NOVO MOVIMENTO LITÚRGICO MISSA GREGORIANA EM PORTUGAL      http://3.bp.blogspot.com/-W-4uVf9h5Xc/Tc_Gol9vCwI/AAAAAAAAR_o/WN-tod4VGV0/s1600/brandmuller%2Bxi.JPG

quinta-feira, 7 de outubro de 2010

Mauro Piacenza, el hombre del Papa para la reforma del clero. P. Claude Barthé: “La crítica de la reforma”

*
Piacenza02
*
Continuando con su paciente labor de reforma de la Curia Romana, Benedicto XVI aceptó hoy la renuncia por límite de edad del Cardenal Hummes al cargo de Prefecto de la Congregación para el Clero y llamó para sucederlo en el mismo cargo a Mons. Mauro Piacenza, hasta ahora Secretario de dicho dicasterio.

Es interesante notar que no es común la práctica de nombrar como prefecto de un dicasterio romano a quien cumplía las funciones de secretario en el mismo organismo. No obstante esto, algunas veces esta costumbre no se sigue, como ha sucedido hoy con el nuevo prefecto Piacenza, quien, como se sabe, ha sido formado en la escuela de Giuseppe Siri, el gran cardenal de Génova, de la cual provienen también don Guido Marini y Mons. Marc Aillet.

Muchos comentaristas coinciden en señalar que, dado que el nombramiento se ha realizado ahora (con 76 años, el cardenal Hummes podría haber permanecido algunas semanas más en el cargo), es casi seguro que Mons. Piacenza estará entre aquellos que serán creados cardenales en el próximo consistorio. En efecto, a diferencia de los Pontificios Consejos que cuentan con un arzobispo presidente (que, eventualmente y si el Sumo Pontífice lo desea, puede ser creado cardenal), las Congregaciones romanas tienen a la cabeza, por derecho, un cardenal prefecto. La inclusión de Piacenza en el consistorio, sin embargo, plantearía el problema del excesivo número de italianos que son candidatos a la púrpura, lo cual podría provocar que no se incluyera en el consistorio de fines de noviembre a alguno de los arzobispos italianos que presiden dicasterios menores y para los cuales se esperaba el cardenalato.

La noticia del nombramiento de Mons. Piacenza es, sin lugar a dudas, muy buena. Una vez más, y sin previsiones periodísticas de por medio, el Papa ha elegido para un cargo importante a un hombre de su entera confianza y que comparte con él su pensamiento y visión eclesial. El nuevo prefecto conoce muy bien el dicasterio del Clero, dado que ha trabajado allí por muchos años, primero como subsecretario y luego como secretario. A Mons. Piacenza, en efecto, se le atribuyen algunas de las iniciativas más fuertes del Año Sacerdotal, relacionadas con la vida espiritual de los presbíteros, la importancia de la Adoración Eucarística y de la digna celebración del Sacrificio Eucarístico, la recuperación de la verdadera identidad del sacerdote católico y la necesidad de una hermenéutica de la continuidad sacerdotal.

Precisamente sobre esta hermenéutica, Mons. Piacenza explicaba hace pocos meses que “es una expresión providencialmente utilizada por el Papa en su alocución a los más de quinientos participantes en el congreso. Creo que, dada también la contigüidad terminológica, debe necesariamente ser interpretada a la luz de la hermenéutica de la continuidad eclesial, que el Papa ha indicado como la única posible interpretación correcta del concilio ecuménico Vaticano II, en el discurso dirigido a la Curia romana el 22 de diciembre de 2005. No existen sacerdotes pre-conciliares y post-conciliares, así como no existe una Iglesia pre y post conciliar. Existe la única Iglesia de Cristo, con el único sacerdocio de Cristo participado a aquellos que él llama en toda época y circunstancia. El modelo es siempre el Señor y la identificación total con la llamada que Él ha dirigido, como vivió y enseñó san Juan María Vianney”.

Invitamos a nuestros lectores a releer, en esta ocasión, algunas de las entrevistas concedidas por Mons. Piacenza mientras era secretario de la Congregación para el Clero y que hemos publicado en esta Buhardilla:

La verdadera medida disciplinar del Papa
“Sin sacerdotes, ya no habría Iglesia de Cristo”
Sacerdotes santos para renovar una Iglesia herida


Además, invitamos a leer la entrevista que Mons. Piacenza ha concedido hoy mismo a la agencia Zenit, luego de hacerse público su nombramiento como Prefecto de la Congregación para el Clero:

Monseñor Piacenza: El sacerdote no es “funcionario de Dios” sino “otro Cristo”

***

***

P. Claude Barthé: “La crítica de la reforma”

El Padre Claude Barthé ha concedido una entrevista al periodista Daniel Hamiche. La misma fue traducida al inglés por un sacerdote anglicano, Anthony Chadwick. Presentamos nuestra traducción de la versión inglesa.
*
Misa_Benedicto
***
El Padre Barthe acaba de publicar una pequeña “bomba” llamadaLa Messe à l’endroit”. En 1955, el autor Paul Claudel escribió un notable artículo “La Misa en reversa”, para estigmatizar lo que en la época eran solamente experimentos litúrgicos. Ahora el Padre Barthe quiere poner “la Misa en la dirección correcta”. Cree que lo apoya toda una corriente, descripta en la Iglesia como “la reforma de la reforma”.
*
Su libro más reciente (Claude Barthe, “La Messe à l’endroit. Un Nouveau mouvement liturgique”) nos tomó por sorpresa, porque usted es conocido como defensor de la Misa tradicional y ahora se está ocupando de la llamada Misa de Pablo VI. ¿Por qué su interés?

Defender una nunca me ha impedido, sino al contrario, estar interesado en la transformación de la otra, es decir, la de Pablo VI. En 1997, diez años antes del Motu Proprio, publiqué un libro de entrevistas, “Reconstruyendo la Liturgia”. Entrevistas todas acerca de la situación de la Liturgia en las parroquias. El mismo tema que en este libro. Claro que el Motu Proprio del 2007 dio nueva vida a estas ideas. La idea fundamental es que las dos líneas de crítica a los cambios producidos bajo Pablo VI – es decir, la crítica frontal que quiere promover la amplia difusión de la anterior Liturgia, de San Pío V; y la crítica de reforma, que llama a una “reforma de la reforma” y busca producir un cambio dentro de la Liturgia de Pablo VI – están cada vez más conectadas. La “reforma de la reforma” propuesta no puede lograrse sin el soporte de una celebración tan difundida como sea posible de la Misa tradicional. La liturgia tradicional no puede esperar ser rehabilitada masivamente en las parroquias sin recrear un entorno vivo, que sería la obra de la “reforma de la reforma”.
*
Los tradicionalistas de la Forma Extraordinaria piensan que el Misal de Pablo VI no puede ser salvado y que tendría que ser descartado. Ahora bien, usted piensa que puede ser reformado e incluso “enriquecido”. ¿Cómo?

En primer lugar, creo que no es para nada realista creer que podemos utilizar una varita mágica y hacer que todas las Misas sean celebradas según la Forma antigua en todas las parroquias del mundo. Sin embargo, noto – con muchos otros, algunos de ellos en muy altas posiciones – que el Misal de Pablo VI contiene una posibilidad casi infinita de opciones, adaptaciones e interpretaciones, y que una elección progresiva y sistemática (o sistemáticamente progresiva) de las posibilidades tradicionales que ofrece hace posible su “re-tradicionalización” en las parroquias, y esto lícitamente (según la letra de la ley y su espíritu). Es un hecho simple: de los muchos párrocos (he compilado una lista rápida en Francia, que obviamente no debo publicar, pero es impresionante) que están practicando, a menudo paso a paso, esta “reforma de la reforma”, la mayoría de ellos también celebra la Misa tradicional. Para responder a su pregunta, diría que creo que la liturgia romana puede ser salvada, y esto ya se está dando en la práctica, por medio de una acción doble: hacer cada vez más conocido el rito de San Pío V, y la “reforma de la reforma”. Esto hará posible, citando un famoso discurso de Pablo VI, el quitar de la reforma todo lo que es viejo y obsoleto, porque no es tradicional. Veremos lo que se salva luego de esta operación…
*
Usted nos hace descubrir mucho de la relativamente desconocida historia litúrgica de los últimos cuarenta años. Mientras que los que apoyan la Misa antigua no se interesan por una reforma del nuevo Misal, sus seguidores “moderados”, una pequeña minoría, promueven continuamente su reforma. ¿Podría explicar brevemente esta posición?

Se trata de lo que podríamos llamar “la crítica de la reforma” del nuevo Misal. En breve, y por hablar sólo de Francia, podemos recordar a teólogos como Louis Bouyer, que participaron activamente en la reforma conciliar pero que rápidamente entraron en conflicto con algunos de sus aspectos (el significado de la celebración, por ejemplo). La Abadía de Solesmes, y en distintos grados algunas de las casas que dependen de ella, han aceptado la reforma, pero enteramente en latín y con canto gregoriano. La comunidad de San Martín, de Mons. Guerin, también optó por el Misal de Pablo VI, pero en una interpretación muy tradicional. Mons. Maxime Charles, rector de la Basílica de Montmartre, y luego el Padre Michel Gitton, quien fuera párroco de Saint Germain l’Auxerrois en París, han trabajado por preservar lo que podía salvarse de la ruina. Y, más importante aún, está el fenómeno Ratzinger.

Ya en 1966 Joseph Ratzinger había intervenido muy severamente en el Katholikentag en Bamberg acerca de la reforma que estaba en marcha. La pelea contra lo que cree es un “falso espíritu del Concilio” ha sido sustancial para quien fue nombrado Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1981, y luego se convirtió en Papa en el 2005. En temas relativos a la liturgia, Joseph Ratzinger fue mucho más lejos que los demás reformadores. Ahora sabemos que organizó una reunión de cardenales en Roma, el 16 de noviembre de 1982, “acerca de cuestiones litúrgicas”, e hizo que todos los prefectos de las Congregaciones que participaron en la reunión afirmaran que el “antiguo” Misal Romano debía ser “aceptado por la Santa Sede en toda la Iglesia para las Misas celebradas en latín”. Era 1982, exactamente un cuarto de siglo antes del Motu Proprio Summorum Pontificum.
*
Su libro lleva el subtítulo “Un nuevo movimiento litúrgico”. ¿Se trata de un deseo o de un hecho – que en torno a Benedicto XVI, que parece ser quien encabeza esta “reforma de la reforma”, se está juntando un grupo de influyentes prelados y sacerdotes que intentan promoverla para bien?

Precisamente, basada en las obras de Joseph Ratzinger (“Informe Ratzinger”, “Mi vida”, “El espíritu de la Liturgia”, “Un canto nuevo para el Señor”, “La fiesta de la fe”), se ha construido una nueva generación de teólogos, historiadores del culto, oficiales de alto rango. Ahora forman un círculo de pensadores de la “reforma de la reforma” – un nuevo movimiento litúrgico como lo llama el Papa – y apoyan el Motu Proprio. Ninguno de ellos – y especialmente el primero de ellos, el Papa, tampoco – intentan promover la “reforma de la reforma” con textos, decretos, o con un nuevo Misal que uniera los dos ritos, un Misal de Benedicto XVI que se agregase a los misales de San Pío V y de Pablo VI.

No, ellos quieren proceder por el ejemplo, la exhortación, la educación, y más importantemente aún, evocando el tema de la Carta de San Pablo a los romanos: causando una “saludable tensión” entre la forma hoy conocida como “ordinaria” y la forma conocida como “extraordinaria”. Esto es una meta de la restauración ratzingeriana desde 1985: busca influir en el curso de los eventos conciliares, pero en una forma exhortativa, no coercitiva. La “reforma de la reforma” ya existe en muchas parroquias. Lo suficiente como para animar, expandirse y, especialmente, alcanzar el nivel diocesano. Sería más apropiado que, en lugar de ser realizada por los sacerdotes y el Papa, fuera trabajo de los obispos. Imagínese el maravilloso efecto de restauración, no sólo litúrgica sino de todo lo que viene con la Liturgia: las vocaciones, la doctrina, la catequesis, la práctica religiosa; todo esto producido por un obispo, luego dos, luego tres, etc., que llevasen el altar hacia la parte trasera de las catedrales, que restauraran los comulgatorios, reintrodujeran el latín y el canto gregoriano, y que celebrasen regularmente la Misa Tradicional. Vuelvo a enfatizar en lo mismo: esta “reforma de la reforma” no puede lograrse sin una más amplia celebración de la Misa según el Misal tradicional. E, inversamente, para que la liturgia tradicional exista en las parroquias ordinarias, se necesita un retorno a las fuentes tradicionales, representado por la “reforma de la reforma”.

Importantes oficiales que están a favor de este nuevo movimiento litúrgico también animan a la reducción del número de los concelebrantes y de las concelebraciones; la reducción del número de las plegarias eucarísticas; la reintroducción de elementos de la Misa tradicional en los muchos “agujeros” de la Forma de Pablo VI (genuflexiones, besos al altar, antiquísimas señales de la Cruz durante el Canon); el reemplazo de las Misas con enorme número de asistentes – en las que el culto se transforma en una demostración – por Horas Santas, la bendición con el Santísimo Sacramento; y la restauración del signo de paz como una acción sagrada y no como una signo de cortesía social; etc.

Este libro me trajo también muchas reacciones positivas de sacerdotes. Toda idea correctiva es útil si se pone en la práctica y no queda como un mero buen deseo. La mayoría provienen de párrocos que celebran tanto la antigua como la nueva Forma de la Misa. 40 años después de esta agitación sin precedentes en la historia del Rito Romano representada por la reforma de Pablo VI, y entre las ruinas de la secularización en el mundo católico que dicha reforma – al menos – no previno, es claro que hay un clima de “retorno”, en una minoría, pero que espera crecer. Por supuesto, la Liturgia es sólo uno de estos aspectos, pero dada la naturaleza de la Liturgia, se trata de un aspecto muy significativo.
***

***

BERNARD FELLAY: AFIRMA QUE LAS DISCUSIONES ROMA-FSSPX/SSPX PODRÍA SER PROMETEDORAS

Jueves 7 Octubre 2010
por Federico Sosa
Traducción al español de Secretum Meum Mihi de un aparte de una entrevista con el Superior General de la FSSPX/SSPX, Bernard Fellay, publicada por La Porte Latine, sitio de internet del distrito francés de esa Fraternidad.

[...]
10. Hace un año abrían las discusiones doctrinales entre expertos de la Santa Sede y la Fraternidad. Sabemos una gran discreción rodea estas relaciones, y muchos fieles rezan por su feliz resultado. Sin abordar las cuestiones de fondo, ¿debemos esperar ver un inevitable fracaso o, en su lugar, una restauración incontestable?
Teniendo en cuenta el tenor de las discusiones, no pienso que conduzcan a una ruptura brusca o a una solución repentina. Dos mentalidades se encuentran, pero la voluntad de entrar en discusión —a nivel teológico– es bien real. Esta es la razón por la que, aunque el desarrollo es probable que sea de largo, los frutos podrían ser a pesar de todo prometedores.
11. De estas discusiones, ¿es necesario esperar una condena firme del Concilio por parte de Roma o será necesario aceptarlo finalmente sin quejarse? ¿Cómo imaginar la salida de una tal crisis magisterial?
Me parece que si es una condena al Concilio llega un día, no será mañana. Se dibuja con toda claridad el deseo de corregir la situación. Sobre el estado presente de la Iglesia, especialmente grave, nuestras evaluaciones se encuentran en numerosos puntos, tanto sobre la doctrina como sobre la moral y la disciplina. Sin embargo, la tendencia dominante en Roma, consiste siempre en exonerar el Concilio:¡no se quiere ir hasta el Concilio, se está buscando otras causas, pero ciertamente no el Concilio! Vista la psicología ambiental, parece que sería más fácil de superarlo sólo indicando de manera concluyente la enseñanza de la Iglesia, dejando para más tarde la condena directa. Creo que en el contexto actual, no se incluiría una condena simplemente.-
[...]

fonte:radio cristiandad

BATALLA DE LEPANTO (7 DE OCTUBRE 1571) DESDE ENTONCES Y PARA SIEMPRE LA GRAN FIESTA DEL TRIUNFO DEL SANTÍSIMO ROSARIO DE NUESTRA SEÑORA



Autor: R. P. Rivadeneira S. I.
de “Vida y Misterios de Nuestra Señora”.
“Aunque ha sido muy célebre esta devoción del Rosario desde el tiempo de Santo Domingo, se hizo más célebre con ocasión de la famosa batalla naval de Lepanto, que se ganó por intercesión de nuestra Señora, y particularmente por la devoción de su santo Rosario, la cual, siendo tan sabida, no hay para qué referirla aquí de propósito, y siendo muy propia de la fiesta de hoy no se puede callar del todo, y por eso diré la suma de ella.
Después que Selim II de este nombre, gran turco, rompió las paces con la república de Venecia, y viéndose señor del mar por la multitud de sus naves y soldados, se señoreó del reino de Chipre, y empezó a hacer hostilidades y estragos en los cristianos, el santísimo Pontífice Pío V procuró unir todas las armas católicas contra el enemigo común de la cristiandad que deseaba dominarlo todo con su poder, y presumía eclipsar con sus lunas las luces clarísimas de nuestra fe. Excusáronse los otros príncipes cristianos, y solamente el rey católico Felipe II se coligó con el Papa y con la república de Venecia para oponerse a tan formidable enemigo. Dispúsose una poderosa armada, de la que iba por general D. Juan de Austria, hijo del invicto emperador Carlos V, en quien parecía herencia el valor y patrimonio el vencer. Buscó la armada católica a la turquesa, que esperaba en el golfo de Lepanto.
Los turcos contaban doscientas treinta galeras reales, con otras muchas galeotas y vasos menores; los cristianos llevaban más de doscientas galeras: ochenta y una del rey de España, ciento nueve de Venecia, y doce del Sumo Pontífice, tres de Malta y otras de caballeros particulares. Al llegar nuestra armada a vista de la del enemigo, el viento, que para los turcos era favorable y para los cristianos contrario, amainó casi de repente, empezando ya a desfavorecerles este elemento, y el mar se sosegó, como si pretendiera ver con reposo los dos más poderosos ejércitos del mundo disputarse sobre la posesión de él.
El de los turcos era muy superior en número; el de los cristianos era mayor en el valor: los turcos presumían alistarse debajo de sus banderas la fortuna, hinchados con repetidas victorias; los cristianos sabían qué venía con ellos la justicia de la causa; ambas armadas tenían presente la batalla y el riesgo, y esperaban la victoria y el triunfo; pero los infieles lo esperaban de su valor y los fieles del favor divino.
Por esto, ya que se acercaban a tiro de cañón, mandó su alteza enarbolar un crucifijo y muchas imágenes de Nuestra Señora, y todos, puestos de rodillas hicieron oración a Dios, poniendo por intercesora a la Virgen, suplicándole que no diese la victoria a sus enemigos por castigar a los que le confesaban y llamaban arrepentidos de sus culpas. Luego, habiendo esforzado los dos capitanes a sus soldados, y dado la señal de aceptar de ambas partes la batalla con dos tiros de bombarda, se acometieron las naves con increíble ímpetu, y se peleó por espacio de dos horas con extraño valor, con diferentes sucesos, ya prósperos, ya adversos, como los lleva la guerra, sin saberse aún dónde estaba la victoria, hasta que se reconoció en nuestra armada, y se fue declarando tanto por los cristianos, que en breve tiempo quedó desbaratada y deshecha la armada de los turcos; treinta mil con su bajá muertos, diez mil cautivos, ciento ochenta naves presas, noventa sumergidas, quince mil cristianos rescatados, casi trescientos tiros de artillería tomados; y lo principal fue cobrar las armas católicas la reputación perdida, y perder las mahometanas la soberbia y confianza ganadas en muchas victorias. Murieron de nuestra parte seis mil hombres, por lo cual fue esta batalla la más célebre que han conseguido en el mar los cristianos, y no sé si vio antes primera, ha visto después segunda en sus campañas el elemento del agua.
Debióse esta insigne victoria a las oraciones de San Pío V y de la cristiandad, donde el Santo Pontífice les mandó hacer; y fuera del valor de los soldados cristianos, ayudó mucho la devoción y celo con que confesados y bien dispuestos entraron en la batalla, para morir defendiendo la fe, si Dios por nuestras culpas diese a los infieles la victoria; y principalmente se debió a la intercesión de la sacratísima Virgen María nuestra Señora, singular patrona de las batallas, a quien el Sumo Pontífice encomendó esta empresa, y el general y capitanes hicieron diversos votos.
Consiguióse esta victoria en el primer domingo de octubre de 1571, día que la religión de Predicadores tenía consagrado, como todos los primeros domingos de cada mes, al culto de nuestra Señora del Rosario; y en éste, especialmente encomendaba a Dios el buen suceso de las armas católicas, por mandato del Sumo Pontífice San Pío V, el cual, en reconocimiento de tan señalada merced como recibió toda la cristiandad de la Madre de Dios, consagró este día a su culto, con título de “Santa María de la Victoria”; y Gregorio XIII, que le sucedió, mandó que se celebrase cada año, en el primer domingo de octubre, en todas las iglesias del orbe cristiano donde hubiese capilla o altar de nuestra Señora del Rosario, fiesta a nuestra Señora con título del Rosario, por haberse alcanzado esta victoria por su devoción. Confirmó esta fiesta Clemente VIII, y también Clemente X; a instancia de la reina nuestra señora doña Mariana de Austria. Y se fijó definitivamente para el día 7 de octubre, día de la grandiosa victoria de Nuestra Señora con su arma invencible de todos los tiempos: Su Santísimo Rosario.”

Hoy la Cristiandad no está amenazada por poderosas flotas ni ejércitos temibles. Pero sí la asedian, desde adentro y desde afuera de ella misma, fuerzas oscuras y siniestras que bajo la inspiración directa de Satanás procuran destruirla y desterrar de la faz de la tierra el Santísimo Nombre de Cristo.
Volvamos a Lepanto.
Volvamos a María, la siempre Virgen Madre de Dios.
Volvamos al Rosario.
Como Don Juan de Austria, Capitán de la Flota Cristiana que venció a los infieles, volvamos a gritar: ¡Cristo, Nuestro Capitán General!
.
Fuente: http://mariocaponnetto.blogspot.com/2009/10/1571-7-de-octubre-2009-batalla-de.html
fonte:radio Crisitandad

From Vatican Radio:"On Thursday [7 October 2010] Pope Benedict XVI accepted the resignation of Cardinal Claudio Hummes from the post of Prefect of the Congregation for Clergy. The Holy Father has appointed Italian Archbishop Mauro Piacenza to succeed Cardinal Hummes to the position."

Good News for Traditional Catholics and Priests!

 
*****
According to Rorate Caeli (which obtained the information from Cordialiter), Archbishop Piacenza is a "siriano," i.e., educated and formed in the tradition of the late Cardinal Giuseppe Siri (1906-1989). Others include Monsignor Guido Marini, Papal Master of Ceremonies. He was ordained by Cardinal Siri in 1969.
*****
Very interesting.

His Holiness certainly dispatched Cardinal Hummes as soon as he could.

He also appointed someone out of one of the most conservative traditions still extant in the Church to put his policies on the priesthood into effect. In the wake of the clerical sexual abuse "crisis" of this year, such an appointment certainly augurs well. Look for increased emphasis on tradition in seminaries, not simply in the use of Latin or the traditional Latin Mass, but in formation. Just saying you love Jesus isn't going to be enough.

Moreover, Archbishop Piacenza used to be the President of the Pontifical Commission for the Cultural Heritage of the Church (2003-2007).

Hoje é a Solenidade do Rosário de Nossa Senhora

 
Era costume entre os nobres da Idade Média(e outrora o foi também entre os romanos)usar coroas de flores a que chamavam capelas.Estas coroas ofereciam-se às pessoas de distinção, a título de estima e dependência.

Senhora do Céu e da Terra, a Virgem SS.tinha, mais que ninguém, direito a estas homenagens.Por isso a S.Igreja nos exorta a que Lhe ofereçamos, como Filha do Pai, Mãe do Filho e a Esposa do Espírito Santo,uma tríplice capela de rosas de que nos mostra a incomparável beleza no Ofício de hoje a que deu o nome de Rosário.

A oração recorda-nos que o Rosário, sendo uma oração vocal, é simultâneamente mental pela meditação dos mistérios da vida do Salvador tão intimamente ligados com a vida da Senhora.

E o Evangelho ensina-nos que a fórmula principal da Ave Maria é constituída pelas mesmas palavras de que o Arcanjo Gabriel se serviu para saudar a Virgem Maria( a saudação angélica).Para recordar e agradecer a Deus à vitória de Lepanto, alcançada pelas armas cristãs sobre os turcos no dia 7  de Outubro de 1571, vitória que se deve à recitação do Rosário e em que o Islão foi completamente esmagado, para recordar este fato miraculoso instituiu a Santa Igreja a festa de hoje.

Prescrita primeiramente por Gregório XIII para certas igrejas, foi estendida por Clemente XI ao mundo católico, em ação de graças por um novo triunfo alcançado por Carlos VI da Hungria sobre os Turcos em 1716. Leão XIII, perante as dolorosas provas que a Igreja atravessava no seu tempo, criou um novo Ofício para a festa que celebramos hoje.

O rosário nasceu do amor dos cristãos por Maria.Chamada de Santa Maria da Vitória, esta memória celebrava a libertação dos cristãos dos ataques dos turcos na batalha de Lepanto, na Grécia.Oferecemos a Maria, hoje, a nossa tríplice cora de rosas que lembra sua alegria, suas dores e sua glória.

Ameaçava grande perigo à Igreja, como à Europa toda, da parte dos turcos, cujo imperador jurara exterminar a religião cristã. Pio V envidou todos os esforços, fez valer toda sua influência junto aos príncipes cristãos para conjurar essa desgraça iminente. Para obter de Deus que abençoasse as armas cristãs, ordenou que se fizessem, em toda a parte da cristandade, preces públicas, particularmente o terço, procissões, penitência. Paralelamente, em 1570, os otomanos, de notável poderio militar, apoderaram-se do Santo Sepulcro em Jerusalém e não permitiam a visita dos cristãos. O próprio Papa, em pessoa, tomou parte nesses exercícios extraordinários, impostos pela extrema necessidade. Organizou uma Cruzada, cujo comando entregou a Dom João da Áustria, que era irmão de Carlos V, Imperador do Sacro Império Romano. Aconteceu a Batalha Naval no Golfo de Lepanto. A armada turca, com poderio militar que ultrapassava o dobro dos navios dos cruzados, incidiu ferozmente para destruir os cristãos. Os chefes cruzados ajoelharam e suplicaram a intercessão de Nossa Senhora. Por intercessão de Maria Santíssima, foram inspirados pelo Espírito Santo a rezar o Terço como única forma de enfrentar e vencer o inimigo e assim o fizeram. O êxito foi glorioso. A vitória dos cristãos em Lepanto (1571) foi completa.

As festas de Nossa Senhora da Vitória e do SS. Rosário perpetuam até hoje a memória daquele célebre fato. No momento em que a batalha se decidia a favor dos cristãos, teve o Papa, por revelação divina, conhecimento da vitória e imediatamente convidou as pessoas presentes a dar graças a Deus. Era seu plano organizar uma nova campanha contra os turcos, mas uma doença dolorosa não lho permitiu pô-la em execução. S.Pio V,antes, porém, havia instituído, como agradecimento pela vitória em Lepanto, a festa de Nossa Senhora das Vitórias. (Dois anos mais tarde, o Papa Gregório XIII, seu sucessor, lembrando que a vitória de Lepanto foi mais uma vitória do Rosário, mudou o nome da festa para Nossa Senhora do Rosário.)
fonte:http://caius-santachiesa.blogspot.com/

terça-feira, 5 de outubro de 2010

The ancient rite of Mass embodies a spirituality and spiritual lessons that can appeal to every generation and time. By ancient ritual is meant that rite which was codified by St. Gregory the Great and which underwent a very slow organic development over the course of centuries. The last missal promulgated that enjoys that organic growth is that of 1962.Insofar as it is the work of God and the saints, the liturgy embodies certain spiritual principles in the very nature of the ritual that are worthy of reflection. Obviously, we cannot exhaust them all, so we shall limit the discussion to four: 1) the awareness of our sinfulness, 2) the need for self-denial, 3) perfection in virtue and 4) certain aspects about prayer. All of these are essential elements of any sound spiritual life.

    
 
The Spirituality of the Ancient Liturgy
by Father Chad Ripperger, F.S.S.P. - Summer 2001
First of two parts
Among liturgists and theologians, it is generally considered true that each form of ritual embodies a kind of spirituality which is proper to that ritual. Thus, for example, the Eastern rites tend to emphasize the mysterious aspects of the spiritual life as well as the role of icons in promoting devotion to Our Lord, Our Lady and the saints. The ancient rite of Mass embodies a spirituality and spiritual lessons that can appeal to every generation and time. By ancient ritual is meant that rite which was codified by St. Gregory the Great and which underwent a very slow organic development over the course of centuries. The last missal promulgated that enjoys that organic growth is that of 1962.
It is the common perception in the Church today that the liturgical development of the medieval period was, in fact, decadent and that we must return to the apostolic and early Church period in order to know what real liturgy is as well as God’s will regarding the liturgy. This is, however, a fundamentally flawed notion. Aside from the fact that modern liturgical experts (and by modern I mean of the last 100 years or so) were not accurate in their understanding of the liturgies of the early Church, the notion that medieval liturgical development was somehow an aberration is really a rejection of what was an authentic development based upon the understanding of the Mass as sacrifice. Moreover, such figures like to harken back to an era when the liturgy was supposedly “pristine,” by which they usually mean that it conformed to their faulty theology of the Mass as a meal.
The point here is not to give a history lesson, but to explain that one of the premises on which this essay is based is that the ancient rite of Mass is actually the product of the hand of God Who used saints throughout history to develop it according to His holy intention. The desire to reject our liturgical patrimony seems to me to be in fact a desire to reject those things which God has done. Insofar as it is the work of God and the saints, the liturgy embodies certain spiritual principles in the very nature of the ritual that are worthy of reflection. Obviously, we cannot exhaust them all, so we shall limit the discussion to four: 1) the awareness of our sinfulness, 2) the need for self-denial, 3) perfection in virtue and 4) certain aspects about prayer. All of these are essential elements of any sound spiritual life.
I. Awareness of Sin
The first is, again, an awareness of our own sinfulness. The ancient rite of Mass starts with the prayers at the foot of the altar, which begins the Mass with the priest orienting himself to the altar – the altar of his youth. The altar is, of course, the place where the sacrifice for our sins takes place, and the priest asks God to judge his cause. Immediately, there is a clear understanding that there are good and bad in this world. Since the Confiteor is required in every Mass, the ancient ritual makes it clear to us that we have sinned and the priest, and later the people, confess their sins not only to God but also to the whole heavenly court – i.e., to specific saints as well as to all the saints in general. The priest himself must confess his sinfulness independently of the people, both as an example for them and a sign that the priest needs to be keenly aware of his own personal sinfulness. The priest asks to be washed and forgiven repeatedly throughout the ritual in order to foster a sense of humility and unworthiness before God to perform the function that belongs to him. No priest who takes the prayers seriously can be overcome with pride. As the priest ascends to the altar, he asks for the sins of the people to be taken away and then as he reverences the altar he asks specifically that all his sins be pardoned.
There is of course the Kyrie, which is an appeal for God’s mercy, and before the Gospel the priest asks again that his heart and lips be cleansed. Aside from the Confiteor, perhaps the most notable recollection for the priest for his sins is contained in the offertory prayer Suscipe, sancte Pater. The priest says during this prayer that he offers the spotless Host to “atone for my innumerable sins, offenses, and negligences.”
It is necessary for the priest to remind himself constantly of his sinfulness and his proclivity to evil so that he will be motivated to root the sin out of his life. It is also necessary for the priest to do this so that he recognizes his unworthiness to offer the sacrifice and the need to strive for purity and holiness in order to offer it worthily. Since the first step toward sanctified perfection is to be aware of and admit to one’s own sinfulness, these prayers are highly important for the spiritual lives of priests. None of us who are aware of the scandals and sins associated with priests over the past forty years should desire that these prayers be taken out of the offertory or Mass. The laity must desire that the priest be sinless, and one of the ways that is facilitated is by recognizing in the prayers at Mass that he is offering this sacrifice not only for the people but also for himself. If a priest has a sensitive conscience and knows that he must remain pure for the sake of offering the sacrifice, then he merits more graces from God for the people. Today people say that as long as the Mass is valid, the state of the priest does not really matter. While it is true that a priest does not have to be in the state of grace to offer the Mass validly, nevertheless, he has an obligation to be as holy as possible in order to merit more for those under his pastoral care.
There are of course two kinds of merit in the Holy Sacrifice of the Mass. The first is Our Lord’s own Sacrifice in which, by the hands of the priest, He is offered to God the Father in expiation for our sins. Here we are referring to the fact that the Mass is the participation in the Sacrifice of Calvary and the merit flowing from this Sacrifice is infinite since That Which is offered is Infinite. But in addition to this essential or primary merit, there is a secondary merit that flows from three things: (1) the holiness of the priest, (2) the holiness of the people who join their own particular sacrifices to the Sacrifice of the priest and (3) the ritual itself. In order for us to gain more fruits from the Mass, we must do everything we can to aid the priest in being holy, e.g., by offering our prayers and mortifications for him so that he will obtain a holiness of life. But this is possible only when the priest is constantly reminded of his ability to fall into sin if he does not rely on the grace of God. It does not help us to ignore this reality and remove it from the ritual. Rather, the awareness of our sinfulness is absolutely necessary for our spiritual advancement, and the ancient ritual is not lacking in this regard.
The word culture comes from the Latin word “cultus.” While our subject does not allow us to go too far into the discussion, we should be aware of the fact that the cult – that is, the liturgy or rituals of the predominant religion – actually determines the culture of the society. We have seen this historically during the Protestant revolts and we have even seen it in our own lifetimes: when the Church changed the ritual of the Mass, the Catholic subculture in this nation collapsed. The point here is that if we want to transform our culture, we must have a ritual that possesses a keen awareness of our sinfulness; if we expect our society to have an awareness of sin, the priest when he approaches the altar must have a sense of his sinfulness. Since all graces come into the world by means of the Catholic Church, if our ritual is deficient, then perhaps we are cheating the world of the graces that the ritual we offer is meant to convey.
II. Self Denial, Detachment and Mortification
The second spiritual aspect of the ancient ritual that is manifest in a number of ways in the old rite is the sense of self-denial and mortification. One of the clearest manifestations of this self-denial is the old rite’s silence. When we meet someone who has the vice of loquacity, of talking too much, it is usually because the person is full of himself. It is a fact of human nature that any time we do something that is in accord with our physical dispositions, we get a certain pleasure from it. People often speak of being in the “mood” for certain things and not others, and when they get the thing that corresponds to their mood, they experience a certain pleasure in it. Talking is much the same way: the appetites can become attached to talking, and this is precisely what the old rite militates against. By requiring the silence of the people, it provides an opportunity for the appetitive desire to talk to be stripped from those in attendance.
I have had many discussions with laity who come to the old rite for the first time and they often find an appetitive revulsion to the ritual because of the silence. They do not express it exactly that way, of course, but as they talk it becomes clear that they do not like the fact that they are not being talked at and not doing some of the talking themselves. St. John of the Cross used to say that before he would enter into mystical contemplation his “house,” as he called himself, became all quiet; and by this he meant that all of his appetites and faculties had quieted down. This is a sign to us that we must be quiet, we must be stripped of self in order to ascend the heights of perfection, and the old Mass aids that understanding. Moreover, it teaches us that we do not have to be the center of attention by talking in order for the ritual to have a deeper meaning and significance.
The old ritual also fosters a sense of detachment on the side of the priest and the people because the ritual is completely determined by Holy Mother the Church. We see in the Old Testament that God gave very detailed instructions on how He was to be worshiped. This is key in understanding the liturgy in two ways. The first is that the liturgy is not our action, it is the action of God by means of the priest; it is not something we do, it is essentially something God does, for the consecration cannot take place without God Who is the first cause of the Sacrifice. The second way is that it is God, and not ourselves, Who determines how we will worship Him. This has been one of the most notable failings in modern times: a desire to determine for ourselves how we will worship God. It is erroneous because it is up to God to tell us the type of worship that pleases or displeases Him and, therefore, only He should be the one to determine the ritual. It was mentioned earlier that God had fashioned the liturgy over the course of time through the saints, who were filled with love of God – everything they did came from Him and led back to Him. The old rite teaches us the important spiritual lesson that if we are going to be holy and pleasing to God, then our task is to conform to the liturgy and not make the liturgy something of our own doing or make it conform to us.

Furthermore, since it is God who must determine the ritual, we learn that the Mass is not about us but about God. We are only a secondary aspect of the rite. This is made clear in the ancient ritual in that control over the liturgy is taken away from us, and we thereby recognize that it is not about us. While our desire is to benefit from the Mass, our benefit ultimately must be referred back to God; that is to say, we become holy because it gives God greater glory. So even the aspects that affect us are ultimately about God.
The traditional rite, by determining how the ritual is to be done, provides two important spiritual benefits for the priest. The first is peace, for he can go and conform himself to the will of God by following the rubrics of the Mass since they are predetermined; as a priest I cannot say what a great sense of freedom this gives. He does not have to fret over what he will choose and say because he is worried about what the congregation may think. He does not have to listen to a liturgical committee trying to tell him what to do. The second is that it teaches the priest self-denial and sometimes mortification when the ritual is out of his hands. The Mass is not about the priest; it does not have to be sustained by his personality. Obviously only a priest can offer the Mass, but he can lose and forget himself when the whole ritual is determined by the Church, which is the Vox Dei, the Voice of God. It makes it possible for him to forget himself and everything else so that he can perfectly enter into the mystery and the sacred realities present, and thereby derive the greatest benefit from them. In a most perfect fashion, he acts in persona Christi – in the person of Christ – because his own personality is minimized and he can become more like Christ. Since he says Mass facing God and not the people, his own personality, or lack thereof, is not what sustains the ritual. He is able to let his own personality fade into the background so that he can concentrate fully on attending to God. Here when we talk of service, the priest serves God first and foremost. Too often when the term “service” is used in conjunction with the priesthood, it usually means some type of social service, rather than its real meaning of service to God.
The old Mass has only two kinds of options, both of which are heavily regulated. The first is that on certain days, according to certain conditions, votive Masses can be said; but that is something exterior to the ritual. The second is that under certain circumstances and on certain days, predetermined optional prayers may be added to the propers, e.g., to pray for rain, for peace, or something of this sort. But these are heavily regulated so that the priest understands that while he may choose to do them, when and how are not entirely up to him. The point is that options within the ritual should be minimized in order to foster obedience to superiors, self-denial and the reduction of self-will, all of which are necessary to the spiritual life. If many options are allowed, it actually militates against the priest’s self-denial and it fosters self-will, since the ritual becomes subject to his choice. It also leaves him with the impression that the liturgy is really his doing rather than an action performed by God through him.
Lack of options teaches the priest detachment and it also teaches the laity self-denial because they know they cannot try to manipulate the priest to do in the liturgy what they want, since it is out of his hands. Detachment is key to any discussion of the liturgy and any sound spiritual life. Modern man has lost all detachment regarding the liturgy and he is constantly subjecting it to his appetites. But we need detachment, and any discussion of liturgical restoration requires that people first detach themselves from what they want so that they can know what God wants. Furthermore, the multitude of options and lack of detachment in the liturgy has led to a type of Immanentism. Immanentism is a philosophy or notion which holds that everything of importance is about us and comes from us. If it is not from us, then it has no meaning or significance. Immanentism comes from the two Latin words in and manere which mean to remain in. Since man is incapable of reaching the heavens on his own (Babel and the Pelagian heresies have clearly demonstrated that), the liturgy must be from God and about God in order to draw us out of ourselves and to foster any sense of the transcendent, the striving for which is deeply rooted in the heart of man.
The ancient liturgy also provides a depth to one’s spiritual life for three reasons. The first is that it takes us out of ourselves and brings us to God; if we remain in ourselves and if we fashion a liturgy that is at our whim and ultimately about us, then we are doomed to shallowness and superficiality. Rather, insofar as the liturgy is out of our hands, we recognize that it is beyond us, it is mysterious, and insofar as it is about God, it can forever be contemplated. The second is that it is founded on tradition. Tradition provides a mechanism in which man can abandon himself to God who fashions the tradition rather than taking control of it himself and jettisoning the tradition. In other words, tradition provides a mechanism by which the spiritual and liturgical patrimony of the saints can be given to each generation, who can use it to their spiritual benefit. Like someone who does not know his historical roots and therefore does not know himself, modern man has chosen to reject liturgical tradition and replace it with himself, only to be lost in self and never truly to understand himself. Tradition provides a way for the young to ground themselves in the wisdom of the past. This applies not only to cultural things but to the liturgy and the spiritual life as well.
The third thing that the ancient liturgy provides is repetition. Now modern man has rejected repetition because he has a fixation on novelty. Novelty, of course, gives our appetites delight but does not necessarily indicate depth. To enter into something in depth requires time and repeated considerations of a thing. Repetitio mater discendi, as we say in Latin: repetition is the mother of learning. This principle applies not only to learning but to our spiritual lives as well. By repeating a prayer, its meaning becomes more known to us and therefore is able to be entered into more perfectly and with greater depth. Since the ancient rite allows not for novelty but repetition, it provides a way in which people can focus on the mysteries present rather than the new things that are constantly popping up. With the silence quieting our faculties and the repetition that characterize each Mass, we are able to participate in and enter more perfectly into the mysteries of the Mass. Too often participation is equated with physical activity rather than the higher and more active form of participation which is spiritual participation.
to be continued next issue
Fr. Chad Ripperger, F.S.S.P., is a professor at St. Gregory’s diocesan minor seminary and Our Lady of Guadalupe seminary, both in Nebraska. 

fonte.http://www.latinmassmagazine.com/

What is the Most Holy Sacrifice of the Mass?You will understand what the Mass is, why it is holy, and why you must be there. This is our promise to you. :The Mass, first and foremost, is a Sacrifice. Not a figurative sacrifice, not a mere remembrance of something done long ago, and not a metaphor. It is a real sacrifice. At Mass you are witnessing – even participating in – a sacrifice, very real and very present.Our lack of understanding the Mass as a Sacrifice contributes to most of the confusion that surrounds our going there and being there. But what is the nature of this Sacrifice, and how is it enacted? Who does the sacrificing and who or what is sacrificed? How do we ourselves participate in it?

 
 

The Most Holy Sacrifice of the Mass: a Primer for Clueless 
Catholics
 

A PRIMER for CLUELESS CATHOLICS

http://www.boston-catholic-journal.com/images/most-holy-sacrifice-of-the-mass.jpg

Part I

We are Clueless

Admit it.

You haven't the foggiest idea what is going on during Mass.

You may not even know why you're there.

The reasons are many:
 
  • It's what Catholics do and I am Catholic.
     
  • I want my kids to grow up in this tradition that comes from my parents, grandparents, and forebears throughout the 2000 years preceding my coming into this world through them.
     
  • It is something good to do and it is holy ... although why it is good and why it is holy remains a mystery to me.
     
  • My friends go ... although they do not know why either.
     
  • I need God's help, and if I go to Mass He will look favorably on me.
     
  • God is there ... although just how He is there, I do not understand – after all, God is everywhere, right? – so why is this place so special?
     
Do not be ashamed. It is not your fault. There are answers – good answers – for all the questions this short list brings up.

Y
ou were never taught.

It is really that simple. No one took the time to sit down and talk with you about what is the most important event in your life – and it occurs every 7 days. In fact, whatever else you do during the other 167 hours of the week (job, school, charity – in fact, every other responsibility, necessity, or good work) however good, kind, lofty, noble, pales in significance to the Mass.
 

The Basics:

Before you go further in this brief study – and it is a study that we invite you to – of the single most important thing in your life, we must make a promise to you first: it will not be dry or boring, nor will it be fraught with meaningless pieties. You will understand what the Mass is, why it is holy, and why you must be there. This is our promise to you.
It will not be "socially correct", sanitized to sensitivities, or keeping in step with the passing fads that blow through the pews and across the Altars as so many shifting winds following that elusive mantra of "what is in vogue". There is perpetuity in the Church, and unchangeable elements of the Mass. Hopefully, we will enable you to see beyond the Mass so often presented as entertainment, hosted by an entertainer, to the deep and very sacred reality within it.

"
The Mass", as we most often call it, is really short for, "The Most Holy Sacrifice of the Mass".
 Linger a moment on those 7 words, for they contain quite nearly everything that you will need to know in order to understand why you go to Church, or why you ought to.

The Mass, first and foremost, is a Sacrifice. Not a figurative sacrifice, not a mere remembrance of something done long ago, and not a metaphor. It is a real sacrifice. At Mass you are witnessing – even participating in – a sacrifice, very real and very present.

Does that surprise you?

We do not hear very much about this – but unless we understand this most fundamental, this absolutely central aspect of the Mass, nothing else makes sense. Our lack of understanding the Mass as a Sacrifice contributes to most of the confusion that surrounds our going there and being there.

But what is the nature of this Sacrifice, and how is it enacted? Who does the sacrificing and who or what is sacrificed? How do we ourselves participate in it?

Tomorrow we will begin to understand.

Lord ... 
dost THOU come to me ...? The Sacrifice at Calvary that occurs during the Mass Holy Communion --- Receiving the Real Body and Blood of Jesus 
Christ
(click any graphic above to expand it)
 


http://www.boston-catholic-journal.com/images/holy-communion-50pct.jpg

Part II 

A Sacred Darkness
 

So far, we have learned this: that the MASS IS PRIMARILY A SACRIFICE.
Unless we begin to grasp this, we can go no further. We are, as it were, standing at the door looking in, aware that we are in the vestibule of something deeply sacred. Beyond the doors we will encounter something that we have never experienced in our lives: the Sacrifice – not of bread and wine; not even a merely "commemorative", still less a "symbolic", Sacrifice. No. We will witness the Sacrifice of a Human Being.
We will witness death.
As in most things of great importance, our eyes will betray us. You know well of what I speak. The world of "appearances" that surrounds us so often as a lie. It is among the greatest of paradoxes that we are blinded by our sight, and given sight by our blindness. Things are so seldom what they appear to be: the fluted columns of "marble" within most Churches are really plaster, and the voice that greets you in kindness in the vestibule will calumniate you as soon as you leave. Our eyes tell us that this man is sinful and that woman pious, seeing nothing of the humility in the one and the pride in the other. How much love, and how much malice, is concealed from our eyes. Why, the very sky itself is not blue, but only appears so.
At the door of the Church, you enter, or ought to enter, a sacred darkness. The world lies without. God lies within. Appearances must fall away the moment you anoint yourself with the Holy Water and sign yourself with the Cross. The world has passed. You have entered another dimension in which time itself is anointed with eternity. Your eyes will avail you nothing here. Here they will distract you, vex you, call you to your neighbor and away from God. Your ears will not be deafened by a sacred silence, but will contend with a thousand words that have no place in Church and in the presence of the Living God.
The only one who will not compete for your attention is God. The humility of God is stunning.


To Whom have you come this day? To God. Where is He?


No, He is not upon the Altar. Not yet. Nor is He in the statues, if any remain. He is not even on the Crucifix ... at least not yet.
But He is here. No, no ... not in the mindless aphorism that "God is everywhere." He is truly here. He has deigned to come to a place, a specific place, and to dwell there in utter humility; a place before which you can actually kneel, lift up your face, close your eyes, and look upon Him. ... as He looks upon you. He confines Himself for you, because He knows your littleness.
"But where?", you ask with incredulity. "Where is the Living God, that I may be before Him?" How this can be you will soon understand, but right now it is only important that you realize that He is there – right before you. Not symbolically, not metaphorically – but Body, Blood, Soul, and Divinity, He is there! As really and truly as I would be, could I stand before you. You could ... in fact, you will ... even touch Him!
The difference between His being there before you, Body, Blood, Soul, and Divinity – and His being absent from you – is the blink of an eye ... an eye that sees not upon opening, but closing. It is the difference that Mary, the Mother of God, experienced as she stood at the foot of the Cross and closed her eyes in her unfathomable grief ...
Was Jesus still on the Cross before her as she closed her eyes?
He is no less present to you when you kneel before Him ... and close your eyes ...

Where?

The Tabernacle: Jesus 
in the Most Blessed Sacrament of the Altar
 
In the Tabernacle ... in that little gold House of the Living God within which He dwells really and truly ... in the Most Blessed Sacrament of the Altar ... under what only appears to be a humble Host; what, to the eyes, is only bread. Bread? Yes, Bread! "The Bread of Angels that has come down from Heaven" and which to eat is life everlasting (St. John 6:48-52). He is there!
You will find the Tabernacle behind the Altar – or, sadly, often shunted off to the side, but if you look carefully, you will find it, and when you find it you will find Him! Most often it has a little door (for Him Who is "the Gate") upon which two engraved angels face each other in adoration of Him within. But they are made merely of gold. You are made in the very image of God!
Do no less than the angels ... and adore Him Who awaits you there.
 


  • What we have learned today: JESUS CHRIST is really and truly present, Body, Blood, Soul, and Divinity – as really as you or me in the Tabernacle ... under the appearance of Bread ... HE IS THERE!
     



Go to Part:

I  II  III  IV  V  VI  VII  VIII

 
Boston Catholic Journal - Nihil autem nisi Jesu - Nothing except 
Jesus
fonte.http://www.boston-catholic-journal.com/

segunda-feira, 4 de outubro de 2010

A mais um grupo de Bispos Brasileiros, Papa insiste na necessidade da acção missionária e aponta como modelo o P.José Anchieta

 





(4/10/2010) “Ai de mim, se não anunciar o Evangelho!”: a exclamação do Apóstolo Paulo foi evocada por Bento XVI ao receber nesta segunda-feira no Vaticano mais um grupo de Bispos brasileiros, dezoito, da região interior da Amazónia, uma extensíssima área de mais de dois milhões de Km2. O Santo Padre insistiu sobre a responsabilidade de dar cumprimento ao mandato de Jesus que nos mandou anunciar a sua Boa Nova.
Foi porque “Deus quer que todos os homens se salvem e cheguem ao conhecimento da verdade” que Jesus veio a revelar-nos, por palavras e pela sua vida, os caminhos ordinários de salvação. É verdade que os homens se podem salvar por outras vias, graças à misericórdia de Deus, se eu não lhes anunciar o Evangelho. Mas – objectou o Papa – “poderei eu salvar-me se por negligência, medo, vergonha ou por seguir ideias falsas, deixar de o anunciar?”

Ponderando também a objecção que por vezes surge de que “impor uma verdade… ou uma via, ainda que seja a salvação” constituiria uma violência à liberdade religiosa, Bento XVI respondeu citando textualmente uma passagem da Exortação “Evangelii nuntiandi”, de Paulo VI:

“É claro que seria certamente um erro impor qualquer coisa à consciência dos nossos irmãos. Mas propor a essa consciência a verdade evangélica e a salvação em Jesus Cristo, com absoluta clareza e com todo o respeito pelas opções livres que essa consciência fará – e isso, sem pressões coercitivas, sem persuasões desonestas e sem aliciá-la com estímulos menos retos – longe de ser um atentado à liberdade religiosa, é uma homenagem a essa liberdade, à qual é proporcionado o escolher uma via que mesmo os não crentes reputam nobre e exaltante. (…) Esta maneira respeitosa de propor Cristo e o seu Reino, mais do que um direito, é um dever do evangelizador. E é também um direito dos homens seus irmãos receber dele o anúncio da Boa Nova da salvação”

No que diz respeito ao caso concreto do Brasil, e aos desafios com que ali se depara a renovação missionária, Bento XVI propôs o exemplo do jesuíta do século XVI José Anchieta:

“(…) vem-me a mente a figura do Beato José de Anchieta. Com efeito a sua incansável e generosíssima actividade apostólica, não isenta de graves perigos, que fez com que a Palavra de Deus se propagasse tanto entre os índios quanto entre os portugueses – razão pela qual desde o momento de sua morte recebeu o epíteto de Apóstolo do Brasil – pode servir de modelo para ajudar as vossas Igrejas particulares a encontrar os caminhos para empreender a formação dos discípulos missionários no espírito da Conferência de Aparecida”.

Neste contexto, o Papa advertiu contra o risco de “uma visão reducionista do conceito de missão”:
“Esta não pode ser limitada a uma simples busca de novas técnicas e formas que tornem a Igreja mais atrativa e capaz de vencer a concorrência com outros grupos religiosos ou com ideologias relativistas. A Igreja não trabalha para si: está ao serviço de Jesus Cristo; existe para fazer que a Boa Nova seja acessível para todas as pessoas. A Igreja é católica justamente porque convida todo o ser humano a experimentar a nova existência em Cristo”.

No início da audiência tomara a palavra, para uma saudação ao Papa, em nome dos 18 bispos presentes, todos da região da Amazónia interior, D. Moacyr Grechi, arcebispo de Porto Velho, que sublinhou como só a partir do Concílio Vaticano II a sociedade brasileira e a própria Igreja despertar para a realidade da Amazónia e para a atenção que merecia na actividade pastoral:

“A Amazônia sempre tem sido considerada colônia do resto do Brasil. Seus problemas surgem, quase todos, de fora. Também a Igreja do Brasil só acordou para a realidade da Amazônia como parte de sua estrutura e missão há poucas décadas. As etapas principais dessa mudança foram o Concílio Vaticano II, Medellín e a reunião dos bispos da região em Santarém-PA, com suas orientações e prioridades, em 1972. Este encontro é como que a carta de identidade da Igreja da Amazônia.
O Projeto “Igrejas Irmãs”, a vinda dos padres “fidei donum” (padres diocesanos mandados por suas Igrejas de origem) e a Comissão Episcopal para a Amazônia, foram decisivos para uma profunda mudança de atitude principalmente das dioceses do Sudeste e Sul do Brasil, em relação à sua responsabilidade quanto à Amazônia.
A pobreza, o reduzido número de padres, a invasão das Igrejas Pentecostais de todo gênero, são um desafio, sem contar os de natureza sócio-econômica e cultural. Só agora temos um modesto Instituto Superior na Amazônia aprovado oficialmente. Se hoje a Missão na Amazônia é difícil, o era infinitamente mais no tempo de nossos predecessores vindos de tantos países, e que prepararam o terreno para o nosso trabalho atual. Muitos deles e delas (Irmãs), seriam dignos/as da glória dos altares. Em nome de todo o episcopado da Amazônia quero agradecer a ajuda econômica que Sua Santidade, pessoalmente, se empenhou em nos oferecer nestes últimos anos."

Bento XVI deixa palavras e gestos contra a Mafia na Sicília:Viagem a Palermo marcada pela memória dos que morreram por causa da violência criminosa

 Pope Benedict XVI leaves  the Cahtedral in Palermo after meeting 
with believers and priests on October 3, 2010.  




(4/10/2010) Bento XVI realizou este Domingo, 3 de Outubro, a sua primeira viagem à Sicília, marcada por palavras e gestos simbólicos contra a Mafia.
Num encontro com milhares de jovens, em Palermo, o Papa pediu que os mesmos não cedessem às “sugestões da Mafia, que é um caminho de morte, incompatível com o Evangelho”.
"Não tenhais medo de enfrentar o mal! Juntos sereis como uma floresta que cresce, porventura silenciosa, mas capaz de dar fruto, de levar vida e de renovar de modo profundo a vossa terra", declarou.
Ao fim da tarde, durante o percurso de Palermo para o aeroporto “Falcone e Borselino”, de Punta Raisi, para regressar a Roma, após a visita realizada ao longo do dia à capital siciliana, Bento XVI quis que o cortejo fizesse uma paragem em Capaci, no local onde em Maio de 1992 ocorreu o trágico atentado contra o juiz Giovanni Falcone e a sua escolta. O Papa desceu do automóvel para depor uma coroa de flores junto de uma das estelas funerárias ali erguidas em recordação das vítimas, e deteve-se em oração silenciosa, recordando todas as vítimas da máfia e das outras formas de criminalidade organizada. Retomou depois o caminho para o aeroporto, para reentrar em Roma.
Horas antes, numa reunião com o clero da cidade, o Papa lembrou “o bárbaro assassinato do padre Giuseppe Puglisi, deste presbitério”, morto pela Mafia.
“Ele tinha um coração que ardia de autêntica caridade pastoral; no seu zeloso ministério, deu grande espaço à educação das crianças e dos jovens, esforçando-se ao mesmo tempo para que todas as famílias cristãs vivessem a vocação fundamental de primeira educadora dos filhos”, indicou.
Recordando que está em curso a causa de beatificação deste “bom pastor”, Bento XVI pediu aos padres de Palermo e de toda a Sicília, que não esquecessem o exemplo do padre Puglisi: “Exorto-vos a conservar viva a memória do seu fecundo testemunho sacerdotal, imitando o seu heróico exemplo”.

Povo da Sicília, encara com esperança o teu futuro! Vive com coragem os valores do Evangelho: Bento XVI na homilia da Missa no Fórum Itálico de Palermo

 



(3/10/2010) Bento XVI encontra-se em Palermo, aonde se deslocou por ocasião do encontro eclesial regional de famílias e jovens. O Santo Padre que esta tarde dirigirá a sua palavra aos padres, religiosos, religiosas e seminaristas na catedral, concluirá a sua visita encontrando os jovens na Praça Politeama.
No Fórum Itálico de Palermo, Bento XVI preside neste momento a Missa concelebrada com todos os bispos da Sicília.

Um forte encorajamento a viver e testemunhar a fé cristã, no meio de todas as dificuldades, foi o a dominante da homilia desta celebração. Fazendo-se eco das palavras do arcebispo de Palermo, D. Paulo Romeo, que evocara os problemas concretos com que se debate a população da Ilha, também Bento XVI reconheceu expressamente tais “dificuldades, problemas e preocupações”:

“Penso, em particular, nos que vivem concretamente a sua existência em condições de precariedade, devido à falta de trabalho, à incerteza do futuro, ao sofrimento físico e moral e, como recordou o arcebispo, em razão da criminalidade organizada. Hoje estou no meio de vós para testemunhar a minha proximidade e a minha recordação na oração. Estou aqui para dar-vos um forte encorajamento a não ter medo de testemunhar com clareza os valores humanos e cristãos, tão profundamente radicados na fé e na história deste território e da sua população”.

As leituras desta Missa – sublinhou o Papa – “falam todas da fé, fundamento de toda a vida cristã”. “Jesus educou os seus discípulos a crescer na fé, acreditando e confiando cada vez mais n’Ele, edificando sobre a rocha a própria vida”. E quando eles lhe pedem “Aumenta em nós a fé”, Jesus, sem responder directamente, recorre a uma imagem paradoxal para exprimir a incrível vitalidade da fé:

“Como uma alavanca move muito mais do que o próprio peso, assim a fé, mesmo um pouquinho de fé, consegue realizar coisas impensáveis, extraordinárias, como desenraizar uma grande árvore e transporta-la no mar. A fé – confiar em Cristo, acolhê-lo, deixar que nos transforme, segui-lo profundamente – torna possíveis coisas humanamente impossíveis, em cada realidade”.

Bento XVI prosseguiu a sua homilia evocando a “fervorosa fé” que ao longo dos séculos enriqueceu e animou a Igreja que está em Palermo, sobretudo na pessoa de tantos santos e santas, como santa Rosália, padroeira da cidade. O Papa convidou os palarmitanos a conservarem este “precioso tesouro de fé”, deixando-se guiar sempre pelos valores cristãos. Especial exortação, dirigiu-a Bento XVI aos leigos da Sicília:

“A vós, fiéis leigos, repito: não tenhais medo de viver e testemunhar a fé nos vários âmbitos da sociedade, nas múltiplas situações da existência humana, sobretudo nas mais difíceis! A fé dá-vos a força de Deus para ser sempre confiantes e corajosos, para ir para a frente com nova decisão, para tomar as iniciativas necessárias para dar um rosto cada vez mais belo à vossa terra!”

“E quando encontrardes a oposição do mundo (prosseguiu o Papa), recordai-vos da exortação do Apóstolo (na segunda leitura) “Não te envergonhes de dar testemunho do nosso Senhor”. Aquilo de que uma pessoa se deve envergonhar é do mal, do que ofende a Deus, do que ofende o homem. Coragem, portanto, sustentada pela fé:

“A tentação do desânimo, da resignação, chega a quem é débil na fé, a quem confunde o mal com o bem, a quem pensa que perante o mal, muitas vezes profundo, não há nada a fazer. Pelo contrário, quem está firmemente fundamentado na fé, quem tem plena confiança em Deus e vive na Igreja, é capaz de levar a vigorosa força do Evangelho”.

Assim se comportaram os Santos e Santas que floresceram ao longo dos séculos em Palermo e em toda a Sicília, como também leigos e padres, hoje em dia – acrescentou o Papa, que mencionou expressamente o padre Pino Puglisi, pároco de Palermo, assassinado pela Máfia em 1993.

“Sejam eles a manter-vos sempre unidos e a alimentar em cada um o desejo de proclamar, em palavras e obras, a presença e o amor de Cristo. Povo da Sicília, encara com esperança o teu futuro! Faz emergir em toda a sua luz o bem que queres, que procuras e que tens! Vive com coragem os valores do Evangelho, para fazer resplandecer a luz do bem! Com a força de Deus, tudo é possível!”

Salvaguardar sempre a dimensão “vertical” da identidade sacerdotal, foi o pedido do Papa que recordou que o sacerdote não pode permanecer distante das preocupações quotidianas do Povo de Deus.

 
Pope Benedict XVI celebrates mass at the Foro Italico in Palermo on
 October 3, 2010. Pope Benedict XVI held an open-air mass in front of 
tens of thousands of people in Italy's Mafia heartland Sicily today, 
where he denounced the 'shame of evil'. Organisers said 100,000 people 
attended the mass in bright sunshine overlooking the sea in the city of 
Palermo. Police put the figure at 30,000.AFP PHOTO / VINCENZO PINTO.  







(3/10/2010) Na catedral de Palermo o Papa Bento XVI teve esta tarde um encontro com os padres, religiosos, religiosas e seminaristas Nas palavras que lhes dirigiu recomendou com insistência que fossem pessoas de oração, centrando toda a existência na Eucaristia quotidiana. Aludindo à adoração eucarística que tinha tido lugar no início do encontro, o Papa observou que é na Eucaristia que “se revela e faz sentir o sentido profundo daquilo que somos: membros do Corpo de Cristo que é a Igreja”.

“Prostrado diante de Jesus, aqui no meio de vós, pedi-lhe que inflamasse os vossos corações com a sua caridade, de tal modo que sejais assimilados a Ele e possais imitá-lo na mais completa e generosa doação à Igreja e aos irmãos”.

Interpelando directamente os padres presentes, o Santo Padre exortou-os a serem “sempre homens de oração, para poderem ser mestres de oração”. Uma oração que, como o era para Jesus, dê a cada padre ocasião para “um colóquio regenerador com o Pai”. O Papa reconheceu a dificuldade de permanecer fiel a estes momentos quotidianos de oração, mas – insistiu – precisamos de nos convencer de que é fundamental o momento da oração, pois nela actua com mais eficácia a graça divina, que dá fecundidade ao ministério.
Por outro lado – prosseguiu Bento XVI – “o sacerdote não pode permanecer distante das preocupações quotidianas do Povo de Deus: deve estar-lhes muito próximo, mas sempre na perspectiva do Reino de Deus. É essencial para a Igreja salvaguardar sempre a dimensão “vertical” da identidade sacerdotal.
“Demonstração particularmente vigorosa e iluminante” disto mesmo são os exemplos de vida de padres santos como o Cura d’Ars e diversas figuras sicilianas, até mesmo dos nossos tempos:

“A Igreja de Palermo recordou recentemente o aniversário do bárbaro assassínio do padre Giuseppe Puglisi, deste presbitério, morto pela máfia. Ele tinha um coração que ardia de autêntica caridade pastoral; no seu zeloso ministério, deu grande espaço à educação das crianças e dos jovens, esforçando-se ao mesmo tempo para que todas as famílias cristãs vivessem a vocação fundamental de primeira educadora dos filhos.”

Recordando que está em curso a causa de beatificação deste “bom pastor”, de cuja “riqueza espiritual” se pôde alimentar o povo que lhe estava confiado, Bento XVI exortou os padres de Palermo e de toda a Sicília, a não esquecerem o exemplo de padre Puglisi:

“Exorto-vos a conservar viva a memória do seu fecundo testemunho sacerdotal, imitando o seu heróico exemplo”.