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terça-feira, 25 de março de 2014

La Contemplación tiene tres estructuras básicas

La Contemplación tiene tres estructuras básicas:
  • El recogimiento de la conciencia mediante un solo foco, la respiración o una palabra.
  • La atención pura para crear un espacio para la “contemplación del puro Ser” o la “pura atención amorosa”.
  • Caminar, trabajar y hacer cada movimiento de una forma consciente.
La práctica puede llevar a un estado de conciencia, una pura percepción, una presencia que no juzga ni evalúa.

Sentarse en silencio

El recogimiento de la conciencia a través de la respiración

Nada más importa salvo ésta respiración en este preciso instante. Nada es reprimido aunque la atención siempre vuelve a esta única respiración. Sólo este respiro importa ahora. Pensamientos, intenciones, emociones o sentimientos vuelven a surgir. Tomo nota de todos ellos pero me vuelvo a centrar inmediatamente en ésta única respiración.
La respiración no es manipulada, ni forzada, ni provocada. Cada respiro es como es. Debido a la doble atención que prestamos a la respiración, ésta, con el tiempo, puede crecer y llegar a ser más profunda y amplia.

El recogimiento de la conciencia a través de una palabra

Willigis Jäger dice, y así lo confirma la experiencia, que una palabra es más “tangible” que la atención pura a la respiración. Es un sonido interior, p.ej. la palabra Jesús, Jehoshua, Cristo o Shalom. El significado de la palabra en sí es irrelevante y no se refleja. Cualquier imaginación que pueda ser asociada a una palabra desaparece. Se trata de unirse al simple sonido de la palabra. Me entrego a ella hasta que el Yo se pierda entre el sonido o, es más, hasta que el Yo se haya convertido en este sonido y me lleve a una apertura de conciencia.

Vaciado de la conciencia – “Contemplación del puro Ser”

La postura fundamental es de serenidad alegre. La mente se refleja. Somos cuerpo, mente y espíritu. Es lo que nos caracteriza. Pero esto sólo es el instrumento que “toca” nuestro verdadero Ser. Experimentar el verdadero Ser que se halla detrás de nuestra personalidad y racionalidad es el objetivo de la Contemplación y de la mística. Es un estado que trasciende toda actividad mental y egocentrismo.
La práctica es un sentir, oír y percibir del origen amorfo de nuestra verdadera naturaleza. Es un No-Pensar, un escuchar a nuestro interior. Nada que aparece en nuestra conciencia se retiene. Esta práctica de oración de la paz lleva a un vaciado de la conciencia y una armonía con nuestro Ser que trasciende lo personal.
“Nada es ahora más importante que esto: que ofrezcas la oscura percepción de tu Ser Puro alegremente a Dios para que él te pueda unir a su interior; su Ser con tu Ser.” (Nube del No-Saber)
El místico anónimo de este verso que se dirige a un alumno, habla de un vaciado de la conciencia, de la “Contemplación del puro Ser” que es nuestra verdadera naturaleza.
San Juan de la Cruz dice algo parecido: “atención amorosa”, “atención pura” o “amor pasivo”: “El alma tiene que salir al encuentro de Dios con atención amorosa. Sólo esto; sin destacarse mediante actos. Debe comportarse de una manera sumisa, sin interés propio; con simple y decidida atención amorosa; como alguien que en cuyos ojos se refleja el amor.”

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