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domingo, 29 de março de 2015

Homilía: Después del Vaticano II las cosas cambiaron por completo .Padre Alfonso Gálvez


Homilía: Después del Vaticano II las cosas cambiaron por completo

Domingo de Ramos
(Mt 26: 36-75, 27: 1-60)
El evangelio cuando se lee con objetividad, corazón limpio y a la luz de la fe nos ayuda a entender los problemas de entonces y de ahora y además nos ofrece solución a los mismos.
Los acontecimientos del Domingo de Ramos tienen la clave y la solución a los hechos que están ocurriendo en la Iglesia de hoy.
Las multitudes, conforme fueron conociendo a Jesucristo, tendían a aclamarlo con alegría y sencillez. El rechazo de Jesucristo siempre ha sido encabezado por unos pocos; entonces los fariseos, ahora, aquellos que detentan el poder y la influencia.
Llama la atención el profundo cambio acontecido en tan poco tiempo. Las aclamaciones del Domingo de Ramos y los gritos de “¡crucifícale!” del Viernes Santo.
Algo similar ocurrió en la Iglesia, en muy pocos años el panorama cambió radicalmente, pasamos de una Iglesia fiel a la Tradición (hasta Pio XII) a una Iglesia “Nueva” . Después del Vaticano II las cosas cambiaron por completo.
Juan XXIII nada más ser proclamado papa dijo que iba abrir las “ventanas del Vaticano”; pero luego fue Pablo VI quien dijo que “el humo de Satanás había entrado en la Iglesia”.
Juan XXIII en su encíclica “Veterum sapientiae” (anterior al Vaticano II) hablaba de los límites que debería guardar el Vaticano II: seguir fiel a la tradición de la Iglesia, mantener las enseñanzas de Sto Tomás de Aquino, seguir con el latín, no hacer reformas litúrgicas…” y además mandó celebrar un sínodo romano para preparar el concilio. Pues bien, la encíclica se acalló, las conclusiones del sínodo se obviaron… Fueron unos teólogos.. alemanes y franceses los que tomaron la iniciativa y llevaron el concilio por un camino totalmente opuesto al que el mismo Juan XXIII había querido.
Igual que en tiempo de Cristo, ahora hay un pequeño grupo de conspiradores que maneja todo el “tinglado”.
Recordemos lo que nos dice San Pablo: “Si alguien viniere exponiéndoos una doctrina distinta, aunque fuera un ángel del cielo, ese tal, que sea anatema”.
Acabada la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén, Él se pone a llorar : “Jerusalén, Jerusalén, no has sabido reconocer el tiempo de tu visitación…” Jesús sabía muy bien porqué lloraba: a los pocos días toda esta alabanza se transformaría en rechazo y vituperio. Este llanto de Jesús también tiene el significado de que los acontecimientos más graves causados por el hombre no se arreglan sino con el sacrificio. “Sin efusión de sangre no ha remisión de los pecados”. Esta idea que nos trae la carta a los Hebreos se quiere hacer desaparecer. Se quiere olvidar lo que nos dijo San Pablo: “Yo predico a Jesucristo, y a éste, crucificado”. Ahora la cruz es un escándalo y se quiere esconder y eliminar. Es por ello que el sentido sacrificial aparece difuminado en la Misa del Novus Ordo.
Pero que nadie se asuste ni se sienta confundido. El Señor nos dice: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no anda en tinieblas”. El evangelio es siempre actual y siempre nos enseña en camino del cielo.
Significado de entrar en Jerusalén montado en un borrico. Comparación con las entradas triunfales de los generales romanos.