Don Divo Barsotti

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terça-feira, 22 de junho de 2010

ROMA 1962-1963: El Clima litúrgico conciliar. Síntesis de un lector acabando el presente estudio.Capítulo 26: 1965 El año del gran paso litúrgico.Capítulo 25: 1965, año de tensiones.Capítulo 24: Se promulga la Reforma Litúrgica.Capítulo 23: Olor a Jueves Santo.Capítulo 22: Nueva luz y nuevo frenazo.Capítulo 21: La primera golondrina del Concilio.pítulo. Capítulo 20: Promulgación de la Sacrosantum Concilium


Por Dom Gregori Maria


Síntesis de un lector acabando el presente estudio (19/06/2010)

Apreciado Dom Gregori Maria:
Conocí a Martin Descalzo en Alemania siendo yo joven, casi un adolescente. Del grupo de Cabodevilla, Javierre et alii. Leí cosas de todos ellos de una gran espiritualidad y formas entonces relativamente innovadoras de expresión. Eran personas muy vivas y enamoradas de la Iglesia. Pero nunca tuve la impresión de que conociesen el mundo en el que se debatían. Ni las conexiones subrepticias que se dan entre lo uno y lo otro. La nueva Liturgia pudo ser recibida en un primer momento con optimismo por lo novedoso de la misma. Pero pronto la realidad se imponía, y el mismo clero, tan optimista, reaccionaba en espantada. A la vez que los fieles irían atemperando su práctica - sin prisas pero sin pausa. La nueva Liturgia y la crisis sacerdotal iban estrechamente unidas. No soy clérigo, pero por azares de la vida me encontré haciendo una tesis doctoral sobre la Sociología de la Religión de Max Weber con un Profesor de la Facultad de Teología Católica de Múnster . Desde mi posición como doctorando de esa Universidad alemana a mediados de lose 60', cuya Facultad de Teología Católica era probablemente la más importante entonces (Rahner, Kasper, Metz, Ratzinger, etc.), llena de clérigos y seminaristas procedentes en su mayoría de Roma, un buen número de ellos españoles, lo que puedo testificar es el fenómeno de una estampida, a modo de una “deshabillé” de hábitos y sotanas - que por lo demás no ha cesado - y que hacían buenos los análisis del entonces famoso filósofo polaco, Leszek Kolakowski, en su "Metafísica del strip-tease".
Capilla evangélica en Alemania
Capilla católica en Alemania
Por supuesto que fue una "protestantización" de la Liturgia Católica.
Y no sólo. Y que como dice el dicho: la gente acaba quedándose con el original y dando de lado a la copia. El problema: los complejos del clero y su formación. Al menos en aquellos tiempos. Lo grave ahora no es la pederastia. Esto no es un pecado-del-clero. Es una perversión, un comportamiento desviado de la sociedad a la que pertenece obviamente el clero. Benedicto XVI lo ha condenado ya hasta la saciedad, perseverar en ello es caer en una trampa. Y hacer objetivamente el juego a los que quieren seguir profundizando en el alejamiento de los fieles y del clero de la práctica sacramental. Cuyo origen está en el Vaticano II.
Estimado Dom Gregori: A veces no sé si entiendo a dónde va. Le veo como Penélope hacia delante y hacia atrás. Parece como si temiese Vd. a las consecuencias de su propio texto - enredado en el hilo de Ariadna de Martín Descalzo. Con todo lo encuentro fascinante. Aunque temo desilusionarme al final. Tengo nostalgia de la vieja liturgia. Creo simplemente que la nueva ha sido un tremendo error. El terrible error, casi demoníaco, del nuevo mester de clerecia por dejar de ser. ¿Hay algo de pecado profundo en el Vaticano II? Pido perdón por lo que digo. Pero he de decirlo. He seguido con gran interés sus escritos sobre la reforma litúrgica. Es un tema que siempre me ha interesado mucho, y para mí la parte esencial de la comunión eclesial. De hecho cuando se abandonó la liturgia latina tras el Vaticano II me encontré tan incómodo con las nuevas formas y fórmulas que espacié casi inconscientemente mi práctica religiosa - la exterior. Ahí viví los devastadores efectos entre los sacerdotes y estudiantes seminaristas del nuevo clima que se creó a raíz del Concilio. Sus escritos me han retrotraído a aquellos momentos, y a los entrebastidores de todo aquel aquelarre. Porque lo fue, y aún lo es. Espero seguir aprendiendo de Vd.
Suyo afectísimo.

Capítulo 26: 1965 El año del gran paso litúrgico (12/06/2010)

Sondeo de opiniones positivas realizadas aquel año
“13 de septiembre: Si hoy tomamos el pulso de las impresiones de la Iglesia a través de las pastorales e informes de los obispos, a través de la opinión de las revistas católicas, en todas partes nos tropezaremos con un signo unánime: satisfacción y alegría”. (P. José Luis Martín Descalzo).
Y prosigue:
Sean algunos ejemplos:
MEXICO: “Las reformas litúrgicas –escribe uno de sus semanarios católicos- son las que el pueblo ha aceptado y comprendido mejor y con más agrado”
PORTUGAL: “Hemos podido constatar un gran entusiasmo por la reforma litúrgica. También sobre este aspecto es sobre el que más se había trabajado y el que se preparó mejor”
BOLIVIA: “Por todas partes, en pueblos y ciudades, las reformas litúrgicas han sido recibidas con verdadero entusiasmo”
BRASIL: “Estamos comprobando –escriben los obispos del país- un interés creciente por la Palabra de Dios, a la que las nuevas ceremonias han devuelto su lugar de honor”
Cardenal Ritter
Cardenal Cushing
ESTADOS UNIDOS: “Nuestro pueblo -escribe el cardenal Ritter- ha recibido con entusiasmo la evolución litúrgica en camino.”
“La celebración parcial de la liturgia en la lengua del pueblo –escribe el cardenal Cushing- es ya un éxito”  
INGLATERRA: Aquí se esperaba con una cierta tensión la reforma. Durante siglos, lo único que diferenciaba la liturgia católica de la anglicana era el latín que se había convertido en un signo de fidelidad a Roma. Y varias grupos intelectuales del país habían presentado esta reforma como una especie de protestantización del catolicismo: “ Una fecha trágica” decían.
Pero según escribía el “Catholic Herald, los hechos no les dieron la razón
“La experiencia litúrgica del pasado domingo ha causado mucho menos confusión de lo que muchos preveían. El pueblo ha demostrado que el cambio no le chocaba en absoluto. Los simples fieles han demostrado ser mucho más responsables y estar mucho más maduros de lo que los pesimistas calculaban”. Y el paso de los meses no ha hecho sino confirmar esta impresión.
Mons. Francisco Aldegunde Borrego, O.F.M. Arzobispo de Tánger
Mons. Denis Eugène HURLEY
MARRUECOS: “Reconozco con alegría –escribe el arzobispo de Tánger- que la realidad sobrepasa todas las esperanzas. Tres resultados son ya claros: ha aumentado la asistencia a la misa diaria, ha crecido el número de los que comulgan y se comprueba una pronta y espontánea participación de todos. En una palabra: yo diría que aquí está el dedo de Dios”
YUGOSLAVIA: La opinión del episcopado yugoslavo pone el dedo en el mismo centro del problema: “Se puede establecer como norma general que allí donde los sacerdotes han tomado los nuevos ritos con amor, celo y prudencia, los fieles han respondido con interés y alegría”  
CANADÁ: “Aquí –escribe Mons. Panet, obispo de Nicolet- los sacerdotes han sido generalmente muy favorables al movimiento de renovación litúrgica, y gracias a esto todo ha ido muy bien aquí. Los fieles no sólo rezan ya juntos, sino que también cantan acordes con las lenguas vulgares”.  
UNION SUDAFRICANA: Menos optimista, a la corta, es Mons. Hurley, quien con su habitual humor escribe: “Aquí tenemos algunos sacerdotes aferrados al viejo rubricismo. Pero no vamos a perseguirles por eso. Como conjunto, el clero ha recogido bien la técnica de la nueva liturgia, pero le falta espíritu nuevo. Esto proviene de su formación, que fue demasiado teórica e individualista. Por eso la verdadera reforma litúrgica la tendremos que hacer en los Seminarios de cara al futuro.”
Mons. Bernard Yago
GUINEA: Aquí en cambio, Mons. Tchidimbo escribe con alegría que encuentra un verdadero entusiasmo por la reforma litúrgica entre los misioneros.  
COSTA DE MARFIL: Y este mismo optimismo refleja la carta con que Mons. Bernard Yago presenta la nueva liturgia a sus diocesanos: “Dios nos pide que cantemos sus alabanzas, le honremos y recemos según nuestra alma africana. Hasta ahora lo hemos hecho según una tradición latina, y los misioneros que nos han traído la buena nueva no podían trasmitírnoslo de otro modo. No significa ingratus hacia nuestros padres en la fe el querer permanecer africanos en nuestras relaciones con Dios, ya que la Iglesia nos recomienda que unamos las riquezas de nuestra tradición a las alabanzas que subren hacia nuestro Padre celestial de todos los pueblos de la tierra”  
JAPON: También los países asiáticos reflejan entusiasmo en sus primeras impresiones: “Los primeros pasos de la reforma –escriben los obispos japoneses- han sido acogidos favorable y generalmente con una gran alegría, como un verdadero progreso hacia la participación activa”.
FRANCIA: El país vecino ha sido tal vez el que con mayores tensiones recibió estos primeros pasos. Algunas revistas del extremismo conservador se empeñaron en ver en la nueva liturgia una especie de palanqueta del ateismo para derribar a la Iglesia. Pero estas protestas –como dicen un documento episcopal colectivo- han sido “más espectaculares y escandalosas que numerosas y representativas”.
De hecho el balance de la Comisión Episcopal de Liturgia es plenamente optismista: “La participación activa crece: el pueblo es mucho más que antes un pueblo orante. La satisfacción se registra en un dato significativo: una mayor presencia del pueblo en la primera parte de la misa, habiéndose conseguido una puntualidad que demuestra el interés por la Liturgia de la Palabra, que es escuchada con placer en la lengua viva. El sentido de la Iglesia renace y crece porque se ha comenzado a comprender que la misa es acción de toda la Iglesia y del pueblo. La atadura entra la vida litúrgica y vida cristiana es más consciente y eficaz. La dignidad y verdad de la celebración refulgen con un nuevo esplendor”  
Mons. Wilhelmus Bekkers, obispo de S'Hertogenbosch
BÉLGICA Y HOLANDA: Aquí los problemas han venido más bien de un excesivo afán de innovaciones que ha obligado a los obispos a poner la mano en el freno en alguna ocasión. Pero estos abusos han sido mucho menos comunes de lo que cierta prensa ha tenido interés en decir. Así lo puntualizaba Mons. Bekkers: “Sí, alguna vez algún laico o algún sacerdote ha perdido la medida. Luego viene la prensa y hace de ello un motivo de sensacionalismo. Y sale de ahí una visión falsa del catolicismo holandés. Una información que acudiera a fuentes más serias y competentes daría una panorámica mucho menos alarmante”
Y EN ESPAÑA: En pocos países habrá recibido el pueblo con más normalidad y alegría esta renovación. Ha habido sí, pequeños chispazos de polémicas y discusiones. Ha habido diversos niveles de aplicación en tales o cuales parroquias y diócesis. No han faltado algunos grupos reticentes. Más como conjunto el pueblo ha entendido desde el primer momento la reforma y la ha recibido con absoluta normalidad, como si fuese algo simplemente “de cajón”. La revista “Ecclesia” lo reflejaba así:
“Visto el fenómeno en su conjunto, la reacción de nuestro pueblo no puede ser más alentadora. Siendo como somos, una cristiandad de corte tradicional, rígida en sus costumbres religiosas por un patrón no siempre coincidente con el que ahora nos pide la Iglesia, era de esperar, en principio una cierta reserva colectiva en la asimilación de los nuevos módulos. Todo lo contrario. Los católicos españoles acogen con visible júbilo la renovación litúrgica en lo que tiene de dinamismo comunitario y de uso de la lengua viva” “Esta reacción que irá en aumento y tenderá a consolidarse en las progresivas etapas de la reforma cultual, es un constante refrendo de la bondad intrínseca de las orientaciones conciliares, que antes lograron la unanimidad de los Padres y ahora obtienen el Plebiscito del pueblo cristiano”
Concluye Martín Descalzo:
“Balance amplísimamente positivo: las conquistas fueron muchas, los riesgos no fueron demasiados, los atascos surgieron sólo en pequeñas minorias. Y el camino está abierto…La renovación conciliar está ganando abiertamente “la batalla litúrgica”…

Capítulo 25: 1965, año de tensiones (5/06/2010)

“Que 1965 iba a ser un año difícil para la vida de la Iglesia es algo que podía pronosticarse al concluir la pasada sesión conciliar sin necesidad de ser profeta: el tenso final de la tercera etapa había sembrado por toda la superficie de la Iglesia un clima polémico, arisco, que no podía menos de dar sus amargos frutos en los meses siguientes…”
Tratemos de resumir esquemáticamente algunos acontecimientos que hicieron que a todo lo largo de 1965 la Iglesia se viera tironeada de un lado a otro. La Jerarquía y los órganos responsables de opinión se vieron obligados más de una vez a poner el freno o a dar el grito de alarma:
•  En enero de 1965 el diario “Ya” advertía en muchos católicos “síntomas de esclerosis” y “actitudes de desobediencia y amargura” frente a las reformas decididas por el Concilio.
•  El 9 de enero el cardenal Feltín señalaba que se estaba viviendo un periodo de agitación político-religiosa, en el que se critica al Concilio, al Papa, a los obispos, tratando de oponer obispos contra obispos, sacerdotes contra estos y los últimos entre sí.
•  El 1 de marzo el cardenal Lercaro debe salir al paso de un “vértigo de innovaciones arbitrarias” y de la “atracción de ideas no aprobadas por la Iglesia”. Se refería a los que decidieron tomar el aggiornamento por su cuenta pensando que era necesario llevar las reformas adelante siguiendo la táctica de los hechos consumados.
•  El 30 de marzo los obispos franceses publican una seria advertencia a la revista “Temoignage Chrétien” por su modo de enfocar el diálogo entre católicos y comunistas. El mismo día destituyen a los dirigentes de la J.E.C. que no han aceptado las directrices de la jerarquía en cuanto a la dirección de los movimientos apostólicos en sus actividades tangentes a lo temporal.
•  El cardenal de Paris debe explicar que estas dos medidas no representan un freno a la necesaria renovación de la Iglesia.
•  El episcopado holandés ha de publicar una pastoral para salir al paso de los abusos de la práctica de la penitencia en su país.
•  El 9 de mayo de nuevo los obispos holandeses han de publicar una nueva pastoral sobre el tema eucarístico contra las que denominan “malas interpretaciones por parte de los fieles de las teorías de algunos teólogos que trataban de profundizar el sentido de la presencia de Cristo en la Eucaristía”. ¡Ahora los malintencionados son los fieles que se escandalizan por nada!
•  En Colombia el cardenal Concha debe llamar la atención al padre Torres sobre sus violentas posturas en materia social. Algo muy parecido sucedía en la India entre el obispo de Trichur y el padre Vadakan.
•  El 20 de junio la tormenta estallaba en Uruguay cuando un grupo de 200 católicos abucheaba públicamente al nuncio Mons. Forni, acusándole de estar frenando el movimiento de renovación católica en aquel país. Fue destituido en septiembre.
•  En julio en Canadá, el general de los dominicos retirada de la dirección de la revista “Maintenant” al padre Bradet por considerar demasiado avanzada la orientación que estaba dando a la revista. Toda la opinión pública del país sostenía a esta revista y su orientación. Al final se llegó al acuerdo de sustituir a las personas pero mantener la línea.
•  En agosto los obispos portugueses publican una nota en la que deploran un celo que adquiría proporciones inquietantes que parecen animadas no por el espíritu de Dios, sino por el gusto de novedades: “Una reforma sin disciplina y una puesta al día sin orden –afirmaban- conduce a una anarquía destructora”
•  Todos estos signos de un año tenso y difícil explican la preocupada voz de Pablo VI especialmente en los discursos del verano.
¿Alguien piensa que las tensiones eclesiales de 1965 no iban a tener un influjo en los primeros meses del nacimiento de la reforma litúrgica?
Pues se equivoca. En el próximo capítulo veremos el juicio sobre las impresiones de la Iglesia (a través de las pastorales e informes de los obispos y de las revistas católicas) acerca de la aplicación de la Instructio que da inicio a partir de marzo a la reforma litúrgica. Martín Descalzo en el 4º volumen de su trabajo hace una síntesis país por país.

Capítulo 24: Se promulga la Reforma Litúrgica (29/05/2010)

Misa del P. Kentenich en Schoenstatt en la Nochebuena del 65: pervive el esquema litúrgico tradicional asumiendo las reformas de la Instructio
Vimos ya en el capítulo 22 como el Consilium había presentado una Instructio concretando la aplicación de la reforma como un peldaño más. El problema era su promulgación: debía hacerlo el Papa a través de la Congregación de Ritos. Con ese objetivo el Papa pidió su opinión a la Congregación pasándole el documento a inicios de julio. La Congregación se mostró muy crítica presentando 47 folios de advertencias que fueron entregados al Consilium. Este respondía con 57 otros folios, aceptando algunas correcciones pero defendiendo a capa y espada el contenido de las más. El Papa debía tomar partido. Y finalmente, tras tres meses y medio de sogatira, el 17 de octubre…
“Un nuevo motivo de optimismo: ayer se promulgó la “Instructio” que concreta la reforma litúrgica. Desde el próximo 7 de marzo tendremos abundantes novedades en la celebración de la Misa y sacramentos. El Concilio comienza a tomar carne en la vida cotidiana de la Iglesia. Y hoy ya no vale la pena hablar de la guerra de nervios que los liturgistas han tenido que padecer a lo largo de todo este mes ( quiere decir desde la misa concelebrada del 14 de septiembre en San Pedro) para tener en sus manos este bonito fruto.”
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Por segunda semana consecutiva sometemos al estudio y comentario de los lectores esta Instrucción o primera fase de la reforma litúrgica que entró en vigor en la Cuaresma de 1965. Muy especialmente todo lo concerniente al Ordo de la Misa (Capítulo II nn. 48-60)
Comentarios abiertos en http://infocatolica.org

Capítulo 23: Olor a Jueves Santo (22/05/2010)


Los lectores pueden contemplar de manera privilegiada algunas escenas de la primera misa concelebrada en la Basílica Vaticana a partir del minuto '32
Primera misa concelebrada en la Basílica Vaticana
14 DE SEPTIEMBRE DE 1964
¡Dios Santo, y que hubiéramos perdido esta maravilla! Cierro los ojos-ahora que es de noche- y veo aparecer en mi imaginación la blanca mesa cuadrada. En torno a ella tienden sus manos 25 hombres, dicen al unísono las mismas palabras, hacen un único milagro, son una única Iglesia. ¡Dios mío, y que hubiéramos perdido este prodigio!
Acabo de releer mi diario de los dos años pasados de esta fecha de apertura. En los dos hablo de todo…menos de la misa. Allí lo importante era el discurso del Papa, o la presencia de la asamblea de los reunidos, o la reacción de las calles de Roma. Y he aquí que de pronto todo gira y hoy descubro que el discurso del Papa es muy importante, que asistencia, que ambiente, que circunstancias fueron impresionantes, pero que lo que desborda a todo en mi memoria es -¡por fin!- la misa, el verdadero centro del acto que en los años pasados era una especie de prólogo para lo importante. ¡Y temíamos que la reforma litúrgica se quedase en nada! Ha conseguido ya lo más difícil: hacer litúrgica una misa en la Basílica Vaticana.
No sonaron las trompetas de plata esta vez cuando el Papa apareció sobre la silla gestatoria al fondo de la basílica, rodeado de una reducidísima “corte pontificia” y con una escolta de la que habían desaparecido los famosos “flabelli” faraónicos. Sobre su cabeza, el Papa llevaba una mitra dorada sencillísima; sobre sus hombros, los ornamentos litúrgicos, muy modernos, quiero decir, muy antiguos, góticos. En su rostro había un profundo cansancio sobre el que flotaba una sonrisa feliz.
(No, su entrada esta vez no recordaba en nada una escena de ópera, o el desfile de un capitán triunfador que regresa de la guerra, o la coronación de una reina británica. Era una verdadera procesión litúrgica hacia un acto religioso. Y todos contemplábamos con gozo que el Papa no perdía ni un centímetro siendo menos rey y más sacerdote.¡Al contrario!)
Pero esta vez la novedad estaba en los 24 obispos que, revestidos de casullas rojas y cubiertos de mitras blancas, precedían al Papa en su camino hacia el altar. Era éste una hermosa mesa cuadrada adornada con seis únicos candelabros que daban escolta a una sencilla cruz. Era una verdadera mesa en la que iba a celebrarse un verdadero banquete.
(¿Cómo impedir que nuestra imaginación se escapase hasta dos mil años atrás? Sí, esto pasó ya otra vez: un Hombre se sentó a cenar con sus discípulos, tomó el pan y…)
Había un gran silencio en la basílica cuando los 25 concelebrantes se situaron en semicírculo ante el altar, cuando unánimes comenzaron a explicar su lección de teología. Una lección que se titulaba así: “De cómo la Iglesia santa es un pueblo sacerdotal congregado en torno a sus obispos y presidido por el Papa para ofrecer al Padre en sacrificio el Cuerpo de su Hijo y caminar hacía el gran banquete de la vida eterna.”
(Habían venido de diecinueve naciones del mundo; diez eran europeos, seis americanos, seis venían de Asia y Oceanía, dos de África. Y los 24 estaban allí, unidos al Papa, participando todos del mismo sacerdocio de Cristo, para realizar el mismo sacrificio. Eran hombres muy distintos entre sí en pensamiento y costumbres. Yo recorría sus rostros con mis prismáticos, saltaba del arzobispo de Madrid al de Ottawa, de éste al de Tucumán, luego al de Leopoldville, luego a Yakarta, a Lyón…Obispos misioneros e intelectuales; el que renunció a su sede en el Japón y el que acaba de ocuparla en la India; el que nació en una familia con siglos de cristianismo y el que conoció la fe en la adolescencia: obispos que predican en hermosas catedrales góticas y los que aún no acabaron de construir su templo de madera y lianas; los que trabajan en los esplendores de la Curia, en la soledad de los claustros, en las estepas de Oceanía; el que respira a diario el humo de lasa fábricas de Alemania y el que olfatea, al levantarse, los perfumes de la selva; el hijo de grandes industriales, el de familia de pastores o carpinteros…)
Una voz sonó proclamando la palabra de Dios en la Escritura. Y todos las oímos reverentes de pie. Luego un coro benedictino entonó el Credo. Y las voces de 2000 obispos, de varios miles de fieles profesaron unánimes su fe.
(Hace dos años –pensábamos todos- a esta misma hora, la Capilla Sixtina llevaba el juego. En esas filas había dos mil obispos silenciosos que “aprovechaban el tiempo” rezando su breviario, mientras la hermosa polifonía “entretenía” a quienes no tenían un breviario que rezar. El Papa estaba “solo” –solo y solitario- en el altar .Decía “su” Misa. Nosotros esperábamos “lo importante”: el discurso de apertura. Ahora todo era más sobrio y más vivo. Menos brillante y más verdadero. Menos barroco, más cristiano. Nos admirábamos menos y rezábamos más. ¿Quién dijo que la reforma litúrgica era “mucho ruido y pocas nueces”?
Ahora las manos de los 25 se elevaban a Dios para ofrecerle aquellas tres hostias que iban a ser después el Cuerpo del Señor. Y sus voces sonaban al unísono. Pausadas, hondas, agrupadas en un haz de oración.
¡Y que silencio se hizo en la basílica cuando las 25 voces, enérgicas, levemente temblorosas, compactas, silabearon las palabras de la consagración! 25 voces que realizaban un único milagro. Jamás se vió tan clara la unidad de la Iglesia. ¡Y pensar que la rutina hubiera dejado perder este prodigioso símbolo de “comunión” católica!

James Francis Mac Intyre, arzobispo de Los Ángeles 1948-1970
(No, no ha sido nada. Este pequeño grito que cruzó la tribuna de los cardenales ha sido cosa del calor. Hemos visto al cardenal Mc Intyre resbalar sobre su asiento, caer hasta el suelo, desmayado. Y su cuerpo, envuelto en metros y metros de púrpura, tenía sobre las parihuelas que lo condujeron hasta la enfermería, un aire macabro de cuadro surrealista)
Más ya ha vuelto el silencio. Se adensa. Tanto que se oye sólo el siseo de las máquinas filmadoras. Y ahora otro suave crujido que, transmitido fielmente por los altavoces, nos hace contener el aliento. El Papa y los cardenales Tisserant y Lercaro están dividiendo las tres grandes hostias en 25 porciones. Vemos a cada uno de los 24 concelebrantes desfilar en torno al altar, tomar y poner sobre sus patenas el Cuerpo del Señor, volver de nuevo a su sitio, rezar simultáneamente el “Señor, yo no soy digno” y comulgar unánimes, al mismo tiempo que el Papa. Ahora de nuevo vuelven a comulgar de la Sangre del Señor, tomándola del único cáliz con 24 cucharillas de oro.
(Les veo temblar, temerosos a caer una gota fuera de la patena, Ayer les vi, escrupulosos como misacantanos. “¿Y si se nos cae alguna gota? “No se preocupen –contestaba monseñor Dante- Pongan debajo el purificador” Y ellos preguntaban aún como seminaristas caprichosos: “¿Podremos guardarnos la cucharilla como recuerdo de este día?)
Hoy todo va a ser completo. Veo a un grupo de auditores que se adelanta a comulgar de manos del Papa. Esto es nuevo. ¿Cómo no recordar las clásicas misas de la Basílica en las que el pueblo era mantenido lejos por los guardias suizos, lejos de la participación por los cantos de la Capilla Sixtina, lejos de la comunión por esa costumbre de que el Papa no solía darla en estas funciones? Bien, de ahora en adelante los laicos “serán” verdaderamente Iglesia. Empezando por la Basílica Vaticana.
La misa ha concluido. Y todos comprendemos que “allí” ha pasado algo. Que la misa no ha sido un adorno de ceremonia de apertura, sino su verdadero centro. En rigor, ni hubiera sido necesario siquiera el discurso del Papa. ¿Qué mejor explicación de las relaciones entre el Papa y obispos que lo que acabamos de ver en el altar?
Por eso me parece que puedo cerrar aquí estos comentarios. El discurso de Pablo VI lo estudiaré mañana con más calma. Hoy ya hemos tenido suficientes alegrías: hemos visto nacer la reforma litúrgica y hemos contemplado en acción “la colegialidad eucarística”. Es suficiente, es suficiente para estar felices.
-¿Qué –he preguntado a un obispo amigo después de la ceremonia-, no le toco esta vez concelebrar?
No –dice- con los ojos aún emocionados-. Pero ha sido tan vivo, que es como si hubiéramos concelebrado todos.
Con la intención de recoger las opiniones de nuestros lectores sobre el relato que el P. Martín Descalzo hace de la primera misa concelebrada en la Basílica de San Pedro el 14 de septiembre de 1964, este artículo admite comentarios de manera excepcional en la sección reservada a Germinans en la columna de blogs de la plataforma digital Infocatólica: http://infocatolica.com
Pueden hacerlo también enviando correo privado a domgregorimaria@hotmail.com
Con mi mayor gratitud por la participación.
Dom Gregori Maria

Capítulo 22: Nueva luz y nuevo frenazo (15/05/2010) 

"El Papa no ha dejado la aplicación de la Reforma en manos de la Congregación de Ritos- cuya oposición al movimiento litúrgico renovador se había hecho visible hasta en el Aula Conciliar- sino que creaba para ello un   Consilium   formado por 10 cardenales y 28 obispos, ninguno de los cuales pertenece precisamente a la Iglesia adormecida. Y ante la común sorpresa, colocaba en su presidencia ni al cardenal secretario de la Congregación de Ritos y presidente de la Comisión Litúrgica (Larraona) sino al cardenal Lercaro. Y para ocupar la secretaría rehabilitaba al P. Bugnini, uno de los principales autores del esquema litúrgico en su fase preparatoria, pero que había caído en desgracia por sus ideas avanzadas al morir el cardenal Cicognani. Era un gesto más de la clásica táctica montiniana: no cambiar de golpe nada. Crear, en cambio, fuerzas que se equilibrasen. ¿Se equilibrarían en realidad Congregación y Consilium, o sería esto fuerte de roces y atascos?
Lo cierto es que el mundo respiró y que lentamente la reforma litúrgica   comenzó a dar sus primerospasos. (Misa en 1963- con un tímido “cara al pueblo” en la foto que encabeza el artículo). Se hicieron las traducciones de algunas partes de la misa en todos los países: en algunos se aplicaron con éxito. En el Congo, en Francia, en Sudamérica se experimentó una nueva música indígena. Se hicieron las primeras experiencias de la concelebración con un éxito muy superior al calculado.
El cardenal Silva Henríquez (foto de la izquierda) permitió a los seglares predicar en la iglesia. En algunas diócesis sudamericanas se hizo un rito litúrgico especial para los pueblecitos que no tenían sacerdote. Y en España –pudo comentar la revista Ecclesia- había comenzado a superarse la inercia. El cardenal de Sevilla (Bueno Monreal, foto de la derecha) anunció que para el mes de octubre podrían estar abiertos los caminos de la reforma litúrgica en nuestro pueblo.  
Pero pronto volvió una nueva forma de intranquilidad: en Roma había sensación de atasco. Los trabajos del Consilium litúrgico habían ultimado una Instructio en la que se promulgaba un nuevo avance de aplicación litúrgica sobre lo que  había permitido ya el Motu Proprio. Y en seguida el problema jurídico: esta ley debía promulgarla el Papa. Y lógicamente a través de su órgano oficial: la Congregación de Ritos. ¿Había que mandar la Instructio a la Congregación para que la firmase y promulgase sin más, o cuando menos la cortesía pediría que se les pidiera su opinión antes de dar la ley? El 2 de julio pasó el Papa la Instructio a la Congregación, pidiéndole su opinión sobre ella. Tras dieciséis días de sesiones (el 18 de julio) la Congregación devolvió al Papa la Instructio con 47 folios de advertencias. ¿Cuál es el contenido de estas advertencias? Opinará la Historia. Según miembros de la Congregación eran correcciones de detalles en los que la Instructio no era perfecta. Según miembros del Consilium se vaciaba el jugo de la Reforma decidida por el Concilio.
Y he aquí a Pablo VI en un nuevo problema. ¿Por quien decidir? Al fin las advertencias de la Congregación fueron entregadas al Consilium para su estudio. Respuesta del Consilium: 57 folios en los que se aceptaban algunas de las pequeñas modificaciones propuestas por la Congregación y se razonaba por qué no se aceptaban todas las demás. El problema seguía enmarañado.
Y el problema sigue enmarañado (dos meses después)   en este   12   septiembre de 1964, nueve meses después de la proclamación de la Reforma Litúrgica. Por eso este primer sumando de mi balance de la inter-sesión se tiene que cerrar con un interrogante. “Match” nulo.
Pero más allá de las cuestiones jurídicas, la nueva Misa estaba ya preparada, cocinada y a punto de ser servida en la Solemne apertura de la 3ª Sesión Conciliar el 14 de septiembre de 1964. Sólo faltaba el ensayo general que tuvo lugar la víspera. Los obispos ensayan.
“Monseñor   Casimiro   Morcillo (en la fotografía) me ha “colado” esta tarde en el ensayo de la Concelebración. Cerrada ya la basílica, los veinticuatro obispos que mañana concelebrarán con el Papa ensayan bajo la dirección de Monseñor Dante. Estás despistadillos, novatos, en la hermosa ceremonia que mañana, por primera vez en la historia contemporánea va a ponerse a la vista del mundo entero,
Oyendo sus preguntas, viendo sus gestos vacilantes, mi memoria da un paso atrás y vuelve a aquellas horas en que mis compañeros y yo aprendíamos a decir misa. Hay aquí y allá la misma emoción, el mismo temblor de la primicia. Y una gemela alegría. Es bonito este ver a los obispos ensayando, aprendiendo tartamudeantes los primeros pasos de la reforma litúrgica que pronto vivirán todos los fieles de la Iglesia. Se confunden a veces, monseñor Dante tiene que repetir y repetir algunas cosas. Los mismo, lo mismo que sucederá dentro de unos meses en cualquier pequeña parroquia de España o de Australia. Y me parece ver a la Iglesia como una colegiala o como una niña de primera comunión aprendiendo sus lecciones del nuevo catecismo, del nuevo modo de ser cristiano hoy”

Capítulo 21: La primera golondrina del Concilio (8/05/2010)

Ex Martin Descalzo relata refero:
“Juan XXIII dijo que el Concilio sería una nueva primavera de la Iglesia. Pues bien, aquí tenemos ya la primera golondrina: la reforma litúrgica. Tras ella vendrán los almendros florecidos del esquema ecuménico, los frutos de la colegialidad y tal vez de la unidad de los cristianos. Buen verano se le acerca a la Iglesia, cuando tan fuerte vuela esta primera golondrina conciliar.
¿O acaso…? Si, ya está aquí el primer miedo. Porque no ha sido fácil la vida de la reforma litúrgica en los nueve meses que tiene de historia. Votada la Constitución por 2.147 votos contra cuatro, proclamada solemnemente por el Papa en unión con los obispos, nada hacía sospechar hace ocho meses que aún pudiera sufrir atascos en su reciente vida.
Pero -¿a qué engañarnos?- los ha tenido. Y su historia es conocida y pública. Comenzó el problema cuando el 28 de enero se entregó a los periodistas vaticanos un extracto de las normas del Motu Proprio “Sacram Liturgiam”: un documento que ha sido definido de modo cruel y gráfico como documento-ducha .
Lo fue para los liturgistas. Se sabía que la primera redacción de este texto-elaborada por los padres Antonelli, Bugnini, Schmidt y Marsili- había sido notablemente modificada posteriormente en algunos ambientes de la Curia. Y los lectores percibieron en seguida, a través de un latín sibilino, notables diferencias y aún contradicciones con la Constitución promulgada por el Concilio.
Queda más que claro que los primeros en atacar la aplicación por Pablo VI de la reforma litúrgica tildándola de opuesta a la Sacrosanctum Concilium misma fueron ese clan de conspiradores que ya tenían todo más que amañado y que ante la prudencia del Papa no les quedó más salida que calificarlo de “desviacionista” ante la opinión publica y los medios.
“Una era especialmente grave. Es conocida la lucha de los obispos para conseguir que se dejara en manos de los respectivos Episcopados la dirección de la reforma litúrgica, aún reservando a la Santa Sede el refrendo y el visto bueno finales. Así lo decía la Constitución al hablar de las traducciones de los textos litúrgicos: elaborados por los episcopados nacionales, la Sede Apostólica debía simplemente aprobar y confirmar lo hecho. Pero en el texto del Motu Proprio se daba un paso atrás: la Santa Sede debía revisar y aprobar las traducciones. La diferencia parecía mínima pero era importante. Y alguien recordó que una votación masiva había pedido en el Concilio que se dejara en manos de los obispos no sólo el derecho de proponer estas traducciones sino el de decidir las traducciones. ¿Marcaba el “Motu Proprio” un retroceso al centralismo litúrgico? La decepción se dejó oir. Y la primera voz se levantó – ¡oh, maravilla! – en “L´Osservatore Romano”. Uno de los redactores del primitivo texto, el P. Marsili, escribía: “No, no es mucho lo que el Motu Proprio da a todos, y especialmente a los más impacientes. De todos modos, sin embargo, es cierto que la obra del Concilio, aunque lentamente y con paso incierto, sigue en movimiento; el viento del Espíritu Santo no se ha detenido aún cuando el Motu Proprio parezca a primera vista haberlo embridado un poco”
Las frases eran demasiado intencionadas para que pasaran inadvertidas. Y el 5 de febrero publicaba “IL TEMPO” – el periódico de derechas romano- un artículo con este título escandaloso: “Por qué el periódico vaticano ha polemizado con el Papa”
Pero era un segundo suceso el que iba a sacar el problema a toda luz: el 1 de febrero, “La Croix” publicaba la orden del episcopado francés para la aplicación de la reforma litúrgica. En ella todo estaba de acuerdo con la Constitución conciliar y con la primera redacción del Motu Proprio, pero en claro contraste con el texto del documento publicado en “L´Osservatore Romano” la víspera (31 de enero)
La Prensa italiana, especialmente la más conservadora, no iba a perderse este bocado de cardenal. Y el día 4 de febrero publicaba que autorizados ambientes vaticanos señalaban que lo decidido por el Episcopado francés estaba en contradicción con lo decidido por el Papa.
Cinco de febrero. La agencia France Presse difundía esta noticia: “La información publicada por ciertos periódicos que citando a competentes ambientes vaticanos han afirmado que el reciente documento del Episcopado francés que trata de la aplicación de la Constitución conciliar sobre la Liturgia está en contradicción con el Motu Proprio de Pablo VI sobre el mismo tema, no encuentra confirmación alguna en los ambientes conciliares”
Es más que evidente que se trata de una amenaza conciliarista del episcopado francés a Pablo VI advirtiéndole que se autocontrole y vigile a su Curia ya que no van a permitir ningún desviacionismo de la línea trazada y que utilizaran a la opinión publica para marcarle muy de cerca. Pablo VI que amaba profundamente, por formación y sensibilidad, al catolicismo francés liberal, esa advertencia debió ser tan dolorosa como trascendental. Proseguían….
“Se hace saber además que sólo los organismos conciliares son competentes en esta materia y que no se puede acudir a la opinión de los ambientes mal definidos para dar semejante juicio. Sea como sea, y en espera de clarificaciones que no podrán tardar, es importante salir al paso de las afirmaciones de los periódicos italianos que afirman que el Motu Proprio de Pablo VI está en contradicción con la Constitución Conciliar”
A eso se le llama “chantaje afectivo y efectivo” a Pablo VI. Y estudiada maniobra sagaz.
“Es fácil percibir al fondo de esta oscura prosa que un serio problema se planteaba en el mundo vaticano: el hábil juego de los latinistas había creado un grave disgusto a Pablo VI. Las cartas de obispos y de conferencias episcopales habían comenzado a llegar a Roma. Era claro que, en teoría, podía un Papa modificar una decisión de tipo práctico dada por el Concilio. Pero en la práctica los obispos veían comprometida su acción.”
La respuesta no se hizo esperar mucho. En “L´Osservatore Romano” del 2 de marzo, un artículo del P. Bugnini adelantaba la versión italiana de la redacción oficial y definitiva del Motu Proprio que dos semanas más tarde aparecería en el “Acta Apostolicae Sedis”. En ella se decía que las traducciones deben ser preparadas y aprobadas por los respectivos episcopados y que lo hecho debe ser aprobado; es decir confirmado por la Sede Apostólica. Se volvía pues, a la fórmula literalmente conciliar. Era el fin del affaire que había dado no poco que hablar.
He querido narrar los momentos más importantes de esta historia –al parecer de detalle- porqué creo que aquí sonó la primera campanada mundial de preocupación. Porque en el trasfondo se dibujaba el gran problema: ¿Quién iba a aplicar y llevar a la práctica las reformas conciliares? Porque todo sabemos que la ley más abierta puede canalizarse a través de detalles a la hora de la aplicación. Y muchos obispos comenzaron a temer que la Curia echara agua al vino de las decisiones conciliares. El viejo problema volvía a surgir. ¿Cómo creería el mundo en la primavera de la Iglesia si la primera golondrina llegaba malherida?
Si advertía pues al Papa que si quería acabar el Concilio en paz, sin la rebelión de los episcopados más progresistas, la aplicación de la reforma litúrgica debía estar en manos de quien la habían preparado desde muchísimo tiempo atrás. El Papa debía decidir entre ponerla en manos de la Congregación de Ritos o crear una comisión especial. ¿Cuál será la opción escogida por Pablo VI? Veremos la solución en el próximo capítulo.

Capítulo 20: Promulgación de la Sacrosantum Concilium (1/05/2010)

MIÉRCOLES 4 DICIEMBRE 1963: CLAUSURA 2ª ETAPA DEL CONCILIO
“La basílica esplendía de luces cuando, tras la misa celebrada por el cardenal Tisserant, monseñor Felici leyó un resumen de la Constitución Litúrgica y le preguntó a los Padres:
Eminentísimos, excelentísimos y reverendísimos Padres: ¿Merecen vuestra aprobación los decretos y cánones que contiene esta Constitución?
Se hizo un gran silencio. Los Padres se inclinaron sobre su sus pupitres, bolígrafo en mano. Rápidos recogieron las fichas los escrutadores. Luego el silencio se hizo aún más hondo, mientras las máuinas electrónicas cantaban su solo conciliar.
Volvió luego la voz sonora de monseñor Felici:
Los reverendísimos Padres han votado de la siguiente manera: “Placet” 2.147; non placet 4.
Un gran aplauso largo, largo. La alegría de saber que se había dado un paso histórico. La pequeña sonrisa pensando en los cuatro obispos que pertinazmente repetían su “no”. Y los aplausos que seguían sonando. Eran las once y diez de la mañana (…)
Se hizo el mayor silencio de la mañana. Y de en medio de él surgio la voz opaca, tensa, de Pablo VI:
En el nombre de la Santa, Indivisible Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Los decretos presentados ante este Concilio, legítimamente reunido, han recibido la aprobación de los Padres. También Nos, en virtud del poder apostólico recibido de Cristo, en unión con los venerables Padres (“una cum venerabilibus patribus”) aprobamos estos decretos. Nos los decretamos y los hacemos ley y ordenamos que se promulgue para la gloria de Dios lo que conciliarmente ha sido decidido.  
Pablo VI: el arte de medir. Por si alguién lo dudaba aún, ahí está el discurso de hoy, en el que cada palabra ha sido analizada, valorada, pesada y medida. Y todo ello unido al don de ser equilibrado sin convertirse en mediocre. Sus palabras de hoy no tenían ciertamente la temperatura de las del día de apertura. Si su discurso de entonces tuvo la pasión de una proclama, el de hoy poseía la habilidad de un balance; allí bastaba con embarcarse en el cauce de su fuego para entenderle; aquí hay que asomarse a las entrelíneas, medir lo que se escribió medidamente.
Y COMO FINAL: LA BOMBA
Pablo VI peregrino en Tierra Santa, 4-6 de enero de 1864 rezando en el Cenáculo
Los obispos iban siguiendo el discurso del Papa a través de sus traducciones. El hondo tono del Papa iba calando en todos ellos. Y de pronto el discurso terminaba, al fin de su cuarto folio como en pico. Pero al llegar allí Pablo VI no se detuvo, pasó su cuarta hoja y continuó leyendo. Hubo un segundo de sorpresa en el que todos los Padres revolvieron sus cuartillas buscando aquel quinto folio que les faltaba…a todos. Luego aguzaron el oído. Parece que el Papa hablaba de algo importante: iba a comunicarles un proyecto acariciado durante mucho tiempo…
Del Aula surgió un “¡Ah!” unánime. Luego una ola de aplausos. Una ola que crecía. “¡Viva el Oriente!” oí gritar al joven auxiliar del patriarca de Antioquia. El obispo que estaba a su lado no había logrado enterarse de lo que sucedía y preguntaba a derecha e izquierda: ¿Pero que es lo que ha sucedido? Y el antioqueno le respondía en latín: “Palestinam petit, Palestinam petit”…
El Papa viajaría como peregrino a Tierra Santa… 
fonte:germinans germinabit