocar, ese besar sus manos santas, ese mirar a sus ojos, ese escuchar sus silencios, y ese sentir su prueba, a veces dolorosa, hacia nosotros.

 

Es decir, que ...que el fin primero de nuestra vocación es la oración. El servicio que nosotros primeramente damos a la Iglesia lo hacemos desde la oración.

Hemos sido convocados para orar, para adorar, para alabar, para bendecir, para glorificar al Padre, por medio del corazón maternal de la madre escondidos en esa Eucaristía Santa de Cristo.

Así, como por la mañana lo primero que hacemos es precisamente, pues eso, ponernos de rodillas ante esa eucaristía y adorarla y glorificarla, pues, es lo primero en nuestra vida y es lo primero en nuestra vocación, o sea, que quede bien claro, que para nosotros pues...por eso el coro, la oración, debe ser siempre, siempre valorada, renovada, que se quede todo en las manos, no importa, que se te queden las amistades sin escribir, no importa, que se te queden los enfermos sin visitar, no importa, que se te queden las personas sin asistir, no importa...Ahora, que no se te quede un sólo día sin tú orar, sin tú alabar, sin tú bendecir, sin tú glorificar al Padre. Ya Dios se ocupará, si nosotros no llegamos hasta ese lugar…

Lo importante es cumplir con nuestra misión en la Iglesia...de orantes...hombres orantes, humildes, sencillos, espontáneos, pobres, virginales, pequeños, irradiadores de ese misterio de luz, que es la Eucaristía y es la Virgen; portadores de esa energía, de esa fuerza que nos da esa eucaristía.

Y así viviendo con el fin primordial, primero y principal, sustancial..la sustancia, es decir, la sustancia de nuestra vida es eso, la oración; le damos a los hombres un testimonio de que realmente lo que importa en la vida es vivir en ese amor divino. Porque oración...cuando los estudiemos más adelante nos daremos cuenta que la oración es eso..., es esa intimidad con él, ese dejarnos mirar por él , ese dejarnos tocar, ese besar sus manos santas, ese mirar a sus ojos, ese escuchar sus silencios, y ese sentir su prueba, a veces dolorosa, hacia nosotros. Regalar a la