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domingo, 16 de março de 2014

Escrito por Padre Alfonso Gálvez : La Gran Apostasía . El Drama del Catolicismo Postconciliar. Padre Alfonso Gálvez : The Drama of Post-Conciliar Catholicism



La Gran Apostasía Imprimir  
Escrito por Padre Alfonso Gálvez
Viernes, 31 de Julio de 2009 05:32
Todo parece indicar que los males que sufre la Iglesia en la actualidad proceden del hecho de que se encuentra asustada ante el mundo moderno. Un mal que se deriva a su vez de otro más hondo: la crisis de fe, que ha producido también un enfriamiento de la caridad.

Es razonable pensar, a la vista de los hechos, que ha habido, por parte de la Iglesia, una sobrevaloración del mundo de la técnica, del poder de las ideologías y de la fuerza de los sistemas totalitarios. Paralelamente a eso, y como consecuencia, la Iglesia ha cometido la simpleza de infravalorar sus propios tesoros: una vez perdida la fe en el contenido sobrenatural de su Mensaje de salvación, se esfuerza ahora en ir a la zaga del Mundo mendigándole comprensión. Y no es que vayamos a despreciar la fuerza del Sistema; lejos de nosotros tal cosa. Podemos estar de acuerdo con lo que dice Revel[1] acerca de que la mentira se ha adueñado del mundo porque el Sistema la necesita para sobrevivir. Pero la Iglesia no tenía que haberse asustado ni dejado influir por los poderes que posee el Reino de la Mentira. Por el contrario, tenía el deber de haber seguido creyendo en sus propios valores sobrenaturales porque, en definitiva, el bien acabará prevaleciendo sobre el mal, y Ella lo sabe. Pero, como hemos dicho, el enfriamiento del amor conduce indefectiblemente a la mentira. No en el sentido de que la Iglesia se haya hecho mentirosa - no podría hacerlo -, sino en el de que muchos de sus hijos, o bien han consentido en alejarse de la verdad, o bien la han silenciado o disimulado por cobardía, permitiendo la propagación del error. Y aquí hay que incluir también (y sobre todo) a muchos Pastores, por más que haya que decirlo con tristeza.

Si ya es difícil comprender a los abiertamente mentirosos, quizá sea aún más duro hacerse cargo de los simplemente cobardes. Algunos de estos últimos, sin duda que con la mejor intención, han adoptado la actitud de abstenerse de denunciar el error, por temor, según dicen ellos mismos, de que las cosas empeoren más. Sostienen que es mucho más positivo y práctico dar doctrina, pues así es como la verdad se impondrá por sí misma. Tal vez sea eso cierto, aunque es para dudarlo. La mentira tiene tal fuerza de penetración, en el actual estado de la naturaleza humana, que es necesario denunciarla y atajarla. El buen pastor tiene el deber, no sólo de conducir a las ovejas a los buenos pastos, sino también de guardarlas del lobo. Al menos así parece pensarlo el Nuevo Testamento, y por eso está lleno de avisos a los Pastores para que guarden a sus ovejas y las mantengan alejadas del error (pueden leerse, por ejemplo, las Cartas Pastorales de San Pablo y el capítulo diez del Evangelio de San Juan). Con esta doctrina de la comprensión bondadosa las herejías hubieran tenido siempre carta blanca en la Iglesia: ni San Atanasio hubiera acabado con el arrianismo, ni San Agustín con el pelagianismo, ni San Ireneo la hubiera emprendido contra el gnosticismo, ni San Bernardo hubiera puesto al descubierto los errores de Abelardo, ni el Papa San Pío X hubiera cercenado al modernismo. Aunque, a fin de cuentas, todo esto no sea sino hablar por hablar, en cuanto que los modernos cristianos no están dispuestos ni siquiera a comentar el tema.

Hoy está prácticamente aclarado que El Tercer Secreto de Fátima fue manipulado, falsificado y ocultado en cuanto a su verdadero contenido. Pero en realidad se refería a la Gran Apostasía que habría de sufrir la Iglesia hacia los Últimos Tiempos. Pretender que la profecía aludía al atentado que sufrió el Papa Juan Pablo II (Un Obispo vestido de blanco), y revelado el hecho, además, veinte años después de haber sucedido, no solamente parece una broma pesada y de mal gusto, sino que es además un verdadero insulto a la inteligencia del ordinario Pueblo Cristiano.

Y sin embargo, se quiera reconocer o no, nos encontramos en un momento de apostasía generalizada en la Iglesia. Acerca de la cual hay dos cosas absolutamente evidentes:

La primera tiene que ver con el hecho de que, una vez llegado el momento, cuando ya se encuentre próxima la aparición del Hijo de la Perdición para cerrar la Historia, habrá en la Iglesia una apostasía, la cual además será espantosamente general.

Una gran apostasía, por lo tanto. Puesto que así lo dicen claramente los textos. Como por ejemplo San Pablo en la Segunda a los Tesalonicenses, capítulo dos verso tres. Hablando del momento de los últimos Tiempos dice el Apóstol que primero tiene que venir la apostasía. Y en cuanto a que será absolutamente general, lo dice expresamente el mismo Jesucristo: Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?[2]

La segunda se refiere a la presente situación, cuyos síntomas en general se parecen bastante a los descritos en la Escritura como que precederán inmediatamente al Final. La desertización de la Iglesia y la consiguiente paganización de los cristianos, además de la rebelión del Mundo y la persecución contra todo lo que suponga valores cristianos, son cosas que están ahí; se quieran o no se quieran ver. Y además, los hechos verdaderamente importantes y graves suelen tener causas profundas que los motivan, aunque a menudo no se quiera, o no se pueda, hablar de ellas.

Muchos sonreirán y nos acusarán de catastrofistas. La verdad es, sin embargo, que mientras los cristianos discutimos acerca de si llegarán o no llegarán esos momentos, o incluso si ni siquiera admitimos cualquier discusión sobre el tema, quizá podríamos preguntar a Instituciones como la del Grupo de Bilderberg (entiéndase Masonería)[3]. Probablemente nos dirían, pese al secreto en el que se envuelven, que es grande su satisfacción; en cuanto que, a la vista de lo ya conseguido, se encuentran a punto de lograr plenamente sus objetivos a escala mundial.

(Extractado del libro El Amigo Inoportuno, pags. 85 y ss.)


[1] Jean-François Revel, La connaisance inutile, Grasset, París, 1988.
[2] Lc 18:8.
[3] Daniel Estulin, The True Story of the Bilderberg Group, Trine Day LLC, Chicago, Illinois, 2005