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domingo, 17 de agosto de 2014

Sobre la Oración de Jesús, por Hieromonje Diego.

 

Sobre la Oración de Jesús, por Hieromonje Diego.

Hieromonje Diego dando la Bendición en Iaremcha, Ucrania. Fiesta del Santo Profeta Elías

¿Qué es la Oración de Jesús?. ¿Cuál es su origen?. ¿Cómo se practica en el Oriente Cristiano? ¿Cómo practicarla en la vida diaria?

Estas son preguntas que hice a Hieromonje Diego antes que se fuera de viaje.
Comparto aquí su respuesta para provecho espiritual de todos. Dios los bendiga.




En el evangelio de San Juan 16, 23 escuchamos que el mismo Señor nos dice:

"Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, Él se lo concederá en mi Nombre".

Pedir en el Nombre de Cristo, decir el Nombre dulce de Jesús. Eso es el resumen, la Oración del Nombre de Jesús, llamada oración monológica, es decir oración de una sola palabra, o la oración hecha por la Palabra Verdadera, la única Palabra del Verbo de Dios hecho carne. La Oración de Jesús es el alma de toda oración.

"Hasta ahora no han pedido nada en mi Nombre, pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta".

El Señor nos invita a la oración, nos llama, nos indica cómo hemos de ser transformados en seres completos, llenos de una alegría perfecta, que no procede de nuestro ser, de nuestro conocimiento, de nuestras potencias, sino de su poder, por medio del Espíritu Santo.

Oración de Jesús en eslavo eclesiástico

Desde el comienzo de la Iglesia los cristianos fieles al mandamiento del Señor oran al Padre por medio del Nombre del Hijo, Jesús. Y esta oración inspirada por otros, como el ciego de nacimiento o como el publicano en el templo, tal como aparece en el Evangelio, llegan a formar una formulación, que es la más común, que consiste en decir:

"Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador".

Es un Señor ten piedad extendido y enriquecido. Es un Señor ten piedad, que resuena en lo profundo de nuestro corazón, que se une a nuestra vida natural, transformándola por la fuerza de la gracia, que late dentro de nuestro corazón como el verdadero corazón de la vida divina en nosotros.
Seremos transformados, y seremos transformados por la acción de Cristo en nosotros. Es el mismo Padre de los Cielos que se mueve en lo más profundo de nuestro corazón y que transforma nuestro ser.

"Llega la hora en que ya no les hablaré por medio de parábolas, sino que les hablaré claramente del Padre. Aquel día ustedes pedirán en mi Nombre y no será necesario que yo ruegue al Padre por ustedes, ya que Él mismo los ama".

Orar al Padre en el Nombre de Cristo. Esta es la llamada del Hijo de Dios. Somos adoptados en el Hijo, y la Oración del Nombre es la respiración misma de nuestra alma. Se transforma en el centro luminoso donde el Señor transforma nuestra vida, en una vida eterna. Va iluminando cada rincón de nuestro ser y nos va disponiendo hacia la vida del Cielo.

Oración de Jesús en griego

La Oración de Jesús nos dirije al corazón del Padre, pero también nos establece en el lugar correcto, en el lugar verdadero que tenemos dentro del Reino de Dios. Somos hijos de Dios por adopción en Jesucristo, pero somos viadores de este mundo.

Dice el Señor en la carta a los Efesios 5, 10:

"Fortalézcanse en el Señor con la fuerza de su poder. Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio. Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los principados y potestades, contra los soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio".

Nuestra lucha no es contra enemigos de carne y de sangre. El prójimo no es nuestro enemigo. Puede ser nuestro adversario, pero con la fuerza del Nombre comprendemos que nuestro verdadero enemigo es invisible. Nuestro verdadero enemigo sabotea, ataca y busca pervertir nuestro camino hacia el Padre. Acecha y busca perdernos.

Concientes, iluminados por la Palabra del Señor, oramos con la Oración de Jesús. Mantenemos nuestra mente y nuestro corazón iluminados por la presencia del Nombre.
Ahora bien, es todo nuestro ser el que participa de esta lucha para el Reino de los Cielos, de esta lucha para huir de las tinieblas.

"Tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos. Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad, y vistiendo la justicia como coraza. Calzen sus pies con el celo de propagar la buena noticia de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas la flechas encendidas del Maligno. Tomen el casco de la salvación y la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios".

No estamos solos en este camino hacia el Padre. Somos admitidos y llamados como hijos de la Iglesia. Ella como fiel madre nos reviste de la verdad, de la enseñanza, nos ilumina, nos nutre, nos sirve la mesa abundante del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Nos entrega el perdón por medio del Sacramento de la Confesión. En los Divinos Misterios nos encontramos con Dios hecho hombre que nos fortalece para la lucha contra los enemigos invisibles, contra nuestros verdaderos enemigos.

"Eleven constantemente toda clase de oraciones, y súplicas animados por el Espíritu. Dedíquense con perseverancia incansable a interceder por todos los hermanos, y también por mí, a fin de que encuentre palabras adecuadas para anunciar resueltamente el misterio del Evangelio".

Orar los unos por los otros. La Oración de Jesús no es una manera solitaria alejada del prójimo en la cual uno se habría de reconcentrar equivocadamente en sí mismo. La Oración del Nombre es sumergirse en el corazón que ama a todos los hombres, que ofrece su amor redentor por medio de la Iglesia. Es una oración personal y eclesial a la vez.

Elevar las súplicas constantemente al Padre animados por el Espíritu. La Oración de Jesús es una expresión simplicísima y central de la vida de la Santísima Trinidad en la cual somos insertos, somos llevados, somos incorporados por pura misericordia de Dios.



Los cristianos buscamos la Jeresalén de arriba, queremos volver al Padre. Y desde el inicio de la Iglesia muchos hijos de Dios se han retirado de las tentaciones de este mundo para buscar el Rostro de Dios, no para alejarse de los hermanos, sino al modo del vigía para procurar el conocimiento y la comunión con Dios a los demás hermanos. Es muy fácil. Desviarnos en medio de las preocupaciones de este mundo. Y fueron justamente estos elegidos de Dios, estos humildísimos siervos de Dios, los que profundizaron primeramente en este misterio de la Oración del Nombre de Cristo, esta oración que reúne todos los elementos que necesitamos para mantenernos caminando en la fe, pero que no agota la riqueza de toda la Iglesia.

La Oración de Jesús es un centro luminoso en el cual nuestra fe puede crecer uniéndose de corazón al Señor en cada momento de nuestra vida. Sin dudas los monasterios son los faros que previenen a los fieles de las peligrosas costas de este mundo, lo que hemos de evitar, lo que hemos de procurar. Sin embargo no constituyen un monopolio de la vida espiritual, sino fuentes, centros, para que todos como cristianos respiremos ese Nombre, vivamos la presencia vivificante del Nombre de Dios en nuestro corazón que habita por medio de la gracia.




Practicamos la Oración de Jesús, no nos contentamos con conocerla. Oramos con la oración: "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador", a cada momento. Podemos hacerlo de un modo más simple, de acuerdo a las necesidades de nuestro corazón. Pero buscamos procurar esa Presencia a cada instante de nuestra vida.

Él es la Luz, la luz del mundo, la luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo y esa luz ilumina lo profundo del la conciencia y del corazón, las entrañas, lo más profundo del ser. El misterio de nuestra persona, donde ojo humano no penetra, y el intelecto humano falla.

Decimos esta oración en nuestro interior y también con la boca. Lo decimos acompañados de la cuerda de oración: del chotki o komboskini, o lo decimos con otro objeto que nos pueda ayudar en esa misma práctica. El centro es nombrar, buscar y llamar a Aquél ante quien dobla rodilla todo ser en el Cielo, en la tierra y en los abismos. Esa oración nos transforma en portadores de Dios que proclamamos la riqueza inagotable del Nombre de Cristo a cada instante y a cada criatura.


Cordón de oración, tchoki o komboskini, que se utiliza en la práctica de la Oración de Jesús, repitiendo en cada cuenta: "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador".