sexta-feira, 8 de julho de 2011

EL JUICIO DE MONS. BRUNERO GHERARDINI SOBRE EL DEBATE TEOLÓGICO ENTRE LA TRADICIÓN Y EL CONCILIO VATICANO II


 Una eclesiología que identifica la Iglesia con el cuerpo Místico de Cristo y reconoce en Su presencia sacramental el secreto vital de la existencia y acción eclesiástica, frente a una eclesiología que considera la Iglesia Católica como un componente entre otros de la Iglesia de Cristo, y que, en esta fantasmal Iglesia de Cristo, adormece el espíritu misionero, dialoga pero no evangeliza, y sobre todo renuncia al proselitismo como si se tratara de un pecado mortal.

 

En la edición de Mayo de 2010 de Courrier de Rome (n°333), el profesor Paolo Pasqualucci propone un esclarecedor comentario sobre el estudio de Mons. Brunero Gherardini, que aparecio en la revista teológica Divinitas, bajo el título Quod et tradidi vobis – La tradizione vita e giovinezza della Chiesa (Quod et tradidi vobis. La Tradición, vida y juventud de la Iglesia), estudio reimpreso por Casa Mariana Editrice.

Mons. Gherardini quien es autor de El Vaticano II: Un debate por abrir, el cual apareció en francés anteriormente este año, presenta en Quod et tradidi vobis un muy pertinente análisis del debate teológico entre la Tradición y el Concilio Vaticano II. Aquí el largo extracto que puede encontrarse en Courrier de Rome, que propone una lista de 9 puntos de tropiezo; a la cual hemos añadido los tres parágrafos siguientes, en donde Mons, Gherardini no duda en hacer un juicio personal muy explícito.

“En mi esfuerzo por establecer una síntesis de las posiciones defendidas por el Obispo Lefebvre a favor de la Tradición, y sin pretender tratar exhaustivamente el asunto, me parece que el conflicto se establece como sigue:

1. Una formación sacerdotal que encuentra sus principios en la Tradición eclesiástica y en los valores sobrenaturales de la divina Revelación, confrontando una formación sacerdotal abierta al horizonte fluctuante de una cultura en perpetuo devenir.

2. Una liturgia que ciertamente tiene un fuerte punto en la Misa llamada tradicional, enfrentando una liturgia [la de la Misa Novus Ordo] antropocéntrica y sociológica, en la cual lo colectivo prevalece sobre el valor de lo individual, la oración ignora el aspecto latréutico, la asamblea se convierte en actor principal y Dios cede su lugar al hombre.

3. Una libertad que hace depender su “liberación” en el Decálogo, de los mandamientos de la Iglesia, de las obligaciones del deber de estado, y del deber saber, amar y servir a Dios, frente a una libertad que pone en nivel de igualdad los cultos, pasa en silencio acerca de la ley de Dios, deja libre al individuo y la sociedad en el campo ético y religioso, y deja a la sola conciencia la solución de todos los problemas.

4. Una teología que saca sus contenidos de fuentes específicas (la Revelación, el Magisterio, la Patrística, la Liturgia), frente a una teología que abre sus puertas, día tras día, a las emergencias culturales del momento, incluso a aquellas que claramente contradicen las fuentes recién mencionadas.

5. Una soteriología (nota del editor: el estudio de la obra de la salvación) íntimamente ligada a la persona y a la obra redentora del Verbo Encarnado, a la acción del Espíritu Santo, unida a la aplicación de los méritos del Redentor, a la intervención sacramental de la Iglesia y a la cooperación de los bautizados, frente a una soteriología que considera la unidad del género humano como consecuencia de la encarnación del Verbo, en quien (cf GS 22) cada hombre encuentra su propia identificación.

6. Una eclesiología que identifica la Iglesia con el cuerpo Místico de Cristo y reconoce en Su presencia sacramental el secreto vital de la existencia y acción eclesiástica, frente a una eclesiología que considera la Iglesia Católica como un componente entre otros de la Iglesia de Cristo, y que, en esta fantasmal Iglesia de Cristo, adormece el espíritu misionero, dialoga pero no evangeliza, y sobre todo renuncia al proselitismo como si se tratara de un pecado mortal.

7. Un Misa-Sacrificio expiatorio, que celebra los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, representando sacramentalmente la redención satisfactoria, frente a una Misa en la cual el sacerdote es sólo un presidente y cada uno toma una parte “activa” en el sacramento, gracias al hecho de que la Fe no se funda ya en Dios que se revela, sino que es una respuesta existencial hecha a Dios que nos interpela.

8. Un Magisterio conciente de tener el cargo de guardar el sagrado depósito de la Revelación divina con el deber de interpretar y transmitirlo a las futuras generaciones, frente a un Magisterio papal que, lejos de sentirse ser la voz de la Iglesia enseñante, sujeta a la Iglesia misma al colegio de obispos, dotado con los mismos derechos y deberes del Romano Pontífice.

9. Una religiosidad que realiza la vocación común al servicio de Dios y, por amor a El, de los hermanos en la humanidad, frente a una religiosidad que revierte este órden natural, hace del hombre el centro y, por lo menos en la práctica si no en la teoría, sustituye a Dios .

“De cuanto precede, uno puede fácilmente deducir cómo la Fraternidad de San Pío X entiende la Tradición. En efecto, la Tradición es todo lo contrario de aquello que la Fraternidad niega y a lo que se opone. Directamente o entre líneas, la Fraternidad rehusa las innovaciones de los documentos del Concilio y sus aplicaciones postconciliares, y se opone al salvaje uso que ha sido tan casualmente hecho de ellos.

“Es cierto que en los escritos de la Fraternidad de San Pío X el concepto de Tradición no es a menudo explicado, y no lo encontramos sistemáticamente desarrollado. Pero lo que se entiende, tal como se conjetura, nunca permanece en la sombra. En la base de todo está “la fe de siempre” para cuya salvaguardia nació la Fraternidad. ‘Salvaguardia’ indica una oposición a una cosa presente o posible, a favor de su contrario o de su reemplazo. La “fe de siempre” es el valor que Mons. Lefebvre quizo salvaguardar, un valor que está siendo reemplazado por todos los atenuantes, reinterpretaciones, reducciones y negaciones de los tiempos conciliares y postconciliares. Esta “fe de siempre” es el eco fuerte y claro de la enseñanza agustiniana resumida en las palabras de San Vicente de Lerins: : “Quod semper, quod ubique, quod ab omnibus creditum est” (San Vicente de Lerins, Commonitorium, c. 23). La institución misma de la Fraternidad, junto con su finalidad primera que es la formación sacerdotal, obedece a este ideal y al compromiso por salvaguardarlo. Salvaguardar la fe y combatir el error.

“No entro en los detalles de las relaciones y de las dificultades entre la Santa Sede y la Fraternidad de san Pío X. Me quedo en el tema común de la Tradición y observo que “salvaguardar la fe y combatir el error” debería ser el ideal y el compromiso tanto de la Iglesia como de sus hijos. A la luz de ello, es difícil para mi entender cómo el reproche de una “incompleta y contradictoria Tradición” formulada por Juan Pablo II en 1982 (Motu Proprio Ecclesia Dei, 2 de Julio de 1988), podría tener un fundamento real. Lo que yo entiendo es que él no tiene nada que ver con el «espíritu de Asís»” (Mons. Gherardini, Quod et tradidi vobis – La tradizione vita e giovinezza della Chiesa, Ed. Casa Mariana Editrice, pp. 241-244).

Fuente: DICI n°218, 10, Julio, 2010 
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