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sábado, 30 de janeiro de 2016

Entre los años 1945 y 1959 se aparece nuestra Madre a Ida Peerdemann en Amsterdam (Holanda). Se presenta como “Señora de Todos los Pueblos” y habla de un nuevo dogma mariano: María corredentora, mediadora y abogada de todas las gracias. Pide mucha oración, penitencia y conversión.

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Entre los años 1945 y 1959 se aparece nuestra Madre a Ida Peerdemann en Amsterdam (Holanda). Se presenta como “Señora de Todos los Pueblos” y habla de un nuevo dogma mariano: María corredentora, mediadora y abogada de todas las gracias. Pide mucha oración, penitencia y conversión.

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Las apariciones tuvieron lugar en su propia casa y fue testigo su director espiritual, el dominico Padre Frehe. La primera aparición fue el 25 de marzo de 1945. María le mostró el rosario y le invitó a rezarlo sin descanso.

Fueron 56 apariciones, en la última de ellas el 31-5-1959, la Virgen le mostró el globo terrestre, en el que se presentaban numerosos rostros humanos de todas las razas. La aparición concluyó con una visión de la hostia consagrada que irradiaba una gran luz, mientras una voz decía: “El que me come y bebe, consigue la vida eterna”. La vidente tenía experiencias eucarísticas, cuando comulgaba.
El obispo de Haarlem el 31 de mayo de 1996 autorizó el culto a Nuestra Señora de Todos los Pueblos. Y el 31 de mayo del 2002 el Obispo J.M. Punt calificó las apariciones de sobrenaturales:
“…he consultado algunos teólogos y psicólogos con relación a los resultados de investigaciones y a las preguntas y objeciones que suscitaban. Sus consejos apuntan a que no existen impedimentos fundamentales de carácter teológico o psicológico para declarar el origen sobrenatural de las apariciones. Además, he pedido el consejo de varios colegas obispos, en cuyas diócesis existe una fuerte devoción a María como Señora y Madre de todos los Pueblos, en cuanto a los frutos y el desarrollo de la misma.
Observando así todos estos consejos, testimonios y acontecimientos, y bajo profunda oración y reflexión teológica, he llegado a la conclusión de que las apariciones de Amsterdam son de origen sobrenatural.”
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LA PRIMERA APARICIÓN

Todavía no había terminado la Segunda Guerra Mundial, cuando el 25 de marzo de 1945 empezaron las grandes apariciones marianas de Amsterdam.
Ese día la Iglesia celebra la fiesta de la Anunciación, el hecho más importante de la historia del hombre: Dios asumió en Jesucristo la naturaleza humana para redimirnos del pecado y de la muerte. En silencio y ocultamente empieza la obra de la redención en el seno bendito de la Inmaculada, quien un día será llamada la Corredentora. Sin duda, no es casualidad, que María Santísima haya escogido precisamente esa fiesta para manifestarse como ‘Señora y Madre’, pues en la historia de la salvación los mensajes de Amsterdam son de importancia universal para la Iglesia y el mundo.
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Así cuenta Ida lo que pasó: “Era el 25 de marzo de 1945, fiesta de la Anunciación. Mis hermanas y yo estábamos sentadas alrededor de la calefacción conversando. Era tiempo de guerra y era un invierno de hambre. El Padre Frehe se encontraba ese día en la ciudad y vino a visitarnos”. (Durante 50 años, desde 1917 a 1967, el Padre J. Frehe, o.p., fue el director espiritual y confesor de Ida).
“Ya se sabe lo que pasa: Se discute de la guerra y de todo lo que habíamos pasado. Durante la semana habían habido de nuevo redadas y cosas parecidas. Teníamos mucho que contar. Estábamos discutiendo animadamente cuando, de pronto, todavía no sé cómo, fui atraída al otro cuarto. Miré y de repente vi llegar una luz. Pensé: ¿de dónde viene, y qué luz tan extraña es ésta? Me levanté y tuve que dirigirme hacia aquella luz.
La luz, que resplandecía en un rincón del cuarto, se acercó. La pared desapareció de mi vista junto con todo lo que había en la habitación. Era un mar de luz y un vacío profundo. No era luz del sol, ni tampoco eléctrica. No sabía explicarme qué clase de luz era. Era sin embargo un vacío profundo. De ese vacío vi de pronto brotar una figura femenina. No sé explicarlo de otra forma. Vestía un hábito blanco, largo, con un cinturón. Estaba de pie con los brazos abiertos, con las palmas de las manos abiertas hacia mí. Mientras la observaba tuve un extraño sentimiento. Me dije: ‘¿Quién será?’. Y hasta ahora no entiendo cómo me atreví a pensar: ‘Tiene que ser la Virgen, no puede ser otra’.
Mientras tanto oía decir a mis hermanas y al Padre Frehe: ‘¿Pero qué te pasa?’ y ‘¿qué haces?’, pero no podía contestar porque estaba demasiado cautivada de la figura.
De repente la figura empezó a hablarme. Dijo: ‘¡Repite lo que te digo!’. Empecé a repetir cada una de sus palabras. Hablaba muy lentamente.
Mis hermanas y el Padre Frehe se estrechaban a mi alrededor. Oí que el Padre Frehe decía: ‘¿Pero qué hace? Ahora se vuelve también una santa’.
Cuando empecé a hablar, dijo a mi hermana Truus: ‘¡Enseguida, escribe lo que está diciendo!’
Mi hermana no tenía ganas, le parecía una tontería. Pero el Padre Frehe repitió: ‘¡Escribe!’.
Después que había repetido algunas frases, le oí decir al Padre Frehe: ‘Oye, pregúntale quién es’.
Entonces le pregunté: ‘¿Es usted María?’. La figura contestó sonriendo:‘Me llamarán la Señora, la Madre’.
Al decir ‘la Señora’ inclinó un poco la cabeza hacia mí, y repitió: ‘Me llamarán la Señora, la Madre’.
Oí que el Padre Frehe decía: ‘¿La Señora? ¿Nunca he oído decir la Señora?’.
Tanto él como mi hermana, que estaba escribiendo todo, soltaron una carcajada. Me molestó y pensé: ‘Si pudieran ver sólo lo que yo veo, no se reirían tanto’.
El caso es que no podía enfadarme con ellos, ya que no podían ver lo que yo estaba viendo en ese momento. Después de haberme hablado, la figura se fue alejando muy despacio. Sólo luego desapareció también la luz y volví a ver todo lo que estaba en la habitación, como siempre había estado.
Naturalmente, el Padre Frehe empezó a preguntar:‘¿Pero qué era realmente?’.
Le contesté: ‘Yo tampoco lo sé, pienso que era María’.
‘¡Ah!’, dijo, pero no añadió ningún comentario”. (El Padre Brouwer, de la Congregación de los Asuncionistas, ha recogido y grabado este relato directamente de la boca de la vidente).
En esta primera aparición, fue colocada una cruz delante de Ida. Ella dice: “La recojo muy despacio. Es pesada”. Con esa pesada cruz, Ida aceptaba su vocación de ser la portadora de los mensajes de Amsterdam.

IDA Y LOS MENSAJES

“Tú eres el instrumento. La Señora se encarga de todo”.
En su infancia y en su juventud, Ida había sido preparada para su especialísima vocación. Más adelante, como fue para todos los profetas, también ella, una simple empleada, a sus cuarenta años se le confía de repente e inesperadamente una tarea de gran responsabilidad. Durante 15 años, hasta el 31 de mayo de 1959, recibió 56 mensajes de la Virgen. Y sucesivamente, hasta los años 80, el Señor le concedió las así llamadas ‘Experiencias Eucarísticas’.
En Amsterdam, al contrario de lo que pasa en tantos lugares de apariciones, todo sigue en el silencio y oculto. “Yo vine en toda calma”, dijo la Señora el 31 de mayo de 1958.
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Ida recibió la mayor parte de los mensajes en su casa. Su hermana Truus (Gertrudis), maestra, puso por escrito lo que Ida decía, palabra por palabra, repitiendo lo que decía la Señora. Esto fue fácil, porque la Señora hablaba lentamente y hacía largas pausas antes de mostrar a la vidente una nueva escena o confiarle un nuevo pensamiento. Más tarde, cuando le parece necesario, Ida añade al texto comentarios personales.
Sobre todo en los primeros años el significado de los mensajes es hermético, apocalíptico y simbólico. Como los grandes profetas del Antiguo Testamento, la vidente de Amsterdam es una mujer del pueblo, carente de una formación teológica; a menudo no entiende casi nada de lo que ve.
Palabras como ‘Paráclito’, ‘meteorito’ o ‘ruah’ son para ella desconocidas y le cuesta bastante referir los acontecimientos misteriosos a los que asiste en las visiones.
Sin embargo es consolada por la Virgen:“Di a tu director espiritual que el Señor siempre escoge lo débil para sus planes grandiosos. Que esté tranquilo” (4.04.1954).
“Te repito: El Hijo busca siempre lo pequeño y lo sencillo para su Obra”(15.04.1951).
Pero también le dice: Tú tienes una gran misión que cumplir”(15.06.1952).
“Tú eres el instrumento”, le dice a menudo la Virgen, y añade: “Por medio de este instrumento en un pequeño país que está al borde del precipicio, la Señora de todos los Pueblos dará cada año sus amonestaciones y su consuelo” (31.05.1954).

“¡NO VACILES! ¡YO TAMPOCO HE VACILADO NUNCA!”

Como una sabia y amorosa educadora, la Virgen durante las visiones recomienda a su discípula: “¡Escucha atentamente!”, “¡Fíjate bien!”, “¡Lee!”, “¡Recuérdalo bien!”, “¡Dáte cuenta!”, “¡Cuéntalo!”, “¡Divúlgalo!”…
Ida tiene que ser obediente mensajera de lo que la Señora de todos los Pueblos urgentemente quiere comunicar al Papa, al obispo de Haarlem-Ámsterdam, a la Iglesia, a los teólogos, al mundo y a todos los pueblos, para que se realice una renovación en el Espíritu Santo. Como es lógico, la vidente se siente a menudo incapaz y débil para esta difícil misión.
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Tantas veces le pregunta con temor a la Señora: “¿Me creerán?”. La Virgen la tranquiliza y le da valor, animando así también a su director espiritual: “¡No vaciles! ¡Yo tampoco he vacilado nunca!” (15.08.1951).“Pero no tengas tanto miedo. ¿Por qué tendrías que tener miedo de la causa del Hijo?” (28.03.1951).
“Sólo te pido que hagas lo que te digo. Más no se te pide… ¿Puedes acaso calcular el gran valor que esto puede tener?” (4.03.1951). “Tú dices que sólo puedes ofrecerme las manos vacías. La Señora sólo te pide que transmitas estos mensajes a los que los necesitan. El resto lo hará la Señora” (5.10.1952).
Pero a veces para la vidente resulta penoso cumplir fielmente las tareas que le son dadas, tanto que se resiste y manifiesta su fastidio. Por ejemplo cuando la Señora le manda: “Ve donde el Santo Padre y dile que yo he dicho: Ha llegado el tiempo en que el dogma puede ser proclamado. Yo regresaré en privado, para la Iglesia y los sacerdotes, en el tiempo que el Señor determine. Di que el celibato está corriendo peligro desde adentro”. Moví la cabeza, como diciendo que no me atrevía a decirlo, y la Señora dijo disgustándose un poco: “¡Te ordeno que lo digas!”, a lo cual Ida asiente con un gesto (31.05.1957).

UNIÓN DE DOLOR CON LA CORREDENTORA

Lo que la vidente contempla y de lo cual participa en los mensajes de la Corredentora cambia profundamente su existencia. En efecto, le pide: “¡Haz de tu vida una ofrenda! ¡Deja que vengan los hombres con todas sus necesidades espirituales y materiales! ¡La Señora está aquí!” (4.04.1954).“Pidan todos a la Señora de todos los Pueblos. Y tú, hija, ven ante esta imagen y pide cuanto más puedas” (19.03.1952).
Durante decenios, en sus esfuerzos sinceros por vivir según los deseos de la Señora, Ida se convierte en la madre espiritual de muchos. María se lo confirma con estas impresionantes palabras: “Y tú, Hija, en tu regazo pongo a todos los hijos de los hombres” (1.04.1951). Por eso, también, la vidente siente en ella muchas veces, místicamente, el estado de toda la humanidad.
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Así, por ejemplo, en el quinto mensaje cuenta: “Después me lleva ante una gran cruz. ‘Tómala. Él la llevó antes que tú’, dice la Señora. Yo rehúso y siento como si todos los hombres de todo el mundo hicieran lo mismo y volvieran la espalda a la Cruz” (7.10.1945).
A menudo Ida experimentaba con dolores místicos lo que la Señora de todos los Pueblos ha sufrido espiritual y físicamente como Corredentora por la salvación de los pueblos. “La veo retorcerse y empieza a llorar. Su rostro expresa un dolor indescriptible y las lágrimas corren por sus mejillas.
Entonces la Señora dice: Es ‘Hija mía’. como si Ella me comunicara ese dolor. De repente es como si me desplomara. Le digo a la Señora: ‘¡Ya no puedo más!’. Esto dura un momento y luego todo termina” (15.04.1951).

LA PRUEBA DE LA AUTENTICIDAD ESTÁ EN LAS PALABRAS DE LA SEÑORA

Cuando Ida pide, sobre todo para los demás, un signo de autenticidad, la Señora responde que las pruebas de la autenticidad están contenidas en los mensajes mismos: “Los signos están contenidos en mis palabras”(31.05.1955 / 31.05.1957). “Saldrá a la luz con el transcurso de los años”(3.12.1949).
María quiere demostrar la autenticidad de los mensajes, no con milagros de curaciones o conversiones, sino ante todo con el cumplimiento de hechos predichos abiertamente o en forma misteriosa por Ella.
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Efectivamente, en el curso de los años, muchos de los mensajes de Amsterdam se han cumplido literalmente. Uno tras otro se han realizado exactamente como Ida los había visto en sus visiones. Estas pruebas son tanto más fuertes y convincentes, en cuanto que los eventos anunciados excluían por completo cualquier posibilidad de ser influenciados por la vidente.
Hasta su muerte, Ida siguió con gran interés por radio y televisión las noticias de actualidad de la Iglesia y del mundo, como confirmación de los mensajes.
Dios ha dado la prueba más fuerte de la autenticidad de los mensajes con la predicción del día en que el Papa Pío XII había de ser llamado a la eternidad.
Sólo Dios, ‘el Dueño de la vida y de la muerte’, puede saber ese día.
Los signos de autenticidad que llegan incluso a revelaciones sobre la vida de un Papa santo ¿Acaso no bastan para demostrar la importancia de los mensajes de Amsterdam para la Iglesia universal?
En la noche del 18 al 19 de febrero de 1958 (miércoles de ceniza), Ida recibe ese mensaje que más que todos demuestra la autenticidad de las revelaciones de Amsterdam.
Así describe Ida tal experiencia: “Esta noche me he despertado de sobresalto porque me he sentido llamar. Eran las tres en punto. He visto de nuevo la luz y oído la voz de la Señora que ha dicho:
‘Aquí estoy de nuevo. La paz del Señor Jesucristo sea contigo. (…) Te voy a comunicar algo, que no podrás decirle a nadie, ni siquiera al sacristán* o a tu director espiritual. Cuando se haya realizado, podrás decirles que la Señora te lo había dicho hoy.’
*El sacristán, vicario general de la Ciudad del Vaticano, era entonces el obispo agustino holandés Mons. Pedro Canisio J. van Lierde, obispo titular de Porfireone. Ocupando ese cargo desde el 13.01.1951 al 14.01.1991 ha estado al servicio de cinco Papas. Murió el 13.03.1995 en Bélgica a la edad de 87 años.
Se trata de lo siguiente, escucha: Este Santo Padre, el Papa Pío XII, será llevado con los nuestros a principios de octubre de este año. La Señora de todos los Pueblos, la Corredentora, Medianera y Abogada, lo llevará al gozo eterno’.
Yo me asusté oyendo este comunicado y ni siquiera me atrevía a creerlo. La Señora dijo: ‘¡No te asustes, hija! Su sucesor proclamará el dogma’. Le di las gracias a la Señora y Ella dijo muy solemnemente: ‘Amén’ ”(18/19.02.1958).
La mañana siguiente, miércoles de ceniza, la vidente llama por teléfono a su director espiritual y le informa que la Señora le ha dado un mensaje del cual no debe hablar con nadie. Providencialmente el Padre Frehe la invita a que escriba todo: “Debes prometerme que lo vas a hacer enseguida y que inmediatamente me vas a traer el escrito, hoy mismo, de lo contrario no tiene valor alguno. Fíjate bien. Si quieres, puedes sellar la carta. Basta que la reciba hoy mismo, si es posible cuanto antes”.
Ida obedece, escribe a máquina el mensaje de la Señora, haciendo una copia para ella, mete el original en un sobre, que sella y lleva ese mismo día a su director espiritual, el cual deposita el sobre sellado en un cajón de su escritorio, donde bien pronto queda olvidado. Pero para la vidente siguen penosos meses de silenciosa y confiada espera del cumplimiento de la predicción de la Virgen.
Recordando todo ello, a propósito de ese doloroso período, el 24 de noviembre de 1958Ida escribe a su obispo Mons. Huibers: “Me volvía siempre a la mente lo que la Señora me había dicho que dijera al Santo Padre. Lo peor fue en los días en que el Santo Padre estaba a punto de morir. Personas que me conocían me llamaban por teléfono y para consolarme solían decirme: ‘Pero el Santo Padre no morirá, no es posible’. Y así otras cosas. Le repito, Monseñor, éste ha sido el período más duro… La mañana del 9 de octubre estaba sentada oyendo la radio, que dio la noticia de la muerte del Santo Padre. Se me salió una exclamación: ‘¡Gracias a Dios!’. No ha sido bello de mi parte, pero Él me perdonará, porque también le había dicho a la Señora que no nos había dejado plantados con su predicción y que no había perjudicado a la causa del Señor…”.
Tras la noticia, Ida se apresuró a ir inmediatamente donde su director espiritual y le preguntó por el sobre sellado. El Padre Frehe no se acordaba donde lo había puesto, pero por fin lo encontró. Ida le dijo que no lo abriera y le entregó la copia del mensaje que había escrito el miércoles de ceniza. Grande fue el asombro del Padre Frehe, que envió el sobre intacto a Roma, a disposición de las autoridades competentes, como prueba convincente de la autenticidad de los mensajes.
Fuentes: