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domingo, 29 de maio de 2011

CARDENAL-ARZOBISPO DE BOSTON CON LA LITURGIA TRADICIONAL.


27/05/11. El Arzobispo de Boston, Sean Cardenal O´Malley, capuchino, conferirá el sacramento de la Confirmación, con la Forma Extraordinaria del Rito Romano, el próximo 4 de junio en la Catedral de Boston.
Se convierte el Cardenal O´Malley en el obispo número 223 en oficiar con la Forma Extraordinaria del Rito Romano.
Ver relación de obispos


http://www.unavocemalaga.com/

Concilio Vaticano II y hermenéutica de la continuidad

Concilio
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Han pasado cerca de 45 años desde el final del Concilio Vaticano II y, nunca como ahora, desde varias partes, está surgiendo un intenso y profundo debate sobre las enseñanzas y las implicaciones de este acontecimiento eclesial. Entre las diversas interpretaciones, los Pontífices que han tomado parte personalmente en el Concilio (como Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI) han sostenido una lectura de acuerdo a la llamada “hermenéutica de la continuidad”, según la cual el Concilio no se pone en contraste con el milenario “depositum fidei” propio de la tradición católica. Como explicó el Pontífice Benedicto XVI durante su visita a Fátima, según este tipo de lectura no hay ruptura entre modernidad y tradición.

Para comprender lo que el Papa ha confirmado como “hermenéutica de la continuidad”, la asociación Vera Lux organizó en San Marino un encuentro de estudio sobre el tema: “Passione della Chiesa. Amerio e altre vigili sentinelle”. El congreso parte de la obra del teólogo Romano Amerio (1905-1997) “Iota Unum. Estudio sobre las variaciones de la Iglesia Católica en el siglo XX”, para proponer una articulada investigación sobre el período post-conciliar. Intervendrán en el congreso, entre otros, don Nicola Bux, el profesor Matteo D’Amico y el padre Giovanni Cavalcoli O.P.

La jornada de estudios será presidida, y concluida con una reflexión sobre la figura de Benedicto XVI, por monseñor Luigi Negri, obispo de San Marino-Montefeltro. Considerando el gran interés que está naciendo en torno al Congreso, Zenit ha realizado algunas preguntas a Mons. Negri.
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¿Usted conoció personalmente a Amerio?

Conocí personalmente a Romano Amerio porque recibí de él una sugerencia muy precisa para orientar mis estudios de filosofía sobre la personalidad de Tomás Campanella, a quien él dedicó una consistente parte de su actividad de estudio y de enseñanza. Le debo el redescubrimiento de este gran autor que normalmente la historiografía laicista hace pasar como uno de los precursores de la revuelta moderna contra la tradición católica y que, en cambio, es un singular testigo de un catolicismo que ciertamente reconquista a partir de más de una falla frente a una mentalidad laicista. Este es el motivo de gran gratitud que tengo hacia Amerio, quien, por otro lado, ha sido por décadas profesor en el Liceo Cantonal de Zurich, uno de los puntos de mayor impacto cultural no sólo para el Cantón del Tesino sino también para buena parte de Italia.
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La discusión sobre la hermenéutica del Concilio Vaticano II, sobre la que Amerio ha reflexionado y escrito mucho, es de gran actualidad. En el famoso volumen – “Iota Unum” -, traducido a varias lenguas, Romano Amerio habla de lo que sucedió en el Concilio Vaticano II y de la crisis post conciliar, indicando aquellas fisuras en la solidez de la fe que todavía hoy hieren a la Iglesia. ¿Podría ilustrarnos el sentido y la razón de este análisis crítico?

La lectura desapasionada, a tantos años de distancia, del libro “Iota Unum”, es la demostración de que Amerio había intuido cómo se estaba operando una fractura entre la tradición y un cierto modo de interpretar el Concilio Vaticano II. Por lo tanto, representa un testimonio inteligente y vivido hasta el fondo, expresado no sin sufrimiento por esta fractura que se estaba delineando y en la cual la interpretación “modernista” o, como le gustaba decir a él, “neotérica” del Concilio corría el riesgo de poner en crisis todo un dato de la tradición, de la cual no se podía prescindir. En su libro, se muestra claramente la situación tal como la ha indicado Benedicto XVI diciendo que ya es necesario cerrar el tema de la contraposición entre las hermenéuticas y tomar el camino de la continuidad hermenéutica. Por otro lado, que en esta re-lectura del Concilio – o, mejor dicho, de todo lo que se ha provocado dentro y fuera del Concilio – realizada por Amerio algunas veces haya un poco de vehemencia es algo que resulta perfectamente comprensible.
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¿Cuál es la principal contribución que esta jornada de estudios podrá ofrecer?

Yo participaré en esta conferencia como expositor, hablando de Benedicto XVI, y estoy feliz de acoger esta jornada de estudios en San Marino porque pienso que en la línea del magisterio de Benedicto XVI puede representar una contribución sobre algunos nudos muy importantes de la historia reciente de la teología que, una vez recuperados de modo crítico, podrían favorecer el diálogo y el desarrollo de la así llamada hermenéutica de la continuidad.

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Sobre las motivaciones que llevaron a la organización de la jornada hemos hecho algunas preguntas a uno de los promotores, Lorenzo Bertocchi, estudioso de Historia del Cristianismo y perteneciente al Centro Cultural “Vera Lux” de Bolonia.
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¿Por qué habéis decidido dedicar un Congreso a Romano Amerio?

Desde los orígenes, la Iglesia ha vivido siempre sufrimientos y hostilidades provenientes tanto de su interior como desde fuera de ella, pero ha podido contar con la presencia de “centinelas” que, por gracia de Dios, han sabido iluminarla sobre los peligros y los riesgos. Entre los peligros debe ser contado también el tema de la correcta interpretación del Concilio Ecuménico Vaticano II. De hecho, a partir del famoso discurso a la Curia Romana del 2005, varias veces Benedicto XVI ha vuelto sobre el tema de la así llamada hermenéutica de la continuidad. La confusa interpretación del Concilio, de hecho, no está privada de consecuencias para la vida de la Iglesia. En este contexto, Romano Amerio con su obra “Iota Unum” ha propuesto un articulado análisis sobre el atormentado período post-conciliar. No por casualidad el libro se cierra con estas palabras: “Custos quid de nocte?” (Isaías 21, 11). Es por eso que el Congreso pone una particular atención en Amerio, pero va más allá, subrayando la obra de otros “centinelas” como el Siervo de Dios P. Tomas Tyn O.P. y sobre todo el Cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI.
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¿Cuáles son los fines que os proponéis alcanzar con el Congreso?

Para responder, quisiera citar un pasaje de Benedcto XVI en la audiencia general del pasado 10 de marzo: “Gracias a Dios, los timoneles sabios de la barca de Pedro, el Papa Pablo VI y el Papa Juan Pablo II, por una parte defendieron la novedad del Concilio y, por otra, al mismo tiempo, defendieron la unicidad y la continuidad de la Iglesia, que siempre es Iglesia de pecadores y siempre es lugar de gracia”. La jornada de estudios promovida por el Centro Cultural Vera Lux quiere, por lo tanto, animar el debate encaminado a desarrollar “la unicidad y la continuidad de la Iglesia” en el surco del Magisterio y en la conciencia de que la claridad doctrinal no es sólo un hecho elitista o intelectualista sino que tiene consecuencias importantes para todo el pueblo de Dios que fácilmente puede ser confundido por errores o interpretaciones heterodoxas.
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Fuente: Zenit (edición en lengua italiana)

VENERÁVEL Pio XII:É verdade que os sacramentos e o sacrifício do altar têm uma intrínseca virtude enquanto são acções do próprio Cristo que comunica e difunde a graça da Cabeça divina nos membros do corpo místico; mas, para terem a devida eficácia, exigem as boas disposições da nossa alma;Devemos, pois, afirmar que a obra da redenção, independente em si mesma da nossa vontade, requer o esforço íntimo da nossa alma para que possamos conseguir a eterna salvação.



27. Todos, no entanto, podem verificar que essas conclusões acerca das duas espécies de piedade, ainda que os princípios acima expostos sejam óptimos, são completamente falsas, insidiosas e perniciosíssimas.

28. É verdade que os sacramentos e o sacrifício do altar têm uma intrínseca virtude enquanto são acções do próprio Cristo que comunica e difunde a graça da Cabeça divina nos membros do corpo místico; mas, para terem a devida eficácia, exigem as boas disposições da nossa alma; como, a propósito da eucaristia, são Paulo admoesta: "cada um examine a si mesmo e coma deste pão e beba do cálice".(30) Por isso mesmo, a Igreja define com brevidade e clareza todos os exercícios com os quais a nossa alma se purifica, especialmente durante a quaresma: "fortalezas da milícia cristã"; (31) são, com efeito, as acções dos membros que, com o auxílio da graça, desejam aderir à sua Cabeça a fim de que "nos seja manifesta - para repetir as palavras de santo Agostinho - na nossa Cabeça a própria fonte da graça".(32) Mas deve-se notar que estes membros são vivos, providos de razão e de vontade própria; por isso é necessário que eles, encostando os lábios à fonte, retirem e assimilem o alimento vital e removam tudo o que lhe pode impedir a eficácia. Devemos, pois, afirmar que a obra da redenção, independente em si mesma da nossa vontade, requer o esforço íntimo da nossa alma para que possamos conseguir a eterna salvação.

Card. Castrillón:é certamente lícito celebrar a Santa Missa segundo o rito extraordinário sem a necessidade de uma autorização especial, um chamado “ indulto”. «O Santo Padre, Bento XVI, estabeleceu, de uma vez por todas, que o rito romano consiste em duas formas, a que ele deu o nome " Forma Ordinária" (a celebração do Novus Ordo, segundo o Missal de Paulo VI de 1970) e a "Forma Extraordinária " (a celebração da Rito gregoriano, segundo o Missal do Beato João XXIII de 1962), e confirmou que o Missal de 1962 nunca foi revogada.


Resposta do Cardeal Dário Castrillon Presidente Emérito da Pontifícia Comissão "Ecclesia Dei" a certas perguntas

P-É aceitável referir-se à carta "Quattuor abhinc annos" para regulamentar questões relativas à celebração da Forma extraordinária do rito romano, que é, segundo o Missal Romano de 1962?

R- Evidentemente que não. Isto porque, com a publicação do Motu Próprio "Summorum Pontificum", os regulamentos para o uso do Missal de 1962, anteriormente apresentada no "Quattuor abhinc annos", e posteriormente no Motu Próprio do Servo de Deus João Paulo II "Ecclesia Dei adflicta" tornaram-se obsoletas.

De fato, a "Summorum Pontificum" no Art.1, afirma explicitamente que "as condições da utilização deste Missal, regulamentado em documentos anteriores no" Quattuor abhinc annos "e" Ecclesia Dei ", foram substituídos. O Motu Próprio enumera as novas condições da sua utilização.
Portanto, já não é possível fazer referência à restrição fixada por esses dois documentos, relativos às celebrações, de acordo com o Missal de 1962.

P- Quais são as diferenças substanciais entre os mais recente Motu Próprio e os dois documentos anteriores a respeito deste assunto?

R- A primeira grande diferença é que agora ele é certamente lícito celebrar a Santa Missa segundo o rito extraordinário sem a necessidade de uma autorização especial, um chamado “ indulto”. «O Santo Padre, Bento XVI, estabeleceu, de uma vez por todas, que o rito romano consiste em duas formas, a que ele deu o nome " Forma Ordinária" (a celebração do Novus Ordo, segundo o Missal de Paulo VI de 1970) e a "Forma Extraordinária " (a celebração da Rito gregoriano, segundo o Missal do Beato João XXIII de 1962), e confirmou que o Missal de 1962 nunca foi revogada.

Outra diferença é que, em missas celebrada sem fiéis, cada sacerdote católico do rito latino, diocesano ou religioso, pode usar um dos dois Missais (art. 2). Além disso, em missas com ou sem o povo, diz respeito ao Pároco (Pastor) ou reitor da igreja em que se pretende celebrar, a dar permissão para os sacerdotes que apresentam um "Celebret" a partir de seu próprio ordinário. Se ele negar que a permissão, o Bispo, em conformidade com as normas do Motu Próprio, deverá garantir que a autorização seja dada (cf. art. 7) .

É importante saber que já em 12 de dezembro de 1986 uma Comissão "ad hoc" d e Cardeais (composto pelos eminentes Cardeais: Paul Augustin Mayer, prefeito da Congregação para o Culto Divino, Agostino Casaroli, Bernardin Gantin, Joseph Ratzinger, William W. Baum, Edouard Gagnon, Alfons Stickler, Antonio Innocenti) foi formada "pela vontade do Santo Padre, com a missão de examinar os passos necessários para eliminar a ineficiência do Pontifício Indulto" Quattuor anhinc annos " emitido pela Congregação para o Culto Divino, N. 686/84 de 3 de Outubro de 1984. "Esta comissão tinha proposto ao Santo Padre João Paulo II, mesmo assim, muitos elementos substanciais para atingir esse objectivo que foram recuperadas no Motu Próprio.

Cardeal Dario Castrillon :Trata-se pelo contrário de uma oferta generosa do Vigário de Cristo que, como expressão de sua vontade pastoral, quer pôr a disposição da Igreja todos os tesouros da liturgia latina que durante séculos nutriu a vida espiritual de tantas gerações de fiéis católicos. O Santo Padre quer conservar os imensos tesouros espirituais, culturais e estéticos ligados à liturgia antiga.Por esta liturgia, que nunca foi abolida, e que , como dissemos, é considerada um tesouro, existe hoje um novo e renovado interesse e, também por esta razão o Santo Padre pensa que chegou o tempo de facilitar


Cardeal Dario Castrillon
Trata-se pelo contrário de uma oferta generosa do Vigário de Cristo que, como expressão de sua vontade pastoral, quer pôr a disposição da Igreja todos os tesouros da liturgia latina que durante séculos nutriu a vida espiritual de tantas gerações de fiéis católicos. O Santo Padre quer conservar os imensos tesouros espirituais, culturais e estéticos ligados à liturgia antiga.

A recuperação desta riqueza se une à não menos preciosa da liturgia atual da Igreja.Por estas razões o Santo Padre tem a intenção de estender a toda a Igreja latina a possibilidade de celebrar a Santa Missa e os Sacramentos segundo os livros litúrgicos promulgados pelo Beato João XXIII em 1962. Por esta liturgia, que nunca foi abolida, e que , como dissemos, é considerada um tesouro, existe hoje um novo e renovado interesse e, também por esta razão o Santo Padre pensa que chegou o tempo de facilitar, como o quis a primeira Comissão Cardinalícia em 1986, o acesso a esta liturgia fazendo dela uma forma extraordinária do único rito Romano.

ORDENACIONES DE LA FRATERNIDAD SACERDOTAL DE SAN PEDRO EN ESTADOS UNIDOS. Dedicação da Capela de Nossa Senhora da Santíssima Trindade.Cônegos Regrantes de Nova Jerusalém


 
El pasado sábado 22 de mayo de 2010   fueron ordenados seis nuevos sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro (FSSP) en los Estados Unidos de América. La ordenación tuvo lugar en la catedral de Lincoln (Nebraska), y las órdenes sagradas fueron conferidas por el obispo de la citada diócesis americana, monseñor Bruskewitz. En las fotografías, de la página del Seminario de la FSSP en Estados Unidos, un momento de la celebración, el obispo de Lincoln recibiendo la bendición de uno de los neopresbíteros, y los nuevos sacerdotes con el obispo ordenante.
  fonte:Hoc signo
 
 
Dedicação da Capela de Nossa Senhora da Santíssima Trindade.Que sirva de exemplo esta Capela no Colégio Santo Tomás de Aquino em Santa Paulo/Califórnia. No Brasil o costume é a destruição de todo o espaço sacro, dos altares, das mesas de comunhão, criando espaços vazios sem qualquer dignidade. Enquanto isso, nesta Capela construiu-se o Baldaquino, o altar (não a mesa), o presbitério está patentemente separado da Nave, e vemos belamente a presença do Transepto. Lugar construído para celebrar a Missa no Rito de São Pio V. As fotos foram tiradas na primeira Missa após a Missa de Dedicação do Altar.










Este instituto foi fundado pelo já conhecido Arcebispo Raymond Burke. Sua ereção foi feita para guardarem a liturgia romana tradicional, pois o Arcebispo notou que a celebração do rito tridentino promove o cerne da espiritualidade, e nas palavras dos próprios cônegos o rito do Missal de 1962 é o cume para o qual deve caminhar toda a atividade da Igreja e fonte de onde emana todo o seu poder na terra.

Para eles "a digna celebração na Igreja do culto da Santíssima Trindade é o cerne da espiritualidade e do trabalho dos Cônegos. A eficácia da santificação pessoal e obras apostólicas derivam da fiel participação de cada membro na oferta da Igreja, na liturgia, particularmente na própria celebração do Sacrifício da Redenção".





Conhecer o website dos Cônegos, clique.
fonte:http://atanasiano.blogspot.com/

sábado, 28 de maio de 2011

Benedict XVI at Saint Mary Major

 

Pope Benedict XVI delivers his blessing as he recites the rosary prayer, at the Santa Maria Maggiore Basilica in Rome Thursday, May 26, 2011.    
Pope Benedict XVI delivers his blessing as he recites the rosary prayer, at the Santa Maria Maggiore Basilica in Rome Thursday, May 26, 2011.
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My Musings
Returning to Sepicciano, where the church bells ring out the quarter hour and the parish church is truly the heart of the village; where the presence of the Mother of God, of the angels and of the saints, is inextricably bound up with every moment of daily life; where to be a human person is to be un cristiano; where people enjoy a simple familiarity in the house of God without any loss of the awe that the Thrice-Holy Presence of the Divine Majesty inspires -- all of these things convince me that while the Catholic faith generates culture and gives shape to all of life, that same Catholic culture is indispensable to a community's spiritual health and growth in the Faith. Here, even those who do not regularly practice the Faith are steeped in it and would never think of denying it.
So much of life happens out of doors here. Boys kick a ball around the little piaza in front of the church. Old ladies sit on their bench nearby, exchanging news and greeting passers-by. The parish priest drives by -- fully vested -- on his way to do Paschal house blessings, accompanied by a server! Just inside the vestibule of the church is a plan for the elaboration of a new community garden over which a recently commissioned statue of Saint Padre Pio will preside. In the evening nearly everyone in the village is outside walking (la passeggiata), talking, living the "community" that American Catholics find so elusive and yet so fascinating. This is a culture that Protestantism could never have produced.
This is also, I fear, something that Suburban American Catholicism with its parking lots and programs can never achieve. Formerly, when there were still urban neighbourhoods held together by a parish church, particularly if the the parish church had an ethnic identity, there remained something of a Catholic culture.
I can only envision the Church of tomorrow in terms of communities that will have embraced a truly Catholic culture in all its dimensions. Quite possibly this will mean the relocation of families around a monastery or the conscious rebuilding of neighbourhoods around a parish church.
On Thursday, 26 May, the Holy Father prayed the Holy Rosary with the bishops of Italy gathered in the Basilica of Saint Mary Major, and addressed them:
Where Spirituality and Art Come Together
Venerable and dear brothers,
You have come to this splendid basilica -- a place where spirituality and art come together in a centuries-old union -- to share an intense moment of prayer, by which we entrust to the maternal protection of Mary, Mater Unitatis, the whole Italian nation, 150 years after the political union of the country. It is significant that this initiative was prepared by similar meetings in the dioceses: also in this way you express the solicitude of the Church in making herself close to the destiny of this beloved nation.
Dedicating May to Marian Devotion
We, in turn, feel in communion with every community, including the smallest, in which the tradition of dedicating May to Marian devotion is alive. This tradition is expressed in many signs: shrines, chapels, works of art and, above all, in the prayer of the holy rosary, with which the People of God give thanks for the good they receive incessantly from the Lord, through the intercession of Mary Most Holy, and pray to her for their many needs.
Leaving Space for God 
Prayer -- which has its summit in the liturgy, whose form is guarded by the living tradition of the Church -- is always leaving space for God: his action makes us participants in the history of salvation. This afternoon, in particular, in the school of Mary we have been invited to share in Jesus' steps: to go down with him to the Jordan River, so that the Spirit will confirm in us the grace of baptism; to sit at the banquet of Cana, to receive from him the "good wine" of the celebration; to enter the synagogue of Nazareth, as poor ones to whom is addressed the joyful message of the Kingdom of God; also to go up Mount Tabor, to receive the cross in the paschal light; and finally, to participate in the Cenacle in the new and eternal sacrifice that, anticipating the new heavens and the new earth, regenerates the whole of creation.
Christ: Man's Most Profound Truth
This basilica is the first dedicated to the Virgin Mother of God in the West. On entering it, my thoughts went back to the first day of the year 2000, when Blessed John Paul II opened the Holy Door, entrusting the Jubilee Year to Mary, so that she would watch over the path of all those who acknowledged themselves pilgrims of grace and mercy. We ourselves today do not hesitate to feel like pilgrims, desirous of crossing the threshold of that Most Holy Door that is Christ, and we want to ask the Virgin Mary to support our path and to intercede for us. As he is Son of God, Christ is the form of man: He is man's most profound truth, the sap that gives life to a history that otherwise would be irremediably impaired.
The Dispositions of Mary's Heart
Prayer helps us to recognize in him the center of our life, to remain in his presence, to conform our will to his, to do "what he tells us" (John 2:5), certain of his fidelity. This is the essential task of the Church, crowned by him as Mystical Bride, as we contemplate her in the splendor of the apse. Mary constitutes her model: she is the one who presents to us the mirror in which we are invited to recognize our identity. Her life is a call to turn from what we are to hear and accept the Word, being able in faith to proclaim the greatness of the Lord, before which our only possible greatness is that expressed in filial obedience: "Be it done unto me according to thy word" (Luke 1:38). Mary trusted: she is the "blessed one" (cf. Luke 1:42), who is blessed for having believed (cf. Luke 1:45), to the point of having been clothed in Christ to such a degree that she enters in the "seventh day," a participant in God's rest. The dispositions of her heart -- listening, acceptance, humility, fidelity, praise and waiting -- correspond to the interior attitudes and to the gestures that mold Christian life. The Church is nourished by them, conscious that they express what God expects from her.
The Council of Ephesus: the Theotokos
Engraved on the bronze of this basilica's Holy Door is a representation of the Council of Ephesus. The building itself, whose original nucleus dates back to the 5th century, is linked to that ecumenical summit held in the year 431. In Ephesus the united Church defended and confirmed for Mary the title Theotokos, Mother of God: a title with Christological content, which refers to the mystery of the Incarnation and which expresses the unity of the human nature with the divine in the Son. Moreover, it is the person and the experience of Jesus of Nazareth that illumines the Old Testament and Mary's face itself. Understood clearly in her is the unitary design that intertwines the two Testaments. In her personal life is the synthesis of the history of a whole nation, which places the Church in continuity with ancient Israel. Within this perspective individual histories receive meaning, beginning with those of the great women of the Old Covenant, in whose life is represented a humiliated, defeated and deported people. However, they are also the same ones who personify hope; they are the "holy remnant," a sign that God's plan does not remain an abstract idea, but finds correspondence in a pure answer, in a liberty that gives itself without holding anything back, in a yes that is full acceptance and perfect gift. Mary is the highest expression of it. Upon her, Virgin, descends the creative power of the Holy Spirit, the same who "in the beginning" hovered over the shapeless abyss (cf. Genesis 1:1) and thanks to which God called being from nothing; the Spirit gives life to and molds creation. Opening to his action, Mary engenders the Son, the presence of God who comes to inhabit history and opens it to a new and definitive beginning, which is the possibility for every man to be reborn from on high, to live in the will of God and thus to be completely fulfilled.
The Word of the Gospel: Source of Civilization
Faith, in fact, is not alienation: the experiences that contaminate man's dignity and the quality of social coexistence [are not the experiences of faith]! In every historical period the encounter with the ever new Word of the Gospel was a source of civilization; it built bridges between peoples and enriched the fabric of our cities, expressing itself in culture, in the arts and, not last, in the thousand forms of charity. No wonder Italy, celebrating the 150 years of its political unity, can be proud of the presence and action of the Church. She does not pursue privileges or desire to substitute the responsibilities of the political institutions; respectful of the legitimate secularity of the state, she is attentive in supporting the fundamental rights of man. Among these are first of all the ethical demands and, therefore, openness to transcendence, which are values that precede any state jurisdiction, inasmuch as they are inscribed in the very nature of the human person. In this perspective, the Church -- strong because of collegial reflection and because of direct experience on the spot -- continues offering her own contribution to the building of the common good, reminding each one of his duty to promote and protect human life in all its phases and to support the family with deeds; the family continues to be, in fact, the first reality in which free and responsible persons can grow, formed in those profound values that open to fraternity and which also enable one to address the adversities of life. Not in the last place, there is today difficulty in accessing full and fitting employment; hence, I join all those who appeal to politics and to the business world to make every effort to surmount the widespread precariousness of labor, which in young people compromises the serenity of a plan for family life, with grave harm to an authentic and harmonious development of society.
The Qualities of the South: Welcome and Hospitality
Dear brothers, the anniversary of the founding event of the unitary state has found you diligent in recalling fragments of a shared memory, and sensible in pointing out the elements of a future perspective. Do not hesitate to stimulate the lay faithful to overcome every spirit of narrow-mindedness, distraction and indifference, and to participate personally in public life. Encourage initiatives of formation inspired in the social doctrine of the Church, so that whoever is called to political and administrative responsibilities is not a victim of the temptation to exploit his position for personal interests or because of thirst for power. Support the vast network of aggregations and associations that promote endeavors of a cultural, social and charitable character. Renew the occasions of encounter, in the sign of reciprocity, between North and South. Help the North to recover the original motivations of that vast cooperative movement of Christian inspiration which animated a culture of solidarity and economic development. Likewise, invite the South to put in circulation for the benefit of all the resources and qualities it possesses and those features of reception and hospitality that characterize it. Continue cultivating a spirit of sincere and loyal cooperation with the state, knowing that this relationship is beneficial both for the Church as well as for the whole country. May your words and action be encouragement and thrust for all those called to manage the complexity that characterizes the present time. It is a time when an appeal arises ever more strongly for solid spiritual references; be able to articulate to all what is peculiar to the Christian experience: God's victory over evil and death, as a horizon that casts a light of hope on the present. Assuming education as the theme of the pastoral commitment of this decade, you wished to express the certainty that Christian existence -- the good life of the Gospel -- is precisely the demonstration of a fulfilled life. On this path you ensure not only a religious and ecclesial but also a social service, contributing to build the city of man. Therefore, courage! Despite all the difficulties, "nothing is impossible for God" (Luke 1:37), for him who continues doing "great things" (Luke 1:49) through all those who, like Mary, are able to give themselves to him with unconditional availability.
Maria, Mater Unitatis
We place the whole Italian nation under the protection of the Mater Unitatis, so that the Lord will grant it the inestimable gifts of peace and fraternity and, hence, of development in solidarity. May she also help the political forces to live the anniversary of unity as an occasion to reinforce the national bond and to surmount every harmful opposition: may the various and legitimate sensibilities, experiences and perspectives come together again in a wider picture to seek together what truly contributes to the good of the country. May Mary's example open the way to a more just, mature and responsible society, capable of rediscovering the profound values of the human heart. May the Mother of God encourage young people, sustain families, comfort the sick, implore upon each one a renewed effusion of the Spirit, helping us to recognize and also to follow the Lord in this time, who is the true good of life, because he is Life itself.
From my heart I bless you and your communities.

http://vultus.stblogs.org/

Sob a proteção de Maria, Mãe da Unidade o Papa colocou todo o povo italiano, para que o Senhor lhe conceda os dons inestimáveis da paz e da fraternidade, e do desenvolvimento solidário.

Pope Benedict XVI recites the rosary prayer, at the Santa Maria Maggiore Basilica in Rome Thursday, May 26, 2011.



(26/5/2011) “Um intenso momento de oração, para confiar à proteção materna de Maria – Mater unitatis – todo o povo italiano, a 150 anos da unidade política do país”: foi com estes termos que Bento XVI definiu o encontro de oração a que presidiu nesta quinta-feira à tarde, na basílica de Santa Maria Maior, com todos os Bispos italianos, em Roma para a assembleia geral. A oração – recordou o Papa – é “sempre um dar espaço a Deus: a sua ação torna-nos participantes da história da salvação”.

Bento XVI sublinhou que a basílica de Santa Maria Maior é a primeira, no Ocidente, a ter sido dedicada à Virgem Mãe de Deus. De facto, o edifício remonta ao século V, em ligação com o Concílio de Éfeso, celebrado em 431.

“Em Éfeso, a Igreja unida defendeu e confirmou para Maria o título de Theotokos, Mãe de Deus: título de conteúdo cristológico, que remete para o mistério da incarnação e exprime no Filho a unidade da natureza humana com a natureza divina”.

“Aliás – prosseguiu ainda Bento XVI – são a pessoa e as vicissitudes de Jesus de Nazareth que iluminam o Antigo Testamento e o próprio rosto de Maria. Nela se entrevê, em contra-luz, o projeto unitário que entrelaça os dois Testamentos. Na sua história pessoal se encontra a síntese de todo um povo, que coloca a Igreja em continuidade com o antigo Israel.” É nesta perspetiva que assumem sentido cada uma das histórias pessoais, a começar pelas figuras femininas, “em cuja vida se encontra representado um povo humilhado, derrotado, deportado”. E são elas também a personificar a esperança… são o “resto santo”, sinal de que “o projeto de Deus não permanece uma ideia abstrata, mas encontra correspondência numa resposta pura, numa liberdade que se doa sem nada manter para si, num sim que é pleno acolhimento e dom perfeito”. Algo de que Maria é a mais alta expressão. “Não é a fé que é uma alienação: são outras as experiências que desfiguram a dignidade do homem e a qualidade da convivência social” – advertiu Bento XVI, aludindo à realidade histórica italiana, nestes 150 anos de Estado unitário, onde não faltaram expressões da presença do Evangelho…

“Celebrando os 150 anos da sua unidade política, a Itália pode-se orgulhar da presença e da ação da Igreja. Esta não procura privilégios nem entende substituir-se à responsabilidade das instituições políticas. Respeitando a legítima laicidade do Estado, a Igreja está atenta a apoiar os direitos fundamentais do homem. Entre estes, estão antes de mais as instâncias éticas e portanto a abertura à transcendência, que constituem valores prévios a qualquer jurisdição estatal, enquanto inscritos na própria natureza da pessoa humana”.

Dirigindo-se especialmente aos Bispos italianos, numa perspetiva aberta ao futuro, o Papa exortou-os a estimularem os leigos católicos a não desertarem as suas responsabilidades na promoção concreta do bem comum:

“Não hesiteis em estimular os leigos a superarem qualquer espírito de clausura, distração ou indiferença, levando-os antes a participar em primeira pessoa na vida pública. Encorajai as iniciativas de formação inspiradas na doutrina social da Igreja, de tal modo que quem é chamado a responsabilidades políticas e administrativas não permaneça vítima da tentação de tirar partido da sua posição por interesses pessoais ou por sede de poder”.

Num país em que desde sempre perduram os contrastes entre um Norte mais rico e desenvolvido e um Sul que mal consegue superar as suas dificuldades crónicas, o Santo Padre pediu aos Bispos italianos para “renovarem as ocasiões de encontro”, de parte a parte.

“Ajudai o Norte a recuperar as motivações originárias daquele vasto movimento cooperativo de inspiração cristã que animou uma cultura da solidariedade e do desenvolvimento económico. Por outro lado, provocai o Sul a fazer circular, em benefício de todos, os recursos e as qualidades de que dispõe e aquelas formas de acolhimento e de hospitalidade que o caraterizam”.

“Continuai a cultivar um espírito de colaboração sincera e leal com o Estado, sabendo que essa relação é benéfica não só para a Igreja como também para todo o país” – exortou ainda o Papa dirigindo-se aos Bispos italianos. Bento XVI concluiu confiando o povo italiano á proteção de Maria, “mãe da unidade”.

“Sob a proteção da Mater unitatis colocamos todo o povo italiano, para que o Senhor lhe conceda os dons inestimáveis da paz e da fraternidade, e, portanto, do desenvolvimento solidário. Ajude as forças políticas a viverem também o aniversário da Unidade como ocasião para reforçar o elo que une a nação, superando todas as contraposições preconcebidas. Que as diferentes legítimas sensibilidades, experiências e perspetivas se possam recompor num quadro mais amplo para buscar conjuntamente aquele que verdadeiramente contribui para o bem do país”.

El Papa recibe la congregación mariana de Ratisbona y destaca la determinación de María a permanecer firme cuando todos escapan y su valentía de estar junto al Señor cuando parecía desahuciado

Pope Benedict XVI salutes as arrives hold his weekly general audience in St. Peter's square at the Vatican on May 25, 2011.



Sábado, 28 may (RV).- El Santo Padre ha recibido esta mañana en el Vaticano a algunos miembros de la Congregación mariana masculina de Ratisbona. Una audiencia que ha ofrecido a Benedicto XVI la oportunidad de detenerse sobre su profunda unión con María. El Pontífice ha recordado que cuando tenía 14 años fue acogido en la Congregación en los años de oscuridad en los que Hitler dominaba sobre gran parte de Europa y parecía cuestionarse el futuro del Cristianismo en el continente.

Un encuentro en el signo de María, caracterizado por recuerdos personales. Benedicto XVI ha recordado sobre todo en que contexto, hace 70 años fue acogido por la Congregación mariana de Traunstein. Eran tiempos oscuros, tiempos de guerra. Hitler, ha dicho el Papa, había sometido uno tras otro Polonia, Dinamarca, los estados del Benelux, Francia”. Y precisamente en este periodo, hace 70 años, había ocupado además Yugoslavia y Grecia. Parecía - ha observado el Pontífice - que el continente estuviera en las manos de este poder y parecía cuestionarse el futuro del Cristianismo.

El Papa ha señalado que poco después de haber sido acogido en el seminario comenzó la guerra contra Rusia y por lo tanto la Congregación se disolvió. La Congregación, ha afirmado el Papa, sin embargo desapareció solamente de manera exterior porque quedó custodiada en el corazón. “Y esto porque desde siempre estuvo claro que la catolicidad no puede existir sin una disposición mariana, que ser católico significa ser marianos, que el amor por la Madre significa que en la Madre y por la Madre encontramos al Señor.”

Prosiguiendo su itinerario de recuerdos, el Papa ha revelado también que después de la guerra, “la mariología que se enseñaba en las Universidades alemanas era un poco áspera y sobria”. Una situación, ha añadido el Santo Padre que creo, “no ha cambiado mucho”. Pero después ha indicado qué es lo esencial cuando nos referimos a María: su fe. “¡Bienaventurada tú que has creído!”, con las palabras de Isabel el Papa ha subrayado que María “es la gran creyente”, “ha concretizado la fe de Abrahán en la fe en Jesucristo indicándonos así a todos nosotros el camino de la fe”. María, ha proseguido, “nos ha indicado la valentía de confiarnos a aquel Dios que se nos entrega en nuestras manos, la alegría de ser sus testigos”. También ha hablado Benedicto XVI de la “determinación” de la Madre “a permanecer firme cuando todos escapan”, su “valentía de estar junto al Señor cuando parecía desahuciado y de esta manera testimonia lo que ha llevado a la Pascua.

El Papa al final se ha alegrado al escuchar que en aún hoy en su Baviera hay 40 mil personas que forman parte de Congregaciones marianas que “testimonian al Señor en las horas difíciles y felices”.

Benedetto XVI al Santo Rosario con i Vescovi della Conferenza Episcopale Italiana e affidamento dell'Italia alla Vergine Maria (26 maggio 2011)



[...] Sotto la protezione della Mater unitatis poniamo tutto il popolo italiano, perché il Signore gli conceda i doni inestimabili della pace e della fraternità e, quindi, dello sviluppo solidale. Aiuti le forze politiche a vivere anche l’anniversario dell’Unità come occasione per rinsaldare il vincolo nazionale e superare ogni pregiudiziale contrapposizione: le diverse e legittime sensibilità, esperienze e prospettive possano ricomporsi in un quadro più ampio per cercare insieme ciò che veramente giova al bene del Paese. L’esempio di Maria apra la via a una società più giusta, matura e responsabile, capace di riscoprire i valori profondi del cuore umano. La Madre di Dio incoraggi i giovani, sostenga le famiglie, conforti gli ammalati, implori su ciascuno una rinnovata effusione dello Spirito, aiutandoci a riconoscere e a seguire anche in questo tempo il Signore, che è il vero bene della vita, perché è la vita stessa. [...]


SANTO ROSARIO
CON I VESCOVI DELLA CONFERENZA EPISCOPALE ITALIANA
E AFFIDAMENTO DELL'ITALIA ALLA VERGINE MARIA
IN OCCASIONE DEL 150° ANNIBERSARIO DELL'UNITA POLITICA DEL PAESE

DISCORSO DEL SANTO PADRE BENEDETTO XVI

Giovedì, 26 maggio 2011

Venerati e cari Confratelli,

siete convenuti in questa splendida Basilica - luogo nel quale spiritualità e arte si fondono in un connubio secolare - per condividere un intenso momento di preghiera, con il quale affidare alla protezione materna di Maria, Mater unitatis, l’intero popolo italiano, a centocinquant’anni dall’unità politica del Paese. È significativo che questa iniziativa sia stata preparata da analoghi incontri nelle diocesi: anche in questo modo esprimete la premura della Chiesa nel farsi prossima alle sorti di questa amata Nazione. A nostra volta, ci sentiamo in comunione con ogni comunità, anche con la più piccola, in cui rimane viva la tradizione che dedica il mese di maggio alla devozione mariana. Essa trova espressione in tanti segni: santuari, chiesette, opere d’arte e, soprattutto, nella preghiera del Santo Rosario, con cui il Popolo di Dio ringrazia per il bene che incessantemente riceve dal Signore, attraverso l’intercessione di Maria Santissima, e lo supplica per le sue molteplici necessità. La preghiera – che ha il suo vertice nella liturgia, la cui forma è custodita dalla vivente tradizione della Chiesa – è sempre un fare spazio a Dio: la sua azione ci rende partecipi della storia della salvezza. Questa sera, in particolare, alla scuola di Maria siamo stati invitati a condividere i passi di Gesù: a scendere con Lui al fiume Giordano, perché lo Spirito confermi in noi la grazia del Battesimo; a sederci al banchetto di Cana, per ricevere da Lui il "vino buono" della festa; ad entrare nella sinagoga di Nazaret, come poveri ai quali è rivolto il lieto messaggio del Regno di Dio; ancora, a salire sul Monte Tabor, per vivere la croce nella luce pasquale; e, infine, a partecipare nel Cenacolo al nuovo ed eterno sacrificio, che, anticipando i cieli nuovi e la terra nuova, rigenera tutta la creazione.

Questa Basilica è la prima in Occidente dedicata alla Vergine Madre di Dio. Nell’entrarvi, il mio pensiero è tornato al primo giorno dell’anno 2000, quando il Beato Giovanni Paolo II ne aprì la Porta Santa, affidando l’Anno giubilare a Maria, perché vegliasse sul cammino di quanti si riconoscevano pellegrini di grazia e di misericordia. Noi stessi oggi non esitiamo a sentirci tali, desiderosi di varcare la soglia di quella "Porta" Santissima che è Cristo e vogliamo chiedere alla Vergine Maria di sostenere il nostro cammino ed intercedere per noi. In quanto Figlio di Dio, Cristo è forma dell’uomo: ne è la verità più profonda, la linfa che feconda una storia altrimenti irrimediabilmente compromessa. La preghiera ci aiuta a riconoscere in Lui il centro della nostra vita, a rimanere alla sua presenza, a conformare la nostra volontà alla sua, a fare "qualsiasi cosa ci dica" (Gv 2,5), certi della sua fedeltà. Questo è il compito essenziale della Chiesa, da Lui incoronata quale mistica sposa, come la contempliamo nello splendore del catino absidale. Maria ne costituisce il modello: è colei che ci porge lo specchio, in cui siamo invitati a riconoscere la nostra identità. La sua vita è un appello a ricondurre ciò che siamo all’ascolto e all’accoglienza della Parola, giungendo nella fede a magnificare il Signore, davanti al quale l’unica nostra possibile grandezza è quella che si esprime nell’obbedienza filiale: "Avvenga per me secondo la tua parola" (Lc 1,38). Maria si è fidata: lei è la "benedetta" (cfr Lc 1,42), che è tale per aver creduto (cfr Lc 1,45), fino ad essersi così rivestita di Cristo da entrare nel "settimo giorno", partecipe del riposo di Dio. Le disposizioni del suo cuore – l’ascolto, l’accoglienza, l’umiltà, la fedeltà, la lode e l’attesa – corrispondono agli atteggiamenti interiori e ai gesti che plasmano la vita cristiana. Di essi si nutre la Chiesa, consapevole che esprimono ciò che Dio attende da lei.

Sul bronzo della Porta Santa di questa Basilica è incisa la raffigurazione del Concilio di Efeso. L’edificio stesso, risalente nel nucleo originario al V secolo, è legato a quell’assise ecumenica, celebrata nell’anno 431. A Efeso la Chiesa unita difese e confermò per Maria il titolo di Theotókos, Madre di Dio: titolo dal contenuto cristologico, che rinvia al mistero dell’incarnazione ed esprime nel Figlio l’unità della natura umana con quella divina. Del resto, è la persona e la vicenda di Gesù di Nazaret a illuminare l’Antico Testamento e il volto stesso di Maria. In lei si coglie in filigrana il disegno unitario che intreccia i due Testamenti. Nella sua vicenda personale c’è la sintesi della storia di un intero popolo, che pone la Chiesa in continuità con l’antico Israele. All’interno di questa prospettiva ricevono senso le singole storie, a partire da quelle delle grandi donne dell’Antica Alleanza, nella cui vita è rappresentato un popolo umiliato, sconfitto e deportato. Sono anche le stesse, però, che ne impersonano la speranza; sono il "resto santo", segno che il progetto di Dio non rimane un’idea astratta, ma trova corrispondenza in una risposta pura, in una libertà che si dona senza nulla trattenere, in un sì che è accoglienza piena e dono perfetto. Maria ne è l’espressione più alta. Su di lei, vergine, discende la potenza creatrice dello Spirito Santo, lo stesso che "in principio" aleggiava sull’abisso informe (cfr Gen 1,1) e grazie al quale Dio chiamò l’essere dal nulla; lo Spirito che feconda e plasma la creazione. Aprendosi alla sua azione, Maria genera il Figlio, presenza del Dio che viene ad abitare la storia e la apre a un nuovo e definitivo inizio, che è possibilità per ogni uomo di rinascere dall’alto, di vivere nella volontà di Dio e quindi di realizzarsi pienamente.

La fede, infatti, non è alienazione: sono altre le esperienze che inquinano la dignità dell’uomo e la qualità della convivenza sociale! In ogni stagione storica l’incontro con la parola sempre nuova del Vangelo è stato sorgente di civiltà, ha costruito ponti fra i popoli e ha arricchito il tessuto delle nostre città, esprimendosi nella cultura, nelle arti e, non da ultimo, nelle mille forme della carità. A ragione l’Italia, celebrando i centocinquant’anni della sua unità politica, può essere orgogliosa della presenza e dell’azione della Chiesa. La Chiesa non persegue privilegi né intende sostituirsi alle responsabilità delle istituzioni politiche; rispettosa della legittima laicità dello Stato, è attenta a sostenere i diritti fondamentali dell’uomo. Fra questi vi sono anzitutto le istanze etiche e quindi l’apertura alla trascendenza, che costituiscono valori previi a qualsiasi giurisdizione statale, in quanto inscritti nella natura stessa della persona umana. In questa prospettiva, la Chiesa – forte di una riflessione collegiale e dell’esperienza diretta sul territorio – continua a offrire il proprio contributo alla costruzione del bene comune, richiamando ciascuno al dovere di promuovere e tutelare la vita umana in tutte le sue fasi e di sostenere fattivamente la famiglia; questa rimane, infatti, la prima realtà nella quale possono crescere persone libere e responsabili, formate a quei valori profondi che aprono alla fraternità e che consentono di affrontare anche le avversità della vita. Non ultima fra queste, c’è oggi la difficoltà ad accedere ad una piena e dignitosa occupazione: mi unisco, perciò, a quanti chiedono alla politica e al mondo imprenditoriale di compiere ogni sforzo per superare il diffuso precariato lavorativo, che nei giovani compromette la serenità di un progetto di vita familiare, con grave danno per uno sviluppo autentico e armonico della società.


Cari Confratelli, l’anniversario dell’evento fondativo dello Stato unitario vi ha trovati puntuali nel richiamare i tasselli di una memoria condivisa e sensibili nell’additare gli elementi di una prospettiva futura. Non esitate a stimolare i fedeli laici a vincere ogni spirito di chiusura, distrazione e indifferenza, e a partecipare in prima persona alla vita pubblica. Incoraggiate le iniziative di formazione ispirate alla dottrina sociale della Chiesa, affinché chi è chiamato a responsabilità politiche e amministrative non rimanga vittima della tentazione di sfruttare la propria posizione per interessi personali o per sete di potere. Sostenete la vasta rete di aggregazioni e di associazioni che promuovono opere di carattere culturale, sociale e caritativo. Rinnovate le occasioni di incontro, nel segno della reciprocità, tra Settentrione e Mezzogiorno. Aiutate il Nord a recuperare le motivazioni originarie di quel vasto movimento cooperativistico di ispirazione cristiana che è stato animatore di una cultura della solidarietà e dello sviluppo economico. Similmente, provocate il Sud a mettere in circolo, a beneficio di tutti, le risorse e le qualità di cui dispone e quei tratti di accoglienza e di ospitalità che lo caratterizzano. Continuate a coltivare uno spirito di sincera e leale collaborazione con lo Stato, sapendo che tale relazione è benefica tanto per la Chiesa quanto per il Paese intero. La vostra parola e la vostra azione siano di incoraggiamento e di sprone per quanti sono chiamati a gestire la complessità che caratterizza il tempo presente. In una stagione, nella quale emerge con sempre maggior forza la richiesta di solidi riferimenti spirituali, sappiate porgere a tutti ciò che è peculiare dell’esperienza cristiana: la vittoria di Dio sul male e sulla morte, quale orizzonte che getta una luce di speranza sul presente. Assumendo l’educazione come filo conduttore dell’impegno pastorale di questo decennio, avete voluto esprimere la certezza che l’esistenza cristiana – la vita buona del Vangelo – è proprio la dimostrazione di una vita realizzata. Su questa strada voi assicurate un servizio non solo religioso o ecclesiale, ma anche sociale, contribuendo a costruire la città dell’uomo. Coraggio, dunque! Nonostante tutte le difficoltà, "nulla è impossibile a Dio" (Lc 1,37), a Colui che continua a fare "grandi cose" (Lc 1,49) attraverso quanti, come Maria, sanno consegnarsi a lui con disponibilità incondizionata.

Sotto la protezione della Mater unitatis poniamo tutto il popolo italiano, perché il Signore gli conceda i doni inestimabili della pace e della fraternità e, quindi, dello sviluppo solidale. Aiuti le forze politiche a vivere anche l’anniversario dell’Unità come occasione per rinsaldare il vincolo nazionale e superare ogni pregiudiziale contrapposizione: le diverse e legittime sensibilità, esperienze e prospettive possano ricomporsi in un quadro più ampio per cercare insieme ciò che veramente giova al bene del Paese. L’esempio di Maria apra la via a una società più giusta, matura e responsabile, capace di riscoprire i valori profondi del cuore umano. La Madre di Dio incoraggi i giovani, sostenga le famiglie, conforti gli ammalati, implori su ciascuno una rinnovata effusione dello Spirito, aiutandoci a riconoscere e a seguire anche in questo tempo il Signore, che è il vero bene della vita, perché è la vita stessa.

Di cuore benedico voi e le vostre comunità. Amen.




Nel corso della recita del Santo Rosario, nel corso del quale il Papa ha voluto affidare il popolo italiano alla Vergine Maria, "Salus Populi Romani, Mater Unitatis", è stata letta all'inizio del rito, questa Monizione introduttiva:

Fratelli e sorelle,
in occasione dei centocinquant’anni dello Stato unitario, la Chiesa che vive in Italia desidera affidare l’intera Nazione a Maria, invocata con i titoli di Salus Populi Romani e di Mater Unitatis. In comunione con tutte le Chiese, qui rappresentate dai loro Pastori uniti attorno al Santo Padre, celebreremo i misteri della luce.

Tutto il mistero di Cristo è luce! Questa verità emerge particolarmente negli anni della vita pubblica di Gesù, quando Egli annuncia il Vangelo del Regno.

A Maria, che conosce le necessità dei suoi figli e la loro apertura alla vita buona del Vangelo, chiediamo di intercedere presso il Signore Gesù, perché questo nostro popolo possa godere di pace e prosperità e ritrovare nel patrimonio di tradizione e di fede cristiana un’interiore unità.

Poi, Benedetto XVI ha recitato quest'orazione di Affidamento:

Preghiamo.

O Dio onnipotente ed eterno,
che hai costituito Maria Madre del tuo diletto Figlio,
concedi al popolo italiano,
che confida nella sua materna protezione,
di godere sempre i doni dell’unità e della pace.
Per il nostro Signore Gesù Cristo tuo Figlio,
che è Dio, e vive e regna con te,
nell’unità dello Spirito Santo,
per tutti i secoli dei secoli.
Amen.


TESTO DELL'ATTO DI AFFIDAMENTO
DELLA NAZIONE ITALIANA ALLA VERGINE MARIA



PREGHIERA DI AFFIDAMENTO A MARIA

Vergine Maria,
Mater Unitatis,

questa sera intendiamo specchiarci in te
e porre sotto il manto della tua protezione
l’amato popolo italiano.

Vergine del Fiat,
la tua vita celebra il primato di Dio:
alimenta in noi lo stupore della fede,
insegnaci a custodire nella preghiera
quest’opera che restituisce unità alla vita.

Vergine del servizio,
donaci di comprendere a quale libertà
tende un’esistenza donata,
quale segreto di bellezza
è racchiuso nella verità di un incontro.

Vergine della Croce,
concedici di contemplare
la vittoria di Cristo sul mistero del male,
capaci di esprimere ragioni di speranza
e presenza d’amore nelle contraddizioni del tempo.

Vergine del Cenacolo,
sollecita le nostre Chiese a cooperare tra loro,
nella comunione con il Vescovo di Roma.
Rendi tutti noi partecipi del destino di questo Paese,
bisognoso di concordia e di sviluppo.

Vergine del Magnificat,
liberaci dalla rassegnazione,
donaci un cuore riconciliato,
suscita in noi la lode e la riconoscenza.
E saremo perseveranti nella fedeltà sino alla fine.

Amen.

© Copyright 2011 - Libreria Editrice Vaticana 
 
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05/22 - 05/29 (26)
►  05/15 - 05/22 (31)

Cardenal O’Malley conferirá el Sacramento de la Confirmación con libros litúrgicos antiguos

Una Voce Malaga informa que el próximo 01 de junio, el Arzobispo de Boston (EEUU), Cardenal O´Malley, OFM Cap., conferirá el sacramento de la Confirmación, con la Forma Extraordinaria del Rito Romano, el próximo 4 de junio en la Catedral de la Santa Cruz de Boston. Asimismo, el p. Raymond Van de Moortell, párroco de Santa Adelaida en Peabody, profesor de homilética y filosofía en el Seminario de St. John,  será el encargado de oficiar la Solemne Misa usus antiquior. Ver más en Una Voce New Hampshire

sexta-feira, 27 de maio de 2011

Il “golpe” che ha cambiato il volto della Chiesa Cattolica mediante il concilio Vaticano II...

Il “golpe” che ha cambiato il volto della Chiesa Cattolica mediante il concilio Vaticano II...

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Tradizione della Chiesa e Vaticano II : 1. La Tradizione della Chiesa 2. Il dato della Tradizione in Dei Verbum 3. Il dato della Tradizione in Trento e nel Vaticano I 4. Una “nuovo” concetto di Tradizione o una scelta pastorale del Vaticano II? La Tradizione vita e giovinezza della Chiesa


Riportiamo di seguito l'intervento di p. Serafino M. Lanzetta, FI al convegno organizzato a Firenze il 20 maggio 2011 sulla Tradizione della Chiesa, dal titolo: Quaecumque dixero vobis. La Tradizione vita e giovinezza della Chiesa.
Nell'occasione sono stati presentati due recenti volumi di Mons. Gherardini sulla Tradizione.



1. La Tradizione della Chiesa
Uno dei tabù post-moderni più insidiosi, dal quale fino a qualche anno fa bisognava necessariamente emanciparsi nella Chiesa, è stato il lemma “Tradizione”. Il rischio, sempre ricorrente, è quello di emanciparsi però non solo da uno slogan, da una parola, per coniarne una nuova, ma dalla Chiesa stessa, che dalla Tradizione è strutturata e della Tradizione vive. Infatti, in diversi livelli ecclesiali, il processo del rinnovamento conciliare, doveva passare necessariamente per un ammodernato concetto di Traditio, che non ripetesse semplicemente quello che era stato già detto nei secoli precedenti, ma che desse alla stessa Chiesa un vigore nuovo e potesse essere inteso come dinamicità intrinseca, come vivezza del mistero, come progressività in una conoscenza biblica sempre più matura e intelligente, fino a scartare come non cattolico, quanto nella Bibbia non risultasse letteralmente scritto. Tradizione doveva passare attraverso il filtro delle Scritture, viste in qualche modo in opposizione ad essa e come suo metro di valutazione teologica. Il problema è che, in realtà, si trattava di un falso problema. Non c’era un’opposizione irriducibile tra Scrittura e Tradizione, per il semplice fatto che gli agiografi avevano scritto quanto il Signore aveva detto e quanto gli Apostoli avevano insegnato nella loro predicazione. La regola della fede sono le Scritture canoniche in quanto consegnate alla Chiesa, ispirate da Dio in ragione del fatto che, quei fedeli agiografi, avevano ricevuto dalla Chiesa per mano degli Apostoli quelle Parole, trasmesse con l’assistenza dello Spirito Santo. La Tradizione andava a costituire le Scritture e le Sacre Scritture diventavano il canone fisso di un dogma maturato in una compagine viva, nella Chiesa del Dio vivo, che così, con la sua stessa vita, diventava metro ultimo e prossimo della cattolicità. Perciò, la Bibbia non escludeva la Tradizione, né lo potrebbe. Facendo leva sulla scarsa distinzione dogmatica tra Scrittura e Tradizione di Dei Verbum – Tradizione è solo la predicazione apostolica e solo la trasmissione della Parola di Dio? (cf. Dei Verbum 9), oppure l’intera comprensione e trasmissione della fede, principiante dalla predicazione ed estesa a tutta la Chiesa, in ragione del Magistero ecclesiastico? –, e sul fatto che la classica distinzione delle due fonti della divina Rivelazione fu accantonata per chiari motivi pastorali ed ecumenici del Vaticano II, la divina Tradizione si è facilmente smarrita ed offuscata, per fare spazio solo alla Bibbia, che facilmente però scade nel libero esame, in una fede adogmatica, che oggi si direbbe “fai da te”. Si è smarrito il criterio dell’essere cristiani. La forma del cattolicesimo. Non basta la Bibbia, è necessaria anche la Chiesa. Quel «non crederei al Vangelo se non mi ci inducesse l’autorità della Chiesa», rivolto da S. Agostino ai donatisti, oggi è di un’attualità imprescindibile e potrebbe essere riformulato anche così: non avrei il Vangelo, né lo capirei, se non mi venisse dato e spiegato dalla Chiesa. La Scrittura come regola di se stessa, del suo esserci, di barthiana memoria, non regge. C’è prima la Chiesa e poi la stesura del Vangelo, prima la trasmissione di quanto il Signore aveva detto e fatto e poi la sua elaborazione scritta. Questo “prima” è da intendersi in senso cronologico, che distingue in modo ontologico l’alterità tra Tradizione e Scrittura e ne determina la loro impossibile riduzione ad unum. Nella “Tradizione apostolica”, poi, che riceve e trasmette la Parola del Signore, si innesta e si salda nell’unicità dello stesso tradere la “Tradizione ecclesiastica”, quale fedele deposito e accresciuta comprensione nel tempo della Chiesa di quelle verità di fede, che sempre identiche, crescono con colui che le medita, lasciando alla Chiesa il compito di scrutarle, di interpretarle rettamente e di insegnarle senza possibilità di errore. Anche quando le Parole del Signore furono messe per iscritto, la Tradizione (orale) non perse la sua efficacia, non solo al fine di interpretare rettamente le divine Scritture, ma per approfondire la stessa fede. Così, con quella divina suggestio dello Spirito Santo (cf. Gv 14,26), si arrivò alla comprensione e alla definizione di verità, quali la Verginità perpetua di Maria, l’Immacolata Concezione, il numero settenario dei Sacramenti, ecc.: non altre verità, ma quelle che il Signore aveva insegnato e che la Tradizione aveva ininterrottamente consegnato, attraverso le Scritture e attraverso la Trasmissione orale dell’unico insegnamento del Signore Gesù. Unico è il deposito della fede, identico e immutabile, due però le vie per riceverlo e ritrasmetterlo accresciuto fino a quando il Signore verrà: quella scritta e quella orale.
Come si vede, Tradizione non è un elemento opzionale, facilmente superabile tacendone la sua essenza o riducendolo al mero momento dell’interpretazione scritturistica. Non è neanche un discrimen politico, come purtroppo da diversi anni a questa parte viene inteso. Sì, forse è stata questa la ragione del suo progressivo accantonamento: una Chiesa (politicamente) più aperta al domani, al progresso, al mondo, all’evoluzione (-ismo), avrebbe dovuto rinunciare al dato antico, al suo passato, al suo ieri. L’ieri era immagine di una Chiesa fissista. L’oggi quello di una Chiesa capace d’avanguardie. Emanciparsi dalla Tradizione (dal mistero in definitiva) era l’urgenza dei tempi nuovi. Anche qui però si era impostato il problema in modo surrettizio: la Tradizione non era identità di un partito conservatore della Chiesa, era ed è la sua vita, la sua possibilità di essere, ieri come oggi. Se si rinuncia alla Tradizione, dimenticando quello che la Chiesa era, si smarrisce il vero fine di quello che la Chiesa dovrà essere. Un ritorno alla genuina e cattolica identità della Chiesa, è indispensabile per superare le divisioni nell’unico Corpo di Cristo e per dare speranza al futuro come presenza dell’unico ed indiviso Cristo nel mondo, per mezzo della Chiesa.
2. Il dato della Tradizione in Dei Verbum:
I numeri della Costituzione sulla Divina Rivelazione riguardanti la Tradizione orale che maggiormente ci interessano sono il n. 9 e 10, i quali recitano rispettivamente:
«La sacra Tradizione dunque e la sacra Scrittura sono strettamente congiunte e comunicanti tra loro. Poiché ambedue scaturiscono dalla stessa divina sorgente, esse formano in certo qual modo un tutto e tendono allo stesso fine. Infatti la sacra Scrittura è la parola di Dio in quanto consegnata per iscritto per ispirazione dello Spirito divino; quanto alla sacra Tradizione, essa trasmette integralmente la parola di Dio - affidata da Cristo Signore e dallo Spirito Santo agli apostoli - ai loro successori, affinché, illuminati dallo Spirito di verità, con la loro predicazione fedelmente la conservino, la espongano e la diffondano; ne risulta così che la Chiesa attinge la certezza su tutte le cose rivelate non dalla sola Scrittura e che di conseguenza l'una e l'altra devono essere accettate e venerate con pari sentimento di pietà e riverenza» (n. 9).
«È chiaro dunque che la sacra Tradizione, la sacra Scrittura e il magistero della Chiesa, per sapientissima disposizione di Dio, sono tra loro talmente connessi e congiunti che nessuna di queste realtà sussiste senza le altre, e tutte insieme, ciascuna a modo proprio, sotto l'azione di un solo Spirito Santo, contribuiscono efficacemente alla salvezza delle anime» (n. 10).
3. Il dato della Tradizione in Trento e nel Vaticano I
Questo insegnamento è contenuto nel decreto Sacrosancta del Concilio di Trento, promulgato nella IV sessione dell’8 aprile 1546, che dice:
«[…] il sinodo sa che questa verità e disciplina è contenuta nei libri scritti e nelle tradizioni non scritte, che raccolte dagli apostoli dalla bocca dello stesso Cristo e dagli stessi apostoli, sotto l’ispirazione dello Spirito santo, tramandate quasi di mano in mano, sono giunte fino a noi, seguendo l’esempio dei padri della vera fede, con eguale pietà e venerazione accoglie e venera tutti i libri, sia dell’antico che del nuovo Testamento, essendo Dio autore di entrambi, e così pure le tradizioni stesse, inerenti alla fede e ai costumi, poiché le ritiene dettate dalla bocca dello stesso Cristo o dallo Spirito Santo, e conservate nella chiesa cattolica in forza di una successione mai interrotta»[1].
Secondo alcuni critici, tra i quali J.R. Geiselmann, Y. Congar, P. de Vooght, scomparsa nel testo tridentino definitivo la particella partim e sostituita con la congiunzione et alquanto innocua, da sola sarebbe stata incapace di definire la Tradizione come canale della Rivelazione, distinto e indipendente dalla Scrittura. Per questi, il Concilio avrebbe assunto una posizione agnostica, limitandosi ad affermare che accanto alla Scrittura ci sono anche tradizioni apostoliche non scritte. Pertanto concludevano che:
a) la Scrittura contiene tutta la rivelazione («principio, questo, comune sia ai cattolici che ai protestanti, della sufficienza materiale della “Scriptura sola”»);
b) la Scrittura per essere rettamente capita necessita della Tradizione (principio dell’insufficienza formale delle Scritture, non in comune con i protestanti);
c) di conseguenza la Tradizione ha solo una funzione interpretativa e dichiarativa della Scrittura.
In realtà, come ripeterà il Vaticano I, la Chiesa attinge e dalla Scrittura e dalle tradizioni non scritte la sua fede. Pertanto, c’è anche una Tradizione costitutiva della fede.
Il testo principale del Vaticano I, che tratta della Tradizione, è la Costituzione Dei Filius, promulgata nella III sessione del 24 aprile 1870 che, mentre riproduce quasi letteralmente il decreto Sacrosancta del Tridentino, si intrattiene più diffusamente sulla Scrittura, per rispondere ai problemi e alla necessità di quel tempo. I Padri del Vaticano I chiedono fondamentalmente due cose al primigenio testo della Commissione dottrinale: riprodurre fedelmente il testo del Tridentino, e togliere quelle piccole aggiunte che erano state apportate. Così recita il testo definitivo:
«Questa rivelazione soprannaturale, secondo la fede della chiesa universale, proclamata dal santo concilio di Trento, è contenuta “nei libri scritti e nella tradizione non scritta, che, ricevuta dagli apostoli dalla bocca dello stesso Cristo o trasmessa quasi di mano in mano dagli stessi apostoli, per ispirazione dello Spirito Santo, è giunta fino a noi”»[2].
Il p. Umberto Betti, acuto conoscitore del Vaticano I, membro della Commissione dottrinale del Vaticano II e relatore sul cap. II della Dei Verbum, commentando questo testo della Dei Filius, riconosce che anche nelle precedenti formulazioni del testo, «mai è affiorato qualche dubbio sull’uguale importanza della parola di Dio scritta e non scritta». Pertanto «non è arbitrario pensare che se i Padri conciliari ne avessero avuto l’occasione avrebbero dato anche sulla Tradizione un insegnamento ufficiale conforme alla convinzione comune che ne avevano. Ed essa era appunto che la Tradizione è fonte di rivelazione nello stesso modo che lo è la Scrittura»[3].
4. Una “nuovo” concetto di Tradizione o una scelta pastorale del Vaticano II?
Perché però il Vaticano II preferisce non ritornare sulla dottrina delle due fonti della Rivelazione e spiegare la Tradizione come trasmissione della Parola di Dio e dell’insegnamento degli Apostoli, tralasciando la definizione ormai matura e opportuna della insufficienza materiale delle Scritture? Chiaramente, qui si enuclea il fine del Concilio che è pastorale e una delle sue principali preoccupazioni: l’ecumenismo nel dialogo con gli esponenti della Riforma. Il fine del Concilio permea anche un documento così importante quale la Costituzione sulla Divina Rivelazione. La non-infallibilità (generale o generica) dei documenti del Vaticano II, che non significa affatto fallibilità ma unicamente non-definitività, perciò suscettibilità di verifica e di miglioramento, in vista di un eventuale pronunciamento ex cathedra, in questo caso, mentre spiega la ragione di una scelta e di una riduzione così importanti, diventa sprone per un’analisi attenta, in ragione soprattutto degli effetti deleteri di un’ermeneutica della discontinuità applicata alla Costituzione sulla Divina Rivelazione.
Perciò non si può prescindere dalla scelta pastorale del Concilio, quale vero metro di confronto dottrinale.
Questa scelta pastorale di dire la dottrina della Tradizione, attraversa l’intero Concilio e limita allo stesso tempo anche l’insegnamento propriamente dogmatico al tempo che si voleva incontrare, nulla vietando che il Magistero si possa nuovamente pronunciare su questo tema in modo definitivo, chiarendo l’in sé della Tradizione della Chiesa, riprendendo così quanto era già unanime.
Dalla Dei Verbum in poi c’è stata comunque una vera svolta. La Tradizione normalmente è presentata come sola trasmissione della Scrittura. È un caso il possente biblicismo impostosi a scapito della Parola di Dio letta con la fede della Chiesa?
Si è verificata una vera inversione che puntualmente viene così sintetizzata da Gherardini:
«…la disgregazione dell’identità cattolica, dovuta ad un’insostenibile reinterpretazione delle fonti cristiane, con conseguente alterazione dei dati storici, relativizzazione della parola di Dio orale e scritta e una rilettura della Tradizione apostolica sullo sfondo dello storicismo hegeliano e del relativismo dottrinale[4].
È prevalso poi l’attributo “vivente” applicato alla Tradizione, inteso come progresso in sé, mutazione evolutiva, non nell’alveo dell’eodem sensu eademquae sententia, ma del nuovo voluto per se stesso e spesso in contraddizione con l’antico. Facendo ingresso la categoria “storia” nell’impianto della fede, la fede stessa, libera da un canone quale regola fidei proxima et norma normans fidei, ovvero la Tradizione, è stata soggetta ad ogni divenire. Anche al divenire della fede. Quell’adattamento al mondo era possibile perché la fede poteva diventare anche un’altra cosa, poteva assumere anche un’altra forma da quella cattolica.
La Tradizione della Chiesa, invece, è un baluardo di difesa, un vero progresso, è il criterio della verità, la sua misura, perché radicata nella verità di Cristo. Di quell’unica verità è annunziatrice, di quella Verità che ininterrottamente ci raggiunge oggi, ed è la sola che può assicurare alla fede la sua consistenza e durata, ieri come oggi e nel futuro.
Grazie a Mons. Gherardini per la sua intrepida lotta volta a difendere il genuino senso della Traditio, come ricevuta dalla Chiesa nella sua forma originaria e perciò sempre valida.
Non si tratta di fare un processo al Vaticano II, ma di vedere con realismo i punti di svolta rispetto alla dottrina definita sulla Tradizione (orale). Questo non per affossare il Concilio, ma per capirlo correttamente e collocarlo nella sua giusta dimensione: non un tutto, ma uno sforzo di dialogo pastorale.
p. Serafino M. Lanzetta,FI


[1] DH 1501.
[2] DH 3006.
[3] U. Betti, La Tradizione è una fonte di rivelazione?, in «Antonianum» 38 (1963) 41.
[4] B. Gherardini, Quod et tradidi vobis. La Tradizione vita e giovinezza della Chiesa, Frigento 2010, p. 230.

La Tradizione vita e giovinezza della Chiesa

Il 20 maggio scorso presso la Chiesa di Ognissanti in Firenze, sono stati presentati due recenti libri di Mons. Brunero Gherardini: Quaecumque dixero vobis. Parola di Dio e Tradizione a confronto con la storia e la teologia, Lindau 2011 e Quod et tradidi vobis. La Tradizione vita e giovinezza della Chiesa, Casa Mariana Editrice 2010.
All'incontro sono intervenuti oltre all'Autore, il prof. Don Renzo Lavatori, il prof. p. Serafino M. Lanzetta e la Dr.ssa Cristina Siccardi.


Da sinistra: Mons. B. Gheradini, C. Siccardi, P. S. M. Lanzetta e Don R. Lavatori





Di seguito riportiamo l'intervento audio conclusivo di Mons. Brunero Gherardini

 
 
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